La extraña propiedad privad


04 Oct 2011

Uno de los argumentos más socorrido en relación con el fundamento de la actividad económica es la confianza. Nadie lo discute y, desde luego, yo no. La actividad económica requiere que tanto el dinero como las mercancías pueden cambiar de manos en la confianza de que se producirá en plazos pactados la compensación correspondiente. La confianza es un factor decisivo que actúa en todos los ámbitos de la vida. El judaísmo llama verdad al cumplimiento de promesas. Toda la vida es una gran promesa: de seguir vivo mañana, de tener y producir trabajo, de dar y recibir emociones, de adquirir y aplicar inteligencia. Por eso, una vez que las promesas han sido traicionadas la confianza se ha disipado, nadie presta nada, ni siguiera amor con lo que la paralización es completa, tanto en el ámbito económico como en el humano. Esta desconfianza ha desaparecido porque algunos de los defensores de la libertad de acción en ámbitos considerados privados han aprovechado la confianza en quien se presentara con aspecto noble en un contexto aparentemente solvente para perpetrar una estafa global que, no sólo ha desplazado grandes masas de dinero de un sitio a otro, sino que creado un mundo nuevo y peor. Y todo esto se ha hecho en nombre de la propiedad privada. Un concepto que sólo tiene aplicación en la pequeña escala. Pero en la gran escala es una falacia en el mundo actual cuando del comportamiento del sistema hablamos. En efecto, todos los movimientos aparentemente privados que se ha producido en los últimos diez años ha devenido en deuda pública, mientras los gestores (privados) se llevaban su comisión demoníaca por arrastrarnos al abismo. Lo privado a esa escala es un engaño manifiesto. El dinero que se manipula es el del esfuerzo de muchos que creían tener los mecanismos de control de la deshonestidad, pero ya se ve que no. Los casos de los directivos de las cajas españolas de los últimos días son sólo la versión cutre, casposa, carpetovetónica de una actitud criminal de la mayoría de los directivos del mundo que ya están pensando en cómo van a abandonar el barco ocupando los botes al grito de ¡los ricos primero! Ricos y políticos cómplices navegarán hacia una forlandia donde sus hijos disfrutarán sintiendo compasión por esos feos y agresivos habitantes del otro lado del muro. Veremos a ver quien les hace paté para sus bocadillos. Quien fabrica sus sedosos trajes. Lo que sí sabemos es quién los protegerá a sangre y fuego. Por qué no se produce un motín como el que los príncipes alemanes sofocaron con la bendición de Lutero en el siglo XVI solo se explica por la realidad de la TV digital y la promesa del IPHONE 5. Hernández se alegrará de haber muerto atropellado hace dos Blogs.

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