Hace tres días, Olivia, cumpliste un año y ésta es la crónica. Te bautizaron, ya sabrás lo que eso significa y, sobre todo, que significa para tí. En la ceremonia leí un texto que he incorporado al final. Espero que te guste. En este año tu rostro se tornasola entre la herencia materna y paterna. Habrá más cambios, pero, hasta ahora, si hay que pronunciarse, la fuente paterna se impone. Es una mezcla que produce extrañeza por su perfección. Aún no andas, pero gateas con gran competencia y ensayas con ayuda los primeros pasos. Unos dientes incipientes en la parte inferior calman la ansiedad de los que esperamos tu progreso biológico y tus manifestaciones de personalidad aumentan la esperanza de hablar contigo. Dices ya “mamá” y “papá”, aunque no “abuelito” o “abuelita”. En venganza les he dicho a tus padres cómo se dicen ambos nombres en japonés o árabe, para que vean que la “ma” y la “pa” son universales y que, por tanto, no es de ellos, sino del bebé y sus circunstancias fonéticas que con sus primeros balbuceos los bautizan. Pero, como los padres están más cerca, se apoderan “abusivamente” de estos primeros balbuceos. Si no, ya hace tiempo (un año) que yo, al oír “pa” habría levantado el dedo.

Ya sabes decir que no (con la cabeza). No es no. Es un gran avance, pues en la vida hay que decir muchas veces no, incluso a uno mismo. También sabes decir adiós (con la mano), lo que es fundamental, pues si uno se equivoca debe saber decir adiós a los errores. Has adquirido un cierto aire meditativo, lo que es promesa de interés por las cosas y capacidad de diferir los placeres y tomar las decisiones correctas. Estamos a la espera de tu pelo y sobre todo de tu voz articulando palabras con las que buscarle un sentido a las cosas.

Con ellos, quizá vendrán las preguntas, esa forma tan humana de satisfacer la curiosidad, esa forma, a su vez, tan poderosa y llena de peligros que hace posible el progreso. Ya das disgustos al decidir si acepta unos brazos que se te ofrecen o los rechazas por razones misteriosas. Te gusta el juego y, poderosamente, el baile. Basta  con esbozar unas notas con ritmo e inmediatamente te cimbreas como un junco. Has salido ya al extranjero con tus padres. Has ido a Roma, una ciudad que la fundaron unos bebés. La has encontrado decadente, claro. Supongo que no has interpretado bien la razón de tanta ruina. Ya te lo aclararemos. Tu respuesta al desafío que supone el primer vuelo ha sido extraordinaria. Las nuevas sensaciones, en vez de inquietarte, te han abierto un mundo de posibilidades que, seguramente, explorarás cuando tenga más de un año.

Estás estudiando inglés en la guardería. Quizá, por eso ya dices “ta”. Entre las costumbres que has adquirido está la de hacer experimentos con la gravedad. Por ejemplo, te den lo que le den, lo tiras al suelo. Como ya llevas un mes haciéndolo, creo que será conveniente decirte, en su momento, que, en la práctica científica, la repetición tiene sentido sólo cuando las variables se relacionan estadísticamente en sus variaciones. Por ejemplo, creo que comprenderás, a la primera, que basta con meter la lengua en sopa caliente una vez para que aprendas que te la vas a quemar. Eso te lo explicará tu abuelita, que sólo piensa en tí y lamenta que ya desde tan pequeñita el mundo te estén ofreciendo celebrar fiestas ajenas como el Halloween o el Black Friday (te llevaron de compras). Pero así es, Olivia, este mundo en el que ya llevas un año, que es el tiempo que tu suelo da una vuelta completa a una bola ardiente allá a lo lejos. Ha sido el año más fotografiado de un bebé, lo que podrás comprobar con las miles de fotos que tus admiradores te hemos hecho. Fotos en las que cristaliza una mirada que nos tiene cautivados. Una mirada en la que te preguntas ¿de qué va esto del mundo? y te respondes: no sé, pero me gusta.

LO PROMETIDO

Queridas familias y amigos:

De la interpretación teológica de esta ceremonia dará cuenta competentemente nuestro querido cura Ginés. Un cura que hemos heredado y compartimos con nuestros queridos amigos Loli y Rafael. Lo que yo debo hacer es tan sentido como superficial aun que inspirado por esta niña que es hoy el centro de nuestra atención.

Bueno, aquí estamos todos en torno a esta personita. Empiezo por su nombre, Olivia que ya la muestra como una amante de la paz, lo que no es poco, ya que contribuirá seguro nada menos que hasta el siglo XXII a hacer de este mundo de los humanos un lugar mejor. Una paloma llevará en el pico, mientras ella quiera, una ramita de este olivo que hoy regamos. Porque hoy es bautizada y todos lo hacemos en inocencia por ella.

Tener una nieta ha sido una experiencia muy especial porque tener en brazos, tantos años después, 3500 gramos trémulos es la señal de que se ha cerrado el ciclo virtuoso de la vida. Como abuelos ya no habrá nada más nuevo, original y emocionante que Olivia, que nos ha permitido ser, por última vez, verdaderamente novatos en una experiencia importante. Gracias Moisés y Valentina por esta obra de arte.

El vértigo de la paternidad y sus obligaciones no deja reflexionar en exceso, pero en la abuelidad no hay vértigo, si trascendemos la molestam senectutem, y dejamos de pensar en nosotros. De este modo, el maravilloso espectáculo de la vida se presenta sin velos. Y el espectáculo es esa carita tan expresiva y llena de promesas. Una expresividad que mostró desde el primer segundo de su vida rodeada del asombro de todos los que tenemos la fortuna de ser su familia: sus padres, sus tíos, sus abuelos… Pero Olivia es, sobre todo, una promesa que, si la vida lo permite, los abuelos tendremos la fortuna de ver cumplida hasta un cierto momento en que haremos mutis. Personalmente quiero durar mucho, hasta los 100. No es por mí, sino para que no tenga un trauma prematuro.

Mirando a Olivia ves qué quiere decir la palabra inocencia, pero también serenidad y belleza. La miras y vives el espejismo de que ya quiere hablar contigo y escuchar tus historias. Su sonrisa te cautiva y estás deseando escuchar su voz de niña. Estoy seguro que será curiosa y, a fe, que no le faltaran respuestas; de que será inteligente y no le faltarán oportunidades de dejarlo patente; de que será fuerte y no faltarán resistencia que vencer y de que será buena persona y ejercerá, pues la vida siempre da oportunidades para la bondad y el perdón; seguro que nos sacará con su frescura de algunos atascos propios de la sequedad de corazón que traen a veces los años.

Se supone que una nueva vida es consecuencia del amor de sus padres. Así es, pero sólo hasta el nacimiento, pues a partir de ver la luz, los papeles se invierten. Sus padres, tíos y abuelos seremos una consecuencia del amor que ella nos tenga. Tanto valdremos cuanto ella nos quiera. En sus manos estamos. Estoy seguro que tendrá para todos pues el amor es inagotable. Pero la mayor parte será, querámoslo o no, para sus padres. Cuando la miréis, Moisés y Valentina, podréis decir con el poeta José Martí:

“… Y yo besaba sus pies pequeños/ Dos pies que caben en un solo beso”

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