Olivia, dear granddaughter

You will know that everyone recognizes the olive branch as a symbol of peace that a dove carries in the beak around the world looking for where to rest. The pigeon has been flying for centuries without rest because it has not yet achieved a day with universal peace. Like the light of the Little Lampposts of the Little Prince (you will read), they turn on and off without ceasing around the world. Your birth today with millions of other children is again reason for hope.

You are born at Christmas, which, for us, is the time to celebrate peace. You have a lifetime to choose your destiny. It will depend on you to choose. But, in addition, everyone around you will make it possible with our dedication and love. Your father Moses, who does not fear the waters, your mother Valentina, who fears nothing; Your grandfathers María José and Francisco Javier, who guarantee you love and poetry; Your grandparents Asuncion and Antonio, who guarantee you love and heaviness; Your uncles Bernardo and Carlos who guarantee what you ask them.

You are a child in a time when, at last, we are learning, men and women to appreciate the great luck that what is not a male is so wonderful. You can be a painter the soccer player, actress or lawyer, poetess or waitress, architect or mason, astronaut or miner, priestess or co-worker, happy or happy. Nothing will be free. It will take effort. Also of luck, but, especially of your intelligent effort. Whatever, be for your happiness and that of people. Whatever you do, do well and do not look away when your immediate or immediate support is needed. Of charity or politics, of hope or consolation.

You’re born Olivia in the midst of a bunch of newbies who look at you in amazement and hesitation. None of us has ever had granddaughter or niece before. But do not worry that your mother reads everything and your father solves everything. Your beauty should not miss you, because your mother is beautiful and your father does not interfere. Your resolution should not surprise you, because your father is strong and your mother does not interfere. Your kindness should not surprise you, because your parents are good and your grandparents and uncles do not interfere. Your intelligence should not miss you, because … Use everything to make the world better.

You are born, little girl, so your grandparents can close the virtuous circle of life. If we were trembling parents, we are now expectant grandparents with an attentive and expert look. We will observe how you grow, how you learn, how you love us and how you will leave us when you fly high, high as the dove with your olive branch saying “goodbye, thank you grandfathers, I will do what I can.” Actually we will leave when our time is up, but you, you will stay to live, to exercise, to be a mother and then a grandmother. And that day look for this paper inside a bottle floating in the Sea of Internet (you will know), also look for some photo of us and remind us. Thus we will live in you a little more, Olivia, beloved granddaughter.

Quesos

Esta mañana como jubilado obediente he ido a hacer unos recados. El primero consistía en comprar una bandeja de quesos para homenajear a una persona muy especial. Yo pensaba ir a un supermercado y despachar el encargo escogiendo con pereza en una vitrina de bandejas ad hoc ya preparadas, no sé muy bien con qué criterio. Pero no me han dejado. Me han dado instrucciones precisas, casi coordenadas. He ido al sitio arrastrando lo piés y a pesar de ello he llegado antes de que abrieran. He esperado un poco y he entrado y me he encontrado de repente en el reino de NJVAOSACQ (Nunca Jamás Volverás A Otro Sitio A Comprar Queso). Se trata de la Lechera de Burdeos un taller quesero que se subtitula “Quesos de Autor”. Aquí se comprende el concepto de lo fractal en el conocimiento cuando se advierte, en el lugar, el grado de extensión e intensión que puede alcanzar un tema aparentemente secundario. Se escoge cualquier cosa por particular que sea y es posible construir un ciencia sobre ello. Pues en este caso el queso. Desde luego que se puede comprar queso a mi descuidada manera, pero creo que es mejor hablar con los maestros y dejarse llevar a ese universo que va de los sabores más sutiles a los más rudos.

La variedad de quesos es extraordinaria. Se debe a la combinación de todas las variables en juego que van desde el animal proveedor, (vaca, oveja, cabra, búfala, yak, camella…) y sus distintas razas o pastos a los distintos grados de nata en la leche, tiempos de curado, procesos o el uso de saborizantes como las hierbas. Añádase el papel jugado por los diferentes tipos de bacterias y mohos que entran en juego en el proceso de fabricación de un queso. De esa variedad y la necesidad de escoger bien, se deriva el aprecio por la opinión experta. Y esto es lo que he encontrado en este pequeño local en la Plaza Julian Romea de Murcia. Un coqueto espacio en el que, adivinen, se huele a queso y en el que los ojos también se inundan de formas y colores amables que van desde inmensas ruedas a humildes prismas triangulares o desde el color albero al suave crema. Una paleta de colores que armoniza con los objetos o productos más apreciados como la piel, el ante, el café o la madera. Todos productos que ayudan al confort más envolvente y atractivo.

El queso está penetrado por la nobleza original de proceder de un líquido nutricio como la leche, esa mezcla coloidal agradable que nos acompaña cotidianamente desde la infancia. Su origen en rumiantes le aporta el carácter de serenidad de estos mamíferos, tranquilos y pacientes. Su carácter universal nos lo presenta como queso entre nosotros o cheese entre los británicos por ser un producto sin suero (carere suorum) y fromage de los franceses o el formaggio de los italianos dos nombres con origen en el queso moldeado.

Sea como sea cuando el cerebro anda despistado y el paladar excitado, nada como experimentar los infinitos matices de un queso: Ligeramente ácido, Poco o nada salado, Cremoso y bastante seco, Fuerte y picante, Fuerte que evoluciona con el tiempo, Suave, puro y ligeramente salado, Pleno, sólido, con predominio suave de humo, Ligeramente picante para que evolucione en boca a mantecoso con regusto a avellana, Mantecoso, persistente y ligeramente amargo, Fuerte, Débil, Suave o Picante. Con nombres de gentilicios o no: Brie, Manchego, Camembert, Cabrales, Burgos, Cheddar, Emmental, Fontina, Gamoneu, Gruyère, Mozzarella, Mascarpone, Roncal, Roquefort, Stilton…

Tocata y fuga hacia el paladar de las variantes que el medio ambiente y el buen gusto han ido perfeccionando para un universo de sabores que satisfacen la mente en la mañana fría, en el medio día templado y la noche caliente. Un regusto de rusticidad auténtica siempre añorada por el urbanita. Todo esto le espera al que se acerque sigilosa o ruidosamente a La Lechera de Burdeos una tienda de entendidos y para entendidos tan cerca como nuestro deseo de placer.

 

 

Quizá sea en una Navidad…

En estos días de deambular espiritual, de mirada al horizonte desde las altas cumbres de euforia que a nuestras vidas amables todavía nos proporciona diciembre; en estos días en los que, todavía, puedo percibir los perfiles de las diferencias que convencionalmente nos damos para la vida práctica, horas del día, días de la semana o semanas del mes, la Navidad se me presenta como una de las convenciones más potentes, sea como solsticio de invierno o como nacimiento de un hombre que propuso a Occidente, viniendo de Oriente, un modo de actuar que violenta las tendencias de los que, a  veces, con más entusiasmo se proclaman sus seguidores.

El ser humano necesita estar organizado incluso en sus sentimientos. Por eso se programa o acepta que se programe un período en el que suspender la agresividad cotidiana y practicar la bonhomía general. Una pena, porque lo que se necesita es una buena disposición todo el año, pero algo es algo. Y ese algo lo proporciona la Navidad en nuestros lares occidentales sin duda. Es un período complejo porque ya no sólo nos predisponemos a repartir felicitaciones a izquierdas y derechas (bueno estos no, que siguen repartiéndose goyescos estacazos unos a otros e, incluso, unos a unos u otros a otros), sino que buscamos la riqueza esquiva de la lotería, nos reímos de los inocentes, hacemos prestidigitación con nuestros niños y miramos al futuro con promesas de cambio y perfección. Esta última actividad, que obviamente es mental, es muy interesante porque nos obliga a reflexionar sobre nuestros fracaso y logros, lo que puede ser muy útil si superamos la tendencias natural a mentirnos sobre unos y otros.

Se puede fracasar pero no se puede soportar la evidencia de que así ha sido. Por eso generamos complejas maniobras de distracción y retorcimiento de la realidad para que siempre haya un responsable de lo sucedido. Aceptar los propios errores es como entrar en una poza de agua helada y resistir  los pinchazos sobre la piel del incómodo sentimiento de culpa. Un higiénico sentimiento que si no lo experimentamos evolucionamos hacia un estado de insensibilidad que nos hace cada vez peores. La culpa probablemente sea una mentalización del dolor, ese estado de alteración tan molesto pero tan necesario para no incurrir en prácticas físicas o nutricias peligrosas.

La culpa es el instrumento de la ética. Si no se experimenta y se corrige no habrá injusticia que nos aflija. Pero la ética no es suficiente, porque es un patrón de conducta individual que necesita ser socializada, es decir, moralizada. La sociedad nos conforma con sus reglas morales, resultado de la propia experiencia del grupo. De la lucha entre los patrones particulares de nuestra biografía como personas y los sociales emergen los movimientos que cambian la sociedad. Esa lucha eterna alcanza hoy en día unos niveles que no dejan ver con claridad. La evolución de la ciencia y su hija la tecnología ha eliminado mucho sufrimiento, pero la inmediatez de las malas noticias de estos mismos avances proporciona un enorme sentido de culpa por el sufrimiento aún presente en forma de atroces prácticas políticas, bélicas o medioambientales.

El rápido progreso de las carencias de recursos exacerba luchas subterráneas camufladas, por lo menos hasta ahora, por la corrección política. Unas luchas que parecen trazar un futuro lleno de conflictos en el que en nombre de la felicidad local se practique la infelicidad ajena sin remordimiento alguno al primitivo grito de ¡ellos o nosotros!. Una explosión de egoísmo basada fundamentalmente en la ignorancia del asombroso proceso de socialización que nos ha traído hasta nuestra realidad pensante actual. Somos resultado de la unión estructurada permanente y, sin embargo, desde el más glamuroso anuncio publicitario al más casposo discurso político se nos hace una llamada a la individualidad rabiosa en vez de a la unión poderosa que practicaron inconscientemente nuestros antecedentes atómicos, celulares o tisulares. Y aquí es donde la Navidad que nos hemos dado tiene que cumplir su genuino papel depurador de errores y promotor de promesas.

La Navidad no puede quedarse en una mera exhibición de capacidad económica para el goce hedonista con productos genuinos para unos pocos y con productos vicarios para unos muchos. La sociedad, quizá en una Navidad de algún año, aprenda a no escuchar los sermones vacíos de los agentes paliativos de la moralina, sino al discurso abrupto de la realidad doliente y sin aspavientos tomando la decisión de dirigir el consumo de mercancías y de ideas hacia rumbos en los que no tenga cabida lo preconcebido, sino lo presente, lo ejemplar, lo que llama a la puerta con fuerza por la profundidad de su verdad. La vida es una apuesta de alto riesgo. Cuanto más quieras asegurar la propia posición más allá de un determinado umbral más desestabilizas la posición general poniendo en peligro a todos.

Por eso es tan inquietante que, precisamente esta navidad, nuestros deseos de paz se vean perturbados por las nuevas iras y los viejos rencores de nuevos y viejos líderes que no aprenden, a pesar de la importancia de sus misión ejemplar y ejemplarizante. Que la sociedad como conjunto de individuos es portadora de formas eternas de maldad y bondad es un hecho que la letra hasta ahora y la imagen en los sucesivo nos recuerdan una y otra vez hasta el punto de dar marchamo de calidad a aquellas obras que se ocupan de mostrar en seres concretos los sentimientos de siempre. Pero si solamente se toca la tecla de la emoción individual sólo podemos conseguir estimular hasta el agotamiento nuestra capacidad de sentir congoja, pero no cambiaremos nada. Es necesario complementar este ciclo eterno de las emociones personales con la espiral potencialmente mejorable del comportamiento de las instituciones. Es necesario conectar nuestras emociones con el buen o mal funcionamiento de todo aquello que hacemos juntos: el trabajo, la solidaridad organizada, las leyes, la gobernanza, la defensa del medioambiente. Las instituciones no están encerradas, como nuestras emociones, en ninguna cárcel genética. Evolucionan si las hacemos evolucionar o se estancan si hacemos prevalecer los intereses de los individuos. Si el aire, el agua o los minerales bajo los polos son comunes a defender con energía, el común por excelencia es la institución. Universidades, Ayuntamientos, ONGs, formas de gobierno u hospitales deben ser defendidos en su funcionamiento evolutivo con toda la energía que nuestra capacidad de comprender esta verdad nos proporcione.

Quizá sea en una Navidad cuando caigamos del guindo egoísta, mandemos a paseo a los neoliberales tóxicos y hagamos sentir la fuerza de unión benefactora que tanto necesitamos. Una Navidad en la que comprendamos que la seguridad de cada uno sólo la garantiza la de todos. Que el respeto a cada uno sólo llega del respeto al otro. Que la división entre egoístas y altruistas, aún si tiene un profundo y oscuro origen telúrico, puede ser salvada controlando en las instituciones la mitigación del uno y la emergencia del otro. Quizá sea en una Navidad…

Foto Arsviajandi-Asun Ayuso

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Bienvenida Olivia, querida princesa.

Una carta que te envié ayer ha confundido a algunas personas que han creído que estaba escrita después de nacer tú. Ellos no saben que ya nos inspirabas antes de nacer y que por eso se pudo escribir mientras aún estabas calentita dentro de tu madre. Pero ayer 23 de diciembre a las 16:09 (según tu padre) naciste, niña que vivirás también en el siglo XXII. Todavía estamos bajo el impacto de ver tu cara sólo diez minutos después de asomar tu cabecita entre las piernas de tu mamá (lo que sólo vió tu papá). Es asombrosa la bondad de la institución que no sabemos si existirá dentro de unos años y que llamamos ahora sanidad pública. Lucharemos para que muchos niños como tú puedan disfrutar de un nacimiento en las mejores manos curativas en vez de dejados caer sobre un trozo de plástico en la estepa perdida del exilio forzado que provoca el corazón helado de algunos hombres, como descubrirás desolada antes o después. Pero tú lo harás recubierta del amor y el respeto por tu persona del que te van a rodear tus padres y el coro de mirones que formamos todos los demás. Coro que hará las cosas más raras para que tu nos prestes una atención que podamos exhibir como de cada uno y sólo de cada uno. Oirás hablar en un extraño idioma lleno de “bu, bu, bú” y “ka, ki, kú”. Ni caso. Tu tienes que hablar bien, pero si me miras a mí un poco más, mejor.

Todos estamos embobados por la viveza con la que tus ojos nos buscaban, atenta a cada susurro, moviendo tu rostro ya perfecto aquí y allá. Mirando en azul sin pestañear a unos y otros preguntándote “¿Habré tenido suerte con mis parientes? ¿habré nacido en un buen sitio? “El mejor. respondimos todos sin abrir la boca“.  Tus orejitas bien pegadas para cortar el aire cuando te apetezca sin planear te servirán para escuchar palabras hermosas y saborearlas dándole empujones y caricias de la frente a la nuca, del parietal al occipital, de la A a la Z. Tu boquita, que sonríe incluso cerrada, hablará en siete idiomas y dirá cosas bonitas sin ofender a nadie. Tu naricita es maternal y tu aire general es galante a la espera de mutaciones futuras. Cada uno pensaba que tu sonrisa, princesa, era para él o ella. Pero tu estabas generosas y había para todos.

Sí, he dicho princesa, porque, descubrirás que ahora, afortunadamente, las princesas  son republicanas y abundan para que cada uno tenga la suya y no como antes que sólo unos tontos podía tener princesas. Ahora no, y tú eres la princesa del Futuro Joven. Reino de tus padres, los Reyes (lo que tiene sus ventajas). En ese reino habitan tus abuelos los marqueses de La Seda y El Carmen y tus tíos los condes de Turquía y Chamberí. Con los Reyes ya advertirás la suerte que has tenido cuando crezcas en palacio.

Tu carita fue lo primero que nos iluminó, pero tus manos quedaron para después que advertimos la finura de sus formas. Dedos largos de pianista, pintora y poetisa de la vida. Cada postura de tus manos, princesa, es un aleteo de mariposa que reposa después en tu manta. Ya ha nacido quien merezca tus caricias, pero mientras lo conoces deja alguna para los rostros que te han mirado por primera vez y cuyas formas guardarás sin saberlo en un rincón de tu memoria. Ríe, salta, aprende y mejora nuestras vidas. Disfruta del regalo que una mezcla de sabiduría y suerte te ha hecho haciéndote a ti como eres. No te quejes nunca cuando lo vayas abriendo poco a poco a medida que crezcas. Y cuando te sientas vencida, cuando te parezca que nada merece la pena, coge una mano, acaricia una piel, deja a la brisa rozar tu mejilla, cierra lo ojos (por precaución) y vuelve tu rostro al sol. Verás como la alegría vuelve sin necesidad de argumentos y que siempre habrá alguien a quien prestar atención que te la devolverá en forma de sentido para tu vida.

Bueno de todo esto ya hablaremos pues, como descubrirás, el marqués de La Seda, uno de tus dos abuelos, tiene mucho que contarte si no te aburres y echas a correr. Pero, si ocurre, disfrutaré viendo como corres, porque estoy seguro de que hasta huyendo de mis pesadas historietas serás elegante.

Mi querida Olivia, mi querida princesa, sé bienvenida.

 

Inmortalidad

Hacía tiempo que lo sospechaba pero ahora estoy seguro: la inmortalidad es, mientras el egoísta Peter Thiel no lo remedie con su pretensión de ser inmortal físicamente, la prolongación de nuestro recuerdo en la memoria de los que nos suceden. Gente como Albert Einstein, Cervantes o la Madre Teresa son desde ese punto de vista inmortales absolutamente. Desgraciadamente lo son también gentuza como Hitler o Stalin, pero la memoria en eso no filtra con ningún patrón moral. El resto de nosotros, sólo lo seremos si somos capaces de interesar a nuestro entorno para que nos recuerden y, si es posible, de forma agradable. Esto implica, no sólo vivir vidas completas para nosotros, sino hacerlo también para los demás.

Hay dos ejes por los que uno puede prolongar su vida como persona no física: la vida personal y la vida profesional. A la primera podemos aspirar si somo capaces de que nuestra familia y nuestros amigos sigan diciendo “X, habría dicho o hecho esto o aquello en esta ocasión” o “¿Te acuerdas cuando dijo…? ¡cómo era!” y, el remate, “Cómo lo/la echo de menos“. En el caso de la vida profesional esta prolongación de la vida viene de la mano de la celebridad restringida y, no digamos, si se dejan escritos o actuaciones, que rebotan de una memoria a otra, del libro, a Internet, del Youtube al cineforum… Es la fama, ese ser alado que trompeta en mano difunde las virtudes del famoso por unos años.

Pues, a lo que iba, para los seres que vivimos las vidas buenas y no esos pobres que atrapados por la fama son tratados como guiñapos por representantes y publicistas. Esos juguetes rotos que lo sacrifican todo a ser recordados. Qué difícil es sobrevivir al halago y qué felicidad completa la de quién disfruta de celebridad  en un tipo de talento que le permite vivir vidas personales sin tener que anunciar un laxante, por ejemplo. No se si estoy equivocado pero tengo la impresión que un gran pianista puede hacerlo, pero para un deportista de élite es más complicado por esa enojosas necesidad de evadir impuestos que se imponen para pagarse vidas bastante anodinas a pesar de todo. Insisto, para los que vivimos vidas ordinarias la inmortalidad viene con nuestros familiares más jóvenes, los que van a vivir más que nosotros. Así el que no tiene hijos, ni amigos ni celebridad será olvidado de hecho un par de meses después de su muerte. El que tiene hijos y ha sido un padre o madre firme pero amorosa será recordada por haber educado y por haber perdonado. El que tiene nietos alcanza un poco más allá porque sus nietos, con los que no será necesario ni prudente usar la firmeza, hablarán de nosotros con deleite “Pues mi abuelo era muy rápido. Salía a las 3 del trabajo y a las 2 ya estaba en casa“, por ejemplo o “Mi abuela hacía un bizcocho que todavía echo de menos” o, para casos más puestos al día: “Mi abuelo me hacía unos espagueti fantásticos”  0 “Mi abuela fue directora gerente del La Observadora”.  En todo caso, los nietos hablarán de nosotros y los harán bien si hemos procedido con prudencia. Obviamente es iluso esperar algo de los biznietos que sólo te recordarán como una pasa balbuciente en un rincón de la casa esperando que llegue la hora de que (los nietos) hablen bien de tí sin que tú estés presente. Estos razonamientos me llevan a estar convencido de que los últimos acontecimientos me han garantizado “vivir” hasta el año 2116 al menos.

Olivia, querida nieta

Ya sabrás que todo el mundo reconoce la rama de olivo como un símbolo de paz que una paloma lleva en el pico por el mundo buscando donde reposar. La paloma lleva siglos volando sin descanso pues aún no ha conseguido que haya un día con paz universal. Al igual que la luz de las farolas del Principito (ya lo leerás) se encienden y apagan sin cesar alrededor del mundo. Tu nacimiento hoy con millones de otros niños es de nuevo razón para la esperanza.

Naces en Navidad que, para nosotros, es el tiempo de celebrar la paz. Tienes delante toda una vida para elegir tu destino. De tí dependerá elegir. Pero, además, todos a tu alrededor lo haremos posible con nuestra dedicación y amor. Tu padre Moisés, que no le teme a las aguas, tu madre Valentina, que no le teme a nada; tus abuelos María José y Francisco Javier, que te garantizan amor y poesía; tus abuelos Asunción y Antonio, que te garantizan amor y pesadez; tus tíos Bernardo y Carlos que te garantizan lo que les pidas.

Naces niña en tiempos en que, por fin, estamos aprendiendo, hombres y mujeres a apreciar la enorme suerte de que lo que no es varón sea tan maravilloso. Podrás ser pintora o futbolista, actriz o abogada, poetisa o camarera, arquitecta o albañil, astronauta o minera, sacerdotisa o cooperante, feliz o feliz.  Nada será gratis. Precisará de esfuerzo. También de la suerte, pero, sobre todo de tu esfuerzo inteligente. Lo que sea, sea para tu felicidad y la de la gente. Lo que hagas, hazlo bien y no mires para otro lado cuando se necesite tu apoyo inmediato o mediato. De caridad o política, de esperanza o consuelo.

Naces Olivia en medio de un montón de novatos que te miramos asombrados y vacilantes. Ninguno de nosotros ha tenido antes ni nieta ni sobrina. Pero no te preocupes que tu madre lo lee todo y tu padre lo resuelve todo. Tu belleza no debe extrañarte, pues bella es tu madre y tu padre no estorba. Tu resolución no debe extrañarte, pues resuelto es tu padre y tu madre no estorba. Tu bondad no debe extrañarte, pues buenos son tus padres y tus abuelos y tíos no estorban. Tu inteligencia no debe extrañarte, pues… Úsalo todo para hacer el mundo mejor.

Naces niñita para que tus abuelos cierren el círculo virtuoso de la vida. Si padres tembloroso fuimos, ahora somos abuelos expectantes con mirada atenta y experta. Observaremos como creces, como aprendes, como nos quieres y como nos dejarás cuando vueles alto, alto como la paloma con tu ramita de olivo diciendo “adiós, gracias abuelitos, voy a hacer lo que pueda“. En realidad seremos nosotros los que nos iremos cuando nuestro tiempo se acabe, pero tú, tú te quedarás para vivir, para ejercer, para ser madre y después abuela. Y ese día busca este papel dentro de una botella flotando en el Mar de Internet (ya sabrás). Busca también alguna foto nuestra y recuérdanos. Así viviremos en tí un poquito más, Olivia, querida nieta.

Armas cotidianas

El camión del atentado de Berlín y Niza, los aviones de Nueva York, pero, también, el cenicero que mató a Marta del Castillo o cada inocente cuchillo utilizado en una muerte doméstica  ponen de manifiesto la ambigüedad en el uso de determinados objetos o artefactos para ser útiles o hacer  daño. Concebidos para servirnos son transformados por los asesinos en armas cotidianas que no es necesario esconder por su pacífica función a priori. ¿Cómo llegó el camión al corazón de Berlín? pues no sería el único. Si era un mercado, habría que proveerlo de mercancías. ¿Cómo llegaron los aviones a las torres gemelas? ¿Quién teme a un avión comercial?  En el Hudson fluvializó uno no hace mucho. ¿Quién sospecha de un cenicero? Sólo porque nos recuerda un hábito en retirada del catálogo de vicios. Por lo que respecta a los cuchillos nos acompañan en casa para rebanar el pan o hacer picadillo vegetal. Objetos familiares y decisivos para el buen comer. Todo ellos se transforman delante de nuestros ojos en armas letales que cortan la piel, queman los miembros, aplastan los cuerpos y nos deja completamente estupefactos. El carácter cotidiano de estos atentados los asimilan a accidentes laborales o domésticos. Máquinas industriales, equipos de transporte, objeto cotidianos que todavía siguen protagonizando terribles accidentes, sin embargo, no se cubren de la negrura con la que los terroristas han cubierto camiones, aviones e incluso cuchillos. Son solamente accidentes. Se lamentan sus consecuencias pero no se acusa a nadie excepto a la propia falta de previsión o imprudencia. Sin embargo, en los atentados no es posible la resignación porque alguien está detrás, alguien a quien le atribuimos nuestros propios sentimientos decide hacer daño, provocar dolor, romper vidas. Y decide hacerlo en nombre de otro dolor de otro agravio producido a su pueblo a su gente. Lo diabólico de su decisión es que, probablemente él o su familia no haya sufrido ningún daño, lo que convierte su acción en abstracta, vacía. Pero, además, ejerce su venganza impostada sobre personas completamente ajenas a las decisiones que potencialmente le hayan producido dolor a él o a los suyos. Dolor sobre dolor, sangre sobre sangre. Cuántos muertos en Berlín estaban satisfechos con la política de Merkel de recibir refugiados; cuántas víctimas de las Torres Gemelas estaban frustrados por la victoria de Bush en las elecciones USA o las políticas de guerra de su país. Muy poco antes, el simpático Clinton había bombardeado una planta química en Libia para despistar de su acoso sexual a la becaria Lewinsky. Los estados también utilizan en sus sótanos elementos cotidianos para la tortura: produciendo sed ahogando con agua del grifo; produciendo  oscuridad electrocutando con cables cuya misión primera de iluminar el mundo.

Nadie puede negar el horror que los estados perpetran a las poblaciones civiles. Desde este blog se ha propugnado irónicamente la vuelta a los campos de batalla, donde los militares profesionales se enfrenten entre ellos para dirimir las diferencias (Campo de batalla). Pero no, para desgracia de la gente corriente se dan dos cobardías letales. La de los combatientes que, en nombre del pueblo, se esconden entre el pueblo y la de los combatientes que en nombre del tirano bombardean al pueblo. Cuando la muerte lo invade todo la conciencia pierde las referencias y buena y mala gente se transforma en terroristas y deciden hacer pagar a más pueblo sus falta de referencias morales, sino su falta de inteligencia a secas. El asesino del embajador ruso era un joven de 22 años. Sabía que su acción le acarrearía la muerte inmediata. Las dudas que se observan en la imagen nunca sabremos si son debidas al riesgo de muerte propia o a dudas sobre la muerte ajena. Es completamente descorazonador pensar que creyera que le esperaba el paraíso en unos minutos.

Europa se prepara para un nuevo período oscuro iluminado por led y pantallas para el entretenimiento opiáceo. Esta es otra forma de matar con armas cotidianas. La inteligencia muere y se disipa entre consolas bélicas y habituación a la violencia, la venganza como sustituto de la justicia o mostrando la fuerza del status para que se renuncie a toda esperanza de cambio. Un período oscuro en el que lo familiar se vuelve letal. De todo lo familiar que puede convertirse en un arma nada más desolador que el propio ser humano. Malditos paraísos que garantizan el premio al asesino, malditos paraísos que permiten estar reconciliados con el rechazo al diferente. Malditos Paraísos.

POSTDATA

El atentado de Berlín se ha producido en la plaza Breitscheidplatz, una plaza en la que la Iglesia Memorial Kaiser Wilhem recuerda la violencia de la Segunda Guerra Mundial. La contienda que nos hizo creer que el mundo había comprendido.