OLYMPUS DIGITAL CAMERALos jóvenes arquitectos se caracterizan por estar dotados de la capacidad de la paradoja y la contradicción. “Paradoja: para – doxa” significa “lo que contradice las opiniones aceptadas”. “Contradecir” es más explícito y, como se ve, es oponerse también pero a una escala menos provocadora. De modo que el joven arquitecto aprende a cuestionar lo conocido doblemente gracias a sus también jóvenes profesores. Un buen ejemplo de esta actitud es el de Carlos Arroyo, que habiendo cumplido los 52 años se mantiene fresco mentalmente ofreciendo un ejemplo para los jóvenes que ahora buscan su camino. Estudió lingüística en Londres, lo que pone de manifiesto una vez más la importancia del mayor grado posible de formación extra técnica para quienes han de manejar la tecnología en el futuro. Carlos Arroyo reflexionando sobre la sociedad moderna no se limita a escribir, con todos los respetos a quien escribe bien, sino que pasa a la acción. Su ayuntamiento y centro cívico de Oostkamp en Bélgica es un ejemplo de lo que proclama. Cumple todo el programa de sostenibilidad, flexibilidad y bajo costo global todo considerado en el marco de una economía circular. Y todo ello sin renunciar a la expansión del espíritu que la buena arquitectura produce en los usuarios de un edificio. Aprovechó la infraestructura y la estructura preexistente pensando de forma paradójica al hacerlo contra la opinión general de derribarlas; creó un espacio mágico en el interior y consiguió las metas de flexibilidad funcional y transparencia orgánica de una forma absolutamente brillante. Seguramente se entendió bien con sus interlocutores porque habla un inglés impropio de un español.

Este ejemplo de arquitectura coherente con el pensamiento es magnífico, pero mejor aún es que el pensamiento subyacente sea tan pertinente a los problemas de la sociedad actual. La sociedad líquida es una metáfora de Zigmunt Bauman, el sociólogo polaco que puso sobre la mesa las consecuencias de la postmodernidad. Obviamente la metáfora tiene sus límites pues nadie compara a la sociedad actual con el agua como líquido paradigmático, sino las características de los líquidos expuestas de una manera abstracta. Es claro que la sociedad, siguiendo con la metáfora, ha introducido más energía en el sistema produciendo “vibraciones” en las partículas y las separa lo suficiente como para que el conjunto se adapte a cualquier continente o situación. Hay quien se extralimita y habla ya de la sociedad gaseosa, obviamente más flexible pero con la característica adicional de desorden endógeno y no impuesto por las coacciones de, pongamos, una institución y sus reglas. Cuidado, porque el término “gas” procede del griego “chaos” lo que supone volver al estado de violencia e individualismo descrito en el Leviatán de Hobbes. Desde luego si se rompe el contrato social mínimo de distribución justa de la riqueza y la libertad está garantizado el desorden en una sociedad bien informada. Entre tanto la liquidez postulada por Bauman es tomada por Arroyo para hacer el bien. Para proporcionar a los nuevos tipos de familia y empresa (las dos formas de ser productivo) y para las muchas formas de participar en la política o para nutrirse del amor nuevos espacios que, obviamente, dota de todas las características propias de una sociedad líquida no turbia: transparencia, flexibilidad y una aspiración de trascendencia inmanente para que nuestros hijos reciban edificios útiles por su capacidad de cumplir nuevos programas o de ser desmontados para incorporarse a la economía circular, aquella en la que el residuo lo es de una materia previa concebida para ser útil más allá de su muerte. Cuando se hace arquitectura con un buen fundamento intelectual sin pretensiones del oscurantismo, y este es el caso claramente, el arquitecto se transforma en un pensador que hace cosas. Cosas que ya no son sólidas rocas, sino evanescentes acontecimientos. Justo lo que necesitamos pues con rocas se hicieron los palacios y sus lúgubres sótanos que fueron rehabilitados por la arquitectura del perdón, Ahora hay que construir en un mundo complejo pero que queremos abierto y al servicio de la gente, lo que requiere una arquitectura inteligente y decente a la altura del desafío que nos plantean aquellos que quieren hacer de la liquidez social una poción oscura y deletérea.

Carlos Arroyo dará mañana, día 23 de noviembre de 2016, una conferencia en la ETSAE de la Universidad Politécnica de Cartagena.

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