Una cuestión peliaguda


NOTA.- Este artículo pertenece una serie publicada en el diario La Verdad de Murcia del Grupo Vocento y que continúa hasta el día de la fecha.

FEBRERO 2021

La llamada ley “Trans” del Ministerio de Igualdad es un ejemplo supremo del choque intergeneracional de ideas. Antes o después, cada generación ha sido desbordada por ideas nuevas. La asimilación o rechazo de estas ideas depende de la relación entre dos trayectorias: la de las propias ideas en el ámbito social y la de las ideas en el ámbito de una conciencia individual en evolución. Una idea nace, en el marco de una realidad, dentro de una cabeza o de unas pocas y busca ser presentada en sociedad, en un proceso en general lento, hasta que llega al punto de maduración a partir del cual o es rechazada, porque incomoda a la mayoría, o es aceptada porque hay consenso en su pertinencia, dado que favorece a una minoría. Raro es, y esta ley va por ahí, que se legisle para favorecer a una minoría perjudicando a una mayoría, como aduce el movimiento feminista. La fase de aceptación o rechazo, cuando su debate se vuelve imprescindible, produce conflictos en los individuos según la fase en que se encuentre en su propio ciclo vital.

Todos hemos leído o tenemos noticia de cómo ideas que para nosotros son triviales fueron objeto de duras diatribas sociales en el pasado. Piénsese en el voto femenino, el aborto, las familias homosexuales o la objeción de conciencia. La lista es muy larga. Pero no todos estábamos preparados para que nos llegara el turno de vernos perturbados por ideas que violentan bruscamente nuestro marco de valores. Nuestro liberalismo en materia de usos y costumbres es desafiado porque no estábamos listos para afrontar el debate que plantea la propuesta de ley, sin perjuicio de nuestra simpatía por el respeto a ese colectivo minoritario. Esta idea pasó de los laboratorios mentales de unos pocos transgresores de los años cincuenta a irrumpir en el debate público bruscamente medio siglo después.

Ante el rechazo espontáneo que produce en mi generación la propuesta de que la mera voluntad fije la condición de mujer o varón desde edades tempranas, propongo distinguir entre Sexo, Género, Rol e Inclinación. El sexo (Hombre, Mujer), sería una distinción binaria basada en la morfología del cuerpo en la que no cabe ambigüedad en general, con la salvedad de la escasa intersexualidad; el género (Masculino, Femenino, Neutro), sería una distinción trinitaria en la que se contempla que, siendo Hombre, la persona se puede sentir Fémina, siendo Mujer se puede sentir Másculo o, siendo Hombre o Mujer, no se sienta de ningún sexo; el Rol (Patriarcal, Matriarcal), sería una distinción basada en el papel que se juega en la sociedad y, finalmente, la Inclinación (Heterosexual, Homosexual, Bisexual, Criosexual), es una distinción cuaternaria basada en la orientación del deseo hacia un determinado sexo o forma corporal, hacia ambos o hacia ninguno.

Con esta taxonomía creo que podemos aclararnos o terminar de confundirnos, pero se habrá intentado. Veamos: el sexo tiene trascendencia social porque, a pesar de las propuestas de usar aseos comunes, se podría mantener la separación tradicional para evitar situaciones embarazosas. El género permite liberar la presión sobre las mentes que se sienten prisioneras de sus cuerpos, que podrían disfrutar de su condición cruzada de mujeres u hombres en sus mentes y en sus documentos de identidad, pero sin poder violar las barreras del sexo en el decoro y el deporte, mientras no conformen sus cuerpos con sus géneros. El rol, creo que es el objeto de la centenaria lucha feminista y es, por tanto, una diferencia que debe desaparecer cuanto antes, sin perjuicio de que cada cual es muy libre de adoptar uno u otro papel a despecho de su sexo o de su género. Finalmente, la Inclinación nos indica hacia qué tipo de cuerpos se siente orientada nuestra libido justificando el amparo a las relaciones heterosexuales, homosexuales, bisexuales, así como explicando la situación criosexual, refiriéndome a personas que no experimenten pasión sexual alguna.

El borrador de Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans confunde sexo y género desde su artículo de definiciones, donde dice “Identidad de género o sexual: (es) la vivencia interna e individual del género tal y como cada persona la siente y autodefine, pudiendo o no corresponder con el sexo asignado al nacer”. Ya se ve que, quien haya redactado esta ley cree que el sexo “se asigna” como si fuera el nombre de pila, lo que hace desaparecer a la mujer justificando la alarma feminista, que ve aparecer “mujeres” por doquier sin respeto a su condición. Si todo esto es conocido por los especialistas, siempre ha sido un enigma para nosotros, la gente ordinaria, que queremos saber estar a la altura del desafío generacional venciendo nuestros prejuicios sin incurrir en desvaríos.

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