Ayer  en una mañana plomiza, un paso tras otro, llegué a la Escuela de Diseño de Murcia cuya ubicación no conocía. Supongo que diseñar es lo que se hizo en el génesis con la costilla. Coger materia y transformarla para producir extrañeza o asombro y siempre placer. Hoy en día se impone que los jóvenes interesados por el diseño sepan dos cosas:

  • El diseño expresa o puede expresar estéticamente el mundo tanto si éste es limpio como si es sucio.
  • Hoy en día el diseño imprescindible es el de la vida social humana, vista la potencia de los tóxicos enemigos de lo común.

Me había atraído el anuncio de una conferencia del arquitecto Juan Antonio Sánchez Morales sobre los problemas de la modernidad. En ámbitos no especializados el término “moderno” puede evocar lo actual, lo ineludible, lo que está de moda. En términos precisos es el nombre que se da a toda una época que nace con el Renacimiento, se acentúa con la Ilustración y decae tras las Segunda Guerra Mundial y su exhibición de irracionalidad. La llegada de la llamada Post-modernidad con su diagnóstico pesimista pareció puro escapismo hacia formas encontradas en el arcón de la frivolidad. Pronto fue absorbida por el sistema que la convirtió en objeto de consumo. Por el contrario Juan Antonio aliado con La Tour, Laval y Dardot y su propia visión de la relevancia del primer art-nouveau propone la anti-modernidad. La conferencia me provoca reflexiones en muchas direcciones que esta breve crónica trata de drenar. En ella espero que queden claras las fronteras entre lo que el ponente dijo y sus secuelas. Y si no, no creo que sea dramático.

La anti-modernidad sería el intento de neutralizar una propuesta de forma de vida que consiste básicamente en lo siguiente “juegue a la emocionante lotería de la riqueza a sabienda de que sus probabilidades de perder son un millón mayores que de ganar una plaza en el nirvana económico”. Por tanto, se trataría de matar el gen ludópata del ser humano. Todo los días nos dice la publicidad con un gracioso acento sevillano “usted, sí usted, puede ser millonario”. Y todo en nombre de la libertad negativa que diría Isaiah Berlin. Una idolatría de la libertad que ocupa todo el espacio axiológico asfixiando el resto de valores, tales como igualdad o justicia, no digamos amor.

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El extrahumano Peter Thiel.

El ponente, tras un excurso sobre la parada marítima de Cartagena y la asunción del Elefante de Anibal como símbolo de combate menciona a Peter Thiel un millonario germano-americano que, habiendo tenido fortuna (él cree que es su inteligencia) en el juego de los compras por Internet o las redes sociales se atreve a proponer, con la misma frialdad que un déspota firma sentencias de muerte mientras desayuna, restar fondos a los servicios sociales elementales para emplearlos en acelerar el avance tecnológico que emancipará a los poderosos de la servidumbre del ser humano y lo convertirán en inmortal para vivir en el mar lejos de la chusma. Un “pensador” del que en Internet encontramos declaraciones en las que se atreve a decir que libertad y democracia son incompatibles. Es desde luego el más estentóreo rugido de individualismo desde que el romanticismo se fijó en el Yo. Una falacia que necesita de una ayuda para la que reclama todos los fondos posibles: la inmortalidad. Thiel quiere ser inmortal, por lo que necesita muchos fondos para impulsar sus faústicas investigaciones. Fondos que reclama sean extraídos de destinos impropios como la salud de la gente ordinaria. Thiel es de esa clase de gente que experimenta un espasmo de asco ante cualquier cosa que suene a colectivo o comunal.

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El desafortunado Mar Menor.

Juan Antonio recuerda que los procesos biológicos no son completamente reversibles, al menos a la velocidad que los intereses económicos necesitan. Por eso a la destrucción lenta de un ecosistema seguirá la destrucción rápida de una cirugía torpe. Menciona el Mar Menor como ejemplo de destrucción ignorante perpetrada por un régimen necesitado de divisas para una supuesta modernización acelerada del país que la autarquía había sumido en la más gris de las existencias.

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La Ville Savoye

Realiza un breve repaso a la historia paralela del diseño y el progreso en el que se pone de manifiesto hasta qué punto el diseño está atado al fundamento material de cada época. Los ejemplos de la Weissenhofsiedlung de Stuttgart de 1927 y otros iconos de la arquitectura en paralelo con el progreso del diseño de las máquinas, en especial el automóvil, prueba el aserto y la dificultad e, incluso, el peligro de volar sin cadenas hacia mundos irreales, salvo que sólo se busque el entretenimiento. Las imágenes muestran el carácter anacrónico de muchos de los diseños actuales que son espectros de un pasado cargado de pasión. Como tantas veces se ha dicho, la realidad es anacrónica, porque lo que ahora vivimos fue concebido muchos tiempo atrás.

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La Feria de Stuttgart de 1827. La obra de Mies al fondo.

Las aporía del análisis crean en la sala la tensión necesaria para una segunda parte de la conferencia en la que hablar de posibles salidas o, al menos, de enunciados de respuestas a la célebre pregunta pragmática de ¿qué hacer?

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De Bruno Latour, un filósofo de la ciencia muy peculiar, extrae el ponente interesantes y abstractas ideas sobre los problemas que nos aquejan, que a pesar de la ignorancia de nuestros millonarios, tienen un carácter intelectual que se les escapa, pero se les impondrá. Latour en su libro Reset Modernity propone seis vías para reiniciar la modernidad.

  • Relocalizar lo global. A partir de la razón 10  para el cambio de escala en la conocida película La potencia de diez de los arquitectos Charles y Ray Eames se muestra cómo ir de la galaxia al átomo. Una película inspirada en la publicación Cosmic view, el Universo en 40 saltos de Kees Boeke, un profesor alemán. En esta apartado contrasta la visiones idílicas de cambio de escala que ocultan las fisuras entre niveles con la de Sarah Sze que muestra una compleja veleta en la que no se oculta ninguna de las fronteras. Igual ocurre con las representaciones en las que se corrige la realidad para calmar al ojo. O para excitarlo como hacía Canaletto con sus vistas de Venecia. Las paradojas de simular un paisaje exterior en un ámbito cerrado o tomar decisiones globales en espacios finitos. Resume diciendo que en el ámbito social e individual hay que tomar la decisión de optar por lo global o lo territorial.
  • Con o sin la realidad. Bajo este epígrafe se analiza la polaridad espectador – actor. Quizá la llamada más potente a abandonar la pasividad para pasar a la acción política. Empieza con un ejemplo pictórico paradigmático: la balsa de la Medusa. Un célebre cuadro de Géricault que fue pintado usando cadáveres como modelos. Una metáfora de la humanidad que vaga en la balsa llamada Tierra. Balsa que tiene origen en una canallada de la oficialidad del barco del que procede. Quizá el mundo nació de una canallada y no de un acto de amor. Igual ocurre con el aparato de pintado por Durero para crear la sensación de profundidad y ayudar al observador a no dejar de serlo. Finalmente invita a abandonar el calor de la identidad para buscar la tensión de lo global, pero advierte que en esa tensión emerge un tercer elemento.
  • Compartiendo responsabilidad. Adiós a lo sublime. Toma como antecedente la fascinación por lo sublime que el siglo XVIII identifica como una mezcla de placer y temor que Kant hace contrastar con el poder de la mente para captar la naturaleza de lo que ocurre. Sentimiento que Friedrich expresa en sus cuadros y nosotros aún podemos experimentar ingenuamente en la presencia de tsunamis o tornados. Pero el hecho es que el dominio tecnológico sobre la naturaleza no deja espacio para la sorpresa y menos para lo sublime. Lo que emerge es la responsabilidad por La Tierra dado que la nueva era, el “antropoceno”, tiene ya efectos visibles e incluso nocivos a escala planetaria. Un residuo del placer de lo sublime actúa en la irresponsabilidad que se votan opciones políticas destructivas por la emoción del espectáculo potencial. Kant analizaba el placer que le producía las noticias sobre la Revolución Francesa, cuando era consciente del horror que la hizo posible. Nuestra globalidad se transforma en Gea el medio ambiente nutricio que hay que cuidar.
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Midiendo con el propio cuerpo qué es la energía (Ad hoc estudio)
  • Desde la patria chica a disputar el territorio. En un mundo globalizado donde lo físico pierde sustancia, las fronteras se vuelven móviles y difusas. Una nueva geografía muy difícil de mapear. Y, paradójicamente, el resurgimiento ante la menor amenaza de muros y zanjas físicas como demuestra Israel. El cambio climático crea la necesidad de nuevas cartografías cuando el deshielo hace salivar a las naciones periférica ante la posibilidad de explotación de los recursos conservados durante millones de años. Véase también el ejemplo de Italia y Suiza en los Alpes. Las “casas clavo” de China son también un ejemplo a otra escala de esta redefinición de fronteras. No menos impacto producen los cambios en los métodos y extensión de la agricultura en las proximidades de núcleos urbanos. Finalmente constata la desaparición de las utopías bucólicas para afrontar la metaformosis distópica del planeta.
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Obama reza en una ceremonia ancestral
  • ¡Al fin seglares! Aquí se muestra las dificultades que el mundo moderno encuentra para desatar las cadenas de las religiones. Resulta complicado ser mundano. El poder de la religión se mantiene incluso en tierras o ambientes tan descreídos como Rusia o el mundo de las finanzas. Se da cuenta de la selección de 16 películas sobre religión que ha realizado Frodon y De Víctor. Por otra parte se muestra el clima que un marco de ceremonia religiosa puede crear cuando las palabras llaman a la emoción y las emoción a las palabras. Es un acto del presidente Obama en una ceremonia para rememorar a un clérigo negro. En ese punto religión y política convergen. Finalmente se pregunta si, tanto los que se aferran a la identidad y las creencias, como los que lo hace a la idea abstracta de globalidad, están perdidos. Se precisa un nuevo acuerdo que resguarde la espiritualidad, la emoción difusa que nos embarga sin saber ni su origen ni su propósito.
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Thomas Thwaites meditando al mitigar su condición de autoconciencia
  •  Innovación no celebración. La tecnología nos seduce y no espanta. La teleinformática conspira sin conspiradores. La acumulación de datos y su tratamiento manipula y modula el arcano de las voluntades públicas. En tiempos de prevalencia de las infraestructuras sobre las estructuras, la tecnología aún no ha mostrado su propósito implícito. No sabemos dónde residen nuestros datos o quién los maneja. Estamos atravesados por la técnica con una intensidad creciente cuyas consecuencias tienen que ser domadas por conceptos poderosos que se están formando justo ahora. El diseñador Thomas Thwaites creó una tostadora desde cero fabricando los materiales desde su fase natural y luego componiendo el artefacto. Un buen intento de abrir la caja negra y comprobar por uno mismo toda la historia que se oculta (a la vista) a nuestra concepción del mundo tecnológico que nos constituye. La tecnología actual, durante su suave funcionamiento, no muestra ninguna pista de los tóxicos residuos que dejará al volverse obsoleta. Es necesario mostrar el enredo en el que estamos. Nuestra relación con la tecnología es ambivalente: pasamos de la celebración incondicional al rechazo por la nostalgia de un mundo originario. Si dirigimos nuestra brújula hacia un nuevo polo magnético (La Tierra) tendremos la oportunidad de saber dónde estamos y qué merece la pena defender. Nuevos territorios han aparecido muy diferentes del terruño original. Tecnología y cuidado son dos conceptos que caminan separados en la actualidad, pero pueden ser unidos de nuevo.
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La tostadora de un sólo uso

De Lavat y Dardot extrae Juan Antonio la esperanza de la vuelta al sentido común en el doble significado de “sensato” y “mostrenco”. Es una lucha titánica entre el individualismo y lo comunal. Tiene la misma escala y probablemente el mismo origen telúrico que la muerte y el deseo. Los autores proponen combatir el capitalismo y el comunismo estatal. No se renuncia a la democracia. Creen necesaria la creación de nuevas instituciones para no reducir la revolución a un simple amotinamiento. El método: la experimentación reflexiva. La secuencia sería la siguiente:

  1. Proponer una política que haga de lo común el principio de transformación de lo social.
  2. Afirmar la oposición del nuevo derecho de uso al derecho de propiedad.
  3. Establecer que lo común es el principio de la liberación del trabajo.
  4. La empresa común debe prevalecer en la esfera de la economía.
  5. Necesidad de refundar la democracia social.
  6. Convertir los servicios públicos en verdaderas instituciones de los común.
  7. Generalizar al mundo estas estructuras políticas y sociales.
  8. Crear la federación de los comunes.

En todo caso, estos autores consideran insoportable el momento actual con la retirada vergonzante de la política representativa ante el poder económico.

Este énfasis en “los comunes” me lleva al recuerdo de la humillación anual de los MP’s (Miembros del Parlamento de los comunes) británicos ante la reina y los lores escuchando de pié el discurso de la soberana escrito por el PM (Primer Ministro) que escucha sus propias palabras al fondo de la sala. Ella sentada y revestida de armiño y joyas, los lores sentados revestidos de púrpura y los comunes de pié y bulliciosos al fondo.

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En el primer modernismo funda Juan Antonio su esperanza de un nuevo paradigma para el diseño. La vuelta a la inspiración en la naturaleza para tener objetos de casi cero costo por la inteligencia y la belleza de la disposición de los materiales en el espacio. Si imitar sin crítica el maquinismo nos trajo una arquitectura fría, es tiempo de tomar como modelo en serio a la naturaleza para habitar sin dañar.

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AL SOCAIRE

Hablaba al principio del gen ludópata que nos destruye. Hay que desplegar el músculo social que se ha mostrado más eficaz en la construcción de organismos tan complejos como el ser humano. Organismos nacidos de la comunión de fines y no de la competencia. El error de los actuales libertarios es categorial. El mundo no dará un salto cualitativo por la eliminación de una mayoría para disfrute de una narcisista minoría, sino por la generación de nuevos tejidos sociales, que den lugar a nuevos órganos sociales, que den lugar a nuevos organismos sociales capaces de afrontar la realidad de nuestra condición natural y nuestra responsabilidad como la única naturaleza consciente. Es indeseable un mundo de aristócratas aislados en el mar o en artefactos en órbita. Sería un mundo muerto moral y físicamente de salida que tendría que matar continuamente el gen social innato hasta extinguirse como residuo podrido por el nuevo pecado original.

La opinión de este cronista es que habrá que utilizar los canales por los que hoy circulan las mercancías colocando llaves de paso donde convenga. Todavía el consumo generalizado es necesario, por lo que la acción concertada “no premeditada” para no incurrir en ilegalidad será el modo de que una sociedad consciente de su poder y su servidumbre dirija la producción “a lo que convenga” en función de objetivos políticos y asistenciales deseables, dejando el resto de la energía cognitiva para la creatividad. Para ello hay que desprenderse del velo que impide ver que los seres humanos se necesitan unos a otros porque es un ser desvalido antes y después de experimentar la euforia de la breve fase juvenil y productiva en la que se inspira la falacia libertaria de Thiel. El error intelectual es ignorar que toda su fortuna está montada en la explotación de la pulsión de felicidad más o menos impostada de los seres humanos, pero que puede acabar estando basada directamente en la desgracia de la gente. ¿Es este su propósito? ¿Es un equivocado o un nuevo tipo de monstruo bien vestido? Su figura emergió en la conferencia a mi entender como el último eslabón de una cadena que empieza en Smith, sigue con Hayes, es celebrada por Tacher y explotada si no explosionada por Goldman Sachs.

Al finalizar la conferencia los jóvenes presentes mostraron su perplejidad y un cierto desaliento que el ponente trató de eliminar con su llamada a la responsabilidad de los docentes, que tienen la misión de evitar el adoctrinamiento y al tiempo estimular el pensamiento crítico. Una mañana bien aprovechada.

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