El error como método


En mi corta vida ya he tenido la oportunidad de comprobar dos veces una de las formas más eficaces de evolución del lenguaje: el error en su uso.
Ya me pasó con el término “lívido”, que originariamente significó “amoratado”. Por eso, en las novelas policíacas, dado que a los cadáveres por estrangulamiento se les pone la piel morada, los escritores describían el rostro del finado como lívido. Pero, puesto que el lector que no ha visto nunca, probablemente, un ahorcado o estrangulado, tiene en la mente que los cadáveres que el frecuenta tienen el rostro pálido, pronto empezó a designar como “lívido” el rostro de alguien asustado al que la sangre abandona sus mejillas. El diccionario de la RAE dejó de batallar sobre 1970 y añadió una segunda acepción de “intensamente pálido”. Así un cadáver puede estar morado y blanco al mismo tiempo. No sé cómo se las apañarán los forenses en sus informes. En todo caso no se puede decir que sea un ejemplo de precisión del lenguaje.
Pue bien, en este momento está ocurriendo algo parecido. En efecto, cada vez que alguien en los medios de comunicación quiere decir que algo es violento, desde unas manifestación a una explosión, dice que que es “virulenta”. Esta palabra se ha puesto de moda a partir de su uso figurado en relación con las redes sociales. Lo que está bien, pues, en efecto, cuando un tuit o un vídeo, pongamos por caso, multiplica su reproducción a gran velocidad imita el modo en que un virus infecta a un organismo. Y ese uso es figuradamente correcto porque en el diccionario encontramos que “virulento” significa “Ponzoñoso, maligno, ocasionado por un virus, o que participa de la naturaleza de este.”. Pero si lo que se quiere decir es que alguien “actúa con ímpetu y fuerza o se deja llevar por la ira” o que algo “implica el uso de la fuerza, física o moral” se debe decir que es “violento”.
Soy consciente de que esto que acabo de escribir no tiene ningún efecto. De modo que hay que prepararse para que en poco tiempo el diccionario equipare “virulento” a “violento”, lo que implica que a alguien que se enfada con facilidad o que se emplea a bofetadas lo llamaremos “virulento”. Y los golpes de Rafa Nadal a la pelota serán “virulentos”, por supuesto.

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