Hoy llueve y las calles reflejan todos los objetos doblando su número figuradamente. Estaba volviendo esta tarde de una compra de última hora ensimismado en meditaciones sobre la teoría cuerpo-mente-persona de Strawson ¿o era sobre el lapsus de Rajoy? cuando me gritaron con voz quebrada “¿me puede ayudar?” busqué la fuente y estaba al otro lado de la calle. Era un discapacitado en una silla de ruedas, bueno en dos, bueno, quiero decir que iba en una pero que llevaba otra al lado. No era un reflejo de la lluvia, era otra silla pero vacía. Era extraño. Sólo había visto algo igual en las películas del far-west en las que alguien cabalgaba con otra montura vacía con algún propósito (por ejemplo regalársela a un indio cabreado como en Appaloosa con Ed Harris, ese sobrio actor calvo, y Viggo Mortensen, ese enigmático híbrido de americano, danés que habla español ). Bueno, volviendo al caso, me acerco al hombre y se produce la siguiente conversación

  • “¿me puede ayudar a cruzar la calle?”
  • “¡Claro!”
  • Me puse detrás de él y reacciona. “¡No! la otra silla”.
  • “¡Ah! vale”. Me pongo a empujarla y noto que es muy pesada. Él arranca con un stick sobre el brazo de su silla. Cruzamos y me da las gracias.
  • “¿Y ahora?” le pregunto.
  • “Nada, me voy” me dice agarrando el otro caballo (la otra silla) y dirigiéndose por la acera.
  • Vacilo y le pregunto “¿Pero si va a la otra parte del parque, por qué no ataja por aquí?” (Hay un sendero pavimentado que le ahorraría un largo tramo).
  • “Pues sí”, me dice “pero no puedo pasar solo el puente japonés”
  • “Yo le ayudo”
  • “¿Tiene tiempo?”
  • “Sí”
  • “¡Pues vamos”. Estaba ya oscureciendo
  • Echa él delante y yo detrás con la pesada silla. Veo que acelera. No podía imaginar que estas sillas corrían tanto. Llego al puente japonés subo y bajo y no lo veo.
  • “¿Y ahora qué?” me pregunto.
  • Estaba ya pensando en mil problemas acerca la silla y mil soluciones cuando experimenté un gran alivio al ver su silueta llegar hasta mi. No derrapó pero casi. Me pidió que pusiera la silla junto a él. La agarró con una mano, me dió las gracias, añadiendo que esto no le pasa a menudo (que le ayuden) y se fue a buen ritmo con la silla junto a él como si fuera soldada.

Yo me quedé preguntándome porque llevaría dos sillas. No creo que fuera para darle una a un indio cabreado. De modo que estaré atento a si lo veo otra vez y salgo de dudas.

 

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