A modo de resumen provisional

Desde que me jubilé he leído cinco ensayos largos para actualizar mis intereses intelectuales con lo reflexionado por gente inteligente en estos años y he empezado a releer el Quijote por placer y por si hay alguna clave moderna útil en su insondable sabiduría. En los cinco ensayos he tenido noticia de la llamada a la ejemplaridad de Javier Gomá; la explotación de los conocimientos de neurología que hace Antonio Damasio hasta atreverse a proporcionar una teoría de la conciencia; de los serios intentos de los teóricos para encontrar alternativas políticas a los embates del neoliberalismo con sus propuestas sobre lo común; de las fundadas (en mi opinión) críticas de Steven Pinker a la ingenuidad de algunas posiciones sociales al olvidar la importancia e influencia de la naturaleza humana en nuestra conducta en cuestiones tan relevantes como la política, la moral, la violencia o la influencia de la paternidad  y, por ahora, la aproximación a las teorías de la mente descritas por el profesor Priest para permanecer cerca de la discusiones centrales de nuestra época.

El interés está en saber cómo afrontan las mentes más esclarecidas las claves de los males que aquejan a la humanidad y de los mecanismos de autoengaño que se utilizan para irresponsablemente dar al balón patadas hacia adelante esperando que entre por la escuadra.  En la actualidad, tras el período de calma de las posguerra europea que duró 50 años hasta la crisis de 2007, emergen de nuevo las que Sowell-Pinker llaman visiones trágicas e idealistas del ser humano. Hay que reconocer que la izquierda, seducida por el cómodo papel de distribuidora de los beneficios del sistema capitalista, no advirtió cómo los restos de su relato emancipador, proveniente del sustrato moral del socialismo, estaban siendo socavados astutamente por la inteligencia de los sostenedores de la visión trágica. Desde hace al menos 40 años el capitalismo ha construido su propia base teórica fuera de las universidades. Con la “mejor” intención ha construido toda una armazón cuyo resultado ha sido la generalización del egoísmo, sean cuales sean los beneficios del seducido. En ese tiempo la derecha política ha aprovechado el soporte teórico de los think tank financiados por los beneficios de los grandes negocios para su actual éxito político, mientras que la izquierda política no echó ni una mirada a las elaboraciones teóricas de los departamentos universitario, ni siquiera trató de corregir su extravíos cuando se produjeron. Todo se limitaba, como dijo Bill Clinton a gestionar la economía “¡estúpido!“. Esa ceguera producida por el brillo de los avances tecnológicos y sus beneficios ha socavado hasta tal punto las posibilidades de una sociedad más justa que los izquierdista han sido sorprendidos con las manos en la masa de los consejos de administración donde vivían en el paraíso artificial de ser casi ricos y, al tiempo, dormirse cada noche creyendo que eran luchadores por una humanidad mejor.

Hay que reconocer que la visión trágica de la vida, la que se resume en que el ser humano no tiene remedio y ¡sálvese quien pueda! es más fácil de difundir que la visión idealista y sus consecuencias de estar prestos para la cooperación, la renuncia al consumo irracional, el cuidado de la naturaleza y la abolición legal de los restos de bestialidad que permanecen activos en forma de tráfico de personas, explotación sexual, homofobia, machismo, racismo, xenofobia, producción y venta de armas, abandono de masas de seres humanos por no ser potenciales consumidores y, sobre todo, para una especie tan sensible a las perturbaciones cognitivas, el establecimiento paulatino de la mentira sofista una vez advertida la debilidad de la verdad para prevalecer.

La fortaleza de la visión de la derecha reside en un elemental sentido común que favorece su difusión entre los que pierden con la aplicación de sus doctrinas y, al tiempo, utiliza el conocimiento sofisticado de la ciencia, no para crear realidades sociales benéficas nuevas, sino para perpetuar la injusticia usando la tecnología para la explotación y el sometimiento. La debilidad de la visión de la izquierda es que le gusta desafiar el sentido común provocando el rechazo de lo que debían ser su soporte social. Así cuando conociendo el carácter conservador de la sociedad en relación con ciertos tabúes, exhibe conductas que sólo satisfacen a los correligionarios y producen el alejamiento de los que habrían de apoyarles. Al mismo tiempo sospecha de los avances de la ciencia en el conocimiento del ser humano y sus cadenas biológicas desaprovechando la posibilidad de avances bien fundados hacia una sociedad mejor.

Quizá, desde el punto de vista de los intereses de la derecha, la aportación más potente a la disputa social y política sea el redescubrimiento de la debilidad de la verdad que ya fue objeto de controversia en la Atenas de Protágoras con los sofistas. La visión trágica se siente segura en sus actuales éxitos económicos e ideológicos y está en condiciones de evitar cualquier revuelta contra esta situación al tener a su disposición legiones bien pagadas de jóvenes universitarios dispuestos a la lucha sofísta para socavar cualquier certeza.

Por su parte a la visión idealista no le queda nada más que la pulsión de una vida mejor, pero ni tiene legiones de mecánicos sociales, ni sabe cómo entrar en la lucha contra la sofistería. Se limita a escandalizarse. Por eso no es de extrañar que el último reducto de un aliento de justicia resida en los jueces. Pues ellos aún mantienen una referencia: la Ley. Por eso, la derecha aprovecha su éxito en la seducción de masas para cambiar la ley en lo sustantivo y en lo semántico. Véanse los cambios de “imputado”, una denominación adecuada cuando los jueces no cometían la grosería de llevar poderosos al banquillo, a “investigado”. También el sustraer del ámbito penal las sanciones al ejercicio del derecho de manifestación o legalizar las expulsiones “en caliente” de emigrantes. Una situación que hace incomprensible, sino irresponsable, la división de la izquierda que renunció cuando pudo al BOE, el medio realmente eficaz de cambio en un sociedad pacífica. La explicación está, obviamente, en el atractivo y comodidad de vivir en la urna de cristal vociferando.

Cuando las visiones se polarizan se ve con más claridad de qué se habla. La reconstrucción de un discurso idealista no platónico requiere de la aceptación de algunas cuestiones que hay que ir identificando en los próximos años. Creo que los departamentos de política y economía de las universidades interesados en contribuir a dotar a la izquierda de un relato nuevo deben encontrar el modo de procesar:

  • Lo que de inmutable hay en la naturaleza humana manteniendo actualizado su conocimiento de los avances de la ciencia neurológica.
  • Qué políticas neutralizarían eficazmente los aspectos negativos de tal naturaleza sin, obviamente, cambiarla, porque no está, ni probablemente es deseable que esté, a su alcance.
  • identificar los tabúes sociales bien arraigados para evitar su desafío prematuro.
  • Encontrar el modo de disolver el diletantismo de bajo nivel intelectual que alienta el ejercicio más primitivo del poder en contextos de izquierda.
  • Desarrollar pragmáticas formas de proteger y gestionar lo común.
  • Encontrar formas eficaces de relevo de figuras para evitar el culto a la personalidad sin que sufran los fines.
  • Cómo cambiar la sociedad sin dar la espalda a la ley.
  • Cómo conseguir una sociedad más justa con los recursos disponibles.

El olvido de las inercia de nuestra naturaleza lleva a las paradojas observadas cada día en la corrupción de incorruptibles, en el envanecimiento de los humildes, en la instrumentación del lenguaje a manos de los sinceros o en el despotismo de los demócratas. Hay mucha tarea y es urgente activar la inteligencia y la voluntad para parar la nociva oleada de irracionalidad que ha emergido en el año 2016 como punta del iceberg de lo que ha de llegar por el abandono de la inteligencia que la visión idealista ha perpetrado. El primer logro, desde luego, sería cambiar el contenido semántico peyorativo de la palabra “ideal” o proponer otra nueva.

Teorías y filosofías de la mente. Stephen Priest. Reseña (5)

Si hay una disciplina capaz de generar ideas para la ciencia ficción, esa es la filosofía de la mente. Stephen Priest, que es profesor de Oxford, escribió el libro”Teorías y filosofías de la mente” en 1991. En él repasa las distintas teorías sobre la mente y su relación con el cuerpo y lo físico en general. La creencias de los filósofos o los experimentos mentales que realizan hacen viajes más allá del sentido común, pero eso le pasa a todas las disciplinas de carácter teórico, como ocurre con el Derecho y su interpretación o la propia Física teórica. Obviamente, después de 1991, la neurociencia ha aportado material empírico para servir de fundamento a nuevos afinamientos de las teorías de la mente. En este mismo blog hemos reseñado un libro Ad Hoc del neurocientífico portugués Antonio Damasio.(Y el cerebro creó al hombre. Antonio Damasio. Reseña (2)) y seguiremos con autores actuales.

Este libro es una guía para aquellos que están interesados por una cuestión tan antigua como actual. ¿Cuál es el estatuto de nuestra condición de seres pensantes? ¿Tenemos un alma, un espíritu indivisible e inmaterial que se deposita en nuestros cuerpos en un momento indeterminado de la gestación o, por el contrario, nuestro cuerpo consta de un cerebro cuya actividad genera nuestra mente y consciencia tras una larga evolución en lucha por la supervivencia del individuo y la especie?

Aceptar la primera propuesta implica, en general, creer el relato de la existencia de Dios con su actividad creadora y provisora hasta el regreso a un seno divino donde toda justicia será restaurada. Aceptar la segunda implica el vivir en el enigma lentamente desvelado por la ciencia de un ser palpitante resultado de una lentísima porfía por sobrevivir mientras era modelado en sus capacidades generando una mente capaz de acelerar los cambios a los extremos que conocemos hoy en día. Si fuimos creados por una divinidad, la respuesta al misterio de la existencia está detrás. Si somos resultado de la evolución natural, la respuesta está delante. Con la primera respuesta no hay más inquietud que ganarse un puesto en la gloria prometida. Con la otra respuesta todo es inquietud, en el sentido de actitud de vigilia permanente para desentrañar el mundo en términos comprensible por una mente procedente de ese mismo mundo. Finalmente, en un caso se cree en la vida individual tras la muerte, en el otro, se cree en la vida de la especie y se acepta la vida individual como la experiencia fugaz entre una nada originaria y una nada final.

Implicaciones todas ellas tan importantes que explica que muchos hombres inteligentes hayan dedicado tanto tiempo a proporcionar una respuesta a la pregunta sobre la mente. El libro va proporcionando las posturas de distintos pensadores clásicos y actuales, al tiempo que el autor se posiciona. Clasifica a los autores por afinidades que pueden ser etiquetadas como vemos a continuación:

Algunos neurocientíficos sufren porque no pueden explicar todos los procesos mentales en términos de su ciencia del cerebro. Ninguna teoría física “captura” lo mental, dice Priest. No parece tan complicado aceptar que la versión en forma de imágenes, sonidos  o conceptos que el cerebro tiene de su propia actividad sea cualitativamente diferente de la que el lenguaje permite al describir los procesos subyacentes. Cada observador tiene su modo de observar y su punto de observación. Si es un observador interno “verá” qualias, propiedades intransferibles como el color o el sonido. Pero si el observador es externo verá circuitos y actividad eléctrica. No hay paradoja. Si alguna vez “vemos” lo que alguien esté pensando, será con un procedimiento de reconstrucción como ocurre en las resonancias magnéticas. Es decir, no estaremos viendo lo que esa persona piensa, sino las imágenes reconstruidas a partir de la correlación establecida previamente entre procesos físicos y nuestra experiencia interna catalogada. Actualmente la discusión transcurre en términos, lingüísticamente hablando, metonímicos (tomar la parte por el todo) o mereológicos, hablando en términos filosóficos. Han sido Maxwell Bennett y Peter Hacker los que han puesto la cuestión sobre la mesa discutiendo que el cerebro piense y reivindicando al individuo en su conjunto como el sujeto de atributos psicológicos. Lo que vienen a reprochar es que se haya caído en nuevo dualismo al distinguir entre mente y cuerpo como sustancias pensantes y extensas respectivamente. Precisamente empezamos el repaso a las teorías con la más antigua:

DUALISMO

El dualismo, como su propio nombre indica, es la teoría de que existen dos sustancias y nada más que dos: la material y la espiritual. Ninguna es reducible a la otra. Es decir, lo material no es lo espiritual grosero, ni lo espiritual es los material liviano. Son dos forma de ser que cubren todas las formas de ser pensables. De ella se deriva que sólo existe sin mezclarse los material y lo espiritual, lo que permite deducir que si el cuerpo desaparece el espíritu puede seguir vivo. Sin embargo algún tipo de conexión hay entre ellas porque la experiencia cotidiana nos dice  que cuando el espíritu decide hacer algo puede mover al cuerpo para intentarlo. Y, viceversa, cuando el cuerpo tiene disfunciones el espíritu sufre de congoja. Pero, en todo caso, un cuerpo físico no es mental y una mente no es física. El dualismo es sostenido por pensadores contemporáneos de forma minoritaria. No hay relación necesaria entre religión y dualismo. Éste podría ser verdadero o falso al margen de la existencia de Dios. La vinculación entre religión cristiana y alma inmortal la instituyó San Agustín en el siglo IV d.C. Para el fundador, Jesús de Nazaret, la promesa divina incorporaba al cuerpo y la mente en una unidad digna de resurrección en la parusía o juicio final.

  • Platón en el siglo IV a.C. fue el primero en plantear la cuestión optando, en el marco de su filosofía general, por la existencia de un alma inmortal. Esto lo llevó a creer en la metempsicosis o reencarnación de las almas. Las almas eran capaces de captar las ideas que eran formas, moldes, universales de los que las cosas ordinarias eran copias imperfectas. Y eran capaces de hacerlo porque habían habitado contacto con las Ideas, las formas puras, antes de incorporarse (literalmente posarse en un cuerpo). También es coherente con el dualismo platónico la anamnesis o reminiscencia que experimenta el alma durante su vida en un cuerpo determinado. Se trata del recuerdo de vidas vividas con anterioridad. La inmortalidad del alma la fundamenta también en el carácter indivisible del alma, puesto que sólo lo que está compuesto de partes es susceptible de descomposición y, por tanto, de muerte. Todos esto argumentos los puso Platón en boca de su maestro Sócrates en el diálogo llamado el Fedón. Fedón de Elis fue un discípulo de Sócrates presente en la tarde en que, condenado a muerte, debía tomar la cicuta. Parece un escenario adecuado y dramático para hablar y concluir en la inmortalidad del alma.
  • Descartes (1596-1650) fue un filósofo extraordinariamente importante para el pensamiento occidental. Nacido en 1596 vivió el descubrimiento de América, la revolución de Copérnico y la rebelión de Galileo fue para él un acontecimiento tan cercano como para nosotros la llegada a la Luna. Estas novedades le hicieron dudar de las certezas heredadas del mundo medieval y buscó un nuevo fundamento para el conocimiento. Y lo encontró dentro de sí mismo. Después de eliminar todo lo dudoso a la búsqueda de la evidencia para después reconstruir el Mundo desde ese nuevo cimiento. Puestos a dudar dudó antes del cuerpo que de la mente por lo que cuando encuentra al mundo ya está consolidada la fractura entre éste y la mente. Es el gran dualista moderno. Todas las discusiones sobre la cuestión tienen que volver una y otra vez a Descartes. Tuvo graves problemas con la Iglesia porque pronto se advirtió que, a pesar de que concilió su filosofía con la existencia de Dios, abrió una puerta demasiado ancha para el gusto de la ortodoxia a la búsqueda de conocimiento basado en el experimento. El trayecto que va de “Soy una cosa que piensa” a “No soy mi cuerpo” lleva al dualismo pues la mente se reserva una esencia especial de la que Descartes no puede dudar. Es la fortaleza desde la que trata de comprender el resto del mundo. Una postura que fundamenta el escepticismo moderno que puede llegar a proponer que una mente puede vivir una ficción de vida como cerebro flotante en una cubeta nutritiva. La radical separación de mente y cuerpo lo lleva a la extravagancia de proponer la glándula pineal como el lugar de contacto de ambos que explicaría la innegable interacción práctica. Descartes buscó refugio en la fría Suecia donde la reina Cristina lo acogió por su interés por la filosofía. Murió de una neumonía a los 53 años. No sabemos si su alma sigue pensando.

CONDUCTISMO LÓGICO

El conductismo en general es una teoría psicológica que  pone su atención sobre la conducta de las personas en términos de Estímulo – Respuesta. Toda conducta puede ser explicada e incluso conformada a partir de los estímulos actuantes. El conductismo lógico por su parte afirma que un estado mental es un estado de conducta. Pensar o recordar son conductas o disposiciones a ejecutar conductas. Es una escuela psicológica que descarta a la mente como organizador de la conducta y la disuelve en conducta observable. Volvemos al conductismo lógico para encontrar su fundamento en el positivismo que trató al final del siglo XIX y principios del XX de disolver la espesa niebla del idealismo tratando de poner pié en tierra. Así Comte, Stuart Mill, el  Marxismo o el Círculo de Viena, en los distintos ámbitos del conocimiento trataron de ceñirse a “los hechos” para construir sus doctrinas explicativas de la realidad. En este marco ¿qué hacer con la mente?. El marco en el que trabajaron algunos de los pensadores del conductismo lógico fue el Círculo de Viena. El Círculo de Viena se creó en torno a la figura de Moritz Schlick y pretendió nada menos que establecer un criterio único para determinar que proferencias tenían o no significado. De esta forma pretendían eliminar por absurdas aquellas teorías filosóficas que no cumplieran el principio que se denominó Principio de verificación. La idea básica es que una proposición es verdadera en principio si es posible establecer un modo de verificarla experimentalmente. Este criterio no deja títere con cabeza como puede imaginarse, incluída alguna teoría sobre el cosmos.

  • Hempel (1905-1995) en coherencia con el principio de verificación del Círculo de Viena propone que todas las proposiciones de la psicología se traduzcan a proposiciones de la conducta humana, puesto que al ser observable puede comprobarse su realidad o no. Esto implica conocer qué piensa otra persona que, obviamente tienen una mente distinta a la nuestra. Lo que, por cierto no puede hacerse. Hempel niega el problema de las otras mentes e insiste en que toda actividad mental expresable en una proposición pueda ser comprobada por la conducta del sujeto. Niega, por tanto, todo significado a las proposiciones que no puedan ser verificadas. Hempel no afirma que los estados mentales se manifiestan a través de unos síntomas observables, sino, más radicalmente, que los estados mentales son las conductas observadas. Para Hempel una persona es un objeto físico de gran complicación, por lo que considera un falso problema el de la existencia de la mente al margen del cuerpo o la propia existencia de la mente.
  • Ryle (1900-1976) se propone demostrar que el problema del dualismo es consecuencia de la transposición errónea a la filosofía de los conceptos con los que, de forma natural en la vida ordinaria describimos el carácter o la situación de una persona como meticulosa, descuidada, irascible, ingeniosa u observadora. Esta transposición la llama “Error categorial” o error ontológico (la ontología es la parte de la filosofía que se ocupa de lo que existe). Pone el ejemplo de alguien que después de visitar las aulas, biblioteca, laboratorios, servicios y hablado con profesores y administradores preguntara ¿dónde está la universidad? cometiendo el error de creer que la universidad como sus componentes es un ente observables y visitable. Ryle propuso el nombre de “Fantasma en la Máquina” a ese ente supuesto que como la mente está dentro del cuerpo y gobierna su comportamiento, ese sujeto de la actividad observada en un ser humano y distinto de sus capacidades. En su afán por ahuyentar el fantasma de la mente propone que un estado mental tan característico como las creencias, no son secretos estados mentales venidos de ninguna parte, sino “disposiciones” a proceder de una determinada manera, lo que es etiquetado como “creencia” dando el salto categorial denunciado más arriba. Ryle niega que exista un mundo mental y, por tanto, que sea posible la introspección, pues ésta implicaría en su opinión la existencia de un observador de la propia actividad mental, es decir, un fantasma en la máquina. En definitiva Ryle hace una limpieza del lenguaje que nos invita a darle existencia más o menos fantasmal a lo que son etiquetas lingüísticas útiles. Así mente, depresión o quebradizo aplicado a un vaso. No podemos decir que alguien llora porque está deprimido, sino que llamamos deprimido a quien llora.
  • Wittgenstein ((1989-1951) es uno de los filósofos positivistas más conocido, tanto por su brillantez (siendo un jovenzuelo corrigió a Russell) como por su vida privada o sus giros filosóficos. Fué un fuerte deshollinador del lenguaje. Quiso crear un lenguaje lógicamente perfecto, cuya expresión libresca fué traducida al castellano por el “Viejo profesor” y alcalde de Madrid Tierno Galván. La aportación principal del Witt al problema de la mente es la negación de los lenguajes privados y, por tanto, de los significados privados. Desde este punto de vista ataca al solipsismo (sólo existe mi mente), el idealismo (sólo existe la mente) y a la fenomenología (puedo aislar la mente del mundo). Se podría decir que Witt proporciona armas a los conductistas a negar la posibilidad de un lenguaje en el que expresar nuestras sensaciones internas. A los errores categoriales de Ryle el los llama “enfermedades” para escarnio de los metafísicos.  La propuesta de que los significados no son privados supone la socialización del lenguaje y los pensamientos de algún modo.

IDEALISMO

El idealismo afirma que sólo existe la mente. Fué defendido por muy respetados y grandes pensadores. Berkeley por sacar todas las consecuencias del empirismo y Hegel por darle carácter histórico al pensamiento abstracto hasta niveles muy seductores para algunos. También hay que considerar que el idealismo es compatible con la ciencia puesto que no niega la objetividad, sino que sitúa en la mente su fundamento con argumentos ingeniosos.

  • Berkeley (1685-1753) enunció que el ser está fundado en la percepción. Sólo lo que es percibido por una mente existe. Dios sería la mente que fundamenta la existencia de el mundo en su conjunto. Niega la existencia de la materia al disolverla en sensaciones que son mentales. Los avances de la ciencia en el conocimiento de la estructura última de la materia sólo deja un residuo de ecuaciones probabilísticas. No estaríamos, pues, autorizados a afirmar que hay objetos físicos a partir del hecho de que tenemos experiencias.
  • Hegel (1770-18319 es uno de los grandes pensadores universales. En este contexto tiene que ser reducido a la influencia de su pensamiento al problema de la mente.  En este sentido declara que nuestra intuición de que existe nuestra mente y un mundo exterior es consecuencia de una actividad mental. Así dividimos la realidad mental en sujeto y objeto sin justificación. Este dualismo artificial genera problemas filosóficos falsos. Una vez establecida la diferencia entre mente y mundo es imposible resolver el problema de su interacción. Hegel utiliza su herramienta más querida, la dialéctica, para fundir los conceptos de físico y mental en una síntesis superior que llama espíritu. De hecho la material es la expresión de la evolución de la mente hasta la parusía del Espíritu Absoluto. La oscuridades que la mente pueda tener respecto de la naturaleza se deben al estadio temprano de la la gran evolución del espíritu. Al margen del cariz metafísico de la filosofía de Hegel es interesante su batería de argumentos a favor de la comprensión conceptual de la realidad natural. En su análisis de la autoconsciencia plantea cuestiones vigentes en la actual neurociencia relativas a los distintos procesos simultáneos en la actividad cerebral. Tiene mérito la cuidadosa descripción de determinadas paradojas del funcionamiento de la mente que sólo el progreso de la ciencia ayudará a acotar. Hegel establece una meta para la mente desdichada dividida entre el ser y el deber ser o el carácter social de la mente. Precursores del materialismos fueron Demócrito o Hobbes.

MATERIALISMO

El materialismo es la teoría de que si algo existe es físico. Se considera físico lo espaciotemporal.

  • Place (1924-2000) sostiene que su teoría de que “la mente es un proceso cerebral” es científica en el sentido que su negación no sería contradictoria o en términos de Popper que es falsable. El materialismo tiene una morbosa relación con el idealismo que afirma (por buscar una simetría= “los procesos cerebrales son mentales”. Dicho de una forma más general, si todo lo mental es físico, todo lo físico es mental. Es decir, la afirmación de uno de los polos si se establece una identidad entre lo físico y lo mental se autoriza tanto al materialismo como la idealismo. Unos y otros se quejarían por quedar subsumido en el polo opuesto. No es más que otra paradoja de la fragmentación denunciada por Hegel en el acto de reflexión.
  • Davidson (1917-2003) piensa que de todo proceso mental puede darse una descripción física verdadera. Pero considera que la evidencia de la existencia de un cierto control sobre nuestras actividades requiere una teoría que salve la libertad. Para ello Davidson propone la consistencia (o no contradicción) entre el principio de de causalidad entre lo físico y lo mental; el del carácter determinista de los procesos causales y, finalmente, el principio de anomalía de los mental. Davidson piensa que lo característico de lo mental es la intencionalidad (Brentano), al dirigirse siempre a un objeto. Acepta el materialismo de Place según el cual a cada suceso mental es idéntico a un suceso físico, pero rechaza que haya leyes psicofísicas que permitan predecir un acontecimiento mental conocidos los acontecimientos físicos correspondientes. Por esta objeción su propuesta la llama monismo anómalo, es decir, un monismo sin rigidez que deja espacio para la sorpresa de la acción de la mente. Davidson deja espacio para la libertad humana sin negar la correspondencia entre lo físico y lo mental.
  • Honderich (1933-) sostiene que todo suceso mental implica un suceso neural. Un golpe en un ojo (físico) produce una luz (mental). No concibe el suceso físico sin el mental y viceversa.

FUNCIONALISMO

El funcionalismo propugna que estar en un estado mental es estar en un estado funcional. Un estado funcional está caracterizado por sus relaciones causales como un input sensorial y un output conductual. Ser funcionalista no es responder a la pregunta ¿qué es la mente? sino a la pregunta ¿para qué es la mente? Si toda causa y efecto es físico, el funcionalismo sería una forma de materialismo. En caso contrario, el funcionalismo no estaría comprometido con la naturaleza de la mente. En ese caso, los estados mentales, como el dolor, pueden darse o no en función del organismo que se trate. El funcionalismo puede ser compatible con cualquiera de las teorías sobre la mente, excepto el conductismo lógico, porque éste propugna que los mental es conducta, mientras que el funcionalismo que lo mental es causa de conducta.

  • Putnam (1926-2016) acaba con las disquisiciones basadas en el lenguaje, al decir que del hecho de que “dolor” y “estado cerebral” tienen distinto significado en la lengua, no se sigue que el dolor no sea un estado cerebral. Es decir de la diferencia entre conceptos no se sigue diferencia entre cosas. Según Putnam, el organismo en estado de dolor está predispuesto al aprendizaje, pues esa es la función del dolor.
  • Lewis (1941-2001) defiende una versión materialista del funcionalismo. Por tanto, afirma que todo estado mental es físico y funcional. Lewis generaliza los estados mentales al poner ejemplos de casos (el dolor insensato o el dolor marciano) en los que funciona el mismo esquema del dolor sin reproducir nuestra estructura de dolor (sistema nervioso central). Los ejemplos se ponen para forzar un concepto de estado mental abstracto aplicable a cualquier situación orgánica o no.

TEORÍA DEL DOBLE ASPECTO

La teoría del doble aspecto sostiene que lo mental y lo físico son dos propiedades de una realidad subyacente que no es intrínsecamente ni mental y física. Es decir lo mental y lo físico serían dos formas de experimentar un única sustancia bajo estas dos apariencias. Por tanto es una teoría en claro conflicto con el dualismo (dos sustancias), el materialismo (todo es físico) o el idealismo (todo es mental). Pero comparte con el materialismo y el idealismo ser un monismo (una única sustancia). Esta teoría no deja claro de qué son aspectos lo físico y lo mental.

  • Spinoza (1632-1677) piensa que la única sustancia puede ser pensada de dos formas. La totalidad de lo que existe constituye es sustrato pensado de forma dual. Pensada la realidad bajo el atributo de pensamiento es Dios y pensada bajo el atributo de extensión es Naturaleza. Nuestra concepción dual no deja más espacio que la fusión Dios – Naturaleza que constituye el panteísmo.
  • Russell (1872-1970) piensa que la realidad se compone de sucesos. Los sucesos son el trasfondo unitario de la realidad. Nuestra fundamental caracterización de los sucesos es la de mental o físico. El propio Russell llama a su punto de vista Monismo neutral. Tanto la mente como la materia están constituidas por componentes que no son ni materiales ni mentales. El universo no está constituído de algún tipo de sustancia, sino de los dinámicos sucesos. Si existe un vocabulario propio de los sucesos, desde el punto de vista de Russell sería capaz de describir tanto lo físico como lo mental. Se apoya en la física que dice que de lo que llamamos materia es un emisor de radiaciones pero “nada” las emite. Un suceso (la caída de electrones a órbitas más próximas al núcleo “emite” energía). En este caso “emitir” es un verbo sin sujeto. Hacerlo es, quizá, uno de los cambios mentales más importantes que debe realizar un ser humano actual.
  • Strawson (1919-2006) al contrario que Russell encuentra el sujeto en la persona. Es curiosa la insistencia de la filosofía en construir destruir argumentos a partir del lenguaje y el sentido común como resumen de nuestras experiencias directas cuando el universo de falacias y la física moderna cuestiona al uno y al otro. Sostiene que nos atribuimos estados mentales porque somos capaces de atribuírselos a otras distintos de nosotros. Al contrario que el cartesianismo que se encierra en la mente propia y para salir de ella necesita de la ayuda de una entidad externa como Dios. Algo así como ocurre en las mónada de Leibniz o los entes que perciben en Berkeley. El fundamento está en la propia definición de concepto que es un artefacto cognitivo que no puede ser aplicado a un único ejemplar de una clase. Una vez que uno atribuye estados mentales a otros está en condiciones de hacerlo consigo mismo y constituirse como persona sujeto.

FENOMENOLOGÍA

La fenomenología es pretensión de describir los contenidos de conciencia aislándose de todo aquello que pueda evitar conocer la realidad objetiva de esos contenidos a la búsqueda de esencias incontestables. Es un empirismo pues cuenta con los datos de la experiencia para comenzar su proceso, pero es, también, un cartesianismo, pues finalmente se aísla en la conciencia para el examen pretendidamente objetivo. Acaba siendo, a su pesar, un método para que cada filósofo adscrito a su enfoque pueda construir desde su conciencia una filosofía distinta a la de otros fenomenólogo.

  • Brentano (1838-1917) hace una aportación fundamental que es el concepto de intencionalidad, que significa que la conciencia está siempre orientada a un objeto. Concibe lo mental como representación, que es un acto de conciencia. Los fenómenos mentales son representaciones o están basados en representaciones. También distingue lo mental de los físico por el criterio temporal. Lo fenómenos mentales son siempre sucesivos y los físicos pueden ser simultáneos.
  • Husserl (1959-1938) es discípulo de Brentano y el fundador de la fenomenología. Una vez hecha la propuesta del examen explícito y fenomenológico de la conciencia, por es puerta entraron Heidegger, Sartre, Merleau Ponty, etc.  Sigue a Brentano en el concepto de intencionalidad pero objeta que aunque gran número de actos mentales son intencionales Brentano se equivocó a establecer algunos actos como físicos cuando son estrictamente mentales. Por ejemplo las sensaciones que, siendo mentales, no son intencionales. Defiende la existencia de un sujeto de los actos mentales, aunque reconoce que en la vida cotidiana muy a menudo se llevan a cabo actos mentales sin conciencia de ser sujeto de ellos. El yo es un haz de vivencias.

Finalmente exponemos el punto de vista del autor de libro Stephen Priest. Considera que el problema del cuerpo y la mente consiste en clarificar la relación entre ellos. Para ello se hace siete preguntas:

  • ¿Qué es la mente? aquello que piensa. La mente es la actividad del cerebro. No es un verdad a priori, es decir, una verdad que se pueda conocer sin acudir a la experiencia. Podría haber un cerebro artificial que pensara.
  • ¿Qué es pensar? Pensar es la actividad de la mente es reflexionar, recordar, imaginar, decidir, preocuparse. Todo pensamiento versa sobre algo. No hay pensamiento sin contenido. El pensamiento se produce en lenguaje natural, artificial y en imágenes. El materialismo es falso por contradictoria porque identifica los físico y lo mental cuando lo mental se define como lo que no tiene características físicas.
  • ¿Qué es la conciencia? La conciencia no existe, porque sólo existen los actos mentales pero no su supuesto sujeto, la conciencia. Las cualidades tipo color, tamaño, textura, olor, sonido, calor o frío son transformaciones que el cerebro realiza a partir de los datos físicos. Las transformaciones son un factor de supervivencia.
  • ¿Que es la materia? La materia es el componente de los objetos físicos. La materia no existe. Hablar de materia es redundante pues lo que llamamos materia puede ser descrito en términos de la física sin echar nada de menos.
  • ¿Qué es la subjetividad? La subjetividad es ser un sujeto. Ser sujeto es ser capaz de tener experiencias. Tener experiencias tener acceso al resultado de las transformaciones que el cerebro realiza de los inputs físicos.
  • ¿Qué es la individualidad? Ser uno mismo y no ser otro de los miles de millones coexistentes o no. Priest lo considera un milagro inexplicable y una ventana por la que dar acceso a Dios y al alma.
  • ¿Qué es el yo? El yo es un individuo consciente de ser él mismo que, además es consciente de qué cosa sea aquello de lo que es consciente. En opinión de Priest el cerebro responde a la pregunta ¿qué soy yo? pero no a la pregunta ¿quién soy yo?

DISQUISICIONES FINALES DEL BLOGUERO

La suavidad ecoica del pensamiento más abstracto carente de cualquier acompañamiento de alteraciones emocionales es una de las razones de la dualidad mente-cerebro. Hegel decía que cuando se reflexiona se produce la ilusión del dualismo. Pero es una suavidad que podemos suponer en los actos de atención en los mamíferos superiores sin sonrojo. Hoy en día acostumbrados al silencio y suavidad de los acontecimientos informáticos no se nos ocurriría decir que la acción de un ordenador es de un orden óntico distinto al físico. La diferencia entre cuerpo y movimiento no tiene como consecuencia establecer una nuevo mundo (el de las acciones, insoluble en el de los objetos), ¿por qué la actividad del cerebro ha de ser separada del mundo en el que el cerebro es explicado para formar un universo emergente de una entidad absolutamente distinta del cerebro que la genera? La mente es distinta del cerebro en la medida en que el movimiento lo es del cuerpo que cambia de posición. Tenemos que irnos acostumbrando sin grandes aspavientos a la interesantísima realidad de que somos la consecuencia natural de un mundo cuya existencia es un enigma sólo si no aceptamos existencia por sí misma en su incesante dinamismo que llamamos tiempo.

Si definimos a la materia como un acontecimientos con dinamismo cíclicos interno se borra la frontera entre un cuerpo y su actividad, pues ésta sería un acontecimiento observable del dinamismo del conjunto del cuerpo material. El mejor modo de eliminar los problemas metafísicos cuerpo mente es pensar a ambos como acontecimientos. Un acontecimiento es actividad pura consecuencia de la existencia previa de las fuerzas actuantes en el Universo. El Universo es la totalidad de los aconteci mientos simultáneos. Las asimetrías en la acción de las fuerzas genera energía.  Los acontecimientos ocurren a mayor o menor velocidad relativa al resto del Universo. El cuerpo es un acontecimiento de “alta densidad”, pues concentra en “poco espacio” “mucha energía” y lo percibimos como materia. La mente es un acontecimiento de “baja densidad” consecuencia de la actividad de la parte del cuerpo que llamamos sistema nervioso central y lo percibimos como “inmaterial”.

Una de las dificultades mayores para reunir lo físico y lo mental en una misma realidad es no apreciar los “estados” de la realidad. No es lo mismo el agua que el vapor, la vela que la luz que emite, pero nadie discutiría la pertenencia a una misma realidad. Entiendo por realidad “el conjunto de lo que es conocido en un instante local determinado, lo que incluye todo el conocimiento acumulado” a partir de inputs de los sentidos o elaborado por la mente.

Así, la mente es la actividad del cerebro como el ejercicio es la actividad del cuerpo. La actividad del cuerpo es transformar energía química en energía cinética. ¿Habrá algo más intangible que la energía (potencial o cinética). Las medimos por cálculo o por sus efectos. La energía cinética aumenta la masa de los cuerpos. Igualmente la actividad mental transforma la energía química en energía mental o capacidad de modificar el orden y la estructura de la realidad sin violar las leyes de la termodinámica. Los procesos mentales pertenecer al mundo real aunque sean fugaces porque son una actividad. La conciencia es fugaz y existe mientras hay actividad mental. No por ello hay que negar su existencia como nadie niega la actividad de correr aunque no sea una cosa en el sentido más ordinario del término.

La mente es real y su función consiste en la percepción y transformación de la estructura de toda la realidad incluida la propia mente. La realidad no se compone de lo físico y lo mental más que de los micro y macro. Lo físico es conocido exclusiva y peculiarmente por la mente que puede “cercar” la causalidad para organizar la realidad. La diferencia que el dualismo pretende establecer entre mental y físico no es mayor que la que existe entre dos fenómenos que reconocemos como físicos sin duda alguna. La afirmación de que la mente es inaccesible a la ciencia no es un problema, pues también el “interior” de la materia es inaccesible a la ciencia.

No se puede hacer ciencia del individuo, éste solamente se experimenta, pero sí de la sociedad. Los errores de pronóstico sociológico tienen la misma causa que los errores de pronóstico climático. La incertidumbre de un individuo humano también se da en un individuo electrónico. La ciencia como el arte es un producto de la mente, la mente es un producto de la naturaleza. La mente individual accede a sí misma. Que esta experiencia no pueda ser objeto de la curiosidad ajena no es el problema pues todos declaramos tener vida mental.

En el nivel de la sensibilidad los qualia son valores mediales de procesos numerosos y complejos. Su naturaleza es un logro de la evolución que permitió el control de la acción del organismo creando un ámbito donde la reflexión era posible sin el vértigo de los flujos electroquímicos. el color, el sabor, el dolor o un sentimiento es la percepción cualitativa por la conciencia generada por el cerebro de los procesos físicos en la parte afectada del resto por un determinado input sensorial o corporal. La conciencia puede estar percibiendo con grados distintos de intensidad varios percepciones cualitativas. Por ejemplo: dolor, color, sabor y un sentimiento de malestar psicológico como los efectos de una depresión.

En el nivel de la reflexión, los conceptos y sus relaciones son extraídas de las relaciones encontradas en la naturaleza exterior o en la naturaleza que es la propia mente mediatizadas por nuestro modo de acceso cualitativo al resto de la naturaleza. La diferencia entre cualitativo y cuantitativo no es de naturaleza. Una cantidad es la comparación de los cualidades percibidas.

Toda ciencia física está construida mentalmente. El monismo autoriza a pensar que lo mental puede ser objeto de la ciencia física en el nivel de generalidad adecuado. Pero no a que pueda ser observada la experiencia fenomenológica de un individuo. Lo que, por cierto, es verdadero también para cualquier objeto externo a la mente. La materia es objeto de ciencia pero en el mundo subatómico el conocimiento es estadístico o teórico, es decir, mental, es decir inaccesible.

La conciencia de sí. La autoconciencia es el uso de todos los recursos movilizados cuando prestamos atención al exterior o al cuerpo para percibir al sujeto de la atención. Es decir percibo mi cuerpo, percibo los objetos externos a mi cuerpo ¿por qué no puedo percibirme? Gran parte del día lo paso sin percibirme expresamente. Pero puedo hacerlo en cuanto los estímulos externos cesen o yo los haga cesar. La atención de los mamíferos al mundo exterior es el antecedente de la conciencia y el yo.

La dificultades de la comprensión de la conciencia reside en que ésta actúa inmersa en y constituída por la misma realidad que es su contenido.

Si no hay más que una realidad conocida de forma estructuralmente limitada por la conciencia, todas las experiencias calificadas de espirituales pertenecen a la misma realidad aunque su sutileza y suavidad funcional las coloque arbitrariamente en un nivel superior respecto a los fenómenos físico. Ni los objetos que consideramos materiales son menos espirituales que la conciencia, ni ésta es menos material que aquellos. La diferencia entre material y mente no es de distinta naturaleza que la que se da entre cualesquiera otras categorías de la realidad como la diferencia entre mundo animal y mundo vegetal por ejemplo. Hablar de una realidad física es una ficción porque toda la realidad es conocida aunque no creada por la conciencia que la califica así.

La estabilidad relativa de los acontecimientos que constituyen el mundo es la base de la ontología del mundo y la posibilidad del conocimiento o replicación cognitiva de la realidad por un cerebro y su mente. Elevando el nivel de energía aplicada a un acontecimiento que percibimos como material conseguimos que cambie de estado o posición espacio temporal hasta su conversión en energía pura.

Durante la historia humana la reflexión sobre el problema que más nos preocupa ha tenido épocas que son nombradas de forma específica. Atendiendo a los pensadores incluidos por Priest en este libro este sería el orden cronológico de su aparición.

  1. Platón en el siglo IV a.C. DUALISMO
  2. Descartes (1596-1650)  DUALISMO
  3. Spinoza (1632-1677) DOBLE ASPECTO
  4. Berkeley (1685-1753) IDEALISMO
  5. Hegel (1770-1831) IDEALISMO
  6. Brentano (1838-1917) FENOMENOLOGÍA
  7. Husserl (1859-1938) FENOMENOLOGÍA
  8. Russell (1872-1970) DOBLE ASPECTO
  9. Wittgenstein (1889-1951)  CONDUCTISMO LÓGICO
  10. Ryle (1900-1976) CONDUCTISMO LÓGICO
  11. Hempel (1905-1995) MATERIALISMO
  12. Davidson (1917-2003) MATERIALISMO
  13. Strawson (1919-2006) DOBLE ASPECTO
  14. Place (1924-2000) MATERIALISMO
  15. Putnam (1926-2016) FUNCIONALISMO
  16. Honderich (1933-) MATERIALISMO
  17. Lewis (1941-2001) FUNCIONALISMO

Como se puede ver en esta ordenación cronológica el dualismo podría parecer la teoría más antigua y respetuosa con el sentido común. Pero el materialismo ya fué defendido por Demócrito en la antiguo Grecia. Platón se considera un dualista pero también es un idealista notable. En la actualidad los avances de la ciencia en el conocimiento del cerebro sitúan la discusión entre el funcionalismo y el materialismo. Habrá que esperar.

El autor comentado, Priest, después de cerrar varias puertas a las teorías trascendentes abre una ventana a la idea de Dios y el alma sin más justificación que la de dar respuesta a la pregunta ¿quién soy yo? Y ello después de eliminar como falsas preguntas como qué es la conciencia o qué es la materia. A las que da por imaginadas por el argumento no despreciable de que son sólo nombres de procesos explicables sin su concepto. En el caso de la pregunta por quién soy yo es cierto que no tenemos respuesta pero sí vivencia. Y no tenemos respuesta por ser una pregunta inefable dado que este último pliegue del autoconocimiento no puede ser desplegado porque me constituye (no puedo verme mi nuca existencial). Pero nada impide que me disfrute como yo y conscientemente perciba la inefable experiencia de mi existencia probablemente como eco de mi actividad como sujeto constituido en el proceso evolutivo biológico y cultural. El último rincón no puede ser explorado por él mismo, pero sí puede ser experimentar su propio ser. Proclamemos la existencia de la actividad “sentirme conscientemente a mí mismo” sin tener respuesta a quienes somos porque dada nuestra condición de individuos sólo podemos usar un lenguaje ostensivo para señalarnos mentalmente. En todo caso seguiremos preguntando ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? todavía mucho tiempo. Que ese preguntar, en el que nos va el ser (como decía Heidegger), no nos impida vivir.

Humor

El humor fundamentalmente es una expresión de confianza extrema de nuestra mente cuando percibe que las cosas terribles le suceden a otros y están tan lejanas que no nos van a afectar en nuestra cotidianidad. No es raro escuchar grandes risotadas en los tanatorios avanzada la noche. Es la alegría de sentirse vivos en medio de la muerte. Algo deberíamos sospechar cuando el resbalón de alguien provoca en nosotros la risa antes que el reflejo de auxilio. Pero quedamos justificados cuando nos reímos de nuestra propia desgracia, cuando somos capaces de distanciarnos y ver que somos cómicos en nuestra pretensión de pasar por solemnes, importantes, majestuosos conociendo de primera mano nuestras limitaciones. El humor tiene tanto prestigio que, a veces, se le acerca con la pretensión de pasar por humorístico lo que no lo es. Hoy en día se presenta el problemas de la definición de la barrera de lo humorístico cuando una cultura se ríe de otra.  Examinemos ejemplos de razones por las que reímos:

  • la sorpresa producida por
    • el uso no esperado del significado de las palabras (“Te vendo un coche. ¿para qué quiero un coche vendado?”).
    • el cambio desvergonzado de código ético (“Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo más”)
    • el cambio de la jerarquía de valores (“Se empieza cometiendo un crimen y se acaba siendo impuntual”)
    • el desvelamiento de circunstancias de contexto no advertidas en la descripción previa (“un cliente de un hotel llama repetidamente al recepcionista por teléfono preguntándole la hora en que se abría el bar con signos crecientes de estar bebido. Cuando éste desesperado dice que va a abrirlo para que entre, el cliente le responde que lo que quiere es salir, pues llevaba allí toda la noche”)
  • El perjuicio (ridículo, desaire, defectos físicos, racismo, machismo…) de alguien en el relato (“Te voy a contar un chiste que te van a crecer las orejas de la risa. ¡ah!, perdona, ya te lo han contado”)

A la primera forma la llamamos humor más o menos inteligente. A la segunda no. Si estas situaciones llevan asociado el sexo se multiplica el efecto por la condición, aún hoy en día, de tabú de su ejercicio. Naturalmente, no hablamos solo de chistes (que son micro relatos), sino de cuando se pasa a la acción creando situaciones que ponen en ridículo objetivamente a alguien para general regocijo (las novatadas, por ejemplo). A pesar del carácter de la mayor parte del humor que provocamos con nuestros relatos o cuando actuamos con esta intención, el humor enerva (primera acepción del DRAE) nuestra tensa relación con la existencia. Al representarnos la desgracia desde una distancia prudencial sentimos alegría.  Es ejemplar la turbia alegría del señor Bolena padre de Ana, esposa de Enrique VIII, cuando le comunican, en la serie de TV Los Tudor, que “sólo” va a cortarse la cabeza de su hija y no la suya. Naturalmente la desgracia verdaderamente seria (enfermedades) sólo se soporta en el relato y no en la acción bromista. Es la alegría de estar al margen de lo que se nos representa. El género comedia en cualquier expresión artística es universal y cuando es urdido con inspiración provoca en nosotros una conmoción que se extiende por todo el cuerpo hasta el punto de que llamamos “desternillarse” de risa a tal reacción. “Desternillarse” es literalmente romperse los cartílagos, quedarse hecho un guiñapo en el suelo. En el otro extremo, la fina ironía marcando el contraste de palabra y evidencia empírica acota el espectro de nuestra comicidad. La ironía en su versión más leve la aplicamos sobre nosotros mismos para ganarnos el prestigio de la autocrítica. Esta versión sospechosa del humor debe ser compensada por el hecho de que usamos el mismo mecanismo (la risa o la sonrisa) para la alegría basada en el buen acontecer como la sorpresa de ver a un amigo o a un amante de forma inesperada; la alegría de un nacimiento, una caricia o la buena fortuna provocan reacciones similares que completan el panorama del humor, del humor bueno.

EL HUMOR SEGÚN EL MUY SERIO DE SIGMUND FREUD

Freud escribió un libro llamado “El chiste y su relación con el inconsciente” en el que teoriza sobre el origen del chiste a partir de su teoría sobre la interpretación de los sueños publicada en 1900. En el distingue entre chanza, ironía y chiste. Fija su atención sobre los chistes a los que clasifica en inocentes y tendenciosos. Los inocentes tienen origen en la técnica usada para provocar el efecto deseado de sorpresa y los tendenciosos en la intención hostil con la que se concibe para eludir el obstáculo de lo socialmente correcto y poder dar salida a las propias inclinaciones. Expresarse con libertad para poder decir lo que se desea decir por molesto que sea para las clases de personas aludidas ya sean cornudos, mujeres, homosexuales, negros o rojos. Pone el ejemplo que conocemos en versión española protagonizado por Alfonso XIII y un guardia de palacio.

El monarca está haciendo una ronda nocturna y encuentra a un guardia con enorme parecido a él y le pregunta “¿Su madre sirvió en palacio?” el guardia responde “No, majestad, fue mi padre”.

Añadimos el chiste que corría por USA cuando el presidente Obama autorizó a la NSA la interceptación de los teléfonos de la gente corriente:

Obama visita una escuela y se acerca a un alumno. “¿Por qué dibujas un teléfono?”. El alumno responde: “Porque mi padre dice que el gobierno nos está escuchando a todos”. Obama cabreado le dice “No es tu padre”.

También se usa el humor para eludir obstáculos internos del sujeto que lo emite, que expresa humorísticamente lo que no puede decirle directamente a un interlocutor, como le gustaría hacer dado su temperamento. De esta forma se evita el “estancamiento psíquico” según Freud. La superación del obstáculo de la convección produce placer por ahorro de gasto psíquico, según Freud. Sobre los chistes inocentes considera que el placer proviene de la aplicación de la técnica verbal correspondiente. Técnica que básicamente consiste en jugar con la sinonimia, la ambigüedad y el carácter  convencional de los signos, lo que permite separar el sonido de las palabras de sus significado para jugar con ambos por separado produciendo sorpresa cuando todo vuelve a encajar en la mente del escuchante. Encaje que supone reconocimiento como familiar de algo que se nos presentaba como nuevo produciendo el correspondiente placer.

Cree que los chistes basados en equívocos con el uso del lenguaje tienen origen remoto en los juegos de los niños cuando están aprendiendo a hablar y provocan su alegría y el regocijo de los que le rodean por sus equivocaciones por carencia de los matices de contexto que hacen significativa una palabra a través del concepto asociado. Por otra parte, los chistes cuyo contenido es disparatado evocan también el período de los juegos en la infancia. Para Freud el chiste inocente produce placer igualmente por el ahorro psíquico que supone la capacidad del chiste de trasladarnos de un campo semántico a otro instantáneamente.

Hay chistes donde se mezclan el escarnio con la sorpresa lo que produce el doble placer y la carcajada. Un ejemplo:

Una mujer se confiesa: “Padre me acuso de haber besado a D. Jerónimo el cura de San Andrés”. “Hija mía en penitencia reza tres avemarías”. El cura vacila un momento y le dice a la feligresa: “… pero en otra ocasión recuerda que tu parroquia es esta”. 

Es curiosa la idea de Freud según la cual el que crea un chiste utiliza inconscientemente los mismo mecanismos que crean nuestros sueños a partir de la realidad recordada. El humor en sus distintas formas es una alegría a la mano que alivia de la pesadumbre:

Chanza: “Las mujeres tienen dos labios superiores” (Jardiel Poncela)

Ironía: Decirle a un obeso que come con afán “¡Que! ¿pasando hambre?”

Chiste inocente: El policía al conductor “Está usted tan borracho que no puede ni andar“; “Por eso voy en coche agente“.

Chiste tendencioso: “Si fuera usted mi marido, le prepararía un té envenenado”; “Si fuera usted mi mujer, me lo tomaría sin pensarlo” (Winston Churchill)

FINAL

En resumen hay alegría en el vencimiento de obstáculos intelectuales y en dar rienda suela a los malos sentimientos respecto de terceros. Cuando ambos placeres se unen en un formato humorístico la carcajada es inevitable porque la primera habilidad es origen de los mecanismos de supervivencia y el desahogo es la eliminación figurada de un adversario individual o colectivo, lo que también está relacionado con la supervivencia. Probablemente la primera alegría salvaje sería la de la victoria en un enfrentamiento a muerte. La capacidad de la mente humana para recrear, simbolizar, comprimir y expandir las experiencias crean el género humorístico ya como diversión premeditada que ha sufrido grandes cambios en el contenido pero ninguno en su expresión. Tenemos que reconocer que todavía quedan posos densos de aquella alegría salvaje cuando Tarantino es capaz de hacer reír a millones de personas cuando un bache provoca la muerte por un disparo en la cabeza de un joven a manos de los protagonistas de Pulp Fiction.

A continuación se proporcionan enlaces a artículos pretendidamente humorísticos y algunos chistes de un rombo (símbolo de su inocencia):

  • Dios y el diablo tiene una disputa por las fronteras entre el Cielo y el Infierno. Después de una larga discusión Dios le dice al diablo: “¡Pues si no aceptas mi propuesta, te demandaré!“. El diablo socarrón lo mira y le espeta: “¿Y de dónde vas a sacar un abogado?“.
  • Le dicen a Groucho: “Esto deberías hacerlo por la posteridad! y Groucho responde “¿Y qué ha hecho la posteridad por mí?
  • En un juicio (New Yorker): “Es verdad señoría, mi marido me pegaba por la infancia que había tenido, pero yo lo maté por la que tuve yo“.
  • Tira de la revista Non Sequitor: En el directorio de una clínica psiquiátrica: “1ª planta, culpa de la madre; 2ª planta, culpa del padre; 3ª planta, culpa de la sociedad
  • Una entrevista en Canal Sur a una señora por la calle:
    • ¿Qué edad tiene?
    • 73 años
    • ¿Estado Civil?
    • Duda y responde: … de Jaén.
  • En Nueva York atropellan a un peatón cada hora… “¡pobre, estará hecho polvo!”
  • Una madre a su hijo escandalizada: “no me importa que no creas en Dios, pero ¡ateo! ¿cómo puedes ser ateo?”

Estamos cenando con unos amigos un viernes por la noche. Cada uno llevamos dos copas (vivimos a tiro de piedra del restaurante) No hay amenazas en el horizonte, todos son risas de seguridad, fraternidad, amistad. Si en ese momento alguien cuenta un chiste nos desternillamos sumergidos en nuestra felicidad (y seguridad) ayudados por las copas (el gran desinhibidor). Todo está bien, luego juguemos con la desgracia de forma humorística para sentir el escalofrío y que además de estar vivos, estamos seguros.

Un periodista encastrado en una unidad de combate está rodeado de polvo y ruido de explosiones. Está viendo morir a jóvenes soldados a su alrededor por la masiva presencia de fuerzas enemigas y de repente sin control sobre su reacción piensa en aquel chiste de indios y vaqueros “¡Por cada cabellera que me traigáis os daré 100 dólares. A la mañana siguiente, un cazador de recompensas se despierta rodeado de 1500 indios y grita ¡soy rico!“. No puede evitar sonreír y sonrojarse al tiempo. El humor emerge en cualquier circunstancia. Es la gran paradoja de nuestra condición humana.

Filosofía naif. (10) La esperanza

Eppur si muove. Todos los intentos totalitarios (groseros o sutiles) fracasan cuando tratan de dominar de una vez por todas a la humanidad. Antes o después un destello en la conciencia ética y la capacidad de comunicación abre una brecha y por ella escapa el ser humano de la prisión real o virtual que otros como ellos crearon creyendo que podía escapar del destino común que es la muerte mediante la acumulación de riqueza o el ejercicio del poder sin misericordia. La juventud, con su poderoso poder y su promesa de renovación creativa, alimenta nuestra esperanza. La de los que llegan y la de los que nos vamos. Esperanza de alcanzar la verdad en el abrazo cuidadoso a la realidad con unos brazos tan largo que nos incluye a nosotros mismos en él. Los jóvenes deben ser cultos para conocer qué equivocaciones del pasado en la tecnología social resultaron erróneas a pesar de las esperanzas puestas en ellas. Así los experimentos colectivistas o ultra liberales. Como siempre los extremos fijan la posición de la solución mejor ajustada. Esta cultura política debe ser complementada con la capacidad de ver en los demás acontecimientos llenos de emociones valiosas, si uno tiene la paciencia de esperar y esperar a que emerja lo mejor de ellos.

Los jóvenes profesionales debe desplegar en sus vidas todas las formas de verdad para vivir vidas equilibradas y contribuir a crear sociedades basadas tanto en el mérito como en la compasión; tanto en la libertad como en la igualdad; tanto en la transparencia pública como en el misterio privado. Sociedades donde la belleza se despliegue sin caer en el kitsch y la ética sin caer en la ñoñez. Unas sociedades donde el trabajo sea practicado de forma creativa y cuidadosa con los recursos en el marco de una concepción pacífica de la vida. De esta forma podrá disfrutarse de los sentidos, del conocimiento, de la fantasía y de los frutos de la acción éticamente regulada. En definitiva, sociedades donde los recursos sean destinados no al goce grosero de unos pocos, sino al goce culto de todos. A la reproducción gozosa de los sistemas de percepción que la evolución nos ha proporcionado, primero, para la supervivencia y, después, para la comprensión íntegra e integrada de la existencia.

Todo  lo dicho aquí no tiene ningún valor para el joven si no lo hace suyo por convicción, lo que requiere una aproximación cautelosa y crítica. Algunas afirmaciones pueden ser compartidas y otras rechazadas incluida la totalidad de ellas. Cada uno debe construir sus propios significados para que le sean útiles. Lo que, en ningún caso, debe olvidarse es el núcleo de todo lo dicho: tanto si la verdad resplandece en todas sus dimensiones o es ocultada por intereses bastardos; tanto si uno mantiene sus creencias toda la vida o la cambia por estar convencido de que será bueno para él, una verdad permanece inmutable para el ser humano: la dignidad de todos y cada uno de ellos. El olvido de esto en nombre de cualquier creencia puede ser considerado demencia. Pues la realidad tiene un centro de gravedad físico y moral que impide viajes al infinito. Un centro que curva nuestros cambios de estado físico y moral para hacerlos gravitar en torno a la verdad.

Filosofía naif. (9) La ética

La ciencia no es suficiente para el hombre porque explica cómo funciona el mundo pero no qué es el mundo y cuál es su finalidad. La necesidad del hombre de desvelar el secreto de la existencia trajo el consuelo de las religiones que, dando un salto al vacío cognitivo, proporcionan relatos envolventes que todo lo explican. En unos casos mediante deidades animistas que, en un gesto de prestidigitador, sustituyen una duda, no por una certeza, sino por otra duda pero de mayor tamaño llamado Dios. En el caso de las grandes religiones la solución encontrada es la voluntad de un ser suprasensible y trascendente cuya veleidad en la gestación del drama humano queda perdonada por su omnipotencia e misteriosa irresponsabilidad. La ciencia ha ido dejando para las religiones cada vez un espacio más reducido y, por otra parte fundamental: el de la ética. Agotada su explicación del funcionamiento de mundo, más allá de la hipótesis creacionista, tienen el reto del comportamiento ejemplar para guiar la acción moral. Ejemplaridad que, a menudo falla, porque la fragilidad de la defensas pensadas ante la causalidad realizada. La filosofía tantas veces muerta por la aparente claridad de la ciencia se ha refugiado también en la explicación y modificación de la ineludible realidad factual de la vida humana.

Hoy en día es fácil escuchar que no hay valores. Esta frase implica que los hubo y que se añoran. Los valores son cualidades que los seres humanos ponemos en las cosas constituyendo una esfera especial (axiológica) que permite, precisamente, la valoración. Son curiosos entes, pues pueden ser polarmente diferentes para dos observadores distintos de un mismo objeto. Son valores la belleza, la utilidad o la justicia. Los valores son inspirados por el objeto pero su polaridad y jerarquía dependen del observador. Naturalmente los observadores pueden intersubjetivamente coincidir en los valores. Los valores permiten enmarcar la visión general del mundo por parte de alguien, pero sin gran precisión. Los valores en su formulación más general no informan mucho. A todos nos parece bien la justicia y aspiramos a disfrutar de la belleza, pero ante un objeto concreto estos valores pueden ser muy diferentes en función de los patrones que condicionan a cada observador u opinante. Si por crisis de valores entendemos que no hay belleza, justicia o bondad estamos equivocados. Seguirán habiendo amaneceres, arte, actos justos y bondadosos. Lo que se quiere decir es que no hay decencia  y que se ha desacreditado la igualdad. Es la decencia el valor más en crisis, porque se ha impuesto otro valor: la utilidad. ¿Por qué no? es el recursos ante cualquier reproche de falta de ética. En cuanto a la igualdad, se da una extraña situación hasta finales de los años noventa el progreso social se medía por el disfrute generalizado de los rasgos del Estado Social y desde hace unos pocos años los beneficiarios de la gran estafa global, que ha acumulado grandes capitales en pocas manos, el progreso social se pretende medir por el número de individuos asocializados y que están dispuestos a todo por nada. La crisis de decencia no tiene origen en la falta de creencias religiosas, ni en un supuesto nihilismo. El origen está la hipertrofia de la capacidad de sugestión mediante la publicidad y la tecnología que crean una abundancia virtual de paraísos artificiales. Esta superabundancia ha contaminado y atrofiado las fuentes del diálogo íntimo del ser humano que está siendo perturbado por el ruido ambiental. Como resultado el individuo, como los antiguos indígenas, se deja seducir por cristales de colores en forma de instrumentos digitales. Seducción que poco a poco se extiende a la moralidad social y mucho a mucho a la legislación convirtiendo en delito la mera reserva prudente. Pronto llegará el control comercial de nuestros deseos por los avances de la neurociencia y será ilegal no ser portador de algún dispositivo móvil con el que ser violentado por la publicidad y la propaganda.

Tras un posicionamiento filosófica determinado es necesario preguntarse por el bien y el mal. Dos palabras que resumen nuestra biografía según hayamos sido tocados por uno u otro. El bien lo asociamos a los simbólico (lo que une) como el amor mismo. El mal lo asociamos a lo diabólico (lo que separa). El bien es el resultado de vivir en la verdad. Y vivir en la verdad no es una propuesta vaga, sino la propuesta de disfrutar, entre los extremos letales, de la armonía entre la belleza, el placer, el conocimiento, la búsqueda del sentido y la acción productiva regulada por la ética y la moral. El mal es su contrario. El mal surge de la desunión, de los conflictos entre los aspectos de la verdad. Así la belleza de una foto que muestra un crimen o la de un artefacto creado para matar. El placer como único objetivo convirtiendo a los demás en objeto de un disfrute sin medida. Refugiarse en el estudio sin atender al resto de la vida. Perderse en especulaciones metafísicas sin disfrutar de la acción o actuar poderosamente sin control de la regulación ética o estética. Si hipertrofiamos uno de los aspectos de la verdad, podemos caer en el diletantismo, el vicio, la petulancia, la vaciedad espiritual o la inutilidad. Todo ello empeorado por una acción resentida sobre las cosas y los demás. El mal es el resultado del intento de sustituir vicariamente nuestras carencias con complementos tangiblemente diabólicos (que separa maliciosamente) como el poder sobre los demás como sustituto del amor (lo que une benéficamente) produciéndoles daño físico o psíquico. Encontrar placer deforme en el dolor ajeno para vengar el sufrido real o imaginariamente. El poder no es malo en sí. Es un préstamo de capacidad de acción conjunta que se le hace a una persona o institución para que dirija la acción. Pero no se puede consentir que sea utilizado que individuos con problemas de ajuste con sus semejantes lo usen para perjudicar a sus donantes de poder. Es paradójico que las personas con mejor actitud suelan rehuir el poder y los menos dotados para la empatía estén siempre dispuestos. No ayuda el que pequeñas carencias muy generalizadas, relacionadas con la necesidad de que el autoritarismo se ejerza de forma vicaria siempre sobre otros, favorezca la delegación de poder en personas incapaces para ejercerlo.

¿De todos? no, de algunos

22 Nov 2011

De vez en cuando se escucha que el enredo económico en el que estamos es culpa de todos. Que todos nos creímos estar en Jauja y que la tarea era enriquecerse. Bueno, bueno, ya está bien. Aclaremos. Por supuesto que cuando una expira (expulsa gas después de aspirar) contamina, pero cualquier pretensión de que esta contaminación tiene el mismo rango que una fábrica disparando toneladas de CO2 a la atmósfera es de mala fe o complicidad. ¿Es que ya nadie se acuerda de que todas las emisoras de radio tenían programas en los que en hora punta daban información sobre las expectativas de unas y otras empresas para alentar la participación en Bolsa? ¿Es que nadie encuentra sospechoso el silencio del Banco de España sobre el peligroso endeudamiento de familias basado en la propaganda exacerbada de carencia de riesgo y felicidad para todos y tonto el último? Si no se impone el principio de proporcionalidad entre poder y responsabilidad sería posible confundir la responsabilidad del autor de un crimen con la de un testigo. Incluso el más imprudente de los que suscribieron hipotecas es claramente menos responsable que el menos importante de los agentes bancarios que voceaban ¡dinero, dinero barato, bonito, dinero! en las puertas del bazar de irresponsabilidad en que se convirtieron los bancos. No nos confundamos. Aquí hay responsables de nivel Giga que no debe confundirse con actores de nivel Pico. Al que insista hay que pedirle la IP a ver a qué servidor está conectado.

El torpe de Hernández

20 Nov 2011

Hernández se había preparado con mucho mimo el sobre con la papeleta dentro para evitar andar mirando los montones y tomando muchas papeletas para despistar al interventor del partido opuesto. Lo tenía todo previsto. Sería una operación rápida. Entraría con decisión con su carnet en la mano y en unos pocos segundos estaría en el banco (el del parque) tomando la sombra. Saludó a una guapa policía nacional que había en la puerta. No saludó a un feo municipal que estaba dentro. Dio un paso mirando todavía a la guapa policía, tropezó en el escalón, fue trastabillando hasta la mesa, se agarró al presidente lo hizo caer para atrás y tiró la urna, que se rompió con estruendo. Los sobres quedaron esparcidos por el suelo medio abiertos. En la mayoría en vez de la papeleta aparecía una trozo de papel blanco en el que ponía “MERKEL”