Himnos, letras, sentimientos e historia.

La marcha de granaderos es el himno nacional de nuestro país desde el siglo XVIII, con la excepción del bienio liberal y los dos periodos republicanos. Nunca ha tenido letra y hay versiones marciales y sinfónicas. La música no está discutida y, en cuanto a que tenga letra o no, es una discusión abierta que no debe avergonzar, porque hay países sin himno oficial que utilizan por tradición determinadas composiciones como el caso de Inglaterra o Dinamarca. Quizá algún día alguien dé con la clave y consiga pupularizar una letra que coincida con la sensibilidad de la época de forma mayoritaria.

El caso de Inglaterra es curioso por su pragmatismo. Tienen tres himnos: God Save de Queen, que alternativamente fue y será God Save de King, por la razón obvia de que era una época en la que reinaba Jorge II, Jerusalem, y Land of Hope and Glory (la famosa marcha de Pompa y Circunstancia de Elgar). De la que se utiliza más habitualmente hay también una versión en francés para el Quebec. Y desde luego, la más vibrante no se ha propuesto nunca para representar al país, pero sería demoledora, especialmente cuando jugarán contra Portugal o España por la rivalidad en los mares. Se trata de la conocida Rule Britannia. Se ofrece la cómica versión de los Proms de 2009. Esta proliferación de buena música de los británicos, nos ofrece un camino, dado el extraordinario acervo de buena música de los compositores españoles de todos los tiempos. Piénsese que el “himno” de la compañía sueca Nokia es el Gran Vals de nuestro compatriota Francisco Tárrega (1852-1909). Ingleses y franceses tienen los himnos más reconocibles, uno es un canto a su firme tradición monárquica, mientras que el de Francia es un canto preparatorio para la degollina revolucionaria antimonárquica. Precisamente en 1792 se está gestando el llamado periodo del terror de la revolución.

Los países sudamericanos y centroamericanos tienen himnos sangrientos concebidos en la época de lucha por la independencia del Reino de España a mitad del siglo XIX. En el de Uruguay hay una alusión a “los Orientales” que se refiere al hecho de que este país fue originariamente República Oriental de Uruguay en alusión a su posición geográfica y los avatares bélicos de la descomposición y recomposición de países tras las victorias de Simón Bolivar y otros próceres contra el ejército de la monarquía española. Los himnos de Argentina y el muy cursi de Colombia se conciben en el mismo caldo de cultivo de la libertad republicana que, más tarde, heredaría Italia. Brasil igualmente vivió esa reivindicación, en este caso respecto de la corona Portuguesa. El himno de México es muy bélico porque nace en el  libertario siglo XIX con letra de un mexicano y música de un español, aunque fuera oficializado en 1943. Todos los intentos de suavizarlo han fracasado hasta ahora, pero hay que entender el contexto de guerra contra el poderoso vecino del Norte que le disputaba y le arrebató Texas. La letra se escribe en tiempos del dictador Santa Ana.

El himno de Portugal es de principio del siglo XX y recoge la rebelión del espíritu nacional portugués contra la soberbia inglesa en la competencia entre imperios en África. De ahí la letra estimulante al sacrificio sin contrapartidas ante los intereses supremos de la Patria.

Bélgica por su parte, la pobre, viviendo siempre entre gigantes no puede hacer otra cosa que aferrarse al Rey y pedir libertad. Son ejemplares los himnos de los países nórdicos que son canciones pacíficas y candorosas sobre la belleza de sus países. Por eso confunden a sus rivales y, de vez en cuando, dan un susto, como cuando Dinamarca ganó la Eurocopa en 1992. El alegre himno Italiano es hijo de su época, la de la unificación liderada por Garibaldi, llena de entusiasmo por una patria por construir. El himno alemán surge también en plena unificación con Bismarck, pero su música es con la del himno inglés, una de las más conocidas, lo que no debe extrañar por la calidad musical de ambas. En este caso con la firma del austríaco Joseph Haydn, que la compuso en 1797 en honor de su emperador. La letra es de 1841 y expresa una cierta ambición imperial con su conocida primera estrofa y la necesidad de la unificación del atomizado territorio germano. Esta letra también lleva una letra de un ilustre: el libretista de Richard Strauss, Hugo von Hofmannsthal, autor de la celebre Carta a lord Chandos.

El de Suiza es un salmo y, como en los países nórdicos se alude a la belleza del país y, en este caso, atribuida a Dios, que es hay quien está dedicado. En la actualidad hay una iniciativa para un nuevo himno que se resolverá en un referéndum. Japón se somete a la divina monarquía y punto. Es el himno más corto, pues sólo tiene una estrofa. Aquí no se reclama libertad, sino sumisión. Un poco como en el himno inglés. Las transformaciones brutales de la política de Rusia en el siglo XX, los ha traído hasta el siglo XXI con la necesidad de tener un himno distinto de la Internacional. El actual ha sido al gusto del Zar Putin I y está en el aroma nórdico de elogiar a la patria y el aroma suizo de encomendarla al Señor.

Como se puede comprobar entre los himnos nacionales de las naciones que dominan el fútbol mundial hay cuatro grupos principales: los monárquicos (Inglaterra, Japón, Bélgica); los republicanos independentistas (Argentina, Colombia, Brasil…), los unionistas (Italia y Alemania), los bucólicos nórdicos (Dinamarca, Suecia, Suiza y Rusia). En general los himnos son reivindicaciones contra los grandes imperios (España, el Reino Unido, Estados Unidos) o elogios de los imperios a su propia gloria.

Entre los países africanos sólo figura Marruecos por el empate con España y porque no tenía más sitio. Esperaré al siguiente mundial pues todavía no se han consolidado como potencias futbolísticas. Aunque sospecho que sus himnos tendrán que ver con el proceso de descolonización de los estados europeos y las relaciones que ahora ahora con los antiguos explotadores. En cuanto a Asia, vemos la posición monárquica de Japón y la sutilmente antijaponesa de Korea de Sur. La música actual fue compuesta en España por Ahn Eak-tae en 1937 (vaya momento) para una letra de 1900 que se cantaba con una composición escocesa (Auld Lang Syn). Son cosas de los avatares nacionales que los futbolistas normalmente no conocen de su propio país para que el cerebro no le dispute a los músculos ni un mol de oxígeno o azúcar.

España pertenece al grupo monárquico y su himno es una marcha real, pero nadie le puso letra o, al menos, nunca se han aceptado ni la de Pemán, ni la de Marta Sánchez, con lo que cada uno puedes usar esa música para experimentar los sentimientos que quiera (monárquicos, republicanos, independentistas, bucólicos). Digo independentista porque será más raro que en nuestro país alguien lo use para sentimientos unionistas, pues el país, al contrario que Italia o Alemania se parte de una situación monolítica y no se sabe hacia donde se camina. La ventaja adicional de la no letra del himno de España es que puede escogerse el sentimiento que se transmite al contrario. Cantado como ayer (1 de julio de 2018) se invitó a Rusia a una defensa a ultranza, dado el desmayo con el que lo tatarearon nuestros futbolistas. Sin embargo en 2010, los holandeses ya empezaron asustados al escuchar como Piqué, Pujol y Xavi Hernández cantaban el himno sin letra en la mirada. Busquet nunca pone entusiasmo y Ramos siempre lo pone, con lo que no da pistas.

Por otra parte,  dado que desde el punto de vista musical, hay dos tonos fundamentales: Mayor y menor, sería interesante saber en qué tono están compuestos los distintos himnos. El primero inspira sentimientos de alegría y entusiasmo y el segundo de nostalgia y tristeza. . El vídeo que sigue es de Jaime Altozano, un joven músico que explica interesante cuestiones musicales  arreglísticas en relación con el himno de España y muestra fragmentos de la interesante y extensa cita que el músico ruso Mili Belákirev hace en 1857 de nuestro himno en su tema Obertura sobre el tema de una marcha española. 

LOS HIMNOS

A continuación figuran los enlaces a los distintos himnos con una estrofa de cada uno que, en mi opinión representa su espíritu. Están en orden alfabético.

Dios salve a nuestra gloriosa Reina,
Larga vida a nuestra noble Reina,
Dios salve a la Reina;
Que la haga victoriosa,
Feliz y gloriosa,
Que tenga un largo reinado sobre nosotros:
Dios salve a la Reina.
um, um, um, um, um-um-um, um-um um-um um-um, um um-um
um, um, um, um-um, um-um, um um-um
um, um-um, um-um, um-um, um-um, um um-um
um, um-um, um, um, ummmm.

Marchemos, hijos de la Patria,
ha llegado el día de gloria!
Contra nosotros, la tiranía
alza su sangriento estandarte. (bis)
¿Oís en los campos el bramido
de aquellos feroces soldados?
¡Vienen hasta vuestros mismos brazos
a degollar a vuestros hijos y esposas!

Orientales, la Patria o la tumba.
Libertad, o con gloria morir.
Orientales, la Patria o la tumba.
Libertad, o con gloria morir.

ARGENTINA (1813)

Oíd, mortales, el grito sagrado:

“¡Libertad, libertad, libertad!”
Oíd el ruido de rotas cadenas,
ved en trono a la noble igualdad.

¡El Rey, la Ley, la Libertad!
Tendrá por lema inmortal:
¡El Rey, la Ley, la Libertad!
¡El Rey, la Ley, la Libertad!
Hay un país hermoso,
sus bellos bosques de hayas
crecen a la orilla del Báltico,
crecen a la orilla del Báltico.

SUIZA (1841)

Entras en la madrugada,
te veo en el mar brillante,
Tu, tu Altísimo, Magnífico!
Cuando los nevados Alpes se enrojecen,
Orad, Suizos libres, orad!
Vuestra piadosa alma presiente (bis)
Dios en la venerable patria,
Dios, el Señor, en la venerable patria.

ITALIA (1841)

Nosotros desde hace siglos
Oprimidos y ridiculizado,
No somos un solo pueblo,
Debido a que estamos divididos.
Deje un
Bandera, una esperanza
Sea unificado
Ya ha llegado la hora.
Que nuestra cohorte
Listo para morir
Italia llamó.

ALEMANIA (1841)

Alemania, Alemania sobre todo,
sobre todo en el mundo,
así será si en la protección y la defensa
siempre nos unimos como hermanos.
Desde el Mosa hasta el Niemen,
desde el Adigio hasta el Belt,

Tú antiguo, tú libre, tú, Norte de altas montañas,
¡Tú, silencioso, afable y alegre!
Te saludo a ti, el país más amigable del mundo.
Tu sol, tu cielo, tus prados verdes.
Hermosa patria nuestra,
heroica tierra amada,
cuna de viejas glorias,
¡que seas por siempre afortunada!
¡Guerra, guerra sin tregua al que intente
De la patria manchar los blasones!
¡Guerra, guerra! los patrios pendones
En las olas de sangre empapad!

JAPÓN (1880)

Que su reinado, señor,
dure mil generaciones,
ocho mil generaciones,
hasta que los guijarros
se hagan rocas
y de ellas brote el musgo.

¡Oh, gloria inmarcesible!
¡Oh, júbilo inmortal!
¡En surcos de dolores
El bien germina ya!
Idea de igualdad
conseguimos conquistar con brazo fuerte,
en tu seno, oh, libertad,
desafía nuestro pecho a la propia muerte.

¡A las armas, a las armas!
Sobre la tierra, sobre el mar,
¡A las armas, a las armas!
¡Por la patria luchar!
¡Contra los cañones marchar, marchar!

MARRUECOS (1956)

Tu pueblo se ha erguido
Y respondido a tu llamada.
En mi boca y en mi sangre,
Sus brisas han agitado
a la vez luz y fuego.

RUSIA (2001)

Desde los mares del sur hasta las regiones polares,
Se extienden nuestros bosques y campos.
¡Eres única en la faz! Eres inimitable —
Protegida por Dios, tierra natal.

 

 

 

 

 

Periplo tempranero

Ya es verano y las ciudades del Sur antes de vaciarse toda la semana, ensayan vaciándose los domingos. Este es el testimonio gráfico de uno de esos momentos vacíos visto a través de las calles que articulan la ciudad y los edificios de las instituciones que estructuran una sociedad. El viaje se hace prácticamente intramuros, aunque empieza en el antiguo barrio extramuros de La Arrixaca:

LAS CALLES

Ver una calle vacía siempre evoca las escenas de final civilizatorio, de haber sufrido el estallido de la bomba N (neutrones), esa que mata sin destruir riqueza material. ¡Qué gran adelanto! Así los ejércitos sin alma entrarán, como dijo famosamente Arthur Rimbaud: “… a la aurora, armados de una ardiente paciencia, … en las espléndidas ciudades”. Murcia tiene calles recibidas del medievo a las que la bomba N del tiempo dejó incólumes mientras se llevaba a sus transeuntes. Tiene otras abiertas a golpe de insensibilidad arrasando tejidos urbanos plenos de historia. Todas están vacías esta mañana, mientras “el músculo duerme y la ambición descansa”. Porque todas las ciudades se construyen a base de músculo y ambición. Mientras se duerme se sueña. Todos hacemos trampas y para cerrar la mente la bañamos en la dulzura de un buen pensamiento que evite “… todas las locuras… su boca que besa borra la tristeza, calma la amargura“. La calles son pacientes y, desde hace poco, tienen ojos. Esferas cristalinas en los cruces que vigilan, protegen y amenazan al tiempo, como todo lo que tiene peso o sustancia. Otros contumaces testigos ya están preparados para el asalto espiritual (Jehovah’s Witnesses). De pié, casi firmes, silenciosos, sonrientes, esperan.

La calles troquelan el macizo cuerpo sólido de la ciudad. Sin calles no habría fachadas, sin fachadas no sabríamos nada de las intenciones de sus promotores, de sus deseos de exhibir gracia o desgracia. Por las calles la ciudad es de todos. Son los pasillos de esa inmensa casa que se ofrece a guarecernos de las inclemencias de nuestro desvalimiento. Por ellas nos comunicamos, nos visitamos y nos separamos. La etimología de calle (callis) evoca a nuestro pié, su talón (calx), cuyo nombre viene de la blanca cal del que todo hueso procede. De modo, que la calle pide ser recorrida a pié desde su nombre y si es posible, para el público decoro, con cal(zones) y la cal(lavera) en su sitio. La calle es también renombrada para recordar a los que hicieron algo por nosotros, desde la “A” de Abenarabi, el escritor murciano del siglo XII, a la “Z” de Zabalburu, notable burgués en el siglo XVIII que da nombre, también, a la sólida casa del Plano de San Francisco, pasando por la “P” de Puxmarina, lugar de residencia urbana de Rodrígo de Puxmarín, regidor y fundador de la pedanía de la Raya en 1548. Calles, calles que recorremos distraídos con nuestra “pesambre” a cuestas. Y, además de las calles cuyos fundamentos llegan al centro de la tierra, las que, antes que nada, pusieron tierra por encima del agua para evitar los peligros de las riadas y pasar la espléndido Barrio del Carmen.

 

LAS INSTITUCIONES

Las calles nos llevan entre acantilados edilicios de gran belleza o gran monotonía. Antes los edificios eran de una familia y ésta ponía su honor en manos del Arquitecto encargado de su diseño. Así casa Cerdá o Palacio de éste o aquél. Más tarde el promotor construyó para vender y “allá películas” o , “a quien Dios se la dé, San Pedro se la Bendiga”. Por eso, en gran medida, la ciudades más hermosas suelen extraen su reputación de dos fuentes unicamente: la época de la burguesía dominante y, en todas las épocas, de las instituciones políticas, culturales religiosas o docentes. Murcia, afortunadamente, tiene buenos edificios con origen en esas dos fuentes y una tercera, que proviene del buen gusto de algunos promotores, cuyos nombres debían figurar en sus logros, que apostaron por la buena arquitectura y consiguieron que el cierre de mellas en la ciudad se llevara a cabo con dignidad, aunque estuvieran destinadan a la propiedad horizontal. El recorrido del extravagante autor de este artículo esta mañana le ha permitido constatar esa verdad con poco esfuerzo. Así pasamos cerca del poder con cierto escalofrío por la atmósfera que emana de sus imprescindibles salones; cerca del teatro donde se finge para decir la verdad; cerca de los edificios de Hacienda y Banco de España, donde se supone que reside la firmeza de nuestra espiritualidad (no hay alma sin cuerpo). Cerca del comercio, al que se ve desvalido sin compradores, pero donde residen los deseos, que no las necesidades. Cerca de la Universidad que convalece desde el siglo XII porque nunca terminamos de apreciar su valor. Cerca de donde se duerme y cerca de donde se sufre. Cerca, en definitiva, de los profesionales de la arquitectura y la edificación que ven con humildad, llena de paradójico orgullo, cómo ellos y su estirpe están detrás de cada piedra y de cada forma que materializa el espíritu de una ciudad.

 

INCLASIFICABLES

El resto es una estatua aquí cerca del suelo (Abderramán II) o en la cumbre de una cúpula (el ave Fénix). Un puente que se inclina ante la verticalidad de la palmera; una calle amable y entoldada que pide ser recorrida a sorbos de café; un parque hijo de la suerte de no haber estado disponible en los años setenta a la depredación inmobiliaria; una librería cuyos fondos verdaderos están en nuestras casas; un árbol gigantesco herido que pide clemencia a Santo Domingo; un trampantojo de río, tan bien urdido, que acuden a sus aguas los peces y a sus orillas los pescadores; un puente de hierro por su estructura y por su empeño en seguir con nosotros… En fin, incluso, un discreto lugar donde el único que no habla es el protagonista.

 

FINAL

Vuelvo a la Arrixaca, cerca del Museo de la Ciudad y el Huerto Cadenas, el jardín del Salitre y el parque de la Seda, espléndidos ejercicios de adorno tradicional de un espacio para el goce de todos. El paseo ha sido en bicicleta municipal. Una iniciativa extraordinaria que, aunque la inventaron los países que ahora no quieren emigrantes, la hemos implantado ahora nosotros en ciudades sureñas en las que todos brilla más y más tiempo.

RETRATO NEOCLÁSICO DEL PASEANTE

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Decisiones migratorias

Yo tuve que aprenderme los reyes Godos empezando por el rey Ataúlfo en el año 411. La Hispania romana fue víctima militar y política de la degradación del Imperio en el siglo V con la consecuencia de migraciones a las que las élites romanas tuvieron que hacer lugar cediendo tierras y poder. Así, todavía hay en España, según el INE, 208 españoles vivos que se llaman Ataúlfo, 323 que se llama Recaredo y 572 que se llaman Leovigildo, añadan que hay 60.925 que se llaman Mohamed. Por esta tierra han pasado Indoeuropeos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, vándalos, suevos y alanos, además de los árabes. Una vez hecha la mezcla y estabilizado el poder en torno a los Reyes Católicos, las migraciones se redujeron a las élites gobernantes a base de dinastía según estaban las cosas en el continente. Así tras los restos del poder germánico agrupado por pactos y derrotas entre reinos, son los Habsburgo (germánicos) y los Borbones (franceses) hasta hoy miércoles 20 de junio de 2018.

Antes, en el siglo XV, fuimos nosotros los que invadimos todo un continente. Operación que nos gusta pensar que tiene rasgos civilizatorios (qué duda cabe), además de explotadores (qué duda cabe). Todavía a mitad del siglo XX, cuando ya habíamos perdido hasta el último islote del Imperio en Filipinas, emigramos huyendo de nuestra propia barbarie a Méjico y Argentina. Ahora son nuestros descendientes americanos los que nos visitan, pero ya en la forma pacífica del que quiere trabajar y tener aquí la vida que no puede tener allí. Ningún país puede, salvo en los delirios de algunos de sus dirigentes, vivir aislado e impedir las migraciones de entrada y salida. Así, nosotros estamos recibiendo extranjeros y, en una de las operaciones más estúpidas de la historia universal, “enviando” jóvenes bien formados a buscarse la vida en tejidos económicos más eficientes.

Todas las sociedades que fueron umbral de un cambio de los tiempos, seguramente vivieron con desazón las circunstancias que le habían tocado. Seguro que en todas ellas se escucharon voces airadas contra los recién llegados. Pero la fuerza de las cosas se impuso y hoy no hay nadie sensato que no sepa que procede de mestizajes históricos bien documentados. Y aquí estamos los europeos en la misma situación que los romanos hispánicos sin advertir que ahora la llegada de pueblos extraños no se hace con la fuerza de las armas, sino con la fuerza del número y la resolución del que no tiene nada que perder. Tenemos la oportunidad de hacerlo bien, pero ¡para qué! Vamos a hacerlo mal aumentando el sufrimiento temblando de miedo. Pero, ¿en qué acción se puede triunfar con el brazo encogido?

Olvidamos que los árabes trajeron los números que ahora usamos en nuestros algoritmos, olvidamos que la Escuela de Traductores de Toledo con árabes, judíos y cristianos permitió trasladar al centro de Europa todo el conocimiento Griego, filtrado por los sabios del Islám. Pero permitimos que un zafio ignorante emigrante alemán en Estados Unidos practique el adanismo más elemental y torture niños con tibias protestas o su ausencia como en la visita del Rey al sátrapa. También permitimos que los representantes de nuestros valores en Oriente disparen a matar a gente indefensa. Al fin y al cabo, de qué protestan, con lo cómodo que es el campo de concentración de Gaza que les hemos creado en vez de exterminarlos, piensan los piadosos israelitas. De qué se quejan los centroamericanos si sólo los han explotado un poquito los amigos del norte, mientras contribuían a crear regímenes corruptos, tan corruptos que ni lo intentos ideológicos tipo sandinista han podido vencer la tentación y han sustituido a la ignominia que representaba el dictador Somoza por la ignominia de un torpe Ortega.

Como ya somos el pasado de nuestros descendientes, seremos estudiados como una época que no supo ver la salida de los problemas paradójicos que trae la ciencia al crear conocimiento que cura, pero multiplica las poblaciones; que crea riqueza, pero que la estupidez humana la concentra para no compartirla. Ni las vallas en el agua, ni los mensajes siniestros de los ministros de interior tipo Salvini (¡salvini!) de los países cobardes van a parar el fenómeno. De modo que o nos preparamos para la violencia y la sangre ejercida sobre el inocente y el desesperado o para la paz inteligente.

Civilization

Our civilization is at a crossroads. I do not mean the changes that social networks have already introduced or that robotics will introduce into our lives. I mean those who, really, define civilizations, which is their spiritual health. Greece was its philosophy, Rome its legality, medieval Europe Christianity, modern Europe science. Naturally they are not incompatible findings, but the current Europe is Greek, Roman, Christian and rational. But it is also sophistic, bellicose, pagan and irrational.

A part of Europeans lives luxuriously, another comfortably and the rest acceptably. I will not go over the advantages of being European. We Europeans ask ourselves why when things can go better, unforeseen problems increase. Well, the explanation is because a feature of reality is that differences tend to be reduced by good or bad. And in today’s world, the goodness of communication makes them know, to the part of the planet that has not been able to reconcile population growth with economic advances, that there is a world whose crumbs are better than their daily lives. And they have decided to come and try their luck.

They are millions and can destabilize Europe. But not yet, because we are aging and new sap is needed to maintain the productive system, which will gradually change as robotics is disappearing conventional jobs to emerge the care as the great social task, along with the development of talent.

Naturally it is necessary to get to fix the Africans in their territories with countries whose development allow decent lives to their inhabitants. Although some news about the expansion of a new colonialism owner of immense tracts of land can create new forms of social tension. But it is also necessary that Europe with five hundred million inhabitants maintain a certain homeostatic balance, except for the risk of collapse. But European policies to stop migration are not useful and Africa is especially incompetent in establishing stable and non-predatory political regimes. We europeans, to some extent, are to blame for our merciless action and bordering on stupidity for the way in which we administer those countries with our supposed intellectual and economic superiority. But it has been too long for it to continue to be the excuse for the more intelligent Africans not to find a way to exploit their wealth in favor of their populations, instead of accepting corrupt elites in collusion with global corporations for the looting of commodities. premiums and arable land.

We Europeans also forget that we are an immense mixture in which migrations have played a fundamental role, no matter how much the society of each time believed that it was the end of the world. At this point, of all our inheritance, what suffers the most is not legality or rationality, but philosophy and religion. Our world is based on important philosophical findings about the dignity of each human being and powerful religious proposals about mercy and peace. But while legal regulation and science progress steadily, the problem of mass migration puts us to the test in ethical and religious matters. While we continue with our sophisticated rites, our hearts have hardened and we turn fearful back to the concrete problems of specific people.

It is a curious case that those who wait to be judged in another life for their actions, in this life reject with a gesture of disgust and determined political action accept refugees and those who do not believe in another life consider that it is a due act of mere humanity. Obviously the opposite positions are also given, but they are more rare. The Christian heritage of Europe can not be maintained exclusively and shamefully in the struggle against the presence of minarets, synagogues or Buddhist temples. It has to recover its origins based on the protection of the weak.

At the same time, the Enlightenment tradition of Europe must seek solutions to the structural character of these migrations other than paying corrupt in the coastal countries to cruelly contain the migratory pressure. Can the Christian soul of Europe allow the Mediterranean to be a cemetery? Can the rational soul of Europe abandon the search for a solution? The answer in both cases is that no. And, of course, we must reject both the progressives who do not come with a letter of acceptance in their refugee house, and the enemies of what they call contemptuously “beauty soul”, unless they come with the apostasy certificate signed by The Vatican. That is, masks out !.

These individual attitudes are reflected in political positions. It is also necessary for the political parties to seek a better agreement between their underlying doctrines and their political actions. If some choose religion and others opt for illustration, both must be coherent. That is, from incense to the exercise of charity and from the revolution to the exercise of humanity.

As in almost all cases, between the extremes is the possible solution. We must take a step forward when there are dramatic cases as in these years and, at the same time, look for solutions at the heart of European governance. That is why I congratulate Spain and the city of Valencia for receiving the Aquarius and I hope that the Spanish government will achieve decisive political actions with the help of the rest of the countries bordering the Mediterranean that should not only expect tourists on their beaches.

Civilización

Nuestra civilización está en una encrucijada. No me refiero a los cambios que las redes sociales ya han introducido o a los que la robótica va a introducir en nuestras vidas. Me refiero a los que, de verdad, definen a las civilizaciones, que es su salud espiritual. Grecia fue su filosofía, Roma su derecho, la Europa medieval el cristianismo, la Europa moderna la ciencia. Naturalmente no son hallazgos incompatibles, sino que la Europa actual es griega, romana, cristiana y racional. Pero también es sofista, belicosa, pagana e irracional.

Una parte de los europeos vive lujosamente, otra confortablemente y el resto aceptablemente. No voy a repasar las ventajas de ser europeo. Los europeos nos preguntamos porqué cuando mejor nos pueden ir las cosas, aumentan los problemas no previstos. Pues, la explicación es porque una característica de la realidad es que las diferencias tienden a reducirse por las buenas o por las malas. Y en el mundo actual, la bondad de la comunicación les hace saber, a la parte del planeta que no ha podido compatibilizar crecimiento demográfico con avances económicos, que existe un mundo cuyas migajas son mejores que sus vidas cotidianas. Y han decidido venir para probar suerte.

Son millones y pueden desestabilizar Europa. Pero todavía no, pues estamos envejeciendo y se necesita savia nueva para mantener el sistema productivo, que irá cambiando paulatinamente a medida que la robótica vaya haciendo desaparecer los puestos de trabajo convencionales para hacer emerger al cuidado como la gran tarea social, junto con el desarrollo del talento.

Naturalmente es necesario llegar a fijar a los africanos en sus territorios con países cuyo desarrollo permitan vidas decentes a sus habitantes. Aunque algunas noticias sobre la expansión de un nuevo colonialismo propietario de inmensas extensiones de tierra puede crear nuevas modalidades de tensión social. Pero también es necesario que Europa con quinientos millones de habitantes mantenga un cierto equilibrio homeostático, salvo riesgo de colapso. Pero las políticas europeas para parar la migración no son útiles y África se muestra especialmente incompetente en establecer regímenes políticos estables y no depredadores. No poca culpa tenemos los europeos por nuestra acción inmisericorde y rayana en la estupidez por la forma en que administramos aquellos países con nuestra pretendida superioridad intelectual y económica. Pero hace ya demasiado tiempo como para que siga siendo la excusa para que los africanos más inteligentes no encuentren el modo de explotar su riqueza a favor de sus poblaciones, en vez de aceptar élites corruptas en connivencia con corporaciones de ámbito global para el saqueo de materias primas y tierras cultivables.

Los Europeos también olvidamos que somos un queso de mil leches en el que las migraciones han tenido un papel fundamental, por mucho que la sociedad de cada época creyera que era el fin del mundo. En este punto, de toda nuestra herencia, lo que más sufre no es la legalidad o la racionalidad, sino la filosofía y la religión. Nuestro mundo se basa en importantes hallazgos filosóficos sobre la dignidad de cada ser humano y poderosas propuestas religiosas sobre la misericordia y la paz. Pero mientras la regulación legal y la ciencia progresan sin cesar, el problema de la migración masiva nos pone a prueba en materia ética y religiosa. Mientras seguimos con nuestros ritos sofisticados se nos ha endurecido el corazón y volvemos temerosos la espalda a los problemas concretos de personas concretas.

Es un caso curioso que quien espere ser juzgado en otra vida por sus actos, en esta vida rechace con gesto de asco y decidida acción política aceptar refugiados y quienes no creen en otra vida consideren que es un acto debido de mera humanidad. Obviamente también se dan las posturas contrarias, pero son más raras. La herencia cristiana de Europa no puede mantenerse exclusivamente en la lucha contra la presencia de minaretes, sinagogas o templos budistas. Tiene que recuperar sus orígenes basados en la protección del débil.

La tradición ilustrada de Europa tiene, al mismo tiempo, que buscar soluciones al carácter estructural de estas emigraciones distintas de pagar corruptos en los países ribereños para que contengan cruelmente la presión migratoria. ¿Puede el alma cristiana de Europa permitir que el Mediterráneo sea un cementerio? ¿Puede el alma racional de Europa abandonar la búsqueda de una solución? La respuesta en ambos casos es que no. Y, desde luego, hay que rechazar, tanto a los progresistas que no vengan con una carta de aceptación en su casa de refugiados, como a los enemigos de lo que llaman despectivamente “buenismo”, salvo que vengan con el certificado de apostasía firmado por el Vaticano. Es decir, ¡máscaras fuera!.

Estas actitudes individuales tienen su reflejo en las posturas políticas. En necesario también que los partidos busquen un mejor acuerdo entre su doctrinas de fondo y sus acciones políticas. Si unos optan por la religión y otros por la ilustración, que ambos sean coherentes. Es decir del incienso al ejercicio de la caridad y de la revolución al ejercicio de la humanidad.

Como en casi todos los casos, entre los extremos está la solución posible. Hay que dar un paso adelante cuando se presentan casos dramáticos como en estos años y, al tiempo, buscar soluciones en el corazón de la gobernanza europea. Por eso felicito a España y a la ciudad de Valencia por recibir al Aquarius y espero que el gobierno español consiga acciones políticas contundentes con la ayuda del resto de países ribereños del Mediterráneo que no sólo deben esperar turistas en sus playas.

El mago de Oz y el liderazgo político

Es un tópico de nuestros días la queja de que ya no hay líderes como los de antes. Yo tengo mis dudas pues creo que el liderazgo surge de una mezcla adecuada de persona y circunstancias y, hoy en día, las circunstancias aún no son generadoras de líderes que puedan pasar a la historia. Es decir, en tiempos fofos, enervados (sin tensión) no hacen falta líderes fuertes, pues el ambiente el tipo de carácter que se requiere no es para la lucha, sino para evitar que se den las condiciones para los tiempos duros, nervados (con tensión), tiempos en los que, paradójicamente, surgen líderes capaces de hacer frente a los problemas porque la alternativa es la destrucción del grupo liderado. Naturalmente es inevitable que los liderazgos, tanto de los tiempos fofos o enervados como de los duros o nervados sean tanto simbólicos como diabólicos. Quiero decir, acercándome a los sentidos originales de las palabras, que surgen líderes que unen (simbólicos) o que separan (diabólicos). Pongamos ejemplos:

TIEMPOS FOFOS

  • Simbólicos: Obama, Mujica
  • Diabólicos: Trump, Putin

TIEMPOS DUROS

  • Simbólicos: Churchill, Mandela 
  • Diabólicos: Hitler, Pinochet

Los líderes simbólicos (buenos, que unen), en los tiempos fofos, son aquellos que no practican ni consienten la corrupción, controlan la deuda externa y distribuyen la riqueza evitando las condiciones para que el país que administran se vea envuelto en crisis internas o externas. En los tiempos duros son capaces de movilizar las energías sociales para olvidar los caprichos de las épocas buenas y trabajar para la recuperación material y moral del país. También son capaces de depurar los errores del pasado sin dejar de castigar con moderación a los principales responsables de la situación del país.

Los líderes diabólicos (malos, generadores de división), en los tiempos fofos, son aquellos que o se ensucian en corrupción, la permiten en su entorno o resuelven los problemas sociales endeudando al país, en vez de repartiendo mejor la riqueza. De esta forma crean las condiciones para los tiempos duros en los que los líderes diabólicos optarán siempre por soluciones policiales o bélicas para los problemas y tratarán de esconder sus crímenes para no rendir cuentas.

Con esta taxonomía del liderazgo se puede decir que nuestros líderes actuales no son peores que los que fueron en el pasado, siempre que los comparemos con su clase y tiempo. Es decir, no tiene sentido comparar a Rajoy con Churchill, ni a Zapatero con Mandela, pues pertenecen a dimensiones paralelas que no se tocan. Nuestros líderes actuales son simbólicos y no están estimulados por el tiempo duro. Es más, tenemos la suerte de no haber sufrido líderes diabólico del tiempo fofo, hasta que el descuido en el control de los parámetros claves ha llevado a que resulten atractivos para algunos, como sucede con Trump o Putin, que nos pueden lanzar hacia los tiempos duros.  Nuestros líderes actuales no nos gustan porque, según nuestras tendencias tenemos siempre como referencia a los líderes de los tiempos duros ya sean simbólicos o diabólicos. Los líderes de los tiempos duros cuando son tiempos fofos, no pasan el filtro del poder, unos, los simbólicos porque son vencidos por otros más astutos y mediocres, además de que no les resulta atractiva la administración ordinaria y otros, los diabólicos, porque rezuman peligro. El riesgo potencial de los simbólicos en tiempos fofos es que no perciban los peligros de la desidia porque todo parece ir bien, y el peligro de los diabólicos, en ese mismo tiempo, es que aceleran la llegada de los tiempos duros con sus disparatadas decisiones y connivencias. En tiempos duros, cambian los criterios y donde antes no tenía cabida un líder decidido es ahora reclamado, aunque, si los errores cometidos en tiempos fofos son muy graves, la ira popular puede llegar a reclamar líderes diabólicos con las terribles consecuencias conocidas.

En fin, que cada tiempo tiene su líder bueno y malo, por lo que tenemos que afinar nuestro criterio para elegirlos en según qué circunstancias. Por supuesto que lo ideal es elegir siempre líderes simbólicos que, tanto si son de izquierdas como de derechas, sepan alternar las políticas, sin descuidar las fracturas sociales en la creencia de que puede disfrutar del poder porque las cosas van solas. Pues no, no van solas, tras la apariencia hay pequeños diablos que se aprovechan de la prosperidad para crear las condiciones del futuro desastre. No se puede bajar la guardia.

¿Y qué tiene que ver el mago de Oz con todo esto?, pues con el hecho de que, en nuestra confusión con el liderazgo, además de confundir el tipo y el tiempo, no tenemos en cuenta que vivimos una época en la que ningún líder, con la excepción, quizá de los diabólicos de tiempos duros, pueda eludir ser objeto de un profundo escrutinio. Transparencia que no se daba en el pasado. Esta circunstancia complica el juicio que emitimos porque en el pasado un halo de misterio y omnipotencia rodeaba a los líderes presentándolos como mejores de lo que realmente eran. Entre la imposibilidad de penetrar sus vidas y los secretos de estado, una espesa capa de ignorancia favorecía una imagen idealizada. Hoy en día, por el contrario, el escrutinio es casi total, incluso cuando el líder niega esto o aquello no se le cree, porque su conducta y sus contradicciones sirven de referencia poderosa que anula cualquier pretensión de falsa inocencia.

El mago de Oz era una persona normal que dirigía un reino desde el interior de una terrorífica cabeza flotante rodeada de fuego y humo. Esta apariencia era la fuente de su poder, pero detrás no había nada que lo justificara. El caso es que, una vez que nuestra época no ha dejado Mago de Oz “con cabeza” y todos los tipos de líderes simbólicos son considerados personas normales, no podemos despreciarlos pues no tenemos otra cosa. Al contrario, se les debe dar atributos institucionales y, al tiempo. resistirnos a sus desvaríos con una vigilancia continua de su desempeño. Esto es necesario con todos, tanto con los líderes simbólicos de los tiempos fofos, que deben ser vigilados para que no nos  deslicen por la pendiente hacia los tiempos duros y, también, a los líderes simbólicos de los tiempos duros para que a hombros de su éxito, si es el caso, no tenga tendencia a mutarse en diabólicos, es decir arbitrarios y autoritarios. En el caso de los diabólicos de los tiempos duros, la primera receta es evitar que se hagan con el poder manteniendo en la memoria que, en el pasado, sus soluciones empeoraron las cosas y trajeron mucho sufrimiento. Y la segunda receta es, una vez que se han hecho con el poder, combatirlos con fiereza.

Para actuar con esta inteligencia necesitamos que nuestros espantapájaros tengan cerebro, para eso la educación; que nuestros hombres de hojalata tengan corazón, de ahí las políticas económicas solidarias y que nuestros leones cobardes, la mayoría de nosotros, tengamos el coraje de estar a la altura que los tiempos reclamen. Sólo así tendremos el hogar que Dorothy descubre cómo el mejor lugar al final del cuento.

 

 

 

El final de ETA

El Diccionario Oxford le concedió a la palabra “postverdad” la condición de palabra del año 2017. En España, para ese mismo año Fundéu propuso la palabra “aporofobia”, que significa odio a la pobreza. Si se puede proponer una palabra para este año, yo propongo “relato”. Obviamente no porque sea una palabra extraña o nueva, sino porque está siendo muy usada y ese debe ser el mérito para el reconocimiento.

Todo el mundo quiere tener relato. Hay periodistas que pueden llegar a mencionar la palabra cuatro veces en una misma frase. La paladean como un caramelo sabroso y nuevo por el poder que le concede ser portadora de algo realmente nuevo: que es legítimo que cada uno se monte la película que quiera y que, en los tiempos modernos, la lucha no es entre ejércitos, sino entre relatos.

Obviamente, esto no es casualidad, sino el resultado de dos grandes corrientes de pensamiento desde el siglo XIX: una es la relativista que propone que todos los puntos de vista son legítimos y otra la historicista que legitima la construcción a posteriori de la narración de los hechos que mejor se adapte a las necesidades psicológicas de los que emiten y reciben el relato. A estas dos fuerzas malamente asimiladas por las sociedades modernas, se añade la necesidad que cada uno tenemos de tener pensamientos agradables en vez de ser asaltados con la negrura de afrontar la propia responsabilidad.

Todo esto viene a cuento del llamado final de ETA, esa banda de asesinos a los que el combustible ideológico le duró hasta 1978, cuando habiéndose dotado el pueblo español de una constitución a la altura de los tiempos, siguieron matando en nombre ahora, no de una supuesta lucha contra el tardofranquismo, sino de una república socialistas, racialmente pura, geográficamente unida, lingüísticamente uniforme y, ahora nos enteramos, miren qué modernos, no patriarcal. Aquí estamos escuchando un “relato” que justifica sesenta años de crimen como un efecto indeseable, pero inevitable, de una lucha noble para avisar que la película sigue, tras el beso de los protagonistas, por otras formas de acción. Y tienen la santa barra de que ese último comunicado se le encarga a un mamífero (ternera) con las pezuñas llenas de sangre inocente.

Pero, claro, quién soporta cada noche haber apoyado, planeado o ejecutado crímenes tan inhumanos si no cuenta con un “relato” que le permite dormirse pensando “tranquilo, Josu, no se deja de usar el coche por que haya accidentes. Nuestra causa no podía ser sin hacer daño. Además este daño no ha sido inútil. Ahora nos respetan y ya no es necesario disparar, ahora nos haremos, desde la legitimidad de nuestra sacrificio heroico, con la voluntad de la gente para construir la patria desde las instituciones”.

La revolución de un pueblo pletórico de espíritu, que estamos presenciando en nuestros días, puede triunfar o fracasar, puede acumular miserias y atrocidades en tal medida que cualquier hombre sensato nunca se decidiese a repetir un experimento tan costoso, aunque pudiera llevarlo a cabo por segunda vez con fundadas esperanzas de éxito y, sin embargo, esa revolución —a mi modo de ver— encuentra en el ánimo de todos los espectadores (que no están comprometidos en el juego) una simpatía rayana en el entusiasmo, cuya manifestación lleva aparejado un riesgo, que no puede tener otra causa sino la de una disposición moral en el género humano

Esto lo escribió Kant arrebatado por el acontecimiento que supuso la Revolución Francesa. Igual han pensado muchas personas honradas en nuestro país de la Revolución de Octubre de 1917, la cubana de 1959, de la marcha sobre Roma de 1922, la noche de los cristales rotos de 1938 o de la Revolución Cultural de 1960, todo ellos actos que trajeron o ejercieron una enorme violencia para cambiar la situación política en un determinado país.

Este entusiasmo aparecía como más puro y justo a medida que aumentaba la distancia entre el observador y los acontecimientos. Entre otras cosas, porque la distancia amortigua los gritos de horror, el olor acre de los explosivos, la agonía de los heridos y el silencio de los muertos. De este modo, queda aislado el objeto abstracto para la reflexión política más o menos torpe.

Muchos políticos extranjeros y parte de la prensa internacional, incluida la nuestra cuando el acontecimiento ocurre en otro país, mira con curiosidad y con la emoción de un hecho deportivo cualquier horror, siempre que esté suficientemente lejano. Igual que Kant, que fue el primero en manifestarlo con la ingenuidad del primerizo y por eso lo perdonamos, ellos también acuden a certificar la llegada de la paz invitados por el lobo olvidando a todas las víctimas de su ferocidad. Por eso, el acto de ayer en Cambo-Les-Bains es tan anacrónico y actual; tan lamentable y natural al tiempo. Por una parte es la representación de ese espíritu abstracto que cree estar del lado justo que redobla su honestidad al “renunciar a la violencia voluntariamente” a pesar de la “justicia” de sus fines. Por otra, es la terrible constatación de que la distancia siempre permitirá negociar con la muerte, como hizo Kofi Annan con la matanza de los Tutsi.

El expresidente del Sinn Fein Gerry Adams, el exjefe de Gobierno irlandés Bertie Ahern y el ex asesor del primer ministro británico Toni Blair, Jonathan Powell, el fundador del Partido de la Revolución de México, Cuauhtemoc Cárdenas, y el exdirector del Fondo Monetario Internacional Michel Camdessus, a los que se suman Andoni Ortuzar del PNV, Arnaldo Otegi y la representante de Elkarrekin Podemos, Eukene Arana han sido ahora los muñecos que la historia ha puesto en escena para dotar de honorabilidad (sin conseguirlo) a la mutación de una banda de asesinos tóxicos en políticos en el exilio o en un injusto encarcelamiento. Se entiende, pues la ignominia y la infamia es dura, pero ese será el destino de ETA en la historia universal, por mucho que, como tantos movimientos irredentos, dominen el arte de tergiversar los hechos.

Si alguien cree que con el burdo acto de hoy en Cambo-les-Bains se acaba la historia que recuerden que, casi ochenta años después del final de nuestra Guerra Incivil, todavía estamos a vueltas con cosas que deberían haberse resuelto hace treinta. El relato se filtra en nuestra mente, nos intoxica (a cada uno el suyo) y no predispone a sentir nausea cuando escuchamos el relato de otro. Sólo hay una salida a este laberinto y es la paz. Sólo la paz marchita los relatos. La paz civil y la de los cementerios. La primera para obligar a aparcar la propia versión porque estorba a los afanes diarios y la paz de los cementerios que consigue que aquellos más recalcitrantes en violentar la civilidad simplemente desaparezcan pacífica pero ineluctablemente. Un sólo criterio debe prevalecer: no hacernos daño físico a cada uno, ni psíquico a los que sufrieron las pérdidas irreparables ofendiendo la memoria de los suyos. Y ahora ¡a trabajar por una España castellana, catalana, vasca, gallega y andaluza, extremeña, norteña y levantina, continental e isleña; blanca y mestiza, masculina y femenina; educada y civilizada; científica y atenta a los retos auténticos, aquello que configuran el único relato que debía interesarnos. Entre tanto, unos desocupados con dieta se hacen esta foto que parece el reencuentro de ex alumnos de un colegio de pago, tras años de feliz despiste por los foros internacionales sin acercarse donde está grabado a fuego el nombre de 867 personas de todas la edades asesinadas en nombre de una pesadilla.