(XV) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

… viene de (XIV)

En esta interesante parte de su libro, Zizek afronta su revival de Hegel enfrentándolo a conceptos surgidos después de su muerte, tales como: repetición, inconsciente, sobredeterminación, el pequeño Otro, la lengua, el antagonismo, la lucha de clases y la diferencia sexual.

Repetición.- Hegel no la piensa como tarea monótona e improductiva, sino que es el fundamente de la universalidad. Se le atribuye incapacidad para entender la repetición pura, sin la que, por cierto, no hay aprendizaje. Esta incapacidad viene acompañada de la incapacidad de pensar lo radicalmente nuevo, lo que ya no está potencialmente en lo viejo.

Inconsciente.- Hegel dice que cuando hablamos no decimos lo que pretendemos. Así al decir “ahora” queremos decir este momento particular y, sin embargo “inconscientemente” estamos diciendo todos los “ahora” posibles. Sin embargo, el inconsciente freudiano es el de las asociaciones no tejidas premeditadamente, sino en procesos mentales fuera de nuestro control y que emergen en los sueños.

Sobredeterminación.- Hegel piensa en algún proceso complejo como la inclusión de un universal que se incluye entre los miembros de su propia especie, pero no en las complejas relaciones de la lógica freudiana en la que aparecen compromisos pragmáticos en los que algo se rechaza, pero no del todo favoreciendo su retorno transformado simbólicamente. Toda esa red de conexiones que provocan el bloqueo del recuerdo y, al tiempo, extrae circunstancias y nombre relacionados de forma no explícita con lo buscado. Asociaciones y desplazamientos. Entrelazamientos en los que juega un papel determinante los vínculos entre sexo y muerte.

Object a (el inasequible objeto de deseo).- Antes de Lacan, Hegel piensa en la singularidad contingente y el insaciable apetito del ser humano por los objetos que quiere asimilar (negar). El sujeto se muestra autónomo en su libertad por perder la vida por una objeto insignificante manifestando no su irracionalidad, sino la importancia que tiene para él, lo que precisamente implica su autonomía. Aunque hay menciones al disfrute extra, no hay en Hegel equivalente a la “jouissance” como Real, lo que impide que perciba la brecha entre lo Real y lo verdadero, que es de carácter simbólico.

Las matemáticas.- Hegel no supo ver la mezcla monstruosa de infinitud buena de las paradojas autorrelacionadas y la infinitud mala de la repetición. Las matemáticas modernas no capturan la realidad, pues, una vez establecidas las relaciones formales, queda la medición real para la comprobación empírica que introduce la contingencia en el proceso. Es un reconocimiento de la carencia de sentido del universo. Para Zizek es importante aclarar que Hegel no plantea ingenuamente que el concepto no es el comienzo que materializa en la naturaleza, sino que considera que la lógica es un reino de sombras, de esencialidades liberadas de concreción sensorial. Para Hegel no existe un reino platónico ontológico superior. Para Hegel, el espíritu tiene su presuposición en la naturaleza y es, al tiempo, la verdad de la naturaleza, que se desvanece en su verdad. No hay espíritu preexistente, que se externalice en la naturaleza y se reapropie de la alienación previa. Todo lo que existe es naturaleza, lo que incluye al sujeto y al concepto. El espíritu es solo y nada más que su “retorno a sí mismo”. Se crea performativamente (se realiza en el acto de ser enunciado) en ese retorno. Es interesante el paso de la naturaleza a libertad, que se relaciona con el paso de la necesidad a la contingencia. En el caso de la naturaleza podemos hablar de “contingencia de la necesidad“, pues los procesos están obligados a cumplir leyes cuya estructura es contingente, no hay ningún porqué. La libertad es la “necesidad de la contingencia“, pues se ejerce contra sus alternativas en el marco de las reglas de la realidad. La dialéctica necesidad-contingencia está mediada por la libertad, que dota a la necesidad de contingencia (porque sí) y a la contingencia de necesidad (no es arbitraria). Zizek, cree que no es justo atribuirle a Hegel la pretensión de tratar de abolir la absoluta heterogeneidad del Otro (la naturaleza) y reivindica textos precursores de Hegel sobre Einstein (un poco exagerado) y modernas teorías biológicas. (NOTA.- No me extraña que haya intuiciones de Hegel coherentes con planteamientos científicos modernos pues, cuando los científicos llegan a los límites de lo experimental, se tienen que volver especulativos y ahí Hegel es el rey).

Zizek, en su papel de campeón de Hegel aborda ahora el reproche kierkegaardiano sobre la objetividad del espíritu hegeliano que no puede captar el carácter procesual del sujeto. Zizek discute que Hegel plantee el análisis de la realidad actual desde el punto de vista de la finalidad y por tanto cristalizándola. Al contrario, Zizek cree lo que Hegel propone es introducir la contingencia, el devenir en el pasado, en lo ya sucedido. Es decir ver lo que fue en su proceso de devenir. Para Zizek, si esto es así, Hegel introduce así el Absoluto, no sólo como sustancia, sino también como sujeto. Se trataría de identificar la potencialidad que estuvo presente en los acontecimientos que hoy conocemos como realidad sucedida. Potencialidades, muchas de las cuales quedaron abortadas en la concreción histórica que hoy damos por concluidas y que, sin embargo, están latentes esperando una nueva oportunidad. Oportunidad que puede ser aprovechada si es previamente se ha identificado como posibilidad no actualizada. Marx cree que los hombres tienen un margen para la libertad en el marco de lo heredado. Pero Zizek, añade que Marx no ve cómo nuestra actividad libre crea restropectivamente (postula) sus condiciones objetivas. tanto como reinterpretación de los sucedido, como, principalmente, porque nuestra propia libertad creó nuestro actual condicionamiento.

La necesidad es la verdad de la contingencia. Surge de ella llevando lo particular a su negación en la estructura ordenada. No hay una propiedad emergente. El particular “muere” al encontrar su verdad en su autocancelación generadora de orden y necesidad. De modo que predomina la invención creativa. La esencia se crea en el acto de devenir de la cosa. La esencia es consecuencia retroactiva del proceso. En Zizek, es decir en Hegel, el carácter retroactivo de la influencia de los procesos, la creación a posteriori es la pirueta habitual. No sabes lo que te originó hasta que eres. La unidad no existe hasta que el proceso termina porque previamente cada unidad es, al menos, dos polos en acción mutua. Polos que tanto crean, como destruyen. Es decir, la unidad es siempre ilusoria. Es importante el enfoque de Hegel de convertir lo que podría ser un límite epistemológico en una imposibilidad ontológica, pues así se pone sobre la mesa los problemas de relación entre los simbólico y lo real, que Zizek relaciona diciendo que: “lo real es un roto en lo simbólico”.

En este tramo de su libro, también contrasta conceptos entre Hegel y Lacan; Hegel y Deleuze y entre Hegel y Freud que son interesantes por los matices del contraste mutuo. También dan versiones de conceptos que siempre revolotean en el libro como “Pulsión de Muerte”; diferencia; repetición, asunción y sus relaciones mutuas.

Hegel – Lacan.- Zizek considera que entre ellos la diferencia es el object a de Lacan, lo que considera un diferencia mínima.

Hegel – Deleuze.- Para el segundo “Hegel es incapaz de pensar la diferencia pura que está fuera del horizonte de la identidad o la contradicción”; Hegel concibe una diferencia radicalizada como contradicción, que es, entonces, a través de su resolución dialéctica, subsumida, de nuevo, bajo la identidad. Es decir, Hegel percibe la Gran Diferencia, mientras que Deleuze pone el acento en la Pequeña Diferencia (la diferencia pura, la que está presente antes de ningún cambio). Esto impide que Hegel hubiera podido pensar lo virtual como posibilidad que ya posee realidad. Es una diferencia que se da “cuando todo se repite una y otra vez”. En resumen: una identidad es percibida como auténtica cuando su sustento virtual (sus posibilidades) se reducen a una diferencia pura. (NOTA.- La diferencia pura es el “quanto” de diferencia. Hasta ser percibida no existe, pero influye, es virtual). Pone un ejemplo de diferencia formal cuando habla de los traspasos de fuerzas policiales o militares a los revoltosos. En ese momento, la diferencia es formal (pura), no es real. Deleuze sostiene que lo Nuevo surge de la repetición, cuando está presente un diferencia pura. Lo realmente nuevo no puede limitarse al aspecto real de las cosas pues quedaría encerrado en el marco existente evitando lo realmente nuevo. Lo nuevo surge cuando “cambia el apoyo virtual de lo efectivamente real”. Cambio que sucede bajo la forma de una repetición en el plano de la realidad efectiva. Hay un cambio imperceptible activo bajo la repetición. La repetición también está presente en Hegel que considera que los tres niveles de procesos (mecánico, orgánico y espiritual) se interconectan. Así, la dimensión espiritual “necesita un apoyo ‘regresivo’ en los hábitos mecánicos (aprendizaje ciego de reglas). No hay espíritu sin máquina repetitiva”. Por eso, tanto Freud como Lacan consideran al inconsciente (saber que no se sabe a sí mismo) como un saber que fija un extremo, donde la autoconciencia es el otro. De este modo, el saber Absoluto se situaría en la tensión entre estos dos saberes, según Zizek. Si Hegel descubre la sin razón en el corazón de la razón (la danza de opuestos que desbarata el orden racional), Freud descubre la razón en el corazón de la sin razón (lapsus, sueños, locura). El inconsciente de Hegel lo es de la autoconciencia que no advierte que cuando la verdad está en la universalidad y no en la intención particular de quien lo usa.

Sigue en (XVI)…

(XIV) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

… viene de (XIII)

El sujeto es un vacío a la espera de ser llenado con experiencias que los convierten en persona. La primera pareja que funciona es la de sujeto-objeto, pues con ella se constituye la individualidad. Es lo primario. Lo secundario, lo domesticado, es la persona que se constituye en oposición a cosa. El sujeto no es, como Kierkegaard insiste, una singularidad de la existencia irreductible a todo concepto universal, sino que, al contrario, es el modo en que la universalidad de un concepto pasa a la realidad externa y adquiere existencia efectiva. La unidad de cualquier existencia está amenazada por la propia fractura, de la que la oposición de otros no es más que su expresión o síntoma.

Hegel niega la necesidad (Kant) de que sea necesario un esquema previo (cognitivo, moral o estético) para juzgar un acontecimiento. Éste debes se observado pasivamente por el espíritu, pues los criterios deben ser inmanentes al fenómeno mismo. Por eso una persona nunca coincide con su concepto. En el paso en la fenomenología de la conciencia a la autoconciencia, el sujeto fracasa, primero como conciencia, en su pretensión de entender a la cosa en-sí, pues reconoce en ella lo puesto por él, pero extrae de este fracaso la percepción de sí mismo y se hace autoconciencia. De algún modo el arte abstracto es este mismo paso, después de haber agotado en el bodegón o el paisaje su esfuerzo por captar al otro en su objetividad. Este reconocimiento de las limitaciones propias es el saber Absoluto y no la pretensión de saberlo todo. Una limitación que no está “a la vista” puesto que es parte del “ojo” cognitivo. No hay ninguna forma de en-sí disponible como criterio de verdad para-nosotros. Y la razón es que lo Real no es algo ahí fuera a lo que no tenemos acceso, sino el obstáculo mismo que distorsiona nuestro acceso a la cosa en-sí. Acceso que sólo es posible mediante la ardua, lenta y progresiva labor científica durante siglos. Labor que permite conocer las invariantes y las variables del acontecer. El saber Absoluto es el abandono de la posición ingenua de que nuestra subjetividad puede ser eludida, que podemos escapar de ella para tener una visión directa de las cosas. Pero esto no conlleva un solipsismo, sino la necesaria estrategia de llevar el “afuera” a la fractura misma de los subjetivo y lo objetivo, entre las apariencia y lo real. Una diferencia que tiene, paradójicamente, origen en nuestra radical pertenencia a la realidad que pretendemos mirar “objetivamente”.

Una vez bajado de su pedestal el conocimiento Absoluto, hay que añadir que Hegel dejó suficientes pistas de que consideraba a su pensamiento histórico y condicionado por su tiempo. Lo que debería llevar entonces a la convicción de la existencia de una Otredad absoluta que elude por siempre nuestra capacidad conceptual. Una capacidad que, por cierto, permite separar con la imaginación lo que en la realidad está unido. Una separación que no se supera para volver a la riqueza de la realidad, sino que se transmite a la realidad produciendo el desgarro negativo de la misma. (NOTA.- tanto en el ámbito de la ciencia como de la acción social, las ideas construidas como síntesis de fragmentos extraídos de la realidad actúan sobre ésta separando y uniendo en nuevas formas ya sean materiales o institucionales.)

El proceso de conocer hay un enfoque que Zizek llama “mala infinitud”, según el cual hay siempre una aproximación asintótica a la cosa en-sí. Por el contrario la “infinitud auténtica” procede incluyendo la fractura de la abstracción en la realidad misma y desplegando el concepto en un serpenteante proceso de adaptación a las contradicciones conceptuales y las oposiciones reales (la inconsistencia de la cosa misma. Este proceder da viveza a la relación con la realidad. Una vida más rica y compleja que la mera visión sin concepto de las cosas a través exclusivamente de la sensibilidad. (NOTA.- es obvio que en cualquier artefacto (material o institucional) emergerán problemas reales que ya estaban implícitos en el concepto que las diseño sin poder contar con todas las sorpresas de su puesta en acción). Los individuos actuamos como seres abstractos (separados de todas nuestras posibilidades) cuando adoptamos actitudes o hábitos resultado de un determinado modelo social impuesto o sugerido durante nuestra educación. El caso es que dialécticamente, la vida espera en la abstracción no en la mera visión o audición, sabor u olor de la realidad. Visión compleja que no permite comprender a la cosa. Por el contrario, la abstracción permite separar lo esencial de los accesorio y actuar sobre la cosa. Un martillo puede ser un pisapapeles, pero su potencialidad será descubierta por el nombre que empleemos. Es el lenguaje el que actúa como indicador del uso. El arte moderno es un ejemplo del paso de la Sustancia al Sujeto, de la subjetivación de la realidad. El arte moderno es una consecuencia de esta evolución cuando centra su acción en la palabra escrita (la poesía) y libera al arte visual de su papel de representar la subjetividad. Es, por eso el momento, de un arte de abandona o deforma el retrato para centrarse en las cosas, su estructura, movilidad, color, textura, etc. (NOTA.- La vuelta al arte pop figurativo se puede explicar en términos de analfabetismo artístico popular que necesita de nuevo al ojo y al oído tonal para experimentarse, pues el arte escrito no le interesa y el arte visual autorreferenciado no lo entiende ni lo moviliza sensiblemente). En su hábil forma de proceder, Zizek llama excremento a la parte de la cosa en-sí que el concepto no alcanza a asumir en sus términos. Así, el siguiente paso es llamar “abono” a ese excremento como factor de desarrollo espiritual. (NOTA.- En las fórmulas de la técnica y la ciencia aparecen constantes universales (como la h de Planck) y coeficientes (coeficiente de dilatación de un material, por ejemplo) que son el refugio de aquello a lo que no llega el concepto que se despliega en la forma que toman las relaciones entre características del proceso que se estudia. Es la parte racional e irracional de las fórmulas que permiten medir los fenómenos. Así, de una parte decimos racionalmente que la fuerza que atrae a dos objetos es proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. Pero no basta con este planteamiento racional, pues con así no tendríamos la fuerza realmente actuante, sino un valor que requiere ser corregido para obtener el valor empírico, que no comprendemos por qué tiene este valor y no otro) 

De este proceso con un resto irracional, el espíritu llega a donde puede llegar y la cosa retiene lo que es suyo. En ese momento, el espíritu libera a la cosa porque ya tiene de ella todo lo que puede conseguir. Pero Hegel sigue recibiendo el reproche de que resuelve los conflictos en el plan conceptual y no en la realidad. De hecho, la radicalidad marxista tiene ese fundamento. Pero para Hegel, precisamente la distancia entre el concepto de algo y su realidad efectiva es la marca de la finitud, de ese proceso infinito de nacer y morir. Kant le da preferencia a la existencia y Hegel la disuelve en sus determinaciones (características) captadas conceptualmente. Pero Zizek se niega a esta versión de Hegel que supone que basta con sumar el ser a las determinaciones conceptuales de algo para que este existiera realmente, como si el ser fuera un componente aislado a combinar para “dar vida”, cuando el ser es una consecuencia de una realidad previa, la de las condiciones ya existentes que lo hacen posible. Es una versión “materialista” de Hegel que refuerza la idea de que, incluso la realidad más “tangible” como es el dinero, es producto de un concepto previo, el de confianza y se ve afectado por otro: la inflación. Yendo más allá y refiriéndonos a la realidad material, podemos decir que la existencia de la realidad material es prueba de que el concepto no tiene plena vigencia, pues de hacerlo ya no quedaría residuo material, pues todo habría sido subsumido en concepto. (NOTA.- los coeficientes y las constantes en las fórmulas científicas serían la medida de ese residuo). La naturaleza se niega a ser conceptualizada hasta el final. De aquí se deriva la confirmación de que la frase de Hegel de que el Absoluto no sólo es sustancia, sino, también, sujeto. Pero no como un agente subjetivo que dirige el proceso, sino como un sujeto vacío, puro coherente con la idea de “sistema” autosuficiente. De aquí deriva, Zizek, el ecologismo de Hegel que deja a la naturaleza ir, después de que la conciencia se ha apoderado de toda la médula conceptual que está a su alcance. Pero Zizek defiende a Hegel del reproche de creer que hay un super-meta-sujeto existe realmente, pues muestra que Hegel pensaba que sólo en la conciencia finita (la de los individuos humanos) tiene lugar el proceso de conocer la esencia del espíritu. Lo que no es contradictorio con suponer la existencia de un Gran Otro en Lacan o el Tercer Mundo de Popper. Una superestructura mental constituida por el pensamiento social e institucional que condiciona mediante redes de creencias que, siendo en las consciencias individuales, no nacieron en ellas. De esa forma un artista puede acabar siendo un imitador de su propia producción que, primero era espontánea y ahora es vicaria. Al límite, el Estado es la autoconciencia de un pueblo, su propia producción o el resultado de su consentimiento que se  impone sobre su espontaneidad individual. La consecuencia es la afirmación de que la verdad reside en las formas (ceremonias, actos, compromisos…) y no en las emociones de los participantes. El Rey puede ser un idiota, pero la clave es la institución y sus forma de manifestarse.

RESUMEN

Zizek mantiene la tensión entre los universal y lo particular y su, asombrosa capacidad de invertir los términos de la discusión con el elemental procedimiento de cambiar las posiciones del sujeto y el predicado. En este caso rechaza la afirmación de Kierkegaard de que el sujeto sea una peculiaridad inasequible al abstracto universal y afirma, provocadoramente, que el sujeto es la forma de manifestarse el universal. Pero el sujeto no acaba de conocer la cosa en-sí. Queda un residuo inalcanzable que justifica liberar a la naturaleza del destino de sometimiento total al ser humano. Esto permite una interpretación nueva del Espíritu Absoluto, que resultaría ser el reconocimiento de esa fractura entre el sujeto y el objeto, que es una fractura en el sujeto mismo. Depurado el universal, ahora toca ver su poder. Éste es el de actuar sobre la realidad transmitiendo el desgarro previamente producido mentalmente separando determinaciones (características) y, a continuación creando nuevas unidades. En estas reflexiones se afirma el derecho del sujeto individual a ser el horno en el que todo se cocina y en las consecuencias de su acción social el “deber” del sujeto de someterse al gran Otro resultante de tales reflexiones o intereses colectivos.

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(XIII) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

… viene de (XII)

Razón y locura nacen juntas como opuestos con Descartes. Sin embargo Foucault cree que Descartes es el más loco de todos, pues sospecha de todo como una ilusión. Y de esta duda la certeza: pienso. El cogito es cierto aunque esté loco. De modo que la locura es intrínseca a la filosofía moderna, a su fundamento en la conciencia. Dice Derrida:

Y la filosofía es, quizá, esa seguridad que se adquiere en la mayor proximidad de la locura contra la angustia de estar loco

Foucault rechaza esta posición y dice que la locura del “genio maligno” es fingida, metodológica. La auténtica locura está fuera, es contraria a la razón. Le parece que Derrida está atrapado en el texto y excluye las prácticas de dominación real del poder.

La locura absoluta es la practicada por Hegel al pretender el Conocimiento Absoluto. Descartes es superado en su locura por Malebranche que afirma que la unión entre cuerpo y alma (res extensa y res cogita) la proporciona Dios, no la glándula pineal. Ya en la modernidad post, con la muerte de Dios, el lugar es ocupado por el Gran Otro de Lacan que se ocupa de la relación entre el significante (el lenguaje) y el significado (la realidad corporal). Los aztecas hacían sacrificios humanos para asegurarse que el sol saldría al día siguiente. Lo que resulta muy coherente con el carácter arbitrario de nuestras teorías y esperanzas (significantes) y la realidad física. Más coherente, según Zizek que nuestra creencia de que no hay intermediarios entre morder una manzana y sentir una sensación placentera. Para Malebranche, Dios tiene que estar todo el tiempo alerta para que haya correspondencia entre nuestra voluntad y los sucesos de los que somos “causa”. Ese Dios es nuestra utopía de Matrix. Un intermediario que en la realidad impide que el sujeto domine los efectos de sus actos. Una alienación que, una vez advertida, trae la separación del Gran Otro al comprobar su falta de consistencia, su carácter de dios menor. El mismo Kant reconoce que, siendo la vida autónoma el ideal del hombre racional, la adquisición de esa autonomía esta condicionada por una necesaria educación en la que se filtra todo el poder de la sociedad establecida. Un enfoque ésta que justificaría la búsqueda del interés común de una forma ciega por la falta de precisión y acierto de las intenciones individuales. O, lo que es lo mismo, la “mano invisible” de la economía.

La libertad exige limitación. El niño es transgresor, pero su mensaje es ¡ponme un límite que me oriente! La ausencia de límites asfixia al titular de la libertad. Por eso la autonomía del sujeto kantiano no se sostiene por su aislamiento de otros que pueden limitarnos. El hombre no tiene sus instintos para que lo controlen. Su capacidad de acción desborda a los instintos y debe crearse su propio límites. Pero esto puede implicar una huída de su propia responsabilidad como ser libre. La libertad moral es aquella que se ejerce desde la responsabilidad. Aunque, Zizek, en sus fintas, enseguida acude a una posibilidad paradójica: que la petición de libertad sea resultado de los mecanismos disciplinarios. Algo así como que “La ley crea la transgresión”. Es la hegeliana “postulación de las propias presuposiciones”. La libertad no puede ser rutina porque se pervierte. Jefferson dejó dicho que, para seguir siendo libres, las personas debe rebelarse contra el gobierno cada par de décadas. Para Hegel no hay libertad sin hábitos, pues el hábito proporciona la base sobre la que apoyar la libertad. El hábito gana tiempo para la libertad. El hábito es voluntad cristalizada en automatismos. El lenguaje es el nivel más alto del hábito.  El hábito almacena nuestro comportamiento futuro antes situaciones inesperadas. El hábito pertenece al reino de los virtual que Deleuze definió con la existencia real de lo posible. El hábito le da consistencia al ser humano, que sin ellos es un ser sin sustancia, sin contenido, permanentemente improvisador. En la búsqueda de cómo se adquieren los hábitos, Zizek llega al problema de cómo puede el sujeto observar toda la realidad, si él mismo forma parte de esa realidad. Esta imposibilidad es la frontera de la locura, lo que convierte a ésta en una parte constitutiva del ser humano. Se es potencialmente loco por esta imposibilidad de “mirarse la nuca”. Así el hábito es la forma de estabilizar la locura. El hábito preserva de la locura. Como la máscara con la que aparecemos ante los demás es falsa, pero puede que más verdadera que nuestras sensaciones porque muestre una perversión inconsciente. Con el hábito se tiene un escape, pues, como dice Hegel “la verdad está en lo que dices y no en lo que quieres decir“. El auténtico loco sería aquel que rompe las convenciones y empieza a preguntar por las “verdaderas intenciones” del que emite una fórmula social. Así el sujeto saborea la nada que es, pues es un signo sin significado, esto es, un significante, cuya ausencia de referencia es la referencia misma. Es el poder del entendimiento que puede extraer una forma de su significado y despojarlo de él, dejándola libre para otro uso. Un juego en el que acecha la locura: si loco es el mendigo que cree ser rey, ¿no es más loco el rey que cree realmente que es un rey? ¡Cuidado con creernos los símbolos que somos!. (NOTA.- ¡Cuidado con prescindir de golpe de todos los hábitos en un gesto adanista!)

Sólo los animales humanos son acosados por espíritus de monstruosidad obscena. La razón es que su capacidad de generar universales es necesaria, pero también es un problema porque canaliza todo los temores. El animal no desborda la realidad, pero el ser humano sí, porque crea un mundo de universales con los que crear, pero también perturbar su vida. El individuo puede universalizar el mundo, tener el concepto de él y, al tiempo, ser estéril cualquier intento de incluirse él mismo, como particular, en esa totalidad. Así la universalidad es necesaria (para el conocimiento) e imposible (porque no se puede completar). Es la universalidad concreta de Hegel como fantasía de conciliación entre el universal y el particular. Por ejemplo, ningún estado cumple todas las características de la noción de estado. De hecho el particular que mejor cumpliría las condiciones sería una comunidad religiosa que ya no sería un estado, paradójicamente. Es la compleja relación entre el universal y el particular, siempre hay uno que niega su género. Si se diera esa conciliación se daría la autoobjetivación imposible del sujeto que se objetiva y se incluye en el universal mundi, que es propiamente la locura. El loco el universal se incluye en la realidad. El hábito, por su carácter virtual, potencial nos previene de la locura.

Zizek enfatiza el problema de la universalidad concreta, pues en él reside las dificultades del ser humano para cerrar el círculo de la verdad. Adolecemos de un punto de vista objetivo por nuestra inmersión en la realidad que, eventualmente, juzgamos. Por tanto cualquier búsqueda de la verdad parte de la parcialidad de lo que se diga. Y fingir que tenemos un punto de vista objetivo es el camino para alcanzar la universalidad abstracta. La universalidad concreta debe incluir al sujeto particular y contingente que la percibe. Al fina y al cabo, el concepto mismo de universalidad surge en un archipiélago de particularidades concretas. Sólo cuando el sujeto se deja atrapar por el contenido, se pierde el carácter abstracto de la universalidad. La universalidad histórica no es historicismo. No es pensar que cada época tiene su punto de vista y que ninguno es más legítimo que otro. El caso es que la abstracción nos envuelve y nos hace perder sentido directo de la vida. Uno podría ejercer cualquier profesión o consumir cualquier producto. Uno se percibe como profesional o consumidor en general, lo que nos hace vivir apartados del goce concreto, esperando la siguiente novedad. No poco ha contribuido el alejamiento cognitivo de los fundamentos tecnológicos de los productos y, en el caso de las profesiones, el alejamiento de los fundamentos científicos, para devenir solucionadores de problemas en un nivel abstracto, lleno de sentido común y recetas. Desde ese punto de vista el capitalismo es el gran sistema de universalización que absorbe la médula de los particular. Es un conflicto que, en su versión positiva permite al particular reivindicar más allá de localismos y al universal materializarse más acá de principios utópicos. Desde el punto de vista negativo, la universalidad se ve viciada, cuando implica el daño a seres concretos, y el particular se ve vaciado por el universal, cuando se ignora el valor de los históricamente adquirido.

Zizek cree que la universalidad concreta se da cuando el propio particular experimenta las fracturas de su universal. Los particulares más frustrados son los que con más fuerza reivindican el carácter universal. Menciona el caso de Freud y la pretensión de que “todo es sexo”. Esta pretensión no puede nacer nada más de que el sexo es el aspecto de la vida más sometido a censura. Con el ejemplo del cine muestra como es la dialéctica entre universal y particular. Cuando el western entra en crisis aparecen las películas del espacio. Lo que ha ocurrido no es el nacimiento de un nuevo género, sino la generación de una subespecie de western, que ahora se desarrolla en el espacio. Zizek mantiene que ningún ente puede alcanzar su concepto sin que alguna de sus subespecies emerja rompiéndolo desde dentro y convirtiéndolo en otro. La versión idealista de un ejemplo, dice, es que siempre son imperfectos. En la versión materialistas, el ejemplo es más completo que la clase a la que representa amenazando al universal. En la Fenomenología del Espíritu cada forma histórica de la conciencia, al materializarse en una institución concreta, es socavada por esta. El concepto es universal porque reúne las características comunes de un “universo” de particulares, pero, al tiempo, es un particular, pues excluye otros rasgos que pueden ser reunidos bajo otro concepto. También la vaciedad del concepto que no es ninguno de los particulares concretos a los que abarca es simultáneamente la singularidad del yo que lo piensa, lo que, según Hegel, le da existencia la concepto. En el sujeto el concepto regresa a sí mismo, al convertirse en una abstracción pura sin contaminación de un particular cualquiera y, al tiempo, es un individuo empírico realmente existente y consciente de sí mismo, con lo que se niega como universal. Este movimiento especulativo no crea al sujeto de carne y hueso, pero si al yo “el punto vacío de referencia autorrelacionado que es experimentado por el sujeto como “sí mismo”, como el vacío en el núcleo del ser. Una autorreferencialidad que explica el relativimos moderno en el que los discursos se reproducen en círculos cerrados problematizando el caso de la verdad.

No hay una sustancia estable, sino es la propia contingencia, caída, fallo, fracaso. Una recurrencia que paradójicamente convierte a la sorpresa en esperada. Algo así como que todo es contingente, excepto la contingencia misma. En la lectura lacaniana que hace Zizek es el No-todo femenino: “no hay nada que no se contingente, por lo que no-todo es contingente”. Así pues la pretensión de flujo continuo se ve interrumpida por cortes, interrupciones e inversiones que retrospectivamente reestructuran todo el campo. Así ocurre con el discurso que requiere un final, que además, ilumina el significado de todo lo dicho hasta ese momento. Un ejemplo es la tautología que no proporcionando un significado adicional al sujeto crea, sin embargo, una profundidad imponderable “que escapa a las palabras”.

En una de esas fintas que le caracterizan, Zizek, de la discusión entre universal y particular nos lleva a la de la univocidad del ser, que nos obligaría a estudiar a Duns Scoto y a Deleuze como poco antes de seguir. Si el criterio para distinguir entre seres ya no es la semejanza o la pertenencia a una especie determinada, si hemos de pensar en términos de potencia o de cuerpo sin órganos, de sopas originarias y fuerzas constitutivas, la cosa se complica. Zizek de momento utiliza la discusión para eliminar prevalencias entre esencia y apariencia, real y virtual o producción económica e ideología. Así se debería proclamar la virtualidad de todos los opuestos o de las distinciones metafísicas. No habría economía real (la de la fábrica) y virtual (la financiera): toda la economía sería virtual en el sentido deluziano. Esto es, influyendo en el presente a pesar de su evanescencia. De hecho, dice Zizek, la realidad sin la ficción se desintegraría. A continuación páginas de metáforas cinematográficas que te despistan, si no las ves como ejemplos de esa afirmación. En esas nos dice que sí el límite tiene prevalencia sobre lo que hay más allá, entonces no hay nada más que realidad fenoménica. Es decir, no hay más allá. El límite es la pantalla que “nos niega y nos protege” de cualquier acceso directo a la cosa en-sí. Es muy interesante su observación de que cuando vemos un espacio de ilusión en un escenario, estamos contemplando una realidad desdoblada, pero es la misma la que tenemos delante en la atmósfera ficcional que la que tenemos a nuestra espaldas. (NOTA.- nos sirve el símil del tiempo recordado y el imaginado que sólo son en el presente. Sólo hay un presente que recuerda e imagina)

El rechazo que Platón expresó hacia el arte como “copia de copia” debería llevarnos a la idea de que nuestro mundo es unívoco, pero recortado por la ficción en espacios donde vivimos la ilusión de la ilusión. Para paliar la falta de satisfacción del deseo propone buscar el goce en le esfuerzo por alcanzarlo. Es la conversión del fracaso del deseo en éxito. Paul Getty, al final de su vida tenía cinco amantes conviviendo con él. Ni siquiera en esas condiciones de perfección de la satisfacción conseguía superar su deseo insaciable. Realidad y ficción que son dos versiones de lo mismo, como el sujeto y el objeto, significa la convivencia por supervivencia de los vacío y lo excesivo. ¿Hay una estructura subyacente que explique esta duplicidad ontológica entre la carencia (la falta) y el exceso (la curvatura)? Hay un vacío falso que es el del reposo imposible, metafísico y natural y otro real, que es el del equilibrio en movimiento, rupturista . Zizek sugiere que la diferencia entre esos dos vacíos puede ser el principio del universo. El proceso dialéctico hegeliano sería el paso repetido de la sustancia (falso vacío) al sujeto (verdadero vacío). En el principio no habría un Uno sustancial, sino la nada como proceso, que cuando se autorrealiza multiplica los unos. La nada no es negación de algo, sino negación de sí misma.

RESUMEN

En esta parte de su libro, Zizek nos asoma al límite de la razón que puede ser llamada locura. Y llama la mayor locura a prescindir de la responsabilidad de sujetos inmanentes y delegar la responsabilidad en Otro. Para ello trata la necesidad de violar y respetar el hábito. Violarlo para asomarse al pensamiento libre y respetarlo para no caer en la locura del vacío. El hábito sustenta y limita la libertad. La libertad de no distinguir entre realidad y virtualidad para salvar “toda” la realidad, todo lo que hay. Así la ficción vendría a sostener la realidad, que sin ella, se desintegraría. La ficción también es realidad, laboratorio de realidad. Menciona de pasada la idea de que haya algo subyacente a la realidad y la virtualidad generada por la mente. Acaba citando sin mencionar a Paul Dirac en una idea que gusta mucho a Zizek: dado que somos inmanencia, sólo la nada y su negación puede generar algo. El pensamiento tiene que acabar construyendo la ficción que explique la no ficción de forma consistente.

 

 

 

 

(III) Razón y Revolución. Herbert Marcuse. Reseña (21)

…Viene de (II)

Dice Marcuse: “Para la lógica dialéctica, el ser es un proceso que evoluciona a través de contradicciones que determinan el contenido y el desarrollo de toda la realidad. La Lógica había elaborado la estructura intemporal de este proceso, pero la conexión intrínseca entre la Lógica y las otras partes del sistema y, sobre todo, las implicaciones del método dialéctico destruyen la idea misma de intemporalidad. La Lógica había mostrado que el verdadero ser es la idea, pero la idea se revela a sí misma en el ‘espacio’ como naturaleza y ‘en el tiempo’ como espíritu”.

Así la negatividad del proceso de formación de espíritu se asocia al poder destructor del tiempo. (NOTA.- Para el comentarista del libro de Marcuse, el tiempo no es un fuerza capaz de destruir nada, pues lo que realmente existe es el cambio y la fuerza que hay buscar, con la ayuda de la ciencia, es la naturaleza del cambio en las sustancias). 

La historia como progreso es un concepto del siglo XVIII, lo que implica la intervención de la revolución como factor de ese progreso. Sólo el universal justifica la intervención, pues, mientras el particular se imponga a los intereses comunes, habrá un diferencial a salvar de un modo u otro. En el marco de ese “episteme” los acontecimientos son síntomas del despliegue de la razón hacia su plenitud. Momento en el que empezaría la verdadera historia de la humanidad. Esta visión implica la desaparición de lo existente previo. Justo en ese momento está la historiografía cuando Hegel teoriza sobre ella. Ya se ha llegado a la estación término. La lucha por la libertad ha perdido vigor en esta historia de la burguesía como clase activa, la clase que buscaba la libertad para ser propietaria. (NOTA.- Quizá la revolución más brusca que cabe esperar en el futuro es la que supone la robótica con unos propietarios de medios de producción sin empleados, que, probablemente, sea la explicación del feroz ataque que esta sufriendo la clase media en este momento, porque su aportación en forma de profesionales especializados pierde aparentemente importancia ante el avance de los automatismos). 

La Razón es el verdadero ser y su realización progresiva es el argumento de la Historia. En la historia el sujeto “baila encadenado” como dijo Nietzsche. Esta condicionado tanto biológicamente como espiritualmente, pero en la visión de Hegel, el ser humano es pensamiento y esto le permite: elevarse por encima de sus determinaciones particulares y convertir las cosas externas en un medio para su propio desarrollo. Dos universalidades (interna y externa) que configuran la historia. Aprehendemos su sentido con los conceptos generales como nación o Estado; sociedad civil o agraria; despotismo, democracia o monarquía; proletariado, clase media, nobleza. Los grandes nombres son la encarnación de estos universales. El hilo conductor es la búsqueda de la libertad y su correlato la propiedad, según Hegel. La primera mirada del hombre es sobre sus necesidades, pasiones e intereses pareciendo ésta la única fuerza motora de la historia. Pero persiguiendo estos fines, los hombres hacen progresar el espíritu, es decir avanzar la libertad. Es una historia parecida a la Marxista de la lucha del capitalista por mejorar tecnológicamente, mientras prescinde de obreros y baja su tasa de beneficio. Un argumento éste basado en que el beneficio sólo procede de la explotación del ser humano. De este modo acelera, sin proponérselo la crisis del sistema. Los retrocesos en el progreso que se manifiesta en la destrucción de civilizaciones completas son absorbidas como parte del progreso que precisa de la acción de la negatividad latente en la historia. El progreso hacia la libertad es consciente. Los sujetos humanos tienen que comprender lo que sucede o, al menos, han de contar con una interpretación. De esta forma se mitiga el carácter mecánico, natural que pueda subyacer al movimiento general. Cuando el hombre comprende el proceso lo acepta y lo convierte en ley histórica. Si la mayoría de los hombres hacen negocios y no historia, hay algunos que tiene las perspectiva general y su acción propulsa los cambios. Actores en los que los intereses particulares sirven al universal en curso de maduración.

Hegel llama Espíritu del Mundo al sujeto final de la Historia. Un espíritu que actúa a través de los individuos excepcionales y las instituciones. Todos los cambios históricos no fueron una libre labor de los hombres, sino el resultado necesario de fuerzas históricas objetivas. (NOTA.- Hay dos tipos de cambios: los producidos por invasiones de culturas diferentes con mayor potencial militar o los producidos por la tecnología con su correspondiente influencia en las estructuras económicas. Ambos factores de cambio impulsados por la mente: del conquistador o del científico. Hasta el momento al menos, el individuo finito no puede controlar la infinitud de circunstancias y actitudes del resto del mundo inmerso en la supervivencia de su persona o su capital. Aquellos que por su posición tienen mucha información están demasiado lejos de la trinchera histórica y sus movimientos tienen influencia, pero no han de ser necesariamente racionales. Todavía el mundo es contingente hacia adelante y sorprendente hacia atrás).

Para Hegel los individuos son sacrificados y la idea triunfa, cuyos frutos recaen en las generaciones posteriores. Hegel llama a este fenómeno “astucia de la razón”. Este “uso” instrumental del hombre contradice la posición de Kant, que considera a aquel digno en sí mismo. Finalmente el espíritu del mundo se encarna en el Estado. Las distintas formas que va tomando el estado a lo largo de la historia son descritas por Hegel para mostrar su evolución necesaria. La historia, para Hegel, es el proceso de autoconciencia de la libertad. Primero sólo hay un hombre libre: el déspota en Oriente. Después los ciudadanos de la polis en Grecia basan su libertad en la esclavitud de otros y, finalmente, los pueblos germánicos influidos por el cristianismo generalizan la libertad de todos los hombres. A este último estado lo llama monarquía porque, según él, hay constitución y ley universal. El avance histórico es hacia algo mejor, mientras que las mutaciones en la naturaleza son un ciclo repetitivo sin destino. (NOTA.- Esto lo dice Hegel y Aristóteles, que es evidente que no conocían, no tenían un sentido evolutivo de la naturaleza y que diferenciaban radicalmente al hombre de aquella). El se humano se actualiza realizando las potencialidades, que desplazan a lo existente contemporáneo. La fuerza detrás de la inexorable marcha de la historia es el pensamiento que no es inofensivo sino una actividad “peligrosa” que, una vez conocida, se apodera de la acción individual y social cambiándolo todo. La actividad del pensamiento es negativa porque es destructiva de lo existente.

Según Hegel es Sócrates quien establece el principio de subjetividad que coloca al pensamiento al margen de cualquier otra fuerza externa a él. Sócrates “inventa” el concepto, la noción y la hace depositaria de una verdad que no debe ser atacada. Los conceptos universales se convirtieron en la forma de pensamiento de la filosofía y su despliegue está detrás de todos los desarrollos posteriores hasta llegar al concepto de Estado que protege el bien común y al individuo. Sócrates enseñó a los hombres a pensar y con ello lo dotó del instrumento definitivo para su libertad. Una libertad que presenta cuando comprende la noción y es impelido a su actualización. Es decir, es impelido a ejercer su libertad librándose de toda forma de organización que evite el despliegue de la razón implícita en la noción. En opinión de Hegel, la implementación de los conceptos como fundamento del Estado no se lleva a cabo hasta que llega el cristianismo. La secuencia es la siguiente:

  1. El sujeto libre surge sólo cuando el individuo ya no acepta el estado de cosas existentes y se enfrenta a él porque ha aprendido la noción de las cosas.
  2. Así se genera el pensamiento crítico
  3. Así se genera el principio de subjetividad que se aplica por primera vez tras la Reforma de Lutero.
  4. Con este principio no hay autoridad que se resista en nombre de una ley superior. La verdad no reside ni en el sacerdote, ni en el aristócrata. Ya sólo reside en el sujeto y su razón.

Marcuse cree que Hegel se equivoca cuando supone que una forma histórica nueva es una forma mejor, cuando vemos como las víctimas claman desde su horror. En esa ambigüedad dice:

“Lo que el Espíritu busca realmente es la realización de su noción; pero al hacerlo, oculta esta meta a su propia mirada, y se siente orgulloso y satisfecho de esta alienación con respecto a su propia esencia”. 

El ser humano se abruma con la potencia de sus logros colectivos y olvida que la meta de todo eso es él mismo, su libre desarrollo, y se somete al dominio sin resistencia. La historia del hombre es la historia de un extrañamiento de su verdadero interés. Un ocultamiento que es un aspecto negativo que, sin embargo, contribuye el progreso hacia formas nuevas.

Tras la muerte de Hegel hay una fuerte reacción a su idealismo absoluto que lleva, por un lado, al marxismo como anti- filosofía de la praxis revolucionaria y, por otro lado, al positivismo de Comte, que niega el derecho del ser humano de alterar y reorganizar sus instituciones sociales de acuerdo a su voluntad racional. Así el espíritu revolucionario sería controlado porque la sociedad posee un orden natural inmutable, ante el cual ha de someterse la voluntad del hombre. Las condiciones de las clases “más bajas” debe mejorarse, pero sin trastornar las barreras de clase y sin perturbar el indispensable orden económico, que era justo lo que el marxismo estaba gestando como meta de la acción política. No es extraño, pues, que el conflicto haya durado en la forma que tomó entonces hasta 1989, cuando cae el muro de Berlín. El positivismo exige subordinar la imaginación a la observación. En Comte hay también una teoría del elitismo:

¡Qué dulce es obedecer cuando se disfruta de la felicidad… de estar convenientemente eximido de la urgente responsabilidad de la dirección general de nuestra conducta, por sabios y valiosos dirigentes”

Comte, al contrario que Descartes, ya no saca la certidumbre del pensamiento, sino de la observación de la realidad exterior. Comte mina la idea de revolución y propone un cambio gradual de acuerdo a leyes perennes. Para él hay una continuidad entre los estados precedentes, actuales y siguientes. El cambio tiene que ser ordenado. El progreso es intelectual y debe eliminarse toda agitación política estéril. Las instituciones han de cambiar gradualmente de acuerdo a lo que los conocimientos científicos proponen. En las instituciones hay verdad porque prestaron un servicio durante un tiempo y hay falsedad en la medida que deben ser sustituidas. Comte acepta el relativismo de su posición, que le permite hacer justicia a las posiciones filosóficas históricas y al tiempo movilizar el cambio social sin desorden. De esta forma desarrolla una nueva versión de la tolerancia respecto a su empleo en el siglo XVIII, momento en el que el concepto es usado para luchar contra la intolerancia del clero y el absolutismo. Comte advierte que su filosofía positiva tiene los pies de barro si no consigue incorporar en ella al proletariado. Empieza negando que la acumulación de riqueza intensifica la pobreza. Tesis que le parece “siniestra e inmoral”. Pero advierte que si no cuenta con el proletariado no es posible la necesaria disciplina industrial y que el liberalismo no provee ningún mecanismo de atemperamiento. Pero su solución es autoritaria y paternalista: educación y disciplina para la””mano de obra. No puede permitirse la eliminación de la jerarquía social dada las diferentes responsabilidades entre propietarios y obreros. Las reclamaciones justificadas de los obreros son también deberes para éstos. Considera al ejército como una institución clave en el mantenimiento del orden social positivo. Comte considera que la organización social no puede, como en Hegel, quedar reducida a las fronteras nacionales, pues la Humanidad es el ser supremo. En definitiva la filosofía positiva tiene un nombre muy adecuado pues es la filosofía afirmativa de los hechos, mientras que la filosofía negativa de Hegel es la filosofía del cambio y, por tanto, la del espíritu crítico que considera que lo hecho es negado, destruido por la noción, la esencia.

Al final de su libro, Marcuse le dedica unas páginas al mal uso que el fascismo y el nazismo hicieron de Hegel. En el caso italiano la necesidad de superar el atraso de la burguesía italiana para convertirla en una potencia mundial e imperialista hacía necesario un sistema que creara en la gente común el entusiasmo que permitiera crear un estado totalitario que llevara a cabo la transformación sin oposición. Para eso Hegel venía bien, en tanto que proporcionaba el lenguaje de la prevalencia del universal sobre lo particular. El caso alemán es justamente el contrario. La burguesía triunfante de la competencia había constituido grandes grupos industriales a los que les estorbaba el movimiento sindical y la ideología socialista. Por eso tenían que rechazar a Hegel que era defensor del Estado, pero en compatibilidad manifiesta con los derechos individuales. Ese liberalismo de Hegel era un estorbo del que se libraron pronto para adoptar un particular “la raza” como argumento de su acción.

En el epílogo, Marcuse se muestra pesimista:

Hoy el Espíritu parece tener un función diferente: ayuda a los poderes existentes a organizar, administrar y pronosticar y la liquidar ‘el poder de la negatividad’. La Razón se ha identificado con la realidad: lo que es actual es razonable, aunque lo razonable no ha hecho aún actual”.

Para Marx, el único obstáculo a que la producción industrial trajera la libertad era su forma actual de capitalismo que, en su potente capacidad de producción, había creado contradictoriamente las condiciones para la llegada del socialismo o, lo que es mismo, el disfrute generalizado del esfuerzo del hombre. Pero pronto, tanto el proceso de consecución, como la estabilización del sistema administrador de la prosperidad industrial adquirió las mismas formas siniestras de cualquier dictadura “clásica”. Es paradójico que cuando murió Engels en 1895, las condiciones de los trabajadores eran mejores que las anunciadas como necesarias por Marx en El Capital. (NOTA.- ¿Qué diría de las condiciones actuales en las que el éxito productivo ha sido tal que el sistema ha sentido la necesidad de bajar los sueldos ante el descenso brusco de los precios introducido por grandes corporaciones que han basado su éxito en una tasa de beneficio cercana a cero? El dueño de Amazon dijo “tu beneficio es mi oportunidad” dirigiéndose a sus competidores).

El avance tecnológico ha beneficiado a las masas, pero ha hecho necesario instrumentos de manipulación más poderosos que venían con la propia tecnología. Las barricadas se van a los museos de la revolución y ésta se ve desacreditada por el fracaso de la Unión Soviética. (NOTA.-El positivismo triunfa y llega de nuevo un período de motines estériles en lo relativo a los aspectos sociales (mayo del 68), mientras que se blindan los mecanismos económicos que sólo cambian por su propia dinámica de perpetuación. La desaparición del contrincante comunista aumenta la soberbia del sistema que considera que ha llegado el momento de desmontar el Estado de Bienestar que sólo se instaló para desacreditar al opositor y a las clases medias que fueron mimadas por su aportación de conocimiento pero que van progresivamente siendo sustituidas por la automatización. El dinero al dinero, la riqueza a la riqueza)

 

 

 

(II) Razón y Revolución. Herbert Marcuse. Reseña (21)

… Viene de (I)

Resumido el punto de vista de Marcuse sobre la Fenomenología del Espíritu y la Lógica de Hegel, afrontamos su Filosofía Política. A principio del siglo XIX, Hegel queda hechizado por la figura de Napoleón como conductor de la verdadera revolución en la organización de la vida civil proporcionando un modelo nuevo para las relaciones entre estados y del Estado con sus ciudadanos (Código Civil y Constitución). Incluso tras la derrota de Napoleón en 1815, consideraba que “el bien ya estaba hecho” y que incluso los vencedores adoptarían las formas políticas del vencido. Esto fue especialmente claro en una Alemania atomizada en la que el Imperio no articulaba las relaciones sociales. Considera Hegel que la relación con el Estado debe ser necesaria y objetiva. El universal debe imponerse al particular, por el carácter disolvente de los enfrentamientos competitivos de los individuos en sus relaciones económicas y de poder. Para distinguir tal estado disciplinario del Estado Absoluto, considera que la población debe formar parte del Estado. Por eso, criticó el punto de la naciente constitución en que se limitaban los derechos de sufragio por la posición social y la economía particular. Así, pretendía contrarrestar la forma política que tomaban los intereses de la burguesía con la participación de los funcionarios por la neutralidad de su criterio debido a que estaban al margen de las contiendas económicas. También discute el criterio económico para el derecho al voto, pues considera que la propiedad privada es el mayor lastre para el reino del universal, pues los intereses privados impiden ver el bien común. Un criterio progresista de Hegel que hoy es un derecho intocable frente a las restricciones que la mismísima Revolución Francesa había establecido. Hegel consideraba que eliminar el criterio de propiedad como una restricción para ejercer derechos políticos fortalecería la Estado en vez de debilitarlo.

FILOSOFÍA POLÍTICA

Hegel tuvo que afrontar críticas a sus posiciones antiliberales y de apoyo a métodos de censura académica porque se opuso al movimiento antiabsolutista de una pequeña burguesía que Marcuse presenta como protofascista, supremacista aria y profundamente antisemita. Sus posiciones apoyaron al estado absoluto frente a estos movimientos pseudoliberales, pero el calado de su concepción del estado pronto minó a los que creían tener bases sólidas para su éxito político. La racionalidad que Hegel exigía para la Ley y el Estado era una bomba de relojería para las pretensiones de permanencia de un Estado Absolutista de la Restauración impulsada por el Congreso de Viena tras la derrota de Napoleón. El Estado que Hegel propone está basado en la prevalencia del universal verdadero y eso supone el derecho universal de los ciudadanos a despecho de su posición y condición de partida. Se opuso ferozmente a las ideas sobre el estado de K.L. von Haller que pretendía que el fundamento del estado era la naturaleza incluido el derecho del fuerte sobre el débil y rechazaba todo compromiso con el conjunto de los individuos. Este rechazo de la razón como fundamento del estado le resultaba execrable. Hegel quedaba como defensor del Estado de Derecho frente a la reacción feudal y la romántica. Sostenía que la sociedad moderna no es un orden natural ni de privilegios. Es un orden racional en el que protege y regula la libre competencia entre individuos en el marco de la ley. Puesto que esta competencia pone en manos de azar su equilibrio, Hegel propone una fuerza por encima de esta contingencia que ponga equilibrio, ley y jusiticia en ella. Su fe en el nuevo estado era tal que rechazaba la teoría política por su carácter intrínsecamente crítico. Actitud que, una vez que se había alcanzado el estado racional, sólo podía suponer un retroceso. Sin embargo una profunda contradicción sigue presente: la que se establece entre lo que es y lo que racionalmente debe ser. Pero la conciliación de esa contradicción la confiaba ya Hegel, no a la teoría, sino a la práctica política. La Filosofía del Derecho de Hegel, lo es de una sociedad de clase media autoconsciente de sus logros y limitaciones. Los análisis abstractos se concretan en una situación histórica concreta: el yo está ligado al homo economicus, la libertad con la propiedad, la razón en conflicto con la competencia. Todos ellos problemas consecuencia de negatividad intrínseca a la forma histórica adoptada por la sociedad.

Estamos ante la libertad de la voluntad sin contradecir la prevalencia del pensar como reino de la libertad, pues la voluntad “es una manera especial de pensar”. De aquí se deriva el poder del ciudadano racional y libre para la construcción del Estado. Pero, pronto de constata que no existe tal poder, pues su voluntad está lastrada por sus intereses particulares y no se apresta a la construcción del universal. Aspecto que niega las bases del contrato social. El yo puede ser un auténtico universal porque en potencia puede negar todas sus determinaciones, pero, en la práctica, queda lastrado por alguna de ellas. El hombre libre se convierte en propietario e inmediatamente se opone a otros propietarios. No hay nada en el individuo que pueda superar la polaridad “mío-tuyo” hacia “lo nuestro”. Así pues, ningún contrato entre individuos puede fundar el contrato social. Al mismo tiempo el Estado no se puede fundar en la violación de los intereses privados. En tiempos de Hegel la burguesía reclamaba una posición que no se le podía negar. Pero con ella llegaba la competencia entre individuos. Hay un reconocimiento de que los individuos no trabajan por el universal y que su logro sólo puede venir de una forma de imposición del interés común que armonice con el fondo de competencia subyacente. Hegel cree que la libertad satisfecha del ego puede reclamar la libertad general. Es decir, que la libertad negativa del individuo puede fundar la libertad positiva común. (NOTA.- La sociedad actual no confirma esta posición. Las teorías libertarias apuntan a la eliminación de cualquier acción positiva para corregir desigualdades, pues se tema la muerte de la espontaneidad).

La libertad autoconsciente es resultado del pensamiento. La libertad es resultado de la autoreferencia del sujeto. La tendencia de la voluntad es a apoderarse del objeto. Pero sólo hay un objeto del que se pueda apropiar perfectamente y es su propio pensamiento. En este acto se perfecciona la propiedad y la libertad. La propiedad perfecciona la cosa apropiada, pues el objeto no tiene significado hasta que se lo proporciona el deseo de una voluntad. Hegel llega al extremo de considerar que la formación de la persona depende de este acto de ejercicio libre de la voluntad que se apropia de algo. Carácter que alcanza su plenitud cuando los otros reconocen su realidad. (NOTA.- Hegel da carta de naturaleza a la propiedad como deseo de posesión que constituye a la personalidad). El fundamento de la propiedad es la libertad, no la satisfacción de necesidades. Es más, Hegel cree que la razón en el individuo se hace efectiva en la voluntad y satisfacción de la posesión. Pero reconoce que la cantidad de posesión depende del azar y otras circunstancias, como la competencia, que se alejan de lo racional. Hegel no analiza la desigualdad, pero sostiene que todos deben ser propietarios, dado el carácter constitutivo para la persona del ejercicio de la voluntad. Es el mínimo de racionalidad y universalidad abstracta que, según Hegel, debe imponer el derecho. Como la libertad y el derecho de propiedad se ejerce en el exterior de la persona, ésta puede enajenarse y vender su propias capacidades y tiempo. Como casi siempre en Hegel, sus provocadoras propuestas llevadas al límite tropiezan son su opuesto. En este caso tanto la exacerbación de la propia enajenación deja de constituir a la persona para convertirla en una cosa al servicio de quien la contrata y la exacerbación de la propiedad se convierte en expropiación cuando se trata de la propiedad de otra persona. En las zonas templadas el ser humano compra y se vende en el marco del contrato. De esta forma Hegel ha derivado costosamente lo dado: la economía de mercado y capitalismo vigente en su época. Pero el contrato entre particulares no deja ver el vínculo con el universal, con el Estado. En su búsqueda de la fundamentación del Derecho, encuentra que éste regula conflictos particulares de individuos dotados de razón pero que, cuando actúan, parecen estar regulados por leyes oscuras de la naturaleza, en vez de guiados por la libertad y la razón. Buscando la razón en las relaciones entre hombres, encuentra la sinrazón. Un siniestra fuerza actuante que mueve a los hombres como peleles. No hay moral, sino necesidad. El derecho defrauda la intención de la voluntad de cometer expolio y ésta se vuelve sobre sí misma al refugio de la subjetividad convirtiéndose en moral, lo que hace encajar en el conjunto la pieza de la Reforma Protestante. Pero Hegel considera que, aunque la libertad interna puede favorecer la adquisición de principios universales, las tendencias totalitarias llevan a invertir el proceso y a exigir que toda vida interior sea externalizada. (NOTA.- En las sociedades modernas se invita a la vida interior, a la “república independiente de mi casa”, al “yoismo”, mientras se hace tanto ruido publicitario y mediático que no se facilita ese propósito para tener al consumidor en un terreno de nadie entre la subjetividad deseante y el vértigo exterior).

 Para armonizar la subjetividad con la vida social es necesario que la voluntad se ejerza en las instituciones, se externalice. Pero en unas instituciones que, a la vez, han de adaptarse a su voluntad. Hegel constata que, aunque la humanidad ha alcanzado el grado de autoconciencia que le permite emplear la razón, la organización social basada en la competencia entre individuos dificulta el reino del universal. Hegel, después de fundar al individuo en la propiedad privada, advierte que ésta es el origen de las dificultades para una sociedad libre. Marcuse glosa: “La anarquía de los propietarios, que sólo persiguen su propio interés, es incapaz de producir con sus mecanismos un esquema social integrado, racional y universal“. Al tiempo constata que no se puede eliminar la propiedad privada, pues se acabaría con el fundamento de la libertad. Es necesario conseguir una institución que esté por encima de los intereses particulares y que, al tiempo, preserve sus derechos. El concepto de sociedad civil no es suficiente para conseguir este objetivo de equilibrio entre egoísmo e intereses generales. Sólo el Estado puede conseguirlo. Ni razón ni libertad pueden ser desarrollados en la sociedad civil, según Hegel. Esto genera un cierto autoritarismo en el desarrollo de su teoría política. Hegel se afirma en su Lógica: el ser verdadero es el universal que es al tiempo individual y contiene lo particular. El ser verdadero que es noción se encarna en el Estado que es, al tiempo, libertad y razón. El Estado, como la familia, restringe la libertad abstracta y despliega la “libertad sustancial”. En su negación de la sociedad civil como solución, Hegel hace una descripción de las desigualdades que surgen en unos términos casi del Manifiesto Comunista escrito (1848) diecisiete años después de su muerte (1831). Critica que todas las instituciones de la sociedad civil no tienen otro propósito que la protección de la propiedad y que la libertad sólo existe para el poderoso.

Hegel piensa que el Derecho se ocupa del universal y que su desarrollo no depende del legislador, sino de la aplicación de la razón universal a las relaciones entre individuos e instituciones. Este enfoque aún no había sido visto como enemigo de los intereses de las fuerzas sociales imperantes. (NOTA.- El actual liberalismo reclama por boca de Hayek, el imperio de la ley universal antes que el poder del legislador o el juez, pues la democracia universal ha modificado las leyes poniéndolas al servicio de la mayoría, lo que se considera un peligro para la libertad).

Hegel defiende el juicio público para que la potencial arbitrariedad del juez sea controlada por el ciudadano. La relación que Hegel establece entre la Ley y la propiedad le obliga a ir más allá de las posiciones liberales de su tiempo, pues al determinar que la ley sólo regula la libertad personal abstracta, no es suficiente para eliminar los aspectos de necesidad ciega de la sociedad civil. Por eso cree que se necesita una coacción mayor y desarrolla el fundamento de la policía. Una institución que vendría a suplir la debilidad de las fuerzas sociales para equilibrar los procesos y conseguir un funcionamiento sin perturbaciones. Sería un mecanismo de universalización complementario a la ley. De ahí a la corporación. Un ente inquietante que se ocupa tanto de la administración como de la ideología. Un ente depurador que acredita al ciudadano para ser portador del universal. Se acusado a Hegel de haber diseñado un Estado fascista, pero Marcuse cree que esto es un error. En el fascismo la sociedad civil rige al Estads, mientras que el Estado de Hegel rige a la sociedad civil. El Estado de Hegel pretende conseguir el universal de la razón sirviendo el “yo quiero” del individuo. La dificultad está en que no existe el individuo que consigue su interés persiguiendo el interés común. En todo caso al contrario. Para huir de esta contradicción Hegel busca un individuo cuya identidad no dependa de su participación en los avatares sociales, sino que surja de la naturaleza. Obviamente, este individuo es el monarca (NOTA.- Para este viaje no hacían falta abarcas, pero este el día en que los países más avanzados tienen monarquías constitucionales). Fracaso del idealismo, en opinión de Marcuse, que se acaba plegando a la irracionalidad de la naturaleza y al azar del nacimiento. La filosofía de la libertad embarranca en una filosofía de la necesidad. Consciente de la debilidad de su propuesta se defiende diciendo que “la debilidad intelectual del monarca es preferible a la sabiduría de la sociedad civil”. Una bajada de estandarte que “somete la sociedad a la naturaleza, la libertad a la necesidad y la razón al capricho“.

En el marco de su esquema, Hegel rechaza la división de poderes, pues atenta contra la unidad del Estado. (NOTA.- Muchos creen en esto y se dedican a su desarrollo cuando están el poder y a criticarlo cuando están en la oposición). Los poderes ejecutivo, legislativo y judicial debe cooperar, en opinión de Hegel. La agudeza de Hegel lo mueve entre su sentido crítico y su sentido pragmático. En un caso la emprende con la religión que puede hacer caer al hombre en la superstición haciéndole olvidar su lucha por la libertad y la razón. En el otro caso, se empeña en diseñar una constitución que mantenga y obligue al imperio de la razón sobre la ignorancia y los intereses particulares. Hegel cree que “el pueblo es la parte del Estado que no sabe lo que quiere“. Complementariamente Hegel extiende su análisis sin meditar suficientemente a territorios muy delicados. Por eso considera a la Guerra un mecanismo útil para la cohesión del Estado. Un recurso muy utilizado por las grandes potencias mundiales, pero una prueba de la incapacidad del estado para conseguir su propósito de justicia y libertad que lo fundamenta y justifica frente a la sociedad civil. Este desprecio por el Derecho Internacional se basa en su rechazo a que el Estado se deba a un poder superior a él. (NOTA.- Obviamente no se le puede nombrar fundador de la Unión Europea, pero tampoco se puede decir que los estados no contribuyan con su comportamiento en el ámbito internacional a darle la razón). Hegel cree, en definitiva, que la racionalización de la sociedad civil no alcanza, ni debe, a la sociedad internacional que se rige por el estado de naturaleza de Hobbes. Pero es una contradicción con el conjunto de la filosofía de Hegel, cuyo final del proceso universalizador, no acaba hasta que alcanza el espíritu absoluto (el espíritu del mundo) que, obviamente no puede quedar atrapado en el particular del estado de una nación determinada. Según Marcuse la respuesta a esta contradicción está en la Filosofía de la Historia de nuestro filósofo.

Sigue en (III)…

 

 

(I) Razón y Revolución. Herbert Marcuse. Reseña (21)

Me tomo un descanso de Zizek cuando llevo un tercio de su libro de mil páginas. Voy a hacer una lectura de Hegel con un autor más sistemático y ordenado en la presentación de los contenidos. Es el caso de Herbert Marcuse, el filósofo que tanto revuelo levantó en vida con su libro Eros y Civilización. También él teorizó sobre el plus de goce que hay en la represión. Un plus necesario para que la represión básica que la civilización impone a los instintos sea eficaz.

En su libro Razón y Revolución Marcuse afronta el estudio de Hegel, como lo haría un doctorando ante una tesis. Es un estudio sistemático y clarificador desde su parcialidad obligada. Empieza estableciendo el principio de que Hegel sólo se entiende si se considera que su trabajo parte de la idea fuerza de que por primera vez, es en su época cuando la acción humana se rige por la razón. Dice Hegel:

Nunca desde que el sol ha estado en el firmamento y los planetas han dado vueltas a su alrededor, había sido percibido que la existencia del hombre se centra en su cabeza, es decir, en el pensamiento, por cuya inspiración construye el hombre el mundo de la realidad“.

Y el ejemplo máximo de esa prevalencia de la razón es la Revolución Francesa. De alguna forma se considera que, hasta ese momento, sólo había habido motines o luchas descarnadas por el poder sin soporte ideológico alguno. Una fe en la razón, que una vez probada en 1789 espoleó la teorización sobre la sociedad y el deseo de aplicar las conclusiones a la realidad como se hizo en octubre de 1917 en Rusia, cuando Lenin creyó que contando con dos puntos en el diagrama ya tendría un recta con la tendencia de la historia universal.

Pero para que la realidad pueda ser gobernada por la razón es necesario que la propia realidad se haya vuelto racional en sí misma y esto pasa por la realización del sujeto. De esta forma se puede concebir la sustancia (lo que es) como un sujeto. La realidad es concebida como un proceso dentro del cual todo ser  es la unificación de fuerzas contradictorias (Es impresionante que cien años después de la muerte de Hegel, Paul Dirac hiciera su propuesta de la existencia de materia y antimateria con el vacío como resultado de su combinación y la realidad como resultado de su separación).

La principal contradicción que advierte en la realidad es la que se da entre el derecho del hombre a disfrutar de la propiedad y desarrollar sus capacidades y la realidad cotidiana de despojo y desigualdad. La realidad no es, pues racional, y hay que cambiarla para que se adapte a su concepto racional. Pero también observa la disparidad de opiniones sobre las soluciones a adoptar. De ahí la lucha social permanente, pues la realidad no parece dejarse domar por la razón. Para Hegel es necesario que el sujeto penetre la realidad para conformarla.

El mineral no es un sujeto, el vegetal sí, pero no comprende. Es el ser humano el que se constituye en sujeto que se comprende y se autodetermina. Su vida verdadera consiste en la realización de sus potencialidades captadas por la razón. Esta capacidad le permite ser y exigir ser libre. La naturaleza es un intermediario para el ejercicio de la libertad. El espíritu es la razón en desarrollo hacia su plenitud. La historia no es una fila de acontecimientos sino un proceso de construcción del espíritu del sujeto. Mientras la realidad no esté adaptada a la razón es apariencia, pues está en proceso de real-ización. Por ejemplo, el único Estado real, será aquel que permita que todos los hombres realicen libremente sus posibilidades como miembros de la especie, como sujetos espirituales dotados de razón. En el caso de centro Europa el protestantismo aportaba con su libertad interior el freno a cualquier revolución en tiempos de Hegel. Por su parte, las clases altas vivían en la “realidad” del disfrute de las ciencias y las artes. Pero ese idealismo concluyó en su opuesto, pues acabó aspirando a reconciliar la libertad interior con las trabas que presentaba la realidad social, para que tal libertad dejara de ser, en realidad, un ejercicio de resignación. El motor de ese proceso es la contradicción, pues no hay entidad que no tenga en su estructura contradicciones que la lleva a su modificación.

El contexto filosófico de Hegel es la lucha por rescatar a la filosofía del ataque del empirismo que todo lo confiaba a la realidad externa. Descartes previamente había considerado que los cambios en la sociedad, especialmente en el campo de la ciencia y los descubrimientos tenían que basarse en verdades ciertas y universales. Unas verdades que contrastan con el acontecer humano lleno de arbitrariedad y contingencia. Por tanto, la tarea sería encontrar el modo de conciliar lo universal de la razón con lo particular del individuo, que dejado al albur de la competencia y el mercado había creado instituciones sociales injustas. ¿Era posible que la razón escondiera la solución a este problema? Los empiristas habían fallado diciendo que las esencias universales de la razón, solamente eran formulaciones a partir de la costumbre y la experiencia. Los racionalistas contraatacan diciendo que el orden necesario para la vida social no estaba en los hechos, sino que era necesario imponerlo desde la razón. Tampoco la psicología humana es garantía de universalidad y necesidad pues está sometida a demasiadas contingencias. Es la imaginación humana la que puede construir formas que imponer a la realidad y a los individuos.

Hay pues que demostrar que la procedencia de las ideas de la razón no se justifican por la experiencia ni por el pensamiento individual, sino que proceden de los conceptos de la razón. Si esto no fuera así, la libertad sería imposible. Kant empezó la reconquista concediendo a los empiristas que toda experiencia procede del exterior, pero los contradijo estableciendo que el orden de ese material lo establece la razón. De ser verdad, la propia experiencia tal y como la vivimos también sería un producto de la razón pues la experimentamos modificada por ésta. La razón sintetiza el material que recibe a través de los sentidos y la mayor síntesis es la percepción del propio yo. Una vez establecido esto se da un residuo: las cosas tal y como son a diferencia de tal y como las conocemos, lo que tiene el inconveniente de que divide al mundo de dos: los cognoscible y los incognoscible. Un viejo problema de la filosofía desde Parménides.  Se establece así una distancia entre el sujeto y el objeto que Hegel trata de eliminar. El llamó a esta separación alienación del sujeto respecto del objeto que se convertía en algo extraño para él, incluso cuando los había producido por sí mismo. La tarea es la unidad y a eso se apresta Hegel buscando el principio de razón que restablezca tal unidad.

Hegel establece que las leyes de la naturaleza surgen de la estructura racional del ser, lo que las pone al alcance de la razón. El ser humano alcanza así en la libertad el éxito que el resto de los objetos alcanza en su cumplimiento ciego de las leyes naturales. La verdad adquiere así un carácter ontológico según el cual es verdadero lo que cumple su concepto (sus potencialidades). Pero es este proceso nada es estable, al contrario que con la antigua metafísica. Los objetos tienen que cambiar para ajustarse a la razón. Esto requiere su destrucción en sucesivas desapariciones que conservan la identidad en el cambio. Por eso se califica a la filosofía de Hegel como negativa. Ya no vale una lógica estática es necesario acudir a la dialéctica que capte el movimiento de destrucción (negación) de lo estable y, en su caso, a la negación de la negación para conciliar lo antiguo y lo nuevo. Como reacción a mitad del siglo XIX surge el positivismo que quiere agarrase a los hechos para hacer ciencia. Cualquiera puede comprobar ciento setenta años después que el positivismo es una escena serena en un móvil a velocidad notable. Los cambios en los artefactos producidos por una ciencia cuyos conceptos no dejan de cambiar son la prueba de que la realidad se comporta más como la describió Hegel que como lo hizo Comte. Otra cosa es que la ciencia necesite en determinadas fases actuar “como si todo estuviera quieto y los hechos existieran de forma permanente”, pero de la reflexión consiguiente se derivan nuevos conceptos y nuevos artefactos. No menos cambios, no siempre positivos, se dan en el ámbito social, que muestra tenacidad por los intereses creados, pero que también cambia hacia la racionalización que supone la generalización de las oportunidades de realización de los individuos en la libertad. No hay progreso necesario ni futuro asegurado, como se puede comprobar hoy en día en que la progresiva desaparición de la “sinceridad de clase” que podía darse a principio del siglo XX debido a que o no todo el mundo votaba o el voto estaba controlado por el caciquismo. No era, pues necesario el discurso mendaz de los políticos. Hoy en día el aumento de la cultura de la generalidad de los ciudadanos obliga al disimulo y ha traído una nueva sofística de rasgos muy peligrosos debido a la ayuda que recibe de la tecnología. Una sofística que se da en los hegelianos porque no pueden cumplir sus promesa y en los comtianos porque no pueden declarar sus intenciones.

Hegel advirtió con la consagración de Napoleón que la pretensión de la razón de gobernar la Revolución había derivado en una nueva tiranía después de un período de terror inevitable por la rotura de los lazos institucionales. Fracaso que es consecuencia de haber sido impulsada por los individuos contra el Estado. Sólo el Estado es capaz de la transformación necesaria.

FENOMENOLOGÍA

Marcuse despacha con rapidez la parte de la fenomenología dedicada al modo en que la conciencia conoce el mundo exterior:

  1. Hay una certeza sensible que parece ser un suelo firme para el conocimiento, pero Hegel pronto argumenta que, en realidad, la conciencia funciona con un Aquí, un Ahora e, incluso, un yo universal. No conoce el objeto concreto, sino la forma que representa un lugar, un momento y un sujeto que observa.
  2. Más allá, la percepción con la que la conciencia observa los rasgos característicos del objeto, parece dividir su unidad en una multiplicidad de propiedades que también tiene el carácter universal (la blancura no es exclusiva de un determinado objeto). Pero además el color que exhibe una sustancia niega el resto de colores posibles. Lo que la conciencia capta ahora es una unidad y al tiempo una multitud, constituida por sus propiedades y sus relaciones con otras cosas. La cosa “es” en relación a su entorno y al sujeto.
  3. La unidad de la cosa se consigue por la fuerza. La fuerza es la esencia de la cosa. La fuerza, resultado de las leyes naturales constituye a la cosa. La fuerza no puede ser percibida nada más que por su efectos (ejemplo la fuerza magnética).

La fuerza constituiría lo real no percibible. Y, así, lo que se percibe sería la apariencia de un ser que todavía es diferente de su esencia. Lo que se percibe es la apariencia de la esencia. La apariencia es el mundo de la certeza sensible y de la percepción. La ciencia se ocupa de la fuerza. La conciencia tiene que penetrar en ese mundo más allá de los sensible que lo espera para que el propio sujeto alcance su esencia. Hegel nos dice que detrás de la apariencia al ser humano le espera su propia esencia. En una continua porfía entre opuestos, el sujeto busca su esencia en la ley que gobierna al mundo. Nosotros mismo estamos detrás de “la cortina” que esconde el mundo que está fuera del alcance de los sentidos. Se trata, pues de una tarea para la autoconciencia. Así se habría producido el paso de Kant a Hegel, del idealismo trascendental al idealismo absoluto. La alienación del mundo debe ser corregida con su humanización. La cosa en-sí tras los fenómenos es la propia conciencia. La verdad no es la búsqueda de la esencia de sustancias eternas e inmutables, como pretende el positivismo. No hay más verdad que la del sujeto y esté no tiene más tarea que transformar el mundo para convertirle en su hogar.

La demostración por parte de Hegel de que la experiencia sensible, la proximidad a los hechos y los particulares es una experiencia del universal refuta el positivismo y su fetichismo de hechos y cosas. El universal es más que un particular y la autoconciencia se alimenta del universal. Además, Hegel aporta la constante humana de que el sujeto está en estado de deseo y, no del tipo de deseo que acosa al animal (el alimento o la reproducción), sino el deseo de otro deseo. Es decir de otro sujeto. La autoconcienca sólo encuentra satisfacción en otra autoconciencia. La dialéctica que abre con los opuestos Amo y Siervo se explica en detalles en la reseña de Kojeve. El Yo del sujeto no es un yo abstracto, sino la esencia del mundo. Pensar consiste en saber que el mundo no es objetivo, sino subjetivo, que se presenta como la objetivación del sujeto. Dice Hegel “En el pensar soy libre, porque no estoy en otro, sino que permanezco simple y únicamente en contacto conmigo mismo“. Esta liberta interior explica que Hegel considere el estoicismo la primera manifestación de la autoconciencia. Pero Hegel es consciente de que esta libertad es útil cuando  el entorno es hostil, pero que la verdadera libertad implica la necesidad de “salir al mundo” hacia su transformación.

LA LÓGICA

Hegel exacerba la tendencia ya expresada en Aristóteles, Kant y Fichte de dinamizar la formalidad de la lógica. Pero en él se hace más explícito y, además, se proporciona un método. Esto es coherente con el propósito de Hegel de acabar con el dualismo entre pensamiento y realidad para no aceptar el mundo tal y como se presenta. Para ello hay que parar la embestida del sentido común representado en la lógica formal tradicional. Esta es la tarea que Hegel se propone en la lógica dialéctica cuyo factor fundamental es la negatividad. Es una lógica negativa. Así se niegan las categorías fijas y la falsedad del mundo del que emanan éstas. Nada de lo que existe es verdadero en la forma en que se presenta. Esto es advertido por la conciencia que se proyecta a su cambio. Por eso, la existencia de las cosas es negativa. Una negación de partida que es tanto negación como afirmación, lo que implica contradicción consigo mismo de cada ente, que no implica anulación, sino transformación, por negación de su estado actual. (NOTA.- La dialéctica de que A contiene no-A es asombrosamente parecida a la relación materia – antimateria de Dirac). Cada ente se contradice a sí mismo porque hay una diferencia entre su esencia y su existencia tal y como es. Esta contradicción proyecta al ente hacia otra cosa y hacia su entorno. El ente tiene que negar su particularidad y relacionarse con otros entes. De nuevo el universal manifiesta su prevalencia sobre lo particular.

La forma lógica del universal es el concepto (noción). Hegel, por tanto, discute que el universal sea “un pensamiento” distinto de la realidad misma que se expresa en el particular. Es decir, afirma que el universal existe y que lo hace una forma superior a los entes particulares. Cada hombre particular tiene origen en la existencia de la forma universal “hombre” (NOTA.- Algo así como que cada individuo tiene su fundamento en el ADN. De hecho, cuando se pretenden quitar enfermedades del código genético se está depurando el universal de la especie). La clase hombre genera al individuo hombre. Cada individuo debe afrontar la tarea de ser lo que puede ser su clase conceptual. La importancia de estas afirmaciones reside en desmontar la pretensión de un universal “parcial”, como la clase económica o nacionalista, de someter a los individuos. El derecho a gobernar al ser humano solamente lo posee el universal. El universal reside en el concepto, pero no como acto psicológico, sino como reflejo de la realidad posible.

La libertad consiste en el ejercicio de la tarea de buscar la esencia luchando en la existencia negando las formas históricas. El universal del ser humano es complejo e incluso contradictorio y debe incluir todos los aspectos (negativos y positivos). El aspecto positivo de la dialéctica de Hegel es la creación, formación del universal negando lo particular. Destruir el mundo del sentido común es construir el universal que se realiza y se manifiesta en lo particular (platonismo, heideggerismo avant la lettre). Por tanto, la lógica de Hegel es una ontología. El mundo es subjetivado por el sujeto que posee la noción de cada ente (NOTA.- el mundo físico se abre al sujeto por la acción del sujeto en la historia y en la ciencia, hasta el límite del propio entendimiento en acción).

Hegel encontró en la realidad sensible que el pensamiento traduce la experiencia en universales, nociones, que son su alimento. Tras superar las distintas etapas epistemológias, parte del particular y acaba buscando una ley universal (NOTA.- Como hace el científico que trata de unificar la teoría cuántica y la relativista), buscando una ley universal que determine a todos los universales y no sea determinada ella misma (NOTA.- Esto es aristotelísmo. Motor inmóvil. Si es así, el ser indeterminado es irracional, pues su existencia no tiene explicación. Es legítimo preguntar con Russell ¿Quién creo al creador?. O se acepta la irracionalidad de la existencia o es necesario buscan un universal de mayor rango: ¿la nada?). El ente es algo y el Ser simplemente es. Si el Ser por su total vaciedad incorpora a la nada, igual le ocurrirá a cada ente, pues cada cosa está siempre en camino de ser otra cosa, negándose a sí misma. Las cosas son en tanto surgen y se desvanecen. Son devenir.

Las categorías de la lógica hegeliana se transforman en otras categorías. El análisis de la cualidad muestra a las características de las cosas como una red de relaciones con el resto del mundo (color, textura, sabor…). Es su ser-para-otro, que se opone a su ser-en-sí. Su ser-para-otro determina su ser-en-sí y viceversa yendo unidos en la cosa. No hay un mundo de fenómenos y noúmenos. La cosa cambia negándose al convertirse en otra cosa y niega la negación incorporando la otredad a sí misma. Así la cosa media su propia transformación. Hay un protosujeto que sufre el cambio y mantiene un cierto control sobre el cambio, aunque sea ciego y no libre. La cosa se determina como ser-para-sí manteniendo la individualidad. La cosa no existe como es en-sí. Sus potencialidades no están incorporadas. Esta diferencia es el motor de su continuo cambio. Esto es más evidente en el ser humano, pues la razón determina sus potencialidades que contrastan con su existencia real. Su talificación (ser-para otro) contradice su potencialidad (ser-en-sí).

Toda existencia es negativa porque no ha alcanzado su noción, su concepto esencial. Esta negación implica la finitud, es decir, la muerte. Los entes del mundo son finitos en su carácter individual. El universal no está al final de una trayectoria de infinitas transformaciones del individuo, sino en un ciclo que comienza y acaba con la transformación del individuo en otra cosa que sufre el mismo ciclo de vida y muerte, ahora sí, hasta el infinito. En la muerte se alcanzan las potencialidades y se transfiere la busca del infinito. (NOTA.- Versión idealista de la muerte, pues la muerte trunca no culmina si no se ha vivido, durante el proceso, en una búsqueda cuya conclusión sea la necesidad de nutrir con la propia materialidad el nacimiento de nuevas aventuras individuales que perfeccionen el cumplimiento de las potencialidades. La vida particular puede ser perfectamente estéril para sí mismo y para los demás. Hay una cierta estaticidad en esta visión en la que cada individuo parte de cero la carrera para alcanzar su ser-en-sí. No hay justificación para la muerte del individuo si no contribuye a que la siguiente cohorte esté más cerca del universal de la especie. Si el individuo ha de morir, ha de morir la especie. Primero para que la especie mejore y segundo para que el Mundo mejore. Individuo y especie serían escalones de una progresión hacia el universal del Mundo en su conjunto como sujeto plenamente realizado. Una parusía Theilhardiana). En definitiva, Hegel pensaba que sólo se puede desarrollar las potencialidades pereciendo (NOTA.- Es decir, el despliegue de las potencialidades no puede ser desarrollado en una vida. Se impone el universal que necesita muchos individuos para su despliegue completo). Lo finito no tiene un verdadero ser, debe ser negado, porque la esencia de lo finito es ir más allá de sí mismo. Pero no a un más allá trascedente, sino a un más allá inmanente a la tarea de despliegue de las posibilidades de lo finito. Todo lo ideal (el deber ser) debe aplicarse en el mundo finito. Lo infinito de Hegel no es trascendente, sino lo otro de lo finito, lo que lo finito puede conseguir en un infinito proceso de transformación, que consiste en ser-para-sí, es decir, en apropiarse de la otredad que la aliena. La autoconciencia es la mejor aproximación al infinito, por el contrario, los entes sin conciencia son los que responden mejor al concepto de finitud.

La cantidad se relaciona con la cualidad en el famoso dicho de Hegel, según el cual la cantidad, traspasado un determinado umbral, genera un cambio cualitativo. Punto de vista de vista que anticipa la revolución digital, cuántica que contradice la expresión clásica de que natura non facit saltus. Una forma perece al mostrar lo nuevo, que es la negación de lo viejo. Las propiedades niegan lo que las cosas son para-sí (los que conocemos de las cosas no está en las cosas. Por ejemplo el color). Por eso, Hegel dice que la esencia de la cosa es su negatividad. El movimiento de la cosa para-sí es también de retorno a sí misma a pesar de los cambios. Es la unidad negativa. Para Hegel “La verdad del Ser es la esencia”. ¿Pero qué es la esencia?. Primero, lo que no es. La esencia no es un ente que habita en un reino puro de las ideas. La esencia no está en el mundo (todavía) ni más allá de él. La esencia es la negación de todo ser porque es su infinito, lo que puede ser, a lo que apuntan sus potencialidades. Un proceso en el que el sujeto pone sus propiedades (determinaciones) como momentos de su autorrealización. La esencia es el propio proceso de reflexión del sujeto. Una reflexión que no sólo es pensar, sino ser. Por tanto, el paso del ser a la esencia es un proceso pensado y vivido. Es un proceso real. Cuando un ser entra en sí mismo reflexivamente se convierte en esencia. Ser subjetivo es la sustancia del ser. Llegar a ser sujeto es la sustancia del ser.

Hegel experimenta un cierto desprecio por las matemáticas porque es la medida de la cantidad y ésta le parece de menor rango ante la dinámica de la realidad, que estaría más cerca de la cualidad. Hegel cree que las matemáticas son una ciencia de los estático y no puede describir lo dinámico. (NOTA.- Es paradójico porque, cuando él hacía estas declaraciones, se estaba gestando una verdadera revolución en las matemáticas para seguir la evolución de la física electromagnética, una realidad dinámica en extremo). Obviamente este poder de las matemáticas no quita ni un ápice de importancia a la reflexión y realidad de la libertad, la moral o la justicia en su complicado ser. Aspectos estos de la realidad que constituyen su verdad más esencial. Verdad a la que las ciencias básicas han de servir obedientes a los intereses de la autoconciencia. (NOTA.- Aquí resuena la futilidad de la pretensión de Lacan de matematizar el deseo, por otra parte de forma tan rudimentaria y estéril, aunque Hegel, quizá, no percibió hasta qué punto, aún en su esencia formal, las ciencias básica son dialécticas en su proceso de positivación y negación de los hechos).

En el proceso real, todo ser se niega en el cambio y niega la negación en su identidad. El pensamiento de que la esencia y la existencia no coinciden es el principio de la verdad. La esencia abraza las determinaciones en un proceso de negación de lo otro que fortalece su identidad (NOTA.- Es interesante asociar a la concepción dinámica del ser basada en las autodiferencias gestada en su interior y su proceso interno de negación de lo otro con la concepción de Kant de que los entes son resultados de la acción sintetizadora llevada a cabo por el sujeto. Aunque se puede pensar que así la subjetivación es doble: el sujeto crea al objeto y luego lo comprende). El ser es poseedor de la fuerza que le permite asumir la contradicción se-no-ser que lo dinamiza. (NOTA.- Desde el punto de vista de la lógica dialéctica, la lógica formal es un acto de pragmatismo que describe la realidad “lenta” que permite adoptar el principio de identidad, del mismo modo que las leyes de Newton siguen pragmáticamente siendo útiles a bajas velocidades relativa).

Aplicando a la esencia su propio concepto, ella misma, como forma, es resultado de un proceso previo. Que el desarrollo de un concepto lleve a su opuesto es también parte de la dinámica real. Situación que lleva a distorsiones de la conciencia que produce amplio malestar. Así si los mecanismos de distribución económica llevan a la acumulación o lo mecanismos formales de justicia derivan en injusticia manifiesta. Cuando la esencia alcanza a la existencia, la contradicción se resuelven. Es el llamado proceso de actualidad. Cuando se da las contradicciones no se dan entre lo que es y lo que debe ser, sino entre dos existencias: lo real no cumplido y lo posible ya maduro para ser. Para que esto ocurra una sociedad tiene que alcanzar un grado de madures que hace lo posible inmediatamente realizable (NOTA.- Un ejemplo fue cuando en 1978 la democracia en España era posible y la realidad era un estado autoritario. La sociedad española estaba lista). Dice Hegel “El hecho es antes de existir”.

(NOTA.- Los distintos tipos humanos son como los elementos químicos, constantes en sus propiedades conocidas en el marco de las leyes conocidas y estables de la realidad. Las instituciones son como las sustancias químicas, en el sentido que ofrecen distintos desempeños, tiene distintas propiedades como consecuencia de las combinaciones que llevan a cabo con los individuos “elementales”. No todos los elementos pueden participar en todas las combinaciones, pero todos tiene sitio en alguna. La diferencia en el símil estriba en que los elementos químicos y su isótopos muestran, a la distancia que son observados, alguna estabilidad mayor que los individuos humanos que, por ser observado a una “distancia” menor y por su valor como individualidades, presentan resistencias e impulsos con sus contribuciones cognitivas o emocionales para el propio desarrollo autoconsciente que aumentan las incertidumbres asociadas).

El proceso de actualización que hace lo posible real sólo lo puede realizar un sujeto que es libre y tiene el conocimiento de la verdad. Así necesidad y contingencia se unen. La necesidad por el conocimiento y la contingencia porque no hay fuerzas externas que determinen el resultado. El sujeto es una forma que no señala en exclusividad a un individuo, sino a toda estructura capaz de autoconciencia como el espíritu de una época. Si la libertad del sujeto es la comprensión, el sujeto es noción. La noción es la actividad de comprensión, que sólo un sujeto puede llevar a cabo. Para el sentido común el conocimiento que se abstrae de la realidad se vuelve irreal. Para Hegel, la verdad es lo contrario, pues la noción no es más pobre que la realidad, sino más rica, pues va de los hechos a su contenido esencial. Sólo en el concepto (noción) reside la esencia de la realidad. La abstracción conduce a la actualidad (momento de realización de lo posible). Frente a la abstracción de la ciencia positiva, la abstracción dialéctica busca la esencia del cambio, de los procesos en equilibrio con lo que permanece. El pensamiento dialéctico analiza el hecho y sus procesos sin intromisión de lo externo. En el pensamiento hegeliano el sujeto no forma las nociones, sino que éstas se dan en la realidad y son captadas por el sujeto. La dialéctica hegeliana no es epistemología, sino ontología. Los aspectos negativos de la realidad no son perturbaciones o puntos débiles en una totalidad armoniosa, sino las condiciones que descubren la estructura y tendencias de esa realidad. Así las crisis de capitalismo son reproducciones del ciclo de nacimiento y muerte de esta forma de economía. (NOTA.- Lo curioso, en el caso del capitalismo, es que se sigue llamando capitalismo a formas que nada tienen que ver con lo que era dos siglos atrás. Amazon es un ejemplo de reducción de la tasa de beneficio, que traerá un nuevo capitalismo con menos millonarios, pues sólo aquellos que dirijan grandes grupos de empresas podrán serlo cuando la tasa de beneficio esté cerca de cero. La sombra potencial es que las clases medias y los pequeños empresarios estarán arruinados”).

La dialéctica sólo puede ser eficaz en el interior del propio sujeto. De ahí la diferencia con las matemáticas que siempre observa a sus objetos desde el exterior. La idea en Hegel no es extramundana como en Platón, es real y sirve de referencia como en Kant. El verdadero ser es la idea o noción frente a la realidad. La noción y la práctica van juntas. El hombre es acción y la historia es ontología (realidad). El sujeto niega toda otredad y busca el conocimiento que le permita ser completamente libre conociendo sus límites. El mundo objetivo es el medio para su total subjetivación. El pensamiento puro se piensa a sí mismo en la medida en que se ha llenado de la totalidad.

Hegel piensa que en su tiempo se ha alcanzado la idea, pero que esta se contradice con la realidad social. Incluso la idea de absoluto contiene a su opuesto y su ser es conflictivo. El absoluto contiene todos los particulares que son comprendidos desde la idea común. Por tanto incluye a la naturaleza.

(NOTA.- A Hegel le pasa lo que a nosotros que percibe la diferencia inalcanzable entre el ideal (la esencia) y la realidad (la existencia). ¿No habrá llegado el momento de cambiar la perspectiva matando prejuicios?).

Sigue en (II)…

 

 

 

(XII) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

viene de (XI)

No sé si es una digresión, pero, una vez que hace un ajuste de la polaridad hegeliana y la prevalencia de uno de los polos, de repente se pone a reflexionar sobre Lacan y la constitución del sujeto mediante la “reapropiación de la otredad alienada”. El lector quebrado por la finta se va a desayunar y vuelve con ánimo a la cuestión. Arranca, Zizek, con una sabia indicación sobre las limitaciones de la perversión. Es decir, que el desarreglo de todos los sentidos, que decía Rimbaud, conduce al bloqueo, a la saturación infeliz. Zizek cree que aunque uno se lance al goce, la forma de la represión sigue presente. Es decir la forma como síntoma del contenido. Podría darse el caso de que lo explícito no narre toda la historia, pero la forma da cuenta de la sospecha de que algo falta. Esta perseverancia de la represión puede explicarse porque la propia represión crea a lo reprimido. La ley crea el delito, indica lo que no debe hacerse e invita a ello. Lo cual lleva, por el contrario, a que eliminada la represión se elimina gran parte de lo reprimido, pues se pierde interés, pero persiste la forma de la represión. Con el enfoque hegeliano la relación entre forma y contenido pone de manifiesto que, más allá del principio de placer, está el goce mismo, la pulsión por su satisfacción, de la que no podemos librarnos aún después del placer satisfecho. Imposible e inevitable son los rasgos de la satisfacción. Así el goce de la renuncia y el deseo del obstáculo. Hay, pues, un exceso, un añadido en el obstáculo que puede llevar al placer en el dolor. El placer no se agota en su satisfacción. Queda un hueco que rellena ese plus que lleva a la perversión. Acude a Herbert Marcuse para explicitar ese plus de represión que permite perpetuar las instituciones básicas como la familia monógama, la jerarquía en el trabajo o el control público de la vida privada. Zizek dice que ese plus de represión para el control es imprescindible para que funciona la represión básica sobre los instintos que hace posible la civilización.

Ese plus de represión trae el plus de goce que hace que los individuos acepten la represión básica. Es un “menos es más” psicológico de gran eficacia. Es la riqueza de la pobreza. Esto explicaría que las revoluciones estallan cuando baja la presión y se mantiene las razones para la indignación. Los humoristas saben de esto porque a menudo hablan del afinamiento que requiere la existencia de la censura. También los sabe el radical que declara que “contra Franco se vivía mejor“. Esta idea está presente en el placer del erotismo frente a la desfachatez de la pornografía. De ahí a la moderación como regla de vida solamente hay un paso y se ha dado hace tiempo. También el esclavo que acepta serlo, lo hace por preservar la vida, pero “inventa” el idealismo al buscar en la fantasía el consuelo. El amo, por el contrario, cercado por la intensidad de la vida que ha escogido no tiene tiempo nada más que para la contienda que le crea adicción como vemos en los actuales financieros.

Hegel ya tiene esta discusión abierta en sus escritos. Considera que lo que hace al ser humano distinto del animal es la interposición del ideal entre sus impulsos y su satisfacción y sus fines. Así se determina el sujeto según el universal que le orienta. La búsqueda de la plena satisfacción no se sigue de la atención a una parte de los componentes de ésta. Es necesario establecer un juego entre placer y deber, que puede llevar al deber del placer, pero, también, al placer del deber. Una situación en la que ambos polos se distinguen con precisión. Al contrario que si no puedo soportar el placer que resulta de la represión, pues, en este caso se impone el masoquismo moral, que no disfruta ni ese plus que el deber ofrece. Es parecido al pecado de orgullo del justo. Si se padece por el placer del orgullo que provoca obrar justamente no hay salida para la acción moral.  En el juego de opuestos nada nace como oposición si no estaba ya en lo negado. Así los regímenes estalinistas al aislar al individuo en una subjetividad mínima por miedo a la delación los lleva desde una conciencia sumisa, formando parte de una conciencia ideológica colectiva, al egoísmo que espera la oportunidad para expresar su competitividad. Cuando un estado rompe los vínculos entre individuos porque “se ocupa de resolver todos los problemas” está preparando su destrucción. Todos estos vaivenes tienen una estructura común: la dialéctica que se presenta como:

  1. un estado de equilibrio
  2. roto por el sujeto (negación) y
  3. la aniquilación de la acción del sujeto (negación de la negación)

O como:

  1. un acto del sujeto (postulación),
  2. su consiguiente fracaso (negación) y el
  3. cambio de perspectiva que convierte el fracaso en éxito (negación de la negación)

Zizek encuentra una cuarta etapa dialéctica en este ejemplo:

  1. El pobre vive como quiere
  2. La clase media baja trata de seguir la moda
  3. La clase media alta siguen la moda
  4. La clase alta viste como quiere y, en consecuencia, son la moda

y este otro:

  1. El pobre no sigue la ley
  2. El utilitarista la sigue por conveniencia
  3. El moralista la sigue por convicción
  4. El monarca no sigue la ley (es irresponsable) como el pobre, pues lo que hacen es la ley

Bodrillac propuso irónicamente en vez de:

  1. Tesis
  2. Antítesis
  3. Síntesis

Esta otra:

  1. Tesis
  2. Antístesis
  3. Prótesis (solución virtual, sin sustancia natural, artificial)

Hay un comienzo no alienado, que sigue con una alienación parcial y otra plena para culminar en una negación de la alienación que, desde otra posición, coincide con su opuesto. Es un viaje del espíritu desde la libertad a la libertad en otro nivel, Zizek enlaza con el recurrente tema del terror diciendo que “el resultado positivo del terror es que, en la aniquilación del sujeto, el sujeto alcanza su fundamento en la sustancia ética, acepta la unidad con esta sustancia”. Aniquilación del sujeto que es autoaniquilación de las sustancia.

Hegel describe el viaje de la conciencia que se aliena en la cultura como un desgarro que culmina su ascenso a lo universal alejándose de su vida concreta quedando en una nada vacía, lo puramente negativo desde lo puramente positivo de la autoconciencia. Pero ¿Cómo arrostrar la pérdida total de la muerte biológica sin significado infligida por la negatividad abstracta del Estado? Si no hay nada a cambio de esta entrega total, es la nada lo que se obtiene, es decir la nada que es el sujeto. La alternativa es recibir el premio moral de la transformación de una sociedad. Zizek se resiste con Hegel a que la revolución hubiera sido posible sin el Terror. Pero Zizek fiel a su naturaleza inicia un nuevo Zig-Zag creativo haciendo una finta hacia el catálogos de estados de las conciencia en relación con el Otro social:

La pérdida consuela de la pérdida. Vueltas y revueltas de la conciencia que, apoyado en Hegel, le lleva a decir que es inútil tratar de desplazar la Revolución Francesa y su Terror a convertirse en un revuelta espiritual, filosófica o estética. Incluso el criticismo radical esconde una resignación ante el Absoluto. El sujeto es descentrado en el orden simbólico. Habla de la esquizofrenia del yo que actúa y el yo que juzga pretendiendo una distancia y neutralidad imposibles. Es necesario, dice Zizek comprometerse para el cambio real. De hecho se pregunta si, aún considerando que la violencia no funciona, no será peor renunciar a ella (pone el ejemplo de Palestina)

La filosofía (yo que juzga) llega tarde y pinta “gris sobre gris”. Una esterilidad que parece impedir lo nuevo. Una reconciliación entre concepto y realidad que parece paralizar. Pensar lo hecho parece remitir a lo imposible, a la parálisis. Por eso se propone usar el olvido para ir con el recuerdo a un momento antes de que todo ocurriera y deshacer la inexorabilidad del destino. Por eso para el enfrentamiento de valores en la tragedia griega propone que se ofrezca una tercera posibilidad desde la que declarar falsas las posiciones, pongamos, de Antígona y Creonte. Zizek se pregunta si la auténtica reconciliación hegeliana sea ir al comienzo del pasado inmediato y empezar de nuevo con una cierta resignación que borra el pasado encontrando alguna dignidad. Es la pérdida del Object a de Lacan, el objeto de deseo o. se pregunta: ¿Hay posibilidad de recuperar el deseo tras la pérdida absoluta tras todos los fracasos?.

RESUMEN

En este fragmento de su libro, Zizek utiliza la dialéctica para viajar hasta el límite por algunos de los estado de conciencia. ¿Qué provoca la perversión? ¿Por qué es atractiva la prohibición? ¿Qué hay al final de toda negación? ¿Hay que renunciar a la violencia? Vaya preguntitas. Él, fiel a su estilo esquivo, responde con preguntas que hacen sospechar al lector que son afirmaciones. Naturalmente no son preguntas al sujeto individual, sino al universal que ve como tras muchos avatares históricos conscientes no encuentra solución estable. Al modo de Zizek se podría afirmar – preguntar: ¿No será que la estabilidad es la muerte?

Algunos estados de ánimo:

  • Serenidad
  • estoicismo
  • hedonismo
  • masoquismo
  • sadismo
  • entusiasmo
  • alegría
  • desesperación
  • desconfianza
  • escepticismo
  • duda
  • fe
  • devoción
  • hipocresía
  • ironía
  • autorepresión
  • inhibición
  • fetichismo
  • perversión
  • duelo
  • melancolía
  • depresión
  • resignación

Sigue en (XIII)…