Una carta que te envié ayer ha confundido a algunas personas que han creído que estaba escrita después de nacer tú. Ellos no saben que ya nos inspirabas antes de nacer y que por eso se pudo escribir mientras aún estabas calentita dentro de tu madre. Pero ayer 23 de diciembre a las 16:09 (según tu padre) naciste, niña que vivirás también en el siglo XXII. Todavía estamos bajo el impacto de ver tu cara sólo diez minutos después de asomar tu cabecita entre las piernas de tu mamá (lo que sólo vió tu papá). Es asombrosa la bondad de la institución que no sabemos si existirá dentro de unos años y que llamamos ahora sanidad pública. Lucharemos para que muchos niños como tú puedan disfrutar de un nacimiento en las mejores manos curativas en vez de dejados caer sobre un trozo de plástico en la estepa perdida del exilio forzado que provoca el corazón helado de algunos hombres, como descubrirás desolada antes o después. Pero tú lo harás recubierta del amor y el respeto por tu persona del que te van a rodear tus padres y el coro de mirones que formamos todos los demás. Coro que hará las cosas más raras para que tu nos prestes una atención que podamos exhibir como de cada uno y sólo de cada uno. Oirás hablar en un extraño idioma lleno de “bu, bu, bú” y “ka, ki, kú”. Ni caso. Tu tienes que hablar bien, pero si me miras a mí un poco más, mejor.

Todos estamos embobados por la viveza con la que tus ojos nos buscaban, atenta a cada susurro, moviendo tu rostro ya perfecto aquí y allá. Mirando en azul sin pestañear a unos y otros preguntándote “¿Habré tenido suerte con mis parientes? ¿habré nacido en un buen sitio? “El mejor. respondimos todos sin abrir la boca“.  Tus orejitas bien pegadas para cortar el aire cuando te apetezca sin planear te servirán para escuchar palabras hermosas y saborearlas dándole empujones y caricias de la frente a la nuca, del parietal al occipital, de la A a la Z. Tu boquita, que sonríe incluso cerrada, hablará en siete idiomas y dirá cosas bonitas sin ofender a nadie. Tu naricita es maternal y tu aire general es galante a la espera de mutaciones futuras. Cada uno pensaba que tu sonrisa, princesa, era para él o ella. Pero tu estabas generosas y había para todos.

Sí, he dicho princesa, porque, descubrirás que ahora, afortunadamente, las princesas  son republicanas y abundan para que cada uno tenga la suya y no como antes que sólo unos tontos podía tener princesas. Ahora no, y tú eres la princesa del Futuro Joven. Reino de tus padres, los Reyes (lo que tiene sus ventajas). En ese reino habitan tus abuelos los marqueses de La Seda y El Carmen y tus tíos los condes de Turquía y Chamberí. Con los Reyes ya advertirás la suerte que has tenido cuando crezcas en palacio.

Tu carita fue lo primero que nos iluminó, pero tus manos quedaron para después que advertimos la finura de sus formas. Dedos largos de pianista, pintora y poetisa de la vida. Cada postura de tus manos, princesa, es un aleteo de mariposa que reposa después en tu manta. Ya ha nacido quien merezca tus caricias, pero mientras lo conoces deja alguna para los rostros que te han mirado por primera vez y cuyas formas guardarás sin saberlo en un rincón de tu memoria. Ríe, salta, aprende y mejora nuestras vidas. Disfruta del regalo que una mezcla de sabiduría y suerte te ha hecho haciéndote a ti como eres. No te quejes nunca cuando lo vayas abriendo poco a poco a medida que crezcas. Y cuando te sientas vencida, cuando te parezca que nada merece la pena, coge una mano, acaricia una piel, deja a la brisa rozar tu mejilla, cierra lo ojos (por precaución) y vuelve tu rostro al sol. Verás como la alegría vuelve sin necesidad de argumentos y que siempre habrá alguien a quien prestar atención que te la devolverá en forma de sentido para tu vida.

Bueno de todo esto ya hablaremos pues, como descubrirás, el marqués de La Seda, uno de tus dos abuelos, tiene mucho que contarte si no te aburres y echas a correr. Pero, si ocurre, disfrutaré viendo como corres, porque estoy seguro de que hasta huyendo de mis pesadas historietas serás elegante.

Mi querida Olivia, mi querida princesa, sé bienvenida.

 

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