Lo que ganamos cuando leemos este libro

El libro “Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo” de Eduardo Verdú, un joven periodista y escritor tiene un argumento fácil de contar en pocos minutos, pero contiene el drama completo de lo que ocurre cuando un individuo desafía a una institución. Una institución no es una máquina, sino un conjunto de individuos organizados de tal forma que algunos cuentan con resortes de poder que permiten que sus desvaríos tengan efectos perversos sobre otros seres humanos. Desvaríos que, con origen irracional, son transformados, mediante el miedo, en una apariencia de racional y, finalmente, se materializan haciendo daño. La historia de Lutz Eigendorf es real, espeluznantemente real. Por eso no quise saber el desenlace tirando de Internet, porque su vida, desde que toma la decisión de desertar del desierto que era la República Democrática Alemana, se convierte en thriller apasionante, cuyo disfrute literario no quería malograr. Por eso, no voy tampoco a desvelar nada a aquel que quiera leer el libro. Lector al que también le aconsejo que aborde el libro con la inocencia del que se enfrenta a una ficción, porque este es el logro de Verdú.

Los personajes están bien construidos y tienen flujos de pensamientos verosímiles. No es fácil cuando se abordan casi diez caracteres. El autor no tiene misericordia de Lutz, su protagonista, que sabe el daño que hace con su repentina decisión de abandonar a su familia al otro lado del muro ominoso del régimen comunista. Hay algo de banal en lo que le atrae de Occidente, pero también es banal lo que le espera a quien porfía por escapar de una jaula. La vida libre no es una aventura excitante, pero su ausencia sí es una experiencia insoportable. Por eso, salvo el tormento que sufre Lutz, lo más interesante del libro no ocurre en Occidente, donde la vida es estándar, sino en Oriente, donde todos sufren la distorsión de una vida artificial dictada por mediocres metidos a semidioses y traidores, incluso a sí mismos. Los traidores de la novela son pozos oscuros de cobardía y mendacidad. Los inocentes son seres zarandeados por demiurgos de opereta, que débilmente tratan de rebelarse y débilmente caen en las trampas groseras de los perros del régimen. Todo eso está ahí, en el libro, muy bien contado.

Verdú tiene el descaro de colocarse en la mente de todos y desvelarnos sus procesos mentales en secuencias relativamente cortas que avivan la lectura y permite al lector tener a todo el elenco delante como en un circo de tantas pistas como escenarios tiene la historia. El relato es lineal, pero con muchas líneas que se influyen transversalmente modificando la interpretación de lo que ocurre en cada una de ellas. Y, al final, la sorpresa de la más dolorosa traición.

Los diálogos son creíbles y el libro esta pleno de imágenes, metáforas y símiles y, aunque algunas requerirían un café con el autor para pedirle explicaciones, otros son muy poderosos coloreando la lectura y permitiendo una intuición rápida de la escena. Algunos ejemplos:

  • Silla imposible…
  • … el viento donde se baten el invierno y el verano.
  • … y ver venir el viento.
  • Hematoma de luz..
  • La mano perfumada de pólvora…
  • Silencios impropios.
  • … al analgésico del odio.
  • El alma de sus padres permanecieron en ruinas…
  • La mirada submarina de las lágrimas.
  • Y su labios mordidos por su propios dientes, como queriendo disfrutar ella también de sí misma.
  • … y no sé quién está al otro lado del silencio.
  • Dos familias reestructuradas, pero a las que se les notan los remiendos, los improvisados contrafuertes, el apuntalamiento.
  • … mientras acaricia distraído el arma que descansa en su regazo, como si borrara una mancha de sangre.

Al final se siente un profundo desasosiego y el deseo de estar alertas para matar en la cuna cualquier intento de resucitar regímenes tan abyectos que arrasan a las víctimas y a los victimarios. No pocos países democráticos están dando síntomas de recuperar el gusto por el desahogo que los libre del tedio de “sólo estar vivos para la vida“, sin sospechar que les puede conducir al pozo totalitario. Conviene que lean este libro.

(X) Historia crítica de la Arquitectura moderna. Kenneth Frampton. Reseña (7)

… viene de IX

Qué duda cabe que los arquitectos jóvenes no pueden dejar de sentir la llamada social para su ejercicio profesional. Los años sesenta fueron especialmente intensos a ese respecto, pero es complicado encontrar clientes con propósitos distintos de estados con gobiernos de una determinada tendencia. Para la arquitectura la situación era relativamente nueva porque sólo la tecnología podía dar cumplimiento a esas ideas de generalización de la riqueza a través del modo de habitar.

Frampton cree, críticamente, que el ejercicio de la arquitectura desde los años sesenta ha resultado ambivalente en un doble sentido: 1) que a pesar de manifestar que actuaba al servicio del interés público, ha favorecido, sin sentido crítico, la optimización tecnológica y  2) porque muchos de sus miembros más inteligentes han abandonado el ejercicio de la profesión tradicional, ya para recurrir a la acción social directa, o bien para recrear la arquitectura como una forma de arte para dar salida a una creatividad reprimida. Frampton cree que esta salida hacia la utopía no había sido antes tan imaginativamente inaccesible, con la excepción de Piranesi, los proyectos de Ledoux o la Cadena de Cristal de Bruno Taut. Según Tafuri era una salida para purgar la culpa de los extravíos del proceso de implantación del Movimiento Moderno, ejecutando el exorcismo creativo en soledad. Un caso claro es el del grupo inglés Archigram. También en la línea de supervivencia tecnológica de Fuller y su cúpula geodésica sobre Manhattan.

Frampton Fuller

En estas reflexiones proyectadas por las posibilidades de la tecnología, se piensa en “colmenas” para habitar como en las células residenciales de Archigram inspiradas en la casa Dymaxion de Fuller. Unas propuestas que fabulaban con las nuevas formas de familia. En el propio discurso ya se reconocía las exigencias que la realidad iba a imponer:

“A menudo será parte de la labor del arquitecto investigar las posibilidades de un emplazamiento; en otras palabras, usar el ingenio de la concepción arquitectónica para sacar el máximo beneficio de una parcela de terreno. En el pasado esto se hubiera considerado un uso inmoral del talento de un artista. Ahora simplemente forma parte de la sofisticación del conjunto del entorno y del proceso constructivo, en el que las finanzas pueden llegar a ser un elemento creativo en el diseño.” (Peter Cook. 1967)

Archigram coincidía con los metabolistas japoneses que reaccionaban a la presión demográfica de su país con grandes estructuras en las que empaquetar células habitacionales. Posición desbancada por la nueva ola que protagonizó Isozaki y Shinohara, que acabaron siendo pesimistas respecto de la gran metrópoli y proponían espacios cerrados y poéticos frente al no-lugar de la ciudad:

“La riqueza aparente de una ciudad japonesa no consiste en una acumulación histórica de edificios, sino que surge más bien de la nostalgia por nuestro pasado arquitectónico perdido; que se mezcla indiscriminadamente con las imágenes superficiales del presente. Detrás del deseo inagotable de satisfacción nostálgica se encuentra un vacío sin sustancia alguna. Lo que deseo obtener con mi arquitectura no es otro objeto nostálgico, sino más bien cierta superficialidad de expresión, con el fin de revelar la naturaleza del vacío que se esconde detrás.”. (Toyo Ito,. 1978)

Frampton cree que el epítome de la influencia de Fuller en Archigram y los metabolistas japoneses es el Centro Pompidou de Rogers y Piano de 1977. Ahí están todas las paradojas juntas: la brutalidad tecnológica, la ambigüedad de programa y, finalmente, la popularidad de la propuesta, que tiene cierta semejanza con la de la Torre Eiffel, otra real-topía tecnológica hecha símbolo.

En 1967 el arquitecto Claude Schnaidt dice:

“En los días en que los jóvenes pioneros de la arquitectura moderna eran jóvenes, pensaban, como William Morris, que la arquitectura debería ser «un arte del pueblo para el pueblo». En lugar de complacerse con el gusto de unos cuantos privilegiados, querían satisfacer las exigencias de la sociedad… pero no habían contado con el instinto comercial de la burguesía, que no tardó en arrogarse sus teorías y en presionarles para ponerse a su servicio con el propósito de ganar dinero… las formas anti académicas se convirtieron en el nuevo adorno de las clases dirigentes. La vivienda racional se convirtió en vivienda mínima y la ciudad Radieuse en conglomerado urbano; y la austeridad de líneas, en pobreza de formas… la arquitectura moderna, que quería participar en la liberación de la humanidad creando un nuevo entorno para vivir, se transformó en una gigantesca empresa para la degradación del hábitat humano… (los) arquitectos futuristas puede que tengan el mérito de llevar la tecnología a su conclusión lógica, pero lo más frecuente es que su actitud acabe en la tecnolatría… Esta confianza ilimitada en las posibilidades de la tecnología va acompañada de un sorprendente grado de falsa preocupación por el futuro del ser humano… Visiones como éstas resultan tranquilizadoras para muchos arquitectos: que apuntalados por tanta tecnología, por tal confianza en el futuro, se sienten reafirmados y justificados en su abdicación social y política.”

En contraste había iniciativas como la del italiano Superstudio que exploraban las posibilidades de un mundo sin objetos de consumo. Eran los tiempos en los que  Herbert Marcuse sugería en 1962 una sociedad no represiva en su obra Eros y Civilización…

“(en la que) El nivel de vida se mediría por otros criterios: la gratificación universal de las necesidades humanas básicas y la liberación de la culpa y el miedo, interiorizados y exteriorizados, instintivos y ‘racionales’… En esta caso, la cuantía de la energía instintiva que aún debería desviarse al trabajo necesario… sería tan pequeña que un extenso ámbito de limitaciones y modificaciones represivas, no apoyadas ya por fuerzas externas, se vendría abajo.”

En esta sociedad no represiva, Supestudio invisibilizaba a la arquitectura como físicamente hacía Christo con los monumentos del mundo. El alejamiento utópico exacerbó las contradicciones y contrastes que evidenciaban la separación entre los valores del arquitecto y las necesidades y costumbres de los usuarios. Surgieron entonces movimiento antiutópicos que cuestionaban la sintaxis de la arquitectura moderna proponían dedicar esfuerzos a resolver problemas sociales, hasta el punto de actuar como “asesores” en la construcción de poblados de chabolistas en los suburbios de las grandes ciudades. Naturalmente se le atribuía al Movimiento Moderno la pérdida del sentido cultural de las ciudades, que empezaban a parecerse unas a otras.

POPULISMO

Hay una conciencia de pérdida de identidad cultural a la que no contribuyó poco, como se ha dicho, el Movimiento Moderno, pero con la contribución indispensable de la explotación económica del patrimonio urbano. La crítica ya estaba disponible desde los años sesenta con Colin Rowe en su libro Collage City. Robert Venturi, sin embargo, en el libro Learning from Las Vegas, pasó de la aceptación del mal gusto a su glorificación. Pero, no era posible ver los casinos de Las Vegas como si fueran el equivalente moderno de la villa Adriana.

 

Frampton considera que el ingenio con el que los arquitectos desde Lutyens a Venturi han tratado de trascender las circunstancias contradictorias de su ejercicio profesional, llegan, en el caso del populismo condescendiente, con el culto a lo feo y lo ordinario, a confundirse con los efectos de la economía de mercado. Es una rendición completa ante el poder de la economía. Las Vegas no es, como Venturi dice, “un arrebato auténtico de fantasía popular“, sino, como dice Tomás Maldonado, la culminación seudocomunicativa de “más de medio siglo de violencia manipuladora enmascarada, dirigida a la formación de un entorno urbano aparentemente libre y festivo en el que los seres humanos están completamente privados de voluntad innovadora“. Esta actitud es captada por el arquitecto Charles Jencks, en su libro El Lenguaje de la Arquitectura Postmoderna, donde acuña el término “Postmoderno” que luego fue utilizado por destacados filósofos como el francés Jean François Lyotard. Jencks definía los postmoderno en arquitectura como un arte populistas de comunicabilidad inmediata. Daba como ejemplo la Casa Batlló de Gaudí por su sintaxis claramente interpretable como símbolo del triunfo del nacionalismo catalán. Frampton no cede y cree que, al cabo, los arquitectos expresaron en esta época obsesiones idiosincráticas. Pone como ejemplo las casas “Perrito Caliente” y “Margarita” de Stanley Tigerman en los años setenta.

Frampton Hot Dog 1
Hot Dog House. Stanley Tigerman. 1975 (debajo la planta)

Frampton Hot Dog 2

Frampton considera que Tigerman, Venturi, Stern, Jahn con su neo Art Decó y otros llevan demasiado lejos sus parodias eclécticas y calleron en la inelegancia. Era la renuncia a la constitución de una cultura significativa de la forma construida hacia lo chabacano y patético, expresiones aplicadas por Jencks a los efectos teatrales de Moore y Turnbull para el Kresge College en 1974.

Frampton Moore
Kresge College. Moore & Turnbull. 1974

El propio Moore muestra su cinismo de base en un texto escrito tras su Plaza de Italia en Nueva Orleans (1979):

Recordaba que los órdenes arquitectónicos eran italianos, con algo de ayuda de los griegos, y por ello pensamos que podríamos poner columnas toscanas, dóricas, jónicas y corintias por encima de la fuente, pero la tapaban, desdibujando la forma de Italia. Así que en lugar de eso añadimos un «orden de charcutería» que pensamos que podría parecerse a las salchichas que cuelgan de un escaparate, ilustrando así su situación transalpina. Pero ahora creo que va a ser un restaurante italiano, sin salchichas… Sobraba un poco de dinero, así que pensamos en darnos el gustazo de levantar un frente de templo  para indicar que nuestra piazza estaba ahí detrás. También hubo suficiente dinero para levantar un campanario junto al templo para manifestar así nuestra presencia y para que hiciera juego con las verticales del rascacielos que hay detrás…

Frampton Piazza
Piazza D’Italia. Moore. 1979

Frampton menciona de pasada a Frank Gehry que ya empezaba a introducir, con su “anticasa” de Santa Mónica, una cierta subversión en la arquitectura populista.

RACIONALISMO

Contemporáneo con el populismo americano, acude a la pugna por un espacio dejado por la uniformidad del Movimiento Moderno, la «Tendenza», un intento genuino por evitar que la ciudades sean invadidas por el consumismo. El movimiento lo lideran con sus escritos Aldo Rossi y Giorgio Grassi. Rossi reclamaba respeto por los tipos arquitectónicos heredados en la determinación de la estructura morfológica de la ciudad en su desarrollo temporal. Grassi por su parte apunta a una lógica de la arquitectura, cuya combinatoria permitiría llegar a la forma idiosincrática de un determinado arquitecto. Ambos rechazaban el lema de Sullivan acerca de que la forma siga a la función, sin perder de vista la satisfacción de necesidades. Es decir, se afirmaba una autonomía relativa del orden arquitectónico. Se observa en Rossi una cierta obsesión por los tipos arquitectónicos relacionados con Vigilancia y Control de Foucault de 1975. Tipos como la Escuela, la Prisión, el Hospital, el Monumento y el Cementerio, que él considera claves en el jalonamiento de la arquitectura, a lo que sumaba lo vernáculo. En definitiva trataba de corregir las quimeras de la modernidad y colocarse entre el “inventario y la memoria“.

Frampton Rossi
Centre Direzionale. Aldo Rossi. 1988

El neorracionalismo tuvo presencia en Francia (Henry Ciriani, conjunto de viviendas Noisy 2, 1980) y en Alemania (Mathias Ungers, Torre Messe. 1984)

Frampton Ciriani
Henry Ciriani, conjunto de viviendas Noisy 2, 1980
Frampton Ungers
Mathias Ungers, Torre Messe. 1984

ESTRUCTURALISMO

Los hermanos Krier dicen provocativamente que “la función sigue a la forma“. Su actitud antiburocrática y las posiciones del crítico Aldo Van Eyck  influyeron sobre el arquitecto holandés Hermann Hertzberger. Van Eyck ataca el eurocentrismo de la arquitectura y establece cierto escepticismo sobre el progreso:

“Me parece que el pasado, el presente y el futuro deben actuar en el interior de la mente como algo continuo. Si no es así , los artefactos que hacemos no tendrán profundidad temporal ni perspectiva asociativa… Después de todo, el ser humano lleva adaptándose físicamente a este mundo miles de años. Su genio natural no ha aumentado ni disminuido durante este tiempo. Es obvio que el alcance completo de esta enorme experiencia ambiental no puede combinarse a menos que comprimamos el pasado… Hoy en día, los arquitectos son patológicamente adictos al cambio, piensan que lo entorpecen, que van por detrás de él o, como mucho, que marchan a su paso”.

La forma en que el estructuralismo holandés intentó superar el reduccionismo del funcionalismos, fue calificada por Van Eyck de “claridad laberíntica“. De ahí, el sentido de un modelo que cada arquitecto debe interpretar. La compresión del tiempo fue interpretada por Rob Krier, en el edificio de viviendas construido en la plaza Euskadi en Bilbao, en estos sorprendente términos.

Frampton Krier
Viviendas Bilbao. Rob Krier.

También Hertzberger hace su propia interpretación de la estructuración y modulación ofreciendo su obra al acabamiento por parte de los usuarios en la Centraal Beheer en Apeldoorn de 1974.

Frampton Hertzberger
Central Beheer. Herman Hertzberger. 1974

PRODUCTIVISMO

El edificio del cuartel general de la aseguradora Willis Faber & Dumas que proyectó Norman Foster en 1975, fue justificado como la marca de la forma productiva, según declara el propio Foster al compararlo con el pabellón de Paxton o la casa de Charles y Ray Eames construida en 1949; una especie de galpón sin decorar. Su interior con escaleras mecánicas reflejan la presencia continua de los tipos arquitectónicos; en este caso, los grandes almacenes del siglo XIX o las torres de oficinas del siglo XX. Le llama la atención a Frampton como empresas que gestionan información se adaptan a formas dedicadas al consumo. Frente a la propuesta estructuralista de la Central Beheer, ahora se ofrecen para el trabajo burocrático espacios a medio camino entre el trabajo y el ocio. Lo que lleva incluido el carácter panóptico de un interior con un gran patio en el que todos ven a todos.

Frampton Foster
Edificio Willi Faber & Dumas. Norman Foster. Ipswich. 1975
Frampton Foster 2
Interior del edificio Willi Faber & Dumas. Norman Foster. Ipswich. 1975
Frampton Eames
Casa Charles y Ray Eames. 1949

Frente al duro muro de hormigón de la Central Beheer, en esta propuesta muros de cristal y superficies interiores pulidas que advierten de una sociedad democrática y próspera. El interior del edificio muestra los cambios lumínicos de las fases del día y de la noche e, incluso del clima. Según Frampton es el “casi nada” de Mies Van Der Rohe, pero despojado de su clasicismo. El constructivismo es indistinguible de la posición que afirma que la arquitectura moderna es ingeniería elegante. Una posición que ya se identificaba en el muro cortina que realizó en 1939 el ingeniero Vladimir Bodiansky y los arquitectos Lods y Beauduin para la Casa del Pueblo de Clichy.

Frampton Lods
Casa del Pueblo de Clichy. 1939

El productivismo propone incluir el programa en una nave vacía tan flexible como sea posible en su uso. Debe contar con una red integrada de instalaciones para los flujos del edificio. La estructura y las instalaciones deben estar articuladas según el principio de espacios servidos y espacios servidores de Louis Kahn. Este principio lo cumple con especial pulcritud el edificio Pompidou de París. Y el precepto más importante del productivismo es la presentación explícita de los procesos productivos concernidos. Todo ello debe quedar envuelto en una piel tersa de material moderno sin compromiso alguno con la tradición. Los matices en este movimiento estarían entre destacar la piel o la estructura en la expresión externa del edificio. Foster era más partidario de la piel y Richard Rogers de la estructura, aunque el primero cambió en un momento determinado, como muestra su sede central de la Hong Kong & Shanghai Banking Corporation de 1985; un edificio que va más allá de las fantasías de Archigram o Buckminster Fuller. Un edificio extraordinario en tres fases soportadas por las colosales cerchas de las que penden series de forjados, como en su torre de Madrid. Una estrategia que hubiera evitado el colapso por ataque aéreo que sufrieron la torres gemelas del WTC. Un edificio en el que se suma la tradición local de los andamios de bambú a la alta tecnología espacial y de zapadores.  Todo ello manteniendo el enfoque productivista de un gran panóptico en base a un gran patio interior.

Hong Kong and Shanghai Bank
Edificio del Hong Kong & Shanghai Corporation. Norman Foster. 1984 (debajo el interior)

Frampton Foster 4

POSTMODERNO

Este movimiento hizo su presentación en la Vienal de Venecia de 1980. Y lo hizo sin un manifiesto distinto de su propuesta superficial. Nada de contenido ideológico o estilístico. Si en Mies y Khan encontramos una interpretación del canon que se adapta a los materiales y a las tecnologías modernas, sus discípulos producen una ruptura con sus maestros inexplicable. Tanto Mies como Kahn encuentran en Europa eco a sus propuestas en los neorrealistas italiano y los constructivistas holandesas. Dice Frampton que la arquitectura postmoderna se propuso una deliberada destrucción del estilo y canibalización de las formas arquitectónicas, así como de ningún valor ni tradicional ni de otro tipo. El papel que los propios arquitectos postmodernos asumían era el de diseñar una máscara seductora para un programa que desarrollaría el constructor-promotor. Tanto cuando la fachada era pesada, como en el edificio para la AT&T de Philip Johnson de 1984, como cuando la fachada es un decorativo muro ligero como en el edificio Portland que Michael Graves realizó en 1982.

Frampton Johnson
Edificio AT&T de Philip Johnson.1984
Frampton Graves
Edificio Portland. Michael Graves. 1982

En la arquitectura postmoderna se mezclan citas clásicas y vernáculas de forma confusa y lo escenográfico expulsa cualquier carácter tectónico del edificio. En general se practicó un historicismo desmaterializado. El resultad, según Frampton, es la mayor confusión y cacofonía en la que el arquitecto perdió el control. Un caso ejemplar es el de James Stirling y su Staatsgalerie de Stuttgart, en la que el autor “desaparece” en un diseño extrañamente mezclado, conflictivo y atectónico en su expresión externa. Una obra en la que se acerca más a Hoffmann y a Asplund (crematorio. 1939). También se llevó a cabo un escamotamiento del edificio sepultándolo escamoteando su condición de testamento de la virtud cívica.

Frampton Stirling
Galería Estatal de Stuttgart . James Stirling. 1984

Incluye Frampton en este enfoque a Ricardo Bofill, cuyo trabajo califica como megaclasicismo neosocialrealista construido con hormigón armado prefabricado. Bofill ha gozado de la ayuda del poder como pocos profesionales de la arquitectura, pero el resultado de su acción es la envoltura en clasicismo ramplón de viviendas sociales. Y, aunque no es la primera vez que se relaciona la construcción de viviendas con lo monumental, en este caso se sobrepasa sobradamente lo escenográfico. Frampton considera que, dado el período reaccionario en el que surge la obra de Bofill, no es extraño que en estos macro complejos habitacionales no hubiera sitio para los servicios de parvularios, salas de reuniones comunitarias o piscinas. Omisión tan brutal como el encarcelamiento de apartamentos entre falsos capiteles, arquitrabes y columnas vacías. A lo que se añade la carencia de terrazas que no compensa de la ilusión de vivir en una palacio.

Frampton Bofill

NEOVANGUARDISMO

El neovanguardismo nace en Estados Unidos, en un marco de ciudades en las que no era de aplicación el lema de la “Tendenza” con “la continuidad del monumento” o los planteamientos neorracionalista de Aldo Rossi. El primer movimiento reflexivo tras la II Guerra Mundial lo llevaron a cabo los llamados “Five architects“, coordinados por Peter Eisenman con los antecedentes de Giuseppe Terragni y Theo van Doesburg. Los  cinco eran el propio Eisenman, Michael Graves, Charles Gwathmey, John Hejduk y Richard Meier. Tomaron como punto de partida el período purista de Le Corbusier (la ville Saboye), pues querían huir del funcionalismo seco y de la Neue Sachlichkeit (nueva objetividad). El primer resultado fue la Casa VI de Eisenman en Connecticut en 1972 y la  “casa muro” de Hejduk de 1970.

Frampton Eisenman
Casa VI. Peter Eisenman. 1972
Frampton Hejduk
Casa Muro. John Hejduk. 1970

Mientras Graves evolucionó hacia el populismo y Hejduk hacia los escenarios míticos, Gwathmey y Meier son los que con más intensidad mantuvieron los principios del grupo. En especial Meyer con sus museos de Arte en Atlanta (1983) y de Artes Decorativas en Frankfurt (1984).

Frampton Meier
Museo de Arte Atlanta. Richard Meier. 1983

El papel de los cinco en Nueva York lo asumió el grupo OMA en Londres, entre ellos, Rem Koolhaas. Eisenman por su parte desarrolló su concepto de “escalado” que suponía prescindir de toda referencia antropométrica para subvertir los antecedentes e incurrir casi en el dadaismo arquitectónico, olvidando todo marco previo, tanto urbanístico (Cannaregio), como estilístico (Ciudad de la Cultura, Santiago de Compostela).

De esta fuente bebe Bernard Tschumi, a lo que suma el constructivismo ruso, el enfoque rompedor del último Kandinsky de la narrativa disyuntiva de montaje no secuencial del cineasta el ruso Kuleshov. Tschumi quiere hacer una arquitectura anticlásica, en la que lo inesperado estuviera presente por doquier. El resultado son “caprichos” surgidos de la combinación de escaleras, prismas y cilindros coloreados. Ganó el concurso para el Parque de la Villette en 1984.

Frampton Tschumi
Parque La Villette. Bernard Tschumi. 1984

Por la misma época, Gehry diseña su “casa de arquitecto” con la misma estrategia deconstructivista. Al que acompañan el mismo Eisenman con su biocentro en Frankfurt, el bloque de viviendas del OMA en la Fiedrich Strasse de Berlín, la apocalíptica propuesta de Libeskind en Berlín, denominada “al borde de la ciudad” y el Teatro de Danza en la Haya en 1987 de Rem Koolhaas.

Frampton Koolhaas
Teatro de Danza. La Haya. Rem Koolhaas. 1987

A modo de manifiesto neovanguardista, Frampton proporciona este texto del arquitecto neozelandes Mark Wigley:

“La forma es en sí misma distorsionadora. Sin embargo, esta distorsión interna no destruye la forma. De alguna extraña manera, la forma permanece intacta. Esta es una arquitectura de desgarro, dislocación, desmembramiento, desviación y distorsión, más que de demolición, desmantelamiento, deterioro, descomposición y desintegración. Desplaza la estructura en lugar de destruirla”. 

Frampton califica esta actitud, tanto del crítico, como de la arquitectura como elitista y distante, propia de una vanguardia sin causa. El orden racional estaba siendo traspasado por arquitectos seducidos por el padre de la deconstrucción filosófica Jacques Derrida, que incluso colaboró con Eisenman y Tschumi en un pequeño jardín en La Villette. La arquitectura atrapada entre la razón práctica y la razón poética encontraba en Derrida un camino intermedio en el universo de la ambigüedad del lenguaje.

Sigue en XI…

 

 

 

Psicología del jubilado (5)

Ha pasado un tiempo (22 meses) y hay una novedad en la psicología del jubilado. Cuando trabajaba, citarse con alguien para tratar un tema profesional o un problema era incesante. Al despertar me acudían a la mente las citas más relevantes y mi mente se iba directamente a su preparación estratégica. Así desde una reunión del equipo de dirección, donde siempre podría surgir una sorpresa, hasta la reprimenda y reconciliación a quienes habían sobrepasado ciertos límites etológicos. Pero, ahora, cualquier compromiso distinto a los que la vida cotidiana supone, es una especie de obstáculo a vencer. Incluido un partido de padel, por la autoexigencia que siempre he imprimido a mis actividades. La vida placentera, que comienza con la lectura reposada mientras se observa al actividad callejera por el cristal; continúa con la escritura acompañada de música, que permite mantener el equilibrio entre las entradas y salidas de ideas, culmina con la horas compartidas con mi compañera y, algunos días, con el juego compartido con mi nieta. Este paquete, que incluye una siesta inducida por alguna conferencia en inglés, que me permite mantener lo que tanto esfuerzo me costó en los últimos años de universidad, es el núcleo de mi actividad de jubilado, y tengo que reconocer que no sé en qué piensan los que diseñan utopías, pero yo ya estoy en ella.

Sin embargo los compromisos distintos de esta divina rutina, me alteran (literalmente me hacen otro). Esa agenda externa, que antes llenaba la actividad frenética de la vida activa sin producir efectos notables, ahora es un incordio. Tal parece que, a estas alturas, la felicidad estuviera más asociada al reposo en lo ordinario que en el movimiento de lo extraordinario. En todo caso, necesito más tiempo para transformar lo novedoso en parte de lo ordinario. Sospecho que este rechazo a citas con esto o aquello tenga que ver con el rechazo a la Gran Cita que es la muerte. Debe ser que mi mente recela de todo aquello que no forme parte del ser que mi biografía ha gestado, como alerta ante la única cita ineludible. El ideal sería hacer lo que te gusta hasta que te cansa y pasar a otra cosa estimulante. Sería un flujo de actividades cuya transición es la saturación. Naturalmente, se vuelve sobre lo abandonado cuando el deseo recupera su frescura. La frontera es móvil, pues el deseo lo es. Si no se puede hacer esto hay que dar la vuelta a la situación pasando con determinación por la transición como se hace cuando no queda más remedio que tomar una ducha fría. A mí me funciona porque la vida no siempre se acomoda a tu energía vital. Y si nada de esto funciona, queda la entrega a los demás que es una fórmula infalible.

Siempre he procurado practicar la medicina preventiva antes que pasar por un quirófano o ser objeto de tratamiento complejos y convalecencias largas. Por esta razón o por suerte, nunca he estado seriamente enfermo y nunca me he roto nada. Por eso, he firmado ceder mis órganos sin engañar a nadie, pues ni el whisky ha estropeado mi hígado o mi vejiga, ni las carnes rojas mi estómago, dado que no he abusado ni de uno y de otra. He hecho deporte siempre y, por tanto, no he frustrado el proyecto de mis genes con imprudencias. Pero sé de sobra que nada, ni siquiera los intentos de Peter Thiel por ser inmortal, evitarán la última cita, aquella a la que si no acudes dará igual, pues las consecuencias serán las mismas.

Creo que la ventaja de una vejez en la que se acompase la decadencia física y mental, sin que ninguna de las dos se adelante a la otra, te permite reconciliarte con la muerte, “la dulce hermana” me dijo el escritor murciano Castillo Puche, en la celebración de un reconocimiento que le hicieron. Obviamente no me conocía ni antes ni después de decírmelo, pero supongo que pensó que, en todo caso, estaba hablando con un congénere con suficiente edad para entender el sentido de su descripción de la Parca. Él tenía todo el aspecto de haber alcanzado esa armonía entre estado físico y salud mental a sus ochenta y dos años. Murió tres años después y, espero, que con la misma serenidad que mostró ese día. Serenidad en la que yo trabajo, para que la única cita que, en realidad, interesa, me pille preparado.

La vida es un regalo y un misterio. Es un regalo porque la obtiene uno sin esfuerzo y es un misterio porque sólo en ella está su propio sentido. Buscarlo más allá es una pérdida de tiempo. Quien no disfrute la vida por sí misma, se la pasará buscando sustitutos y se le acabará sin alcanzarlos, en una curiosa lucha por dejar de luchar. Como toda la gran literatura, la poesía, el arte plástico, el cine y el teatro muestran, en la vida hay que alcanzar un amor y el respeto. Su ausencia está detrás de la mayoría de las catástrofes humanas. El amor que va asociado a una persona, se hagan los experimentos que se hagan antes, y a los hijos. Se puede vivir (respirar) sin amor y sin hijos, allá cada cual. También se necesita el respeto de los demás, porque eso querrá decir que uno ha devuelto a los demás lo recibido en forma de educación o salud, pues todo lo que es verdaderamente importante se logra en la acción conjunta y coordinada entre muchos para muchos. El ocioso no consigue ser respetado, ya se base su ociosidad por herencia o por su capacidad para vivir de los servicios sociales pudiendo corresponder con su esfuerzo al bien común. Estos invariantes están presentes en las muchas formas que la sociedad ha establecido para su equilibrio: profesiones o actividad/pasividad política. Estas metas atraviesan nuestras coordenadas sociales llevándonos a tomar unas u otras posturas, pero siempre serán el motor de nuestra acción.

Epílogo: del mismo modo que durante nuestra vida activa emergen alguno seres que habitan en los más profundo de nuestra naturaleza, tal como el sexo o la ambición, durante nuestros años de apartamiento del vórtice profesional, emerge un deseo de reposo y equilibrio que es la antesala de la devolución del regalo que recibimos al nacer.

(IX) Historia crítica de la Arquitectura moderna. Kenneth Frampton. Reseña (7)

… viene de VIII

“La apariencia de masa de solidez estática – hasta ahora cualidad primordial de la arquitectura – prácticamente ha desaparecido; en su lugar hay una apariencia de volumen o, más exactamente, de superficies planas que delimitan un volumen. El principal símbolo arquitectónico ya no es el ladrillo macizo, sino la caja abierta. De hecho, la gran mayoría de los edificios son en esencia, y en apariencia, simples planos que rodean un volumen. Con la construcción de esqueleto envuelto tan sólo por una pantalla protectora, el arquitecto difícilmente puede evitar esta apariencia de superficie, de volumen, a menos que, por deferencia al diseño tradicional en cuanto a la masa, se aparte del camino para conseguir el efecto contrario”. (Henry-Russell Hitchcock y Philip Johnson)

“En este mundo al que llegamos procedentes de ningún lugar, y del que partimos con idéntico destino, Ser y Apariencia coinciden… No existe nada ni nadie en este mundo cuya misma existencia no presuponga un espectador… La creencia de que una causa debería ostentar un rango de realidad mayor que su efecto puede figurar entre las más antiguas y tercas falacias metafísicas”. (Hannah Arendt)

Si en la primera cita hay una constatación procedente del corazón de la arquitectura del cambio sustancial de lo macizo a lo evanescente, en la segunda, procedente de la filosofía, se ratifica que toda apariencia es legítima y que no debe ocultar su condición de aparente, incluso cuando intenta sugerir una solidez interior que no posee.

En este noveno artículo y los sucesivos dedicados al libro de Kenneth Frampton se va reseñar el recorrido analítico que se hace de la arquitectura hasta los años noventa. Unos años en los que los principales lineamientos de la arquitectura actual estaban ya propuestos por los grandes maestros. A nadie se le escapa que la generalización de una determinada forma histórica de hacer arquitectura tiene un retardo notable, a medida que nos alejamos del punto de impacto de una idea, tanto en el ámbito cultural como económico o  geográfico. El estilo internacional ha construido torres con aroma cubista en los centros económicos de la ciudades, mientras en su periferia dominaba el estilo neo-regional, neo-colonial o neo-barroco. Con la excepción de clases económicamente poderosas que aceptaron vivir conforme a las propuestas sorprendentes de Mies, de Le Corbusier o de Wright, el resto seguía instalado en el gusto formado en la contemplación de los grandes logros palaciegos del pasado o en la nostalgia de la construcción autóctona. Todavía hoy es el día en que viviendas unifamiliares, que siguen el modelo de caja abierta y paredes tersas blancas, encuentran resistencia en el gusto común, que piensa en el ladrillo y la piedra como la respuesta a su concepto de confort y protección hogareña. Todo ello, a pesar de la gran ayuda que las artes visuales han prestado presentando en todos su esplendor las superficies transparentes del vidrio, las pulidas del metal y las impolutas de los polímeros. Frampton reconoce que el Estilo Internacional no llegó nunca a ser verdaderamente universal. Sin embargo, alguno de sus principios más pragmáticos sí que han influido decisivamente incluso en sus rivales estilísticos; así, la planta libre basada en la estructura de hormigón o acero. El resultado fue, ya desde el principio, según Frampton un formalismo que prometía homogeneidad y daba apariencia de solidez. Neutra lleva al apoteosis el estilo con la casa de salud Lovell de 1927 en los ángeles.

Frampton Lovell
Casa de Salud Lovell. Richard Neutra. 1927

Este trabajo de Neutra lo comprometió a un enfoque psicológico de su obra al  trabajar para el bienestar del comitente. Lo que expresó de forma ejemplar en la casa Kaufmann en la que volumen, filtros y vegetación constituyen un ambiente refinadamente hedonista; pero siendo la demostración de que la arquitectura será siempre la expresión sorprendente de una intención determinada. Con el programa bien concebido, la estructura y la planta libre eran herramientas eficaces pero no un fin en sí mismas.

Frampton Neutra 2
Casa Kaufmann. Richard Neutra. 1947

La claridad de los principios del Estilo Internacional propició que un ingeniero, Owen Williams, llevara a cabo una de las obras más interesantes por sus efectos escultóricos y la expresividad de la estructura. Se trata de la Fábrica de Productos Farmacéuticos Boots en Beeston en 1932.

Frampton Williams
Fábrica de Productos Farmacéuticos, Beeston. Owen Williams. 1932

También encuentra Frampton interés en el edificio Highpoint I que Lubetkin y Tecton realizan en 1935 en Londres, hasta el punto de considerarlo una obra maestra del movimiento por el orden formal y funcional que exhibe el edificio, que además está en un solar difícil; unas características que contribuyen a un éxito que todavía resiste los criterios actuales.

Frampton Lubetkin
Highpoint I, Londres. Libetkin y Tecton. 1935

Posteriormente el equipo, que trabajaba en lo que se podría llamar la época socialista del Reino Unido, evoluciona hacia un estilo más comprensible por el gran público que desvía al equipo hacia la retórica barroca antes que mantenerlo en el rigor de la sintaxis cubista. Una prueba es el edificio Highpoint II de 1938, que, frente a la ligereza del primero, muestra la pesadez del segundo, cariátides incluidas.

Frampton Lubetkin 2
Highpoint II, Londres. Libetkin y Tecton. 1938

En España, Frampton identifica a Fernando García Mercadal y a José Luis Sert como organizadores de la agencia del CIAM en España. Antes de la Guerra Civil española y en unos ocho años, llevan a cabo proyectos teóricos tan interesantes como el Plan Maciá para Barcelona realizado con la colaboración del Le Corbusier en 1933, la casa Bloc y el pabellón de España en la Exposición de París de 1937 en el que se exhibió por primera vez el Guernica de Picasso.

Frampton Sert
Maqueta Casa Bloc, Barcelona. Sert y Subirana, 1935
Frampton Sert 2
Pabellón de España Expo de París. José Luis Sert. 1937

En las expansión del Estilo Internacional tuvo una gran influencia la exposición organizada por Hitchcock y Johnson en 1932, celebrada en el MOMA de Nueva York, junto con la omnipresencia de Le Corbusier en proyectos internacionales.

Frampton Expo
Exposición del Movimiento Moderno. MOMA. 1932

En Brasil el talento de Niemeyer explora los límites de las posibilidades abiertas. Especialmente reconocida es su capacidad de fluidificar los espacios llevando la planta libre a su máxima expresión. El éxito lo convierte en una arquitecto institucional que lo lleva a ser uno de los pocos arquitectos modernos a los que se les concedió el privilegio de diseñar una ciudad como Brasilia. A pesar del reconocimientos y de su ideología socialistas, recibió críticas por su formalismo, que fue tachado de decadente por el arquitecto Max Bill, a la vista de su Palacio de la Industria de Sao Paulo de 1954. En esta época el estilo internacional encuentra que la libertad que le proporcionan los avances estructurales lo pueden llevar del funcionalismo más austero al manierismo más atractivo para el ojo y, por otra parte, objeto de crítica social por su entrega a las corporaciones públicas o privadas (foto de portada, fundación Mondadori).

Frampton Niemeyer
Palacio de la Industria. Sao Paulo. Oscar Niemeyer. 1954

En Japón el estilo recibe su bautizo en 1923 con la primera casa de hormigón realizada por Antonin Raymond, un arquitecto norteamericano de origen checo, que había llegado a Japón para supervisar el grandioso Hotel Imperial de Frank Lloyd Wright. Raymond evoca con el hormigón la construcción tradicional japonesa en madera estableciendo una de las claves de la arquitectura japonesa tras la II Guerra Mundial. En el interior diseñó muebles en tubo de acero volado anticipándose a Marcel Breuer. El caso de Raymond tiene el interés de haber seguido un itinerario que empieza de Wright con su propia influencia japonesa, para mezclar la tecnología con la construcción tradicional japonesa y, al final, librarse de la influencia de su maestro ofreciendo una fórmula a los arquitectos japoneses que fueron muy bien explotadas en la posguerra.

Frampton Raymond
Casa Raymond. Tokio. Antonin Raymond. 1923

También en Japón el Estilo Internacional tuvo sus críticos cuando se extralimitaba en sus posibilidades formales. A la menor oportunidad los creadores desbordaban la supuesta contención de un movimiento nacido para generalizar el disfrute de la arquitectura habitacional o no. En este caso, es la voz del arquitecto Maekawa Kunio la que resuena en 1965:

“La arquitectura moderna está y debe estar directamente basada en los continuos logros de la ciencia, la tecnología y la ingeniería modernas. ¿Por qué entonces suele convertirse tan a menudo en algo inhumano?…”

Su alegato termina reclamando una vuelta a los principios ético de Occidente o, en su defecto, propone echar una mirada a Oriente y, en especial, a Japón. El caso es que ya desde su fundación en el CIAM de 1928 los veinticuatro arquitectos fundadores del Movimiento Moderno afirmaban que la arquitectura estaba inevitablemente supeditada a la política y la economía, lo que implicaba, además, que debía adoptar los métodos de la producción racionalizada. Lo que hacían alertando sobre el riesgo de que la eficacia se pusiera al servicio exclusivo del beneficio. Igualmente reclamaban para el urbanismo el criterio funcional y el control colectivo del suelo para corregir la fragmentación producida por la especulación. Se atrevían a proponer el traspaso de plusvalías injustificadas a la comunidad y la modificación de las leyes de la herencia.

Nueve congresos después, las cosas eran muy distintas y la “vieja guardia” fue desplazada en Aix-Saint-Provence en 1953, cuando fueron cuestionados los principios de la Carta de Atenas. Ahora se ponía el acento en la ciudad concebida para las salud psíquica de sus habitantes, mentalidad influída por el existencialismo parisino de la época. El caso es que las mejores intenciones de los renovadores no pudieron evitar que la gran capacidad productiva del sector fuera la palanca para vaciar el centro de la ciudades de pobres.

Sigue en X…

 

 

Contra Zizek. Julen Robledo. Reseña (22)

El pensamiento, como un dulce, pueden llegar a ser empalagoso. Varios meses leyendo a Zizek, requiere de un descanso o, mejor aún, leer a alguien que oponga a sus puntos de vista otros igualmente discutibles, pero que nos permita una dialéctica esclarecedora. Y en estas aparece en el horizonte un libro que se llama “Contra Zizek”, lo que no puede ser más explícito. Está escrito por Julen Robledo, un discípulo de Gustavo Bueno, ese filósofo español tan lleno de energía polemista cuando vivía. El libro tiene la factura de una tesis doctoral, porque en ningún momento se quita la faja de un pretendido rigor expositivo para aventar cualquier ambigüedad. Desde el principio, el autor deja claro que el suyo es un análisis desde una posición concreta ajena a la filosofía de Zizek, pero expuesta igualmente a la crítica. Es en general una crítica externa (etic) realizada desde el Materialismo Filosófico (MF) de Gustavo Bueno y con esta vara mide el pensamiento de Zizek.

Gustavo Bueno proporciona unas coordenadas ontológicas (taxonomía de lo que hay en el mundo según cada cual) compuesta por una ontología particular (Mi) con tres géneros:

  • M1: los cuerpos físicos o biológicos y las relaciones entre ellos.
  • M2: las mentes con sus pensamientos y afecciones concretas
  • M3: las ideas abstractas

Una taxonomía que recuerda a la de Popper sobre mundo 1,2, y 3.  Gustavo Bueno considera que estos tres géneros son inconmensurables, es decir, no se pueden reducir unos a otros sin incurrir en formalismo, aunque sí se pueden interrelacionar (por ejemplo la idea (M3) se da en una mente (M2) que “reside” en un cuerpo (M1). Estos tres géneros se dan en el marco de la simploké (algunas cosas se relacionan con otras cosas), por lo que no es posible un monismo monolítico en el que todo se relaciona con todo, ni un formalismo que todo lo abarque desde cualquiera de los géneros (por ejemplo la pretensión de Platón de que M3 sea la auténtica realidad). Los tres géneros surgen del examen desde M2 el mundo percibible, que mediante “lisado” (búsqueda de rasgos comunes) filtra las realidades para agruparlas. De esta forma se respetan las diferencias entre géneros. Con el mismo método de lisado se consigue la ontología general M, que arrastra la naturaleza del mundo desde la ontología particular hacia una visión no confusa y mezclada de la realidad “observable”.

ONTOLOGÍA ZIZEKIANA

Con estas armas Robledo se lanza contra la filosofía de Zizek a la que considera desde dos puntos de vista:

  • Su posición ontológica
  • Su aplicación socio-política

La posición ontológica la encuentra deficiente porque, obviamente la juzga desde la ontología del Materialismo Filosófico. Robledo considera que la filosofía de Zizek es un formalismo secundario, puesto que hace converger en el sujeto concreto (M2)  las ideas simbólicas (M3), al tiempo que hace desaparecer el mundo físico y biológico (M1), que no juega ningún papel en su ontología, salvo en sus chistes preferidos. En el primer caso por considerar que el subconsciente del sujeto (M2) contiene a la parte del mundo del lenguaje (símbolos) reprimido por el gran Otro paterno y social (M3). Además considera que el mundo físico y biológico está supeditado al sujeto (M2) por su concepción de lo real como exceso o resto de la realidad (M) que no ha podido ser simbolizado ni imaginado por el sujeto. En la ontología particular sólo existe M3 (los símbolos) y M2 (el sujeto), pero con el añadido de que ambos residen en el sujeto. De esta forma toda la ontología particular es reducida a M2 que cubre formalmente a las demás. No hay realidad subyacente, pues es absorbida por el sujeto además de perderse la incomensurabiliad entre géneros materiales y resultando, por tanto, en un monismo. Lo Real en Zizek no parte del previo análisis de la ontología particular, sino que lo deduce directamente del mundo observable perdiendo toda capacidad de discriminación. Lo Real sería una materia bruta a la que luego el simbolismo trata de abarcar, dejando un resto que tiene como resultado un sujeto vacío (barrado) como acto fallido. Lo real simbolizado queda como M3 y lo real no simbolizado (lo Real) constituye al sujeto y es constituído indirectamente por la simbolización. El sujeto primero mediante lo imaginario se constituye como un vacío a rellenar por imágenes exteriores (la imagen en el espejo) y, después, por los significantes (símbolos) procedentes del entorno familiar que transmite los significantes sociales (significantes Amo), que sirven de filtro para constituir el subconsciente a partir de los deseos no aceptables socialmente y los significantes sociales que han de dirigir la conducta mental y real del sujeto. De modo que los real (M) se incluye en lo particular a través de los símbolos (M3) y de la idea de Hegel de que la sustancia es sujeto que toma cuerpo en el sujeto (M2). Es el proceso de “Universalidad concreta” de Hegel tan apreciado por Zizek para su aplicación a la realidad socio-política. Finalmente califica a la filosofía de Zizek como idealista (no cuenta con el sustrato físico y biológico) y objetiva (centra en el sujeto genérico toda su ontología)

APLICACIÓN POLÍTICA

Robledo considera que Zizek aplica su idealismo objetivo para explicar el sostenimiento del status quo del capitalismo opresor en una primera versión y para proponer, en una segunda versión, una acción revolucionaria mediante un sujeto absoluto capaz de resistir el engaño inserto en el proceso de constitución del sujeto y liderar la revolución. Así en la primera versión la sustancia social (que preña el lenguaje) está incluida en el sujeto (M2) a través del inconsciente que es el instrumento de la alienación y opresión del sistema capitalista, pues incluye los mensajes del gran Otro sistémico. Por eso, Zizek  considera que el cogito cartesiano, en tanto que sujeto completamente emancipado por el método de la duda, tiene su fundamente en el subconsciente que le hace creer en que su pensamiento es autónomo pues no experimenta la externalidad del origen de su pensamiento, dado que ésta condición está enterrada en el subconsciente. Es un sujeto no condicionado por la sustancia social que cree que sus ideas surgen en libertad en su conciencia.

En la segunda versión, la sustancia social (M3) se transforma en una sustancia revolucionaria nueva que se gesta en una conciencia especial (M2) y se universaliza por su liderazgo. Es la sustancia (universal) hecha sujeto (particular, concreto). Un sujeto que no se deja engañar por los significantes Amo y gesta unos nuevos y, obviamente, anti-sistema, es decir, anti-capitalista o, como Robledo prefiere por coherencia con Bueno, contra-capitalista. Un anticapitalismo que lleva a Zizek a elegir el terror revolucionario “para la nueva conciliación postrevolucionaria entre las exigencias del orden social y la libertad abstracta del individuo“. Para ello, Zizek llega a pedir una “Thatcher de izquierdas” que desembarazada del engaño capitalista, genera una nuevas sustancia revolucionaria que le haga saber a los demás lo que no sabe que sabe. Una propuesta que choca con la democracia directa que articula el movimiento 15-M español. A esto se suma la recuperación del Lenin que no fue y que late en sus propuestas no aplicadas por el estalinismo. En su estilo paradójico, Zizek se pregunta si no será el fallo de nuestra sociedad el que hace inadmisible una revisión de Lenin, en vez de la anacronía de sus propuestas. Robledo llama metafísico a este proyecto, por no articularse sobre la realidad social actual, sino en una repetición voluntarista. Las repeticiones, tan criticadas, precisamente por Marx han dado lugar a todo tipo de revisionismo de ideas inocentes de los resultados de su aplicación positiva (cristianismo, comunismo, nazismo). También encuentra que la filosofía de Zizek, al dirigirse al sistema capitalista, elude la responsabilidad de los individuos que transgreden las leyes y se corrompen. Naturalmente la razón está  en el propósito de Zizek de no resolver el problema por la vía de la corrección de conductas (reflexión circular), sino por el minado del conjunto del sistema (reflexión radial).

EGO TRASCENDENTAL

Para el Materialismo Filosófico la acción de los sujetos a lo largo de la historia genera un mapa del mundo que incluye desde el conocimiento físico y biológico de los entes, los estado subjetivos de los sujetos con mente y las conceptos supra subjetivos. Este conocimiento se podría concebir como producido y depositado en un sujeto que no es una substancia trascendente, sino una materialidad más del mundo, que forma parte de él y que lo constituye. Cualquier sujeto concreto puede ser capaz de tener una cierta visión desde este punto de vista mediante el estudio del desarrollo histórico en el que han intervenido multitud de sujetos. El Ego Trascendental funciona a modo de enlace entre la materia ontológico especial (Mi) y la ontológico general (M). Para evitar el enfoque metafísico, el materialismo filosófico parte de la finitud del ser humano concreto (Mi) para deducir la existencia infinita de la ontología general (M). La infinitud surge de la finitud y no al revés como en la religiones monistas que parten de la infinitud (Dios) para generar lo finito (el mundo, el ser humano). En la ontología general (M) se incluye el mundo prehumano y lo que la ciencia descubra en el futuro. M se induce en su infinitud desde la constatación de que la Mi de una determinada época contiene menos entidades (por ejemplo, tecnología, tipos de conciencia sobre la realidad humana o teorías descriptivas o institucionales) que la de una época posterior. Una visión que requiere del Ego Trascendental para ser intuida, pues en este residen todos esos desarrollos. El Ego trascendental conecta el mundo conocido con el mundo concebido como la totalidad de todo lo que hay. Es el Ego Trascendental el que puede abarcar toda la realidad Mi de una época determinada para incrementar su visión general del mundo totalizándolo.

Gustavo Bueno ya comprobó que el ego en Freud contiene elementos trascendentales como Dios, Nada, Todo o Muerte. En el caso de Lacan, una vez superado el proceso imaginario propio de la etapa del espejo, el sujeto entra en contacto con el deseo del gran Otro socio-cultural con la mediación de la forma simbólica que es el lenguaje. Dado que el sujeto no puede constituirse de forma espontánea siempre será un acto fallido (barrado) que toma su identidad del exterior. En este momento el sujeto se construye un yo entre las alternativas que le ofrece el mundo simbólico del gran Otro. Los traumas derivados de esta constitución vicaria del yo son resueltos mediante autoengaño que lo lleva a pensar que los perfiles escogidos (progresista, reaccionario, feminista, cristiano…) son producto de su espontaneidad. Pero en la concepción de Lacan esta intromisión de lo simbólico (M3) en el sujeto le permite trascender sus límites psicológicos (M2). Así se acepta la astucia de la razón, la divina providencia, la lógica objetiva de la historia, la conspiración judía, pero también la teoría copernicana o de la relatividad, etc… Marcos generales que le permiten al sujeto caer en la paranoia o erigirse en conocedor de toda la epopeya humana. Así el yo psicológico del imaginario inicial deviene en un yo pleno de ideales infinitos de una ideología.

el Ego Trascendental en Zizek incluye, además del mundo simbólico que propone Lacan, elementos tomados del ideario comunista de Lenin y del monismo histórico de Hegel. Así:

  • La revolución contra-capitalista
  • La evolución histórica necesaria para tal revolución

Para Zizek el gran Otro es fundamentalmente el capitalismo, por lo que las categorías y consecuencias de su aplicación que en Lacan tienen un objetivo reconciliado con la realidad social, en Zizek son interpretados en su obsesión contra-capitalista. Un sistema que se mantiene estable por la acción del subconsciente. Por otra parte, el gran Otro, que en Lacan es siempre perverso, puede resultar salvífico mediante la transformación revolucionaria del gran Otro en el espíritu Absoluto de Hegel, justificador de la evolución contra-capitalista, que, como entidad virtual está capacitado para ser explicado por sus efectos porque “postula sus propias presuposiciones”. Un proceso en el que gracias al sujeto histórico se curarán los egos particulares que despertarán del autoengaño que les impone su subconsciente lleno de todo lo que el gran Otro ha reprimido a pesar de que las líneas generales de la revolución siempre han estado en el sujeto en forma de lo que “no se sabe que se sabe“.

El Materialismo Filosófico establece ocho teorías sobre la posición del Ego Trascendental (E) en relación con la ontología Mi (particular) de la materialidad:

  1. E = ∅. Es un conjunto vacío. No hay elementos que puedan ser incluidos en E.
  2. E = M1 (E pertenece al género de materialidad corpórea), lo que es compatible con que E pueda ser definido en función de otros géneros de materialidad.
  3. E = M2 (E contiene elementos de M2)
  4. E = M3 (E contiene elementos de M3)
  5. E = M1 ∪ M2 o bien E = (2 ) ∧ (3)
  6. E = M1 ∪ M3 o bien E = (2 ) ∧ (4)
  7. E = M2 ∪ M3 o bien E = (3 ) ∧ (4)
  8. E = M1 ∪ M2 ∪ M3 o bien E = (2 ) ∧ (3) ∧ (4)

(1) no encaja con la posición de Zizek, pues el ego ocupa una posición central en su filosofía. No sólo tiene componentes psicológico-subjetivos (M2) como los traumas y deseos, sino que recoge ideas trascendentales como la ley o una ideología.

(2). (5), (6) y (8) tampoco tienen que ver con la actitud que la filosofía de Zizek adopta respecto del Ego. La razón fundamental es que en estas cuatro posturas el primer género de Materialidad (M1) forma parte del Ego, lo que no es compatible con la posición de Zizek que no tiene en cuenta para nada lo físico o biológico o lo considera de una forma muy débil, debido a la influencia de Lacan y Hegel.

(3) tampoco encaja con Zizek, dado que, en esta postura, el Ego no contiene elementos de M3, que sí son considerados en su filosofía

(4) tampoco encaja con Zizek, dado que, en esta postura, el Ego no contiene elementos de M2, que sí son considerados en su filosofía.

(7) Sí es coherente con la filosofía de Zizek, pues contiene en exclusiva elementos de M2, tales como deseos, traumas, pulsiones… y de M3, tales como significante Amo, Dios, Nada o el gran Otro, la Ley y las ideologías. De esta posición del ego en Zizek se derivan cuatro desajustes:

  1. Ausencia de los físico y biológico, con lo que no puede totalizar el mundo, que queda reducido a conciencias psíquicas subjetivas (M2) y objetivas esencializadas (M3).
  2. El Ego deja de hacer el papel de enlace entre la ontología general (M) y la ontología particular (Mi), al contrario que en el Materialismo Filosófico, donde todos los géneros de materialidad están contenidos en el Ego Trascendental. Dado que la ontología general no es igual a la particular (M ≠ Mi), pues la primera es infinita y la segunda finita, la mediación entre ambas la lleva a cabo el Ego. Pero si faltan contenidos de Mi en la filosofía de Zizek, su ego queda inhabilitado para tal función de mediación.
  3. En la filosofía de Zizek, la ontología general (M) queda incluida dentro del Ego, cuando lo Real es considerado un elemento de la conciencia, tanto en la fase presimbólica como materia bruta que, en la fase simbólica es atrapada en la red de significantes que constituyen al sujeto barrado, fallido por la incapacidad de simbolizar todo lo real, quedando un exceso amenazante y fuente de traumas psicológicos. Una inclusión de M en E (de lo infinito en lo finito) que hace caer a la filosofía de Zizek en la metafísica. Por el contrario, en el Materialismo Filosófico es al revés. En efecto, E = Mi y Mi ⊂ M, luego  E  ⊂ M. Es decir el Ego Trascendental (E) contiene todos los elementos de Mi = M1 ∪ M2 ∪ M3. Además la ontología general M no puede estar contenida en el Ego (E) porque es infinita e incluye potencialmente elementos que el Ego no conoce.
  4. La filosofía de Zizek reduce toda la riqueza histórico institucional del Ego Trascendental a los procesos capitalistas y contracapitalistas revolucionarios. Sin embargo en el Materialismo Filosófico, el Ego incluye no sólo la totalidad de las materialidades contemporáneas, sino la totalidad de su desarrollo histórico. De esta forma los avances “radiales” de la tecnología se suman a los avances “circulares” de las relaciones entre los seres humanos y las “angulares” entre éstos y supuestas divinidades. Es decir, en conjunto la ontología de Zizek deja fuera de sí aspectos demasiado importantes como para que no tengas efectos.

Hecho el análisis ontológico de la filosofía de Zizek, el resto del libro se dedica juzgar a la izquierda actual en relación con las propuestas del filósofo esloveno a quien se aplica el criterio general de que toda reflexión es precedida por un posicionamiento ideológico general. En términos generales a la filosofía de Zizek se la caracteriza como un monismo mundanistas expresado en forma de formalismo secundario (M2) que extiende formalmente las estructuras del sujeto al resto de los ámbitos de materialidad. Por otra parte es un monismo porque históricamente privilegia al proceso capitalistas y sus avatares como eje central del desarrollo histórico. De este modo sólo un sujeto (M2) especial puede llevar a cabo la etapa final del desarrollo histórico del capitalismo. Unos defectos ontológicos que convierten a la totalidad del pensamiento de Zizek en un fundamentalismo sin justificación filosófica. Los caracteres principales de los fundamentalismos según el Materialismo Filosófico son:

  • La identificación de los fieles con los valores más excelsos de la humanidad (libertad, igualdad, democracia) incluidos los del conocimiento científico.
  • Uso de las instituciones relevantes como las políticas, las académicas y culturales para su asentamiento y propagación.
  • La identificación de un líder intelectual o espiritual que es capaz de intuir la salida a los problemas de la humanidad con anticipación al resto de la sociedad y que se convierte en el conductor de la misma. Es un sujeto que se libre del tachado (barrado) que le impone a todos la constitución de su subjetividad. Es un sujeto capaz de simbolizar la parte de lo Real que amenaza al sujeto por su incapacidad de simbolizarla, librando así, al conjunto de la humanidad de sus traumas.

LA IZQUIERDA EN ZIZEK

Para Zizek la derecha mantiene una unidad unívoca, mientras que no es posible reconocerla en la izquierda. Hay, pues, una derechas y muchas izquierdas. Gustavo Bueno establece una taxonomía de dos grupos de izquierdas: las definidas y las indefinidas en su libro El Mito de la Izquierda:

Izquierdas definidas (las que tienen un carácter político claro dentro de los límites del Estado):

  • Radical
  • Liberal
  • Libertaria
  • Socialdemócrata
  • Comunista
  • Asiática

Izquierdas indefinidas (las que tienen un carácter extra-político y se mueven al margen del Estado):

  • Extravagante
  • Divagante
  • Fundamentalista

La posición de Zizek tiene rasgos de las izquierdas definidas, pero la sitúa definitivamente entre las indefinidas por descarte de las definidas en un sentido estricto, fundamentalmente porque no está ligado al Estado. Entre las izquierdas indefinidas, el autor sitúa a la posición de Zizek como divagante por sus devaneos en muchos campos extrapolíticos, adquiriendo más un carácter cultural o ético. La izquierda zizekiana no es extravagantes porque no parte de un contenido ajeno a la política, como puede ser la ciencia. Tampoco es específicamente fundamentalistas porque no tiene un concepto holístico de la izquierda según el cual hay unos rasgos comunes a todas las izquierdas con los mismos valores y fines. Precisamente, Zizek considera que los valores presuntamente de izquierdas o progresistas ya han sido asimilados por el capitalismo que los ha convertido en mercancía (reciclaje, tolerancia, pacifismo, derechos humanos).

Robledo caracteriza la filosofía de Zizek como divagante en base a los siguientes rasgos:

  • Exigencia de intervención estatal en la economía
  • Monismo ontológico al convertir al sujeto en la explicación de todo, aunque sea contradictorio: de la explotación y de la liberación.
  • Progresismo optimista para la solución de los problemas demográficos, ecológicos, escasez de recursos mediante un supuesto desarrollo científico-tecnológico imparable.

Las divagaciones de Zizek lo llevan a campos heterogéneos que van desde la música al cine pasando por la pintura, la arquitectura, la literatura, la historia, la ciencia, la religión, la etnología y el folklore. Sea cual sea el campo, Zizek encuentra el hilo que conduce al lector hacia la revolución contra-capitalista.

  • Propone reapropiarse del protofacista Wagner para hacer de Parsifal un revolucionario.
  • Extrae de Melville la expresión “preferiría no hacerlo“, que clasifica como frase con la estructura de un juicio infinito kantiano y la convierte en un lema de la revolución paradójica de manos caídas antes las injusticias, pues de ser activos ante ellas se incurre en la dulcificación del capitalismo (interpasividad).
  • Encuentra en el incremento de masa del electrón debido a su movimiento un símil del capitalismo financiero que de una “masa” dineraria prácticamente nula, extrae beneficio por su dinamismo prestatario.
  • Refuerza las posiciones de izquierdas con ejemplo cinematográficos en los que la ética es suspendida por razones políticas progresistas.
  • Defiende con el arte constructivista la mecanización de la conducta del individuo en la Rusia leninista que acepta la visión tayloriana y fordista de la producción. De este modo lucha contra el capitalismo con rostro humano, que distrae de la misión revolucionaria. En coherencia rechaza las estrategias de las empresas tipo “precio justo” o “uno por uno“. Esta última (Tom’s Jone) envía un par de zapatos a África por cada para que se compre en Occidente.
  • Reivindica en su lectura de la historia, el “éxito” de toda revuelta fracasada porque adquirirá significado en el futuro.
  • Propone el ejemplo religioso del Dios hecho hombre para ilustrar el fenómeno hegeliano de la sustancia que se convierte en sujeto. De este modo, no hay dispersión de la potencia retrospectiva del Absoluto futuro, pues se concentra en individuos señalados, como es el caso de Cristo o la deseada “Thatcher de izquierdas“.
  • Rebusca en un ejemplo etnológico un apoyo a la afirmación lacaniana de que el deseo del sujeto es siempre el deseo del Otro (social, familiar). Unos expedicionarios creen que una tribu de Nueva Zelanda lleva a cabo una terrorífica danza ancestral y les piden a los aborígenes que la lleven a cabo para ellos. Para hacerse entender describen con detalle la danza imaginada. Los “salvajes” la ejecutan asombrando a los viajeros, aunque luego les confiesan que la han improvisado para ellos a partir de los detalles que les proporcionaron, pues nunca la habían practicado. Un ejemplo que le sirve a Zizek para apoyar su tesis de la dominación del individuo por el sistema capitalista.
  • En terreno sociológico, Zizek acude a la anécdota de Picasso en la que éste, ante el asombro de un oficial alemán ante el Guernica que le preguntó, ante la confusión moderna de la pintura “¿Hizo usted eso?“, le respondió: “¡No, ustedes lo hicieron!“. Este caso le sirve para justificar cualquier tropelía que podrá ser defendida en base a atribuir al agredido la causa de la agresión.

Finalmente, se aborda la cuestión de que el planteamiento de Zizek como izquierda indefinida divagante tiene origen en alguna de las modalidades de izquierda definida. La respuesta es sí y que ésta es la Izquierda Comunista por las pistas que el propio Zizek deja en sus escritos. Así:

  • Considera que la oposición izquierda/derecha no es operativa pues se produce en el marco de y al servicio del capitalismo. La oposición a utilizar es capitalismo/anticapitalismo.
  • En consecuencia se es suspicaz con la democracia liberal, aunque cree que debe ser utilizada para criticar al capitalismo.
  • Propone como modelo de conquista del poder a la ciencia (el comunismo era científico) alejándose de los aspectos sentimentales de reacción ante las desigualdades del capitalismo.
  • Acepta el fracaso de las intentonas habidas como parte de un proceso de ensayo y error para la conquista del comunismo. De hecho llega a proponer que ante dos alternativas es más efectivo escoger la peor para provocar una síntesis creativa. La repetición es un salto al pasado que viene del futuro en su fórmula hegeliana.
  • Siguiendo a Lenin, hay que abandonar todo tipo de activismo de los movimiento sociales y centrarse en la acción de un partido que proporcione un revolución “con revolución” y no una revuelta.
  • Considera que los movimientos reivindicativos, tales como el feminismo, antirracismo, ecologismo carecen de la universalidad necesaria para protagonizar la revolución. No es posible la política sin política.
  • Que Lenin no sea asimilado por el capitalismo es la señal de que algo va mal en nuestra sociedad. Lenin dejó proyectos sin ejecutar que deben ser experimentados ahora.

Estas razones para probar el origen definido de la izquierda zizakiana en la izquierda comunista no debe distraer de su verdadero carácter de izquierda divagante, pues este es su rasgo principal. Esto le permite presentarse como europeísta y sostener algunos punto de vista sobre el desarrollo contemporáneo de la política en Europa siguiendo los cambios leninistas a las previsiones de Marx sobre las condiciones económicas del triunfo imparable del comunismo. En esta caso la cuestión de llevar a cabo la revolución en un país en el que la burguesía no cumplía papel alguno por su falta de desarrollo industrial, como era Rusia en 1917. Zizek estaría, de algún modo, siguiendo esta línea cuando pone sus esperanzas revolucionarias en la Grecia hundida económicamente tras la crisis de 2008. La evolución de los acontecimientos posteriores ponen de manifiesto el delirio del planteamiento de una revolución en cadena en los países del Sur de Europa.

LA ÉTICA COMO REFUGIO

Descrito el carácter de la izquierda zizekiana, que la coloca fuera de la política, Robledo trata de ubicarla y encuentra para ella un lugar en una “ética” igualmente indefinida y omniabarcante que cubre desde el perdón de la deuda de países en apuros a la actitud ante los desastres ecológicos, pasando por la tolerancia multiracial o la generosidad con los pobres. Una ambigüedad de propósito que se critica desde el Materialismo Filosófico en base a la violación del principio de Simploké, que implica que no todo está relacionado con todo, so pena de caída en metafísica. Así, en Zizek la ética se convierte en un monismo formalista que extiende sus alas sobre cualquier actividad socio-política. A ese abuso, según el autor, del concepto de ética se añade el del concepto de cultura, pues Zizek se sirve de todas las manifestaciones culturales para barrer para su vaga propuesta revolucionaria. Desde esta posición denuncia el pensamiento dentro del sistema, la interpasividad entendida como una hiperactividad en aspectos inofensivos para el sistema como son las reivindicaciones sexuales o de género, minorías étnicas, etc. Una actividad que Zizek denomina neurótica obsesiva. En “positivo” propone la violencia como factor inherente de la revolución, pero lo hace con la ambigüedad suficiente para poder escapar por la puerta simbólica, si es el caso. Por eso, habla de la violencia de no actuar parcheando el capitalismo. Es el “preferiría no hacerlo” ya mencionado más arriba. Por eso el proyecto de Zizek es ético en sus fines, pero claramente despiadado en sus medios al descreditar toda acción humanitaria. Para Robledo, Zizek expande su propuesta de izquierda más allá de la acción política convencional por el fracaso de la acción política y económica de las modalidades de izquierdas que le resultan más afines. Por eso se sirve de terrenos abonados para la discusión por su intrínseca ambigüedad estructural como es el caso del psicoanálisis de Lacan o la filosofía de Hegel. Si a esto se añade el atractivo de la navegación por las formas científicas más sólidas y las formas culturales más vivas sumado al innegable ingenio de Zizek para extraer de ellas ejemplos que aplicar a sus planteamiento formales, se puede explicar su éxito. Quizá el ejemplo máximo de esta explotación de la riqueza ajena esté en el uso que hace de la física cuántica para explicar fenómenos económicos. Un éxito desde el que trata de revivir el cadáver de la revolución comunista. Un esfuerzo inútil, según Robledo, pues esta estrategia no tiene la potencia necesaria para influir sobre el curso de la historia.

Robledo descarta que el éxito de la filosofía de Zizek en España tenga que ver con su potencia o veracidad. Al contrario considera que se debe a la crisis económica que ha llevado a muchos españoles a buscar fuentes de alivio de su desazón por el fracaso de las estrategias de la economía financiera a la hora de proporcionar un bienestar duradero a las poblaciones. Se sirve de la herramienta Google Trends para probar la correlación entre la crisis y el incremento del interés por el término “Zizek” o el término”Revolución de Octubre” en las búsquedas por Internet. Dado que se habría instalado la idea fuerza de que el estado del bienestar es un derecho inherente a la naturaleza humana, la reclamación por su recuperación se consideraría prioritaria. Un objetivo al que la filosofía de Zizek viene a apoyar con eficacia simbólica, pues en la práctica es la dialéctica entre instituciones con potencia económica, política y cultural la que determinará el rumbo social futuro.

 

 

 

 

(XX) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

Viene del (XIX)…

Todo acto auténtico crea sus propias condiciones de posibilidad“. Esta es una idea a la que Zizek ha dedicado mucha tinta en este libro. Por eso los números imaginarios primero fueron considerados una cuestión marginal y hoy están en el centro de las matemáticas y de la física para explicar mejor los fenómenos. El capitalismo hace igual con cada nueva sorpresa en el desarrollo de la economía, pues en poco tiempo encuentra en su seno un lugar para la novedad. La humanidad en su conjunto usa esa estrategia de no rehuir lo extraño o lo aparentemente imposible perseverando en su logro. Por eso insiste en su condición de histérico (el que quiere saber) con la búsqueda de la jouissance en el objeto imposible de deseo. Por eso propone investigar aquello de lo que no podemos ser conscientes para mejor conocer esa capacidad de aborda lo radicalmente nuevo, en vez de hacer como los cognitivistas que hacen la lista de lo que la conciencia puede hacer (Dennett), partiendo de lo que ya ha hecho. Los evolucionistas (Pinker, McGinn) dicen que la conciencia no se constituyó para explicarse a sí misma y, por eso, no puede hacerlo. Son las explicaciones científicas de porqué nació la metafísica. Zizek cree que a la conciencia también le interesan los problemas que no tienen aplicación evolutiva. Pero esta compulsión la llevó a resolver problemas con soluciones imaginativas de un órgano cuya condición es la persecución imposible de la satisfacción del deseo. Así su triunfo por la supervivencia tendría origen en su interés por cuestiones no directamente relacionadas con ésta (NOTA.- del mismo modo que el deseo tiene su mediación en el uso placentero de partes del cuerpo más allá de la satisfacción de una necesidad) . Todos los avances son aperturas del ser, en el sentido que lo describe Heidegger. Pero ¿Por qué hay un asunto que incesantemente está en el horizonte de la conciencia: el sentido de la vida? No podemos dejar de preguntar por cuestiones que no parecen tener solución. La versión lacaniana de esta pulsión es el object a como aquel objeto-causa de deseo que proporciona el plus de goce porque es algo más que lo que la materialidad del objeto puede dar. El Object a puede aparecer mediante la sustracción: eliminar todo lo que no es objeto de deseo quedándose con el extracto puro de deseo. Es el caso presentado en la novela El Perfume de Süskind. Otro procedimiento es la prolongación: es el caso de exageración en la duración de una escena para generar la inquietud o el goce extra de lo inalcanzable utilizado por Tarkovski en El Espejo, donde la escena de María corriendo a corregir el error que le puede costar la vida se prolonga yendo más allá del aburrimiento hacia la emergencia de lo desconocido. El tercer procedimiento es la obstrucción: el Object a, como el obstáculo que hace fracasar nuestras metas (la astucia de la razón), como en la película de los hermanos Cohen No es País para Viejos. Javier Barden, el asesino, es ese objeto-obstáculo del destino ciego que se interpone en nuestras intenciones. Es ejemplar el caso de la carta de Bujarin a su esposa en la que la consolaba diciendo que, al margen de su desgracia o de la crueldad de Stalin, la URSS triunfaría. Sin embargo, la carta, escrita en 1938, perdida o retenida en los archivos soviéticos, fue entregada a su destinataria en 1992, justo cuando probaba que la muerte de Bujarin había sido en vano.

Zizek encuentra los tres elementos en el capitalismo: sustracción (la plusvalía), prolongación (la inacabable capacidad de adaptación del capitalismo a las novedades) y obstrucción (la que supone la brecha entre los intereses de los individuos y los mecanismo impersonales que genera). La lucha de clases sería para él un elemento galvanizador sin la que las relaciones entre grupos sociales, al carecer de trauma, entrarían en una relación estéril. Hegel daría soporte, según Zizek, a cuatro momentos dialécticos: El gran Otros consistente, el gran Otro inconsistente debido a la función del Object a, que genera el cuarto elemento que retuerce formalmente el orden simbólico. En los siguientes párrafos, Zizek entra en un juego verbal de iniciados en el uso de conceptos psicoanalíticos muy oscuro:

“Quizá este doble estatuto del objet a proporcione también una pista para entender la relación entre la pulsión de muerte y el superego. Hace algún tiempo, Eric Santner planteó una crítica de mi trabajo, cuestionando «El vínculo, incluso a veces identidad… del órgano sin cuerpo y el superego. ¿Deberíamos colapsar así el superego y la pulsión de muerte? ¿No depende todo de mantener al menos una delgada línea entre ellos? ¿No deberíamos hablar de una superegotización de la pulsión? Como subraya Santner, estamos tratando aquí con una división de paralaje, no con la polaridad cósmica de dos fuerzas opuestas: el órgano sin cuerpo y el superego no son como el yin y el yang o los principios de luz y oscuridad. Además, la tensión en cuestión es asimétrica, los dos polos no están equilibrados, el aspecto OsC (Órgano sin Cuerpo) de algún modo tiene prioridad… ¿pero qué tipo de prioridad? No se trata de otro caso de la lógica de autoalienación, en funcionamiento desde Marx y Nietzsche hasta Deleuze, de un poder generativo que se reconoce erróneamente en su propio producto. Es decir, del mismo modo en que, para Marx, el capital es el resultado del trabajo colectivo que se vuelve contra sí mismo, contra su propio origen; del mismo modo en que, para Nietzsche, el resentimiento moral es la productividad de la vida vuelta contra sí misma, el exceso del superego es el exceso del OsC que se vuelve contra sí mismo. Leído de este modo, la tarea pasa a ser la de devolver el resultado alienado de vuelta a su origen, reestablecer el exceso de OsC sin su distorsión del superego. Esta, no obstante, es la lógica que deberíamos evitar a toda costa”.

Yo creo que incluso en una tertulia entre Zizek, Deleuze y Lacan ante las cámaras sería ininteligible la conversación, si la mantienen en estos términos, porque los discursos serían incomensurables. De hecho el intento fallido de Zizek de acuñar lo que el llama “órgano sin cuerpo” lo llevaría a ser insultado por Deleuze. A veces he visto a seguidores de Zizek padecer una especie de desmayo cognitivo cuando quieren explicar estas especulaciones.

Más productiva es su perorata sobre las series paralelas de significantes y significados que vienen a ser, la una, estructura vacía y, la otra, los contenidos, que han sido precedidos por los huecos que han de ocupar. La pura formalidad, en definitiva, se puede organizar sin contenidos, que vendrían después. Las dos series no se acoplan, sino que podemos encontrar lugares vacíos y elementos volantes que literalmente “no encuentran su sitio“. El vacío genera la esperanza de ser ocupado y el elemento homeless perturba la serenidad de la estructura formal que se experimenta incompleta y genera la fantasía de encontrar un lugar desconocido que llenar. El vacío sería en la terminología lacaniana el sujeto barrado (castrado) y el elemento itinerante y pertubador: el Object a. Según Zizek ambos son dos caras de una misma cinta de Möbius y añade pedantemente que el sujeto barrado “no pertenece a las profundidades, sino que emerge de un pliegue topológico de la superficie misma“. Como diría Scruton ¿a qué superficie se refiere?, ¿Qué es un pliegue topológico en este contexto? ¿Qué añade la imagen de la cinta de Möbius a la mera expresión “dos caras de un mismo objeto“? El juego no acaba ahí porque, ahora, el Object a no es un objeto itinerante, sino un vacío, lo que antes era el sujeto barrado. Lo que no es muy chocante, dado que el Object a viene a representar una ausencia (la del Falo) y por eso muestra pero no da satisfacción al sujeto. Por eso Lacan lo presenta como un objeto sin concepto, es decir, un objeto irracional. Pero Zizek no acepta que la discusión se quede en la mera aceptación de que hay una realidad que no puede ser cubierta por la trama conceptual, sino que piensa que el exceso de realidad es un fracaso del concepto universal. Que el Object a no es un exceso de la realidad, sino un defecto del edificio conceptual. Pone el ejemplo de la incapacidad de la izquierda para fijar objetivos que puedan ser objeto de concepto y descarrila fijando sujetos revolucionarios delirantes (Venezuela por ejemplo). El Object a en sus rasgos misteriosos e inabarcables es ese “no sé qué” que me hace amar a alguien en concreto, ese algo que no está en la persona amada, sino en uno mismo a la búsqueda del deseo del otro en su mirada.

Lacan añadió a los objetos parciales de Freud (pechos, heces, falo) dos específicos: la voz y la mirada que son interpeladas desde un otro concreto o desde una psicótica y delirante realidad imaginada. Cuando miramos buscamos una mirada, cuando hablamos respondemos a una llamada primordial. Son las condiciones de posibilidad de nuestra llamada y nuestro habla. Pero ¿dónde incluir en un marco metafísico al Object a?. Según Balmès es Lacan el que le encuentra el sitio al preguntar por el ser. Antes de lo simbólico no es posible comprobar si falta ser en la conceptualización, pues toda la realidad está justificada en su presencia bruta. El ser humano no es un objeto cualquiera en medio del ser, porque el ser (Heidegger) aparece en él. Peor aún, en el “claro del bosque“, donde aparece el ser de la mano del lenguaje, no está todo el ser. Algo falta en el acople del lenguaje, del orden simbólico al ser. Esa falta, esa carencia se vive en la subjetividad como deseo del  Object a. Tanto la mirada como la voz, vienen a complementarse, pues se oye lo que no puede verse, y se ve lo que no puede oírse y para coser ambos universos, la metafísica.

Y de repente nos encontramos leyendo, tras unos tramos del libro parecidos a esos de la carretera en los que no podemos asegurar por dónde hemos pasado, sobre el lacaniano “Nombre del Padre“, representación simbólica de la función “padre”, que es inalcanzable por cualquier padre empírico, o de la “Inexistencia de la Mujer“, pero no de la mujer empírica frente a su rival simbólica, que, por lo tanto, se vuelve fantasmática y debe ser soportada por el Object a. Cerca acecha el “Órgano sin Cuerpo” que para Zizek es el Falo en la medida en que es el órgano, no del individuo concreto y de su cuerpo, sino un arma simbólica de un Otro, de un poder ajeno que me utiliza para sus fines. También hace acto de presencia el Amo simbólico, ese que puede encarnarse en la mas desvalida, aunque despiadada criatura (el capo di capi es cruelísimo, pero su poder se ejerce a través del halo que lo rodea y lo hace inaccesible). El que ejerce el poder por tener algo más allá de sí mismo (la fascinación que causan los santones de las sectas), puede ser objeto de odio a través de esa misma energía excedente. El millonario amado por sus millones está más seguro que el que enamora por la fascinación que causa su exceso seductor. Siguiendo con las fantasías como deseo realizado, Zizek avisa: no es nuestro deseo, sino el deseo de los otros. El niño es un campo de batalla de los deseos de todos los que le rodean y genera una fantasía que dé respuesta. Esta llamada de los demás alcanza su paroxismo en el racismo que lleva al sujeto a una acción tenebrosa para atenderla. Problema al que la ilustración no ha dado respuesta, fascinada como está por el objeto de su crítica. Es la fascinación que el malvado genera en la ficción por su presentación bajo la forma de un actor conocido y admirado. En el catálogo de fantasías eficaces, Zizek menciona los juegos perversos del totalitarismo que describe Kafka en El Proceso y la versión de Orson Welles. De una parte, la pretensión del poder de convencer a los ciudadanos de la existencia de fuerzas secretas poderosas e irracionales (los servicios secretos). K. es culpable por desvelar esta verdad. Es culpable por declararse inocente, por creer en la racionalidad, por no creer en el misterio del Poder. El antídoto es no creer en la fantasía que nos propone el poder, en dejar caer su castillo fantasmático. Un desvelamiento para el que no estamos seguros de estar preparados. Por eso la propuesta de Lacan no es librarse de la fantasía atravesándola, sino identificarse plenamente con ella para su total destrucción.

Lo imaginario tiene que ver con lo visto y lo simbólico con lo que no puede ser visto. Con los simbólico lo imaginario gira hacia la apariencia, escondiendo una realidad oculta. Lo simbólico crea una apariencia de apariencia, un mundo más allá de lo cognoscible. El nombre para esto “que no existe nada más que en sus efectos” es virtualidad. Detrás del telón de la realidad no hay nada más que vacío, por eso lo rellenamos de sueños y fantasías y sacralidad, lo que genera dos niveles de apariencias: las visibles que muestran su negatividad permanente y las invisibles (soñadas, simbólicas) que creamos nosotros tras las primeras. Platón se opuso a la pintura por ser la imitación de una imitación. Los sueños son la cura para la nada, el vacío, que es colindante con las apariencias tangibles (la de las cosas físicas). Entre las dos apariencias hay un velo. Si Dios es la causa de que haya algo “en vez de nada“, Dios es el velo y el contenido máximo de la apariencia simbólica. Dado que Dios es el gran Otro, lo que encontramos tras el velo es la mirada del otro. En toda imagen hay un punto ciego, desde el que somos mirados, pues la pulsión de ver es la de “hacerse ver“, como la Incas hacían imágenes que sólo podían ser observadas desde el aire por una mirada de un otro no definido, una mirada flotante. Lacan no quiere practicar la hermenéutica, sino que reduce el significado al sinsentido del significante. En ningún caso pretende desvelar un significado oculto.

El YO

Partiendo del clásico de la acomodación de una teorías que son los epiciclos que trataron de salvar la visión ptolemaica del universo, para preguntarse si es conveniente salvar o mejor sustituir las teorías psicológicas de Freud por la neurociencia. Hay cuatro versiones del yo:

  1. La cotidiana y precientífica
  2. La filosófica
  3. La neurocientífica
  4. La freudiana y lacaniana

2 y 4 son rechazadas por 3 como curiosidades históricas, que considera 1 legítima y digna de explicación. Zizek considera una tarea comprobar si 2 y 4 indican una dimensión legítima y enriquecedora de la que está carentes tanto 1 como 3.

Zizek empieza explorando la estructura autorreferencial de la conciencia en Hofstadter, quien afirma que el yo es “una ilusión a gran escala creada por la confabulación de muchos sucesos pequeños e indiscutiblemente no ilusorios“. (NOTA.- parece una propuesta revolucionaria, pero eso no hace al espíritu más insustancial, pues toda la realidad tangible es resultado de la ilusión de solidez de una materia vacía). Alude al famoso párrafo de Hume en el que disuelve el yo en impresiones concretas que van y vienen. (NOTA.- Tal parece que el yo es una potencialidad del cuerpo que sólo se hace presente cuando se ocupa de una idea concreta, procedente de un estímulo procedente de su actividad o de su memoria). Para Hume el Yo es una teoría, una idea, pero no una realidad. (NOTA.- Al yo que cree que es un yo, hay que buscarle explicación en el fenómeno de la atención en los animales. El yo es la traza de la capacidad de atención vuelta sobre los procesos cerebrales. Si se explica la atención, se explica el yo, que sería el reflejo que la atención recibe de los procesos cerebrales cognitivos, tales como memoria imaginaria o simbólica). Para Zizek no existe el yo ilusorio de Hofstadter, sino el vacío de Hume y Kant. No es posible el paso cartesiano de “yo pienso” a “yo soy una cosa que piensa”. Zizek cree que hay un obstáculo para que el yo se conozca a sí mismo, pues en ese acto desaparecería. Pero también piensa que algo percibe que el yo es una ilusión y que ese observador, la actividad misma de observar es un hecho ontológico positivo. El yo es transparente pues no se “ve” en su actividad de percibir contenidos concretos. Kant distinguía entre el Yo que piensa (los procesos subyacentes) como sustrato ignorado por la subjetividad. Para Kant el yo no sustancial ni es su sustrato nouménico, ni el contenido fenoménico de la subjetividad. El yo no es nouménico ni fenoménico es un vacío que Lacan llamó sujeto barrado. El yo es una representación de “nada”. Un tercer término se incorpora a la dualidad sustrato neuronal y automodelo del yo y es un elemento virtual que es el soporte no fenoménico de la apariencia. No es parte de la realidad, sin que es para-sí, como advirtió Fichte. El sujeto existe para un sujeto, no para una visión externa, objetiva. También rechaza la pretensión de que la totalidad del conocimiento físico no explicaría la conciencia. De momento considera que nuestros “espejismos” fenoménicos son construcciones de alto nivel bien correlacionadas con el fenómeno sustantivo susyacente que nos permiten simplificar la relación con la realidad para ser supervivientes eficaces. Son simplificaciones necesarias para nuestra capacidad de proceso. Incluso nuestra sensación de libertad o intencionalidad se funda en la ignorancia de los complejos procesos causales subyacentes. (NOTA.- Y sin embargo en el simplificado nivel fenoménico del sujeto es posible un golpe de timón desde el ático causal porque ante él no se presenta una única opción. Cualquier decisión puede ser explicada a posteriori por la cadena neurológica, pero al cabo el rumbo de la cadena causal fue señalado en el último nivel). 

Zizek, que se encuentra cómodo en lo sorprendente, insiste en que la pretendida realidad del sustrato físico se disuelve en la sucesiva partición de la materia hasta, prácticamente, quedarse sin nada “en las manos”. Tras el largo viaje buscando el dorado, la mina está vacía, por lo que la “sustancialidad” del yo, ilusoria o no, hay que buscarla más arriba, en los niveles complejos de la realidad de un sujeto concreto y su biografía. El yo se constituye en la vida de interacciones del sujeto real. El yo se incluye autoreferencialmente en su propio discurso mediante el significante Amo que establece una cadena causal hacia abajo: las palabras crean cosas. Al nombrarme, la pensarme me creo. Es lo contrario que con los significantes rígidos que son creados por las cosas en una cadena causal hacia arriba. El Yo es un vacío en el que se detiene el regreso al infinito de las imágenes especulares en las que un espejo refleja la imagen de otro espejo. “Yo me vivo como ausente”. Si para Gödel, la falta de pruebas de lo que no se puede decir, es una prueba de su verdad, la constatación del fracaso en la representación del sujeto, es la prueba de que estamos cerca. El sujeto surge en el fracaso de representarse en una cadena de significantes. El sujeto es una presuposición no comprobable. Algo que no puede demostrarse positivamente, sino inferirse del fracaso de intentarlo. El sujeto sería los inaccesible y, al tiempo, el obstáculo que impide el acceso. El sujeto, según Lacan, es la respuesta de lo Real a la pretensión de simbolizarlo, esto es, expresarlo con el lenguaje. Por mucho que se trate de disolver al Yo en lo inconsciente o involuntario como como una marioneta de las cadenas causales, está ahí interviniendo desde su precariedad de forma efectiva. La libertad es la capacidad de elegir entre alternativas, todas ellas causalmente determinadas que pugnan por ser seleccionadas.  Aunque sea incapaz de “ver más abajo” de los símbolos la burbujeantes actividad neuronal o “más abajo aún” las trepidante actividad subatómica. ¿Pero si toda esta actividad está sostenida por la nada, porque nos resulta más real que nuestro yo que se ha revelado como un vacío?. ¿Por qué llamar ilusión al yo y realidad al resto del mundo?. De todas no habrá en el yo nada que no sea compatible con su sustrato, de modo que la simetría nada-vacío es muy sugerente. Obviamente, acabamos necesitando algún oxímoron como “nada creativa” o “vacío sustancial”. Vacío autorelacionado. En este nivel todos somos iguales. Sin embargo en el nivel que incluye nuestra biografía y todos los sentimientos asociados no todos somos iguales, pero ese es un camino hacia peligrosas distinciones en la dignidad humana, que debe ser cortado inmediatamente, en opinión de Zizek.

FINAL

El psicoanálisis nos hace conscientes de lo que realmente somos y lo que deseamos y, así, nos deja, en teoría, en condiciones de tomar decisiones en libertad. Con él estamos preparados para la acción moral. Pero para una acción “de centro”, según Freud y el último Lacan, que ya no aspira a saber “toda la verdad” y “atravesar la fantasía”. Hay que evitar las turbas que son arrebatadas por la pulsión de muerte, una vez perdido el vínculo social (la masas de Haití portando a los enemigos quemados). A la pretensión de la cura por la palabra se opone el sinthome, el resto indisoluble. El análisis, en última instancia, ayudaría a gestionar el propio yo, reapropiándonos de nuestro deseo, sin permitir que el sinthome lo haga a nuestras espaldas. Se mantiene el goce y el sentido sin que el sujeto se disuelva en el “abismo de lo Real”. Para esa lucha la universalización de la ciencia tiene el inconveniente de la laminación del goce individual. El psicoanálisis es perseguido en la medida en que se opone a la uniformización. El mayor peligro vendría de descubrir el esencial carácter de apariencia del entramado social y actuar en consecuencia. La salud vendría de deconstruir apariencias cuando se tengan apariencias alternativas. Es una especie de cinismo pragmático que acepta la arbitrariedad como tránsito hacia otras arbitrariedades. Se vindica al significante Amo porque la alternativa es la destrucción social. Pero siempre queda el goce que nos permite olvidar momentáneamente lo simbólico e instalarnos en lo Real aparcando las apariencias.  Contra la diversidad del goce, la uniformidad de la mercancía. Al final, Zizek se pone el traje ajustado y la capa y sale a defender un comunismo irreconocible de goce individual y lo presenta como una “reconstrucción social que crea el espacio para su despliegue libre“. Como lacaniano sería más interesante que propusiera un nuevo significante para esta posibilidad de armonía entre los particular (el sujeto) y lo universal (la organización social). Es complicado, pero hay que tomarse en serio a las apariencias simbólicas por su carácter virtual, es decir, por su capacidad de producir efectos. Precisamente, Zizek cree que la violencia estalla, no cuando hay mucha contingencia, sino cuando se intenta eliminar. Para ello es necesario eliminar los componentes humillantes de la jerarquía. Una humillación que hace emerger la envidia como el deseo del mal ajeno, antes que el bien propio. El problema no está en el egoísmo del que procura para sí, sino en el envidioso el resentido. Para ello hay que evitar los límites impostados de las ideologías, incluida, según Zizek, la ideología ecologista. Para Zizek, se corre el riesgo de que se convierta en el nuevo opio del pueblo en el capitalismo global. En su gusto por las paradojas nos ofrece una referida al calentamiento global: “habrá una catástrofe, pero esperad pacientemente”, pues, en realidad no sabemos cuando llegará. Nuestro conocimiento no es suficiente como para convencernos de que debemos hacer caso de los que sabemos. Entre tanto la maquinaria desubjetiva la acción social que es reducida a pura administración, tanto por la izquierda como por la derecha. En un caso con descaro y otro de forma vergonzante. Para rematar, Zizek trae a su íntimos amigos lacanianos: el object a, forma de todos los deseos y la lamella, ese exceso corporal que es la libido, la vida siempre presente, indestructible. Y también a su alter ego Hegel, que con su inmortal dialéctica del Amo y el Siervo, envuelve la lucha eterna del deseo inagotable por lujos que le puedan ser presentados, lo que se complementa con el goce de la renuncia al goce mismo, mientras se buscan salidas. Zizek rechaza la resistencia a la trama estructural, al dispositif, al gran Otro. La política emancipatoria “está en otro lugar” distinto de la resistencia subjetiva marginal: está en la ruptura radical en el interior del sistema, que tiene su propia dinámica de transformación. Una acción en la que la fantasía juega el papel de sostener la consistencia de la realidad. ¡¡¡

El libro acaba dando la sensación que podría seguir otras mil páginas sin más problemas que encontrarse de nuevo con los remolinos que obsesionan a Zizek: la negatividad, el Object a, la pulsión de muerte, el sujeto barrado, el significante Amo, el exceso plus de goce del deseo, el gran Otro, la autopostulación… y, por supuesto, la revolución imposible a la que no hay que renunciar, precisamente por imposible. Un cambio para el que receta el silencio como arma definitiva, pues todo lo que se diga podrá ser neutralizado. En todo caso, recomienda que lo que haya que decir se haga con la estructura sintáctica del juicio infinito de Kant (afirmando la negación). Asi es preferible decir con Melville “Preferiría no hacerlo” a decir “No quiero hacerlo” directamente. Es una forma de rechazo integral (tipo la CUP) en la que se afirma el rechazo. La diferencia es sutil, es mínima, es pura y abre, según Zizek, el espacio para lo Nuevo. Cualquier acción que se limite a negar y no afirme lo que quiere es, en realidad, un motín del que, en todo caso, surgirá un nuevo Amo. Es necesario considerar alguno de los acontecimientos actuales, no como preguntas a las que buscar respuestas, sino respuestas de preguntas que no conocemos, pero que es decisivo encontrar. Zizek, finalmente acaba el libro flirteando con la recuperación de las causas perdidas y su provocadora propuesta de la incomplitud ontológica de la realidad. Se refiere a su querida mecánica cuántica como adorno científico y soporte de algunas fantasías indemostrables, pero no por ello menos sugerentes. Dado que en el nivel cuántico la realidad se vuelve borrosa, él propone que, en vez de pensar que hay un defecto en nuestra aproximación epistemológica, lo que realmente se da es un fallo en la propia constitución de la realidad. Hace la broma (eso creo) de que el mundo tenga la estructura de un juego de vídeo en el que la simulación de la realidad se lleva hasta donde es necesario para conseguir el objetivo de que el jugador tenga la sensación de realidad. Así cuerpos sin órganos, pero que sangran o edificios perfectos sin un interior visitable, si no ha de ser visitado. Algo parecido a la pretensión de algunos enemigos de la Teoría de la Evolución que, no pudiendo negar la existencia de fósiles, los atribuyen a su contemporaneidad con el acto de creación divina. Algo así como si Dios hubiera gastado la broma de hacernos creer que el mundo era más antiguo de lo que indica la Biblia. Así la borrosidad cuántica, su incertidumbre, sería la señal de un mundo inacabado, no de una incapacidad de comprenderlo del hombre. Respecto del libre albedrío y su rigidización causal, dice que el azar imperante en el nivel cuántico indica la condición de espejismo del determinismo, e incluso de la solidez (aparente) de la realidad. Finalmente hace una forzada sexualización de la ontología, cuando se empeña en llamar femenina a la “multiplicidad irreductible” y en llamar masculina a la operación última de sólo poder dividir “la última” partícula en ese algo y la nada. En el caso masculino toda multiplicidad sería combinatoria de esa particular final indivisible y femenina o borrosa la posición de la multiplicidad irreductible a una única entidad. Obviamente saca la consecuencia de que la posición sexual desfigura al observador. Las antinomias de Kant cobrarían toda su vigencia y la Razón tiene que renunciar a conocer en el sentido convencional toda la realidad. Pero Zizek, dice que este rasgo de incomplitud con origen en la sexualidad es, sin embargo, el único modo de que ese “defecto” ontológico se inscriba en la subjetividad, puesto que la sexualidad no sería una capa contingente al sujeto, sino la condición de su constitución más allá de la segregación hormonal. Para Zizek no debe extrañar que la realidad se muestres esquiva, desde el momento que se postula el logos (una parte) por el todo.

and so on, and so on“, como suele decir Zizek en sus conferencias…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(XIX) Menos que nada. Slavoj Zizek. Reseña (20)

… viene de (XVIII)

Zizek arranca en el último tercio de su libro con el correlacionismo, es decir la idea de que, dada nuestra condición de seres que constituyen la realidad indefectiblemente, el conocimiento es cosa de la correlación entre el sujeto y el objeto. Una condición que hace que incluso el pasado de la naturaleza sea una cuestión socio histórica. Una correlación que hoy se vive como un límite infranqueable propio de la finitud humana. Esta finitud es un hallazgo filosófico del siglo XVIII en el que Kant jugó un papel fundamental. Pero con la crítica a la religión, llegó la crítica a la razón y con ella se abre una puerta a búsquedas esotéricas de un Dios más allá de lo racional. El propio Kant limita la razón para dejar un espacio a la moral. Tanto Levinas com Derrida ponen las bases para un Dios más allá del ser. Así la ilustración conduce a su propia negación. La crítica a toda metafísica conduce a la demolición de las propias bases metafísicas de la razón. La consecuencia es la desconfianza incluso en la ciencia como guía de la acción. Una situación en la que la palabra Dios no indica un ser que vela por el destino del ser humano, sino el nombre para la esperanza de cambio. Es la muerte de la muerte de Dios. Zizek, citando a Meillassoux cree que la confusión partió ya de Kant que rechazó la aplicación de la razón a lo Absoluto como si fuera incompatible con la contingencia radical. La prohibición kantiana de ir más allá del fenómeno no hace desaparecer al Absoluto. La crítica al dogmatismo ha acabado en la vuelta del credo quia absurdum. Zizek defiende a Hegel del reproche de pasar del concepto a la realidad aludiendo a que su punto de partida es la pura contingencia del ser. También lo defiende del ataque a la dialéctica según el cual no es posible ningún desarrollo si una cosa no puede pasar a ser su negación, si “ya” lleva esa negación en sí, por lo que se llegaría a una oscilación entre polos en vez de un devenir. Zizek sigue de cerca el libro Meillassous (After finitude) en sus aspectos más paradójicos, cuando afirma que lo único necesario es la contingencia porque toda necesidad es contingente, desde el momento que no tiene razón de ser o fundamento. (NOTA.- Es la antigua creencia de que la Tierra está sobre cuatro elefantes que tienen sus pies puestos sobre una tortuga gigante que nada en un mar, que está contenido ¿en qué?). Ahora Zizek llama la atención sobre la intención del autor de burlarse de la pretensión de que el giro kantiano fuera denominado “copernicano” cuando fue, en su opinión, un regreso a la posición centrada previa del medievo frente al descentramiento de Galileo. En concreto, frente a una ciencia moderna que quiere describir la realidad “tal y como es”, Kant cierra la puerta a la cosa en-sí para permitir solamente el acceso al fenómeno. Meillassous aporta un criterio para distinguir entre las tradicionales propiedades primarias (en el objeto) y secundarias (en el sujeto), que es el de la matematización. Lo que puede ser formulado en forma matemática es objetivo. Una pretensión que tiene como diana a los filósofos del siglo XX que niegan toda posibilidad de objetividad de la ciencia, que se desarrolla en un “mundo de la vida” (Husserl), o con los objetos “a la mano” (Heidegger). Una crítica que estaría confundiendo la génesis de la ciencia con su valor, desde Galileo a la genética. Posición replicada por el hecho de que lo objetos de la ciencia son siempre seleccionados en un contexto macro y micro social que los contamina. (NOTA.- La contaminación socio subjetiva de la ciencia, creo que, siendo verdadera, no tiene proporción relevante con sus logros).  Todo el mundo anda queriendo dar un giro copernicano, porque Freud también presumía de eso al sacar al yo de su posición central y trasladar el núcleo al inconsciente. Pero Zizek, dice que el giro en Kant no es del objeto al sujeto, sino una reinterpretación de la experiencia del sujeto. Un enfoque que equivale a la interpretación del giro freudiano, que no consiste en pasar del consciente al inconsciente, sino en la transformación del sujeto sustancial idéntico a sí mismo en un sujeto barrado, partido, vacío. En estas vueltas y revueltas Zizek aborda el núcleo de la propuesta de Meillassoux para abordar la dureza de la autopostulación de la realidad y su reflejo en el sujeto constituyente de esa misma realidad. Nada de mundo oculto tras los fenómenos, nada de cosa en-sí, nada de episteme tras la doxa. Nada. No se nos oculta nada, porque, incluso ese ocultamiento, es una realidad que completa la realidad que creemos percibir en exclusiva. (NOTA.- No es un problema de finitud y limitación del conocimiento del hombre, sino de aceptación de la multidimensionalidad de lo que se nos presenta a través de los canales de comunicación que poseemos).

Hegel estableció tres posiciones de la Razón frente al Mundo: la metafísica, la crítica y la especulativa. La primera se refiere a la necesidad absoluta trascendente; la segunda a la limitación del conocimiento a lo fenoménico y la tercera parte de la posición crítica y considera la necesidad de la contingencia. Es la búsqueda de las leyes del caos, al que se le reconoce su omnipresencia, hasta el punto de que si existen tales leyes sólo pueden provenir de la naturaleza del propio caos. Para Hegel las leyes necesarias son contingentes porque no hay razón para que existan: “son lo que son”. Cuánto más regularmente se comporta la naturaleza, siguiendo sus leyes necesarias, “más contingente  es esta necesidad”. Si las leyes son eternas, inmutables, tanto más se pone en evidencia su contingencia. El desarrollo de la Lógica de Hegel es el despliegue del proceso inmanente de autolimitación o autonormalización de la omnipotencia del caos. La cosa en-sí, la cosa “como realmente es”, no es ver otra realidad más profunda fuera del alcance de nuestras posibilidades, sino ver esa misma realidad en su total contingencia. Meillassoux reprocha a Hegel que la necesidad de la contingencia no la extrae de la misma contingencia, sino de un Todo ontológicamente superior. Zizek compara la propuesta de Meillasoux de ver la brecha, la distancia que, aparentemente, nos separa de la cosa en-sí, como un constituyente de esta con la diferencia entre el deseo y la pulsión en Lacan. El primero tiene como causa y objeto al Object a, que siendo el vacío que representa dejado por la pérdida materna, llena con la fantasía ese vacío, con la metonimia del deseo. Al contrario de la pulsión que no busca tanto el objeto perdido, como es la propia pérdida, la brecha, la distancia. La pulsión es esa pérdida irremediable, el freno y, por tanto, es siempre pulsión de muerte, pues a ella lleva la persecución. La pulsión orbita sin remedio alrededor de un vacío. Por eso la alternativa del conocimiento no es “quemarse en la proximidad de la Cosa (en-sí) o mantenerse a distancia”, sino “no dejar nada sin atar” y oponerse al pensamiento postsecular, que pretende volver al encantamiento previo de la realidad, a la vuelta de lo Sagrado. Pare ello, Zizel propone volver al principio a Parménides y su equiparación de pensamiento y ser. Para ello afirma que al contrario que Platón, que afirma que aquello de lo que se habla tiene que existir de algún modo, sólo se puede hablar de lo (potencialmente) no es, pues no hay discurso sin agujero en lo Real, pues de lo que se habla está destinado a no ser. Es decir Pensar y no ser es lo mismo. Y ello es posible si “todo lo que hay” es un vacío, una metonimia de la nada.

Tras este viaje tratando de disolver la cosa en-sí, Zizek, vuelve armado a la cuestión inicial de la correlación entre sujeto y objeto y el problema de la interpretación de la existencia de la naturaleza antes de la aparición de la conciencia. Al rechazar que para pensar la realidad tienen que haber un sujeto al que esta realidad se le aparece, Meillasoux sigue atrapado dentro de la oposición entre fenómeno y noúmeno. Paradójicamente piensa que podemos acceder y pensar la cosa en-sí. Lacan cree que la constitución del sujeto se hace desde un apartamiento de éste respecto de la realidad. Por eso el problema no sería pensar lo Real fuera de la relación sujeto-objeto, sino pensar lo Real dentro del sujeto, en su núcleo. El problema para Zizek no es si podemos llegar a la cosa en-sí tal y cómo es al margen de cualquier correlación con el sujeto, sino como pensar al sujeto como objeto. Cree que la clave no está en superar el en-sí diciendo que no hay nada más allá de la apariencia excepto lo que el propio sujeto puso ahí, sino relacionar el en-sí con la división en el propio sujeto. Por lo que no podemos terminar de cerrar la correlación trascendental no es la realidad trascendente que se escapa del alcance del sujeto, sino la inaccesibilidad del objeto que es el sujeto mismo. La distorsión epistemológica de nuestro acceso a la realidad es el resultado de nuestra inclusión en ella, no de nuestra distancia de ella. El Object a es la mota de polvo en el ojo del sujeto. Lo Real como sombra que nos perturba está del lado de lo simbólico. Es la parte de la realidad que se aferra a lo simbólico. El reino simbólico no puede cubrirlo todo y lo Real es su complemento. La incoherencia de la realidad hace necesario un significante Amo que interviene performativamente en ella. Los fragmentos de lo Real son recogidos y almalgamados por el significante Amo que, sin embargo, no puede pensar lo que descentra al sujeto desde dentro. La realidad presubjetiva es objetiva “en la medida que es observada desde nuestro punto de vista”. (NOTA.- la reconstrucción de un dinosaurio a partir de la información que nos proporcionan sus huesos “padece” las mismas antinomias que nuestra relación con el presente) 

RESUMEN

Este fragmento del libro de Zizek se plantea la recurrente cuestión de la relación entre el sujeto y el objeto, por la inextirpable sospecha de que “hay una realidad detrás de nuestras experiencias sensoriales y nuestras elaboraciones conceptuales, que constituye la auténtica realidad”. Y lo hace hasta el punto de plantearse la cuestión de, si se necesita un sujeto para que la realidad, tal y como la conocemos, exista, ¿qué pasa con el mundo antes de la llegada del hombre?. La solución Zizek es la asimilación de esa sospecha como parte de la realidad que es consecuencia de la propia condición del sujeto que, como parte de la realidad, no logra verse como objeto. La distancia a la realidad en-sí no es tal, es nuestra inclusión en la realidad lo que crea el espejismo de una realidad en-sí al margen de nuestra experiencia de ella. Es la influencia de nuestra fractura como sujetos que no podemos objetivar ni nuestra propia condición de parte de la realidad. Lo que genera el fantasma simbólico de lo Real como amenaza.

(NOTA.- El problema se puede resolver por la generalización del concepto de sujeto (homínido, mamífero, vegetal, mineral). Es decir, siempre ha habido algún tipo de sujeto recibiendo, aún de forma pasiva, la energía desprendida del resto del mundo. El mundo está ahí, es el origen del sujeto humano, que es el primer tipo de sujeto que se pregunta si la realidad depende de él, cuando, a lo sumo, él proporciona una versión de la realidad que completa instrumentando con el pensamiento la percepción de aquello que no recibe de forma natural. Todo ello como resultado de su costosa y elaborada estructura resultado de alcanzar las capacidades de supervivencia sobre el resto de la realidad)

No pasa desapercibido que enfrentados a un mundo sin creador (que lo hubiera sólo trasladaría el problema a otro sitio) la necesidad se vuelve innecesaria (contingente) por su propia arbitrariedad.

Sigue en (XX)…