(XX) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

Viene del (XIX)…

Todo acto auténtico crea sus propias condiciones de posibilidad“. Esta es una idea a la que Zizek ha dedicado mucha tinta en este libro. Por eso los números imaginarios primero fueron considerados una cuestión marginal y hoy están en el centro de las matemáticas y de la física para explicar mejor los fenómenos. El capitalismo hace igual con cada nueva sorpresa en el desarrollo de la economía, pues en poco tiempo encuentra en su seno un lugar para la novedad. La humanidad en su conjunto usa esa estrategia de no rehuir lo extraño o lo aparentemente imposible perseverando en su logro. Por eso insiste en su condición de histérico (el que quiere saber) con la búsqueda de la jouissance en el objeto imposible de deseo. Por eso propone investigar aquello de lo que no podemos ser conscientes para mejor conocer esa capacidad de aborda lo radicalmente nuevo, en vez de hacer como los cognitivistas que hacen la lista de lo que la conciencia puede hacer (Dennett), partiendo de lo que ya ha hecho. Los evolucionistas (Pinker, McGinn) dicen que la conciencia no se constituyó para explicarse a sí misma y, por eso, no puede hacerlo. Son las explicaciones científicas de porqué nació la metafísica. Zizek cree que a la conciencia también le interesan los problemas que no tienen aplicación evolutiva. Pero esta compulsión la llevó a resolver problemas con soluciones imaginativas de un órgano cuya condición es la persecución imposible de la satisfacción del deseo. Así su triunfo por la supervivencia tendría origen en su interés por cuestiones no directamente relacionadas con ésta (NOTA.- del mismo modo que el deseo tiene su mediación en el uso placentero de partes del cuerpo más allá de la satisfacción de una necesidad) . Todos los avances son aperturas del ser, en el sentido que lo describe Heidegger. Pero ¿Por qué hay un asunto que incesantemente está en el horizonte de la conciencia: el sentido de la vida? No podemos dejar de preguntar por cuestiones que no parecen tener solución. La versión lacaniana de esta pulsión es el object a como aquel objeto-causa de deseo que proporciona el plus de goce porque es algo más que lo que la materialidad del objeto puede dar. El Object a puede aparecer mediante la sustracción: eliminar todo lo que no es objeto de deseo quedándose con el extracto puro de deseo. Es el caso presentado en la novela El Perfume de Süskind. Otro procedimiento es la prolongación: es el caso de exageración en la duración de una escena para generar la inquietud o el goce extra de lo inalcanzable utilizado por Tarkovski en El Espejo, donde la escena de María corriendo a corregir el error que le puede costar la vida se prolonga yendo más allá del aburrimiento hacia la emergencia de lo desconocido. El tercer procedimiento es la obstrucción: el Object a, como el obstáculo que hace fracasar nuestras metas (la astucia de la razón), como en la película de los hermanos Cohen No es País para Viejos. Javier Barden, el asesino, es ese objeto-obstáculo del destino ciego que se interpone en nuestras intenciones. Es ejemplar el caso de la carta de Bujarin a su esposa en la que la consolaba diciendo que, al margen de su desgracia o de la crueldad de Stalin, la URSS triunfaría. Sin embargo, la carta, escrita en 1938, perdida o retenida en los archivos soviéticos, fue entregada a su destinataria en 1992, justo cuando probaba que la muerte de Bujarin había sido en vano.

Zizek encuentra los tres elementos en el capitalismo: sustracción (la plusvalía), prolongación (la inacabable capacidad de adaptación del capitalismo a las novedades) y obstrucción (la que supone la brecha entre los intereses de los individuos y los mecanismo impersonales que genera). La lucha de clases sería para él un elemento galvanizador sin la que las relaciones entre grupos sociales, al carecer de trauma, entrarían en una relación estéril. Hegel daría soporte, según Zizek, a cuatro momentos dialécticos: El gran Otros consistente, el gran Otro inconsistente debido a la función del Object a, que genera el cuarto elemento que retuerce formalmente el orden simbólico. En los siguientes párrafos, Zizek entra en un juego verbal de iniciados en el uso de conceptos psicoanalíticos muy oscuro:

“Quizá este doble estatuto del objet a proporcione también una pista para entender la relación entre la pulsión de muerte y el superego. Hace algún tiempo, Eric Santner planteó una crítica de mi trabajo, cuestionando «El vínculo, incluso a veces identidad… del órgano sin cuerpo y el superego. ¿Deberíamos colapsar así el superego y la pulsión de muerte? ¿No depende todo de mantener al menos una delgada línea entre ellos? ¿No deberíamos hablar de una superegotización de la pulsión? Como subraya Santner, estamos tratando aquí con una división de paralaje, no con la polaridad cósmica de dos fuerzas opuestas: el órgano sin cuerpo y el superego no son como el yin y el yang o los principios de luz y oscuridad. Además, la tensión en cuestión es asimétrica, los dos polos no están equilibrados, el aspecto OsC (Órgano sin Cuerpo) de algún modo tiene prioridad… ¿pero qué tipo de prioridad? No se trata de otro caso de la lógica de autoalienación, en funcionamiento desde Marx y Nietzsche hasta Deleuze, de un poder generativo que se reconoce erróneamente en su propio producto. Es decir, del mismo modo en que, para Marx, el capital es el resultado del trabajo colectivo que se vuelve contra sí mismo, contra su propio origen; del mismo modo en que, para Nietzsche, el resentimiento moral es la productividad de la vida vuelta contra sí misma, el exceso del superego es el exceso del OsC que se vuelve contra sí mismo. Leído de este modo, la tarea pasa a ser la de devolver el resultado alienado de vuelta a su origen, reestablecer el exceso de OsC sin su distorsión del superego. Esta, no obstante, es la lógica que deberíamos evitar a toda costa”.

Yo creo que incluso en una tertulia entre Zizek, Deleuze y Lacan ante las cámaras sería ininteligible la conversación, si la mantienen en estos términos, porque los discursos serían incomensurables. De hecho el intento fallido de Zizek de acuñar lo que el llama “órgano sin cuerpo” lo llevaría a ser insultado por Deleuze. A veces he visto a seguidores de Zizek padecer una especie de desmayo cognitivo cuando quieren explicar estas especulaciones.

Más productiva es su perorata sobre las series paralelas de significantes y significados que vienen a ser, la una, estructura vacía y, la otra, los contenidos, que han sido precedidos por los huecos que han de ocupar. La pura formalidad, en definitiva, se puede organizar sin contenidos, que vendrían después. Las dos series no se acoplan, sino que podemos encontrar lugares vacíos y elementos volantes que literalmente “no encuentran su sitio“. El vacío genera la esperanza de ser ocupado y el elemento homeless perturba la serenidad de la estructura formal que se experimenta incompleta y genera la fantasía de encontrar un lugar desconocido que llenar. El vacío sería en la terminología lacaniana el sujeto barrado (castrado) y el elemento itinerante y pertubador: el Object a. Según Zizek ambos son dos caras de una misma cinta de Möbius y añade pedantemente que el sujeto barrado “no pertenece a las profundidades, sino que emerge de un pliegue topológico de la superficie misma“. Como diría Scruton ¿a qué superficie se refiere?, ¿Qué es un pliegue topológico en este contexto? ¿Qué añade la imagen de la cinta de Möbius a la mera expresión “dos caras de un mismo objeto“? El juego no acaba ahí porque, ahora, el Object a no es un objeto itinerante, sino un vacío, lo que antes era el sujeto barrado. Lo que no es muy chocante, dado que el Object a viene a representar una ausencia (la del Falo) y por eso muestra pero no da satisfacción al sujeto. Por eso Lacan lo presenta como un objeto sin concepto, es decir, un objeto irracional. Pero Zizek no acepta que la discusión se quede en la mera aceptación de que hay una realidad que no puede ser cubierta por la trama conceptual, sino que piensa que el exceso de realidad es un fracaso del concepto universal. Que el Object a no es un exceso de la realidad, sino un defecto del edificio conceptual. Pone el ejemplo de la incapacidad de la izquierda para fijar objetivos que puedan ser objeto de concepto y descarrila fijando sujetos revolucionarios delirantes (Venezuela por ejemplo). El Object a en sus rasgos misteriosos e inabarcables es ese “no sé qué” que me hace amar a alguien en concreto, ese algo que no está en la persona amada, sino en uno mismo a la búsqueda del deseo del otro en su mirada.

Lacan añadió a los objetos parciales de Freud (pechos, heces, falo) dos específicos: la voz y la mirada que son interpeladas desde un otro concreto o desde una psicótica y delirante realidad imaginada. Cuando miramos buscamos una mirada, cuando hablamos respondemos a una llamada primordial. Son las condiciones de posibilidad de nuestra llamada y nuestro habla. Pero ¿dónde incluir en un marco metafísico al Object a?. Según Balmès es Lacan el que le encuentra el sitio al preguntar por el ser. Antes de lo simbólico no es posible comprobar si falta ser en la conceptualización, pues toda la realidad está justificada en su presencia bruta. El ser humano no es un objeto cualquiera en medio del ser, porque el ser (Heidegger) aparece en él. Peor aún, en el “claro del bosque“, donde aparece el ser de la mano del lenguaje, no está todo el ser. Algo falta en el acople del lenguaje, del orden simbólico al ser. Esa falta, esa carencia se vive en la subjetividad como deseo del  Object a. Tanto la mirada como la voz, vienen a complementarse, pues se oye lo que no puede verse, y se ve lo que no puede oírse y para coser ambos universos, la metafísica.

Y de repente nos encontramos leyendo, tras unos tramos del libro parecidos a esos de la carretera en los que no podemos asegurar por dónde hemos pasado, sobre el lacaniano “Nombre del Padre“, representación simbólica de la función “padre”, que es inalcanzable por cualquier padre empírico, o de la “Inexistencia de la Mujer“, pero no de la mujer empírica frente a su rival simbólica, que, por lo tanto, se vuelve fantasmática y debe ser soportada por el Object a. Cerca acecha el “Órgano sin Cuerpo” que para Zizek es el Falo en la medida en que es el órgano, no del individuo concreto y de su cuerpo, sino un arma simbólica de un Otro, de un poder ajeno que me utiliza para sus fines. También hace acto de presencia el Amo simbólico, ese que puede encarnarse en la mas desvalida, aunque despiadada criatura (el capo di capi es cruelísimo, pero su poder se ejerce a través del halo que lo rodea y lo hace inaccesible). El que ejerce el poder por tener algo más allá de sí mismo (la fascinación que causan los santones de las sectas), puede ser objeto de odio a través de esa misma energía excedente. El millonario amado por sus millones está más seguro que el que enamora por la fascinación que causa su exceso seductor. Siguiendo con las fantasías como deseo realizado, Zizek avisa: no es nuestro deseo, sino el deseo de los otros. El niño es un campo de batalla de los deseos de todos los que le rodean y genera una fantasía que dé respuesta. Esta llamada de los demás alcanza su paroxismo en el racismo que lleva al sujeto a una acción tenebrosa para atenderla. Problema al que la ilustración no ha dado respuesta, fascinada como está por el objeto de su crítica. Es la fascinación que el malvado genera en la ficción por su presentación bajo la forma de un actor conocido y admirado. En el catálogo de fantasías eficaces, Zizek menciona los juegos perversos del totalitarismo que describe Kafka en El Proceso y la versión de Orson Welles. De una parte, la pretensión del poder de convencer a los ciudadanos de la existencia de fuerzas secretas poderosas e irracionales (los servicios secretos). K. es culpable por desvelar esta verdad. Es culpable por declararse inocente, por creer en la racionalidad, por no creer en el misterio del Poder. El antídoto es no creer en la fantasía que nos propone el poder, en dejar caer su castillo fantasmático. Un desvelamiento para el que no estamos seguros de estar preparados. Por eso la propuesta de Lacan no es librarse de la fantasía atravesándola, sino identificarse plenamente con ella para su total destrucción.

Lo imaginario tiene que ver con lo visto y lo simbólico con lo que no puede ser visto. Con los simbólico lo imaginario gira hacia la apariencia, escondiendo una realidad oculta. Lo simbólico crea una apariencia de apariencia, un mundo más allá de lo cognoscible. El nombre para esto “que no existe nada más que en sus efectos” es virtualidad. Detrás del telón de la realidad no hay nada más que vacío, por eso lo rellenamos de sueños y fantasías y sacralidad, lo que genera dos niveles de apariencias: las visibles que muestran su negatividad permanente y las invisibles (soñadas, simbólicas) que creamos nosotros tras las primeras. Platón se opuso a la pintura por ser la imitación de una imitación. Los sueños son la cura para la nada, el vacío, que es colindante con las apariencias tangibles (la de las cosas físicas). Entre las dos apariencias hay un velo. Si Dios es la causa de que haya algo “en vez de nada“, Dios es el velo y el contenido máximo de la apariencia simbólica. Dado que Dios es el gran Otro, lo que encontramos tras el velo es la mirada del otro. En toda imagen hay un punto ciego, desde el que somos mirados, pues la pulsión de ver es la de “hacerse ver“, como la Incas hacían imágenes que sólo podían ser observadas desde el aire por una mirada de un otro no definido, una mirada flotante. Lacan no quiere practicar la hermenéutica, sino que reduce el significado al sinsentido del significante. En ningún caso pretende desvelar un significado oculto.

El YO

Partiendo del clásico de la acomodación de una teorías que son los epiciclos que trataron de salvar la visión ptolemaica del universo, para preguntarse si es conveniente salvar o mejor sustituir las teorías psicológicas de Freud por la neurociencia. Hay cuatro versiones del yo:

  1. La cotidiana y precientífica
  2. La filosófica
  3. La neurocientífica
  4. La freudiana y lacaniana

2 y 4 son rechazadas por 3 como curiosidades históricas, que considera 1 legítima y digna de explicación. Zizek considera una tarea comprobar si 2 y 4 indican una dimensión legítima y enriquecedora de la que está carentes tanto 1 como 3.

Zizek empieza explorando la estructura autorreferencial de la conciencia en Hofstadter, quien afirma que el yo es “una ilusión a gran escala creada por la confabulación de muchos sucesos pequeños e indiscutiblemente no ilusorios“. (NOTA.- parece una propuesta revolucionaria, pero eso no hace al espíritu más insustancial, pues toda la realidad tangible es resultado de la ilusión de solidez de una materia vacía). Alude al famoso párrafo de Hume en el que disuelve el yo en impresiones concretas que van y vienen. (NOTA.- Tal parece que el yo es una potencialidad del cuerpo que sólo se hace presente cuando se ocupa de una idea concreta, procedente de un estímulo procedente de su actividad o de su memoria). Para Hume el Yo es una teoría, una idea, pero no una realidad. (NOTA.- Al yo que cree que es un yo, hay que buscarle explicación en el fenómeno de la atención en los animales. El yo es la traza de la capacidad de atención vuelta sobre los procesos cerebrales. Si se explica la atención, se explica el yo, que sería el reflejo que la atención recibe de los procesos cerebrales cognitivos, tales como memoria imaginaria o simbólica). Para Zizek no existe el yo ilusorio de Hofstadter, sino el vacío de Hume y Kant. No es posible el paso cartesiano de “yo pienso” a “yo soy una cosa que piensa”. Zizek cree que hay un obstáculo para que el yo se conozca a sí mismo, pues en ese acto desaparecería. Pero también piensa que algo percibe que el yo es una ilusión y que ese observador, la actividad misma de observar es un hecho ontológico positivo. El yo es transparente pues no se “ve” en su actividad de percibir contenidos concretos. Kant distinguía entre el Yo que piensa (los procesos subyacentes) como sustrato ignorado por la subjetividad. Para Kant el yo no sustancial ni es su sustrato nouménico, ni el contenido fenoménico de la subjetividad. El yo no es nouménico ni fenoménico es un vacío que Lacan llamó sujeto barrado. El yo es una representación de “nada”. Un tercer término se incorpora a la dualidad sustrato neuronal y automodelo del yo y es un elemento virtual que es el soporte no fenoménico de la apariencia. No es parte de la realidad, sin que es para-sí, como advirtió Fichte. El sujeto existe para un sujeto, no para una visión externa, objetiva. También rechaza la pretensión de que la totalidad del conocimiento físico no explicaría la conciencia. De momento considera que nuestros “espejismos” fenoménicos son construcciones de alto nivel bien correlacionadas con el fenómeno sustantivo susyacente que nos permiten simplificar la relación con la realidad para ser supervivientes eficaces. Son simplificaciones necesarias para nuestra capacidad de proceso. Incluso nuestra sensación de libertad o intencionalidad se funda en la ignorancia de los complejos procesos causales subyacentes. (NOTA.- Y sin embargo en el simplificado nivel fenoménico del sujeto es posible un golpe de timón desde el ático causal porque ante él no se presenta una única opción. Cualquier decisión puede ser explicada a posteriori por la cadena neurológica, pero al cabo el rumbo de la cadena causal fue señalado en el último nivel). 

Zizek, que se encuentra cómodo en lo sorprendente, insiste en que la pretendida realidad del sustrato físico se disuelve en la sucesiva partición de la materia hasta, prácticamente, quedarse sin nada “en las manos”. Tras el largo viaje buscando el dorado, la mina está vacía, por lo que la “sustancialidad” del yo, ilusoria o no, hay que buscarla más arriba, en los niveles complejos de la realidad de un sujeto concreto y su biografía. El yo se constituye en la vida de interacciones del sujeto real. El yo se incluye autoreferencialmente en su propio discurso mediante el significante Amo que establece una cadena causal hacia abajo: las palabras crean cosas. Al nombrarme, la pensarme me creo. Es lo contrario que con los significantes rígidos que son creados por las cosas en una cadena causal hacia arriba. El Yo es un vacío en el que se detiene el regreso al infinito de las imágenes especulares en las que un espejo refleja la imagen de otro espejo. “Yo me vivo como ausente”. Si para Gödel, la falta de pruebas de lo que no se puede decir, es una prueba de su verdad, la constatación del fracaso en la representación del sujeto, es la prueba de que estamos cerca. El sujeto surge en el fracaso de representarse en una cadena de significantes. El sujeto es una presuposición no comprobable. Algo que no puede demostrarse positivamente, sino inferirse del fracaso de intentarlo. El sujeto sería los inaccesible y, al tiempo, el obstáculo que impide el acceso. El sujeto, según Lacan, es la respuesta de lo Real a la pretensión de simbolizarlo, esto es, expresarlo con el lenguaje. Por mucho que se trate de disolver al Yo en lo inconsciente o involuntario como como una marioneta de las cadenas causales, está ahí interviniendo desde su precariedad de forma efectiva. La libertad es la capacidad de elegir entre alternativas, todas ellas causalmente determinadas que pugnan por ser seleccionadas.  Aunque sea incapaz de “ver más abajo” de los símbolos la burbujeantes actividad neuronal o “más abajo aún” las trepidante actividad subatómica. ¿Pero si toda esta actividad está sostenida por la nada, porque nos resulta más real que nuestro yo que se ha revelado como un vacío?. ¿Por qué llamar ilusión al yo y realidad al resto del mundo?. De todas no habrá en el yo nada que no sea compatible con su sustrato, de modo que la simetría nada-vacío es muy sugerente. Obviamente, acabamos necesitando algún oxímoron como “nada creativa” o “vacío sustancial”. Vacío autorelacionado. En este nivel todos somos iguales. Sin embargo en el nivel que incluye nuestra biografía y todos los sentimientos asociados no todos somos iguales, pero ese es un camino hacia peligrosas distinciones en la dignidad humana, que debe ser cortado inmediatamente, en opinión de Zizek.

FINAL

El psicoanálisis nos hace conscientes de lo que realmente somos y lo que deseamos y, así, nos deja, en teoría, en condiciones de tomar decisiones en libertad. Con él estamos preparados para la acción moral. Pero para una acción “de centro”, según Freud y el último Lacan, que ya no aspira a saber “toda la verdad” y “atravesar la fantasía”. Hay que evitar las turbas que son arrebatadas por la pulsión de muerte, una vez perdido el vínculo social (la masas de Haití portando a los enemigos quemados). A la pretensión de la cura por la palabra se opone el sinthome, el resto indisoluble. El análisis, en última instancia, ayudaría a gestionar el propio yo, reapropiándonos de nuestro deseo, sin permitir que el sinthome lo haga a nuestras espaldas. Se mantiene el goce y el sentido sin que el sujeto se disuelva en el “abismo de lo Real”. Para esa lucha la universalización de la ciencia tiene el inconveniente de la laminación del goce individual. El psicoanálisis es perseguido en la medida en que se opone a la uniformización. El mayor peligro vendría de descubrir el esencial carácter de apariencia del entramado social y actuar en consecuencia. La salud vendría de deconstruir apariencias cuando se tengan apariencias alternativas. Es una especie de cinismo pragmático que acepta la arbitrariedad como tránsito hacia otras arbitrariedades. Se vindica al significante Amo porque la alternativa es la destrucción social. Pero siempre queda el goce que nos permite olvidar momentáneamente lo simbólico e instalarnos en lo Real aparcando las apariencias.  Contra la diversidad del goce, la uniformidad de la mercancía. Al final, Zizek se pone el traje ajustado y la capa y sale a defender un comunismo irreconocible de goce individual y lo presenta como una “reconstrucción social que crea el espacio para su despliegue libre“. Como lacaniano sería más interesante que propusiera un nuevo significante para esta posibilidad de armonía entre los particular (el sujeto) y lo universal (la organización social). Es complicado, pero hay que tomarse en serio a las apariencias simbólicas por su carácter virtual, es decir, por su capacidad de producir efectos. Precisamente, Zizek cree que la violencia estalla, no cuando hay mucha contingencia, sino cuando se intenta eliminar. Para ello es necesario eliminar los componentes humillantes de la jerarquía. Una humillación que hace emerger la envidia como el deseo del mal ajeno, antes que el bien propio. El problema no está en el egoísmo del que procura para sí, sino en el envidioso el resentido. Para ello hay que evitar los límites impostados de las ideologías, incluida, según Zizek, la ideología ecologista. Para Zizek, se corre el riesgo de que se convierta en el nuevo opio del pueblo en el capitalismo global. En su gusto por las paradojas nos ofrece una referida al calentamiento global: “habrá una catástrofe, pero esperad pacientemente”, pues, en realidad no sabemos cuando llegará. Nuestro conocimiento no es suficiente como para convencernos de que debemos hacer caso de los que sabemos. Entre tanto la maquinaria desubjetiva la acción social que es reducida a pura administración, tanto por la izquierda como por la derecha. En un caso con descaro y otro de forma vergonzante. Para rematar, Zizek trae a su íntimos amigos lacanianos: el object a, forma de todos los deseos y la lamella, ese exceso corporal que es la libido, la vida siempre presente, indestructible. Y también a su alter ego Hegel, que con su inmortal dialéctica del Amo y el Siervo, envuelve la lucha eterna del deseo inagotable por lujos que le puedan ser presentados, lo que se complementa con el goce de la renuncia al goce mismo, mientras se buscan salidas. Zizek rechaza la resistencia a la trama estructural, al dispositif, al gran Otro. La política emancipatoria “está en otro lugar” distinto de la resistencia subjetiva marginal: está en la ruptura radical en el interior del sistema, que tiene su propia dinámica de transformación. Una acción en la que la fantasía juega el papel de sostener la consistencia de la realidad. ¡¡¡

El libro acaba dando la sensación que podría seguir otras mil páginas sin más problemas que encontrarse de nuevo con los remolinos que obsesionan a Zizek: la negatividad, el Object a, la pulsión de muerte, el sujeto barrado, el significante Amo, el exceso plus de goce del deseo, el gran Otro, la autopostulación… y, por supuesto, la revolución imposible a la que no hay que renunciar, precisamente por imposible. Un cambio para el que receta el silencio como arma definitiva, pues todo lo que se diga podrá ser neutralizado. En todo caso, recomienda que lo que haya que decir se haga con la estructura sintáctica del juicio infinito de Kant (afirmando la negación). Asi es preferible decir con Melville “Preferiría no hacerlo” a decir “No quiero hacerlo” directamente. Es una forma de rechazo integral (tipo la CUP) en la que se afirma el rechazo. La diferencia es sutil, es mínima, es pura y abre, según Zizek, el espacio para lo Nuevo. Cualquier acción que se limite a negar y no afirme lo que quiere es, en realidad, un motín del que, en todo caso, surgirá un nuevo Amo. Es necesario considerar alguno de los acontecimientos actuales, no como preguntas a las que buscar respuestas, sino respuestas de preguntas que no conocemos, pero que es decisivo encontrar. Zizek, finalmente acaba el libro flirteando con la recuperación de las causas perdidas y su provocadora propuesta de la incomplitud ontológica de la realidad. Se refiere a su querida mecánica cuántica como adorno científico y soporte de algunas fantasías indemostrables, pero no por ello menos sugerentes. Dado que en el nivel cuántico la realidad se vuelve borrosa, él propone que, en vez de pensar que hay un defecto en nuestra aproximación epistemológica, lo que realmente se da es un fallo en la propia constitución de la realidad. Hace la broma (eso creo) de que el mundo tenga la estructura de un juego de vídeo en el que la simulación de la realidad se lleva hasta donde es necesario para conseguir el objetivo de que el jugador tenga la sensación de realidad. Así cuerpos sin órganos, pero que sangran o edificios perfectos sin un interior visitable, si no ha de ser visitado. Algo parecido a la pretensión de algunos enemigos de la Teoría de la Evolución que, no pudiendo negar la existencia de fósiles, los atribuyen a su contemporaneidad con el acto de creación divina. Algo así como si Dios hubiera gastado la broma de hacernos creer que el mundo era más antiguo de lo que indica la Biblia. Así la borrosidad cuántica, su incertidumbre, sería la señal de un mundo inacabado, no de una incapacidad de comprenderlo del hombre. Respecto del libre albedrío y su rigidización causal, dice que el azar imperante en el nivel cuántico indica la condición de espejismo del determinismo, e incluso de la solidez (aparente) de la realidad. Finalmente hace una forzada sexualización de la ontología, cuando se empeña en llamar femenina a la “multiplicidad irreductible” y en llamar masculina a la operación última de sólo poder dividir “la última” partícula en ese algo y la nada. En el caso masculino toda multiplicidad sería combinatoria de esa particular final indivisible y femenina o borrosa la posición de la multiplicidad irreductible a una única entidad. Obviamente saca la consecuencia de que la posición sexual desfigura al observador. Las antinomias de Kant cobrarían toda su vigencia y la Razón tiene que renunciar a conocer en el sentido convencional toda la realidad. Pero Zizek, dice que este rasgo de incomplitud con origen en la sexualidad es, sin embargo, el único modo de que ese “defecto” ontológico se inscriba en la subjetividad, puesto que la sexualidad no sería una capa contingente al sujeto, sino la condición de su constitución más allá de la segregación hormonal. Para Zizek no debe extrañar que la realidad se muestres esquiva, desde el momento que se postula el logos (una parte) por el todo.

and so on, and so on“, como suele decir Zizek en sus conferencias…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(XIX) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

… viene de (XVIII)

Zizek arranca en el último tercio de su libro con el correlacionismo, es decir la idea de que, dada nuestra condición de seres que constituyen la realidad indefectiblemente, el conocimiento es cosa de la correlación entre el sujeto y el objeto. Una condición que hace que incluso el pasado de la naturaleza sea una cuestión socio histórica. Una correlación que hoy se vive como un límite infranqueable propio de la finitud humana. Esta finitud es un hallazgo filosófico del siglo XVIII en el que Kant jugó un papel fundamental. Pero con la crítica a la religión, llegó la crítica a la razón y con ella se abre una puerta a búsquedas esotéricas de un Dios más allá de lo racional. El propio Kant limita la razón para dejar un espacio a la moral. Tanto Levinas com Derrida ponen las bases para un Dios más allá del ser. Así la ilustración conduce a su propia negación. La crítica a toda metafísica conduce a la demolición de las propias bases metafísicas de la razón. La consecuencia es la desconfianza incluso en la ciencia como guía de la acción. Una situación en la que la palabra Dios no indica un ser que vela por el destino del ser humano, sino el nombre para la esperanza de cambio. Es la muerte de la muerte de Dios. Zizek, citando a Meillassoux cree que la confusión partió ya de Kant que rechazó la aplicación de la razón a lo Absoluto como si fuera incompatible con la contingencia radical. La prohibición kantiana de ir más allá del fenómeno no hace desaparecer al Absoluto. La crítica al dogmatismo ha acabado en la vuelta del credo quia absurdum. Zizek defiende a Hegel del reproche de pasar del concepto a la realidad aludiendo a que su punto de partida es la pura contingencia del ser. También lo defiende del ataque a la dialéctica según el cual no es posible ningún desarrollo si una cosa no puede pasar a ser su negación, si “ya” lleva esa negación en sí, por lo que se llegaría a una oscilación entre polos en vez de un devenir. Zizek sigue de cerca el libro Meillassous (After finitude) en sus aspectos más paradójicos, cuando afirma que lo único necesario es la contingencia porque toda necesidad es contingente, desde el momento que no tiene razón de ser o fundamento. (NOTA.- Es la antigua creencia de que la Tierra está sobre cuatro elefantes que tienen sus pies puestos sobre una tortuga gigante que nada en un mar, que está contenido ¿en qué?). Ahora Zizek llama la atención sobre la intención del autor de burlarse de la pretensión de que el giro kantiano fuera denominado “copernicano” cuando fue, en su opinión, un regreso a la posición centrada previa del medievo frente al descentramiento de Galileo. En concreto, frente a una ciencia moderna que quiere describir la realidad “tal y como es”, Kant cierra la puerta a la cosa en-sí para permitir solamente el acceso al fenómeno. Meillassous aporta un criterio para distinguir entre las tradicionales propiedades primarias (en el objeto) y secundarias (en el sujeto), que es el de la matematización. Lo que puede ser formulado en forma matemática es objetivo. Una pretensión que tiene como diana a los filósofos del siglo XX que niegan toda posibilidad de objetividad de la ciencia, que se desarrolla en un “mundo de la vida” (Husserl), o con los objetos “a la mano” (Heidegger). Una crítica que estaría confundiendo la génesis de la ciencia con su valor, desde Galileo a la genética. Posición replicada por el hecho de que lo objetos de la ciencia son siempre seleccionados en un contexto macro y micro social que los contamina. (NOTA.- La contaminación socio subjetiva de la ciencia, creo que, siendo verdadera, no tiene proporción relevante con sus logros).  Todo el mundo anda queriendo dar un giro copernicano, porque Freud también presumía de eso al sacar al yo de su posición central y trasladar el núcleo al inconsciente. Pero Zizek, dice que el giro en Kant no es del objeto al sujeto, sino una reinterpretación de la experiencia del sujeto. Un enfoque que equivale a la interpretación del giro freudiano, que no consiste en pasar del consciente al inconsciente, sino en la transformación del sujeto sustancial idéntico a sí mismo en un sujeto barrado, partido, vacío. En estas vueltas y revueltas Zizek aborda el núcleo de la propuesta de Meillassoux para abordar la dureza de la autopostulación de la realidad y su reflejo en el sujeto constituyente de esa misma realidad. Nada de mundo oculto tras los fenómenos, nada de cosa en-sí, nada de episteme tras la doxa. Nada. No se nos oculta nada, porque, incluso ese ocultamiento, es una realidad que completa la realidad que creemos percibir en exclusiva. (NOTA.- No es un problema de finitud y limitación del conocimiento del hombre, sino de aceptación de la multidimensionalidad de lo que se nos presenta a través de los canales de comunicación que poseemos).

Hegel estableció tres posiciones de la Razón frente al Mundo: la metafísica, la crítica y la especulativa. La primera se refiere a la necesidad absoluta trascendente; la segunda a la limitación del conocimiento a lo fenoménico y la tercera parte de la posición crítica y considera la necesidad de la contingencia. Es la búsqueda de las leyes del caos, al que se le reconoce su omnipresencia, hasta el punto de que si existen tales leyes sólo pueden provenir de la naturaleza del propio caos. Para Hegel las leyes necesarias son contingentes porque no hay razón para que existan: “son lo que son”. Cuánto más regularmente se comporta la naturaleza, siguiendo sus leyes necesarias, “más contingente  es esta necesidad”. Si las leyes son eternas, inmutables, tanto más se pone en evidencia su contingencia. El desarrollo de la Lógica de Hegel es el despliegue del proceso inmanente de autolimitación o autonormalización de la omnipotencia del caos. La cosa en-sí, la cosa “como realmente es”, no es ver otra realidad más profunda fuera del alcance de nuestras posibilidades, sino ver esa misma realidad en su total contingencia. Meillassoux reprocha a Hegel que la necesidad de la contingencia no la extrae de la misma contingencia, sino de un Todo ontológicamente superior. Zizek compara la propuesta de Meillasoux de ver la brecha, la distancia que, aparentemente, nos separa de la cosa en-sí, como un constituyente de esta con la diferencia entre el deseo y la pulsión en Lacan. El primero tiene como causa y objeto al Object a, que siendo el vacío que representa dejado por la pérdida materna, llena con la fantasía ese vacío, con la metonimia del deseo. Al contrario de la pulsión que no busca tanto el objeto perdido, como es la propia pérdida, la brecha, la distancia. La pulsión es esa pérdida irremediable, el freno y, por tanto, es siempre pulsión de muerte, pues a ella lleva la persecución. La pulsión orbita sin remedio alrededor de un vacío. Por eso la alternativa del conocimiento no es “quemarse en la proximidad de la Cosa (en-sí) o mantenerse a distancia”, sino “no dejar nada sin atar” y oponerse al pensamiento postsecular, que pretende volver al encantamiento previo de la realidad, a la vuelta de lo Sagrado. Pare ello, Zizel propone volver al principio a Parménides y su equiparación de pensamiento y ser. Para ello afirma que al contrario que Platón, que afirma que aquello de lo que se habla tiene que existir de algún modo, sólo se puede hablar de lo (potencialmente) no es, pues no hay discurso sin agujero en lo Real, pues de lo que se habla está destinado a no ser. Es decir Pensar y no ser es lo mismo. Y ello es posible si “todo lo que hay” es un vacío, una metonimia de la nada.

Tras este viaje tratando de disolver la cosa en-sí, Zizek, vuelve armado a la cuestión inicial de la correlación entre sujeto y objeto y el problema de la interpretación de la existencia de la naturaleza antes de la aparición de la conciencia. Al rechazar que para pensar la realidad tienen que haber un sujeto al que esta realidad se le aparece, Meillasoux sigue atrapado dentro de la oposición entre fenómeno y noúmeno. Paradójicamente piensa que podemos acceder y pensar la cosa en-sí. Lacan cree que la constitución del sujeto se hace desde un apartamiento de éste respecto de la realidad. Por eso el problema no sería pensar lo Real fuera de la relación sujeto-objeto, sino pensar lo Real dentro del sujeto, en su núcleo. El problema para Zizek no es si podemos llegar a la cosa en-sí tal y cómo es al margen de cualquier correlación con el sujeto, sino como pensar al sujeto como objeto. Cree que la clave no está en superar el en-sí diciendo que no hay nada más allá de la apariencia excepto lo que el propio sujeto puso ahí, sino relacionar el en-sí con la división en el propio sujeto. Por lo que no podemos terminar de cerrar la correlación trascendental no es la realidad trascendente que se escapa del alcance del sujeto, sino la inaccesibilidad del objeto que es el sujeto mismo. La distorsión epistemológica de nuestro acceso a la realidad es el resultado de nuestra inclusión en ella, no de nuestra distancia de ella. El Object a es la mota de polvo en el ojo del sujeto. Lo Real como sombra que nos perturba está del lado de lo simbólico. Es la parte de la realidad que se aferra a lo simbólico. El reino simbólico no puede cubrirlo todo y lo Real es su complemento. La incoherencia de la realidad hace necesario un significante Amo que interviene performativamente en ella. Los fragmentos de lo Real son recogidos y almalgamados por el significante Amo que, sin embargo, no puede pensar lo que descentra al sujeto desde dentro. La realidad presubjetiva es objetiva “en la medida que es observada desde nuestro punto de vista”. (NOTA.- la reconstrucción de un dinosaurio a partir de la información que nos proporcionan sus huesos “padece” las mismas antinomias que nuestra relación con el presente) 

RESUMEN

Este fragmento del libro de Zizek se plantea la recurrente cuestión de la relación entre el sujeto y el objeto, por la inextirpable sospecha de que “hay una realidad detrás de nuestras experiencias sensoriales y nuestras elaboraciones conceptuales, que constituye la auténtica realidad”. Y lo hace hasta el punto de plantearse la cuestión de, si se necesita un sujeto para que la realidad, tal y como la conocemos, exista, ¿qué pasa con el mundo antes de la llegada del hombre?. La solución Zizek es la asimilación de esa sospecha como parte de la realidad que es consecuencia de la propia condición del sujeto que, como parte de la realidad, no logra verse como objeto. La distancia a la realidad en-sí no es tal, es nuestra inclusión en la realidad lo que crea el espejismo de una realidad en-sí al margen de nuestra experiencia de ella. Es la influencia de nuestra fractura como sujetos que no podemos objetivar ni nuestra propia condición de parte de la realidad. Lo que genera el fantasma simbólico de lo Real como amenaza.

(NOTA.- El problema se puede resolver por la generalización del concepto de sujeto (homínido, mamífero, vegetal, mineral). Es decir, siempre ha habido algún tipo de sujeto recibiendo, aún de forma pasiva, la energía desprendida del resto del mundo. El mundo está ahí, es el origen del sujeto humano, que es el primer tipo de sujeto que se pregunta si la realidad depende de él, cuando, a lo sumo, él proporciona una versión de la realidad que completa instrumentando con el pensamiento la percepción de aquello que no recibe de forma natural. Todo ello como resultado de su costosa y elaborada estructura resultado de alcanzar las capacidades de supervivencia sobre el resto de la realidad)

No pasa desapercibido que enfrentados a un mundo sin creador (que lo hubiera sólo trasladaría el problema a otro sitio) la necesidad se vuelve innecesaria (contingente) por su propia arbitrariedad.

Sigue en (XX)…

 

 

 

(XVIII) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

… viene de (XVII)

Un poco agobiado por el desparpajo con el que Zizek usa la terminología lacaniana acudí a un libro suyo llamado “Cómo leer a Lacan“. Pero, para entender este otro libro he acudido al libro “Lacan: A Beginner’s Guide” de Lionel Bailly y, ahora, sí: es muy recomendable. Siempre me han gustado los libros que llevan en su título o en su prólogo una cláusula protectora para el autor en la que declara que se dirige a neófitos. Con ellas se libran del reproche de ser claro. Una cualidad que, por los visto ya sea por razones psicológicas o de marketing, no debe tener ningún texto que aspire a la inmortalidad. ¿Qué mejor manera de tener entretenidos a los exégetas durante un siglo, que no ser claro? Gracias Lionel.

En este tramo, “torbellino” Zizek se saca un artículo sobre Sibelius y piensa que tiene acople en esta parte de su libro. Presenta al compositor como consciente de su fracaso descriptivo frente a las propuestas del modernismo (Schöenberg) autolimitada y la postmodernidad (Stravinsky) en la que todo vale. Mientras escribo esto estoy escuchando Tapiola, la composición de Sibelius inspirada en las emociones que suscita un bosque nórdico. Me parece que ocurre aquí como con las grandes obras de arquitectura que siendo concebidas para un fin determinado y conforme a las posiciones estéticas de la época, su carácter de significante, desligado de cualquier significado, las  hace poderosas.

Encontramos de nuevo a Zizek en carne vida cuando vuelve sobre el concepto de diferencia pura de Deleuze. Ahora damos otra vuelta de tuerca sobre el inquietante caso de la cosa en-sí, ese exceso que se nos escapa una vez considerada toda la información que recibimos por los sentidos para sintetizar conceptualmente. Zizek, siempre chocante, nos propone que el noúmeno es fenómeno reprimido no por nuestra capacidad cognitiva, sino por la necesidad ético-práctica y libidinal. No dice que no hay realidad auténtica bajo los fenómenos, sino fenómenos insoportables por nuestro aparato perceptivo, como la tortura, la muerte ante nosotros o determinadas prácticas sexuales. Según Zizek, si tuviéramos imágenes del interior de los aviones del 11-S veríamos escenas de “como fueron las cosas en sí-mismas” o del interior de un crematorio en Auschwitz resultarían insoportables. El mundo está en continuo proceso de creatividad virtual. La sustancia de Spinoza es causa de sí misma y se autopostula como propone el yo de Fichte. Por tanto el concepto se postula a sí mismo en su creación. Es la única salida a la inexistencia de una Causa externa. La Vida pura debe fluir sin limitación y la autopostulación se conduce a velocidad “infinita” porque no hay externalidad que modere el proceso. Velocidad que convierte el proceso en virtual porque alcanza su destino en el mismo momento de su inicio porque su acción es su destino. Esto se traslada al proceso deseante. Lo importante en el deseo no sería tanto su satisfacción como sostener el deseo. Zizek pone el ejemplo del amor cortés, que se posterga no por una falta, sino por que se fundamenta en un deseo que encuentra su satisfacción en sí mismo, en su permanencia. Deleuze lo confirma afirmando que la creación es inmediatamente creativa, que no cuenta con sujeto que necesite tiempo para devenir consciente de sí mismo. Cree que Hegel reifica este proceso creador. Pero Zizek lo defiende pues Hegel insiste en que el Espíritu es un producto de sí mismo. No es un sujeto preexistente que interviene en la objetividad que media, sino el resultado de su propio movimiento, es decir es pura procesualidad. Deleuze también reprocha a Hegel que sostenga que la cosa difiere consigo misma porque antes difiere con todo lo demás, mientras que Bergson sostiene que primero difiere consigo misma. Sin embargo, Zizek defiende a Hegel diciendo que toda diferencia externa implica la autodiferencia. Deleuze es precrítico (pre-kantiano) y defiende el realismo metafísico de Spinoza y Leibniz que supone la comprensión directa del núcleo de las cosas en sí mismas (la intuición divina). De esta forma rechaza las limitaciones y posibilidades kantianas. La respuesta de Hegel es que la distancia entre nosotros y la cosa en-sí (la distancia de la representación) que la hace inaccesible está en la cosa misma y constituye una brecha que nos incluye. Así, nuestra alienación respecto de la cosa coincide con la separación íntima de la cosa. Deleuze dice que una proposición es la realización verbal de las cosas, no meramente su descripción. Zizek responde con Hegel; nuestra representación de Dios es Dios mismo en modo representación y que nuestra errónea percepción de Dios es Dios en una modalidad errónea. El mejor ejemplo de este proceso creativo es el arte que “permite” una liberación-expresión absoluta y transformadora, precisamente porque lo que libera no es sino la liberación misma, el movimiento de pura espiritualización o desmaterialización. Es el desear mismo, es la voluntad pura. Este proceso es también el de individualización como relación intersticial pura, absoluta, sin necesidad de referirse a nada.

Afirmado esto, se ve su aplicación en la diferenciación que Lacan establece entre sexos. La diferencia pura precede al caso. Tanto la posición masculina como la femenina son modos de evitar el punto muerto de la diferencia como tal. La diferencia sexual no es un conjunto firme de oposiciones simbólicas que excluyen otras formas de sexualidad, sino un punto muerto, un trauma, algo que no puede ser simbolizado, lo que impide la hegemonía y abre la lucha de alternativas. Ocurre igual con las diferencias políticas. La diferencia entre Izquierda y Derecha es distinta según se vea desde una u otra. La izquierda cree ver el antagonismo que atraviesa todo el campo social que la derecha rechaza. La derecha se considera la condición de estabilidad y ve a la izquierda como un intruso que perturba la estabilidad orgánica. Así, toda izquierda es extrema. Así la diferencia es el precursor oscuro, nunca presente ni susceptible de simbolización.

Zizek advierte sobre el deleuziano “pasado puro” que es causa ausente y puramente virtual, que está presente en sus efectos y, por tanto, postulado de forma retrospectiva. No tiene existencia independiente y sustancial previa a este proceso. Si lo Real es una diferencia mínima, entonces la repetición es fundamental para estabilizarla. Lo Real es la brecha que separa una cosa en-sí (la brecha de la repetición). Zizek insiste con varios ejemplo del cine y la música en que hay una realidad hacia la que apuntan las creaciones y que se hace visible en sus imitaciones imperfectas. Una realidad de referencia, un objeto-causa de deseo al que Lacan llama object petit a que no se puede captar nada más que en sus consecuencias. De esta forma hay una suspensión de la causalidad lineal. Una vez más aprovecha Zizek para ironizar con el antihegelianismo de Deleuze al mostrar hasta qué punto es hegeliano esta emergencia a posteriori de la causa del proceso. El principio de una teología materialista que postula la eternidad creada por la sucesión temporal. Zizek utiliza el caso de Jesucristo para mostrar la fuerza de la virtualidad que es lo que realmente resucita y prolonga su acción. El carácter virtual de Cristo se muestra en su frase “donde haya dos o más reunidos en mi nombre, Yo estaré ahí“. Una realidad virtual que sostiene a la realidad efectiva. Zizek propone lacanizar a Deleuze, mediante el cambio de la expresión “máquinas deseantes” por “pulsión“. La pulsión de la insistencia en la repetición mucho antes del conflicto edípico.

Le preocupa a Zizek la confusión entre deseo y pulsión a que daría lugar una fusión entre Lacan y Deleuze. Por eso, tira de ingenio y nos dice que el deseo en Deleuze, en tanto que flujo libre de la libido es un “cuerpo sin órganos” – boutade deleuziana que significa lo informe antes de la generación de diferencias- y la pulsión en Lacan es un “órgano sin cuerpo” una pausa que encuentra satisfacción en la repetición de la búsqueda en torno al objeto sin alcanzarlo. Combinarlos sería algo así como “desear la repetición de desear sin satisfacción final“. Deleuze combate al organismos, es decir a la institución, al corporativismo. Por eso piensa que la sustancia de Spinoza es el cuerpo sin órgano definitivo, el espacio no jerárquico. Zizek le reprocha a Deleuze no haber visto que el egoísmo estructural del ser humano es lo que le permite abstraerse del vértigo circular de la vida (de generación y corrupción) y entrar en relación con lo virtual. Si, además, se considera al egoísmo como el Mal, éste es la condición para la llegada del Bien, al que le hace sitio suturando la fisura entre ambos.

Zizek discute el uso del término “sutura” que cree que ha sido utilizado para eliminar de cualquier estructura sus faltas, sus carencias. Lo que ocurre cuando se postula un sujeto (humanidad, consciencia, la vida, Dios…) que domina y dirige el proceso. Pero, recuerda con Miller y Lacan, que la ansiedad nunca miente y no permitirá un falso cierre de la operación estructural que se produce, en general, en el ámbito de las ilusiones. Por eso todo compromiso político entusiasta termina en fracaso. La verdad no puede sobrevivir a la fantasía. Badiou combate este pesimismo y dice que el entusiasmo es tan fuerte como la ansiedad y puede, en determinadas condiciones generar un proyecto no fallido, un Acontecimiento -Verdad. Un punto de vista refugio en el océano de pragmatismo asfixiante que nos rodea. Zizek remata diciendo que ésta es la fisura para que entre la posibilidad de un compromiso emancipatorio radical (sic).

RESUMEN

Es este tramo Zizek casi conmbate con el discurso de los Miller, Oudart, Deleuze … y el resultado de estos párrafos y algunos complementarios leídos paralelamente es que, en estos autores, hay un fondo de verdad tratando de captar el fugaz ser del sujeto humano, pero, perversamente, lo hacen con un discurso simbólico nuevo y premeditadamente oscuro del que, una vez familiarizado con su superficialidad esencial, ya no pueden escapar en una “repetición” escabrosa que produce placer en sus autores, precisamente por su novedad (provisional) y su oscuridad (permanente). Lo más llamativo de este discurso, es que miles de páginas se pueden reducir a una en la que describir lo esencial de lo disperso. Pero hay un extraño gusto en volver tautológicamente sobre ello tratando de provocar en el lector irisaciones mentales en las que quizá descubran lo que el autor no busca. Al final del libro repasaremos estas notas para darle algún valor útil a un conocimiento que ni juega papel alguno en la clínica de almas vencidas ni en la neurología más dura. El truco fundamental de estos prestidigitadores es la focalización obsesiva sobre una palabra, por ejemplo sutura, hasta darle unos reflejos que sólo es consecuencia del pulido a que, artificialmente, es sometida. En realidad es un discurso superficial, pero coherente en el sentido de que es posible estar hablando sin cesar dando vueltas alrededor del objeto de deseo, que no es otro que la notoriedad del que lo sostiene. Creo que ninguno de ellos soportaría una rueda de prensa con preguntas y repreguntas, porque entrarían en un círculo perverso y tautológico de explicación de lo oscuro con lo oscuro. Hablo de superficialidad porque cuando a un significante con un significado se le transfiere a otro contexto en el que no encuentra un significado el cerebro se bloquea al encontrarse solamente con una sintaxis de significantes sin significados claro. En el caso de la sutura, está claro que finalmente, se usa para cerrar todas las grietas de su propio discurso y presentarse como una pulida obra de ciencia. En los mismos textos de Zizek, todo parece diferente cuando es él el que habla, interpreta o combate y no los textos de los autores oscuros.

Sigue en (XIX)…

Monsieur Lacan y los histéricos

Para terminar de entender la segunda parte del libro de Zizek Menos que Nada, abordo la lectura de libros que hablan directamente de los conceptos de Lacan. Entre estos conceptos me ha llamado la atención el de histérico como “aquel que quiere conocer”. De ahí el título del artículo. He usado dos libros, uno del propio Zizek, que, como acostumbra, no tiene intenciones didácticas, sino terapéuticas. El aplica Lacan a sus obsesiones y se olvida del que quiere saber. El otro libro es de Lionel Bailly, psicoanalista de la UCL (University College of London), que sí tiene el propósito de enseñar y lo logra. La mezcla de los dos libros permite ir armando un discurso académico sobre Lacan para el que Zizek ofrece brillantes, paradójicas, e incluso, dudosas aplicaciones.

How to read Laan. Slavoj Zizek.

La diferencia entre Freud y Lacan es la concepción de los mismos procesos. Donde Freud ve procesos físicos y biológicos, Lacan ve procesos simbólicos, más propios del lenguaje.  Ejemplos:

  1. El protestantismo que trata de volver al origen del cristianismo rompiendo con la desviación católica y los nacionalismos pretendiendo volver al origen nacional pervertido por la sumisión a otras naciones son creencias. En Lacan es más importante lo que se supone que el sujeto cree, lo que pertenece al mundo simbólico, que lo que el propio sujeto supone que sabe. Así, es curioso como mantenemos nosotros la creencia en que nuestros hijos creen en los Reyes Magos.
  2. Los rituales religiosos se siguen por respeto a los que parecen creer en ellos. Tolerar creencias es civilizado y creer “de verdad” en las convenciones es bárbaro (una cosa es llegar a ser rey y otra es creerse la legitimidad y realidad de tal condición. Pascal recomendaba llevar a cabo las prácticas religiosas externas porque la fe llegaría sola.

Dicho esto, he agrupado el material disperso según conceptos que van surgiendo en la lectura del libro construyendo una especie de diccionario para víctimas de Zizek.

  • Interpasividad.- Se trata aquí de aquellas situaciones en las que encargamos a otros la expresión de las emociones, como en el caso de las plañideras o las risas enlatadas. Otra versión es poner uno mismo la expresión de la emoción cuando los otros no reaccionan a nuestra propuesta de risa o emotividad. En la interpasividad uno es pasivo a través de los otros. Uno no hace nada haciendo que otros no hagan nada para sí mismos, sino para mí. Por el contrario, en la “astucia de la razón” uno se activo a través de otros. La razón actúa haciendo actuar a los humanos. Otra forma de interpasividad es la pseudo actividad que consiste en parecer que se hacen cosas participando en cosas sin sentido con tal de no estar inactivos (profesores acudiendo a simposios sin sentido, políticos acudiendo a todo tipo de actos disparatados como nombramiento de reina de la recolecta). Otra forma de interpasividad es la doctrina calvinista de la predestinación que, paradójicamente, al respaldar el capitalismo ha estimulado la más frenética actividad productora jamás vista. (NOTA.- Igual le ocurre al comunismo que declara que la caída del capitalismo es indefectible, pero pone en marcha el más cruento proceso de actividad revolucionaria ‘el terror del 1893 es una riña al lado del estalinismo’). Esta cesión de nuestra acción a los otros está es la causa de la gestación del gran Otro. Una entidad a la que le encargamos que sepa y actúe por nosotros.
  • El gran Otro.- nuestra conducta no exactamente espontánea. Yo no dudo de la libre voluntad, pero es un acontecimiento resultado de una lucha pertinaz contra los prejuicios heredados, los adquiridos y el confuso vértigo de las tomas de decisiones diarias y sus consecuencias en el caso de acontecimientos que nos afectan directamente, y las tomas de posición, igualmente diarias, sobre acontecimiento más lejanos en el ámbito de lo social y lo político. Aunque no podemos saber en qué medida estamos siendo marionetas o seres libres. (NOTA.-Hay que redefinir la libertad en términos de contar con opciones entre las que elegir dede nuestro paquete de patrones previos heredados o construidos en nuestra biografía. La objetividad no puede venir nada mas que de un criterio intersubjetivo basado en el bienestar de la especie y su entorno. Es decir, estamos continuamente conformando nuestros criterios éticos a base de cambios o afirmación de nuestras posiciones éticas). El gran Otro es un concepto que engloba las influencias que actúan sobre nosotros desde nuestra infancia a consecuencia de la conducta correctora del entorno, que se refuerza o contradice en la escuela y el entorno social y se refuerza o contradice cuando conseguimos la autonomía de la vida adulta. Algunos mandatos del gran Otro son profundos y movilizan nuestras emociones si los violamos, otros son más superficiales y tienen que ver el objetivo de conseguir el éxito social. El gran Otro actúa en el nivel simbólico. Nos condiciona, pero hace posible la comunicación social y hace posible el avance en el conocimiento, al dotar de base automática a muchos de nuestros comportamientos. (NOTA.- Para los animales los instintos son su gran Otro). El gran Otro se presenta también en la necesidad de que nuestras acciones tengan testigos, pues aumenta nuestro placer de exhibicionistas y la seguridad de que, cuando el lenguaje nos traicione y se niegue lo evidente, estará ahí para darnos la razón. Sin embargo el gran Otro es frágil, es propiamente virtual (potente en su ausencia fantasmal). Existe en la medida en que le damos vida nosotros. La sustancia le da vida una vez que consiguió incorporarse a ella en forma simbólica. Zizek propone que cuando desarrollamos un síntoma como expresión de un mal, estamos mandando un mensaje codificado al gran Otro. Es decir el orden simbólico no es una sustancia espiritual que pueda existir fuera de los individuos reales, sino que son éstos los que lo sostienen. Lacan considera que el lenguaje es un regalo tan peligroso como el que los griegos le hicieron a los troyanos con el caballo de madera. Se nos ofrece para su uso gratuito y, en cuanto lo aceptamos, somos colonizados por él. Un regalo al ser amado tiene que ser generoso, pero superfluo e inútil para que represente el amor. En la comunicación humana hay mucho más que lo explícito. Es característico de los usos sociales que uno escoja “libremente” lo que la sociedad espera. Si no, se produce el colapso social. La sociopatía es no captar esta sutilezas del comportamiento social y seguir las reglas del utilitarismo según el cual, hacer el mal es un error de cálculo no un acto culpable. La potencia del simbólico gran Otro procede de la diferencia entre conocer y tomar conciencia (Lúkacs). En el segundo caso se está listo para la acción. Así cada proferencia, no sólo transmite un contenido, sino también la forma en que se está comprometido con él. (NOTA.- aquí se está en el corazón sobre los aspectos nefastos de la libertad positiva, según Isaiah Berlin). Además de esta versión intersubjetiva del gran Otro, Lacan ofrece otra en la que éste se muestra como un misterioso sujeto en su radical alteridad separado por el muro del lenguaje. Para Lacan el orden simbólico determina la orientación de nuestro deseo por el conocido mecanismo de provocación del deseo que produce la prohibición. Lacan considera que la pregunta originaria del deseo no es ¿Qué quiero yo?, sino ¿Qué quieren los demás de mi? ¿Qué ven los demás en mi? La respuesta a estas preguntas las proporciona la fantasía.
  • Simbólico-Imaginario-Real.- Son, para Lacan, las tres dimensiones de la realidad que resulta del mundo de lo que identifica la conciencia a partir de los estímulos que recibe de su propio cuerpo y de lo que no es su cuerpo (los otros y las cosas). Cuando digo cuerpo, incluyo, obviamente la mente en su actividad autoreflexiva. Lo simbólico se refiere a las reglas y a los códigos que generan. Se presenta en forma de reglas, fórmulas, signos… Lo imaginario se refiere a la representación fundamentalmente plástica, visual de la realidad, pero debería incluir las construcciones mentales, menos poderosas, pero igualmente estimulantes de la imaginación procedentes del resto de percepciones sensoriales (oído, gusto, olfato, piel)… Lo real está constituido por un conjunto de factores influyentes sobre las percepciones que no pueden ser ni simbolizados ni imaginados. El gran Otro es fundamentalmente simbólico porque de ese modo puede presentarse como “Dios” o como “Causa” para darnos criterio para juzgar los acontecimientos y tomar partido. Cuando hablo con otros, el gran Otro está presente. (NOTA.- Son los “patrones de pensamiento”, citados en la “filosofía naif“). Si lo que consideramos real es producto de nuestra fantasía y ésta sirve como pantalla que nos protege de la ruda realidad, lo real funciona como escape respecto de lo REAL.
  • Castración simbólica.- Otra característica del orden simbólico es su carácter no-psicológico. Cuando le decimos a alguien “Me alegro de verte” nadie espera que tal alegría sea sincera. De hecho, hay un viejo chiste que dice: “¿Por qué dices que te alegras de verme si realmente te alegras de verme?. Es decir, debes usar otra fórmula, porque esa está desgastada. Por otra parte, el que usa una personalidad falsa en las redes para ligar o jugar sexualmente, es más sincero con la máscara que sin ella. Una personalidad simbólica que me representa ante la audiencia, consecuencia de lo que Lacan llama castración simbólica. Es decir de la incapacidad de presentarnos como realmente somos. (NOTA.- Un estado de cosas necesario para la convivencia. El mundo simbólico es una espita de seguridad para la represión que describe Freud en el malestar de la cultura). La castración simbólica va a depender de la época y su percepción de lo que debe ser convencional y lo que debe ser permitido o no.
  • El falo.- Es un significante simbólico del poder y, por tanto, de la castración simbólica. El cetro de un rey no pertenece a su naturaleza, pero le permite ejercer el poder. Es un significante de su poder. Por eso el cetro, el título o una insignia me castran, al establecer una separación entre yo y la función que ejerzo. Es decir la castración es consecuencia de ser atrapado en el orden simbólico en el que asumo una máscara o título, al tiempo que obtengo poder por mi incorporación al escalafón. Zizek califica al falo como un tipo de “órgano sin cuerpo”, invirtiendo la expresión de Deleuze sobe el “cuerpo sin órganos”.
  • Histeria.- Aparece cuando un individuo empieza a cuestionar o sentir incomodidad con su identidad simbólica ¿Qué me hace ser rey? ¿Por qué soy lo que soy? Lacan dijo que “el deseo de un hombre es el deseo de los otros“. Es decir, el deseo de ser deseado, como indicó famosamente Hegel. La envidia y el resentimiento son componentes del deseo humano. Lacan pone el ejemplo que San Agustín menciona en sus confesiones cuando habla de un infante celoso de su hermano. Rawls dice que la desigualdad sólo puede ser tolerada cuando ayuda a los que están en el fondo de la escalera social no por herencia, sino por desigualdades naturales que no impliquen mérito o demérito. Zizek dice que este enfoque no considera el resentimiento que provocaría esta situación en la que serían señalados como inferiores. Hayek pensaba, acertadamente, según Zizek, que una corrección de las desigualdades por fuerzas impersonales, laceran menos que ser reconocido como naturalmente inferior. Lacan pensaba, como Nietzsche o Freud, que el sentimiento de justicia nace de la envidia. Pero dado que no es posible que todos tengamos el mismo nivel de disfrute que los ricos, la justicia impondría la austeridad para todos.  (NOTA.- Sólo la tecnología podrá evitar que la igualdad lo sea de la pobreza. Sin embargo, algunos síntomas medioambientales parecen indicar que lo sensato sería, no que los pobres alcancen el nivel de los ricos, sino que estos baje a niveles de consumo, diferenciales sí por el valor estimulante del mérito, pero mucho más modestos). Hoy en día, sin embargo, se proclama el derecho a disfrutar en el marco del sistema de publicidad para el consumo.
  • Sujeto descentrado.- Pero, además de desear el deseo de otros, nosotros no sabemos bien siempre lo que deseamos. Añadamos la profunda otredad del prójimo al que el Evangelio ordena amar. Un otro del que, realmente, nada se sabe. La opaca, misteriosa, impenetrable, enigmática presencia del otro. Lacan llega a llamar al otro la Cosa. Por eso la ley tiene como misión mantener la proximidad con el vecino, esa potencial y acechante cosa que hay que respetar y mantener a distancia al mismo tiempo. Lacan define el amor como “dar algo que no se tiene…” y Zizek añade “… a alguien que no lo quiere“. No es una experiencia agradable recibir la confesión de alguien de que de ama cuando no sientes nada por él. El recurso para introducir a alguien en nuestro mundo simbólico es el uso de frases performativas como “soy tu amante”, que en el momento de proferirse ya configuran una realidad. Entre nosotros y el prójimo se interpone un tercero: el orden simbólico y sus leyes. En la época del estructuralismo, filosofía que propone que la acción humana está dirigida por mecanismos inconscientes,  Althusser, que considera que el humanismo es una ideología, propone que debe practicarse el humanismo considerando a los demás personas libres, con dignidad  y creadores de su propio mundo. Lacan, por su parte, propone un anti-humanismo práctico que afronte la monstruosidad latente en el ser humano. Lacan cree que no es que mi experiencia subjetiva esté regulada por mecanismos inconscientes y objetivos, sino que está descentrado respecto su propia experiencia, según las cosas le parecen, privado de la fantasía fundamental que constituye y garantiza el núcleo de mi ser. El punto de vista convencional es que el sujeto es constituido por la experiencia fenoménica “lo que siento aquí y ahora no se me puede sustraer por mucho que un mecanismo inconsciente gobierne mi mente“. Sin embargo, Lacan cree que el analista puede perfectamente privar al sujeto de la imaginación que le proporciona la experiencia fenoménica. Para Freud el inconsciente es la inaccesibilidad del fenómeno de la experiencia subjetiva reprimida, antes que un mecanismo inconsciente subyacente. En el momento en que se da una experiencia interior fantasmática no reducible al comportamiento externo, deberíamos afirmar que lo que caracteriza a la subjetividad humana es la brecha entre la experiencia subjetiva y el propio sujeto que, privado de aquella, queda vacío. La experiencia fenoménica queda así separada del sujeto. No es que el sujeto no esté involucrado en esto, sino que su verdadera condición es desvelada. La taxonomía de Rumsfeld también le sirve a Zizek para ilustrar el “sujeto descentrado” de Lacan. El asunto no es que mi experiencia subjetiva sea regulada por mecanismos inconscientes, descentrados respecto de mi propia experiencia subjetiva. La forma en que las cosas son para mí me privan, me ocultan la fantasía que garantiza el núcleo de mi ser, desde el momento que no puedo experimentarla conscientemente y asumirla por ser algo que desconozco que conozco. El punto de vista convencional me hace creer que, a pesar de que lo que experimento pueda tener origen en procesos biológicos, nadie me puede quitar el goce de tal experiencia. Lacan sostiene que, precisamente el psicoanálisis puede quitarle al sujeto su experiencia consciente.
  • Aphanisis.- significa auto olvido, cuando el sujeto pierde su consistencia simbólica y se desintegra. La violación no sólo es violencia, sino que toca algo desautorizado por la propia víctima. Freud dice que los sujetos huirían en la realidad de aquello que más ansían en sus fantasías, puesto que les resultaría insoportable. La forclusión es la inclusión en el inconsciente de un significante que se regresa lo hace forma alucinatoria, al contrario que en la represión, que el vuelve en forma de sueños.
  • Fantasía.- Es el mecanismo que utilizamos para vislumbrar el deseo de los demás. También es la capacidad de filtrar la realidad para hacer el acto sexual más satisfactorio. Así hay una inversión, según la cual, en vez de que todo acto de fantasía sea una expresión del deseo sexual, se diría que todo acto sexual necesita de la fantasía para ser satisfactorio. La explicación estaría en que en el acto sexual no se satisface sólo el cuerpo, sino también la mente con todo su contenido. Es necesario encuadrar al compañero del juego sexual en nuestras propias fantasías para que el mero contacto carnal sea soportable. Zizek piensa que la fantasía se coloca en un lugar intermedio entre los subjetivo y lo objetivo. Unknown knowns’ es lo que desconocemos que conocemos, según Donald Rumsfeld. Es decir, lo inconsciente para Freud y el núcleo de la fantasía para Lacan, lo que determina nuestros actos. La fantasía genera “nuestra” realidad y nos protege de la realidad descarnada. Lacan cree que el psicoanálisis puede separar a la conciencia de su fantasía consciente para que se experimente su vacío sustancial, al tiempo que su necesidad de plenitud. Lacan piensa que, incluso en los sueños, la fantasía cumple la misión de mantener la realidad lejos. Cuando la realidad se entromete en el sueño, la fantasía incorpora los inputs reales en el propio sueño, para seguir soñando. Cuando el arte moderno trata de despertarnos a la realidad, tiene que usar el mecanismo intermedio de que el observador sepa que está ante una ficción. Freud pensaba que la parte más importante de las fantasías permanecen reprimidas si han de cumplir su función de coordinar la capacidad de desear del sujeto. Si estuvieran “a la vista” podrían ser objeto de manipulación y dotaría al sujeto de inestabilidad.
  • Real.- En Lacan, lo real es un concepto muy complejo que Zizek ilustra con la realidad informe y mutante del Alien de Ridley Scott y con el sueño de Freud sobre Irma, su joven paciente. Lo real de Lacan no coincide con la cosa en-sí de Kant, esa realidad exterior inalcanzable para nuestras percepciones. Se refiere, en el plano imaginario, a la Cosa informe y en el plano simbólico a la realidad científica que sólo puede ser aprehendida por el simbolismo de una fórmula. Dos formas de percibir lo real que se completa con un “no sé qué” que nos acerca al sentimiento de lo sublime y que Lacan llamó petit object a. Lo real para Lacan no es sólo lo que se resiste a ser capturado por la red de los símbolos, sino la fisura en la red misma. Lo real, como la Cosa monstruosa detrás del velo de las apariencias, es el último señuelo que se presta fácilmente a la apropiación de la superchería. Zizek dice que en la concepción de lo Real como algo sustancial, Lacan hace una inversión que puede ser ilustrada por el hecho de que en la teoría especial de la relatividad aparece el concepto de la curvatura del espacio como resultado de la presencia de materia,  pero en la teoría general de la relatividad la materia es la consecuencia de la curvatura del espacio, que sería previa. (NOTA.- Creo que es un disparate, pero si a Zizek le sirve). Le sirve para mostrar que la Cosa, lo Real, lo inerte no causa las inconsistencias y fisuras (curvatura en el símil) del “espacio simbólico“, sino que lo Real es la consecuencia de tales perturbaciones. (NOTA.- no necesita lo Real ese símil para explicarse. Creo que Zizek se confunde. La teoría general de la relatividad no nos dice  que la deformación del espacio “genera la materia” o que la presencia de materia es la señal de que el espacio está curvado. Cada vez más la expresión curvatura me parece más estéril. De hecho la noción de espacio no ayuda porque está contaminada por nuestra concepción trivial del mismo. Basta con que consideremos los conceptos de energía y materia y entendamos a la segunda como un alta concentración de la primera. En estas condiciones transitar por el universo no es tanto hacerlo por un espacio como ir cambiando de nivel energético y en consecuencia seguir las trayectorias que sean coherentes con nuestras coordenadas energéticas. Las altas concentraciones de energía influyen sobre su entorno y a esa influencia la llamamos gravitación. En definitiva el espacio no es un tobogán por el que se desliza la materia nada más que metafóricamente.)  
  • Object a.- Es, metafóricamente, esos pequeños detalles que hacen que en una película de horror se perciba que “algo va mal“, que esos seres no son humanos. So pequeñas diferencias, al contrario que en Alien que todo el monstruo se muestra groseramente explícito. El Object a es el objeto del deseo (cualquier cosa que nos resulte deseable), pero, también, es la causa del deseo, es decir las sutiles características del objeto que lo hacen deseable. Visto así, se ve bajo una nueva luz el concepto de melancolía de Freud. La melancolía tiene el origen, no en haber perdido el objeto, sino en haber perdido el deseo por él. Por eso la melancolía como frustración con todo lo positivo en los objetos empíricos, que no pueden satisfacer nuestro deseo de saber, es el comienzo de la filosofía. Cuando dejamos un lugar sentimos melancolía porque anticipamos que vamos a perder el interés por ese lugar antes o después. El object a es nada más que la inscripción del sujeto mismo en el campo del objeto con el disfraz de una mancha que toma forma sólo cuando parte de este campo es anamórficamente distorsionado por el deseo del sujeto. Zizek utiliza el mismo giro supuesto del pensamiento de Einstein para describir el concepto de trauma en Freud, que inicialmente es visto como un causa externa que perturba el equilibrio de nuestra psique (violación, tortura). Desde este punto de vista el problema es cómo simbolizar el trauma, como asumirlo verbalmente en nuestro universo de significados mitigando el impacto. Pero, posteriormente, Freud opta un enfoque opuesto a partir de un caso en el que el paciente, para el que pasó desapercibido el hecho originario del que fue testigo, se enfrenta a un trauma retrospectivo años después, centrado en la misma escena, por la necesidad de cerrar las brechas en su universo significativo. Pone el ejemplo en el que el judaísmo, antes que el origen de la atmósfera antisemita por sus peligros, es esta atmósfera misma que transforma al judaísmo en la Cosa amenazadora. Zizek no debe enredarse en similitudes estériles entre las teorías físicas y las de Lacan pues, a veces ejemplos cognitivamente más próximos, como el del antisemitismo funcionan mejor. Aunque es cierto algunas similitudes pueden ayudar, como Darwin hizo en sentido inverso al servirse de ideas de Malthus para su teoría de la selección natural. También puede que en los fenómenos psíquicos haya un eco de los fenómenos cuánticos o relativistas, de tal modo que la clarificación éstos últimos implicaría una mejor compresión de aquellos. Otro ejemplo es el de la curvatura del espacio físico que puede servir de metáfora para la curvatura del espacio psíquico por parte del objeto de deseo provocando que obtengamos más satisfacción en orbitar en torno a él que yendo directamente. Sería la explicación de los semioculto, el erotismo, etc. Igualmente encuentra un símil (forzado) entre la actual incompatibilidad física-relativista/física-cuántica y la interpretación de sueños y lapsus respecto del enfoque macroscópico, relativo a la energía libidinal y la consideración de nuestro aparato psíquico como una máquina deseante. En fin un territorio resbaladizo, si no se es cuidadoso.
  • Ego.- Lacan introduce la distinción conceptual entre tres significantes poco precisos en Freud, utilizando su triada Imaginario-Simbólico-Real:
    • Ideal- ego.- Se trata de cómo nos gustaría ser. La descripción de nosotros que nos gustaría escuchar a los demás. (Imaginario, Object a)
    • Ego-ideal.- es el destinatario en cuya mirada trato de impresionar con la imagen de mi ego, el gran Otro que me cuida y me impulsa a dar lo mejor de mí, el ideal que trato de seguir y actualizar (Simbólico, gran Otro).
    • Super yo.-  es esta misma agencia en su aspecto vengativo, sádico y castigador (Real, las demandas imposible para las que siempre somos culpables). Es el registro en el que la ética no tiene espacio y todos los demonios se liberan.
  • Dios como el gran Otro por antonomasia.-  Al contrario que en la propuesta de Dostoyevski, Zizek interpreta a Lacan diciendo que “Si Dios está muerto todo… está prohibido“. La conciencia moderna, en la medida que se siente atea, experimenta más prohibiciones que le amargan el disfrute que alberga en su inconsciente. El cristianismo y la Redención apuestan más bien por la fórmula “Si Dios existe, todo está permitido“, pues, al fin y al cabo es la voluntad del Señor la que se expresa en todos los avatares. Ahora se trata de la opresora frase: “Haz lo te dicte la conciencia“, pero, claro, la conciencia está impregnada de prohibiciones.

Este libro es una libre aplicación de algunas nociones de Lacan a casos históricos o cinematográficos. Interesante, pero, ahora, estoy convencido de que Zizek, antes de coger la pluma, se leyó el libro de Bailly (que resumo a continuación). En broma diré que su discurso es, en términos lacanianos, el de un agente poseedor del conocimiento (S2), cuyo destinatario es nuestros deseo de conocimiento, el de nosotros (sus lectores). Él oculta una verdad: su condición de poseedor de un claro significante Amo centrado en “la celebridad” y nosotros ocultamos nuestra indigencia de sujetos barrados que producimos, en primera instancia una acentuación de nuestra frustración y, secundariamente, con la compra de sus libros, la celebridad de Zizek.

Lacan: A Beginner’s Guide. Lionel Bailly

Este libro lo leo para entender el de Zizek de más arriba, que es, a su vez, para entender Menos que Nada del propio Zizek. Zizek se muestra en ambos textos como parece ser que es: caótico, desordenado, ocurrente, paradójico, brillante y muy poco disciplinado. Va escribiendo y citando según se le ocurren las ideas, con lo que incurre en repeticiones y alarga sus libros sin un propósito claro páginas y páginas. Sin embargo Bailly, sí tiene un propósito didáctico directo y, hasta donde Lacan lo hace posible, este libro, por su título aludiendo a los principiantes, es una garantía de claridad. Es un hecho que un cuando un autor quiere ser claro se excusa con la cláusula de que se dirige a neófitos.

  • Significante Amo.- Es aquel que ha sido rechazado por el sujeto debido a su significado asociado, pero que realiza la función de cambiar el sentido de la cadena de significados en otra que es soportable por el yo. En general se presenta enmascarado detrás de su opuesto en repeticiones no siempre coherentes. Un ejemplo es quien organiza su vida en torno a la navegación o el estudio.
  • Ego.- Es la descripción que el sujeto hace de sí mismo en colaboración con la percepción que el entorno tiene del él. El ego aparece como imagen en la fase del espejo, cuando el niño ve su integridad física en el espejo y en la mirada de los demás. El ego no puede satisfacer deseos, sino que es un producto de su deseo. El ego debe ser corregido en su carácter imaginario para enfrentarlo con lo real. Así se puede corregir el narcisismo y mejorar la relación con los otros.
  • Metáfora-Metonimia-Sinécdoque.- Formas literarias de relación entre significante y significado cuyo manejo es imposible o defectuoso en determinadas patologías mentales. Son también ejemplos de la habilidad del sujeto para cruzar significantes y significados en dos ejes: el del léxico (paradigmático) y el de su combinación (sintagmático). En términos lacanianos son formas de cruzar la barra horizontal que separa el significante del significado en la fórmula. En la metáfora se cambia un significante por otro en base a las similitudes entre los respectivos significados (Es un magnífico deportista, ha nacido una estrella). En la metonimia se sustituye un significante por otro con significados que mantienen una relación convencional establecida de antemano (La Moncloa ha despedido a su asesor). En la sinécdoque se sustituye el significante de una totalidad por el de una parte, pero manteniendo el significado (En el mar competían cuatro velas).
  • Significante-Significado.- Lacan cambia la fórmula de Saussure en la que el signo es la relación entre una palabra y la cosa que designa por la relación entre el significante (imagen mental del sonido emitido) y el significado (concepto o imagen mental asociada a sonido emitido). De esta forma se da entrada a toda la casuística involucrada en la comprensión de la mente humana a través del lenguaje, pues tanto el sonido como el concepto son normativos e idiosincráticos a la vez, pues cada sujeto tiene su respectivas imágenes de uno y otro. Para Lacan el significado surge por la asociación de significantes en una cadena de significantes, pues la relación con el significado es mutante. Cuando el sujeto cruza la barrera entre significante y significado abre un mundo de combinaciones de comunicación creativa. Las emociones pueden quedar asociadas a los significantes, pero no a los significados. El significante no tiene valor por sí mismo, si no es por las diferencias entre ellos.
  • Inconsciente.- La puerta de la mente son las palabras. El inconsciente está estructurado como un lenguaje. Desde el momento que el niño empieza a formular pensamientos en el lenguaje existe la posibilidad de creación de un inconsciente. Cuando el niño tiene una experiencia insoportable para él, su aparato psíquico puede reprimirla escondiendo el significante asociado al pensamiento desagradable. La represión se lleva a cabo sobre configuraciones de significantes que describen el pensamiento a reprimir, lo que deja libertad para que los significantes puedan ser utilizados en otros contextos sin provocar la repetición de la experiencia mental desagradable. La completa represión de un significante se llama forclusión. Es propia de la psicosis. Las configuraciones de significantes reprimidas van asociadas a deseos, miedos e imágenes. El acto de represión oculta al significante, pero no a las emociones asociadas que serán activadas por estos significantes u otros permitidos si regresan por la vía que sea (sueño, recuerdo).  El baile de significantes a veces produce en los sueños resultados surrealistas.
  • El sujeto.- No hay que confundirlo con el ego. El ego se constituye en las frases que describen a una persona con mayor o menor veracidad. El sujeto es el emisor de esas frases y, como lo Real, siempre es verdadero, aunque pueda estar castrado. El sujeto se constituye en la fase del espejo. Momento en el que el niño deja de percibirse como un ser desintegrado y confundido con el entorno y se integra reconociéndose como una unidad. Implica un estado narcisista que da fundamento al egoísmo y a su supervivencia como individuo. La mirada afectuosa y aprobatoria de la madre forma parte de este proceso de individuación. Ya en época temprana el infante crea conceptos que asocia a destellos de significantes (formas, sonidos). En esos momentos el infante ya puede tener raptos de humor cuando comprueba como un globo viola las leyes de la gravedad que el experimenta cuando tira objetos al suelo. En esa fase romper y tachar son procesos naturales de afirmación. El sujeto es esa cosa elusiva que se esconde detrás del ego, que es una creación del lenguaje y que es en gran parte inconsciente, incluso para sí mismo. El uso diario del lenguaje está gobernado por el inconsciente. Tanto por los automatismos (hábitos) como represiones. Hay un juego fluido entre el consciente y el inconsciente en nuestro discurso (mental y audible).
  • El Otro.- La manifestación del inconsciente en forma de sueños, lapsus, síntomas patológicos, etc. son siempre significantes en una cadena de significantes que parecen sucederle al sujeto como si le llegara de otro lugar. Lacan sostiene que el ego se confunde con este discurso del inconsciente creyendo que le llega de los otros. Lacan distingue dos tipos de otredad: el pequeño otro (le Object petit autre) que procede de la etapa del espejo y que se simplifica como “Object a“. No es un otro real, sino la proyección del ego, su extrañamiento. Pertenece al reino de lo imaginario. El sentirse como sujeto y “verse” como objeto. Este otro contrasta con el gran Otro, que procede del lenguaje, las normas, las leyes, es decir, al contrario del pequeño otro, que pertenece al mundo imaginario, el gran Otro procede el mundo simbólico. El lenguaje es previo al niño y a sus padres. El psicoanálisis escuchando el discurso escucha el discurso del Otro. (NOTA.- Lacan no explica como el sujeto puede librarse y se libra del discurso del Otro para generar discursos nuevos, tanto en la ciencia como en las propuestas sociales, En mi opinión la fuente de la independencia es el narcisismo que necesita afirmarse y busca en la alternativas intelectuales su posición). Incluso antes de que el niño nazca, los padres ya tienen ideas y fantasías acerca de su hijo/a formuladas desde sus propias sujetos e inconscientes dentro del orden simbólico del gran Otro, que condicionó la gestación de sus propios sujetos. De esta forma están, de algún modo, dando forma ya al sujeto de su hijo. Así ocurre cuando tras morir un niño, su sujeto aún vive en sus padres influyendo en sus conductas. El gran Otro toma cuerpo en la madre. El proceso de transmisión del gran Otro desde la madre al hijo/a es equilibrado por el narcisismo del infante que primero se deja y más tarde se resiste (la adolescencia). El Otro está constituido por el reino simbólico completo. Las etapas de acceso al gran Otro son las siguientes:
  • Fase del espejo.- que es cuando el niño se aliena de sí mismo al identificarse con la imagen especular. Un objeto falso al que puede transferir todos los significantes con los que construye la ficción de su ego. La relación entre ego y sujeto permite la formación de conceptos que pueden ser simbolizados con un significante. Si no se experimenta esta dualidad se corre el riesgo de quedar bloqueado para el lenguaje y perder el camino para los otros, como le ocurre a los autistas.
  • Castración, la negación de la expansión narcisista (en la versión lacaniana), que de no producirse puede conducir a una incapacidad para acceder al lenguaje y a un estado psicótico en el que los significantes carecen de plasticidad y quedan rígidamente unidos a los significados, obstaculizando la creatividad. Los niños con dificultades para identificar al Otro pueden ser resistentes a los límites y a las reglas porque se han quedado bloqueados en el goce de lo imaginario. La rebelión contra el otro se manifiesta en la emisión de palabras gruesas o en los juegos de lenguaje. Cuando un niño tira algo premeditadamente y se lleva la mano a la cabeza y dice: “¡uh, uh!” está desafiando al Otro. También un adulto siendo impuntual, pero en el psicoanálisis importa el Otro en el universo simbólico del lenguaje, el único sitio en el que se puede captar la verdad del sujeto.
  • Falo.- El primer concepto que se forma en le niño es el de la madre. Las ausencias de la madre obligan al bebé a preguntarse ¿dónde estará? el primer concepto genera otros, como confort, pérdida, ganancia y la generación de hipótesis.  A la pregunta clave acaba respondiéndose que está con su padre (el rival). La hipótesis es que el padre tiene algo que él no tiene. La madre desea algo y no es él. A ese objeto imaginario, lo llama Lacan el “Falo”, que simboliza (es un icono) la potencia, un poder indefinido que explica las ausencias de la madre. Así el falo como signo se define como la relación entre el significante del objeto del deseo de la madre y la idea que de ese objeto tiene el niño. Durante los primeros tiempos la madre es el centro del goce. El pequeño cree que el mundo es para su satisfacción y está en un mundo de imágenes y sensaciones: el reino de lo imaginario. Una etapa que acaba con el obstáculo que supone el padre al que se somete entrando a través del lenguaje en el reino de lo simbólico. Ahora aparece otro tipo de goce: la juissance fálica del uso de una parte de su cuerpo (la mente)  que le permite aprender a leer y a disfrutar de juegos organizados, con reglas convencionales que los hacen distintos a las leyes naturales. De esta forma aprende a introducir más elementos de lo Real en sus juegos imaginarios. Desarrolla el humor consistente en alterar las reglas del lenguaje social. También empieza a desarrollar sus primeras teorías sobre el universo. Todas ellas manifestaciones del goce fálico tras la castración paterna. Pero, ¿qué fuerza lo impulsa? la respuesta está en el corazón del edificio del sujeto y su ego con el deseo contribuyendo a la constitución del sujeto.
  • El nombre del Padre.- Lacan considera que el niño asocia al padre con el significado del deseo de la madre con los que puede sustituir al significantes del deseo de la madre quedando un nuevo significante resultado de la relación entre el significante del padre y el significante del objeto del deseo de la madre, siendo éste último reprimido. A este nuevo significante lo llama “el nombre del padre” que tendrá como significado al Falo como idea que el niño tiene de lo que le distancia de su madre. Y el nombre del padre puede ser, para un niño concreto, cualquier cosa por la que la madre muestre interés. En definitiva, el deseo de poseer el falo orienta la estructura de nuestro deseo para el resto de la vida paliando la ansiedad que se experimenta por su carencia. Surge, entonces, una nueva pulsión de búsqueda del falo que tiene como órgano, no tanto los genitales, como el intelecto. Hay tanto disfrute (Juissance) en el uso de la mente como de otra parte del cuerpo. La habilidad de cruzar la barra que separa al significante del significado, permite la metáfora y operar en el mundo de los simbólico simbolizando, analizando y racionalizando, que son todas funciones libidinales. Todo el juego intelectual genera juissance más que placer porque no se reduce una tensión previa y se desea prolongar la situación todo lo que se puede, con juegos intelectuales y chistes continuos. El disfrute fálico es tan poderoso como el que se deriva de una función corporal.
  • Castración.- El niño piensa que el “Nombre del Padre” es el representante del que posee el Falo y se resigna a no poseerlo. Esta es la castración simbólica. Uno no es perfecto, uno es limitado, uno no es capaz de controlar el mundo. La castración es un proceso simbólico que le permite al niño situarse dentro de la Ley y aceptar que sus deseos no son supremos. En una primera fase el niño cree que la relación con su omnipotente madre (el Otro) le garantiza la seguridad. Cuando el niño se somete a la metáfora de su padre está integrando en su psique una forma de pensar que es un modelo para su funcionamiento simbólico. El Nombre del Padre es el primer significante Amo, que será sustituido por otros a medida que el niño evoluciona. Toda esta aventura intelectual hace madurar al niño en el uso del juego de significantes con las metáforas y metonimias. Estos significantes los puede representar figuras distintas de la madre o el padre, según las circunstancias. Pero si la madre no justifica lógicamente sus ausencias y el niño no las deduce, éste puede generar fantasías que le pueden llevar a la psicosis o que el niño, en ausencia de un padre, aún simbólico, crea ser el generador de la ley, lo que en el futuro le traerá problemas de adaptación. Si el niño no es capaz de romper el vínculo entre significante y significado (metáfora, metonimia, sinécdoque) se produce la forclusión (represión) de un significante clave (el Nombre del Padre) que se pierde como control de conducta. El resultado es que todo es serio y amenazador y emerge la conducta psicótica. La castración desvía el deseo hacia la creatividad.
  • Ansiedad.- Este desasosiego se manifiesta en el niño con la ausencia de la madre, pero el descubrimiento del Nombre del Padre le hace concebir esperanzas de heredar ese poder para compensar la castración. La fantasía de omnipotencia es dañada por la realidad de su impotencia. La sospecha de que la madre está buscando el falo (al padre) cuando está ausente o siguiendo su mandato cuando, una vez presente, se opone a la voluntad del niño construye su último objeto de deseo en la secuencia de pensamiento siguiente: 1) la construcción del mito del poder del falo que tiene como consecuencia que el deseo del niño de construya alrededor del falo y 2) la meta de la conquista del falo para defenderse de la ansiedad. Cuando la madre está presente cree estar en posesión del falo (cetro). Pero, si la castración ha sido completa recoloca al falo en el Nombre del Padre en un acto de simbolización. Una vez aceptado este estado “barrado” de sí mismo busca el falo perdido que, ahora, va unido a todas las formas de significante en el mundo exterior porque el deseo ha entrado en el inconsciente. La formulación presenta al Nombre del Padre como significante y al Falo como significado, pero como el falo es el deseo de la madre, los dos significantes se universalizan y el objeto de deseo puede ser cualquier cosa. El deseo y la ansiedad son elementos fundamentales de la constitución del sujeto. El objeto que causa el deseo es también la causa de la ansiedad. El deseo se da al tiempo que la ansiedad de la carencia de satisfacción potencial o real. De hecho, la ansiedad es el síntoma del deseo auténtico. Si el objeto último de deseo es el Falo, su carencia (la castración) es el origen de la ansiedad.
  • Real-Simbólico-Imaginario.- No es una descripción de la mente, como hace Freud con el inconsciente, el yo y el super-yo. Son registros o ámbitos en los que la mente actúa, que están creado por la propia mente a partir de los inputs que recibe. El orden imaginario es el orden de los sentidos. El orden simbólico lo es de los signos y el orden real es detectado por las emociones que se activan con aspectos que no quedan atrapados ni en las imágenes ni en las palabras. Los tres ordenes se presentan mezclados en los acontecimientos reales, incluso los más banales, como simbolizan los anillos del nudo Borromeo.
    • Imaginario.- Este registro se activa en la fase del espejo, cuando el niño al contemplar su propia imagen se divide (aliena) de sí mismo al sentirse y, al tiempo, contemplarse. La palabra imaginario, en este contexto, no debe ser tomada en relación a la creación de ficciones “imaginativas”, sino como el encuentro del sujeto con la más importante de las imágenes. Lo imaginario es el reino de los sentidos, ya que alberga las concepciones que llegan directamente de las percepciones sensoriales. Debido a la etapa del espejo es también el orden de conceptualización que procede de la contemplación del propio cuerpo. El cuerpo es el primer mundo del que el niño es consciente. Antes de esta etapa percibe el cuerpo como una colección de fragmentos. La vista es el sentido más agudizado y por las imágenes que recibe reconoce a su madre que es el primer significante. Con las imágenes se modelan las representaciones. El significante pertenece al orden simbólico y el significado al imaginario. En las fases inmaduras del niño los significante no son palabras. (NOTA.- la imagen de la madre puede actuar como significante del concepto de la madre que el niño ha construido con sus constituyentes: el cuidado, el confort, los susurros..). En esta temprana fase el niño forma proto-conceptos a partir de la fascinación que experimenta con las imágenes propias y ajenas. En el proceso de conceptualizar se desarrolla la capacidad de totalizar, organizar y construir dualidades que favorecen la dialéctica. También se establece el narcisismo y se funda el ego, que es un concepto complejo de sí mismo. Asociada viene la dualidad principal sujeto/objeto y la capacidad de hacer análisis y síntesis primarias con objetos. El narcisismo hace aparecer el ego que es la fuente de amor y el odio, admiración y desdén entre sujetos. En el reino de los imaginario aparecen semejanzas y diferencias entre uno mismo y otras personas, lo que genera atracción o repulsión. (NOTA.- los conceptos pertenecen al mundo de los imaginario pues constituyen los significados de los significantes. Son representaciones mentales, “objetos” construidos que son nombrados con el mismo nombre del objeto universal que describen. Damasio muestra la importancia de las imágenes en el funcionamiento de la mente).
    • Simbólico.- Este registro parece el más sencillo, pero tiene sus peligros precipitarse. El Falo  pertenece al reino de lo imaginario porque es una representación sin objeto, pero el gran Otro (leyes, normas…) pertenece al reino de los simbólico porque es una representación de una representación. El lenguaje tiene componentes simbólicos (significante) e imaginarios (significado). Por su parte el inconsciente, en tanto que está constituido exclusivamente por significantes pertenece al reino de lo simbólico. (NOTA.- el cubo de Rubik pertenece al reino de los imaginario como objeto, pero entrará en el reino de los simbólico si su imagen actúa como significante y se convierte en representación de la rapidez mental, por ejemplo). Las leyes y costumbres no son inventadas, sino que, como el lenguaje son resultado de la organización inconsciente de la sociedad humana. Los significados aparecen en un “punto de cosido” del significante y el significado. Es decir de conexión entre el mundo simbólico (significante) y el imaginario (significado). Lacan simboliza al significante con una “S” mayúscula porque considera que la aprehensión intelectual se produce en el reino de las representaciones de las ideas (significante), donde la asociación de significantes genera la aparición de significados. En consecuencia, el subconsciente y el sujeto están compuestos por significantes en una cadena de significantes, lo que hace que ambos pertenezcan al mundo de lo simbólico. Lacan cree que el mundo simbólico es pre-existente y está allí esperando al niño que usa lo imaginario como un puente hacia lo simbólico. El primer concepto que crea el recién nacido es el de la madre, cuya presencia/ausencia (carencia) provoca la representación de una entidad cuyo significante es el rostro de la madre.  Situación que es seguida del grito o el llanto como significante que avisa a la madre de la necesidad del niño. Sin carencias no hay lenguaje, pues no es necesario pedir nada.
    • Real.- Lo real aparece en el pensamiento de Lacan cuando éste observa que ni lo imaginario ni lo simbólico cubren todo el espectro y “algo” se escapa. Lo real sería aquello que es expulsado cuando un significado se asocia a un “trozo” de realidad, lo que el significante no puede capturar. En términos hegelianos, para que algo exista, tiene que existir su contrario, lo que implica la existencia del no ser. Así, lo real existe en la medida en que existen lo imaginario y lo simbólico. De este modo, lo real no sería una carencia de lo simbólico, sino su razón de ser. Sólo lo simbólico puede afectar a lo real. Lo Real sería la materia prima sobre la que lo simbólico modela nuestro conocimiento. Sería el caos desde el que el mundo viene al ser (cuerpo sin órganos deleuziano, materia prima aristotélica,..). “Es el mundo de las palabras el que crea el mundo de las cosas, inicialmente mezclado en el aquí y ahora de la totalidad en proceso“. Sólo existe lo que es simbolizado o imaginado. Lo real es inefable e inimaginado. Ni siquiera al nacer carecemos de conceptos, pues tenemos el de carencia. El mundo de lo imaginario introduce la percepción de fallos y diferencias (temperatura, texturas…) que obligan al recién nacido a asociar significantes a cosas de las que ha construido un concepto. Estos significantes iniciales le dan a conocer el mundo al bebé, mientras el resto permanece oscuro (para él). Lo real está “siempre en el mismo sitio”, mientras que lo simbólico fluye con rapidez. Lacan cree ver lo real en comportamientos asociados a la pulsión de muerte y neurosis con elementos repetitivos-compulsivos porque no son simbolizables. Es importante entender los síntomas psicológicos, como es la melancolía, como puntos de fricción en el funcionamiento del sujeto. En la medida que no es nombrable, lo real es fuente de terror y, al tiempo, de disfrute absoluto. Su existencia se postula por sus manifestaciones. También se manifiesta en las alucinaciones cuando se descose la relación entre significante y significado. Cuando lo real irrumpe causando sufrimiento, la labor es encontrar significantes que permitan hablar y domar lo real causante. Lo real utiliza imágenes para presentarse, pero esas imágenes no son lo real. Las pulsiones, como expresión de los real, no tienen como meta la satisfacción de necesidades biológicas solamente, también de necesidades psicológicas (amor, por ejemplo). Hay pulsiones que existen independientemente de las necesidades (pulsión sexual); son como una máquina que encuentra satisfacción (jouissance) en su mero funcionamiento. Las pulsiones no son simbolizables e incluso las pasiones que despiertan con la mediación de lo imaginario pueden ser capturados por significantes. Términos como ira, miedo, amor, felicidad, excitación o depresión tienen vínculos débiles con sus significados (las emociones que las pulsiones despiertan).
  • La Cosa.- El deseo está relacionado con un componente de lo Real que llamamos La Cosa, que está más allá de toda representación, pero no en el mismo sentido que el Falo o el Object a. La Cosa atrae al deseo porque, en sí misma, es una pérdida. La irrepresentable simbólicamente e inimaginable realidad de la pérdida. La Cosa no puede ser representada, no es una meta porque no puede ser alcanzada, pero es alrededor de ella que nuestros afectos gravitan sin cesar. La principal característica de la Cosa es ser una pérdida. Para Freud, la Cosa es aquello que el deseo anhela y genera la jouissance. Es el objeto del lenguaje, pues la buscamos en él, sin alcanzarla nunca. La cosa sería el bien supremo, pero alcanzarlo en la realidad sería el mal supremo. Lacan, por su parte, equipara La Cosa a la madre perdida o más allá el útero perdido. El sujeto se constituye en esa pérdida, que no es simbolizable y, por tanto no puede ser reprimida (pues el inconsciente contiene significantes). La Cosa está cargada con los afectos primarios que caracterizan la relación con la madre. La Cosa es un objeto imaginario que persiste en la psique del sujeto donde continúa operando. La Cosa reside donde lo imaginario toca a lo Real. Tiene similitudes con el Object a o el Falo, pero su origen primordial le da un sabor especial. El Object a procede del Falo, que lo hace de la madre, pero La Cosa proviene de los primeros afectos. No es posible desprenderse de ella sin una regresión a un estado pre-lenguaje que es imposible. Dado que el sujeto nace entre significantes y La Cosa no puede ser simbolizada, el goce con La Cosa requiere una salida del reino de los significantes, lo que aniquila al sujeto que está constituido por ellos. Además del obstáculo que supone la prohibición del incesto que, de darse, bloquea el acceso al reino de los simbólico, es decir, al lenguaje. La búsqueda de la cosa puede llevar a la destrucción. Por eso, puede ser vista como el objeto de la pulsión de muerte. La búsqueda de la Cosa está en tensión con la búsqueda del Falo y el Object a. Esta dinámica de tensión entre los diferentes objetos puede ser vista como la suma de las fuerzas creativas.
  • Sinthome.- Lacan completó su taxonomía de registros para la mente humana con un cuarto componente que llamó “Sinthome. De hecho, propuso un cuarto círculo en el emblema borromeano. Freud había observado que muchos síntomas no tenían origen biológico, sino psicológico. Lacan partiendo de su visión de la cura por palabras, se preguntó qué significaba curar: ¿la desaparición de los síntomas o el cambio de la estructura de personalidad subyacente? ¿Esto último no puede ser peligroso para el paciente? Lacan se dio cuenta que confrontar a la gente con la verdad acerca de ellos es un asunto a tratar con delicadeza, pues, a veces, es mejor la neurosis que un intento torpe de eliminarla. La cuestión es si el síntoma está radicalmente inscrito en el sujeto o no. Si lo está, su retirada puede producir una “cicatriz”. Él llamó “sinthome” al cimiento del síntoma en el sujeto. Para Lacan, el Sinthome sería mantener el nudo borromeano “en su sitio” (anclado al sujeto), proporcionando estabilidad al conjunto. Lacan puso el ejemplo de Joyce, cuya personalidad potencialmente psicótica era prevenida por la escritura como medio de evitar que el nudo se soltara. La escritura sería su Sinthome que estaría inscrito en su sujeto como cadena de significantes y al cruzarse con lo real produciría sus síntomas. Lacan sostenía que el goce relacionado con las pulsiones tenía origen en el sinthome. Un goce que es un componente del deseo constitutivo del sujeto.
  • Deseo.- El deseo le interesó mucho a Lacan, porque él mismo era un gran “deseante”. También porque es la fuente principal de la  creatividad que permite el avance de la humanidad y, finalmente, porque el deseo es una parte estructural del sujeto y sus emociones. Sin deseo no se puede ser celoso, airado, estar decepcionado, herido o ser narcisista… Los síntomas como repeticiones compulsivas, histerismo, obsesiones o fobias proceden del deseo, de su fuerza, de su satisfacción o fracaso. Para Lacan donde hay ansiedad, hay deseo. El deseo es resultado de que la demanda (lenguaje) no puede articular completamente la necesidad que la provoca. El deseo es deseable y a este goce adicional lo llama Lacan jouissance. El sujeto es moldeado por el discurso de Otros. El deseo se organiza alrededor de objetos imaginarios: object a, Falo y la Cosa. El Object a es una versión simbólica del Falo y la Cosa, estrictamente hablando, no es una causa de deseo, sino el objeto de la pérdida, alrededor de la cual gravitan los afectos y las emociones. El Object a es el punto del nudo borromeano donde los real, lo imaginario y lo simbólico entran en contacto. El Object a es un producto de las pulsiones de lo real, el objeto de lo imaginario y la fuerza estructurante del significado en lo simbólico. El deseo aparece allí donde la demanda se separa de la necesidad. La demanda es un discurso y, por tanto, no expresa exactamente lo que uno quiere,  pues lo que uno quiere esta oculto a la propia conciencia. Por tanto, el deseo emerge con la adquisición del lenguaje. El niño grita por estar molesto, pero no sabe lo que necesita. Cuando habla trata de resolver este desacuerdo usando las palabras aprendidas, pero no queda satisfecho, aunque pueda rendirse con los sustitutos que se les ofrece debido a las limitaciones del lenguaje. Hay incluso necesidades que ninguna demanda puede satisfacer. Las necesidades son esenciales, pero los deseos no. Pero la fuerza del deseo proviene de necesidades psicológicas creadas al rededor de la construcción del sujeto. Las dificultades del lenguaje (demanda) para expresar una necesidad psicológica es creciente con la sofisticación de la mismas. Entre ellas, el amor es la más complicada. Lacan sostiene que toda demanda lo es de amor. Mucho se ha hablado del pecho por ser el objeto perfecto para el bebé. Pero, no en el sentido en el que el Falo es la pérdida perfecta, sino porque esa perfección persiste durante toda la vida del sujeto, porque desde el primer día necesita amor y el pecho es la expresión de parte de la madre. Que es quien intercambia la mirada con el hijo en el momento en que este se constituye como sujeto distinto de ella y, al tiempo, como objeto de amor. Y es aquí, donde ya se muestra la diferencia entre la demanda de amor y la siempre insuficiente respuesta donde florece el deseo. El amor no se pide directamente porque, según Lacan, consiste en “dar lo que no se tiene“. El sexo es otra pulsión que no nace de una necesidad (la reproducción) del individuo, sino de la especie. En consecuencia “en el sexo todo es deseo“. La pulsiones que proceden de los instintos (erótica, de supervivencia y de muerte) pertenecen al registro de lo Real. Para Freud, las pulsiones son lo que causa que una parte del cuerpo ejercite una función sobre un objeto (boca-pecho; ano-heces; falo-genitales). Este ejercicio de una parte del cuerpo deriva en un goce extra que puede explicar su uso sin que esté presente la necesidad vital. El amor no puede ser demandado, sino indirectamente deducido. El sexo puede ser demandado pero no se corresponde con ninguna necesidad. Y qué hay más relacionado con el amor que pedir aquello que no se necesita. El deseo procede del deseo de los otros. Primero la madre y luego el padre y todos los demás. No debe confundirse el deseo sexual con la pulsión erótica que pertenece al mundo de lo Real. Una interpretación es que el deseo sexual es la pulsión erótica cuando se ha fijado sobre un objeto. El deseo sexual no existe en el principio de la infancia, lo que no ocurre hasta que el sujeto no entra en el reino de los simbólico. Hasta ese momento cualquier estímulo en los genitales es resultado de la pulsión erótica que puede ser respondida por una masturbación desligada de cualquier acto de imaginación. Las bases del deseo se establecen en el momento en el que el niño relaciona su pulsión con un objeto percibido como una imagen distinto de él. Cuando se aprende el lenguaje y se entra en el reino de los simbólico con el discurso de los otros, la emergencia erótica se relaciona con otro ser humano por medio del habla. El deseo se crea por el fallo de los otros para satisfacer y completar simbólicamente la necesidad erótica por la imposibilidad de simbolizar o imaginar lo Real.  Así, en el nudo borromeano, donde se entrecruzan lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real se gesta el deseo. En la imposibilidad de los otros de hablar (lo simbólico) satisfactoriamente de la pulsión (lo Real), unido como está el sujeto a las fantasías del objeto imaginado (lo imaginario), la mayor parte de las cuales son inconscientes. El objeto que causa el deseo emerge de la aceptación de la castración a manos del padre y se aloja en el punto de contacto de los tres anillos del nudo.
  • Juissance.- Es el placer que se obtiene de usar el cuerpo o la mente en relación con una pulsión, sin necesidad alguna en el horizonte. Es el goce de satisfacer un deseo, del mismo modo que el placer es el goce de satisfacer una necesidad. La juissance, a pesar de su fuerte relación con los sentidos, no pertenece al registro de lo imaginario, sino al de lo simbólico. En efecto, la función anal, por ejemplo, en su aspecto de control está presente desde el nacimiento. Pero, al inicio el sujeto no es consciente en la misma medida que lo es de la función oral. Pero la juissance surge del hecho mental de obtener control desde una posición inicial de ausencia del mismo y al tiempo hay una representación de la noción de pérdida de algo que pertenece a tu cuerpo. Hay pues un momento en el que la función anal se carga de significado, y es cuando entra en el reino de lo simbólico. El sufrimiento por la pérdida puede ser un componente de la juissance, por el goce de la recuperación.
  • Object petit a.- Este es un objeto abstracto que puede ser un objeto determinado. Es decir, es el deseo puro. Es la causa imaginaria del deseo, más que hacia lo que tiende el deseo. Así el dinero cuando es objeto de deseo de derroche o de avaricia, lo es por su común paquete de propiedades con la heces. El Object a a puede ser visto como un fragmento del Falo que se desprende en la castración, cuando el niño comprende que éste no es poseído ni por el padre ni por él mismo, ni por persona alguna. El falo se fragmenta y queda el Object a, el objeto de deseo “ordinario” que se materializa en coches, vestidos o en otras personas. Esta versatilidad la proporciona el significante al que el Falo va adherido en la metáfora paterna y que puede ser sustituido por otros. Esta necesidad de posesión de objetos es fuente de acción y, también, de ansiedad. La búsqueda de la fama no es tanto la búsqueda del Falo como el intento de incorporar a uno mismo los fragmentos del mismo. Agalma (ofrenda a los dioses) es la metáfora utilizada por Lacan para explicar el Object a. La agalma se guarda en una caja sin valor por sí misma. Así el Object a, precioso objeto, se guarda en una caja que puede tomar muchas formas, ninguna de las cuales es importante, pero permanece inalcanzable, como el alma de Sócrates para Alcibíades. Poseer o no el Falo en una pareja es una cuestión de elección no biológica. El deseo es deseable en sí mismo. Los artistas temen perder el deseo porque con él se va la creatividad. El signo resultado de la relación entre significante del deseo de la madre y su significado se convierte en el significado del significante Amo; el nombre del Padre es el significante del que el Falo es el significado. Ese significante es reprimido por lo que es sustituido, de modo que el Nombre del Padre (que representa a los Otros) pasa a ser el significante Amo (el que constituye al sujeto por su importancia central como orientador de su vida), cuyo significado es el fragmento del Falo, que llamamos Object a. Los componentes de la fórmula del deseo han cambiado, pero el deseo permanece intacto. El significante Amo puede ser pronunciado por el sujeto en representación de su verdadero objeto de deseo que ha sido reprimido en el inconsciente (el Falo). El sujeto castrado (barrado) entra en el mundo de los significantes y del Object a, causa inconsciente de su deseo. El  Object a es el resto de una pérdida del sujeto que, desde el inconsciente, trata de salvar con objetos imaginarios determinados por la historia del sujeto y su encuentro con los significantes y fantasías de los otros. El deseo del niño es producido por el vacío entre su demanda de amor a su madre y lo que ésta desea. Cuando el sujeto estudia el objeto de su deseo, comprueba que es una parte del objeto (el pecho, alimentos…). La elección del primer objeto se produce a partir de la dependencia. Más tarde, en la pubertad, el sujeto se enfrenta con nuevas posibilidades y elecciones de nuevos objetos externos construidos a partir del primer objeto en los que no conviven afecto y sensualidad armoniosamente, pues son dominios muy diferentes. El sujeto, según Freud,  cuando ama no puede desear y viceversa. En todo caso está clara la confusión que puede darse entre ambos aspectos del deseo y los malos entendidos a que da lugar a menudo. En opinión de Lacan el conflicto surge porque ambos tienen origen en pulsiones distintas. El amor está ligada a la pulsión de supervivencia y la pulsión erótica a la de muerte por su persecución de jouissance. Por eso, hay solapamientos pero nunca un acuerdo completo. Según Lacan el desacuerdo no es igual en varones y mujeres por la diferente respuesta al proceso de castración.
  • Sexuación.- Lacan pensaba que la realidad sexual no determina la identidad de género, que tiene origen en un proceso de identificación que llamó sexuación. Es decir, en como el sujeto se determina a sí mismo en relación con el Falo y la Castración. Aquí se diferencia notablemente de Freud que se basa en el complejo de Edipo y las diferencias biológicas entre niños y niñas con la presencia o ausencia del pene, tomando el miedo a la castración de una forma muy literal. Para Lacan, la castración es el proceso simbólico de pérdida de un objeto imaginario (el Falo), que es el objeto del deseo de la madre. Ambos, niños y niñas, han de someterse a la metáfora paterna que supone la aceptación de que no tienen el Falo. El infante no puede impedir que la madre desee el Falo, por lo que si no acepta la metáfora del padre el sujeto puede colapsar y deprimirse. En la metáfora hay un juego de engaño compartido que salva al niño o la niña de la desesperación. Pero hay diferencias. El niño se puede identificar con el padre en la expectativa de poseerlo algún día, aunque sea de forma fragmentaria y satisfacer a otra persona. La niña al renunciar a la idea de que ella es el Falo (el objeto de deseo de la madre) tiene una alternativa en la solución del niño, al ser del mismo tipo que la madre. Esta alternativa es identificarse con la madre y esperar serlo para desear un Falo. Por tanto, no necesita intentar la posesión del Falo para agradar a otro. Puede tratar de ser el objeto de deseo del padre, que es el representante del Falo por la metáfora paterna, entrando en rivalidad con la madre. En vez de desear el Falo la estrategia es atraer a quien parece tenerlo. Para aclarar la compleja situación, Lacan ideó las fórmulas de sexuación que no son exclusivas de los sexos, pues pueden intercambiar las posiciones en las posiciones de género. El niño no puede ser como la madre, pero puede cometer incesto con ella. La niña no puede identificarse con el padre ni puede cometer incesto con la madre. Lacan sugiere cuatro “matemas” para definir simbólicamente la sexuación de los infantes. Dos definen la identidad masculina y dos la femenina en el contexto de su condición de seres parlantes. Para ocupar estos lugares no es necesario pertenecer a uno u otro sexo. Las dos frases de Lacan relacionadas con la identidad sexual son:
    • Todo hombre es sujeto de la función fálica.
    • Hay al menos un hombre (no todo hombre) que no es sujeto de la función fálica.

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La función fálica se refiere a la castración, pero también a todo lo que se sigue de ella: que una vez que se acepte que no tiene el Falo a disposición y se sigue pensando que está en alguna parte, éste se convierte en el Objeto a buscar. La segunda frase se refiere a la hipotética existencia de un padre que tenga el Falo y que, por tanto, no ha sido objeto de castración, en el sentido de que, para que una idea exista, tiene que existir su contrario. En este sentido en el mito de la Horda primitiva, el padre tenía a su disposición a todas las mujeres y los hijos o perecían o eran expulsados. Este padre mítico impedía a los hijos el acceso a la sociedad por lo que acabarían matándolo. La hipótesis del portador del Falo es necesaria para la constitución de la identidad masculina, del mismo modo que la clase de objeto se constituye por la posibilidad de la ausencia de los rasgos que lo distinguen. Si se puede concebir un ser con dos piernas, se puede concebir al menos uno que tenga más o menos piernas. El varón una vez aceptada la castración simbólica, para constituir su identidad y huir de la ansiedad puede identificarse con el padre y ser un portador del Falo en el futuro y como el falo es un objeto imaginario lo puede buscar en su relación con cualquier otro objeto. Lo que hace el resto de su vida. Los varones buscan su identidad en lo que hacen, pero las mujeres tienden a identificarse con lo que son, lo que no puede generalizarse, pues, según Lacan, “La mujer no existe” como clase. La mujer para constituirse como sujeto cuentan, tras la castración, con la posibilidad de tomar elementos de la función Falo y elementos del deseo de la madre. Unas posibilidades combinatorias que hacen imposible que haya una única solución femenina para la castración.  Los varones, por el contrario, sí constituyen un conjunto identificable, un universal, por ser el producto de un camino rígido de imitación del padre. Los varones que adoptan la función femenina tienen grandes dificultades. En cuanto al incesto, su renuncia es la parte más dura de la castración del niño que no puede ser el objeto del deseo de la madre.

Relación sexual.- Para Lacan no hay compenetración sexual en las parejas. Cada uno busca fines distintos de los del compañero/a. El varón tiene una meta, la mujer por su proceso constitutivo como sujeto tiene muchas posibilidades abiertas.

  • Los cuatro discursos.- Lacan desde su experiencia con Amos, Universidades, Analistas e Histéricos extrae cuatro formas de relación del sujeto con los otros. Cada grupo representa respectivamente al que está en posición de poder; a las instituciones; a aquellos ante los que el sujeto se coloca en una situación de desvelamiento voluntario de sus procesos internos y, finalmente, el grupo de los histéricos que representa a aquellos que se interesan de forma no genuina por problemas externos a él y que obligan al sujeto a situarse en una posición de poder (Amo). Todos estamos alguna vez en nuestra vida emitiendo o recibiendo un discurso de una de esas cuatro clases. Así, un humilde trabajador puede estar en posición de poder alguna vez, no es necesario ser un académico para experimentar la ansiedad que genera la relación con una institución, no faltan ocasiones para constituirse en la posición de recibir confidencias o peticiones de consejo de alguien con quien se tiene o se cree tener confianza y, finalmente, el discurso histérico es adoptado por cualquiera, antes o después, si se quiere aprender algo. Estas formas de interrelación no están asociadas a estados patológicos pero sí con las estructuras subyacentes en el sujeto relacionadas con potenciales síntomas. Estos discursos no tienen que ser enunciados por gente de carne y hueso. Están también en los eslogan y en la publicidad. Lacan se inspira en Hegel y su famoso análisis de la relación entre Amo y Esclavo y la teoría marxista de la plusvalía. Lacan identifica al objeto causa del deseo (Object a) con la plusvalía. El obrero produce la plusvalía, pero la pierde, el capitalista la recibe, pero la tiene que invertir. Ninguno la posee. Lacan utiliza esta analogía para relacionar cuatro elementos: el agente/verdad, de una parte, y los otros/producción, de otra. Así el que emite un discurso es el agente (sujeto), los otros son aquellos a los que el discurso es dirigido. Bajo el mensaje del agente se esconde la verdad, que se está en los discursos convencionales y, bajo los otros se esconde la producción, aquello que el agente extrae de la relación. En esta formulación tienen cabida S1 (significante Amo), S2 (cualquier significante), el sujeto Barrado y el sujeto Object a, según el tipo de discurso. S1 define y representa al sujeto en su relación con los otros significantes, pues es entorno a él que se ha constituido como sujeto. S2 representa a todos los significantes y, por tanto, al conocimiento. El Sujeto Barrado representa la sumisión del sujeto tras la castración a la Ley transmitida por el lenguaje. Es consciente de esa laguna en busca del Object a causa de su deseo. En el discurso del agente, el Object a proporciona un exceso de goce.
    • El discurso del Amo.- Es el que enmarca a los demás discursos. El amo es el agente y no se dirije a los otros en tanto que sujetos, sino en tanto que cumplen alguna función productiva. Así el significante Amo (un general en la guerra) esconde al sujeto barrado (como el mago de Oz) y se dirige, no a los otros, sino  a habilidad (los soldados y su capacidad y técnica de lucha) representada como conocimiento por S2, al tiempo que disfruta de su producción (la victoria) representada por el objeto de deseoObject a que le produce la jouissance del ascenso y la gloria.
    • El discurso de la universidad.- Es el discurso de la instituciones. El agente es la institución representada por su know-how (S2) que está dirigido a los otros (a) el Object a (los estudiantes en el caso de la universidad). La verdad oculta tras la institución es el poder (S1) y detrás de el Object a está el sujeto barrado (el estudiante y sus imperfecciones), que ofrecen su producto a S2 (el conocimiento), pero de hecho están motivados por el S1 de la institución (su antigüedad, prestigio, poder en definitiva) que la convierte en objeto de deseo. El conocimiento es el agente. los estudiantes son los otros deseantes de conocimiento. Pero este conocimiento es también castrante y por eso el sujeto barrado es la verdad oculta tras el deseo del estudiante.
    • El discurso del analista.- El agente es el analista que ha aceptado el objeto causa de deseo del analizando (Object a) al producirse la transferencia y convertirse en un espejo durante la sesión. El discurso va dirigido al sujeto barrado que tiene enfrente a su ansiedad. Pero la verdad que oculta es su conocimiento de la ciencia psicológica que utiliza para extraer del paciente su verdad oculta, su significante Amo (S1) que es su producción. Si el analista no adopta la posición de poder, el significante Amo del paciente no aparece.
    • El discurso del histérico.- No es un discurso patológico. El agente del discurso es el sujeto barrado de histérico que oculta el Object a de su deseo y se dirige al significante Amo (S1) de los otros que responden produciendo conocimiento (S2).  El agente (el alumno) nunca queda satisfecho (hambre fáustica). El detentador del significante Amo (la universidad con sus profesores) no produce por amor a la enseñanza, sino por su conexión inconsciente con el deseo del agente (el histérico). Lacan dice que el deseo del histérico por el conocimiento no conduce al conocimiento, sino que lo que produce es un discurso (la pereza del concepto). El estudiante busca el título que S1 proporciona antes que el conocimiento. Busca el prestigio del conocimiento, pero rechaza el esfuerzo para conseguirlo. Paradójicamente mientras busca su objeto de deseo (el título) aprende sin pretenderlo. Los estudiantes tiene el derecho por la matrícula a preguntar, pero su castración frente a la institución lo impide. Se siente (sujeto barrado) estúpido preguntando. Solo los que aceptan su situación de castrati vencen el miedo y adquieren verdaderamente el conocimiento S3 que posee la universidad S1. Una actitud que es intrínseca del periodista y que le permite adquirir mucho conocimiento a lo largo de su vida profesional.

 

RESUMEN SUMARIO

Lacan da un giro copernicano a Freud y donde éste veía influencia del deseo sexual en la construcción del sujeto con posteriores consecuencias sobre su biografía, Lacan veía todo un mundo complejo compuesto de:

  • la influencia de cuatro ámbitos con influencia respectiva compleja:
    • Imaginario, que es la representación del mundo para el sujeto construida con imágenes provenientes de los sentidos.
    • Simbólico, que es el ámbito de los signos, fundamentalmente del lenguaje hablado en el que los significantes, especialmente el llamado Amo, se mueven de unos significados a otros y de la conciencia al inconsciente creando un mundo de una riqueza extraordinaria.
    • Real, que es aquello que no puede ser representado ni con imágenes, ni con signos. Mueve nuestras emociones y completa la percepción de la realidad más allá de las herramientas que nos proporcionan los sentidos o la capacidad de codificación del cerebro.
  • Dos tipos de significantes
    • S1.- que se asocia al significado esencial de la vida de un sujeto y ordena su acción y pasión.
    • S2.- la suma de todos los significantes que el sujeto puede llegar a manejar y que es vehículo del gran Otro.
  • Tres agentes primordiales:
    • El sujeto en ciernes que se dobla en el ego y deviene sujeto castrado o barrado.
    • La madre, cuyo deseo es objeto del deseo del sujeto en construcción que vive con ansiedad su ausencia.
    • El padre, cuya posesión del Falo como símbolo del objeto de deseo de la madre, le da el poder de castrar el hijo sometiéndolo al lenguaje que es portador de todas las limitaciones acumuladas por la sociedad
  • Dos géneros
    • Masculino, que puede ser adoptado por todo aquel que tiene la esperanza de dotarse del Falo
    • Femenino, que puede ser adoptado por todo aquel que oscila entre la imitación del modelo de la madre o la seducción del padre.
  • Tres objetos
    • El Falo, símbolo del objeto de deseo de la madre
    • El Object petit a que es el fragmento del Falo y, por tanto, forma universal del objeto y causa del deseo del sujeto.
    • Los Otros, opresores, limitadores a través del lenguaje y, al tiempo, detendadores de la atracción que el sujeto desea dando contenido a una de las formas de su deseo universal.
  • Dos motores
    • Pulsión, algunas de las cuales proceden de la animalidad  y otras no (Pulsión de supervivencia, Pulsión de Muerte, Pulsión erótica). Energía libidinal que mueve a la satisfacción de una necesidad. Se pulsiona lo necesario.
    • Deseo o diferencia entre la demanda y la necesidad que se explica en el funcionamiento de partes del cuerpo sin una finalidad distinta del goce. Se desea lo superfluo
  • Dos motivadores
    • Placer.- goce que se obtiene al seguir una pulsión para satisfacer una necesidad.
    • Jouissance.- goce que se obtiene al satisfacer un deseo.
  • Cuatro elementos de los discursos (uso del lenguaje)
    • Agente, que es el emisor del mensaje
    • Verdad, que es lo que subyace al discurso emitido
    • Los otros, el destinatario del discurso
    • Producción, lo que hace atractivo al destinatario para el emisor
  • Cuatro tipos de discurso
    • Amo, que es el discurso del poder
    • Universidad, que es el discurso de las instituciones
    • Analista, que es el discurso de que quiere curar
    • Histérico, que es el discurso del que quiere aprender

El juicio infinito y los litotes

El juicio infinito de Kant es un pozo del que manan reflexiones interesantes. Este filósofo hizo una clasificación de los tipos de juicios que proferimos los seres humanos para sus propósitos de explicar las condiciones de posibilidad del conocimiento humano. Entre las familias de juicios está la de la cualidad que contiene tres tipos: afirmativos, negativos e infinitos. Éstos últimos son una aportación de Kant utilizadas, pero no tematizada con anterioridad. Ejemplos:

  • Positivo: “Este mueble es negro”
  • Negativo: “Este mueble no es negro”
  • Infinito: “Este mueble es no negro”

Como se puede comprobar son juicios positivos aquellos en los que se atribuye un predicado a un sujeto y son juicios negativos aquellos en los que se niega un predicado a un sujeto. La novedad viene del juicio infinito en el que se afirma de un sujeto la negación del predicado. Al contrario que en el juicio negativo, en el que la negación del predicado implica, en el ejemplo, que el mueble será de cualquier color que no sea el negro, en el juicio infinito se abre un indefinido número de posibilidades sobre qué cosa sea un mueble, pues lo que se afirma es que puede ser cualquier cosa menos ser de color negro. Se podría pensar legítimamente que el sujeto, el mueble,  es una silla o una cama o, también, que es de un color distinto del negro. De alguna forma el predicado de un juicio infinito es un litote. Un litote es una forma de mitigación de lo que se dice. Por ejemplo, decir “no está mal“, en vez de decir “está muy bien“. Del mismo modo, decir “no muerto” o “no humano“.

Sin embargo, el filósofo eslovaco Zizek utiliza este mecanismo para un fin distinto pues no usa el ejemplo del “no muerto” para indicar que de alguien del que se supone la existencia (el sujeto) se le relaciona con muerte la muerte, aunque sea para negársela. De esta forma concebimos al zombie, es decir, al muerto viviente. Pero, siguiendo a Kant, el juicio “Este hombre no está muerto” informa de que está, en todo caso, herido o desvanecido, pero decir  “Este hombre es un no muerto“, sólo quiere decir que puede estar en muchos estados menos la condición de muerto. Por esta fisura entre la vida y la muerte se cuela el zombi, del mismo modo que por la fisura entre la humanidad y la no humanidad se cuela lo inhumano.

En efecto, Zizek utiliza del mismo modo el juicio infinito “Este ser es inhumano” equivalente al juicio “Este ser no es un humano“. Juicio que nos lleva a considerar que se está hablando de un animal o un mineral, por ejemplo, es decir, sería otro tipo de ser. Así, el juicio “Este ser es no humano (inhumano)” indicaría algo completamente diferente. Siguiendo a Kant con fidelidad se estaría abriendo la posibilidad de muchos atributos excepto el de la humanidad. Sin embargo, Zizek cree lo que indicaría es que el sujeto no es ni humano ni inhumano, sino que participa de ambos conceptos. Es un alejamiento de lo humano sin dejar de ser humano. Para Zizek, antes de Kant el ser humano es visto en conflicto con la maldición divina y, después de Kant, estaría luchando consigo mismo. En  la ilustración la subjetividad es considerada “la luz del mundo“, pero en el romanticismo la subjetividad es considerada “la noche del mundo“. El fondo oscuro del que proceden, en realidad, todos los males es el propio hombre.

Me parece que a Zizek no le interesa tanto la extensión del juicio infinito, como la intensión de la negación del atributo. No le interesan qué posibilidades aparecen como atributos de un ser humano cuando se le niega la humanidad, sino el horror que aparece en ese propio ser humano desposeído de ella, ese muerto que vive, ese humano que horroriza en Auschwitz. Es decir, la expresión “no muerto” o “no humano” retiene, para los propósitos de Zizek, tanto la humanidad como su negación a modo de un tipo nuevo de zombi, para así poder señalar al horror, no como un atributo de seres que no son humanos, sino del propio ser humano. Es el litote lo que le interesa, más que la extensión del juicio mismo. ¿Qué quiere decir no humano? pues no querría decir animal o ángel, sino un humano transformado en diablo. De esta forma, como litotes, decir “no muerto” es mitigar la muerte dejando espacio para la vida y decir “no humano” es mitigar la humanidad para dejar, en el mismo ser espacio para la bestialidad.

También fue Kant quién acabó con la ilusión del argumento ontológico para probar la existencia de Dios. Enunciado por San Anselmo, viene a decir que siendo Dios un ser perfecto no le puede faltar ninguna característica positiva y, que siendo la existencia una de ellas, Dios debe existir. Kant objeta que la existencia no es un atributo, sino la condición previa de la atribución misma. Por tanto, si no se existe previamente a cualquier atribución de cualquier condición, es inútil predicar a priori tal existencia. La existencia no se deriva del derecho lógico a existir. Siendo así que la vida es la condición de toda otra condición, la condición de “no muerto” exige la vida con carácter previo y la condición de “no humano” la humanidad, igualmente, con carácter previo.

Creo que Zizek muestra agudeza en su uso tangencial de los litotes exitenciales. Pues nos despoja de cualquier pretensión de buscar fuera de nosotros la explicación a lo que nos ocurre. Toda la maldad del mundo empieza y acaba en el propio ser humano. Esta es una verdad que conviene afrontar cuanto antes, para no dejar “ad calendas graecas”  o a un futuro e hipotético “juicio final” las soluciones personales e institucionales a nuestros problemas. Un enfoque que podría ayudar a que la solución históricamente adoptada que es, en el ámbito individual la violencia y en el institucional, la guerra, sean abandonadas y sustituidas por la conversación pacífica sin olvidar la firmeza que señala hacia la fuerza como último recurso de los incompetentes.

(XVII) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

… viene de (XVI)

Una vez escuché sobre la manía de la “precursitis” o defecto de buscar en el pasado detalles en autores menores, o no, que fueran precursores de obras mayores de autores de talento para reprocharles el plagio. Hubo una vez un programa de Radio Clásica que tenía una sección en la que se ejecutaban fragmentos que con más o menos fidelidad coincidían en su línea melódica con alguna gran obra, como por ejemplo la novena de Beethoven. Yo mismo creí haber encontrado en el segundo movimiento de la cuarta sinfonía de Mendelssohn el principio del popular pasodoble “Suspiros de España” que el gienense Antonio Álvarez compuso en Cartagena.

Seguimos con nuestro zizagueante autor en sus propuestas y fintas al lector. En esa onda de la precursitis, Zizek, habla de plagiar al futuro cuando en una novela de Guy de Maupassant se encuentra un episodio que tiene todos los detalles de la célebre escena del té y la magdalena de Marcel Proust treinta años antes. Zizek, como siempre hace, después de una afirmación tan dudosa, la pone entre paréntesis y la niega, porque no cree en la comunión mística entre espíritus de épocas distintas. Cuando ya te ha convencido vuelve a la fase positiva que supere a las dos anteriores y nos propone una cierta teleología en la que “el presente apunta hacia un futuro determinado con antelación”.  De esta forma da un enfoque materialista a la cuestión. Razona con Molly Rothenberg que algunos acontecimientos tienen la virtud de destruir la red de criterios que los justificaba quedando “en el aire” para ser rechazados desde el mismo momento de su materialización. Pone el ejemplo de Julio César cuyo asesinato estaba justificado hasta, justamente su comisión. Dice Zizek, que una vez que entramos en el ámbito de los simbólico las cosas no sólo son, sino que han sido de algún modo, pues parte de su ser está tomado del futuro porque el futuro está ya latente en el presente, aunque sea percibido de forma confusa. Este préstamo del futuro sólo se advierte cuando se produce la repetición en el siguiente autor o actor que reproduce el anterior episodio. En hegeliano el texto de Maupassant es en-sí y se convierte en para-sí, cuando la leer a Proust cambiamos nuestra lectura de Maupassant. Hay tres momentos: aquel en el que Maupassant escribe, aquel en el que Proust repite y, finalmente, aquel en el que nosotros leemos a Maupassant a través de Proust. Este proceso cataloga al texto original con el lacaniano no-Todo, que lo abre al futuro para sus lagunas sean colmatadas. No son pocas las ocasiones en las que, tomada una decisión y ejecutado el acto nos arrepentimos inmediatamente pues la irreversibilidad de lo hecho hace flaquear a las razones que lo fundaron. Un ejemplo extremo es el de los suicidas en los que chocan con violencia la vida y las causas de la frustración, que suelen venir envueltas en el complejo paquete del lenguaje y los símbolos, como ocurre en el desamor. El orden simbólico muestra así su estructura compleja: no es una causa que intervenga desde un mundo fantasmal, pero sí es un efecto paradójico que retrospectivamente postula su presuposición, su propia causa. Es ejemplar el caso de Jack London que se atrevió a profetizar las circunstancias de su propia muerte (también lo hizo De Moivre) a mitad de su carrera (lo que puede ser una autoprofecía). Un hecho real en su contingencia no cambia por su interpretación, pero el mundo simbólico sí al completarse una narración con su emergencia, enfatizando la brecha entre lo real y lo simbólico. Brecha que se manifiesta en la impostura del papel social, que llega a su extremo cuando nos representamos a nosotros mismos repitiendo la imagen construida. O cuando al realizar un acto grave, no sólo descubrimos en plenitud lo que nos llevo a ejecutarlo en el marco de la ley (universalidad abstracta), sino que se crea una nueva norma (universalidad concreta) de la que el acto es un ejemplo máximo. Así el caso particular de la antigua ley, se convierte en el germen de la nueva. Daniel Dennett radicaliza la fuerza del significante con el ejemplo de Russell que afirma que no supo hasta qué punto amaba a determinada mujer hasta que se oyó decirlo a sí mismo. Dennett cree que esto no es una excepción, sino el mecanismo ordinario de generación de sentido. “La verdad es un efecto sorpresa desencadenado por su enunciación” (Gregor Moder).

Pero en estos procesos ¿hay un sujeto o no? Obviamente, a estas alturas de la discusión, un sujeto que se autopresenta y autorrefiere que está sometido a procesos de forclusión (ocultamiento de un significante incómodo), represión (sepultamiento de un significante insoportable), denegación (rechazo de un significante molesto), que se comprende a sí mismo, pero cuya seguridad es socavada por el proceso de escribir que aplaza su identidad acosado por rupturas, faltas, fracaso, en definitiva. En el contexto de la filosofía el sujeto es discutido por el estructuralismo asubjetivo. Zizek arranca con el origen de todo estructuralismo: la idea de Ferdinand de Saussure de que la identidad del significante reside en una serie de diferencias, por lo que es la serie de todas aquellas cosas que no es. Es la identidad diferencial. Toda presencia surge sólo en el contexto de la ausencia potencial. Hay, pues, una presencia de la ausencia. La diferencialidad es una característica esencia de la dialéctica a pesar del rechazo del marxismo que consideraba al estructuralismo no dialéctico, cristalizado y por tanto un peligro potencial para la revolución. El origen de este rechazo reside en la creencia de que el estructuralismo se funda en una lógica binaria (diferencial). Zizek se apresta a fundir esta lógica con la dialéctica. Antes recuerda que Lévi-Strauss cree que la capacidad de significación le tuvo que llegar al homínido de golpe no gradualmente. Dado que el campo de significante es finito y el de significados infinito es necesario una especie de significante puro no consciente pero presente en su ausencia que sutura la brecha entre el mundo y nuestra capacidad de simbolizarlo, es decir, de comprenderlo. Para compensar el exceso de sentido, un significante diferencial y flexible. (NOTA.- Esto explicaría que a donde no llega el cuerpo histórico de significantes llegue el significante Dios. La ciencia al rechazar este significante comodín, deja a la humanidad ante el vacío diferencial, que es cubierto por todos los oscurantismos pretendidamente explicativos). 

Para esa sutura se necesita un proceso de universalización (marcar a toda la cadena significante), su subjetivización (el sujeto lo incorpora a su cadena de significantes) y, finalmente, su temporización. Con estas armas es posible construir significantes con fragmentos que inventan su propio significado como es con el antisemitismo que se construye a base de todos los defectos observados en las distintos conglomerados sociales. Así el significante se incorpora a la serie de significados para darles unidad. En efecto a toda la serie de defectos se suma el significante “judío”. De esta forma se explican las tautologías “Una rosa es… una rosa” que economiza la relación de características incluyendo el nombre. Ese poder unificador del nombre explica porque los nombres nuevos o los slogan aglutinan el desorden social. El significante Amo se apodera de la imaginación, suple las carencias y dota de convicción a la acción. Pero el desorden llegó porque se rompió el equilibrio de la pareja de significante y vacío, que es cubierto por la multiplicación de propuestas e iniciativas. Para evitarlo nada como la ambigüedad de los significantes. Por eso en las negociaciones los actores se presentan con propuestas enérgicamente formuladas como innegociables, pero que son mágicamente transformadas por la inclusión de una característica no evidente en la primera formulación. (NOTA.- En general la ambigüedad se basa en que el oyente suple las carencias de la formulación con su propia aportación a base de significantes que da por supuesto en el contexto. Cuando se desvela el resultado su sorpresa será mayúscula). 

El nombre de una cosa representa, no tanto a las características ya codificadas (simbolizadas) como a aquello indefinido que hace a una cosa diferente de otra, un “no sé qué” que no es captado, no es representado por el resto de significante y que nos lleva a decir “Tú eres tú” sin miedo a caer en la trivialidad. Pero esa presencia imponente de la carencia, de lo que falta para la plena asunción del significado, del mundo, necesita un significante y en Lacan es el falo. Esta falta permite todos los juegos políticos, los juegos de la ambigüedad que convierte a la política en el arte de “lo que me conviene” y los significantes no pueden impedirlo. Al final se impone el “no sé qué” que cada un experimenta como la verdad de la cosa. Una falla que permite argumentar a favor de cualquier particularismo como sería la Nación Gorda o la Nación Frígida. De algún modo la humanidad es una Nación Sorda, resultado de lo que Lacan llama “castración” simbólica, porque se impone el “nombre del padre” que obliga a la entrada en el mundo simbólico, el de ley. El falo es la pérdida y es el nombre de la pérdida. Un mundo de prohibiciones que evoca un mundo de prohibición de las prohibiciones. o sea, de libertad. Un mundo libre de dominación en el que se puedan establecer las reglas de dominación. Tenemos la capacidad de vivir en dominación y, al tiempo, ver la dominación desde fuera como si fuéramos libres. La castración simbólica está inscrita en el sistema y hay que ocultarla o como muro (fobia) o como velo (fetiche). Es fácil ver cómo los muros son pintados para convertirlo en fetiches del lado del constructor. En Cisjordania hay un muro pintado con el paisaje del otro lado pero eliminado el poblado palestino que realmente existe. Es una limpieza étnica químicamente pura.

Pero, Zizek está en la discusión ambigua del psicoanálisis entre el extremismo sexualista de Freud y la mitigación simbólica de Lacan. Posiciones que el Zizek más lúcido trata de presentar en su aspectos interesantes y sus aspectos más artificiales, como hablar de falo o castración para que el psicoanálisis quede como una disciplina respetable “que se ocupa de cómo los sujetos humanos sufrientes superan las ansiedades de la finitud“. Esto lleva a convertir la castración en limitación y al falo como su significante puro. Son formas que recuerdan al humano que ha de morir y que debe educarse para considerar las limitaciones que el narcisismo inicial debe sufrir para adaptarse a la realidad. Educación que está dirigida no a la naturaleza sino al exceso aportado por el optimismo de la especie.

La castración simbólica no es sólo ser objeto de limitaciones por la ley, sino el mismo hecho de adoptar un papel convencional que abre una brecha entre el yo que me siento y el rol social soportado. Brecha que es tanto más abierta cuanto más alta sea la responsabilidad aceptada. En este sentido el falo sería una insignia, una máscara. El falo es el símbolo de una pérdida, pues aunque se posea el pene, su poder es escaso en el plano simbólico. La brecha entre el significante y el objeto es la separación, la percepción del carácter estrictamente convencional del vínculo entre ambos. Pero no todos los significantes tienen el mismo rango. En toda estructura hay una falta que es cubierta por un significante reflexivo (el significante de la falta de significante o significante Amo) que se ocupa, precisamente de la falta de significante. Si la falta es el sujeto, el significante reflexivo representa al sujeto.

En la química del siglo XVIII la carencia de conocimiento del sujeto era cubierta por el significante reflexivo llamado “flogisto”. Dios es el supremo significante reflexivo, el que sustituye a todo lo que “falta” en el sujeto para cubrir todo el campo cognitivo y emocional. Es el borgiano “perros incluidos en esta clasificación”, que, por cierto, Zizek yerra en la cita. Igual lógica hay en el lacaniano object a, que funciona como un objeto de deseo que cubre una falta objetual percibida que escapa del orden simbólico. Es el objeto de los objetos, un objeto virtual que constituye mi deseo. Es cómo un generador abstracto del deseo, que lo mantiene latente a la espera de un objeto concreto. Es un objeto ex-timo en contraste con lo in-timo. La relación de object a y significante Amo se articula del siguiente modo: el object a resulta de dos carencias 1) en el orden simbólico, cuando no tenemos significante para una experiencia real (cuando experimentamos algo para lo que no tenemos palabras y 2) en el orden real, cuando no tenemos objeto real para un significante comodín como es el significante Amo (cuando tenemos la palabra Dios, pero no su experiencia).

De esta forma se construye la alienación porque parece que el Otro/Amo posee aquello de lo que carece el sujeto. En la separación el sujeto descubre que el Otro tampoco tiene lo que le falta. Por eso, cualquier constitución de un sujeto es seguida del sustituto de la pérdida de significación real. La relación entre al significante Amo y el object a es ambigua, pues pueden intercambiar sus papeles de significante y significado. El significante Amo “cae” en el significado cuando se incorpora a la “clasificación” de particulares (Dios como mito) y el object a se hace significante cuando cubre la falta de significante y sustituye a la realidad ausente. El carácter virtual del object a se manifiesta en el límite de la división del uno, cuando ya sólo queda el uno y la nada, que es significada por él. En ese fondo de la realidad, el Uno y la Nada no son complementarios (no dan una realidad mayor que uno, pues la nada resta paradójicamente del Uno). Es el grado cero de negatividad. Hegel no puede captar esto porque no capta la falta en el sujeto simultáneamente con la falta en el objeto. No capta la diferencia pura (sin diferencia) que se apoya en la nada del object a. De esta forma se articula el cambio entre el lugar en la estructura y percepción del objeto. El ejemplo máximo es el “efecto pedestal” que el urinario de Duchamp puso de manifiesto. Una ruptura paralela a la que supone la sexualidad desplazada respecto de la procreación, que deviene sexualidad propiamente dicha.

En estas Zizek confronta en Lévi-Strauss el formalismo con el estructuralismo, afirmando que, en éste, no se distingue entre forma y contenido, mientras que en aquel hay objetos que “son” sólo su forma. De este modo el cambio de lugar en una estructura es posible hasta que interviene un elemento que cambia toda la estructura. Ese elemento especial permite establecer que la diferencia entre un elemento y su posición dentro de la estructura es una diferencia pura que es la condición de la diferenciación simbólica, la que hace posible el discurso.

RESUMEN

En este fragmento Zizek nos trae interesantes reflexiones a partir de su dúo favorito Lacan-Hegel. De nuevo aparece la dialéctica aplicada, en este caso, a la relación pasado futuro, tanto en el ámbito simbólico, como en el real. La tesis es que lo presente contiene el pasado del futuro. Ya somos el pasado de los que nos han de suceder y el futuro de lo que nos está sucediendo. Toda la discusión repite la mecánica dialéctica de la afirmación, la problematización y la resolución del complejo de la relación entre las dos primeras fases. Hasta el extremo de que se afirma que sólo al decir algo comprendemos su radical significado. Pues aunque digamos algo por su simetría formal, hemos construido un significado que nos puede superar. Después movimientos circulares en torno a la separación entre los simbólico y lo real y los problemas que esa brecha crea en nuestra percepción de los cambios.

Sigue en (XVIII)…

(XVI) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

… viene de (XV)

No sé si la primera parte del libro era una lectura de Hegel desde las posiciones de Lacan, pero la segunda parte sí que es explícitamente una lectura de Lacan desde la filosofía de Hegel. Lacan conoce a Hegel fundamentalmente por los cursos de Kojeve que, a su vez, tiene una determinada visión del filósofo. Lacan da muestras de interesarse por algo así como la cosa en-sí kantiana por su énfasis en lo Real como aquello que se resiste a ser simbolizado o imaginado y que, en la versión psicoanalítica, explica la distancia entre el sujeto y el objeto de su deseo. Una posición que parece discutir, si no deslegitimar la pretensión de Hegel de la autoconciencia que deviene Absoluto como sustancia y sujeto, la realidad de los racional, la autocancelación de la negatividad, la asunción en el concepto… Lacan usa el esquema hegeliano para situar al analista como el Absoluto porque, tanto éste como aquel, hacen su interpretación desde un futuro que aún no ha llegado desde el que juzgar el pasado “que será”. Pero lo hace, en la segunda versión de Lacan, con exquisita neutralidad para que el problema se resuelva solo, o el contenido del análisis se destruya a sí mismo por sus incoherencias al faltarle un obstáculo externo. Es la posición hegeliana de dejar que “astucia de la razón” haga su trabajo sin nuestro estorbo.

La primera versión de Lacan era más ingenua e interventora en el proceso de curación, pues consideraba que ésta llegaba con comprensión simbólica de los síntomas. Es decir, la curación es la comprensión del problema (NOTA.- como la propuesta de “más Platón y menos Prozac” de Lou Marinoff). Ahora Lacan interpreta el lenguaje como el proceso de no pensar en la muerte, como una pantalla protectora de la salud mental. Por eso, el último Lacan propone la curación a través de la simbolización de los síntomas y el encuentro violento con lo real para, luego, “mejorar nuestra economía psíquica”. Lacan señala al acto ético como el lugar del encuentro con la aterradora realidad. También advierte que hay que volver con rapidez a las apariencias de los simbólico e imaginario para proteger la psique. Por eso Lacan advierte sobre la responsabilidad del analista que puede “desestabilizar toda la economía del sujeto y traer una desintegración catastrófica de su mundo“. Una visión de la experiencia humana que es paralela con la descrita por Heidegger. Dado que la salud tiene que ver con el cuerpo y sus procesos de equilibrio y no con la Verdad, reclama la acción ética para que la felicidad sea su resultado natural. Zizek dice: “Cuida de los sonidos (significantes) y el sentido (significado) cuidará de sí mismo“. Es decir, Lacan propone afrontar la Verdad mirando de frente lo Real. Un planteamiento, el de Lacan, que recuerda la astucia de la Razón cuidando de la realidad si los individuos saben navegar en sus aguas. Es, en definitiva una llamada a la acción sub-yacente del sub-consciente, cuyo lugar había sido ocupado por la divinidad.

La prosopopeya significa según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española “Atribución a las cosas inanimadas o abstractas , de acciones y cualidades propias de los seres animados, o a los seres irracionales de las del ser humano“. Zizek transfiere este significado al caso en el que los seres humanos “son hablados” por el lenguaje, que es el medio que utiliza el gran Otro (la sociedad con sus normas y leyes). De modo que siempre que un ser humano hable con lenguaje estereotipado se estaría dando un caso de prosopopeya figurada.  Zizek ve en la mujer la lente que desvela el carácter prosopopéyico del discurso del varón. La socrática ironía que desvela las miserias del orador o del ateniense seguro de sus conceptos. Una situación que se semeja a la del analista que en silencio irónico representa la ausencia de contenido del discurso del paciente que traslada a la habitación el contenido del gran Otro en el que cree ingenuamente. En ese cimiento apoya el análisis de las dificultades del ser humano para gestionar la verdad y, por eso, su continua pirueta para situarse detrás de una máscara. Una mascara que muestra tanto la debilidad del que es hablado, como del que habla a través de él. Los propios sueños no hacen otra cosa que citar, pero mal. Siempre hay que citar, porque todo está ya escrito. Para Zizek, esta es la verdadera “astucia de la razón” de Hegel. Ese legado inmenso de reflexiones y dichos que se imponen a la creatividad individual. ¿Cómo cambiar entonces, si estamos atrapados en el lenguaje ya dicho? Sólo en un cambio tan radical que cambia hasta los criterios con los que vamos a juzgarlo. De esta forma hasta el fracaso se puede convertir en éxito para quien adopta estos nuevos criterios. (NOTA.- un buen ejemplo de juicio emitido desde criterios sobrepasados por lo juzgado es esta carta de rechazo a la pretensión de Einstein de ser profesor asociado en la Universidad de Berna. Ya había escrito el artículo que le valió el premio Nobel de física.) Esto es para Zizek la “negación de la negación” al que llama un cambio de perspectiva que convierte el fracaso en éxito.

Pero esa jaula que es “hablar “por boca de ganso” a veces se abre en los lapsus que permiten saber lo que el lenguaje estereotipado oculta. somos recipientes cuyo contenido nos avergüenza, por lo que lo tapamos con cháchara que no puede ser discutida por el interlocutor sin caer en impertinencia. Estos lapsus serían la orientación para la cura en el marco de una conceptualización completa (hegeliano conocimiento Absoluto) de los síntomas por parte del paciente con la ayuda del analista. Pero tras una conceptualización completa acechan los síntomas que delatan su falsedad.

El todo siempre deja algo fuera que el esfuerzo dialéctico trata de captar. Un algo fuera como es la crueldad, el sufrimiento y el crimen, que no hay promesa futura que pueda justificar. Pero Zizek, una vez más, deja caer una justificación hegeliana para el terror en el nacimiento de la sociedad burguesa y la guerra necesaria para su mantenimiento. Una excrecencia de la legitimación historicista de Hegel en el proceso de asimilación de todas los avatares de la historia. Pero estos horrores son síntomas del fallo de la aparente perfección del universal, del Todo. Dice Zizek que un error es una no-verdad parcial, pero que un síntoma es una irrupción parcial de una verdad reprimida de la Totalidad, una verdad que contradice la totalidad. El síntoma no es la expresión del contenido oculto en el sujeto, sino que “viene del futuro”, apunta a algo que sólo llega a ser a través de él.

La radicalidad de su concepto de síntoma trae la cita de Lacan de que “la mujer es un síntoma del hombre“, incurriendo en un disparate de género, lo que a Zizek, el hombre que va tocando narices (sobre todo la suya) le da igual. Esto permite, en una nueva pirueta de Zizek, decir que la “astucia de la razón” no es consecuencia de una fuerza secreta que subyace manipulando a los agentes individuales, sino agentes individuales siguiendo sus intereses cuya acción se organiza a posteriori. Para Heidegger la astucia de la razón se instala en el corazón del fracaso individual al no haber posibilidad alguna de alcanzar una totalidad plena de sentido para la propia vida. Es una posición corrosivamente pesimista que contrasta con la de Hegel, que sí cree que se puede suspender la negatividad integrándola en una narración con sentido. El sentido, para Heidegger es posponer la nada. Con Hegel hay esperanza de positividad, pero pasando por un fracaso previo. Pero, no es una transformación mental, no es una resignación “suceda lo que suceda” que acabará teniendo sentido, sino una verdadera transformación de la realidad en las distintas fases dialécticas. Hegel nos pide que cambiemos la perspectiva para ver la positividad de los negativo, pues el sentido sólo puede provenir de la aniquilación. (NOTA.- Es lo que haría un científico que ve en los residuos sustancias aprovechables. Ne le repele, ni el olor, ni la textura nauseabunda).

Así se pasa de que el obstáculo se convierta en un facilitador y la condición de imposibilidad en condición de posibilidad y la trascendencia en inmanencia y, finalmente, la inclusión del sujeto de enunciación en el contenido enunciado. Una mera distorsión de la cosa, se convierte en la cosa misma. Si, como Hegel predica la contradicción es el nombre de lo Real, éste es simultáneamente la cosa que no puede ser conocida y el obstáculo para ese conocimiento directo. En el marco psicoanalítico un acto violente produce un trauma que es un obstáculo para mirar directamente al acto. La brecha que separa al sujeto que conoce del objeto conocido es inherente al objeto mismo. Mi conocimiento de una cosa es parte del proceso interno a la cosa. Por eso, para Zizek, la pregunta no es “cómo se puede conocer“, sino “cómo puede ser que ese conocimiento esté dentro de la cosa como parte de la relación consigo misma“.

Zizek reivindica para Hegel que su enfoque ontológico de la verdad se opone radicalmente al del conocimiento recluido en las condiciones trascendentales de su subjetividad. Es conocido el fracaso de la explicación de una palabra a través de paráfrasis y rodeos. Pero es un fracaso que rodea el lugar significativo que ocupa la palabra (el significante). Esta precisión del lugar, puede generar un conocimiento en el que el significante se convierte en parte del significado. Así la transformación dialéctica se muestra en toda su complejidad al transformarse el predicado mismo en sujeto. Así el sujeto anterior se muestra como ese giro en torno a la cópula: el sujeto se representa a sí mismo, fracasa y se convierte en el fracaso mismo. El sujeto es un enigma para sí mismo y debe suponerse a partir de las manifestaciones fenoménicas de la conciencia. La subjetividad, según Zizek, es justamente esa conversión del sujeto supuesto, en sujeto como suposición, es decir, la suposición como sujeto. La sustancia aparece en el sujeto, que es esa aparición. Y así, el universal es la inadecuación del particular consigo mismo o la esencia es la inadecuación de la apariencia consigo misma. El sujeto es su propia aparición reflejada en sí mismo.

Esta transformación como en la banda de Möbius indica que si se avanza demasiado en un sentido volvemos al punto de partida por el lado contrario. Hay un resto in-humano en la aproximación a la subjetividad que no da respuesta a la pregunta por el sentido. Por eso Zizek cree que la estrategia es el beso que ata la lengua callando el habla y dejando pasar solamente las sensaciones corporales. Es una especie de rendición del sentido. No es de extrañar que la aproximación del otro sea vista como una intrusión en el ámbito de nuestro yo. Para Zizek es inevitable escandalizarse por la existencia de cualquier otro que se presenta ante nosotros con la pretensión de ser un semejante. Pero la universalidad de la especie se impone a la pretensión de aislamiento del individuo autoconciente. Un universal que suma más que el conjunto de sus individuos. Unos individuos cuyas pulsiones le son extrañas como llamadas desde fuera de sí, pero pasadas por la cultura del gran Otro. La pulsión es una fuerza atascada en la consecución de su objeto que nunca termina de lograr. Un fracaso que precede a la reapropiación del objeto o su redención. La voluntad asume el fracaso de los métodos utilizados para lograr el objeto. Es querer el fracaso para ser el salvador de la situación. Una fantasía recurrente en las películas de clase B, en las que hay una atrocidad inicial que justifica la venganza posterior y el goce con la violencia. En la pulsión la demanda, la formalidad de lo que se pide, puede convertirse en el obstáculo al logro.

El idealismo y el materialismo se diferencias fundamental y paradójicamente en la negación por parte del primero de la superficialidad de la realidad. Para el idealismo siempre hay algo profundo que explorar. Es inútil sustancializar nuestra conciencia como hace la New Age, pues, probablemente la neurociencia acabe demostrando que “no hay nadie en casa“. Es inútil perseguir al arco iris esperando tocar su sustancialidad. Si se pone entre paréntesis (epoché) el nivel fenoménico de la conciencia y se limita a la realidad, la conciencia desaparece. Por eso, el inconsciente freudiano se define en los términos del juicio infinito kantiano como ser no consciente en vez del inconsciente material y neuronal que literalmente “no es consciente” al modo del juicio negativo. Unas diferencias que ponen de manifiesto la radical ambigüedad de los resultados de la tortura, pues el sujeto no está seguro de lo que sabe, ni de lo que ama u odia. El sujeto, al cabo, es lo que él considera que es, cuestión que está muy mediatizada por fuerzas fuera de él mismo.

RESUMEN

Todo este fragmento del libro, trata de lo que me atrevo a llamar “el conductismo de la conciencia”, pues una vez que nos dicen que nuestra espontaneidad está dirigida por el gran Otro simbólico y las pulsiones, a cada uno no le queda más remedio que juzgar su propio yo por su “conducta”. Ya Sócrates le hacía ver a Ión (el rapsoda) que su talento era cosa divina y no de su espontaneidad.

Sigue en (XVII)…