… viene de (XIII)

El sujeto es un vacío a la espera de ser llenado con experiencias que los convierten en persona. La primera pareja que funciona es la de sujeto-objeto, pues con ella se constituye la individualidad. Es lo primario. Lo secundario, lo domesticado, es la persona que se constituye en oposición a cosa. El sujeto no es, como Kierkegaard insiste, una singularidad de la existencia irreductible a todo concepto universal, sino que, al contrario, es el modo en que la universalidad de un concepto pasa a la realidad externa y adquiere existencia efectiva. La unidad de cualquier existencia está amenazada por la propia fractura, de la que la oposición de otros no es más que su expresión o síntoma.

Hegel niega la necesidad (Kant) de que sea necesario un esquema previo (cognitivo, moral o estético) para juzgar un acontecimiento. Éste debes se observado pasivamente por el espíritu, pues los criterios deben ser inmanentes al fenómeno mismo. Por eso una persona nunca coincide con su concepto. En el paso en la fenomenología de la conciencia a la autoconciencia, el sujeto fracasa, primero como conciencia, en su pretensión de entender a la cosa en-sí, pues reconoce en ella lo puesto por él, pero extrae de este fracaso la percepción de sí mismo y se hace autoconciencia. De algún modo el arte abstracto es este mismo paso, después de haber agotado en el bodegón o el paisaje su esfuerzo por captar al otro en su objetividad. Este reconocimiento de las limitaciones propias es el saber Absoluto y no la pretensión de saberlo todo. Una limitación que no está “a la vista” puesto que es parte del “ojo” cognitivo. No hay ninguna forma de en-sí disponible como criterio de verdad para-nosotros. Y la razón es que lo Real no es algo ahí fuera a lo que no tenemos acceso, sino el obstáculo mismo que distorsiona nuestro acceso a la cosa en-sí. Acceso que sólo es posible mediante la ardua, lenta y progresiva labor científica durante siglos. Labor que permite conocer las invariantes y las variables del acontecer. El saber Absoluto es el abandono de la posición ingenua de que nuestra subjetividad puede ser eludida, que podemos escapar de ella para tener una visión directa de las cosas. Pero esto no conlleva un solipsismo, sino la necesaria estrategia de llevar el “afuera” a la fractura misma de los subjetivo y lo objetivo, entre las apariencia y lo real. Una diferencia que tiene, paradójicamente, origen en nuestra radical pertenencia a la realidad que pretendemos mirar “objetivamente”.

Una vez bajado de su pedestal el conocimiento Absoluto, hay que añadir que Hegel dejó suficientes pistas de que consideraba a su pensamiento histórico y condicionado por su tiempo. Lo que debería llevar entonces a la convicción de la existencia de una Otredad absoluta que elude por siempre nuestra capacidad conceptual. Una capacidad que, por cierto, permite separar con la imaginación lo que en la realidad está unido. Una separación que no se supera para volver a la riqueza de la realidad, sino que se transmite a la realidad produciendo el desgarro negativo de la misma. (NOTA.- tanto en el ámbito de la ciencia como de la acción social, las ideas construidas como síntesis de fragmentos extraídos de la realidad actúan sobre ésta separando y uniendo en nuevas formas ya sean materiales o institucionales.)

El proceso de conocer hay un enfoque que Zizek llama “mala infinitud”, según el cual hay siempre una aproximación asintótica a la cosa en-sí. Por el contrario la “infinitud auténtica” procede incluyendo la fractura de la abstracción en la realidad misma y desplegando el concepto en un serpenteante proceso de adaptación a las contradicciones conceptuales y las oposiciones reales (la inconsistencia de la cosa misma. Este proceder da viveza a la relación con la realidad. Una vida más rica y compleja que la mera visión sin concepto de las cosas a través exclusivamente de la sensibilidad. (NOTA.- es obvio que en cualquier artefacto (material o institucional) emergerán problemas reales que ya estaban implícitos en el concepto que las diseño sin poder contar con todas las sorpresas de su puesta en acción). Los individuos actuamos como seres abstractos (separados de todas nuestras posibilidades) cuando adoptamos actitudes o hábitos resultado de un determinado modelo social impuesto o sugerido durante nuestra educación. El caso es que dialécticamente, la vida espera en la abstracción no en la mera visión o audición, sabor u olor de la realidad. Visión compleja que no permite comprender a la cosa. Por el contrario, la abstracción permite separar lo esencial de los accesorio y actuar sobre la cosa. Un martillo puede ser un pisapapeles, pero su potencialidad será descubierta por el nombre que empleemos. Es el lenguaje el que actúa como indicador del uso. El arte moderno es un ejemplo del paso de la Sustancia al Sujeto, de la subjetivación de la realidad. El arte moderno es una consecuencia de esta evolución cuando centra su acción en la palabra escrita (la poesía) y libera al arte visual de su papel de representar la subjetividad. Es, por eso el momento, de un arte de abandona o deforma el retrato para centrarse en las cosas, su estructura, movilidad, color, textura, etc. (NOTA.- La vuelta al arte pop figurativo se puede explicar en términos de analfabetismo artístico popular que necesita de nuevo al ojo y al oído tonal para experimentarse, pues el arte escrito no le interesa y el arte visual autorreferenciado no lo entiende ni lo moviliza sensiblemente). En su hábil forma de proceder, Zizek llama excremento a la parte de la cosa en-sí que el concepto no alcanza a asumir en sus términos. Así, el siguiente paso es llamar “abono” a ese excremento como factor de desarrollo espiritual. (NOTA.- En las fórmulas de la técnica y la ciencia aparecen constantes universales (como la h de Planck) y coeficientes (coeficiente de dilatación de un material, por ejemplo) que son el refugio de aquello a lo que no llega el concepto que se despliega en la forma que toman las relaciones entre características del proceso que se estudia. Es la parte racional e irracional de las fórmulas que permiten medir los fenómenos. Así, de una parte decimos racionalmente que la fuerza que atrae a dos objetos es proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. Pero no basta con este planteamiento racional, pues con así no tendríamos la fuerza realmente actuante, sino un valor que requiere ser corregido para obtener el valor empírico, que no comprendemos por qué tiene este valor y no otro) 

De este proceso con un resto irracional, el espíritu llega a donde puede llegar y la cosa retiene lo que es suyo. En ese momento, el espíritu libera a la cosa porque ya tiene de ella todo lo que puede conseguir. Pero Hegel sigue recibiendo el reproche de que resuelve los conflictos en el plan conceptual y no en la realidad. De hecho, la radicalidad marxista tiene ese fundamento. Pero para Hegel, precisamente la distancia entre el concepto de algo y su realidad efectiva es la marca de la finitud, de ese proceso infinito de nacer y morir. Kant le da preferencia a la existencia y Hegel la disuelve en sus determinaciones (características) captadas conceptualmente. Pero Zizek se niega a esta versión de Hegel que supone que basta con sumar el ser a las determinaciones conceptuales de algo para que este existiera realmente, como si el ser fuera un componente aislado a combinar para “dar vida”, cuando el ser es una consecuencia de una realidad previa, la de las condiciones ya existentes que lo hacen posible. Es una versión “materialista” de Hegel que refuerza la idea de que, incluso la realidad más “tangible” como es el dinero, es producto de un concepto previo, el de confianza y se ve afectado por otro: la inflación. Yendo más allá y refiriéndonos a la realidad material, podemos decir que la existencia de la realidad material es prueba de que el concepto no tiene plena vigencia, pues de hacerlo ya no quedaría residuo material, pues todo habría sido subsumido en concepto. (NOTA.- los coeficientes y las constantes en las fórmulas científicas serían la medida de ese residuo). La naturaleza se niega a ser conceptualizada hasta el final. De aquí se deriva la confirmación de que la frase de Hegel de que el Absoluto no sólo es sustancia, sino, también, sujeto. Pero no como un agente subjetivo que dirige el proceso, sino como un sujeto vacío, puro coherente con la idea de “sistema” autosuficiente. De aquí deriva, Zizek, el ecologismo de Hegel que deja a la naturaleza ir, después de que la conciencia se ha apoderado de toda la médula conceptual que está a su alcance. Pero Zizek defiende a Hegel del reproche de creer que hay un super-meta-sujeto existe realmente, pues muestra que Hegel pensaba que sólo en la conciencia finita (la de los individuos humanos) tiene lugar el proceso de conocer la esencia del espíritu. Lo que no es contradictorio con suponer la existencia de un Gran Otro en Lacan o el Tercer Mundo de Popper. Una superestructura mental constituida por el pensamiento social e institucional que condiciona mediante redes de creencias que, siendo en las consciencias individuales, no nacieron en ellas. De esa forma un artista puede acabar siendo un imitador de su propia producción que, primero era espontánea y ahora es vicaria. Al límite, el Estado es la autoconciencia de un pueblo, su propia producción o el resultado de su consentimiento que se  impone sobre su espontaneidad individual. La consecuencia es la afirmación de que la verdad reside en las formas (ceremonias, actos, compromisos…) y no en las emociones de los participantes. El Rey puede ser un idiota, pero la clave es la institución y sus forma de manifestarse.

RESUMEN

Zizek mantiene la tensión entre los universal y lo particular y su, asombrosa capacidad de invertir los términos de la discusión con el elemental procedimiento de cambiar las posiciones del sujeto y el predicado. En este caso rechaza la afirmación de Kierkegaard de que el sujeto sea una peculiaridad inasequible al abstracto universal y afirma, provocadoramente, que el sujeto es la forma de manifestarse el universal. Pero el sujeto no acaba de conocer la cosa en-sí. Queda un residuo inalcanzable que justifica liberar a la naturaleza del destino de sometimiento total al ser humano. Esto permite una interpretación nueva del Espíritu Absoluto, que resultaría ser el reconocimiento de esa fractura entre el sujeto y el objeto, que es una fractura en el sujeto mismo. Depurado el universal, ahora toca ver su poder. Éste es el de actuar sobre la realidad transmitiendo el desgarro previamente producido mentalmente separando determinaciones (características) y, a continuación creando nuevas unidades. En estas reflexiones se afirma el derecho del sujeto individual a ser el horno en el que todo se cocina y en las consecuencias de su acción social el “deber” del sujeto de someterse al gran Otro resultante de tales reflexiones o intereses colectivos.

Sigue en (XV)…

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