El libro “Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo” de Eduardo Verdú, un joven periodista y escritor tiene un argumento fácil de contar en pocos minutos, pero contiene el drama completo de lo que ocurre cuando un individuo desafía a una institución. Una institución no es una máquina, sino un conjunto de individuos organizados de tal forma que algunos cuentan con resortes de poder que permiten que sus desvaríos tengan efectos perversos sobre otros seres humanos. Desvaríos que, con origen irracional, son transformados, mediante el miedo, en una apariencia de racional y, finalmente, se materializan haciendo daño. La historia de Lutz Eigendorf es real, espeluznantemente real. Por eso no quise saber el desenlace tirando de Internet, porque su vida, desde que toma la decisión de desertar del desierto que era la República Democrática Alemana, se convierte en thriller apasionante, cuyo disfrute literario no quería malograr. Por eso, no voy tampoco a desvelar nada a aquel que quiera leer el libro. Lector al que también le aconsejo que aborde el libro con la inocencia del que se enfrenta a una ficción, porque este es el logro de Verdú.

Los personajes están bien construidos y tienen flujos de pensamientos verosímiles. No es fácil cuando se abordan casi diez caracteres. El autor no tiene misericordia de Lutz, su protagonista, que sabe el daño que hace con su repentina decisión de abandonar a su familia al otro lado del muro ominoso del régimen comunista. Hay algo de banal en lo que le atrae de Occidente, pero también es banal lo que le espera a quien porfía por escapar de una jaula. La vida libre no es una aventura excitante, pero su ausencia sí es una experiencia insoportable. Por eso, salvo el tormento que sufre Lutz, lo más interesante del libro no ocurre en Occidente, donde la vida es estándar, sino en Oriente, donde todos sufren la distorsión de una vida artificial dictada por mediocres metidos a semidioses y traidores, incluso a sí mismos. Los traidores de la novela son pozos oscuros de cobardía y mendacidad. Los inocentes son seres zarandeados por demiurgos de opereta, que débilmente tratan de rebelarse y débilmente caen en las trampas groseras de los perros del régimen. Todo eso está ahí, en el libro, muy bien contado.

Verdú tiene el descaro de colocarse en la mente de todos y desvelarnos sus procesos mentales en secuencias relativamente cortas que avivan la lectura y permite al lector tener a todo el elenco delante como en un circo de tantas pistas como escenarios tiene la historia. El relato es lineal, pero con muchas líneas que se influyen transversalmente modificando la interpretación de lo que ocurre en cada una de ellas. Y, al final, la sorpresa de la más dolorosa traición.

Los diálogos son creíbles y el libro esta pleno de imágenes, metáforas y símiles y, aunque algunas requerirían un café con el autor para pedirle explicaciones, otros son muy poderosos coloreando la lectura y permitiendo una intuición rápida de la escena. Algunos ejemplos:

  • Silla imposible…
  • … el viento donde se baten el invierno y el verano.
  • … y ver venir el viento.
  • Hematoma de luz..
  • La mano perfumada de pólvora…
  • Silencios impropios.
  • … al analgésico del odio.
  • El alma de sus padres permanecieron en ruinas…
  • La mirada submarina de las lágrimas.
  • Y su labios mordidos por su propios dientes, como queriendo disfrutar ella también de sí misma.
  • … y no sé quién está al otro lado del silencio.
  • Dos familias reestructuradas, pero a las que se les notan los remiendos, los improvisados contrafuertes, el apuntalamiento.
  • … mientras acaricia distraído el arma que descansa en su regazo, como si borrara una mancha de sangre.

Al final se siente un profundo desasosiego y el deseo de estar alertas para matar en la cuna cualquier intento de resucitar regímenes tan abyectos que arrasan a las víctimas y a los victimarios. No pocos países democráticos están dando síntomas de recuperar el gusto por el desahogo que los libre del tedio de “sólo estar vivos para la vida“, sin sospechar que les puede conducir al pozo totalitario. Conviene que lean este libro.

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