Una explicación a nuestras tribulaciones

En la naturaleza hay cuatro fuerzas fundamentales, según nos dicen los científicos, cuya interacción o concomitancia explican todo el universo. La fuerza de la gravedad mantiene unida a la materia, la fuerza electromagnética permiten la transmisión tanto física (radiación) como informativa (comunicación); en el seno de lo micro, otras dos fuerzas mantienen la estabilidad de los elementos constitutivos (los átomos), una manteniendo unido al núcleo y la otra aprovechando cualquier desestabilización para irradiar partículas. Como se ve, tanto en nivel macroscópico como en el microscópico dos parejas de fuerzas actúan de forma complementaria, una asociando y la otra disociando.

Sin embargo, el universo humano no tiene tan claro cuáles son las fuerzas actuantes, porque las distintas teorías explicativas no pueden ser comprobadas tan fácilmente en un laboratorio como se hace con la materia y la energía. De hecho, cuando se ha intentado, el choque entre la simplicidad y el dogmatismo de las soluciones y la complejidad de la realidad ha producido verdaderos monstruos como el comunismo soviético y el fascismo nazi. Estos terribles experimentos a gran escala se diferenciaban en sus propósitos. El primero pretendió imponer la igualdad económica y el segundo imponer la igualdad cultural. Sin embargo, ambos compartían la crueldad de sus métodos, señal de que no había encaje entre sus visiones y la realidad de la naturaleza humana y sus anhelos.

Tal parece que, al igual que en la naturaleza, tenemos cuatro factores dinamizantes en dos niveles de intensidad: fuertes y débiles que se emparejan dos a dos como fuerzas de cohesión o descohesión respectivamente*;

VERSIÓN FUERTE

  • Del deseo de igualdad económica absoluta (comunismo)
  • Del deseo de desigualdad económica absoluta (libertarismo)
  • Del deseo de desigualdad cultural absoluta (multiculturalismo)
  • Del deseo de igualdad cultural absoluto (totalitarismo)

VERSIÓN DÉBIL

  • Del deseo de igualdad económica relativa (socialismo)
  • Del deseo de desigualdad económica relativa (liberalismo)
  • Del deseo de desigualdad cultural relativa (permisivismo)
  • Del deseo de igualdad cultural relativa (conservadurismo)

Caben todas las combinaciones, pero sólo unas pocas funcionan o han funcionado porque, entre otras cosas, han surgido en momento históricos diacrónicos. Así, tanto el comunismo como el liberalismo pueden combinarse con el totalitarismo como muestran los ejemplos soviético y chileno, por ejemplo. El socialismo mezcla bien con el permisivismo cultural y el liberalismo con el conservadurismo. Las versiones extremas, cuando el totalitarismo interviene, no han tenido continuidad en la época moderna porque el dolor causado ha sido tan grande que provocó reacciones de parte de la versiones socialista y liberal no totalitarios. La reproducción simbólica de estos horrores, crearon una atmósfera de prevención que facilitó que sus versiones vigentes durante muchos años hayan sido las moderadas. Versiones que reconocen que hay que admitir que en sus formas fuerte o débil estas pulsiones (igualdad, desigualdad, tolerancia, intolerancia) tienen su origen en nuestra herencia genética y, por tanto, el juego político tiene que contar con ellas, salvo caer en el delirio.

Como se ve, he distinguido entre los factores de carácter predominantemente económicos (comunismo y libertarismo o socialismo y liberalismo) de los factores predominantemente culturales (multiculturalismo, totalitarismo, permisivismo y conservadurismo). El objetivo es ver con más claridad, pues los aspectos culturales (género, sexualidad, aborto, castigo, raza, caza, toros…) son vistos de forma muy diferente por los que alientan la diferencia (multiculturalismo) y los que imponen la igualdad (totalitarismo). Debo aclarar que el multiculturalismo, que es simétrico conceptualmente respecto del totalitarismo, no se ha mostrado, afortunadamente, como un movimiento violento, pero sí que es visto como absoluto e intolerante por los amantes a ultranza de la igualdad cultural. Por ejemplo los movimientos actuales incipientemente totalitarios llaman a las feministas “feminazis” y a los que ayudan a los emigrantes “buenistas”.

Quedaría añadir que el nacionalismo, que superficialmente, es el proceso de acotación de esta dinámica social y política a un ámbito geográfico determinado, conlleva la exacerbación de uno de los factores culturales más queridos por las versiones duras del totalitarismo: la defensa fervorosa de la identidad y la lengua eliminando los espacios de deliberación. El proceso de independencia contra la pretensión de una nación incluyente de mantener su integridad pasa por momentos débiles en los que la tensiones, tanto de carácter económico como cultural no superan lo tolerable por el sistema macronacional. En los momento fuertes, el proceso se vuelve intolerante y violento, pero si la diferencia de fuerzas es notable se encuentra el modo de restablecer los consensos, salvo que intervenga una potencia extranjera.

¿QUÉ OCURRE EN EL MUNDO?

A principio del siglo XX la revolución soviética puso alerta a los países capitalistas, que no sabían todavía si habría contagio y si sería un régimen con éxito social como prometía la teoría marxista. Por otra parte, la primera guerra mundial fue un conflicto anacrónico porque se trataba de enfrentamiento internacionales entre imperios decadentes. Sin embargo, la torpeza de los vencedores en el trato al vencido alemán, favoreció la emergencia de un movimiento fascista cuyos rasgos principales eran el nacionalismo y el racismo, que iban acompañados de versiones igualmente intolerantes referidas al arte, la mujer o la natalidad. Aspectos que en ningún caso hubieran provocado una guerra de no ir acompañado el catálogo de locuras culturales de una pretensión de crear un imperio alemán anexionándose países enteros para, entre otras cosas, dar satisfacción al resentimiento por derrotas históricas previas. A lo que se añade la complacencia de los países liberales por la eliminación rápida de toda influencia comunista en la zona y el apoyo de las grandes empresas alemanas que veían en el movimiento una manera de capitalización rápida en base a la industria armamentística y la recuperación de territorios ricos en materias primas propias del estado de desarrollo de la tecnología de la época. Dos situaciones totalitarias que en la URSS se prolongó durante 70 años y acabó por su ruina interna y en Alemania 10 años acabando por su derrota militar. Una época en la que en ninguno de estos países hubo lugar para el juego social-liberal por imposición evidente de una combinación de distintos regímenes económicos pero una misma jaula totalitaria.

Tras cincuenta millones de muertos y la destrucción casi completa de las ciudades europeas, la lección aprendida en la primera guerra fue suficiente para, esta vez, sacar a Alemania de su postración evitando un nuevo rebrote del totalitarismo. Si a eso se añade la potencia industria desarrollada durante la contienda y la necesidad de seducir a las poblaciones antes una supuesta tentación revolucionaria a causa de un potencial éxito del régimen comunista , parece natural que se favorecieran las opciones económicas débiles: socialismo y liberalismo, mientras poco a poco iban ganando terreno la opciones permisivistas en lo cultural. Así fue durante los primeros treinta años posteriores a la guerra. Pero en los años ochenta los liberales se cansaron de lo que consideraban una concesión innecesaria al socialismo y empezaron, en tiempos de Thatcher y Reagan, a tornarse libertarios. Por su parte los socialistas, acomodados en su aparente victoria distributiva de la riqueza, abandonaron toda tensión ideológica en lo económico y se centraron en renovar sus mensajes nutriéndose del permisivismo, que era visto por los contrarios como su versión extrema el multiculturalismo. La crisis económica de 2008, provocada por una visión ya libertaria de la economía, y el despiste del socialismo que había abandonado toda directriz económica propia y echaba todos sus recursos en la explotación electoral del permisivismo, ha alterado de tal modo el panorama que es necesario echar de nuevo mano de la taxonomía propuesta para explicar la situación.

QUÉ OCURRE EN ESPAÑA?

En nuestro país, la anomalía totalitaria durante las primeros cuarenta años después de la Guerra Civil, congeló la evolución política. Sin embargo, una vez acabada la dictadura en 1978, España se puso al día y, al igual que en otros países europeos generó una alianza entre las versiones débiles de la igualdad económica y la desigualdad cultural. La consecuencia ha sido que el socialismo y el permisivismo han formado un bloque que tópicamente se llama de centro izquierda o socialdemocracia. Por su parte, el liberalismo y el conservadurismo formaron otro bloque que normalmente se llama de centro derecha o liberal conservadores. Una vez pasada la euforia del acceso a la democracia, ambos bloques reprodujeron aceleradamente el proceso del resto de Europa y Estados Unidos. Así, en los años noventa, cansados de las fórmulas económicas socialistas, los liberales incipientes iniciaron un contraataque liberal que, hoy en día, quiere ser libertario. En esta época pacífica de crecimiento económico continuo, el socialismo se ha encomendado a las reformas culturales (igualdad de la mujeres, matrimonio homosexual, restauración simbólica de valores republicanos y federales, etc.) que atendían a los intereses de minorías, pues el estado asistencial no era discutido por sus oponentes hasta que la crisis de 2008 ha creado en nuestro país las condiciones para asimilarse a la revolución libertaria mundial. Así, el liberalismo, ha logrado éxitos como la privatización de empresas de capital público y ha iniciado un proceso de precarización generalizada, mientras con su alma conservadora se ha resistido todo lo que ha podido al progreso de los derechos de minorías. En definitiva:

Primero, prácticamente no queda ningún adulto vivo que sufriera el horror del último desastre universal (en nuestro caso, la guerra civil). De este modo las sociedad, sea cual sea su estado de confort, ya está lista para entrar en conflictos graves sin el recuerdo del sufrimiento de sus antecesores.

Segundo, la reacción de los liberales para limitar y, si tienen oportunidad, eliminar completamente el estado asistencial para privatizar servicios públicos tan fundamentales para una sociedad como la educación, la sanidad o las pensiones, parece imparable. Las consecuencias están a la vista en las reformas legales que han precarizado el empleo, abaratado el despido y creado las condiciones para altos grados de desigualdad.

Tercero, a la reacción libertaria que ha desbordado al liberalismo, ha seguido una reacción totalitaria que quiere desbordar el conservadurismo. El origen está en la creencia de que los avances de las opciones permisivas estaban transformándose en multiculturales cuando a los avances en el terreno de la igualdad hombre-mujer, los matrimonios de igual sexo, el trato legal especial a la violencia sobre la mujer, el trato especial a los niños y niñas transexuales y el lenguaje inclusivo estaba siendo seguido por la aparición de comunidades con costumbres y prácticas religiosas diferentes amparadas por la ley.

Cuarto, la presentación pública de la evolución de los partidos liberal conservadores se hace con un lenguaje mendaz en lo económico (“somos el partido de los trabajadores“, dijo Dolores de Cospedal o “bajar los impuestos es de izquierdas”, dijo Rodríguez Zapatero). Por un lado los liberales llevan a cabo medidas económicas restrictivas “por el bien de la gente” y, por el otro, se toman medidas liberales a manos socialistas sin decir la verdad sobre la situación. En el terreno cultural, el lenguaje se vuelve procaz y directo, eliminando las más elementales reglas de convivencia simbólica. Unos evolucionan hacia la recuperación de unos rasgos identitarios supuestamente perdidos o reprimidos, que incluyen enormes prejuicios sobre las mujeres o las relaciones sexuales no convencionales y otros provocan la indignación de creyentes o patriotas más o menos hipertrofiados con mascaradas innecesarias.

Quinto, los cambios económicos no han sido advertidos por los grupos social permisivos, lo que se comprueba en la carencia de políticas verdaderamente alternativas. Tibios y adormecidos en la situación de bienestar general y el crecimiento sostenido, no han encontrado razones para, más allá de la crítica, estudiar alternativas al actual sistema económico. Y, si lo han hecho y no las han encontrado, carecen del valor cívico necesario para comunicar los aspectos negativos de la realidad social.

Sexto, la mayor contribución debería venir, no de cambiar el sistema económico de producción y acumulación de rentas, que se muestra muy eficaz, sino en dirigir estos esfuerzos conforme a las indicaciones de la ciencia en materia medioambiental y los productos con alto valor añadido que interesen a potenciales países importadores para generar la riqueza que hay que distribuir justamente.

Sexto, los grupos social permisivos han perdido demasiado tiempo con provocaciones a la parte conservadora de la población con blasfemias o trato inapropiado de símbolos, que, obviamente, no significan nada para el ofensor pero que perturban al ofendido, en vez de ocuparse de alcanzar la posibilidad de redactar, cada día, el Boletín Oficial de Estado para cambiar la situación de la gente. Aparte de que esta actitud es una muestra de totalitarismo que no comprende las enormes inercias de la tradición y exhibe un espíritu esnob.

Séptimo, los grupos liberal conservadores están ganando la batalla de los discursos al pasar de uno basado en su capacidad técnica y solvencia para la gestión económica, de poca eficacia comunicativa, a otro en el que las más evidentes estrategias de saqueo de los bienes públicos son presentadas como sumamente beneficiosas para el que pierde los servicios correspondientes, al tiempo que se queda a la intemperie en materias tan sensibles como sanidad, educación o pensiones. Discursos que en sus concesiones al alma conservadora con ribetes totalitarios llegan a cuestionar problemas tan contrastados como el cambio climático o la teoría de la evolución, al tiempo que se minan las soluciones a problemas tan graves como la violencia contra las mujeres. O

Octavo, ambos bloques social-permisivo y liberal-conservador corren el riesgo de derivar hacia sus posiciones radicales empujados por la fragmentación emocional reactiva producida en los extremos, que está causada por la frustración que cada parte ha causado en su ámbito. El grupo socialista por su tibieza en la distribución de la riqueza y el grupo liberal por su tardanza en deshacer los servicios públicos, en lo económico, y su debilidad para impedir el progreso de los permisivista en los aspectos culturales.

RESUMEN

  • el socialismo está frustrado y sin alternativa global porque creyó que ya había cumplido su misión, hasta el punto que permitió que algunos de sus miembros se corrompieran participando en prácticas dudosas de los órganos directivos de las instituciones financieras, pensando quizá que no hacían daño a nadie, mientras la cuenta de la deuda pública se engrosaba. Corporativamente tuvieron su infierno corruptor en sus primeros años de gestión.
  • Los liberales están evolucionando a libertarios convencidos de que ha llegado el momento de imponer una capitalismo libre de toda traba estatal y sin ningún compromiso ético con aquellos de sus congéneres que el sistema deje al margen o que incluso contribuyen a la generación de riqueza. Por otra parte, encabezaron la marea corrupta con prácticas de financiación partidaria generalizadas.
  • los permisivos han ganado muchas de sus batallas sociales y están crispados pensando que los totalitarios pretenden una vuelta al pasado en materias como aborto, matrimonio homosexuales, protección especial de la mujer ante el machismo, etc…;
  • los conservadores están evolucionando a totalitarios con mensajes raciales, anti emigración y anti logros permisivistas crispando a aquellos y utilizando técnicas de persuasión basadas en “realidades alternativas” con un enorme parecido a las mentiras de siempre, pero ahora protegidas por los “hechos” que las técnicas de comunicación permite crear ad hoc.
  • Libertarios y totalitarios están convencidos de que no tienen adversario en el socialismo ni en el comunismo residual por lo que piensan que su “sensatez” económica y sus “honradas” concepciones tradicionales son la mejor receta para el bienestar de los ciudadanos y así lo proclaman, a pesar de que la mayoría de la población sufre las consecuencias de sus políticas económicas y que incluso parte de sus militantes disfrutan de los avances que los permisivos han llevado a cabo en los últimos años. Problemas que creen que no son un obstáculo para su permanencia en el poder, dado el alto desarrollo de sus sofistería propagandística y la tendencia natural de los ciudadanos a la conformidad una vez traspasado un determinado umbral de confort que el low cost, por cierto, ha colocado cada vez más abajo. También contribuye a despiste de parte de la ciudadanía la operación de excitar las emociones con ficciones identitarias (vgr. ofensas a la nación) o exaltaciones de modelos sociales superados (vgr. machismo), no sólo por el tiempo transcurrido, sino por la injusticia de su implantación.
  • Los comunistas residuales están perplejos, pues su ideario marxista no les da recetas pragmáticas para la acción en democracia, es decir, fuera de su pecera totalitaria.
  • La ciudadanía ha seguido el juego de los extremos, pues a falta de satisfacciones materiales, son excitados en sus emociones con gran eficacia por otras de orden ideológico siguiendo el eco de voces que hoy se presentan armadas de un eficaz dominio de técnicas de enmascaramiento de la verdad.

PROPUESTAS

  1. Dado que la sociedad humana no funciona sin que haya un diferencial de rentas que estimule la acción, los partidos socialistas tendría que atreverse a decir que ese diferencial hay que aceptarlo, pero que debe ser limitado mediante fuertes correcciones fiscales;
  2. Pero, dado que tampoco funciona si la mayoría advierte que es tratada con desprecio en las actitudes y la distribución de la riqueza generada por todos, los liberales deberían ofrecerse como turbinas del desarrollo, pero deberían aceptar las iniciativas que eviten las diferencias económicas escandalosas.
  3. Los liberales deberían advertir a sus socios conservadores su incoherencia eliminando el impuesto de transmisiones y así poder trasladar esa riqueza a la promoción de la igualdad de oportunidades que facilite la ascensión social merecida.
  4. Los socialistas debería tener el valor de comunicar que el reparto de la renta de las capas más ricas (>150.000 euros/año) no aumenta sustantivamente la renta de las clases pobres, por lo que no debe alentar frustraciones con demagogia, aunque sí exigir austeridad para todos lo individuos evitando contribuir a la industria del lujo y dirigiendo los excedentes a la investigación y aplicación a la sanidad o la educación, además de la asistencia directa a casos de vulnerabilidad extrema, lo que puede cambiar las perspectivas del país en lo social y su progreso a partir de la igualdad de oportunidades. Así, las macrocifras oficiales nos dicen que: 10 mil millones de euros de renta, procedentes del expolio total de las rentas más altas (70 % de impuestos directos), a repartir entre los que ganan menos de 12000 euros al año, resultan 1300 euros al año y unos 100 euros al mes, lo que para esas capas puede ser significativo, pero que donde mejor se puede emplear ese dinero es en proyectos comunes de gran alcance para todos en épocas de fuertes transformaciones tecnológicas a las que España no puede volver la espalda y que potencialmente pueden resolver problemas tan esenciales como la carestía de la energía.
  5. Los liberales y los socialistas deberían dar ejemplo en la reducción de la deuda mediante el ahorro en el sector público, dado que ambos grupos contribuyeron a su crecimiento desorbitado con la gestación y mala administración, respectivamente, de la irracional burbuja inmobiliaria y secuelas entre 1996 y 2011.
  6. En el terreno cultural, los permisivistas deberían defender los logros, pero eliminar provocaciones innecesarias, limitando sus reivindicaciones a reducir o eliminar los perjuicios directos a las minorías, sin pretender extender totalitariamente sus convicciones a otros compatriotas; y los conservadores no deberían dejarse arrastrar por una minoría vociferante que trata de atraerlos hacia un pozo de mentiras, emociones turbias y potencial violencia, abusando del poder intimidante de los graves problemas que afronta nuestro país y, más allá, el mundo entero. Y debe hacerlo en los aspectos más graves aunque sólo sea por ser coherentes con sus convicciones religiosas.

Finalmente, hay que decir que:

  • Afortunadamente las posiciones débiles se mantienen en el marco de la democracia, a pesar del decaimiento de la confianza en la voluntad popular cuando ésta avala, aunque sea de forma tentativa, las opciones fuertes, ya sea por miedo, ya sea por impaciencia.
  • En un nivel más profundo, ambos bloques incurren en problemas. El social-permisivo se estrella a menudo contra la realidad y el liberal-conservador muy frecuentemente contra la idealidad. Ni la realidad ni la idealidad pueden ser eludidas. Es decir, es absurdo repartir una riqueza no generada y es peligrosísimo matar la esperanza de la gente.

© Antonio Garrido Hernández. 2019. Todos los derechos reservados. All right reserved.

Heidegger y los populismos

Vivimos tiempos en los que, lo que hemos dado en llamar populismos se están extendiendo por Occidente de una forma peligrosa, tan peligrosa que se empieza a temer por la civilización. Pero ¿Qué es el populismo? 

Dice el sociólogo argentino Juan Carlos Torre: 

“La crisis de la representación política es una condición necesaria pero no una condición suficiente del populismo. Para completar el cuadro de situación es preciso introducir otro factor: una «crisis en las alturas» a través de la que emerge y gana protagonismo un liderazgo que se postula eficazmente como un liderazgo alternativo y ajeno a la clase política existente. Es él quien, en definitiva, explota las virtualidades de la crisis de representación y lo hace articulando las demandas insatisfechas, el resentimiento político, los sentimientos de marginación, con un discurso que los unifica y llama al rescate de la soberanía popular expropiada por el establecimiento partidario para movilizarla contra un enemigo cuyo perfil concreto si bien varía según el momento histórico ―«la oligarquía», «la plutocracia», «los extranjeros»― siempre remite a quienes son considerados como responsables del malestar social y político que experimenta «el pueblo». En su versión más completa, el populismo comporta entonces una operación de sutura de la crisis de representación por medio de un cambio en los términos del discurso, la constitución de nuevas identidades y el reordenamiento del espacio político con la introducción de una escisión extrainstitucional.” 

Como se ve, el populismo tiene origen en la insatisfacción de la gente por dos razones: una objetiva, que son las molestias o carencias que experimente en su vida cotidiana, y otras subjetiva, la que experimenta por considerar que quien tiene la obligación de cuidarlo, porque así se comprometió, no está cumpliendo esa promesa. Y aquí tiene hueco Heidegger. Como se sabe, este filósofo dejó dicho que la esencia del ser humano es su existencia y que, por tanto, cada ser humano no tiene otro motor vital que la permanente revisión de su proyecto de vida de acuerdo a cómo le va en la práctica a él y su entorno afectivo. Por eso, el ser ordinario es sentimental, tanto para entregarse al trabajo de forma automática, como para la rebelión cuando se siente traicionado. Pero también se entiende en relación con los otros, por lo que no tendrá una valoración absoluta de sí mismo, sino comparativa con lo que la media social exige y experimentará como pérdida cualquier desviación excesiva por abajo respecto de esa media.

Siendo esto así, ¿cómo responden las teorías políticas vigentes? Pues el liberalismo con una promesa de bienestar general, si se deja todo el capital en manos privadas, para que la riqueza emane desde las meritorias élites hacia las capas más bajas. La socialdemocracia con la promesa de los cambios estructurales que serán capaces de retener, mediante mecanismos fiscales, todo el capital necesario para que, sin que la riqueza vaya a los bolsillos particulares, el bienestar se obtenga a base de servicios públicos gestionados por burócratas bien entrenados para su gestión. Sin embargo, a pesar de que es constatable que, con mayor énfasis en las sociedades prósperas del mundo tanto oriental como occidental, las condiciones de vida en términos de esperanza de vida, mortalidad infantil, PIB por cabeza, servicios públicos de sanidad y educación tienen estándares incomparablemente mejores que en épocas anteriores, la percepción de incomodidad es patente debido al carácter relativo del estado de bienestar individual y familiar. Una sensación de carencia basada en el carácter ilimitado de los proyectos de vida que toman sus referencias de lo que hay a su alrededor. Y, téngase en cuenta, que toda la estructura que mantiene al sistema productivo capitalista está basada en la ilusión, transmitida por la publicidad, de un mundo siempre mejor. Recurso que no es interpretado como un medio ingenioso de venta, sino como la meta a alcanzar. Únase a ésta desviación del ser humano hacia el consumo fútil, la ausencia de metas y métodos comunes sobre cómo darle el sentido a una vida buena y pacífica en una época desacralizada y tendremos el cóctel del que se alimenta la irresponsabilidad populista. Además, el advenimiento de masas provenientes de países pobres atraídas por los mismos señuelos que empujan a los ciudadanos locales hacía la carencia subjetiva, han aumentado el estado de crispación porque ya no sólo se percibe la pobreza diferencial, sino una amenaza mucho mayor, la pérdida a manos de extraños.

Las élites liberales y socialdemócratas responden con el silencio altivo de quien piensa que las masas no entienden sus desvelos. Unos desvelos que ven (capitalistas y burócratas) como un mérito para ser titulares de la mayor parte de las rentas que se consiguen con el esfuerzo de todos, pues en estas élites no se incluye ni el talento científico, ni el esfuerzo profesional que ha constituido siempre el colchón sociológico de las clases medias.  Y ello, porque se ha decidido que el único modo de participar con provecho en la renta es adquiriendo la condición de empresario. Lo que se comprende para estimular el número de emprendedores por   la necesidad de poner a muchos a pensar soluciones para los problemas actuales de cantidad y complejidad creciente, pero que lleva al error de que todo aquel que no adquiere ese estatus debe ser arrumbado en la cuneta. Una situación peligrosísima en la que se nutren y engordan aventureros de toda clase que, por supuesto que no van a solucionar los problemas, sino que van a sustituir a las élites políticas actuales por otras que viene, no sólo con el autoritarismo como método, sino con sus extravagantes y reaccionarias propuestas de vida para todos. 

Volviendo a Heidegger, el ser humano necesita experimentar el sentido de su vida. Y el sentido de nutre de la afectividad, la comprensión y la reciprocidad en el cuidado. Si una sociedad no ofrece estos objetivos y los materializa explícitamente a sus componentes, no debe extrañarse de que sigan al primer flautista que toque esa melodía, aunque sea a ritmo de marcha militar. Por cierto, para mayor paradoja, el propio Heidegger creyó ver en Hitler al heraldo de una vida nueva en la que la vaciedad y la mediocridad sería sustituida por el brillo y esplendor de lo heróico cotidiano, traicionando su propio análisis genial del cómo somos. No es de extrañar su silencio de treinta años tras la derrota nazi, Nunca sabremos si por vergüenza o por rencor, pero sí sabemos, precisamente gracias a la tremenda desgracia que cayó sobre Europa por el régimen nazi, el más y mejor organizado populismo que jamás haya existido, que esa es una pista falsa. Por eso, nuestros líderes moderados deberían aprender de su enemigo qué atrae a las masas y procurar dárselo: respeto y cuidado mientras se las educa emocionalmente para que presten atención a los enormes atractivos de la existencia y sus posibilidades, sin miedo a los otros y sin desarrollar la impaciencia que hoy en día vemos surgir por todas partes en forma de reclamaciones sociales o de acardias identitarias, con riesgo de implosión estéril.

Decisiones migratorias

Yo tuve que aprenderme los reyes Godos empezando por el rey Ataúlfo en el año 411. La Hispania romana fue víctima militar y política de la degradación del Imperio en el siglo V con la consecuencia de migraciones a las que las élites romanas tuvieron que hacer lugar cediendo tierras y poder. Así, todavía hay en España, según el INE, 208 españoles vivos que se llaman Ataúlfo, 323 que se llama Recaredo y 572 que se llaman Leovigildo, añadan que hay 60.925 que se llaman Mohamed. Por esta tierra han pasado Indoeuropeos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, vándalos, suevos y alanos, además de los árabes. Una vez hecha la mezcla y estabilizado el poder en torno a los Reyes Católicos, las migraciones se redujeron a las élites gobernantes a base de dinastía según estaban las cosas en el continente. Así tras los restos del poder germánico agrupado por pactos y derrotas entre reinos, son los Habsburgo (germánicos) y los Borbones (franceses) hasta hoy miércoles 20 de junio de 2018.

Antes, en el siglo XV, fuimos nosotros los que invadimos todo un continente. Operación que nos gusta pensar que tiene rasgos civilizatorios (qué duda cabe), además de explotadores (qué duda cabe). Todavía a mitad del siglo XX, cuando ya habíamos perdido hasta el último islote del Imperio en Filipinas, emigramos huyendo de nuestra propia barbarie a Méjico y Argentina. Ahora son nuestros descendientes americanos los que nos visitan, pero ya en la forma pacífica del que quiere trabajar y tener aquí la vida que no puede tener allí. Ningún país puede, salvo en los delirios de algunos de sus dirigentes, vivir aislado e impedir las migraciones de entrada y salida. Así, nosotros estamos recibiendo extranjeros y, en una de las operaciones más estúpidas de la historia universal, “enviando” jóvenes bien formados a buscarse la vida en tejidos económicos más eficientes.

Todas las sociedades que fueron umbral de un cambio de los tiempos, seguramente vivieron con desazón las circunstancias que le habían tocado. Seguro que en todas ellas se escucharon voces airadas contra los recién llegados. Pero la fuerza de las cosas se impuso y hoy no hay nadie sensato que no sepa que procede de mestizajes históricos bien documentados. Y aquí estamos los europeos en la misma situación que los romanos hispánicos sin advertir que ahora la llegada de pueblos extraños no se hace con la fuerza de las armas, sino con la fuerza del número y la resolución del que no tiene nada que perder. Tenemos la oportunidad de hacerlo bien, pero ¡para qué! Vamos a hacerlo mal aumentando el sufrimiento temblando de miedo. Pero, ¿en qué acción se puede triunfar con el brazo encogido?

Olvidamos que los árabes trajeron los números que ahora usamos en nuestros algoritmos, olvidamos que la Escuela de Traductores de Toledo con árabes, judíos y cristianos permitió trasladar al centro de Europa todo el conocimiento Griego, filtrado por los sabios del Islám. Pero permitimos que un zafio ignorante emigrante alemán en Estados Unidos practique el adanismo más elemental y torture niños con tibias protestas o su ausencia como en la visita del Rey al sátrapa. También permitimos que los representantes de nuestros valores en Oriente disparen a matar a gente indefensa. Al fin y al cabo, de qué protestan, con lo cómodo que es el campo de concentración de Gaza que les hemos creado en vez de exterminarlos, piensan los piadosos israelitas. De qué se quejan los centroamericanos si sólo los han explotado un poquito los amigos del norte, mientras contribuían a crear regímenes corruptos, tan corruptos que ni lo intentos ideológicos tipo sandinista han podido vencer la tentación y han sustituido a la ignominia que representaba el dictador Somoza por la ignominia de un torpe Ortega.

Como ya somos el pasado de nuestros descendientes, seremos estudiados como una época que no supo ver la salida de los problemas paradójicos que trae la ciencia al crear conocimiento que cura, pero multiplica las poblaciones; que crea riqueza, pero que la estupidez humana la concentra para no compartirla. Ni las vallas en el agua, ni los mensajes siniestros de los ministros de interior tipo Salvini (¡salvini!) de los países cobardes van a parar el fenómeno. De modo que o nos preparamos para la violencia y la sangre ejercida sobre el inocente y el desesperado o para la paz inteligente.

El mago de Oz y el liderazgo político

Es un tópico de nuestros días la queja de que ya no hay líderes como los de antes. Yo tengo mis dudas pues creo que el liderazgo surge de una mezcla adecuada de persona y circunstancias y, hoy en día, las circunstancias aún no son generadoras de líderes que puedan pasar a la historia. Es decir, en tiempos fofos, enervados (sin tensión) no hacen falta líderes fuertes, pues el ambiente el tipo de carácter que se requiere no es para la lucha, sino para evitar que se den las condiciones para los tiempos duros, nervados (con tensión), tiempos en los que, paradójicamente, surgen líderes capaces de hacer frente a los problemas porque la alternativa es la destrucción del grupo liderado. Naturalmente es inevitable que los liderazgos, tanto de los tiempos fofos o enervados como de los duros o nervados sean tanto simbólicos como diabólicos. Quiero decir, acercándome a los sentidos originales de las palabras, que surgen líderes que unen (simbólicos) o que separan (diabólicos). Pongamos ejemplos:

TIEMPOS FOFOS

  • Simbólicos: Obama, Mujica
  • Diabólicos: Trump, Putin

TIEMPOS DUROS

  • Simbólicos: Churchill, Mandela 
  • Diabólicos: Hitler, Pinochet

Los líderes simbólicos (buenos, que unen), en los tiempos fofos, son aquellos que no practican ni consienten la corrupción, controlan la deuda externa y distribuyen la riqueza evitando las condiciones para que el país que administran se vea envuelto en crisis internas o externas. En los tiempos duros son capaces de movilizar las energías sociales para olvidar los caprichos de las épocas buenas y trabajar para la recuperación material y moral del país. También son capaces de depurar los errores del pasado sin dejar de castigar con moderación a los principales responsables de la situación del país.

Los líderes diabólicos (malos, generadores de división), en los tiempos fofos, son aquellos que o se ensucian en corrupción, la permiten en su entorno o resuelven los problemas sociales endeudando al país, en vez de repartiendo mejor la riqueza. De esta forma crean las condiciones para los tiempos duros en los que los líderes diabólicos optarán siempre por soluciones policiales o bélicas para los problemas y tratarán de esconder sus crímenes para no rendir cuentas.

Con esta taxonomía del liderazgo se puede decir que nuestros líderes actuales no son peores que los que fueron en el pasado, siempre que los comparemos con su clase y tiempo. Es decir, no tiene sentido comparar a Rajoy con Churchill, ni a Zapatero con Mandela, pues pertenecen a dimensiones paralelas que no se tocan. Nuestros líderes actuales son simbólicos y no están estimulados por el tiempo duro. Es más, tenemos la suerte de no haber sufrido líderes diabólico del tiempo fofo, hasta que el descuido en el control de los parámetros claves ha llevado a que resulten atractivos para algunos, como sucede con Trump o Putin, que nos pueden lanzar hacia los tiempos duros.  Nuestros líderes actuales no nos gustan porque, según nuestras tendencias tenemos siempre como referencia a los líderes de los tiempos duros ya sean simbólicos o diabólicos. Los líderes de los tiempos duros cuando son tiempos fofos, no pasan el filtro del poder, unos, los simbólicos porque son vencidos por otros más astutos y mediocres, además de que no les resulta atractiva la administración ordinaria y otros, los diabólicos, porque rezuman peligro. El riesgo potencial de los simbólicos en tiempos fofos es que no perciban los peligros de la desidia porque todo parece ir bien, y el peligro de los diabólicos, en ese mismo tiempo, es que aceleran la llegada de los tiempos duros con sus disparatadas decisiones y connivencias. En tiempos duros, cambian los criterios y donde antes no tenía cabida un líder decidido es ahora reclamado, aunque, si los errores cometidos en tiempos fofos son muy graves, la ira popular puede llegar a reclamar líderes diabólicos con las terribles consecuencias conocidas.

En fin, que cada tiempo tiene su líder bueno y malo, por lo que tenemos que afinar nuestro criterio para elegirlos en según qué circunstancias. Por supuesto que lo ideal es elegir siempre líderes simbólicos que, tanto si son de izquierdas como de derechas, sepan alternar las políticas, sin descuidar las fracturas sociales en la creencia de que puede disfrutar del poder porque las cosas van solas. Pues no, no van solas, tras la apariencia hay pequeños diablos que se aprovechan de la prosperidad para crear las condiciones del futuro desastre. No se puede bajar la guardia.

¿Y qué tiene que ver el mago de Oz con todo esto?, pues con el hecho de que, en nuestra confusión con el liderazgo, además de confundir el tipo y el tiempo, no tenemos en cuenta que vivimos una época en la que ningún líder, con la excepción, quizá de los diabólicos de tiempos duros, pueda eludir ser objeto de un profundo escrutinio. Transparencia que no se daba en el pasado. Esta circunstancia complica el juicio que emitimos porque en el pasado un halo de misterio y omnipotencia rodeaba a los líderes presentándolos como mejores de lo que realmente eran. Entre la imposibilidad de penetrar sus vidas y los secretos de estado, una espesa capa de ignorancia favorecía una imagen idealizada. Hoy en día, por el contrario, el escrutinio es casi total, incluso cuando el líder niega esto o aquello no se le cree, porque su conducta y sus contradicciones sirven de referencia poderosa que anula cualquier pretensión de falsa inocencia.

El mago de Oz era una persona normal que dirigía un reino desde el interior de una terrorífica cabeza flotante rodeada de fuego y humo. Esta apariencia era la fuente de su poder, pero detrás no había nada que lo justificara. El caso es que, una vez que nuestra época no ha dejado Mago de Oz “con cabeza” y todos los tipos de líderes simbólicos son considerados personas normales, no podemos despreciarlos pues no tenemos otra cosa. Al contrario, se les debe dar atributos institucionales y, al tiempo. resistirnos a sus desvaríos con una vigilancia continua de su desempeño. Esto es necesario con todos, tanto con los líderes simbólicos de los tiempos fofos, que deben ser vigilados para que no nos  deslicen por la pendiente hacia los tiempos duros y, también, a los líderes simbólicos de los tiempos duros para que a hombros de su éxito, si es el caso, no tenga tendencia a mutarse en diabólicos, es decir arbitrarios y autoritarios. En el caso de los diabólicos de los tiempos duros, la primera receta es evitar que se hagan con el poder manteniendo en la memoria que, en el pasado, sus soluciones empeoraron las cosas y trajeron mucho sufrimiento. Y la segunda receta es, una vez que se han hecho con el poder, combatirlos con fiereza.

Para actuar con esta inteligencia necesitamos que nuestros espantapájaros tengan cerebro, para eso la educación; que nuestros hombres de hojalata tengan corazón, de ahí las políticas económicas solidarias y que nuestros leones cobardes, la mayoría de nosotros, tengamos el coraje de estar a la altura que los tiempos reclamen. Sólo así tendremos el hogar que Dorothy descubre cómo el mejor lugar al final del cuento.

 

 

 

Irene, Pablo y el mal de altura

El cotilleo del día en esta corrala global es la compra de una casa de 600.000 euros por parte de Irene Montero y Pablo Iglesias mediante un préstamo para el que van a necesitar 30 años de sueldos de clase media alta. Las primeras reacciones de sus compañeros son las habituales antes de la catástrofe “yo sólo comento el uso de dinero público, pero no el de particulares (Errejón)“. Y entre los periodistas que “por fin los dirigentes de Podemos ponen los pies en suelo y hacen las cosas normales que hacen los que tienen su nivel de ingresos“. Las razones de sus compañeros son escapistas, pues de sobra saben que se les interpela porque representan a un partido que se ha aupado sobre las costillas de los militantes para reducir los abusos de la “casta” y en base a una promesa de cambio radical de la redistribución de la riqueza ¿o no? En cuanto a la “normalidad” de la inversión, dado que se va a pagar con una hipóteca a 30 años, implica que los felices padres de Ernesto (por Guevara) y Rosa (por Luxemburgo) tienen pensado quedarse en sus escaños ese tiempo. A partir de ahora, cualquier defensa de la igualdad queda bajo sospecha, pues basta mirar la tabla de distribución de la renta por tramos para advertir que esta pareja se sitúa en la antecumbre dineraria. Además, cualquier acción para mantener el liderazgo, ante Bescansa o Errejón, habrá que considerarla “una defensa del puesto de trabajo y del estatus social adquirido” a perpetuidad. En fin un caso más de parasitismo político.

A pesar de la grosería del error político cometido, hay militantes que se resisten sentimentalmente a reconocer la verdad y arguyen que nada ha cambiado desde la situación en la vida antes de comprometerse en política. Lo que ha cambiado es que, cuando se escoge representar a la gente para un propósito de cambio de las circunstancias penosas o injustas en las que viven, no se puede eludir el compromiso explícito e implícito que conlleva. El explícito es que si prometes luchar por mejorar la vida de la gente y llamas “casta” o “trama” a los que tienen dinero, tu no tienes más remedio que adoptar un modo de vida que no contraste con el de la gente que espera de tu acción política mejorar sus condiciones. Por ejemplo si luchas contra el desahucio, no lo puede hacer desde una finca comprada con los votos de los desahuciados, sin incurrir en cinismo. El compromiso implícito es que no puedes mandar la señal de que vienes a quedarte porque se vive bien de la política, que sería algo así como estar todo el día cotilleando con un buen sueldo, además de incorporarte a la nómina de gurús de la nación a los que se consulta sobre lo humano y lo inhumano. Si la intención fuera otra no se habría dejado perder la oportunidad de gobernar en vez de transmitir la sensación de que se disfruta por el mero hecho de estar en un escaño. No se puede pasar por un descamisado cuando se busca, en realidad, vivir bien, lo que es legítimo para todos, menos para los que encabezan luchas populares. Esto no quiere decir que no pueda haber líderes populares, sino que éstos deben ser ejemplares.

Otro argumento inútil y típico de los políticos de derechas, es que vienen a hacer un favor a la patria desde bien pagados empleos. Argumento este que se acabó desde que se crearon las “juventudes”, que son ámbitos que se llenan de jóvenes ambiciosos sin méritos.  Pero en el caso que nos ocupa ni que decir que los líderes de Podemos viene de la nada y de un empleo precario en la universidad. Se adjunta un enlace que lleva al detalle oficial de lo que cobra un diputado y otro con el resumen por cargos: http://cort.as/1-Bmhttp://cort.as/-5mhD. Como se puede ver, en la universidad no se gana eso como profesor ni de lejos. Y, desde luego, un rector no gana ni la mitad de lo que el presidente del Congreso, ni un director de departamento o de escuela, la mitad de lo que un portavoz del Congreso, mucho menos un profesor interino.

Pero que un diputado cobre lo que esté estipulado no es la cuestión, aunque pueda ser un indicador de uno de los componentes de sus motivaciones. La cuestión es cómo se indigna uno tomando un cubata en esa casa. Es imposible, pues el regusto que te da mirar tu horizonte íntimo es tal que ni practicando sado-maso te va a doler algo. La incoherencia es tan escandalosa que neutraliza la acción política radical convirtiéndola en una farsa. A poco que suban los intereses de los préstamos (y el proceso está en marcha) tendrán que pagar una cuota mensual para amortizar la hipoteca que requiere muchos años de un sueldo muy potente. Pero además, una vez en la pendiente deslizante, pronto llegará la moda en el vestir y otras muestra de decadencia, no social, ni siquiera de su partido, sino de los personajes. Llamar “plan de familia” a esa casa es tomar el pelo al que lo escucha, cuando sus votantes tiene los problemas que tienen para tener un techo.

Pero cabe legítimamente preguntarse: ¿Entonces, quién puede defender los intereses de los perjudicados por la crisis social?, pues la respuesta es los perjudicados, no unos profesores de universidad luchando, visto lo visto, por su carrera personal, que pronto  se han dejado seducir por los placeres de la vida moderna para quien puede pagárselos. Tendrán que ser, insisto, los perjudicados. Sobre todo aquellos suficientemente inteligentes para renunciar a dar muestras de que defender estas posiciones es un buen negocio. Pero, este error garrafal de Irene y Pablo no debe hacernos creer que los que defienden los intereses de los ricos, por venir de familias acomodadas, son más honrados, pues los escándalos de corrupción ya han puesto de manifiesto que son insaciables. Pero un político que trata de llevar la indignación de gran parte de la sociedad al Parlamento no puede olvidar que esa tarea tiene servidumbres y una de ellas es la contención en la tentación de parecerse a sus rivales cuando contienden por el corazón (el voto) de los ciudadanos.

El asunto ha seguido dando que hablar y quizá lo más interesante y decepcionante sean las reacciones dentro de la propia organización, que han sido de dos tipos: 1) El rechazo y reproche de incoherencia, protagonizada por dirigentes andaluces y 2) La estrafalaria de dos miembros o simpatizantes del partido que se sintieron aludidos indirectamente y protestan diciendo con ironía amarga “los pobres deben vivir como pobres” o más amargo: “si eres de izquierdas debes vivir como un pobre”.

Es necesario responder: para empezar, vivir como vivía Pablo Iglesias no es vivir como un pobre. Vivir como pretende vivir si es vivir como un rico. ¿Sabe este muchacho que si tiene un activo de 600.000 euros más su sueldo en el Congreso se encuentra entre el 10% más rico del planeta y el 20% más rico de España? Esa es, por supuesto, una situación legal, pero, en su caso, inmoral. Ser de izquierdas no implica, en absoluto, ser como el Padre Ángel que conocemos, pues eso se ha llamado toda la vida ser un santo. Pero militar como dirigente de extrema izquierda liderando un movimiento que incluye la opción anti-sistema, lleva consigo la, al parecer, dolorosa obligación de la ejemplaridad. Y en este caso, esa servidumbre implica no querer vivir como el que se resiste a compartir su riqueza, que, además, según la organización que dirige, es adquirida injustamente.

Una cuestión derivada de este caso, es si un rico o alguien de clase media alta puede ser activamente de izquierdas. Pues, ¡claro que puede! y la naturaleza humana es tal que además, los menos favorecidos de la sociedad lo agradecen, por el “sacrificio” que hace, del mismo modo que se emocionan ante el boato real. Curiosa condición humana esta, que tiene su explicación en el hecho de que cada uno de ellos les gustaria estar en ese lugar “para poder ser generoso”. Porque a nadie le gusta ser pobre y todos aspiraramos a salir de la pobreza cuanto antes. Sin embargo, si se sospecha que el acitivismo de izquierdas es, precisamente, el modo de salir ¡antes de que nadie! de la pobreza, las cañas se vuelven lanzas y no se perdona.

Ahora proliferan los programas de radio que se ocupan de mostrar casos de emprendedores con éxito. Es curioso escuchar que las empresas nuevas que mejor les va son aquellas que se dedican a asesorar empresas. De modo que mientras haya emprendedores que necesiten asesotamiento para fracasar, el negocio irá bien. Pues este es el mensaje sucio que han mandado esta pareja, probablemente porque han padecido el mal de altura: “mientras queden pobres que esperen salir de la pobreza, será rentable dedicarse a la política y prometerles el asalto al cielo“. ¿Merecen, pues, el vapuleo que están recibiendo? Pues, en mi opinión, sí y, como no reaccionen pronto, van a ver seriamente comprometido su liderazgo.

Hechos y derechos

Cuando pintan bastos, aquellos a los que les va bien las cosas hablan de hechos y a los que les va mal hablan de derechos. Un hecho es una circunstancia que se está dando en el mismo momento en que se habla de ello y tiene la fuerza de lo ineludible. Por ejemplo, que el Sistema de Pensiones es deficitario. Un derecho es la facultad de exigir aquello que corresponde por estar legítimamente pactado. Un ejemplo de derecho es cobrar la pensión que ha sido financiada por el trabajo propio durante toda la vida. ¿Cómo conciliar hechos y derechos cuando los primeros contradicen a los segundos? con PREVISIÓN. ¿Cómo es posible que se haya dejado degradar el círculo virtuoso que empieza en la natalidad y la inmigración, sigue con un sistema productivo que dé trabajo a la propia población, continua con las cotizaciones correspondientes y acaba con el cobro sin sobresalto de las pensiones y la prestación de los servicios públicos básicos?. Es decir, ¿Por qué no tenemos noticias de una política de igualdad de la mujer que haga atractivo tener hijos antes de los treinta años? ¿Por qué recibimos continuamente malas noticias acerca de las inversiones en investigación, que es la única salida para ser un país rentable para sí mismo y con productos atractivos para el resto del mundo? ¿Por qué se dicen tonterías como que lo jóvenes ahorren para pagarse un plan de pensiones privado con sueldos de supervivencia? ¿Por qué se siguen arrastrando lo pies para una reforma fiscal acorde con la situación financiera del país, que tiene el mayor déficit europeo y una deuda en torno a la producción de un año entero? ¿Por qué se mira con indolencia la degradación de la clase media que soporta el 85 % de los impuestos directos?

Es decir, la PASIVIDAD de los políticos de hoy son los HECHOS de mañana que llevarán a la violación de los derechos adquiridos hoy. Hechos que serán mucho más graves y, quizá por ello, se alienta su empeoramiento para poder decir: “señores y señoras, ¡esto es lo que hay!” A cualquiera que argumente con hechos hay que preguntarle dónde estaba cuando se gestaron las condiciones que los crearon y, desde luego, si estaba en su origen, inhabilitarlo para buscar la solución.

Hace treinta años, en una comida protocolaria con un célebre amigo, compañero de conferencias técnicas y un concejal del ayuntamiento de la ciudad anfitriona, salió el tema de los cambios de chaqueta política cuando estaban caliente la transición. Yo dije que un político franquista, sincero enemigo de la democracia, no debía deslizarse astutamente para aparecer como miembro de un partido demócrata. El concejal, que por su reacción debía entrar de lleno en la categoría, dio imprudentemente un puñetazo en la mesa, diciendo: ¿Entonces qué? ¿ME tengo que ir a mi casa? y yo le dije, llevándome el café a los labios: SÍ.

Las élites económicas y políticas sólo tiene derecho a una parte extra de la tarta productiva, resultado del trabajo de todos, si se dedican con diligencia a la tarea de cuidar del conjunto de los intereses nacionales. Si no, no hay pacto y se exigirá austeridad para todos. No vale querer estar en la cumbre sólo para esperar a que llegue el viernes y disfrutar del sobresueldo que corresponde a verdaderos responsables. Si no lo son, si han contribuido con su desgana o incompetencia a crear los hechos que hoy nos amargan, deben, como el concejal franquista, tanto si son políticos como altos dirigentes de la cosa pública, Irse a casa.

Igualdad, natalidad, inmigración, paro, fiscalidad, pensiones, educación, modelo productivo, conflictos…

El título parece una macedonia de conceptos económicos y sociales sin relación entre sí (en la octava acepción del diccionario, macedonia es una ensalada de frutas). Pero sí, si tienen relación entre ellos. La manifestación de las mujeres el pasado día 8 ha traído la última pieza al puzzle de nuestras preocupaciones. Veamos:

  1. La igualdad de hombres y mujeres facilita la natalidad
  2. La inmigración trae a jóvenes de otros países
  3. La natalidad facilita la aportación de jóvenes a largo plazo al mercado de trabajo
  4. La inmigración facilita la aportación de jóvenes a corto plazo al mercado de trabajo
  5. Los jóvenes trabajando mejoran el crecimiento general y la recaudación de la fiscalidad
  6. La mejora de la fiscalidad sostiene las pensiones y los servicios públicos

Sin embargo, este optimista proceso se derrumba:

  1. Si la distribución del crecimiento disminuye la igualdad
  2. Si el sistema productivo se basa exclusivamente en servicios sin valor añadido

Una situación que llevará al resto de males:

  1. No educar a los jóvenes en tecnologías con futuro
  2. No educar a los jóvenes en disciplinas que aumente la cohesión de la sociedad
  3. No incorporar a los jóvenes al trabajo enviándolos al paro y el desaliento, mientras irracionalmente prolongamos la vida laboral de los mayores.
  4. Con los jóvenes en el paro las pensiones y los servicios públicos colapsan y
  5. El conjunto de la sociedad se altera comenzando los conflictos

¿Es esta secuencia correcta? Si lo es, ¿Por qué andan tan despistados los políticos?, ¿Por qué no proponen un plan constructivo e integrado a medio y largo plazo?. Un plan que requiere la participación de todos, ricos, pobres y aquellos que están en camino de ser pobres. El plan ha de tener dos columnas:

  1. Claridad y publicidad de las cuentas del Estado en forma de balance, así como los presupuestos y su liquidación
  2. Calidad y publicidad de la distribución de la renta del trabajo y el capital

Con la primera condición sabríamos el verdadero Estado de la Nación (ruina, saneamiento o riqueza) y con la segunda podríamos hace cooperar a todos en los planes generales, en vez de que cada grupo de interés tire de la manta para su rincón hasta rasgarla.

Soy consciente que los políticos trabajan a corto plazo y que, por tanto, están inhabilitados para planificar mirando al horizonte. Pero quizá cada uno de nosotros con la papeleta en la mano para votar y con nuestras voces para manifestarnos entre elecciones podamos enviarles un mensaje claro. Porque, el hecho es que, en estos momentos, después de haber rescatado a bancos y grandes empresas constructoras en cada una de las inversiones en infraestructuras (plataformas marinas, autopistas) que se han llevado a cabo con mentalidad megalómana, nadie está por rescatar a la gente.

Rescatar a la gente no quiere decir poner a sueldo desde el Estado a 40 millones de adultos, sino sanear el país económicamente y repartir lo que haya con justicia. ¿Puede este país funcionar sin sus empresarios?, no. Pero ¿Puede este país funcionar sin su gente?, tampoco. Entonces ¿por qué se da la malsana tendencia de los políticos a estar más del lado de unos que de otros?. Pues, probablemente, porque, en positivo, piensan que es su iniciativa la que pone en marcha negocios prósperos y, en negativo, esperan que los acojan en su jubilación del servicio público. Pero una comunidad del tamaño de la nuestra no puede funcionar si no se generaliza un estado mental de confianza en que todos cooperamos en el esfuerzo común. Esa sensación no se da si no se conocen las cifras de cómo se reparte tal esfuerzo. Porque esto aumenta la sospecha de que el reparto no es justo. Pero si, a eso, se añade que no se trabaja para que tengamos un sistema productivo basado en el conocimiento, que haga atractivos nuestros productos para el resto de mundo, sino que seguimos instalados en explotar solamente lo que la naturaleza nos ha dado (suelo y hospitalidad), nos quedaremos descolgados de un mundo que es, cada vez, más artificial. Si a esto añadimos que, de los dones de la naturaleza, sólo explotamos los aspectos más primitivos (agricultura y turismo) y dejamos de lado aquellos que, debidamente conocidos y transformados, representan la base de un desarrollo futuro, como es el aprovechamiento de generoso soleamiento de nuestra tierra para obtener energía, tenemos que concluir que estamos en manos incompetentes.

Propuesta tópica

Cualquier partido que quiera prosperar puede optar por dos líneas de acción:

  1. Exaltar las emociones del nacionalismo o del resentimiento, o
  2. Fijar metas productivas modernas y hacernos cómplices a todos de su logro y socios de su disfrute

En el primer caso, ya se sabe, voces fatuas que llevarán a gritos dolorosos. En el segundo un país socialmente comprometido en el trabajo y el disfrute de sus resultados. La elección es de ellos, pero también nuestra. El plan es sencillo:

  1. Cambiar la forma de la “pirámide” de población aumentando la natalidad a largo plazo y aceptando a jóvenes de otros países a corto.
  2. Cambiar el modelo productivo, pues qué sentido tiene aumentar la formación sofisticada y cara de jóvenes mientras se prolonga la edad laboral de los mayores, si no hay trabajo para todos.
  3. Repartir la riqueza y la pobreza.
  4. Mantener la fortaleza del Estado moderno. Sin Estado la divisa es el ¡sálvese quien pueda! y el conflicto social.

Para rematar, la deuda

Vivimos en unos tiempos en los que las deudas de los países parecen preocupar más que en otras épocas. Lo cierto es que un país no debe endeudarse para gastar, sino, en todo caso, para invertir. La población debemos tener una cierta capacidad de consumo en una escala que, en el nivel más bajo, garantice dignidad, salud, educación y pensión y, en el nivel más alto se evite la grosería del lujo. De este modo, se activa el premio al esfuerzo, pero no se impulsa la frivolidad. Ese reparto tiene que ser proporcional a los frutos del esfuerzo colectivo, sin dejarse tentar por el consumo financiado por dinero ajeno, pues, como puso de manifiesto la primera década del siglo XXI, es un camino que lleva a dos décadas de decadencia y a proporcionar un pretexto para el expolio. Una década en la que el dinero ajeno, en vez de emplearse en inversiones cuyos frutos estaríamos disfrutando ahora, se empleó en construir casas en la costa y en los lugares más inverosímiles siempre que fueran asociadas a un campo de golf.

La deuda hay que pagarla, si no estamos lastrados y le dejamos la púa a nuestros hijos. Por tanto, ni un euro de deuda pública para ostentación de políticos, pero es necesario un cambio radical en la fiscalidad tan ineficiente que tenemos y una mejor distribución del dinero público recaudado. No digamos en dureza con la corrupción. ¡Qué espectáculo fúnebre el de los políticos protegiendo hasta el último auto judicial a los suyos!.

Final

Nuestro país sufre una curiosa paradoja: los pobres son partidarios de la oferta y la demanda cuando les va bien (véase con qué naturalidad aceptan los sueldos de sus futbolistas) y los ricos no son partidarios de la oferta y la demanda, sino de las subvenciones, cuando les va mal (véase su alegría con los rescates con dinero público de empresas privadas). Por eso hay pobres que votan a la derecha y ricos que también. Por eso, el apoyo a la derecha tiene una estabilidad de la que carecen los partidos de la izquierda, que sufren altibajos notables. A nosotros nos da igual siempre que el partido o la coalición gobernante trabaje convencidos para que:

  1. El sistema productivos esté basado en el conocimiento
  2. La fiscalidad sea progresivamente enérgica
  3. Haya total transparencia y publicidad en el balance, los ingresos y gastos públicos (que lo sepan los partidos no es suficiente, pues se guardan la información para sus intrigas)
  4. La red de seguridad incluya sanidad, educación y pensiones convincentemente

Si los partidos políticos, sobre todo el del gobierno de turno, dijeran la verdad, probablemente se evitaría mucha de las protesta sociales que ha generado su opacidad, fintas oportunistas y falta de proyecto social basado en la información y el reparto del sufrimiento o el goce.