Perfume de mujer

Simone Beauvoir y Alfonsina Storni. En portada Marie Skłodowska y Victoria Ocampo

Dado que cabe esperar que la derecha de “extrema necesidad”, como les gusta llamarse a ellos, volverá con sus ítems tópicos a la carga antes o después, he hecho una inmersión en el pensamiento reaccionario de todas las épocas para estar preparado. Por supuesto que sitúo estas citas en su tiempo, al menos hasta mitad del siglo XX. Momento, a partir del cual la conformidad aún mental con estas posiciones, ya del siglo V antes de Cristo o de ayer mismo es cómplice. Desde luego los clásicos eran más elegantes que Yiannopoulos en su misoginia. Quizá me ha impresionado especialmente el punto de vista de Edmund Burke, tan fino él tratando de lo sublime. Tampoco pasa desapercibido el desdén pedante y pseudo científico de algunos de nuestros maestros de pensamiento. Las dos últimas citas procedentes de conspicuo representante de la altright y del trap, pone de manifiesto el nivel alcanzado por la cuestión en nuestros días. Se puede comprobar que estas corrientes actuales imitan el comportamiento de los machos de cierta mosca australiana que se aparea con las botellas de cerveza porque su textura es similar a la de las hembras de su especie.

Visto el despiste de filósofos, pensadores y simples varones resentidos está claro que es necesario que la humanidad supere pronto esta fase liminar en la relación entre la mujer y el hombre para poderla encerrar en una urna sin puertas. Transparente para que esta vergüenza, mayor si cabe que la de la esclavitud, pues se ejercía sobre el ser más cercano al victimario, permanezca a la vista y sin puertas para que no pueda escapar de su prisión.


Estas citas son la prueba más contundente de que la perspectiva no advertida por el sujeto se traduce en un sesgo invisible que transforma la realidad y corrompe la relación posible. Ni siquiera en la especialmente insuperable, hasta ahora, separación entre la izquierda y la derecha política se advierte con más claridad la dificultad de ver en la mujer, no un en sí extraño, sino un para sí familiar autoconsciente y en pié de igualdad.


LA MUJER DESPRECIADA.
“La mujer lo es en virtud de cierta falta de cualidades y debemos considerar el carácter de las mujeres como adoleciendo de una imperfección natural” (Aristóteles)


“La mujer es un hombre fallido, un ser ocasional” (Santo Tomás)


“La mujer figura (en el Génesis) como extraída de un hueso supernumerario de Adán”. (Bossuet)


“Una mujer no es más que un animal, y no de orden superior”. (Burke)


“La mujer, el ser relativo”. (Michellet)


“El cuerpo del hombre tiene sentido por sí mismo, abstracción hecha del de la mujer, mientras éste último parece desprovisto de todo sentido si no se evoca al macho”. (Benda)


“La reina de las hormigas da a la esposa ejemplo insuperable de recato y de modestia… arráncase las alas y reclúyese en el hogar para consagrarse, asistida de abnegadas obreras, al cuidado y multiplicación de la prole”. (Ramón y Cajal)


“Insistimos una vez más en el carácter sexualmente anormal de estas mujeres que saltan al campo de las actividades masculinas y en él logran conquistar un lugar preeminente. Agitadoras, pensadoras, artistas, inventoras: en todas las que han dejado un nombre ilustre en la Historia se pueden descubrir los rasgos del sexo masculino, adormecido en las mujeres normales, y en ellas se alza con anormal pujanza, aunque sean compatibles con otros aspectos de una feminidad perfecta”. (Marañón)


“En el mismo instante en que vemos a un mujer nos parece tener delante un ser cuya humanidad íntima se caracteriza, en contraste con la nuestra varonil por ser esencialmente confusa… esa intimidad que en el cuerpo femenino descubrimos y que vamos a llamar ‘mujer’ se nos presenta como una forma de humanidad inferior”. (Ortega)


“Creo que lo contrario, absolutamente contrario, cuya contrariedad no es afectada en absoluto por la relación en que puede establecerse en él y su correlativo, la contrariedad que permite ser absolutamente otro es lo femenino”. (Levinas)

“Bendito seas Dios nuestro señor y señor de todos lo mundos por no haberme hecho mujer”. (Oración judía)

“Escuchamos con un tono de cortés indiferencia a la más brillante de ellas sabiendo perfectamente que su espíritu refleja de manera más o menos deslumbrante ideas que provienen de nosotros”. (Claude Mauriac)


SUTILEZAS CONTEMPORÁNEA
“Es una verdad ampliamente conocida que una mujer fea tiene muchas más probabilidades de convertirse en feminista que una tía buena”. (Yiannopoulos)


A ella le gusta que le den duro y se la coman A ella le gusta que le den duro y se la coman Y es que yo quiero la combi completa ¡Qué! chocha, culo y teta”. (Daddy Yankee)

El error como método

En mi corta vida ya he tenido la oportunidad de comprobar dos veces una de las formas más eficaces de evolución del lenguaje: el error en su uso.
Ya me pasó con el término “lívido”, que originariamente significó “amoratado”. Por eso, en las novelas policíacas, dado que a los cadáveres por estrangulamiento se les pone la piel morada, los escritores describían el rostro del finado como lívido. Pero, puesto que el lector que no ha visto nunca, probablemente, un ahorcado o estrangulado, tiene en la mente que los cadáveres que el frecuenta tienen el rostro pálido, pronto empezó a designar como “lívido” el rostro de alguien asustado al que la sangre abandona sus mejillas. El diccionario de la RAE dejó de batallar sobre 1970 y añadió una segunda acepción de “intensamente pálido”. Así un cadáver puede estar morado y blanco al mismo tiempo. No sé cómo se las apañarán los forenses en sus informes. En todo caso no se puede decir que sea un ejemplo de precisión del lenguaje.
Pue bien, en este momento está ocurriendo algo parecido. En efecto, cada vez que alguien en los medios de comunicación quiere decir que algo es violento, desde unas manifestación a una explosión, dice que que es “virulenta”. Esta palabra se ha puesto de moda a partir de su uso figurado en relación con las redes sociales. Lo que está bien, pues, en efecto, cuando un tuit o un vídeo, pongamos por caso, multiplica su reproducción a gran velocidad imita el modo en que un virus infecta a un organismo. Y ese uso es figuradamente correcto porque en el diccionario encontramos que “virulento” significa “Ponzoñoso, maligno, ocasionado por un virus, o que participa de la naturaleza de este.”. Pero si lo que se quiere decir es que alguien “actúa con ímpetu y fuerza o se deja llevar por la ira” o que algo “implica el uso de la fuerza, física o moral” se debe decir que es “violento”.
Soy consciente de que esto que acabo de escribir no tiene ningún efecto. De modo que hay que prepararse para que en poco tiempo el diccionario equipare “virulento” a “violento”, lo que implica que a alguien que se enfada con facilidad o que se emplea a bofetadas lo llamaremos “virulento”. Y los golpes de Rafa Nadal a la pelota serán “virulentos”, por supuesto.

Olivia, tres años

Mi nieta Olivia ya tiene tres años. Los cumple hoy día veintitrés. Es, pues, día de repaso de su evolución. Un capítulo de su biografía vista desde los ojos de su abuelo. Hay que decir que ya tiene más palabras de las que puede gestionar. Capta todo lo que escucha, pero todavía no lo tiene bajo el control de su aguda inteligencia. Algunos verbos los maneja de forma muy divertida. El que más me gusta es el uso que hace del verbo “poner” cuando dice: “¿Abuelito, me ‘pongues’ los zapatos?“. Todo se andará, pero va a ser un fenómeno lingüístico, que nos va a “pongar” a todos a pensar.

Su carita va tomando forma y se está decidiendo por ser más Galián que Garrido, Borja o López. Tiene una mirada pícara y está afirmando su yo a base de resistirse y comprobar nuestras reacciones. Así se va haciendo con un catálogo de herramientas de conducta muy práctico que irá almacenando en alguna parte. Todos estamos alrededor diciendo o pensando: se parece a A, o a B… Preguntas del tipo: “¿yo era así de pequeño o pequeña?” llegan de sus padres y respuestas del tipo “…pues sí, o… pues no” llegan de los abuelos.

Ha dejado la guardería y ha empezado el colegio, lo que le da perspectiva para sentirse mayor respecto a otros bebés. Juega con las expresiones “Porque yo soy mayor…” y “Es que yo no soy pequeñita…” Los adultos nos servimos de este rellano de su evolución para que adquiera responsabilidad. Le gusta balancearse en el columpio y pide más y más arco volando con cara de gozar de la velocidad. Dice “abuelito” y “abuelita” con dulzura. Le gustan los desafíos, como usar las escaleras en vez del ascensor y abrir las puertas porque ya llega a la manilla. También ha aprendido a excusarse de las faltas con un “…es que, es que…“. Ya vemos aquí casi todos los resortes de la conducta humana para escurrir el bulto, por lo que sus padres luchan para que comprenda la necesidad de dar cuenta de sus actos.

Está en plena socialización con los de su altura, competidores naturales del espacio que toda persona aspira a gobernar. Ya se pasa muchas horas en su colegio y nos hace a los abuelos maternos preguntas comprometidas como “¿Tú comes animalitos…?“, pues ella está siendo educada en el vegetarianismo, lo que le ahorrará el siempre difícil abandono de los hábitos que nuestra generación heredó. También tiene ahora competencia en su casa, una hermanita, Claudia, con la que tiene que compartir el inagotable amor de sus padres y abuelos. Ella no sabe que nunca disfrutará de un gramo menos de amor porque vea besar a Claudia por los que hasta hace poco se dedicaban sólo a ella.

Ya sabe ser seductora. Te mira con sus ojos azules y una sonrisa que promete una futura inteligencia y potente capacidad emotiva. Se mueve en cuanto suena una nota y disfrutará con la música, la que ya se conoce y esa música que aún no conocemos porque está todavía misteriosamente latente en genios que aún puede que no hayan nacido.

Parece mentira todo lo que cabe en la conducta de una niña de tres años, porque nada sabemos de sus pensamientos. Probablemente, su pensamiento no pueda estar todavía muy lejos de su expresión externa. Por eso, todo está a la vista, porque no puede haber cálculo ni doblez en su comportamiento. Todavía no habrá aprendido a esconder los pensamientos que broten en su conciencia, desde su cuerpecito y sus experiencias.

En fin, una época de claridad y confusión alternadas que provoca sentimientos de asombro por su explosión lingüística , alegría por su espontaneidad y escozor cuando en su vértigo cinético elude un abrazo.

Aquí estamos los adultos expectantes ante su desarrollo, sabiendo que es limitada nuestra capacidad de conformar su alma para que mañana no pueda respirar en la aspereza, la adustez, la intemperancia, la ignorancia, el egoísmo y la tristeza como consecuencia de que haya vivido en una atmósfera de ternura, educación, serenidad, cultura, generosidad y alegría.

El planeta y sus enemigos

La Guerra de los Mundos de George Wells se publicó en 1898, cuando España se deprimía por haber dejado de ser un imperio donde no se ponía el Sol para ser una nación en la que apenas salía, ensombrecido con tanto pesimismo. En esa novela se fijó culturalmente la idea de que los enemigos del planeta Tierra han de venir de fuera. Funesta idea que nos ha distraídos unas cuantas décadas, pues los enemigos, como suele ocurrir, estaban dentro. Supongo que fue la explosión de la Enola Gay sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 el primer acontecimiento que hizo que la humanidad tomara conciencia de que, además del Krakatoa, también ella podía alterar sustancialmente la vida del planeta. El ecologismo como tal tuvo su predecesor legítimo en la obra del naturalista Ernst Haeckel (1834-1919) que, además bautizó a la nueva disciplina con el nombre de eco (en griego, oikia=casa) logía (en griego, logos=ciencia). Es decir la ciencia de la casa (común). Siendo un movimiento relativamente marginal, ha resurgido como fuerza política en algunos países europeos y, desde luego, es el núcleo de mucho movimientos de voluntariado como Greenpeace, creada en 1971.

Hasta ahora ha sido un movimiento visto con curiosidad por el gran consumidor, en que la tecnología aplicada a la producción capitalista, ha convertido a unos dos mil millones de habitantes del planeta. Un movimiento de idealistas, adanistas que anhelaban prolongar el espíritu hippy surgido con la explosión de entusiasmo neo-comunista que fue mayo de 1968. Neo, por surgir medio siglo después de la revolución de Octubre del 1917 y comunista porque, ignorante aún de los crímenes producidos en el régimen estalinistas y por producir en China o Camboya, aspiraban a una bucólica vida en común pacífica y llena de amor impostado. La memoria es débil y la ignorancia fuerte, pues un siglo antes ya habían fracasado los intentos del socialismo utópico de Charles Fourier o Robert Owen.

Entre tanto, la corriente político-económica liberal había impuesto su programa en las constituciones y en el impulso industrial que cerró un capítulo en 1929. Tras la II Guerra Mundial, el liberalismo político moderó al socialismo triunfante y el socialismo moderó la desigualdad del liberalismo periclitante. Pero no pudo con el brillo y la seducción de su oferta de productos necesarios o superfluos que inundó el mundo occidental recién descubierto el poder explosivo del consumo interno. Un cuerno de la abundancia se derramó sobre unos países que lo disfrutaron para sí y para desestabilizar el magro mundo del consumo tras el llamado telón de acero, que separaba la abrumadora producción occidental de la pobreza oriental. Pero, tras el colapso soviético y la caída del caballo del extraño régimen comunista chino, Asia, desde Moscú a Yakarta, se ha sumado al consumo universal que se está comiendo el planeta por los piés. Se libra África por pobre y cochambrosa políticamente, pero todo llegará.

El mundo produce todos los años unos 80 billones de dólares de los que más o menos la mitad van al consumo, que dividido entre los 4000 millones de adultos del mundo tocamos a 10.000 dólares por cabeza todos los servicios públicos incluidos. Pero, como 400 millones de habitantes de los países avanzados obtenemos el 80 % de esa producción hay 3600 millones de adultos que potencialmente se pueden sumar al consumo con consecuencias impredecibles. Si con esta fracción de lo que podemos considerar la normalidad de entrar todos los días con una bolsa de plástico y varios recipientes en nuestra casa tras consumir unos litros de combustible, hay un “continente” de residuos en alta mar y se acumulan los residuos nucleares y los metales por toda la corteza terrestre, qué esperar si esto se convierte en el estándar de vida de una población diez veces mayor. Lo cierto es que, cuando creíamos haber llegado a la utopía de Moro, Campanella y Huxley al mismo tiempo, la realidad nos despierta ante el hecho incuestionable de que somos unos organismos cuyo cuidado natural produce residuos naturales, pero cuyo cuidado sofisticado produce residuos que se resisten a recuperar su estructura original en el humus de la tierra.

Siendo así las cosas, la comunidad científica un buen día, nos dijo que la emisión de dióxido de carbono producido por la combustión de aquellos fósiles que el pasado nos legó, está desequilibrando el saldo de este gas en la atmósfera, creando una capa que dificulta el equilibrio térmico del planeta y produciendo, en consecuencia, su calentamiento; lo que deriva en, además de contaminación insalubre en nuestras ciudades, catástrofes tan preocupante como la fusión del hielo de los polos del planeta.

Este gráfico, que expresa el intercambio en gigatoneladas de CO2 entre la Tierra y su atmósfera, nos debe prevenir de los argumentos tipo “más CO2 emite la naturaleza” o “el Amazonas lo están quemando los indígenas para obtener ayudas“. Voces que me sirven para inaugurar otra sección de este artículo: la de la lucha por utilizar algo tan grave como arma de las respectivas posiciones políticas.

Tal parece que la posición ideológica contamina – nunca mejor dicho – los argumentos de los contendientes en algo de esta relevancia. Hay dos grupos en contienda, pero no son homogéneos, pues están formados por una minoría política y económica, de una parte, y una mayoría de gente que, como estamos ocupados con nuestras cosas, prestamos una atención parcial a pensar en el asunto y una entrega total a las ideas que nos llegan de la minoría. Son pocos y débiles los que estudian la documentación para saber el estado de la cuestión y son pocos y fuertes los que, sabiendo lo que pasa, están dispuestos a decir la verdad.

Aclaramos antes que no es lo mismo la simple contaminación que el Calentamiento Global, el Cambio Climático o la Emergencia Climática. La contaminación es insalubre, como mostró el ejemplo de la “niebla” londinense asociada “románticamente” a los estragos de Jack el destripador, pero durante mucho tiempo fue un asunto municipal sin más trascendencia. Pero, el Calentamiento Global alude al aumento de la temperatura de la superficie de la tierra y los mares como consecuencia del obstáculo que supone para la liberación de calor al espacio exterior el aumento de la concentración básicamente del gas dióxido de carbono proveniente de la combustión de combustibles fósiles en forma de derivados del petróleo y el carbón. El Cambio Climático es debido a que el Calentamiento modifica los procesos dinámicos que garantizan los ciclos climáticos produciendo nuevas formas de catástrofes como la subida de las aguas porque se derriten los polos helados. Finalmente, la Emergencia Climática, hace referencia al estado de opinión (y emoción) de los que piensan que es necesario iniciar con urgencia acciones que reduzcan el Calentamiento y su consecuencia en forma de Cambio del Climático. El Calentamiento Global lo discute ya poca gente, entre la que, desgraciadamente se encuentran gobernantes tan relevantes por su potencial influencia negativa en el control de la situación como Donald Trump o Jair Bolsonaro. Otro tipo de gobernante, conociendo la situación no niegan, pero otorgan por el interés de sus países, como los de Rusia, China o la India.

Es este estado de ánimo están masas crecientes de la población. Pero el espíritu conspiranoico no cesa y ve en todas las reuniones que se promueven para movilizar espíritus “verdes” la acción de los “poderes ocultos”, como si los poderes necesitaran ocultarse para conseguir sus propósitos. Es una forma de pensar ventajista, pues si antes se saboteaban supuestamente soluciones como el motor de agua (está el agua como para tirarla), para que no sustituyeran a los motores de explosión, era una conspiración fordiana y si ahora se rechaza el motor de explosión para sustituirlo por el eléctrico, es una conspiración de la energéticas y así sucesivamente. La COP25 reunida en Madrid accidentalmente este diciembre es una conspiración política para que nos alarmemos y una conspiración de los vendedores de moquetas. El caso es que el si el consumo de 400 millones de personas ha producido el problema que ya nadie rechaza, si no es con un grosero cinismo, qué se puede esperar cuando la capacidad productiva fuera optimizada si se financiara.

La inteligencia empresarial del mundo sabe ya que debe cambiar el paradigma productivo, lo que tendría la ventaja adicional de bajar el petróleo a costes de saldo y dirigir la energía a problemas más importantes que ir a la moda; las compañías de aviación ya saben que el low cost tendrá que pasar a ser low fly; las empresas de ropa, muebles o electrodomésticos que tendrán que sustituir la obsolescencia por el gusto en conservar. Toda una revolución que tendrá que dirigir la capacidad productiva a otros focos humanamente más enriquecedores que el vértigo de la producción y sustitución rápida de productos para generar residuos masivos. Creo que seremos capaces. La humanidad tiene inteligencia a largo plazo, aunque no la tenga a corto plazo. Pero todavía el agobio debe llegar a masas despistadas como las brasileñas o las estadounidenses, y la democracia a masas aún sometidas, como las chinas, para que obliguen a sus dirigentes a cambiar el rumbo. Cambio que no va a evitar la locura de la competencia por influir geoestrategicamente en el mundo, ni va a acabar con el fanatismo religioso en algunas culturas, ni con los enfrentamientos identitarios más o menos justificados, ni…, pero al menos se respirará bien y no tendremos que vivir de verdad, las catástrofes que tantas veces el cine ha representado de forma cada vez más realista.

De modo que, amigos del planeta, hay que seguir porfiando para que los enemigos del planeta, si quieren, que aspiren en las chimeneas de sus hogueras y nos dejen a los demás luchando por la vida, sus frustraciones y logros como siempre, sin tener que estar preocupados además por si un día no puede uno levantarse ni siquiera malhumorado. Si estuviera en Madrid hoy día 6 de diciembre de 2019 iría a la manifestación sobre el clima, incluso aunque esté esa niña que debería estar en el colegio y anda por aquí porque sus mayores no están cumpliendo con su deber. Incluso aunque algunos se empeñen en negar lo evidente porque, antes que ellos, los “progres” se han adherido a esta causa, cuando debería ser de todos. Una actitud infantil que tiene su imagen especular en aquellos que rechazan a los “fachas” porque defiende el único sistema económico que ha acabado con la pobreza. Pero bueno, al fin y al cabo, a los que ahora les incomoda el ruido por la llamada Emergencia Climática, disfrutarán de sus logros con nosotros también, de la misma forma que se enfadaron por el matrimonio gay y ahora se casan ellos; se enfadaron por la constitución y ahora sólo es de ellos solos; se enfadaron por el aborto y resuelven sus errores domésticos abortando sin salir al extranjero; se enfadan cuando ven emigrantes y se lucran con su trabajo; se enfadan cuando se ponen restricciones al tráfico en una ciudad y ahora se quedan con el éxito. En fin, se ya les pasará el enfado, pues también son de los nuestros o, al menos, de los míos.

El texto cifrado.

Este relato fue premiado con la Mención Especial del Premio Galileo del Consejo Social de la Universidad Politécnica de Cartagena en 2008.

La doctora Milá gritó levantando los brazos: ¡ya está!, giró su sillón y dejó que el sol estimulara su piel en aquella mañana de otoño que nunca olvidaría. Acababa de encontrar la solución a uno de los grandes problemas científicos y soñó que su nombre quedaría asociado al de los grandes. Miró con deleite los gráficos en la pantalla y las tablas que mostraban la altísima correlación, casi la certeza, de las variables principales. Parecía imposible que aquella verdad la hubiera estado esperando a ella tanto tiempo. Abrió una rendija en sus párpados y el rielar del mar la deslumbró. Había tenido suerte con su despacho, una buhardilla en el edificio rehabilitado que daba personalidad a toda la parte este de la ciudad.  Un despacho que había conseguido sin esa cansina lucha que a veces se hacía necesaria en la universidad para algunas cosas. Allí recostada, se permitió hacer balance de su vida. Sabía que la complacencia es peligrosa, pero ya se encargaba la realidad, en su combinatoria infinita de acontecimientos, de neutralizar los buenos momentos como para no aprovechar que, por fin, había llegado al final de su búsqueda.  Se alegraba de haber vivido en una época que hacía posible que una niña curiosa de Los Barreros hubiera podido desarrollar un carrera científica tan completa como la suya. Había sido una bendición que su ciudad encontrara su oportunidad con la Politécnica y que ella tuviera un universo de conocimiento a tres paradas de autobús de su casa. Sospechaba que en cualquier otra circunstancia hubiera sido imposible para la hija de una quiosquera viuda estudiar al altísimo nivel que ella había alcanzado a golpe de beca. Su padre creía que su futuro merecía ser reconocido desde el nombre de pila y le puso Beatriz (la que bendice) como si esperase los logros de su dedicación profesional a la ciencia. Todo había sido posible por el avance que supuso la apertura de su universidad hacia las investigaciones relacionadas con la optimización del aprendizaje a partir del acuerdo con el IHCM estadounidense. Años atrás su amor por Andrés se había truncado en aquel estúpido accidente del AVE justo una semana después de que el tren llegara a la ciudad para pagar su deuda centenaria de incomunicación. Habían pasado sólo dos meses desde de la boda. Su ciudad y ella habían pagado un alto precio por su condición de fondo de saco geográfico e histórico.

El tren veloz la comunicó y la aisló con el mundo en un mismo acto. La muerte de Andrés la apartó de la actividad científica durante dos años al provocarle una depresión que le hizo creer que se volvería intelectualmente estéril. Fue como una araña negra que le mató los automatismos salvadores y le obligó a hacerse cargo conscientemente, cada día, del peso insoportable de afrontar la vida sin esperanza alguna.  Pero el tiempo, esa dimensión de la realidad a medio camino entre el ser de la memoria y los sueños y la nada del instante, la sacó de su letargo y le ofreció otra vida, en la que ya, prácticamente, toda su energía la dedicó a la a ciencia. Entrega que no impidió la aventura cuya voluptuosidad dejó que le embargara en este momento de gloria epistémica. Quizá fue una locura, pero tras cinco años de renuncia, aquella noche en el hotel de Viena, cuando los congresistas visitaban el palacio de Belvedere, fue inolvidable. Reconocía que su curiosidad cultural la empujaba a contemplar los poderosos atlantes del palacio, que tantas veces había visto en fotografías de sus libros de arte. También se perdió El Beso de Klimt, un tapiz de sensualidad que se exhibe sobre los musculosos semidioses. Pero ella lo tuvo todo: músculos, semidioses y besos, abundantes y apasionados besos con aquel jovenzuelo francés que sabía la suficiente química para haberse quedado fascinado por ella y la suficiente física amatoria para compensarla de la sequedad de aquellos años. Hacía seis meses y aún lo recordaba. Aunque se había impuesto reprimir el recuerdo por la relación serena y esperaba que duradera que había iniciado con Ricardo Astiz, director de la Facultad y catedrático de economía dinámica. Pero hoy era fiesta y todo lo placentero, recuerdos pasados o las percepciones más inmediatas, debían contribuir a envolver su éxtasis intelectual. Decidió salir y buscar en su entorno el eco de su hallazgo. Estaba segura que su rostro transfigurado la delataría. Bajó alegre las escaleras de hormigón sin quitarse la bata. Se cruzó con el profesor Núñez y una decena de alumnos, atravesó la galería del patio oeste del edificio y casi cae a los pies del recientemente inaugurado panel de doctores honoris causa de la universidad. Arrebolada salió en frente de la poterna de la muralla y corrió hacia su borde para que la brisa benigna le agradeciera su aportación al mundo. Luego caminó hacia la pradera de levante donde los estudiantes, como la naturaleza, habían despreciado los caminos preestablecidos y habían abierto un surco en la yerba que era todo un mensaje de disconformidad. Le gustaba su universidad.

Miró hacía el edificio de Arqueo con orgullo por la transformación de un oscuro cuartel en una luminosa biblioteca (seguía llamándola biblioteca premeditadamente). Pasó bajo la pasarela de Fernández De Alba, que unía elegantemente la muralla con la estación de autobuses de Carballal. Dos arquitectos unidos a la universidad de forma muy diferente. El uno por su condición de doctor sobrevenido e inspirador del espléndido y originario campus del norte y, el otro, por haber unido la universidad con toda la región con su faro tierra adentro. Siempre le gustó ese edificio estacionario y su situación tan próxima. Había conocido a Carballal y sabía de su gusto por la pintura abstracta. Por eso disfrutaba con su ironía figurativa en aquel edificio para autobuses que parecía anticipar el cambio climático al tentar con su costado a un mar que brillaba treinta metros más abajo. Su piel estaba tan sensible que no estaba segura quien acariciaba a quién, si la brisa a ella o ella a la brisa. Su vocación científica no le había hecho olvidar su feminidad y procuraba que sus ojos verdes todavía conservaran el entorno de la piel nacarada de las pelirrojas. Estaba excitada con la idea de afianzar su autoría mediante un artículo a Science en el que se extendería en agradecimientos a todos aquellos compañeros que la había ayudado sin saberlo para que compartieran su gloria. Desde el departamento de matemáticas en el que un estadístico, cuyo nombre ya evocaba su destino, al de física con Matías, ese sabio humilde con poca suerte o, incluso, al profesor Evil que, desde que llegó con la beca ARISTOS se había ganado su confianza con sus inteligentes preguntas. Y, por supuesto, al profesor Cal que la inició en el uso de los mapas conceptuales de Novak, en cuyos meandros encontró la solución mientras luchaba por la coherencia conceptual. Tan feliz se encontraba que no advirtió el peligro. Se cruzó con dos becarias del servicio de gestión de la calidad que volvían de hacer encuestas e iban comentando algo de un profesor que no había querido dejar el aula. Reían divertidas por la anécdota. Cruzó hacía el edifico principal a través del túnel y aquel hombre le pareció un empleado de alguna empresa contratada de la unidad técnica, pues llevaba un mono gris. Su sorpresa fue grande cuando, a pesar de las dificultades que todos experimentamos para identificar los rostros fuera de su marco familiar, reconoció en el hombre del mono a su amante francés en la Viena congresual.

Sorpresa que se convirtió en incomprensión y amargura cuando recibió el primer golpe mientras esbozaba una sonrisa de bienvenida. El segundo golpe la derribó sobre las losas de piedra, frías y húmedas, del pavimento del túnel. Mientras se desvanecía recordó confusamente sus confidencias incautas. Beatriz estaba en peligro porque había confirmado su hipótesis sobre la última frontera de conocimiento: la mente humana. Hipótesis que resolvía todas las dificultades de carácter cognitivo y neurológico sobre el aprendizaje que la humanidad había arrastrado desde que un barbado maestro le mostrara unas pistas de animal a un aprendiz de cazador. Pero, ahora la violencia de nuevo trataba de imponerse a la inteligencia mostrando su cara oscura en aquel túnel. Un pasadizo corto que no tenía más pretensión que dejar testimonio de que la elegancia de la forma era capaz de llevar la luz más allá de los arquitrabes de los templos griegos. Beatriz, como símbolo de lo mejor, fue conducida al coche aparcado bajo las ventanas del departamento de mecánica por Pierre, el símbolo de lo peor.

Jorge Wenceslao Busho (Jorge Davaliú para sus camaradas del espionaje globalizado) llevaba años buscando el modo de hacer realidad el propósito de la llamada Era de la Información. Nada menos que el de optimizar el conocimiento de los empleados de las grandes corporaciones para alcanzar la perfección organizativa (la racionalidad absoluta pronosticada por Max Weber). La jaula de hierro corporativa del siglo XXI. Lo hacía al servicio de SHADOW (la organización secreta formada por delegados de gobiernos y corporaciones). Sus agentes rastreaban todas las publicaciones periódicas o episódicas, todos los congresos y jornadas que trataban sobre el aprendizaje. En los últimos dos años había recibido informe continuados sobre una doctora española cuyos avances eran tan prometedores que le organizó una celada muy especial y cuidadosa. Viena, desde el El tercer hombre era un lugar apropiado, aunque el Prater ya no era el lugar inquietante de la película de Wells. Los informes de los investigadores mostraban que era una mujer al alcance de un seductor en ese momento de su vida. Pierre nunca le había fallado en estas tareas desde que su ambición le empujó a dejar su carrera de química, a pesar de su inteligencia natural para la ciencia.

Pero su seducción fue inútil, Beatriz no había llegado al final de su búsqueda. En consecuencia fue necesario seguir pacientemente su progreso y para eso era necesaria la presencia de alguien de su confianza y tan cercano que resultara natural la confidencia. Pero tampoco eso había resultado y toda la habilidad de Evil había resultado inútil. De modo que, cuándo le llamaron desde la universidad esa mañana anunciándole que todo apuntaba a que la doctora Milá había encontrado la solución al problema que tantos quebraderos de cabeza le había producido con sus superiores, no tuvo paciencia y decidió actuar con una grosería que le honraba poco. No en vano Davaliú había estado detrás de los mejores y más sutiles golpes de mano de las cloacas gubernamentales. Todos recuerdan en su discreto mundo de la inteligencia cuando dirigió las operaciones de desestabilización del MIT, al comprobar que Chomsky como director había llegado demasiado lejos en su influencia intelectual sobre su orientación científica. No se podía consentir que la ciencia no sometiera sus juicios y conclusiones a la voluntad política. Y menos cuando, en los últimos años, el objeto se había desvanecido ante la mirada ingenua del hombre y la avisada del científico. El peligro llegaba, ahora, de la doctora Milá que habían reconstruido la confianza en las posibilidades de una ciencia capaz de ir más allá de sí misma para encontrar una nueva perspectiva desde la que contribuir a paliar los efectos de la estupidez humana.

Beatriz reconoció al despertar su propio despacho atormentada por las dificultades para recordar lo que le había pasado. Era de noche Intentó levantarse y experimentó una extraña náusea. Se dejó caer de nuevo suavemente y entonces reconoció sobresaltada –otro traidor a su confianza- la voz de Evil que estaba con Pierre escrutando su ordenador. Sus rostros mostraban una infinita curiosidad por entender lo que la pantalla les mostraba. Trató de no dejarse arrastrar por la desesperación que le producía que el mal se apoderase de su trabajo.

Al abrir el fichero <para Science> del programa MOT 15, la pareja de traidores quedó perpleja, pues en el primer párrafo encontraron la siguiente frase:

 “Rdyr styóviñp `tp`tvopms rbofrmvosd fr wir ñs ,rmyr ji,sms rd vs`sx fr sñvsmxst rñ dir´p fr frñ SÑR`J p ñs YPTÇS ypfsd ñsd `sñsntsd s di sñvsmvr ,rfosmyr imsd rmvoññsd yçrvmovsd fr s`trmfoxskr u rñ si,rmyp rm ñs forys fr ñs vsmyofsf fr…”

Sorprendidos y desanimados echaron una hostil mirada a su prisionera que simulaba seguir inconsciente en el suelo. La conversación le indicaba a Beatriz que tenían dificultades para entender y no le extrañó. Esperó y poco después escuchó como Pierre le comunicaba a Davaliú sus dificultades. Las instrucciones que recibió hicieron palidecer a Pierre, incapaz de evitar que el rostro de Beatriz en la penumbra le evocara las tardes vienesas y su propia dignidad  perdida de científico fracasado. Una dignidad recuperada falsamente en las conversaciones de la terraza de la habitación del hotel junto a la casa LOOS. Beatriz le hizo creer, con su bondad agradecida tras haberla recuperado para el amor físico, que él era quien ya no podría ser jamás. Se mordió el alma y contestó afirmativamente a las indicaciones que recibía por el satélite. Abrió el pequeño maletín de cuero, preparó los electrodos y enchufó el transformador a la red, extrajo la jeringuilla de algostide  de 250 mg, le puso la fina aguja y se dirigió hacia Beatriz. Entre tanto, Evil enviaba el fichero a los servicios centrales en Europa.

Ricardo echó de menos a Beatriz cuando ésta no acudió a la cita diaria para cenar en su casa. No se extrañó porque su excitación había ido creciendo en la última semana debido a los progresos que sabía estaba haciendo en su atrevida teoría cognitiva. Se relajó escuchando La Pasión según San Mateo, esa obra de la que se decía que reflejaba el comportamiento del cerebro en sus notas ordenadas y que transportaba el alma al éxtasis profano si adoptabas la actitud adecuada. Y eso es lo que hizo. Se recostó y se dejo mecer por los vaivenes de la música. Se adormeció y una hora después la ausencia de Beatriz ya le pareció inquietante, de modo que se abrigó y salió de su estudio en el barrio universitario. Esa intervención urbanística que tan clara había dejado la relación entre la colina militar y la plaza lacustre. Subió por la rambla, pasó delante del edificio Arqueo, dejó la plaza de toros a su derecha, bajó hacia la muralla, rodeó el edificio principal; pasó debajo de ficus y se paró. Miró hacía la buhardilla del despacho de Beatriz y se tranquilizó al ver el ligero resplandor de su lámpara de trabajo. Se imaginó la escena con la luz cruda iluminando su cara como en un cuadro de Wright. La llamó  con el móvil y no tuvo respuesta. Pensó en entrar y se dirigió a la puerta con la esperanza de que el guardia jurado lo viese y le permitiera abrir.

No logró verlo y pensó que estaría haciendo una ronda por el edificio. Esperó un cuarto de hora y se extrañó de no verlo aparecer. Pegó la cara al cristal que estaba empañado y la impresión le hizo retirarse asustado de la puerta. Volvió a mirar y la realidad tozuda le mostró al guardia caído y perdiendo sangre por una herida profunda en su cabeza.. Ricardo era un pacífico académico y aquella escena lo sobrepasaba, pero inmediatamente pensó en Beatriz y su seguridad. Ahora, su ausencia y la falta de respuesta al teléfono le produjeron una insoportable angustia. Eran las 11:30 de la noche. Beatriz vio la hora en el gran reloj de la pared que le había regalado Ricardo. Una esfera redonda llamativa como una luna llena. Pierre se acercó con la jeringuilla creyéndola desvanecida. Por eso no vio llegar la regla de acero que Beatriz balanceó con la fuerza que sólo una mujer pacífica puede mostrar cuando es sorprendida su confianza. La regla era un transformador de unidades tradicionales de longitud. Se la había regalado el profesor Cal cuando acabó el máster de restauración que la universidad había organizado con los colegios profesionales de arquitectos e ingenieros de edificación. Pierre recibió en su sien la regla aproximadamente a la altura de la décima de vara con una energía cinética suficiente para que perdiera el conocimiento instantáneamente. Cayó hacia la derecha ruidosamente llamando la atención de Evil que estaba enfrascado en el ordenador. Al ver a Beatriz armada con la regla de acero manchada de sangre y el rostro tan resuelto pensó que era el momento de volver a su universidad de origen, lo que no le quedó más remedio que intentar por la ventana de la buhardilla. Como no conocía la geometría del tejado perdió pié en las húmedas tejas y cayó pesadamente al vacío y a la noche. Curiosamente lo hizo en silencio. Era un hombre discreto. Beatriz salió al pasillo, bajó las escaleras y se encontró en la logia del tercer piso. El patio de poniente estaba iluminado por la luna y resultaba mágico. Su parte poética le pedía quedarse contemplando la escena y su parte práctica que huyera rápidamente por si había más extraños en el edificio. Se desorientó y tropezó en la puerta del paraninfo. Se recuperó y bajó precipitadamente las escaleras centrales hacia el hall. Se sorprendió al ver los reflejos azules de los coches de la policía y se tranquilizó al ver la figura de Ricardo junto al agente que estaba golpeando el cristal de la puerta con un mazo.

Las astillas saltaron y cruzaron el umbral casi estorbándose. Cayó desmadejada en los confortables brazos de su compañero mientras la regla caía al suelo y se quedaba vibrando unos segundos como lo hace una moneda. El policía se desvió hacía el guardia jurado para atenderlo. En la calle uno de los coches de la policía estaba abollado por el cuerpo de Evil que reposaba ya relajado sobre el vehículo. Las aspas de un helicóptero sonaron rítmicamente sobre el patio. El agente más próximo a Ricardo se sorprendió porque no  tenía noticia de que se hubiera hecho una gestión de este tipo, pero el oficial de paisano no estaba sorprendido. Pierre se despidió mentalmente de Beatriz mientras el helicóptero se elevaba y él sujetaba una gasa en su herida. SHADOW había actuado con rapidez para recoger a su agente. Estaba dolido por la herida y por no haber sido capaz de descubrir el sistema de cifrado del texto de Beatriz. Aunque los servicios centrales tampoco lo habían descifrado, no estaba seguro de que pudiera ya hacer una carrera en la organización. Dos hora más tarde, en el sofá del estudio de Ricardo, Beatriz sonreía por la potencia que había mostrado su inocente sistema de cifrado. Desde pequeña se había acostumbrado a escribir en el teclado QWERTY corriendo los dedos una tecla. Así, una palabra como “ciencia” se convertía en “virnvis”.  De este modo, logró proteger su  descubrimiento para que fuera calificado como un avance esencial para la ciencia y la democracia. Su propuesta permitía asumir el reto de formar con rapidez técnicos, científicos y ciudadanos de forma significativa y no doctrinaria. Se consideró el mayor logro intelectual desde la Ilustración. Entre tanto, SHADOW se lamía las heridas y preparaba una nueva intriga para sus eternamente innobles propósitos.

La doctora Beatriz Milá recibió el premio Nobel en el año 2016. Fue la primera mujer rectora de su universidad. En Los Barreros se erigió una estatua en su honor y desde entonces el antiguo paseo Alfonso XIII pasó a llamarse Rectora Milá. De este modo, la puerta de Europa, que representaba el desembarco de la autopista en la ciudad, entroncaba con naturalidad con la avenida que la honraba. 

(V) La tiranía de la igualdad. Axel Kaiser. Reseña (27)

… Viene de (IV)

Axel dice que: “Ya explicamos que la sociedad no existe de manera independiente de las personas que la componen, o sea la sociedad como ente en sí no es más que una ficción. No hay una «voluntad social» como no hay una inteligencia social, ni una mente social ni nada parecido. Mal puede haber entonces un «derecho social», pues algo que no existe no puede tener derechos.”

¡Qué argumento más pobre! En efecto, no ha una “señora sociedad” titular de ningún derecho. Esta es una discusión inútil pues llamar a los derechos de los individuos que constituyen la sociedad derechos “sociales” no es más que un recurso lingüístico llamado sinécdoque. Pero, claro, no es más que un pretexto para rechazar a la máquina de inventar derechos para recibir subvenciones del Estado. En España se llama a eso “chiringuitos” y uno de los más combatidos es el que se ocupa de la atención a mujeres maltratadas (sin comentarios). Pero quién distinto del Estado puede ocuparse de algo así. ¿O la idea es abandonar a las mujeres a su suerte o mala suerte de tener un marido potencialmente asesino? En torno a 60 mujeres son asesinadas y en algunos casos se incluye en el paquete criminal a lo hijos. Pero, con la misma estructura argumental, se podría decir que, si interponer al estado es enmascarar el expolio al particular, quitar al Estado de esta función es la máscara de la elusión de impuestos. Es decir volvemos al lugar de partida: a los que tenemos mucho no nos gusta que usen nuestro dinero para atender necesidades de humanos.

Axel remata su argumentación diciendo que: “... el derecho social permite instrumentalizar a unas personas para satisfacer los fines de otras, agrediendo su libertad y dignidad.”

Y yo remato diciendo que “satisfacer fines” oculta la verdad de los problemas concretos de una sociedad. Y que no hay menos violencia en usar la fiscalidad que en disolver una manifestación reivindicativa. Es decir, el estado es, precisamente, la garantía de que esas dos violencias son gestionadas civilizadamente. Este es el gran contrato social implícito que se deriva de la Revolución Francesa (burguesía contra aristocracia) y de la revolución rusa (obreros contra burguesía). Dos formas irracionales de crimen que han tenido sus reflejos menores en amotinamientos y represiones a lo largo de los siglos, si generalizamos el eje obrero-burguesía (ya obsoleto) por el de amo-siervo de antaño, que parece volver en una pirueta histórica en nuestra sociedad tecnificada bajo la especie de empleado precarios con la competencia de millones de desesperados para ocupar su puesto y bajo la especie del empresario digital anónimo al control de la red de servicios.

Ataca Axel con razón la disfuncionalidad de la conocida frase del Manifiesto Comunista “de cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad“, pues no es posible juzgar algo así para todos. Precisamente el mercado fija bien lo que merece cada uno y lo que necesita cada uno. El problema es, Axel, cuando hay gente que por sus escasos o nulos ingresos, están fuera del mercado. En ese caso no queda más remedio que introducirlos con ayudas. Al fin y al cabo ese dinero vuelve a la corriente general y consume productos de empresas privadas. Situación que puede ser discutida porque es dinero que se emplea en producir y consumir en productos a cambio de ningún esfuerzo porque no hay trabajo formal para ellos. De algún modo eso compensa que otros tantos familiares de los 30 millones de millonarios del mundo obtengan todo un proyecto de vida muelle, igualmente sin ningún esfuerzo. Ningún Estado se atreverá a eliminar las prestaciones de salud, educación y pensiones, como no se atreverá a expoliar a los propietarios.

Axel propone privatizar los tres ejes de la política social de un estado: sanidad, educación y pensiones, que en los países avanzados supone más de la mitad del gasto público. Las razones sencillas: los mejores profesionales y los mejores recursos materiales están ahí. Tan eficaz ha resultado el sistema en España, que somos el segundo país del mundo, después de Japón, en esperanza de vida con un costo per cápita de 1500 euros que le coloca por debajo de la media europea y muy lejos de la sanidad de Estados Unidos. Le costará al liberalismo conseguirlo, porque el argumento de ineficacia no es de aplicación. En cuanto a la educación, ningún país occidental prohíbe que quién lo desee monte colegios tan extravagantes como deseen, pero ese sistema, y esto debería repugnarle al liberalismo, se deja mucho talento en el camino, mientras entra en bucle endogámico impulsando a los más mediocres de sus descendientes hacia carreras sin más brillo que la cartera de los padres. Por lo que respecta a las pensiones, la partida, con mucho, más importante del gasto público, no creo que donde haya un sistema público se sustituya por una privado sufriendo los pensionistas los avatares de las acciones inversoras de los grandes fondos, sin que se den terremotos sociales y políticos.

Otra cuestión es que los estados lleven a cabo estas misiones sin paralizar las actividad económica o endeudándose peligrosamente. Pero hay que recordad que los socialistas entregaron el gobierno el año de la crisis con una deuda del 35 % del PIB y los liberal-conservadores lo han devuelto con el 98 % además de dejar el fondo de 65.000 millones de euros del ahorro para pensiones, prácticamente en cero. Es decir, se necesitan gobiernos que haciendo una gestión económicamente eficaz, no pierdan la cara a sus responsabilidades sociales, por mucho que el mercado salive con las partidas públicas. No me canso en decir que la mayoría dinero de sanidad, educación y pensiones vuelve al mercado y que lo único que persigue el sector privado con su recepción es morder en forma de beneficios lo que ahora se gasta en servicios. Todo esto es compatible con negocios de mutuas y empresas privadas que ofrecen sobre todo rapidez (porque la gran masa está en la pública) y calidad en el servicio ambulatorio. Pero, cuando las enfermedades se complican, derivan a los servicios públicos, Del mismo modo que las operaciones sencillas (una cataratas, por ejemplo) son derivadas en el sentido contrario de la pública a la privada. En cuanto a la educación, nuestro país (España) se ha transformado radicalmente al sacar cada lustro casi un millón y medio de egresados universitarios, que ahora la crisis financiera ha dejado en el paro, favoreciendo a países que no habiendo contribuído a su formación los reciben con los brazos abiertos. Un sistema de universidades privadas dejaría en la carrera a miles de potenciales talentos o, como en Estados Unidos, los endeudaría de por vida a ellos o sus familias.

Insiste Axel en que: “La lógica de lo estatal, que es la de la imposición coercitiva, es contraria a la lógica de la voluntariedad del mercado como asignador y creador de recursos.”

Pero olvida que, entre las alternativas de la libertad, está la de escoger al Estado como prestador de servicios esenciales como crear y mantener infraestructuras comunes, sanar, educar y cuidar. Y que todo ello lo haga sin comprometer el futuro de su descendientes. Al mismo tiempo es bueno que el resto de necesidades: ciencia, tecnología, transporte, energía, alimentos, medicinas,, vestido, cobijo, confort, información y entretenimiento lo lleven a cabo empresas privadas liberando las enormes fuerzas de la ambición y la creatividad. Además de que la sanidad, educación y cuidado puedan ser ofertados por el sector privado contribuyendo a la mejora mutua entre el servicio público y el privado. De ese modo se garantiza la convivencia de las fórmulas, mientras se asegura que seguir vivo, estar educado y ser cuidado en la vejez y la enfermedad no depende de la cuenta de resultados de una empresa particular, sino del ejercicio de la libertad en el sentido más amplio de la palabra, frente al restringido de la libertad negativa que sólo contempla la acción individual y olvida la concertada. Todo ello sin olvidar que el Estado también tiene que rendir cuentas si no cuida su propio balance económico. Hay así espacio para el lucro y la aplicación de las más intensas fuerzas de la ambición, el talento y la creatividad, sin comprometer los valores “buenistas” de la compasión, acceso al conocimiento y deber de cuidado a los mayores. No se puede tener todo, Axel. Creo que es un buen compromiso entre el escila (la codicia) y el caribdis (parasitismo) de la compleja vida de una sociedad (eso que no existe). Para que esta discusión sea productiva es necesario dejar de lado los polos extremos de las dos posiciones: el comunismo al que lleva la hipertrofia del Estado y la atomización individual a la que lleva su desaparición. Ni vale llevar el Estado cerca del totalitarismo, ni reducirlo a la defensa de la propiedad. Ni la distopía igualitaria que lleva la Gulag, ni la distopía libertaria que lleva al ejercito privado y el gueto de los ricos. Con el riesgo de éste último de acabar de ser gobernado por las guardias pretorianas. La libertad sin compasión bien organizada no es humana. El totalitarismo sin libertad individual no es humano. Ambos se redimen y complementan en una democracia socio-liberal o libero-social (al gusto).

¿No hay responsabilidad en el mercado que es incapaz de general los puestos de trabajo suficientes? cuando una nación llega a este punto es porque o le sobran habitantes o no es capaz de vender suficiente a los países extranjeros. Y esto depende, fundamentalmente de la capacidad de producir mercancías o servicios atractivos para los extranjeros. España exporta el 34 % de su PIB, casi el triple que Estados Unidos y trece puntos menos que Alemania. No está mal, pero se necesita dar empleo a tres millones más de personas. Animo al mercado libre a que dé una respuesta que raramente dará el Estado. Y no vale decir que con menos impuestos todo iría mejor, porque ya estamos viendo qué tipo de empleo genera en la época digital con el recurso de low-cost. Una espiral de cobro poco porque pago menos, que veremos a ver a donde nos lleva. Ahí quiero ver a los capitanes del sector privado de mi país que se están dejando mojar la oreja por falta de inversiones en investigación porque prefieren las burbujas inmobiliarias y pagar royalties.

Axel sigue apretando: “Pero que una necesidad sea más urgente que otra no transforma a la más urgente en un derecho que el resto debe financiar. Por ejemplo, usted podría necesitar con urgencia una operación que cuesta, digamos, diez millones de dólares o cien millones de dólares. ¿Le da eso derecho a que otros se la paguen? No. Suena frío, pero no lo es.

Pues yo creo que Chile no dudó en lanzarse al rescate de los mineros… francamente, no es que suene frío, Axel, es que indica la gran falla del liberalismo: su parcialidad teórica sobre el ser que juzga, que no es unidimensional. El cerebro humano no transita por la estación intermedia del derecho cuando hay una urgencia humanitaria. Pasa directamente a la acción de rescate. Precisamente ahora en el Mediterráneo se plantea a un escala tremenda la cuestión. ¿La puesta en peligro inminente de perder la vida de los inmigrantes africanos o sirios, genera el derecho de rescate? No hay cuestión: se les rescata. Cuando los gobiernos dudan o llanamente se niegan a acoger más emigrantes no están deliberando acerca de un derecho, sino que se plantean cómo hacer frente a las oleadas de personas que pretender llegar a europa. Unos conculcando, precisamente el derecho del mar y otros negando a sus ONGs que acudan a la zona. Ante el ser humano y su sufrimiento no cabe el mero uso de la razón instrumental. Estado Unidos recibió las oleadas de emigrantes irlandeses y no se preguntó por su derecho a llegar abarrotando buques. Otra cosa es la torpeza con la que determinados problemas actuales se están enfocando en los grandes sanedrines políticos. Pero agárrate a las neuronas de la dirección del País más importante del mundo. Yo espero de los liberales más altura e ingenio en sus propuestas para mejorar la vida. El látigo romano en la minas de azufre, eso lo hace cualquiera.

Seguimos: “La libertad y la riqueza son cosas distintas. La riqueza se relaciona con los medios para perseguir un fin, en cambio la libertad es la posibilidad que existe de conseguir y crear esos medios y alcanzar el fin sin que otro se lo impida por la fuerza. No es la riqueza la que crea la libertad, sino la libertad la que crea la riqueza

Este es un bonito juego de palabras, pero en realidad entre libertad y riqueza la relación es circular pudiendo comenzar el ciclo por donde uno desee. En efecto, la libertad de un emprendedor puede crear riqueza y su riqueza darle la libertad de consumo a las que antes no llegaba y merece, pero la riqueza heredada proporciona las dos libertades al tiempo: la de emprender y la de elegir entre opciones de consumo. A lo que la riqueza no da opción automáticamente es a las libertades civiles (votar) o sociales (matrimonio homosexual) que son conquista contra la cerrazón de los conservadores.

Naturalmente lo que dice Axel es verdad, pero no toda la verdad. Es una idea cartesiana (clara y distinta) la de que la riqueza no existe sin acción humana. Pero una vez creada, es otra idea igualmente clara y distinta que no la han producido unos pocos, sino muchos concertando impulso, inteligencia y esfuerzo, por lo que no es de recibo que la retenga sólamente una de las partes actoras. Otra cosa es que utilicemos la naturaleza humana para optimizar su producción: la ambición para el impulso (el empresario), la reputación para la inteligencia (el científico) y el temor para el esfuerzo (el trabajador). De este modo en la fase de producción el trabajador puede ser tratado como un recurso en competencia, pero en la fase de distribución debe ser tratado como un ser humano.

Riqueza y libertad no pueden ser confundidas, en efecto, pero la libertad no es unidimensional. La de creación no debe ser confundida con la libertad de elección que proporcionan los logros económicos. Si el empresario no puede especular sobre las necesidades del empleado, la humanidad si puede corregir las consecuencias de tratar a un ser humano como mercancía y ofrecer soluciones eficaces a la falta de riqueza del trabajador para proporcionarse la libertad de elección acorde con el estado de la cuestión en cada época. Una forma es ahorrarle el precio de la salud y la educación, por ejemplo.

En períodos en que la fuerza esté de parte del trabajo por escasez de trabajadores, las previsiones se reducen al mínimo asistencial de los pocos excluidos y, en fases en que la fuerza esté de parte del empresario, las previsiones (sanidad, educación y pensiones) deben cubrir estas necesidades, mal que le pese al frío y distópico liberalismo, al estropearse su imagen de una sociedad-máquina. Que un padre no pueda pagarse la educación o la salud de sus hijos es una carencia de libertad, evidentemente: la de no poder elegir entre la pasividad o la solución del problema. Y la solución a esa carencia de de libertad no estará nunca en el mercado que está obligado a comportarse como si el ser humano fuera una mercancía. Sólo puede llegar de instituciones diseñadas para crear un ámbito de libertad para aquellos muchos que no pueden alcanzar la libertad por otra vía. El que la libertad que el rico posee gracias a su riqueza no puede ser cero para aquel que fingió ser mercancía para que la riqueza se creara. La libertad crea riqueza y la riqueza crea libertad. No es tan difícil de comprender. Queda para otra ocasión discutirle a Berlin su pirueta para pasar de la autonomía kantiana del individuo al totalitarismo. El paso del “por sí mismo” al “lo que el partido disponga” es más complicado de lo que Isaiah nos dice.

Dice Axel: “No podemos decir, entonces, que una persona no es libre porque le falta algún bien material que necesita.”

Claro, diremos que le falta riqueza para adquirirlo, pero no libertad para intentar adquirirla. Pero esta obviedad no puede ocultar el problema de las necesidades sociales. Es decir de muchos de los individuos que componen la sociedad.

Es cierto que en una sociedad igualitariamente pobre nadie tendría más libertad positiva (versión Berlin) que la de cambiar de posición espacial. Pero una vez descubierta la capacidad de transformar energía al servicio de la prosperidad de los seres humanos, ¿en qué se basa la idea de que la mayoría de estos deben quedar abandonados en el camino sin que puedan organizarse con instituciones públicas que los recojan y cuiden su salud, educación y ancianidad que no pueden pagarse con los salarios que el mercado precisa pagar para su funcionamiento?. El argumento de que el trabajador debe conformarse con el sueldo que el mercado le proporcione escamotea, en base a la existencia de competencia entre desesperados, la parte minúscula de ese sueldo que acumulada y mutualizada debe ir a la previsión del futuro. Por tanto nada más justo que recuperar esos recursos por otras vías civilizadas.

Axel, razona que no tener medios para que un hijo se eduque no es carecer de libertad, sino de riqueza y, eso hay que ganárselo en el mercado. Naturalmente lo hace olvidando rasgos del ser humano que de no considerarse los llevan al desastre. Uno de ellos es la imprevisión. El mercado usa esos rasgos para seducir al ciudadano para que consuma sus productos aunque sean nocivos o frívolos, pero los rechaza cuando ese ciudadano organizado en Estado reserva para lo esencial capital en forma de cuotas sociales o impuestos para que no sean absorbidos por el mercado y permitan ocuparse de aquellos a los que el mercado compensa en base exclusivamente a la competencia entre débiles.

Esto lo considera un robo, al tiempo que se invita a los ciudadanos a que rechacen estos mecanismos de prevención para poder gastar olvidando el futuro. Dicho esto precisamente por la ideología que pretende que hay que escuchar a la naturaleza humana, negándose a aceptar la necesidad de corregir la negativa capacidad de previsión. Se niega a aceptar que el ser humano acepte sus limitaciones y las trascienda creando instituciones para corregirlas. Añadamos que hay acciones del Estado imposibles para el ciudadano individual y para las empresas obligadas a buscar su beneficio: las catástrofes. Cuando ocurre una de ellas, esperar del defectuoso carácter del ser humano en general y del rico en particular una respuesta adecuada es creer en los ángeles. Lo que me recuerda que uno de los reproches a la economía planificada es que los hombres no son ángeles. Pues eso, como no somos ángeles completemos los beneficios de nuestro egoísmo con la creación de instituciones altruistas.

Naturalmente que el liberalismo ofrece una salida para este problema: privatizar la previsión. Pero oculta que si el gasto público se eliminara, ese dinero ahorrado en impuestos (en los bolsillos del ciudadano, como le gusta decir a mi compatriota Rollo) pasaría rápidamente de las manos del ciudadano a las empresas que los contratan, pues, con el mero mecanismo de competencia entre trabajadores, de nuevo los sueldos bajarían a niveles que impedirían cualquier previsión. Al contrario, se invitaría a la ciudadanía al endeudamiento para absorber los excedentes de producción anticipando gastos cuyo respaldo económico no existe aún. Lo siguiente serían galeras para los morosos. “Empeña tu anillo para pagar la boda del chiquillo” anuncia una empresa de préstamos privada estos días.

Para que las rentas individuales tuvieran la misma capacidad de afrontar el futuro que el actual Estado, sería necesario doblar los sueldos medios de cada empleado, lo que no cabe esperarlo de un mercado de trabajo basado en la competencia. El Estado previsor aplica la fórmula de Speenhamland pero reteniendo el complemento del sueldo de mercado en vez de ponerlo a disposición de la imprevisión del ciudadano y de la voracidad de las empresas. Da la impresión de que el liberalismo esconde su pesimismo sobre la naturaleza humana a la que quiere usar como instrumento de una demolición del Estado previsor para después encogerse de hombros ante la desgracia ajena, aludiendo a una responsabilidad individual que sabe que no existe, porque no en vano procedemos de una naturaleza animal retozona, que no anticipa los problemas del futuro. Así, por poner un ejemplo, donde ahora vemos a discapacitados en sillas ruedas automáticas, veríamos tullidos pidiendo como en el siglo XVI. Es muy peligroso que la mutualización del riesgo se atomice. Lo realmente escandaloso es que el mundo financiero acuda al Estado a que lo saque de los problemas en que ellos mismo se han metido, sin “pagar las primas” correspondientes para este seguro generoso. La actitud de poner al Estado ante la necesidad de acudir al rescate presentando un crisis sistémica prefabricada, es una muestra de las limitaciones del liberalismo. Por la misma razón que es posible comprender la malicia de estos financieros, es necesario comprender la incapacidad previsora de la gente. Antes lo dos problemas, sólo el Estado es capaz de ofrecer soluciones anticipatorias, siempre que no se deje manipular por los interesados de una y otra parte (patronales y sindicatos). En definitiva, Axel tiene una visión sesgada del conflicto de valores y debería hacer una relectura de Berlin para comprender que su restringida visión del valor “libertad” no puede monopolizar el espacio axiológico.

Es absurdo enredarse en una lucha de quién roba más a quién. Es más productivo un acuerdo racional entre partes en el que se reconozca que el mercado de trabajo es un eficaz sistema de fijar el precio del trabajo, pero que el Estado es un eficaz sistema de completar el sueldo con servicios que la naturaleza del mercado, que convierte al ser humano en mercancía, no puede prestar sin crear graves desigualdades en cuestiones fundamentales como la salud o la educación.

El uso que hace Axel de la libertad es parcial, pues se refiere solamente a la libertad de enriquecerse y hacer uso libre de esa libertad, pero eludiendo la libertad de moderar las reglas que lo hacen posible en grado pernicioso. Un tipo de libertad que también lleva a considerar razonable la libertad de llevar armas y la del lujo aunque haya partes de la sociedad pasando dificultades de nutrición, por ejemplo. Por eso en mi opinión la mejor solución es crear unas reglas de creación de beneficios por la acción libre que limiten el enriquecimiento irracional. En el caso de los accionistas dejando que los gestores fijen la cuota de beneficio, dejando el resto para inversiones en reposiciones, investigación o respeto medioambiental. En el caso de los gestores estableciendo que sus sueldos los fijen los accionistas. De esta forma se neutralizarían unos a otros fijando precios a su trabajo o a sus riesgos más razonables.

Dice Axel, que “Otra famosa trampa conceptual que se deduce de la reflexión anterior es la de la «segregación». No es cierto el común argumento de quienes quieren estatizar la educación, a saber: que un sistema escolar basado en la libertad de elegir de los padres segregue en el sentido propio del término; lo que hace es segmentar de acuerdo a preferencias y demanda

Axel cree que usando un eufemismo (segmentar) resuelve la cuestión de fondo. No, a pesar del cuidado que pone Axel en aclarar que defiende la igualdad jurídica, no se le debe escapar que será escasa la dignidad de una enseñanza precaria que mantenga a los pobres en trabajos mal remunerados sin permeabilidad social.

Por otra parte, nos recuerda que estos colegios se reservan el derecho de admitirte no vaya a ser que a un pobre le toque la lotería. Incluso admite que siendo la financiación del colegio privado parcial (porque el Estado les subvenciona) se mantenga el derecho a la segregación (perdón, segmentación). No tengo inconveniente en que haya colegios de la Cienciología con niños y niñas por separado o, incluso, de astrólogos, creacionistas y negacionistas de las vacunas y el calentamiento global, pero Axel ¿Vamos bien por ahí?

Axel sale pronto del bucle proponiendo el vale para pobres que les permitiría ir a colegios de ricos, si no se aplica el derecho de admisión, claro. Tanta confianza tiene en lo privado que sugiere las escuelas privadas para pobres, impulsadas por profesores en paro, supongo en naves con goteras. Para ello se va a ejemplos de la India donde dice que los profesores del Estado llegan borrachos a clase. ¡Vaya nivel!

Axel: “Además, en la práctica lo que ocurre con estos esquemas de redistribución es que unos, los que pagan, son responsables por todos los demás que no pagan, lo cual es tremendamente injusto. (He aquí la verdadera injusticia social: que el rico pague servicios al pobre porque se traspasa la responsabilidad de los pobres a los ricos)

Tantos teóricos negando la “justicia social” y ahora resulta que reaparece chapada en oro como maltrato del pobre al rico. Y eso cuando el 80 % de los impuestos los paga la clase media. Esto es muy raro.

Cita a Meltzer que dice: “Los impuestos son distorsionadores y la redistribución no es pagada en la forma más preferida por los receptores por lo que hay desincentivos y cargas excesivas —y agrega—: Las personas de más altos ingresos pagan más de lo que reciben y las personas de bajos ingresos y no trabajadores son receptores netos».

El argumento en este caso es la falta de respeto al derecho a la propiedad. Quizá, la forma de resolver esto es que no se pueda llegara a contar con esa propiedad. Es decir, en vez de que el rico considere que los impuestos son un robo porque afectan a lo que ya considera propiedad, sería mejor que no llegue a contar con ese dinero, porque se reducen las cuotas destinadas a beneficios aumentando las destinadas a inversiones y reduciendo los sueldos de los gestores. Así los impuestos irían principalmente sobre las empresas. Axel considera a los impuestos una fuente de ineficiencia, pero hace alusión al lujo como sumidero por el que se va la riqueza sin más provecho que el hedonismo. Además contraataca considerando que el Estado, intimidado por la democracia (otra fuente de desigualdad, por lo visto) genera desigualdad. La democracia sirve si no es captada por grupos de interés que disponen de los impuestos para su beneficio. Se debe referir al rescate de la banca en la crisis de 2008. Pone el ejemplo de Brasil donde el sistema judicial acoge a los que pleitean para que el Estado los provea de tratamientos caros, lo que suelen hacer lo que previamente tienen riqueza para pagarse abogados. Es una paradoja que los liberales se quejan de que los ricos usen la democracia para su beneficio. Es decir se usan los defectos del Estado para eliminarlo y desguarnecer a los que de abajo, que sin la protección del Estado sólo serían mercancía en la maquinaría productiva. Pone el ejemplo de Estados Unidos como Estado hipertrofiado al que acuden los oportunistas a beneficiarse de su enormes presupuestos. Un país donde no hay seguridad social para el pobre y donde el rico paga menos impuestos que sus empleados. Estados Unidos, considerado el epítome del liberalismo, resulta que pro domo sua es usado por Axel para criticar al Estado. Francamente, es preferible mantener a raya la corrupción con un sistema judicial efectivo que eliminar el Estado.

“Axel: “… las ideologías pueden llevar a una comprensión totalmente equivocada acerca de cómo funciona la estructura que subyace a una economía.”

Completamente de acuerdo. Incluida la ideología socialista y liberal.

Axel: “Si el socialismo fracasó es porque era una utopía que no se ajustaba a cómo funcionamos los seres humanos.”

Completamente de acuerdo.

“… una sociedad podría estar absolutamente en la miseria, tener alta mortalidad infantil, bajas expectativas de vida, carecer de agua potable, electricidad, internet, servicios sanitarios, salud, educación y alimentación básica para su población y tener un excelente índice Gini.”

Claro, y un coche encendido pero en punto muerto consume infinita gasolina por kilómetro recorrido.

Axel: “una persona que gana cien millones de dólares al año, en realidad, no vive mucho mejor, en términos absolutos, que una que gana cincuenta mil dólares al año. También el millonario sólo puede usar un automóvil al mismo tiempo, comerse un plato de comida y vivir en una casa. Claro, él tendrá un Ferrari y el otro tendrá un Mazda, uno una mansión y el otro un apartamento más modesto, y suma y sigue.”

Y me parece muy bien. No echo de menos ni el Ferrari, ni el Rolex, ni la residencia con vistas a Central Park… Pero sí echo de menos inteligencia en los líderes económicos y políticos para no desviarse de los fines.

Axel: “… el verdadero problema es la pobreza y no la desigualdad.”

Pues claro…

Axel: “… es el desarrollo lo que permite ir subiendo impuestos y no el alza de impuestos lo que permite el desarrollo.”

Pues claro…

“… los impuestos, como lo demostraba North, sacan recursos del sector productivo para transferirlos esencialmente a los no productivos, es decir, en general son destrucción de riqueza porque son consumo.”

Pues claro, consumo necesario… Necesidad que debemos discutir en democracia ¿o no? ¿Llamamos a un espadón siguiendo el consejo del, por otra parte, admirable Hayek?

“Para que haya crecimiento económico, continúa Barro, lo fundamental es que exista un sólido Estado de derecho que proteja los derechos de propiedad, un consumo del Gobierno más bajo e inflación baja.”

Pues estos días todo el mundo tiene nostalgia de la inflación.

“Estados Unidos, por ejemplo, es el quinto país que más gasta por estudiante en la OCDE y sus resultados en la prueba PISA están por debajo del promedio.”

Es que tienen a lo chicos rezando, izando banderas y estudiando el génesis contra Darwin. No me extraña.

Axel: “No existe ningún estudio serio en el mundo que sostenga que subir los impuestos conduce a una reducción de la criminalidad.”

Tampoco que se conoce estudio en el que se relacionen los impuestos con la diabetes.

Axel “… es simplemente arbitrario sostener una relación positiva entre altos impuestos y mayor paz social sin considerar los millones de factores que intervienen en la conducta criminal”

Vaya Axel, si te entiendo bien ¿la inquietud social es cosa de criminales? Te concedo la duda de que con “paz social” quires decir lo que aquí entendemos por “seguridad ciudadana”.

Axel: “Ésa es, como notó el escritor y ex-comunista francés Jean-François Revel, una diferencia esencial entre el liberalismo como filosofía y el socialismo como ideología: el primero acepta la realidad y propone soluciones a partir de lo que ella permite, mientras que el segundo desconoce la realidad en una búsqueda por resolver «todos los problemas» y crear un mundo perfecto que se ajuste a sus ideales de justicia.

Completamente de acuerdo, pero ¡ojo! que desviarse de la realidad es muy fácil. De hecho es la especialidad de este ser de ficciones que es el ser humano. El liberalismo en sus pureza mecánica puede liarse bastante. Como dice Ana Belén “lía con tus besos la parte de mis sesos que manda en mi corazón“. Axel el liberalismo debe tener cuidado con los seso, el corazón y los líos.

Axel: “La desigualdad para Erhard era irrelevante: «Cuántos millonarios haya en el país no me parece ni relevante ni una medida de la conciencia social si en el mismo país más personas consiguen mayor bienestar y seguridad social (CIERTO). Seguridad social que para el excanciller dependía de los ingresos que la persona y su familia obtenía en el mercado (FALSO)… En su visión, «no existe asistencia del Estado que no implique una privación del pueblo (MIOPÍA)… En su clásica obra Bienestar para todos, Erhard explicó que cada persona «debe tener la libertad de consumir y organizar su vida según las posibilidades financieras, los deseos e ideas que tenga (LIBERTAD CONDICIONAL)… Democracia y economía libre se corresponden lógicamente tanto como dictadura y economía estatal… «Las cualidades que la clase media debe erigir como valores son: la responsabilidad personal por el propio destino, la independencia de la propia existencia, el coraje de vivir del propio desempeño y el querer afirmarse en una sociedad y un mundo libre» (CIERTO)… «me quiero validar con mi propio esfuerzo, quiero llevar el riesgo de la vida yo mismo y ser responsable de mi propio destino» (EN UTOPÍA). Según Erhard «el llamamiento no puede ser: tú, Estado, ven en mi asistencia, cuídame y ayúdame […] el llamamiento debe ser al revés: tú Estado no te metas en mis asuntos sino que dame tanta libertad y déjame tanto del producto de mi trabajo como para que yo pueda determinar mi destino y el de mi familia» (TENDENCIOSO).

Axel: “Y es que la deuda de Alemania supera en cuatro veces su PIB igual que en Suecia e Inglaterra, mientras en Francia supera cinco veces el PIB”

¿Esos datos de dónde salen? Yo consulto las tablas que hay en Internet y las cifras en % de la deuda sobre el PIB que he encontrado son estas muy alejadas de los valores escandalosos que das, ¿incluyes la deuda privada de empresas y familias?:

PaísTrading
economics
2018
Expansión
2018
OCDE
2015
Alemania60,960,979
Suecia38,838,862
Inglaterra84,786,8109
Francia 98,498,4121
USA106,1106,2137

Axel: “Kotlikoff dice que hay una verdadera «guerra de generaciones» en que la generación actual, para recibir todo tipo de beneficios del Gobierno, está destruyendo el futuro de sus hijos y nietos que deberán pagar deudas astronómicas llevando a un deterioro considerable en su calidad de vida

Esta sí es una cuestión preocupante, pero no parece que alcance los valores dramáticos que anuncias. En todo caso, sí creo que los países no deben gastarse mucho más de lo que generan una vez que se han alcanzado cotas de bienestar razonables. Por eso me resultó tan escandaloso el modo en que el mercado, precisamente el mercado, ofreciera hipotecas a insolventes en la primera década de siglo XXI. ¿Cabe mayor irresponsabilidad? Y eso sí, El Estado mirando complaciente…

Axel: “Pues es mucho más fácil, cuando falta dinero, endeudar a los países para seguir financiando la fiesta de derechos que cortar beneficios o seguir subiendo todavía más los impuestos”

Eso ocurre porque los políticos no se atreven a decir la verdad de las posibilidades de gasto en cada generación. En mi país los liberal-conservadores prendieron la mecha de la burbuja liberando suelo y abaratando la energía y los socialistas siguieron la juerga. Tal para cual.

Axel: “los países que mantienen barreras al libre comercio debieran eliminarlas completamente.”

Esto debería leerlo Donald Trump. Es más fácil que un liberal se vuelva proteccionista que un camello pase por el ojo de una aguja. Bueno la frase era otra, pero es que Cristo no se puso de acuerdo con Calvino..

Axel: “La llamada «centroderecha» debiera decir «toda la eficiencia posible dentro de lo que permite una sociedad de personas libres y dignas».”

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“Se trata de potenciar al individuo frente al poder de la autoridad para que pueda resistirlo y no hacer del poder que tiene la autoridad lo más eficiente posible. Desde tiempos inmemoriales el programa del liberalismo clásico ha sido precisamente la limitación del poder del gobernante sobre los gobernados. Por eso combatió con tanta determinación el absolutismo y luego el socialismo en todas sus versiones.”

Y es de agradecer, pero, quizá puso menos empeño en luchar contra el fascismo trasnochado ante el caramelo de aplicar sus teorías en un país, primero maniatado y, después, martirizado.

Urge, por lo mismo, una clase política sin complejos y dispuesta a asumir el desafío de proponer un proyecto realmente distinto al de la izquierda. Para ello será necesario dar una batalla sin cuartel en el ámbito de las ideas y la cultura de manera que sean las ideas liberales las que constituyan la hegemonía. Eso requerirá, a su vez, de personas comprometidas con el valor de la libertad: empresarios, profesionales, académicos, periodistas y muchos otros.”

Pues muy bien… la cultura es muy buen campo de batalla. ¡Que gane el mejor!, pero los liberales deberían dejar de combatir contra cadáveres (ya saben, espectros que recorren el mundo). Es una pérdida de tiempo. No se preocupen, los Monederos del mundo no gobernarán… y, si lo hicieran me llamas al combate, Axel… al de las ideas.

(IV) La tiranía de la igualdad. Axel Kaiser. Reseña (27)

… Viene de (III)

Dice Axel: “Según lo que propone la izquierda si usted quiere estar del lado de la libertad debe ser socialista, pues la libertad sólo se consigue con igualdad de condiciones materiales para todos…”

Conozco a pocos socialistas que defienda esto. En mi país la gran mayoría de las personas pertenecen a la clase media, que es el peso estabilizador de la sociedad. Y están en este tramo porque sus intereses los colocan ahí. No se envidia al que tiene más, aunque sí se está atento a la corrupción política, las ganancias inmerecidas de directivos que sin aportar ni arriesgar nada se conceden sueldos disparatados en consejos de administración que dominan con información sesgada, o con los actores de tráficos ilegítimos. Otra cosa son los propietarios que tienen derecho a conservar lo que tienen y a combatir políticamente por reducir su contribución al común. Afortunadamente, los propios jueces son clase media y están alerta al respecto. Otra cosa son los restos de ideologías sin reputación sostenidas por jóvenes despistados, que deben ser objeto de información más clara y eficiente. Aunque no ayuda el que los liberales se mezclen con los conservadores, resultando muy enérgicos para defender la libertad económica y muy débiles para defender la libertad de costumbres. En ese sentido, en mi país no hay verdaderos liberales que defiendan la libertad sólidamente. Aunque sí proliferan los voceros de una peligrosa coherencia en la aplicación del método del libre mercado sin considerar otros resultados que los de los balances de los negocios contradiciendo a Thomas Sowell.

Siguiendo con el Estado, dice Axel: “.… en el mercado el coste de las malas decisiones lo asume la persona que tomó la decisión, mientras que en el Estado lo asume el contribuyente, es decir, otras personas a las cuales el burócrata o político no responde

Esta es una visión extraña de la opinión de un ciudadano estándar, que desconfía tanto de la codicia, como del funcionario o el político. No hay más que ver las encuestas de opinión en las que la la preocupación por corrupción está siempre en el podio. Además eso de que en el mercado el coste de las malas decisiones las asume la persona que las tomó es difícil de sostener salvo que se esté pensando de nuevo en el panadero. Donde una economía se juega su supervivencia las malas decisiones en el peor de los casos se resuelven con una salida suave y un retiro millonario. En las grandes corporaciones se tomas decisiones aventureras (Enron, Volkswagen, Caja Madrid, Parmalat, Standard and Poor’s…) con la misma desvergüenza que un ministro de economía como De Guindos de endeuda a un país sin mover una ceja. Los dioses nos libren de ejecutivos engominados, ministros engolados, políticos trasnochados (comunistas de chalet y monedero) y liberales fundamentalistas. Se necesita pasar a una lógica distinta.

Ya he argumentado que el poder de coacción del estado es para todos: tanto para los agentes propietarios de medios de producción, como para sus empleados. Se podría deducir de las palabras de Axel que propone eliminar el Estado, pero no creo que sea así. Pero sí reducirlo al tamaño justo para que emplee su capacidad de coacción sólo para defender a los propietarios y eso no es correcto, como no lo sería un estado hipertrofiado que expropiara los medios de producción privados y usara su poder de coacción a favor exclusivamente de los trabajadores. Ambas fórmulas ya las hemos probado y sabemos sus consecuencias: la violencia feroz. Así pasaríamos del Estado de Naturaleza de Hobbes al Estado de Civilización Parcial. Ambos letales.

Axel no ha terminado con el Estado y prosigue: “La reflexión anterior es fundamental para entender por qué el Estado, por regla general, funciona tan mal si se compara con los particulares.

No hay evidencia empírica de que el Estado funcione mal comparado con los particulares, salvo que se refiera a cómo se ve infiltrado por topos del capital para eliminar controles. En España fue ejemplar la “negligencia” del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores antes y durante la crisis, ignorando todos los indicadores de que la acumulación de deuda privada provocaría una explosiva deuda pública. Un episodio relevante, protagonizado precisamente por un gobierno socialista, fue el de tratar de mejorar los balances de los bancos transfiriendo tramposamente los depósitos de particulares a los bancos mediantes unos bonos llamados “preferentes” que se hicieron comprar a ciudadanos ignorantes de la patraña. Los jueces han medio resuelto el asunto, pero el agujero de la entidad privada más “afectada” por toda esta negligencia oficial y particular de un mercado financiero completamente demente a la caza de la comisión por hipotecas suscritas con insolventes, ha sido de 23.000 millones de euros, cubiertos por el estado finalmente. Tampoco son pocas las empresa incumplidoras en plazos y calidad. Aseguradoras más pendientes de pillar al asegurado tramposo que asistir al asegurado cumplidor con argumentos del tipo “esa enfermedad ya la tenía usted” o “la culpa de la corrosión de una lavadora es del usuario que utiliza agua“. Las bondades de las empresas privada son grandes, pero sus fallos clamoroso también. La sanidad pública española es asombrosamente buena, su sistema de transplantes de órganos ejemplar y todo ello a un costo inferior a de los experimentos privados llevados a cabo por determinadas empresas. En las clínicas privadas no hay colas, pero si el problema es grave se deriva a una entidad pública. Es decir, sin fanatismos de un lado ni de otro. El estado puede ser muy eficaz si no se ve contaminado por topos ambiciosos. Los escándalos más graves de corrupción pública han sido protagonizados por las administraciones liberales o, en todo caso, empatan con las administraciones socialistas. Es decir hay que estar alerta en “lo público” y “lo privado”, Axel. La naturaleza humana es así.

Observa Axel que: “… al igualitarista lo que le importa en primer lugar no es que todos tengan mejor salud o educación, sino que todos tengan la misma. Es por eso que deben eliminar el mercado de la educación, pues si lo toleran —aun habiendo una mejora para todos, como muestra por lo demás la evidencia— no se cumple el estándar igualitario que buscan.

Axel, los igualitaristas de ese tipo son ya marginales. El mercado de la educación está bien si genera colegios donde la enseñanza es de alta calidad, pero siempre que tengan acceso a ellos todos los pobres que demuestren su talento en niveles previos, si no, bajo la capa de la libertad lo que habría en la creación de bucles endogámicos desde los que sólo los hijos de ricos se proyectarían hacia los puestos directivos más golosos con méritos o no. Si el liberalismo es sincero debes apoyar la máxima permeabilidad social para que todos ganemos con la gestión de los mejores. No todo es una cuestión de dinero. De esta forma se combinan de forma potente el anhelo de libertad (mande usted a su hijo al colegio caro, pero admita la competencia de un nacido en un hogar pobre que pueda tener más talento que su hijo). El ejemplo de Felicity Huffman es un ejemplo de la patología paterna. Si no, es lógico que los pobres usen su armas en el “mercado político” tratando de conseguir, a través del Estado, docencia de calidad gratuita. Si quieres preserva el mercado del colegio se debe combinar la libertad negativa de crearlo con la positiva de darle oportunidad a los estudiantes más esforzados e inteligentes, provengan del estrato social que provengan. Con mayor razón las universidades no pueden quedar sólo para que los “hijos de papá” de talento medio hagan orgías en las universidades privadas más caras. En concreto, qué sentido tiene que el único talento que pueda expresarse sea el de los nacidos en un hogar acomodado. Por qué perderse un talento nacido en un hogar al que le estén vedadas las mejores universidades. Por eso se debe dar la oportunidad de progreso a los talentos atados a la pobreza. Si no lo hace el mercado, Axel, lo hará el Estado. Yo prefiero la fórmula mixta de más abajo. Lo contrario es creer, más que creer, desear el privilegio no justificado. Con esta fórmula, hay mercado y hay optimización del talento. Por cierto que, en España al menos, los colegios privados no se limitan a soportar el peso de su aventura y piden ser “concertados”, es decir, piden subvenciones. Creo que la caricatura del igualitarista se compensa con la del diferencialista, que acabo de inventarme. Estos serían aquellos que no aceptan, no ya la igualdad, sino ni siquiera las semejanzas.

Aceptado sin reservas que el sistema de libre mercado es el apropiado, nada impide verificar que si es dejado a su arbitrio produce lo que yo no llamaría desigualdades – lo que parece conducirnos a una discusión antigua – sino acumulaciones patológicas de renta y riqueza en pocas manos con resultados poco funcionales. ¿Para qué quiere el liberalismo inútiles como titulares de fortunas mareantes? Una perspectiva ésta que parece cercenar la libertad del individuo, cuando lo único que pretende es equilibrar los intereses de éste con los de las especie, lo que no parece descabellado cuando comprobamos que ninguna iniciativa particular, incluso destellos de genio o ingenio, puede llevarse a la práctica sin la contribución de todos, unos para producir y otros para consumir lo producido.

De nada le sirve al pobre el argumento de que está mejor que Luis XIV porque tiene un móvil, si se va a morir existiendo una medicina que lo impediría pero que no está a su alcance. Es una mutualización de la desgracia que no debe chocar a quien cree en los seguros. Seguros a los que la información genética va a llevar a rechazar a potenciales enfermos y obligando a que los afectados busquen soluciones por su cuenta.

La desigualdad, pues, a mi no me molesta. Pero obliga a la existencia de los impuestos para cubrir necesidades de salud, educación y asistencia en la incapacidad (que por nadie pase). Otra cosa muy diferente es el gasto público no justificado y, no digamos, la corrupción. Pero pretender reducir el gasto público actual de un 40 % del PIB a un 20 % creo que sería un desastre humanitario, pues no dejarían de hacerse infraestructuras de transporte, pongamos por caso, para que la vida comercial del país se mantuviese. Por otra parte, el gasto público no se pierde por un agujero, pues el estado no tiene ni empresas constructoras de carreteras y puertos, hospitales o universidades. La mayoría de las personas que trabajan para él no son funcionarios y cada vez habrá menos. Por otra parte, las grandes partidas del estado moderno son las que hacen salivar a los grandes grupos financieros y son las pensiones y la sanidad. Privatizar estas partidas es olvidar que el ser humano se adapta a su situación financiera y que raramente de joven se hacen previsiones para la vejez, por ejemplo. Si se hiciera no tardaríamos en tener millones de ancianos postrados por las calles. Añadamos que las generaciones actuales no podrán contar con una casa con la que ni siquiera gestionar una hipoteca inversa.

Además, incluso utilizando vales estatales para servirse de empresas asistenciales privadas, se puede evitar gravar con impuestos para financiarlos. Un sistema que veo interesante, por otra parte. Un reciente vídeo grabado en Estados Unidos mostraba en las televisiones a una anciana bajada de un taxi con la bata sanitaria en la puerta de un hospital proveniente de una clínica privada que había advertido que no tenía fondos para pagar las facturas. No me parece mal que la clínicas privadas no se hagan cargo de quien no puede pagar, pero me parece muy mal que sus gestores se opongan a un sistema sanitario público de calidad, porque eso grave sus beneficios empresariales. Aquí se pone de manifiesto la fibra de la que pueden estar hechos algunos defensores de la libertad. Este es claramente un reproche moral, pero ¿quién ha dicho que el ser humano no sea un ser moral? Lo curioso de la situación es que el mismo que defiende la aplicación salvaje (no es el caso de Axel) del sistema, cambiaría de posición en cuanto le fuera mal a él.

Es habitual decir que al pobre no hay que ayudarle con dinero, sino con oportunidades. Por la misma razón al rico no habría que premiar con dinero, sino con vida digna. Demasiada ingenuidad. Del mismo modo que es patológico querer cercenar el talento de alguien que lo posee para igualarlo con el que no lo tiene, es patológico llevar la máximo posible la ganancia por el uso de una habilidad económica sin tener en cuenta que 1) casi ninguna empresa moderna con éxito puede ser emprendida sin financiación ajena, que proviene del ahorro de otros y 2) que nada complejo (y hoy todo es complejo) puede ser emprendido sin el concurso de otros. Es decir, la discusión por la desigualdad debe ser sustituida por la discusión global, al nivel social, del uso de la riqueza generada. Cuando se habla de riqueza, parece que se hablara de joyas y yates. La razón es que la hipertrofiada acumulación de recursos en pocas manos genera una industria del lujo que confunde muchas mentes. Mi opinión no firme es que los recursos que exceden de determinado umbrales deberían ser reconducidos o las empresas para la investigación o al estado para cubrir necesidades sociales no cubiertas por el mercado, pero no como falla de éste (argumento de Krause), sino como falla de la especie, que prefiere el sufrimiento ajeno antes que violar el “proceso” de acumulación. Este argumento del proceso, utilizado para oponerlo al de los “resultados”, invita a cambiar el proceso en mi opinión. Como el experimento comunista fue un fracaso manifiesto y criminal, se pueden explorar otros. Pero a mi me parece más razonable en el ínterin simplemente aplicar una fiscalidad proporcionada.

“… el Estado no puede imponernos por la fuerza la conducta solidaria.”

Supongo que el rechazo a la conducta solidaria se refiere tanto a cuidar de los individuos, como hacerlo con las empresas. En la última crisis el estado español pidió un rescate de hasta 70.000 millones de euros para tapar agujeros de la banca. Dinero del que se proclamó que sería devuelto íntegramente y que ahora hemos sabido que sólo se recuperarán unos 3.000 millones. En Estados Unidos, patria del liberalismo económico, tras dejar caer al banco Lehman Brothers se insufló hasta 700.000 millones de dólares para que no cayera ni un banco más, recuérdese el famoso bazooka del secretario del tesoro Paulson. En España se creó un “banco malo” (público naturalmente) para que se quedara con los activos tóxicos de los bancos supuestamente buenos. En fín, que el Estado es reclamado por tirios y troyanos. Estos días todo el Levante español está inundado y es el Estado el que está resolviendo los problemas de la gente. Hay mucha ingenuidad en esa frase que recuerda la de aquella musulmana francesa llamada Kenza Drider que declaraba: “Llevar el burka es mi libertad”. Es un tipo de frase en la que el que la profiere niega en la segunda parte de la frase lo que afirma en la primera. La conducta solidaria no es nunca una imposición y el burka nunca proporciona la libertad. Pero creo que, en realidad, lo que quiere decir esta frase es que los ricos piensan que “serán solidarios si les da la real gana”. Si no, ya está thebillionaireshop.com para gastar nuestro dinero.

¿Por qué el estado nos obliga a ser solidarios con los bancos y no puede serlo con los individuos? Pues porque hay acciones cuya activación no se pregunta, sino que se actúa conforme a la responsabilidad adquirida ¿Nos libramos de las dos coacciones o modulamos las crisis con el Estado su información y sus recursos? ¿Qué es más racional? ¿Guiarnos sólo por el impulso individual o usar la potencia de la acción concertada de la que, por cierto, tan buen ejemplo es la empresa? ¿Dejamos caer a los bancos y a las personas o jugamos ese juego al que nos impele la realidad entre el universal y el particular? ¿Por qué acudimos al auxilio del suicida? ¿Por qué se le da una segunda oportunidad a un empresario fracasado borrando los antecedentes de sus deudas? Porque unidos somos más fuertes. Creo que lo racional es usar la fuerza de la iniciativa particular y la de la acción concertada sin hipertrofiar fanaticamente una de las dos. Un estado mínimo (limitado a la defensa de la propiedad) está más cerca de llevarnos al planeta de los simios que a la prosperidad general (un día te contaré cómo surgió el poder de los simios para someter a los humanos). El Estado debe proteger la propiedad y la gente, faltaría más, pero eso es compatible con determinadas acciones comúnmente aceptadas como son los impuestos sin salir del Rule of Law. Postura compatible con el rechazo a toda corrupción e ineficiencia estatal y con el rechazo a las ineficiencias de grandes empresas monopolísticas y el rechazo, este moral sí, guste o no, a la exhibición obscena del lujo que la tecnología moderna hace posible.

Lo de que no se ocurre al estado obligar a ser fiel a la novia tiene gracia. Sin embargo, prohibimos ir desnudo por la calle porque nuestra cultura lo encuentra inadecuado. También en algunos países se prohíbe ir vestido en exceso (el burka). La sociedad no existirá (como decía Margaret Thatcher), pero hay que ver lo que se nota su presencia. Es como un elefante en medio de la plaza. El liberalismo debe enfocar bien su mirada para huir de su pretensión de que funcionemos como una máquina perfecta con el sonido suave de un BMW con un tubo escape por el que se lanzan seres humanos.

Es cierto que la compasión existe, pues si no el soldado no iría, con riesgo para su vida, a recoger al compañero herido en medio del tiroteo. Es cierto, también, que ese es un hecho espontáneo, que “no está impuesto por el estado”. Pero es así por que reaccionamos al dolor en nuestras inmediaciones, pero somos más secos ante desgracias lejanas aunque sean masivas y esa es la posición “moral” del liberalismo. Siendo así, es lógico que encarguemos esa solidaridad al Estado del mismo modo que le encargamos la defensa nacional. No se nos ocurriría, en una sociedad moderna, esperar a que la gente se inmolara espontáneamente sin recursos bélicos ni adiestramiento proporcionales a los del agresor. Sería una matanza inútil. ¿Por qué ante una agresión esperamos la acción de la policía, pero ante la pobreza no esperamos la acción del Estado? ¿Para que Townsend crea que tenía razón?

Dice Axel: “…ninguna persona, precisamente por ser libre —es decir, por ser considerada igual en materia moral y tener igual derecho que los demás a desarrollar su plan de vida como le parezca—, puede ser forzada, contra su voluntad, a satisfacer intereses o necesidades de otro.

No entiendo, Axel, por qué insistes tanto en la idea de obligación y violación de la libertad de los individuos cuando el Estado socorre a alguien. Cuando el Estado interviene no está obligando a nadie a ser compasivo. Es forzar en exceso la condición de detentador del monopolio de la violencia por parte del estado. ¿No será mejor esas cuidadosas intervenciones que la grosería revolucionaria o fascista? Sería como quejarse de la intervención de los bomberos para salvar vidas en un incendio urbano o bosques en un incendio rural o, poniéndonos frívolos, para salvar un perro atrapado. ¿Por qué ser “obligado” a cuidar de otros o a cuidad bosques que no son míos?. Ya daré dinero voluntariamente para esos fines en el “cepillo” de los bomberos. Otra cosa es que moleste pagar impuestos en general, y para determinados fines en particular. Pero para fijar esos fines, está la deliberación social en la política. Creo que ese Estado en el que piensas no es viable. Me extraña esta postura, precisamente, cuando el liberalismo económico está convirtiéndose en la cultura general de las sociedades modernas. Ese socialismo contra el que combates está moribundo en el suelo, que por cierto es una buena metáfora del enrasamiento igualitario. Nadie persigue la igualdad plena, pues hasta en las capas más bajas económicamente hay estratos. Siempre habrá norte y sur en un trozo de imán. La igualdad no es un fin, sino un método para mantener la tensión entre dos polos igualmente nocivos: el egoísmo absoluto y el altruismo imposible que, de darse, generan violencia y parasitismo. La solidaridad a través del Estado no es violencia, sino la forma en que suplimos la falta de empatía para los problemas que están fuera de zona de reacción moral de cada individuo. Cuando los seres humanos están próximos la ayuda voluntaria es más probable por la empatía que emana en esa proximidad; cuando están lejos sólo la acción del Estado puede evitar la tragedia. La acción del Estado no debe ser para igualar, sino para remediar. Manténgase el disfrute de lo ganado aunque sea excesivo para preservar el espacio para el “aún más” por encima de las cabezas de esos seres tan especiales que tiran del cuerpo social y, a menudo tierna su vida por falta de límites; pero no se estorbe la acción solidaria y menos transformándola sólo con palabras en un acto de violencia sobre el propietario. Ideas que, por cierto, el mismo Axel considera bien apoyadas por la autoridad de Kant, Smith, Hayek o Friedman.

Dice, Axel: “A la izquierda, en general, la anima una idea hobbesiana de libertad, esto es, que el hombre es un lobo para el hombre y, por tanto, necesita un Leviatán, un Estado todopoderoso que lo discipline y ordene de modo que no se coma al vecino.”

Pues creo que es justamente al contrario, Según Sowell la visión de los liberales y conservadores es trágica: la naturaleza humana no se puede reformar. Así lo afirma Pinker cuando destroza, armado de la biología evolutiva, la pretensión de la izquierda de cambiar el mundo sin atender a la naturaleza humana. La izquierda que hipertrofia el Estado no es para que vigile el mal comportamiento de los individuos, sino que, por su fe en la capacidad transformadora de la educación, requiere de recursos para la formación de todos. Es la derecha, la que, por su visión trágica del ser humano, considera que basta con que los mejores, surgidos de la lucha despiadada, se ocupen de los asuntos para que todo vaya bien. ¡Menuda tergiversación de las cosas, Axel! Y no es que me fie de que, una vez con el poder, determinada izquierda no quiera un estado totalitario. Sufren del mismo mal de altura que aquellos de derechas que consideran que, puesto que el hombre no tiene remedio, lo disciplinaremos con la bota militar.

Incluso en los países liberales “de nacimiento”, los estados tienen servicios sociales “a la fuerza”, según tu tesis. La razón la sitúo en que se considera que curar a la gente enferma o asistir a los imposibilitados no es crear riqueza, sino tirar el dinero. La caridad personal no da para cubrir ese deber de humanidad. Aunque siempre se puede sustituir “curar” por “reparar” y ya habríamos escamoteado el deber de asistencia a personas para situarnos ante objetos. El orgullo de “apoyarse en sí mismo” no puede llegar al extremo de morir en una esquina despreciado como un “fracasado”. No se puede, tampoco se debe, esperar a que la copa superior rebose hasta llegar a las copas inferiores en cascada si una sociedad tiene los recursos para evitarlo y su gente está distraída en sostenerse a sí misma.

Por lo demás completamente de acuerdo en que el estado no sobrepase los límites de lo que podemos llamar su ámbito propio. Obviamente la nocividad, o no, de una actividad, debe establecerse en las leyes, pues la iniciativa privada ya se ve que puede quemar el bosque del mundo (el Amazonas) sin pestañear. Leyes que deben ser resultado de deliberación política tan dura como sea necesaria hasta llegar al consenso social. En cuanto a la organización de asociaciones privadas, tantas como surjan. Si son realmente eficaces, será fácil que el estado se desprenda del deber de financiar la caridad. Pero es más fácil que surjan asociaciones “del rifle” o de encapuchados incendiarios decepcionados con la benevolencia de los jueces, que asociaciones benefactoras. Aunque no niego que surjan, en España han sido ejemplares las que se han dedicado con voluntarios a recoger comida para paliar los efectos de la crisis de 2008. En la patria del liberalismo que aquí se propugna, lo que surgieron son clubes privados en los que no se admitían mujeres y en mi patria a sociedades gastronómicas igualmente misóginas. Sin embargo, comparto con Tocqueville la idea de que “un buen Gobierno ha consistido siempre en poner cada vez más a los ciudadanos en situación de prescindir de su ayuda…”, pero sin perderle la cara al toro de las necesidades. En fin, comparto la idea que si el progreso hubiera dependido exclusivamente de los estados, estaríamos estancados, pero que la solución está en una vía intermedia, cuyas proporciones aún no hemos ajustado.

Vuelve Axel con un ejemplo “hombre de paja” inapropiado y simple, pues nadie discute las bondades de que el pan lo elabore un comerciante privado, ni nadie quiere quitarle al panadero lo suyo, ni dejar de pagarle su pan. No digamos ya la idea de que el “pan existe” y sólo hay que repartírselo. Ni el derecho social va a caer más bajo, ni los argumentos de Axel más arriba. Hay que remontar el vuelo de la discusión.

La preocupación de Axel por el panadero pone de manifiesto que en el fondo la discusión por los derechos sociales no es por la libertad sino por la elusión de impuestos. Nada coarta la libertad el cobro de impuestos si no son expoliadores (20-30 % a las clases medias; 50 % a las clases altas). Ningún estado europeo impide la filantropía. Simplemente ésta se ocupa de aquellos problemas que sus promotores advierten y no son todos, por lo que el estado tiene que estar al quite. En Estados Unidos las grandes fortunas pagan impuestos bajos y, en este momento, su posición en el World Giving Index es el 4º y bajando, con la particularidad de que no aparecen entre los diez primeros en la donación de dinero, siendo el 10º en el indicador de ayuda a extranjeros y el 8º en materia de voluntariado. En cuanto a los países europeos, no ocupan un lugar destacado, porque en ellos el Estado resuelve con eficacia y, sobre todo, de forma generalizada lo relativo a la ayuda a extranjeros y la asistencia que puedan necesitar grupos de gente vulnerable. Depender de la voluntad individual, que generalmente no tiene toda la información y se puede dirigir de forma sesgada a los problemas, no parece la mejor solución para el estado de la conciencia humana en nuestros días. La crítica a la acción del Estado, acompañada del reproche de “buenismo”, tiene un fondo de preocupación por el nivel de impuestos que requiera una real asistencia a los que quedan detrás en el desarrollo económico de un país. Desgracia que, en estos países liberales, llega hasta a los que vuelven de los frentes de guerras incomprensibles dañados en su cuerpo y su mente. Quiero pensar que los liberales son sinceros cuando se resisten a esta solución y están pensando en que se frena el crecimiento de la nación por los recursos dedicados a quienes lo puedan necesitar, pero ninguna actividad frena el crecimiento, porque los servicios asistenciales como, pongamos el gasto en ocio es un componente del PIB de una nación. El ocio antaño era simplemente sentarse, ahora implica un equipamiento sofisticado y caro, que le pregunten a Nike o Asics. La diferencia estriba en que la asistencia no tiene “clientes” directos que puedan pagar los servicios y el ocio sí. En España se ha resuelto el asunto con una marca en la declaración de la renta que indica que destino del 0,7 % de tus impuestos a fines sociales. Es una cantidad notable que asciende a 500 millones de euros. Lo que sí parece una reacción liberal ante la expansión de los derechos sociales es la fórmula de estimular la demanda mediante cheques que se emplearían en los mismos servicios, pero prestados por la iniciativa privada.

Sigue en … (V)