Filosofía, la hermana exigente


Desde que aquel cura me echó del confesionario supe que pensaba por mí mismo. Era una fría mañana de diciembre en Burgos. Yo tenía 16 años y fui a confesar mis dudas. No elegí un buen lugar, desde luego. El Burgos de 1966 tenía sus calles llenas de curas preconciliares y militares. El otro episodio que me dió la pista de mi interés por el pensamiento autónomo fue la lectura de una revista en el antiguo hospital de San Carlos de Murcia mientras hacíamos compañía a un enfermo. Había un artículo sobre Teilhard de Chardin que me puso en la ruta. Naturalmente Teilhard hace tiempo que quedó atrás, pero lo siguiente fue empezar con la licenciatura de filosofía en la Facultad de Murcia. Era el año 1978.

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