El ruido eterno. Alex Ross. Reseña (28)

EL RUIDO ETERNO (1)

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Voy por la página 82 de un libro que recomiendo porque es una verdadera experiencia. Se llama “El ruido eterno” y su autor Alex Ross es el crítico musical del New Yorker. Es una “biografía” de la música del siglo XX. Mezcla de detalles biográficos y musicológicos de los compositores que revolucionaron su arte, desde Viena y Berlín, sacándola con fórceps de la agradable sonoridad del romanticismo y abriendo las puertas a todo lo que, después, ha entrado por el hueco. Unas puertas abiertas empujando a la multitud que se resistía (y aún lo hace) por el otro lado. Desde la “Salomé” de Strauss al “Über die Grenzen des All” de Berg. Lo mejor de todo es que, ante cada dato esencial de cada estreno de la música pre y plenamente atonal, uno puede ir a su ordenador y sacar de un rincón de Youtube una interpretación que le permite tratar de sentir lo que sintieron aquellos vieneses ofendidos por el escándalo de las propuestas de Schoenberg, Webern o Berg golpeando su sensibilidad formada en la música tonal. Me sorprendo degustando esas piezas en las que todas las teclas de una octava participan reclamando partes de mi cerebro no llamadas a escena nunca. Se explica, quizá, porque mi oído lleva muchos años escuchando bandas sonoras de películas y complementos de conciertos donde el genio explorador de aquellos músicos se muestra más o menos soterradamente. ¡Qué bien!, me quedan todavía 600 páginas de sorpresas como la que supone saber que el mayor éxito de Schoenberg en su ciudad fue con una composición “Gurre Lieder” (que estoy escuchando en este momento) que había compuesto diez años antes de su apuesta por el dodecafonismo, con el consiguiente embarazo ante los aplausos entusiasta por una música que preferiría no haber escrito. En fin, cuántos tesoros escondidos para mí y, mire por donde, he encontrado el plano de John Silver. Dejo como muestra las Tres Piezas para piano de Schoenberg, que son comparadas en el libro con la obra de Kandinsky “Impresión III” inspirada en ellas. Ahí están las dos propuestas revolucionarias del siglo XX: abstracción visual y disonancia musical.

EL RUIDO ETERNO (2)

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Sigo con el libro con los naturalistas Janacek, Bela Bartok, Ravel y la culminación con Stravinsky. Así se descubre la “Jenufa” de Janacek con un final grandioso y esperanzador para el deprimente periodo de la Gran Guerra, que con tan ridículo entusiasmo recibieron los teutónicos Schoenberg, Webern e, incluso, Berg. La obra de Janácek fue escrita en 1903, pero ya se sabe que en música como en arquitectura, las formas no siempre son contemporáneas de los contenidos. Las formas se lanzan desde una determinada plataforma concreta, pero a partir de ese momento quedan liberadas para depositarse en cualquier emoción o uso distinto y distante. Janacek señala el camino de la búsqueda de la sabiduría musical del pueblo y es seguido por el rigor de Bartok y la brillantez de Ravel, el vasco-suizo amante de las repeticiones. La culminación de esta tendencia a buscar nuevos caminos en las sendas de los pueblos se produce con Stravinsky y su “Consagración de la Primavera” plena de tanta energía y ritmo que París se rindió a su sofisticado autor.

Proporciono enlaces a los semi desconocidos concierto de violín de Alban Berg “Memoria de un Ángel”, Cinco Piezas de Webern; la oscura y brillante “Jenufa” de Janácek y la afamada Consagración de la Primavera de Stravinsky. Música entre genial, tenebrosa y brillante que caracterizó el sufrimiento de la primera mitad del siglo XX.

https://www.youtube.com/results?search_query=janacek+jenufa+

EL RUIDO ETERNO (3)

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La primera misión del yo es mantenerse íntegro, no fracturarse en emociones insoportables que lo desgarren. Por eso, ante los acontecimientos realmente terribles, se refugia en lo conocido. No hay idea abstracta que lo pueda atraer suficiente como para que salga del refugio de lo familiar. La ideología comunista trató, inútilmente, de que los obreros, ante las movilizaciones de 1914, abandonaran el nacionalismo y se revelaran con un espíritu internacionalista. Los sacerdotes católicos, aún perteneciendo a un centro atractor tan potente como el Vaticano, bendijeron los cañones de ambos lados de las trincheras. El nacionalismo es una llamada tan profunda, indescifrable y potente, tan cercana a la madre y a la tierra que se hace irresistible cuando suenan los tambores de guerra. En esos momentos los tibios, los necesarios y razonables tibios, son fusilados.

Los músicos europeos, que estaban protagonizando una verdadera revolución estética en los años de la locura imperial alemana, sufrieron el mismo síndrome patriótico que cualquier pequeño burgués en su tienda. Enfrentados en sus propias trincheras tonales y atonales, no pudieron resistir la tentación de aniquilar al adversario. Normalmente canijos, cabezones y enfermizos se vistieron de uniforme y si eran rechazados, se ofrecían para conducir camiones. Schoenberg en la Gran Guerra y Strauss en la Segunda Guerra Mundial por Alemania, Magnard, que fue quemado vivo, y Ravel por Francia, que tocó a Chopin en un castillo abandonado cerca de los combates. Entretanto se moría Debussy de cáncer y París era bombardeada por el Gran Berta.

Un año antes de la guerra (1913) se estrenaba en París “La Consagración de la Primavera” como expresión de la danza de una doncella hasta la muerte, preludio de la danza mortal de Europa. Produjo tal impacto que hasta los músicos de Jazz se removían en sus asientos cuando escuchaban la música de Stravinsky. Un día Charlie Parker incorporó unas notas del “Pájaro de Fuego” en su improvisación al ver sentado al compositor en una mesa del club en el que tocaba, provocando que se le derramara el whisky que estaba tomando. Stravinsky, dice Ross “estaba dando voz no a antiguos instintos sino al carácter sanguinario del Occidente contemporáneo”. Nuestra civilización daba, en esos años, rienda suelta al salvaje que no nos abandona y dormita en nosotros. Los músicos, igualmente heridos, cocían a fuego lento en sus almas las armonías que debían recordarnos el pozo negro en el que la humanidad gusta en bañarse a la luz de la Luna Nueva cuando, debido al olvido de la especie que supone el ciclo de vida y muerte, el sufrimiento le parece, otra vez, toxicamente atractivo.

¿Podrían nuestros frívolos políticos aprender la lección? La lección de que las posiciones políticas hunden sus raíces tan profundamente que es inútil cortarlas porque crecerán de nuevo levantando cualquier grave que se les coloque encima; que sólo en la paz es posible conciliar codicia y envidia o libertad e igualdad; que hay que evitar que el odio germine a base de jugar con las palabras como si fueran inofensivas. Si los músicos son la superficie sensible sobre la que se grava la existencia del ser humano. ¿Quién quiere música oscura? En todo caso, música melancólica para acompañar el aleteo de la inevitable muerte biológica.

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Los aficionados superficiales somos los que sólo dejamos que la música nos acaricie, pero no podemos decir de una obra que “las notas Do sostenido y Sol están separadas por el intervalo conocido como tritono, un semitono más pequeño que la quinta justa”. Pero sí que podemos identificar la atmósfera de una obra pura o las atmósferas de una obra híbrida. Incluso podemos establecer la época de una obra o el autor a base de escuchar mucho. Pero en el siglo XX, la siempre presente influencia de unos autores en otros para nuestra confusión, alcanzó cotas no conocidas. Si con Brahms había acabado la tradición tonal y con los grandes de la atonalidad: Schoenberg y Berg se había llevado la música a un callejón, que había que explorar, pero que no tenía salida, otros empezaron a crear piezas mixtas donde la atonalidad actuaba como un clima subconsciente sobre el que sobrenadaban brillantes melodías y estructuras de base popular como en Stravinsky o Janácek. Este es el estado de cosas cuando Dvorak llega a Estados Unidos.

En Estados Unidos bullía la música negra de forma espontánea por las calles y los ahumados clubes. Dvorak que había creado obras con fundamento en leyendas y folklore eslavo tan brillantes como Rusalka y sus poemas sinfónicos creyó, al llegar a este país, que se debía crear música culta con base a la cultura de los espirituales negros. El aportó nada menos que su Novena Sinfonía “Del Nuevo Mundo” celebrando la grandiosidad del paisaje y de las cultura recién llegada con la prosperidad. Entabló relaciones musicales con músicos negros y promovió intensamente su formación. Los intentos de que hubiera compositores negros de música clásica fracasaron y, a pesar de sus esfuerzos componiendo, acaban dirigiendo bandas o dando clases de violín como Will Marion Cook o William Grant Still que consiguió estrenar su “Afro-American Symphony” en la Filarmónica de Rochester. Mientras los compositores blancos, como Charles Ives, buscaban desesperadamente un estilo americano en medio de la devoción por Beethoven de las clases cultas americanas. Todo eso en un país en el que apenas hacía un década del linchamiento de Henry Smith ante diez mil entusiastas espectadores en Paris (Texas).

Los blancos fueron redimidos por Gershwin que con su “Rhapsody in Blue” y su ópera negra “Porgy and Bess” proporcionó la pauta del sonido americano entre sofisticado, sincopado, urbano y brillante melódicamente. El estreno de la primera, con el célebre solo de clarinete, reunió en entusiasmo a una multitud entre los que estaban Stokowski y Rachmaninov. En cuanto a su ópera, con el inmortal “Summertime, and the living is easy”, creó la controversia de si Gershwin había compuesto música negra genuina (así los pensaban los cantantes de su ópera, todos negros) o, como decía, sorprendentemente, un crítico de izquierdas: ” (era)… una explotación blanca de material negro”.

En cuanto a los negros, según Ross, en vez del sueño de Dvorak de que los ecos africanos rellenaran las formas europeas, fueron los compositores afroamericanos los que usaron material europeo para su formas genuinas de blues y jazz, como hicieron Duke Ellington o John Coltrane, que acabaron tirando la batuta y declarando como hizo Duke , quien tocando un acorde disonante dijo: “Esto es la vida de los negros… Esto somos nosotros. La disonancia es nuestro modo de vida en Estados Unidos. Somos algo aparte, pero algo esencial”. Duke compuso obras de jazz con duraciones de sonata (Creole Simphony) y Coltrane llenó de inspiración el jazz de la época (A love supreme). Entre Duke y Gershwin había una admiración mutua que llevaba a éste a camuflarse de tramoyista para escuchar a Ellington en directo. En ellos se resumía tanto las crueles diferencias sociales como la esperanza de la convivencia en el universo musical.

Así acabó, entre el prejuicio y el orgullo, el sueño del activista negro Du Bois y el músico europeo Anton Dvorak de que existiera una versión afroamericana de la “alta cultura”.

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En los centros musicales de Berlín, Viena, París y Nueva York se tensaba la cuerda de las vanguardias hacia una música dura carente de dulzura melódica. Los radicales parisinos y neoyorquinos rechazaban componer música popular agobiados por un mercado que exigía partituras que atrajeran a las masas. El radicalismo llegaba al punto, como hizo Carl Ruggles, el autor de la magnífica “Sun-Treader”, de quejarse amargamente cuando la gente agotó el aforo para uno de sus conciertos.

Entre tanto, en los bosques finlandeses se gestaba una música destinada a la eternidad que se negaba a bajar a los sótanos atonales para producir belleza. Jean Sibelius, un compositor atormentado y alcohólico (véase su mirada pérdida en el primer plano del cuadro de Akseli Gallen-Kallela), componía brumosas partituras procedentes de la abrumadora naturaleza finlandesa. El éxito de sus siete sinfonías y la expectación ante una inacabada octava no fue suficiente para su sensibilidad. No pudo, ni quiso evitar que su Segunda Sinfonía fuera para los independentistas finlandeses (frente a Suecia y Rusia) el equivalente al coro de Nabuco de Verdi para los unionistas italianos (paradojas de la política).

Su éxito en Estados Unidos no resulta difícil de explicar, aún en la época del jazz, pues el público de los grandes auditorios iba a media tarde con bufanda blanca a escuchar música conciliadora, más asociada al champán, para acabar en los clubes de jazz con grandes tragos de whisky, después de perder la bufanda para poder estrenar en el siguiente concierto.

Sibelius se sustrajo al perpetuo mobile que el progresismo musical imponía. Su música sobrenatural contrasta brutalmente con la de su compatriota Magnus Lindberg, a pesar de que Ross ve en el eco de la “Tapiola” de Sibelius. En “Kraft” (1989) de LIndberg puede el escéptico, si quiere, encontrar razones poderosas para rechazar la música experimental que lleva a las salas de concierto un pito en la boca del director y ruidos propios de la selva tropical sin más unidad, que la de todo evitar a dar tregua, ni siquiera en un compás, al auditorio. Es una obra que, como la música atonal más radical remiten a mundo inconsciente sin pensamiento, lo que a veces calma la angustia de la responsabilidad.

Escuchar a Sibelius es siempre una opción. Este compositor naturalista, impresionista, complejo e intelectualmente poderosos, crea sonidos que consiguen el mismo efecto de perplejidad y secuestro de los sentidos, al tiempo que cura las heridas de la vida. Con él puedes volar con los cisnes, sumergirte en el lago o perderte en la bruma del bosque y contemplar al final del sendero un valle espléndido desde un peñasco prominente.

Proporciono, además de los enlaces a la dos obras atonales mencionadas, a su magnífica Quinta Sinfonía, al poema sinfónico “Tapiola” y su emblemática “Finlandia”, que se llamó originariamente “Impromptu” para eludir la censura zarista. Añado el sombrío “Vals Triste” para los momentos bajos.

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“Potsdamer Platz” de Ernst Kirchner

La música nos acompaña continuamente en la vida actual. Incluso se ha acuñado la cursi frase de “banda sonora de tu vida”. Los jóvenes van abandonando el mundo 1 de Popper, el mundo físico, y se instalan en el mundo 2 compuesto de emociones asidos a dos muletas: la virtualidad digital y la música. Tal parece que renuncian al mundo 3: el de las abstracciones teóricas o materializadas en instituciones (la política es una mafia). No en vano se habla de música ligera, pues de vida ligera se trata. Los adultos nos infantilizamos si seguimos esa pista, en vez de construir un mundo 3 solvente, en la esperanza de que los jóvenes dejarán de serlo en un momento determinado.

La música fue entretenimiento antes y después de la primera mitad del siglo XX. Pero, en esos años, durante casi cuarenta años fue combativa tanto en el plano formal como en el material. En el plano formal, persiguiendo los límites de la octava musical, y, en el plano material, traduciendo los dramas de la época como no se había hecho desde que se compuso “La Marsellesa”. En estos años, se acentuó el conflicto entre la música “popular”, representada por el jazz, el blues o el más ligero Kurt Weill; música “seria”, representada por Strauss o Stravinsky y música “muy seria” representada por Schoenberg.

Todo ello en un marco socio político de una intensidad histórica inigualable. Los cambios en las costumbres, la revolución soviética, la Gran Guerra y el Crack del 29 hasta el colofón de la II Guerra Mundial provocaban en los músicos algo más que el deseo de hacer música: el deseo de dar forma estética al sufrimiento individual y a las grandes epopeyas colectivas. La música atonal y su epítome, la música dodecafónica de Schoenberg, Webern y Berg permitían expresar angustia, dolor y frustración en infinitas combinaciones de notas disonantes que, al cabo, volvían transformadas en melodías superpuestas. El acorde de la muerte de Lulú en la obra de Berg con sus doce notas representa lo dicho. Fueron los años en los que coincidieron el arrojo innovador en la música con las razones políticas para su aplicación al sensible material humano. La música llegó a tiempo de expresar el sufrimiento de nuestros abuelos.

Pero si hubo un centro de gravedad del drama europeo, éste se sitúa en la República de Weimar, en la que la democracia era acosada por dos tipos de violencia: la roja y la azul. Una se expresó con la música revolucionaria como en “La concentración Secreta” de Hanns Eisler, que perfectamente podría haber sido miembro de las Baader Meinhof. Y la otra, con el característico sentimentalismo de los asesinos, se volvió hacia las baladas folklóricas o el maravilloso estruendo ideológico de Wagner. Entre tanto Kurt Weill puso música al desgarro de Bertolt Brecht mientras éste no se radicalizó en su comunismo asustando a Weill y provocando su abandono. La música de Weill junto con el cabaret berlinés dotaron a la época de su malditismo, de su desgarrado expresionismo de mujeres caídas y hombres débiles simulando dureza.

Tan temprano como en 1905 el famoso polemistas vienés, Karl Kraus, dice en una conferencia: “La gran represalia ha comenzado, la revancha de un mundo de hombres que se atreve a vengar la propia culpa”. Goebbels, volviendo de un cabaret escribió: “Este no es el verdadero Berlín… El otro está al acecho…” Esta latencia, en la que la música también jugaba un papel, es perenne. Cuando nuestros músicos cambian su sintaxis “hay que prestar oído”.

Propongo como audición el “Moses und Aron” de Schoenberg; el acto I de la “Lulú” de Berg y “Ascenso y Caída de la ciudad de Mahagonny” de Kurt Weill (autor de la célebres canciones “Macky Navaja, Alabama, Bilbao y la deliciosa Youkali).

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Resultado de imagen de Stalin y la música


Quizá una de las manifestaciones más crueles de la maldad humana es crear un atmósfera de terror en la que no se sepa de dónde te puede llegar el golpe fatal. Kafka en 1915, tres lustros antes de que Stalin comenzara sus purgas, ya describió el asfixiante clima en el que el horror se convierte, primero, en una forma de vivir y, después se materializa en el ostracismo o la muerte.

Ni los músicos ni su música se libran de este acoso patológico a que inevitablemente lleva el abandonar en un solo hombre todo el poder. Una forma de gobierno que crea adicción en algunos hasta más allá de la muerte, como vemos en nuestro país estos días. Pero nada puede superar el modo en que el régimen soviético con Stalin a la cabeza trató a los inmortales músicos con los que convivió y a los que amordazó, aterrorizó y, finalmente mató sin misericordia.

La atmósfera de terror la creó con los músicos mediocres que querían medran en el régimen. Lo peor no fue el intento, sino el logro siniestro de someter servilmente a los mejores músicos rusos de la época, que era como decir a los mejores del mundo (Shostakovich, Prokofiev). Ya Lenin había creado el Comisariado de la Ilustración que daba lugar a obras como “Sinfonía para silbatos de fábrica” de Arseny Avraamov. La atmósfera se creaba castigando al azar: “Teníamos que empezar con alguien” declaró un director de Pravda cuando se le preguntó porqué el ataque a Shostakovich. Así todos pensarían que podían ser el siguiente.

Pero Shostakovich aprendió la lección y esto fue lo peor, porque, en el mejor de lo casos, desarrolló un lenguaje adulador del tirano y, en el peor, saboteó su propia obra tratando de adaptarse a los gustos oficiales, como en su cuarta sinfonía y sus alusiones al poderío industrial de la URSS. No por eso su talento dejó de manifestarse en su quinta sinfonía, donde es capaz de producir escalofríos musicales mediante un instrumento solista sobre una masa de trémolos orquestales. Prokofiev, que pudo escapar a Occidente, se acabó quedando con su familia y sufriendo igualmente los ataques de los mediocres. Murió el mismo día que Stalin, aunque su féretro tuvo que ser transportado a mano, pues las multitudes se agolpaban hasta pisotearse unos a otros ante el cadáver del “padrecito”. Este maltrato no impidió obras inmortales como “Romeo y Julieta”.

Dice Ross: “Sólo después que Stalin desapareciera Shostakovich intentó reunir sus yoes divididos” (el creador, el rebelde, el cobarde). Su liberación empezó acompañando el cortejo fúnebre de Prokofiev en vez de ir, otra vez, a someterse al sátrapa.

Como audición sugerida la quinta de Shostakovich y Romeo y Julieta de Prokofiev:

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Hitler empujó a los pintores europeos hacia Estados Unidos y allí se desarrolló el expresionismo abstracto, pero también empujó a los músicos europeos, pero allí fueron los autóctonos los que crearon la música americana: Gershwin y Copland. Obviamente la influencia de la música europea fue grande, pero el encuentro con el jazz y el soul más la enorme potencia de la industria del cine sonoro creó las condiciones para que de una parte apareciera una música sinfónica genuina, una música ligera y brillante que se alojó en Broadway y la vida propia del jazz, el blues y el country con su gran personalidad que consolidaron sus propios escenarios.

Estados Unidos siempre ha tenido a gala su carácter de democracia popular, por eso cuando la gran música europea, tanto la tardo romántica como la de vanguardia llega se intenta dotarla de la personalidad americana con la competencia de Duke y Goodman con sus personalidad genuina. Y el milagro es que tanto el jazz como Gershwin y Copland han dotado de sonidos propios a la epopeya americana. Aunque para la melancolía es un americano de perfiles europeos el que proporciona el sonido. Como dice Ross: “Siempre que el sueño sufre un revés catastrófico suena en la radio el Adagio para cuerda de Barber”.

La radio, la televisión y el cine se lanzan a llenar de música la vida americana. Se transmiten conciertos con Toscanini al frente y se encargan bandas sonoras a los mejores compositores Hasta la NBC tiene su propia sinfónica. En esa época, mantenerse fiel a la música atonal le costó el puesto al célebre director Stokowski (no le gustaba a la General Motor). El mismo Theodor Adorno adoptó una postura elitista que lo alejó de la corriente principal, que no encontraba la conexión de la “gran música” con la vida americana. El cine encontró en el austro húngaro Erich Korngold (no en vano era un país de emigración todavía) la respetabilidad musical que atrajo a los grandes. El epítome fue que Schoenberg viví en Hollywood cerca de Tyrone Power y jugaba al tenis con Chaplin. Lo que no impidió que compusiera su “Trío para Cuerda”, donde alterna su más rudo sentido atonal con la nostalgia tonal.

Aaron Copland consiguió dotar de sonido sinfónico al espíritu de la pradera a partir de los antecedentes de Virgil Thomson. Pasó por México en su fase inicial donde pudo comprobar cómo la música mejicana había incorporado sus propios sonidos en las partituras de Silvestre Revuelta con la intensa “La noches de los mayas”. Desde Europa sorprende la extensión e intensión que tuvo la actividad comunista en el corazón del capitalismo. Copland participó con entusiasmo en la actividad político musical (llegó a dar un mitin) y en los programas gubernamentales del New Deal que subvencionaban a los jóvenes compositores, lo que dudó hasta 1938. Unas posiciones inocentes que llegaban a afirmar que “el comunismo era el americanismo del siglo XX”. Desde estas posiciones se consideraba (Eisler entre ellos) que los compositores eran herramientas de lujo del sistema capitalista.

Copland superó todo, la pobreza y el comunismo para convertirse en la fuente de sonidos para los grandes espacios americanos complementarios de los pequeños espacios del jazz. Su “Fanfarria para el hombre corriente” es citada por Queen en “We Will Rock You” y es llamado por la célebre Martha Graham para su Appalachian Spring.

Para oír: Adagio de Barber, Trío para cuerda de Schoenberg, Las Noches de los Mayas de Revueltas y Appalachian Spring de Copland

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Después de asomarnos en el libro de Ross al mundo oscuro de Stalin, ahora toca el mundo de Hitler, el experimento mental más siniestro llevada jamás a cabo con consecuencias materiales nunca sufridas. Lo que se puede probar, porque nunca, con tanta cultura pacífica a mano, se desvió tanto la humanidad de su propio centro de gravedad. La excentricidad de las fuerzas sociales fue tan extraordinaria que la catástrofe era inevitable, pues una locura llevaba a otra hasta llegar a las mismísimas puertas del infierno, en contraste con las del paraíso que construyó Ghiberti para el baptisterio de Florencia.

Un componente esencial de esa cultura pacífica era la música, que siendo como es un arte que puede ser disfrutado sin referencias, es muy a menudo adherida a emociones o intereses no sin esfuerzo, debido a las limitaciones que el sonido tiene para expresar unas u otros de forma inequívoca. Este uso capcioso de la música le costó la vida a los más prometedores músicos alemanes y a escritores de la importancia de Zweig que se suicidó incluso estando teóricamente a salvo en Brasil. Pero, sin embargo, Schoenberg, Webern y Berg, creadores de “música degenerada” para los nazis habían recibido con alborozo el nuevo régimen.

Hitler se tenía por un hombre con sensibilidad artística. Escuchó a Mahler en Viena con devoción, hasta el punto de que se atribuye a la forma en que Mahler dirigía algunos de los gestos de Hitler en su mítines y saludos. El caso es que la música y los músicos rodeaban la vida del monstruo aterrorizando a los músicos judíos y exaltando a los arios que cumplían la condición de haber compuesto música “alemana” como Wagner o Strauss. Mengele silbaba mientras seleccionaba sus víctimas para los experimentos entre los destinados a la cámara de gas. Thomas Mann dijo que en esa época “el gran arte estuvo aliado con el gran mal”. Los aliados intentaron evitar el rapto de la música de siempre por el régimen nazi con gestos simbólicos como que las señales para la letra “V” del código morse se asociaran a las primeras notas de la 5ª de Beethoven. La gran música, en contraste fue asociada al nazismo en los años treinta y cuarenta e, irónicamente, en los años setenta a la violencia en la democracia (La Naranja Mecánica).

Richard Strauss es, sin duda, el gran músico que mejor representa los vaivenes de una conciencia entusiasmada con el brillo del poder absoluto, que sufre las consecuencias de su entreguismo (tenía familia, incluida su mujer, con ascendencia judía) y que, finalmente se despega, siendo perdonado por su grandeza artística. Romain Rollan sospechaba que “algo estaba acechando en esas enormes sinfonías y dramas musicales teutónicos: un culto del poder, un ‘hipnotismo’ de la fuerza”. No poco contribuyó el antisemitismo irredento de Wagner que pedía la extinción y autoaniquilamiento del judío en la música alemana. También se vió involucrado Carl Orff por el interés de los nazis por su “Carmina Burana”.

Cuando Hitler se dio el tiro en la boca que toda Europa esperaba no sonó la música de Strauss o Wagner en sus oídos. Era el 30 de abril de 1945, dieciocho días antes, Strauss, en pleno hundimiento moral, había acabado su “Metamorphosen” con unas notas que son una regresión del amanecer de su “Zaratustra”. Ese mismo día había muerto Roosevelt y en las radios americanas sonaba el adagio de Barber. Ese día también había concierto en Berlín con música de Beethoven (mi adorado concierto para violín y orquesta). Se cuenta que, al final, las juventudes hitlerianas repartieron cápsulas de cianuro entre el público. El epílogo los ponen las palabras de Walter Benjamin, muerto en Portbou cinco años antes: (la humanidad fascista) “experimentaría su propia aniquilación como un placer estético de primer rango”. Al fin el gran mal alcanzó su apoteosis en una “espléndida” hoguera. El reto está en cómo robarles a los nazis la música de Wagner o Strauss porque ¿quién puede sustraerse a su belleza ajena incluso al mal o la debilidad que anidara en sus creadores?

Para oír: la Obertura de “Rienzi” de Richard Wagner (la obra que inspiró a Hitler para la política); “Carmina Burana” de Carl Orff; “Metamorphosen” de Richard Strauss.

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Tras la Segunda Guerra Mundial la música entró en un vértigo que la llevó de lo dodecafónico al serialismo y de éste a la música aleatoria y de ahí a la electrónica con aspecto dadaísta. Los músicos neoclásicos ganaron la batalla del público, mientras los músicos modernistas los miraban desdeñosamente. Hasta Stravinsky se pasó a la música dodecafónica con el consiguiente reproche de Leonard Bernstein que dijo que era “… como la deserción de un general al bando enemigo, llevándose consigo a todo sus regimientos leales”. La vanguardia de la música era la de la disonancia, densidad, dificultad y complejidad. Dejó dicho Elliot Carter: “Decidí… mandar al infierno al público y también a los intérpretes”.

En la retaguardia Theodor Adorno se propuso destruir el neoclasicismo de Stravinsky. En la vanguardia, por la fisura que había abierto Schoenberg entraron Olivier Messiaen (Quatuor pour la Fin du Temps), que afrontó la modificación de todos los parámetros de la música: armonía, ritmo, estructura y forma; Pierre Boulez (Primera Sonata), que opinaba que “… la música debe ser histeria y sortilegios colectivos, violentamente actuales” desarrolló esos principios con energía (Polyphonie X); John Cage, que llevó los avances al límite entrando en la era de ruido programado (Perilous Night) y la música estocástica (String Quartet in Four Parts y Water Music) y el silencio absoluto (4′ 33”); Stockhausen con la música electrónica (Gesang der Jünglinge, Gruppen), con una música de perfección técnica pero carente de emoción; Jannis Xenakis (Metastaseis), el ingeniero que trabajó con Le Corbusier y trasladó a la música las formas ondulatorias de la física y las estructuras en composiciones en las que no es posible identificar el papel jugado por cada instrumento; Milton Babbitt (Tres composiciones para piano), cuya música es un arcano casi inaccesible y, finalmente, Elliott Carter (Doble Concierto y Concierto para Piano), que produce música en la que un instrumento sobresale sobre la masa informe de todos los demás. En fin una música en la que, como Pollock, Rothko y otros en pintura, se buscan los límites aunque en el camino se deje a la gente (la mayoría) que no puede seguirlos ni técnica ni emocionalmente. Todo ello sin perjuicio de que las bandas sonoras de toda película que tenga un argumento psicológico introduzca inadvertidamente esta música en la mente del que explícitamente la rechaza.

Mientras todo esto ocurría, los neoclásicos Copland y Bernstein se mantuvieron produciendo música comprensible para el común. Su genio aún dejó obras de mérito como “Jeremiah” o “Mass” (a petición de Jacqueline Onassis). Copland especialmente sufrió por su condición de homosexual e izquierdista el acoso del FBI, pero salió indemne. Bernstein, cree Ross, que perdió parte de su fuerza creativa dirigiendo orquestas. Su atractivo social también lo libró, a pesar de su izquierdismo, de tener un expediente de Hoover. Stravinsky, por su parte, aún pudo, en su paso a la música modernista, producir, seguro de sí mismo, alguna obra maestra como “Agon” y “Requiem Canticles”. Murió en 1971 y Copland en 1990. ¿Acabó con ellos la música bella y afable, para entrar en la de la música violenta? Desde luego Boulez le dijo a Cage tras escuchar “The Rake’s Progress” de Stravinsky: “¡Qué fealdad!”. El tiempo dirá.

Para oír, algunas muestras de la música modernista. “Primera Sonata” de Boulez; “Metastaseis” de Xenakis y el escándalo de John Cage (4′ 33”). De postre un refrescante “West Side Story” dirigido por su creador Leonard Bernstein. La imagen es la obra “Convergence” de Jackson Pollock.

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Este libro trata sobre el siglo XX, de modo que tiene que tratar todas las capas superpuestas que complicaron su estructura musical. Junto a los avances hacia el silencio del conceptualista John Cage, tres figuras emergen Benjamin Britten, Olivier Messiaen y Giörgy Ligeti.

Britten, un pueblerino de Aldeburgh, pensaba que su música, contra la actitud modernista, debía agradar. “No escribo para la posteridad”, declaró en 1964. Fue siempre un hombre muy sensible que se torturaba por sus avatares vitales. Amó toda la vida al tenor Peter Pears, pero tuvo que combatir con sus tendencias al amor adolescente. Cerca tenía a un poeta de gran talla, su amigo Auden, que un día le dijo: “levántate y dobla / el mapa de tu desolación”. Britten tuvo una relación muy emocionante con Shostakovich. En una ocasión le dejó a éste entrar solo en la habitación donde componía. Allí estaban esparcidos por el suelo los pentagramas. Tardó dos horas en salir. Britten esperó expectante en la habitación contigüa. Shostakovich salió con una sonrisa críptica impactado aún por haber escuchado en su mente la ópera de Britten. La obra cumbre de Britten es “Grimes”, una ópera inspirada en un extraño caso de un marino cuyos grumetes morían en circunstancias sospechosas. Una especie de “Wozzeck” de Berg en inglés. También puso música a la célebre obra de Thomas Mann “Muerte en Venecia”. Como anécdota que nos afecta, se cuenta que su concierto para violín está inspirado en la Guerra Civil Española.

Olivier Messiaen, emerge como un compositor que dotado para explorar todos los experimentos musicales de la época los puso al servicio de su religiosidad total. Tuvo una vida sencilla afectada por la muerte de su primera mujer, la poetisa Claire Delbos. Tocaba el órgano en su parroquia de París. Copland lo visitó allí y se sorprendió del uso tan libre que hacía del instrumento durante los oficios. Vivía con su segunda esposa, la pianista Yvonne Loriod, en un piso sencillo lleno de crucifijos. Messiaen creía que “el oído podía y debía, captar tonos tanto cercanos como remotos: tanto las resonancias tranquilizadoras de los intervalos fundamentales como las oscuras relaciones entre sus tonos más agudos”. Según Ross en su música latía una especie de surrealismo cristiano. Entre sus obras destaca el “Quatuor pour la fin du temps”, una música terriblemente hermosa. Tuvo un gran éxito con su “Trois petites liturgies”, con su capacidad, según Virgil Thomson de “abrir los cielos y provocar el paroxismo”. Messiaen no encontró contradicción entre su religiosidad y la dicha, incluso sensual, frente a las trágicas posiciones de Wagner (Tristán e Isolda). Fue profesor de los grandes transgresores: Boulez, Xenakis y Stockhausen. Algunas de sus composiciones llevaron a la música de los pájaros a las salas de concierto (“Despertar de los pájaros”). El encargo de una composición para celebrar el bicentenario de los Estados Unidos tuvo su fruto en “Des Canyons aux Étoiles”, transcribiendo el efecto que le habían producido los cañones montañosos de Utah (los templos naturales de Dios, les llamaban los mormones).

Ligeti tuvo una juventud azarosa huyendo, primero de los fascistas húngaros, de los nazis después y, finalmente de los comunistas. Logró sobrevivir y huir a Viena bajo los sacos de un camión, después de pasar unos años estudiando la música dodecafónica en secreto bajo la censura comunista. Una vez libre para la música que quería hacer pasó por una fase extremista, cercana a Boulez y Cage, en la que llegó, en su composición “Apparitions” a imponer instrumentos de viento sin lengüeta y la rotura de una botella dentro de un cajón de láminas metálicas (la partitura advertía de que el percusionista usara gafas protectoras). Su proyección mundial la obtuvo indirectamente por el empleo de Stanley Kubrick de tres de sus obras en la célebre “2001, una odisea del espacio”. Concretamente el “Requiem” en las escenas del monolito y el resto hasta la apoteosis final con el regreso del “Así habló Zaratustra” de Richard Strauss que había sonado al principio, en el amanecer de la humanidad.

Tres compositores tratando de expresar la conciencia desconcertada que emerge en el siglo XX cargada de culpa por las matanzas y de desesperanza por la contumacia de la perversidad. Una conciencia a la que la comunicación abrumadora no le priva de ninguno de los episodios de crueldad humana sumiéndola en la desolación.

Para oír: “War Requiem” de Britten; “Trois petites liturgies” de Messiaen y “Lux Aeterna” de Ligeti.

RUIDO ETERNO (y 12)
Estamos en época de elecciones (noviembre de 2019) y además repetidas. Una situación social que favorece el “ruido eterno” de los sonsonetes políticos. No es de extrañar que la gente se ponga cascos y escuche música tratando de olvidarse de la parte antipática de la vida. Pero en esos cascos raramente suena Beethoven, sino música Pop. “Beethoven se equivocaba” dijo John Cage argumentando que había confundido a los compositores “al estructurar la música en narraciones armónicas orientadas con la vista puesta en una meta, en vez de dejarla desenvolverse momento tras momento”. Si alguien tenía alguna duda sobre la relación entre las artes y la percepción que de la vida tienen los espíritus más sensibles de cada época, aquí está la prueba. Vivimo tiempos de conciencia fraccionada y los músicos y los artistas en general, como antenas de alta resolución, hace un siglo que lo anticiparon.

La música “seria” ha aceptado en su seno algunas de las propuestas de la música ligera y viceversa. Los Beatles llevaban unos meses tomando contacto con la música de Stockhausen y se los “agradecieron” poniendo su rostro en la funda del disco “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”. La última canción del disco “A day in the life” contiene, según Ross, “un acorde maravillosamente extraño en Mi mayor”. Entre tanto la música minimalista se convierte en música ambiente o los acordes más disonantes acompañan a las situaciones más esotéricas del cine y la televisión. Así la frase de Kurt Weill: “Una vez que los músicos obtenían todo lo que habían imaginado en su sueños más temerarios, volvían a empezar desde cero”. La música ahora rompe los corsés y es abierta y potencialmente ilimitada, como cuando Beethoven tenía por delante todas las melodías y armonías posibles.

En Estados Unidos Steve Reich, en quien resuena aún la “Consagración de la Primavera”, renuncia incluso al padre de todas las transgresiones: Schoenberg. E incluso a sus seguidores más radicales como Berio o Boulez, a los que considera recolectores de los trozos de un continente bombardeado en dos guerras. Todo valía para la nueva vanguardia expresada en “Music for 18 Musicians”. En esta ambiente de mixtura, la música jazz, blues, country y gospel evolucionan hacia el rhythm and blues, rock ‘n’ roll, soul y funk. Hank Williams, Ray Charles y Jame Brown fundieron júbilo y sensualidad. Elvis Presley y los Beatles atrajeron al rock a las multitudes de jóvenes. Bebop y jazz moderno con Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Thelonious Monk, Miles Davis, John Coltrane y Charlie MIngus “hicieron música de una libertad poliédrica y un cool imperturbable”. El jazz también reclamaba toda la libertad para el artista dejando que el tiempo se encargara de los oyentes.

Morton Feldman se inspiraba en sus amigos abstractos Pollock y Rothko de quien decía que “Me interesa la dimensión global de Rothko, que anula el concepto de las relaciones entre proporciones”. De ahí surgió su “Rothko Chapel”. Un homenaje al pintor suicidado un año antes que trasciende su inspiración. La música lleva a unos registros del alma nunca antes sentidos. Premeditadamente el compositor busca tu abandono en lo oceánico. Entre tanto algunos compositores reivindican una vuelta a la tonalidad: William Mayer, David Del Tredici, Lukas Foss, William Bolcom y su “Songs of Innocence and Experience”… y Cage se reía de ellos, mientras los minimalistas proporcionaban sobredosis de tonalidad (Gorecki). En la otra orilla The Velvet Underground cerraban el boquete entre el rock y la vanguardia tres meses antes de “Sgt. Peppers”. La gran caída que empezó en 1900 se había consumado en 2000.

El siglo XXI espera…

Para oír: “A day in the life” de los Beatles; “Rothko Chapel” de Feldman y un fragmento de “Songs of Innocence and Experience” de William Bolcom.

El texto cifrado.

Este relato fue premiado con la Mención Especial del Premio Galileo del Consejo Social de la Universidad Politécnica de Cartagena en 2008.

La doctora Milá gritó levantando los brazos: ¡ya está!, giró su sillón y dejó que el sol estimulara su piel en aquella mañana de otoño que nunca olvidaría. Acababa de encontrar la solución a uno de los grandes problemas científicos y soñó que su nombre quedaría asociado al de los grandes. Miró con deleite los gráficos en la pantalla y las tablas que mostraban la altísima correlación, casi la certeza, de las variables principales. Parecía imposible que aquella verdad la hubiera estado esperando a ella tanto tiempo. Abrió una rendija en sus párpados y el rielar del mar la deslumbró. Había tenido suerte con su despacho, una buhardilla en el edificio rehabilitado que daba personalidad a toda la parte este de la ciudad.  Un despacho que había conseguido sin esa cansina lucha que a veces se hacía necesaria en la universidad para algunas cosas. Allí recostada, se permitió hacer balance de su vida. Sabía que la complacencia es peligrosa, pero ya se encargaba la realidad, en su combinatoria infinita de acontecimientos, de neutralizar los buenos momentos como para no aprovechar que, por fin, había llegado al final de su búsqueda.  Se alegraba de haber vivido en una época que hacía posible que una niña curiosa de Los Barreros hubiera podido desarrollar un carrera científica tan completa como la suya. Había sido una bendición que su ciudad encontrara su oportunidad con la Politécnica y que ella tuviera un universo de conocimiento a tres paradas de autobús de su casa. Sospechaba que en cualquier otra circunstancia hubiera sido imposible para la hija de una quiosquera viuda estudiar al altísimo nivel que ella había alcanzado a golpe de beca. Su padre creía que su futuro merecía ser reconocido desde el nombre de pila y le puso Beatriz (la que bendice) como si esperase los logros de su dedicación profesional a la ciencia. Todo había sido posible por el avance que supuso la apertura de su universidad hacia las investigaciones relacionadas con la optimización del aprendizaje a partir del acuerdo con el IHCM estadounidense. Años atrás su amor por Andrés se había truncado en aquel estúpido accidente del AVE justo una semana después de que el tren llegara a la ciudad para pagar su deuda centenaria de incomunicación. Habían pasado sólo dos meses desde de la boda. Su ciudad y ella habían pagado un alto precio por su condición de fondo de saco geográfico e histórico.

El tren veloz la comunicó y la aisló con el mundo en un mismo acto. La muerte de Andrés la apartó de la actividad científica durante dos años al provocarle una depresión que le hizo creer que se volvería intelectualmente estéril. Fue como una araña negra que le mató los automatismos salvadores y le obligó a hacerse cargo conscientemente, cada día, del peso insoportable de afrontar la vida sin esperanza alguna.  Pero el tiempo, esa dimensión de la realidad a medio camino entre el ser de la memoria y los sueños y la nada del instante, la sacó de su letargo y le ofreció otra vida, en la que ya, prácticamente, toda su energía la dedicó a la a ciencia. Entrega que no impidió la aventura cuya voluptuosidad dejó que le embargara en este momento de gloria epistémica. Quizá fue una locura, pero tras cinco años de renuncia, aquella noche en el hotel de Viena, cuando los congresistas visitaban el palacio de Belvedere, fue inolvidable. Reconocía que su curiosidad cultural la empujaba a contemplar los poderosos atlantes del palacio, que tantas veces había visto en fotografías de sus libros de arte. También se perdió El Beso de Klimt, un tapiz de sensualidad que se exhibe sobre los musculosos semidioses. Pero ella lo tuvo todo: músculos, semidioses y besos, abundantes y apasionados besos con aquel jovenzuelo francés que sabía la suficiente química para haberse quedado fascinado por ella y la suficiente física amatoria para compensarla de la sequedad de aquellos años. Hacía seis meses y aún lo recordaba. Aunque se había impuesto reprimir el recuerdo por la relación serena y esperaba que duradera que había iniciado con Ricardo Astiz, director de la Facultad y catedrático de economía dinámica. Pero hoy era fiesta y todo lo placentero, recuerdos pasados o las percepciones más inmediatas, debían contribuir a envolver su éxtasis intelectual. Decidió salir y buscar en su entorno el eco de su hallazgo. Estaba segura que su rostro transfigurado la delataría. Bajó alegre las escaleras de hormigón sin quitarse la bata. Se cruzó con el profesor Núñez y una decena de alumnos, atravesó la galería del patio oeste del edificio y casi cae a los pies del recientemente inaugurado panel de doctores honoris causa de la universidad. Arrebolada salió en frente de la poterna de la muralla y corrió hacia su borde para que la brisa benigna le agradeciera su aportación al mundo. Luego caminó hacia la pradera de levante donde los estudiantes, como la naturaleza, habían despreciado los caminos preestablecidos y habían abierto un surco en la yerba que era todo un mensaje de disconformidad. Le gustaba su universidad.

Miró hacía el edificio de Arqueo con orgullo por la transformación de un oscuro cuartel en una luminosa biblioteca (seguía llamándola biblioteca premeditadamente). Pasó bajo la pasarela de Fernández De Alba, que unía elegantemente la muralla con la estación de autobuses de Carballal. Dos arquitectos unidos a la universidad de forma muy diferente. El uno por su condición de doctor sobrevenido e inspirador del espléndido y originario campus del norte y, el otro, por haber unido la universidad con toda la región con su faro tierra adentro. Siempre le gustó ese edificio estacionario y su situación tan próxima. Había conocido a Carballal y sabía de su gusto por la pintura abstracta. Por eso disfrutaba con su ironía figurativa en aquel edificio para autobuses que parecía anticipar el cambio climático al tentar con su costado a un mar que brillaba treinta metros más abajo. Su piel estaba tan sensible que no estaba segura quien acariciaba a quién, si la brisa a ella o ella a la brisa. Su vocación científica no le había hecho olvidar su feminidad y procuraba que sus ojos verdes todavía conservaran el entorno de la piel nacarada de las pelirrojas. Estaba excitada con la idea de afianzar su autoría mediante un artículo a Science en el que se extendería en agradecimientos a todos aquellos compañeros que la había ayudado sin saberlo para que compartieran su gloria. Desde el departamento de matemáticas en el que un estadístico, cuyo nombre ya evocaba su destino, al de física con Matías, ese sabio humilde con poca suerte o, incluso, al profesor Evil que, desde que llegó con la beca ARISTOS se había ganado su confianza con sus inteligentes preguntas. Y, por supuesto, al profesor Cal que la inició en el uso de los mapas conceptuales de Novak, en cuyos meandros encontró la solución mientras luchaba por la coherencia conceptual. Tan feliz se encontraba que no advirtió el peligro. Se cruzó con dos becarias del servicio de gestión de la calidad que volvían de hacer encuestas e iban comentando algo de un profesor que no había querido dejar el aula. Reían divertidas por la anécdota. Cruzó hacía el edifico principal a través del túnel y aquel hombre le pareció un empleado de alguna empresa contratada de la unidad técnica, pues llevaba un mono gris. Su sorpresa fue grande cuando, a pesar de las dificultades que todos experimentamos para identificar los rostros fuera de su marco familiar, reconoció en el hombre del mono a su amante francés en la Viena congresual.

Sorpresa que se convirtió en incomprensión y amargura cuando recibió el primer golpe mientras esbozaba una sonrisa de bienvenida. El segundo golpe la derribó sobre las losas de piedra, frías y húmedas, del pavimento del túnel. Mientras se desvanecía recordó confusamente sus confidencias incautas. Beatriz estaba en peligro porque había confirmado su hipótesis sobre la última frontera de conocimiento: la mente humana. Hipótesis que resolvía todas las dificultades de carácter cognitivo y neurológico sobre el aprendizaje que la humanidad había arrastrado desde que un barbado maestro le mostrara unas pistas de animal a un aprendiz de cazador. Pero, ahora la violencia de nuevo trataba de imponerse a la inteligencia mostrando su cara oscura en aquel túnel. Un pasadizo corto que no tenía más pretensión que dejar testimonio de que la elegancia de la forma era capaz de llevar la luz más allá de los arquitrabes de los templos griegos. Beatriz, como símbolo de lo mejor, fue conducida al coche aparcado bajo las ventanas del departamento de mecánica por Pierre, el símbolo de lo peor.

Jorge Wenceslao Busho (Jorge Davaliú para sus camaradas del espionaje globalizado) llevaba años buscando el modo de hacer realidad el propósito de la llamada Era de la Información. Nada menos que el de optimizar el conocimiento de los empleados de las grandes corporaciones para alcanzar la perfección organizativa (la racionalidad absoluta pronosticada por Max Weber). La jaula de hierro corporativa del siglo XXI. Lo hacía al servicio de SHADOW (la organización secreta formada por delegados de gobiernos y corporaciones). Sus agentes rastreaban todas las publicaciones periódicas o episódicas, todos los congresos y jornadas que trataban sobre el aprendizaje. En los últimos dos años había recibido informe continuados sobre una doctora española cuyos avances eran tan prometedores que le organizó una celada muy especial y cuidadosa. Viena, desde el El tercer hombre era un lugar apropiado, aunque el Prater ya no era el lugar inquietante de la película de Wells. Los informes de los investigadores mostraban que era una mujer al alcance de un seductor en ese momento de su vida. Pierre nunca le había fallado en estas tareas desde que su ambición le empujó a dejar su carrera de química, a pesar de su inteligencia natural para la ciencia.

Pero su seducción fue inútil, Beatriz no había llegado al final de su búsqueda. En consecuencia fue necesario seguir pacientemente su progreso y para eso era necesaria la presencia de alguien de su confianza y tan cercano que resultara natural la confidencia. Pero tampoco eso había resultado y toda la habilidad de Evil había resultado inútil. De modo que, cuándo le llamaron desde la universidad esa mañana anunciándole que todo apuntaba a que la doctora Milá había encontrado la solución al problema que tantos quebraderos de cabeza le había producido con sus superiores, no tuvo paciencia y decidió actuar con una grosería que le honraba poco. No en vano Davaliú había estado detrás de los mejores y más sutiles golpes de mano de las cloacas gubernamentales. Todos recuerdan en su discreto mundo de la inteligencia cuando dirigió las operaciones de desestabilización del MIT, al comprobar que Chomsky como director había llegado demasiado lejos en su influencia intelectual sobre su orientación científica. No se podía consentir que la ciencia no sometiera sus juicios y conclusiones a la voluntad política. Y menos cuando, en los últimos años, el objeto se había desvanecido ante la mirada ingenua del hombre y la avisada del científico. El peligro llegaba, ahora, de la doctora Milá que habían reconstruido la confianza en las posibilidades de una ciencia capaz de ir más allá de sí misma para encontrar una nueva perspectiva desde la que contribuir a paliar los efectos de la estupidez humana.

Beatriz reconoció al despertar su propio despacho atormentada por las dificultades para recordar lo que le había pasado. Era de noche Intentó levantarse y experimentó una extraña náusea. Se dejó caer de nuevo suavemente y entonces reconoció sobresaltada –otro traidor a su confianza- la voz de Evil que estaba con Pierre escrutando su ordenador. Sus rostros mostraban una infinita curiosidad por entender lo que la pantalla les mostraba. Trató de no dejarse arrastrar por la desesperación que le producía que el mal se apoderase de su trabajo.

Al abrir el fichero <para Science> del programa MOT 15, la pareja de traidores quedó perpleja, pues en el primer párrafo encontraron la siguiente frase:

 “Rdyr styóviñp `tp`tvopms rbofrmvosd fr wir ñs ,rmyr ji,sms rd vs`sx fr sñvsmxst rñ dir´p fr frñ SÑR`J p ñs YPTÇS ypfsd ñsd `sñsntsd s di sñvsmvr ,rfosmyr imsd rmvoññsd yçrvmovsd fr s`trmfoxskr u rñ si,rmyp rm ñs forys fr ñs vsmyofsf fr…”

Sorprendidos y desanimados echaron una hostil mirada a su prisionera que simulaba seguir inconsciente en el suelo. La conversación le indicaba a Beatriz que tenían dificultades para entender y no le extrañó. Esperó y poco después escuchó como Pierre le comunicaba a Davaliú sus dificultades. Las instrucciones que recibió hicieron palidecer a Pierre, incapaz de evitar que el rostro de Beatriz en la penumbra le evocara las tardes vienesas y su propia dignidad  perdida de científico fracasado. Una dignidad recuperada falsamente en las conversaciones de la terraza de la habitación del hotel junto a la casa LOOS. Beatriz le hizo creer, con su bondad agradecida tras haberla recuperado para el amor físico, que él era quien ya no podría ser jamás. Se mordió el alma y contestó afirmativamente a las indicaciones que recibía por el satélite. Abrió el pequeño maletín de cuero, preparó los electrodos y enchufó el transformador a la red, extrajo la jeringuilla de algostide  de 250 mg, le puso la fina aguja y se dirigió hacia Beatriz. Entre tanto, Evil enviaba el fichero a los servicios centrales en Europa.

Ricardo echó de menos a Beatriz cuando ésta no acudió a la cita diaria para cenar en su casa. No se extrañó porque su excitación había ido creciendo en la última semana debido a los progresos que sabía estaba haciendo en su atrevida teoría cognitiva. Se relajó escuchando La Pasión según San Mateo, esa obra de la que se decía que reflejaba el comportamiento del cerebro en sus notas ordenadas y que transportaba el alma al éxtasis profano si adoptabas la actitud adecuada. Y eso es lo que hizo. Se recostó y se dejo mecer por los vaivenes de la música. Se adormeció y una hora después la ausencia de Beatriz ya le pareció inquietante, de modo que se abrigó y salió de su estudio en el barrio universitario. Esa intervención urbanística que tan clara había dejado la relación entre la colina militar y la plaza lacustre. Subió por la rambla, pasó delante del edificio Arqueo, dejó la plaza de toros a su derecha, bajó hacia la muralla, rodeó el edificio principal; pasó debajo de ficus y se paró. Miró hacía la buhardilla del despacho de Beatriz y se tranquilizó al ver el ligero resplandor de su lámpara de trabajo. Se imaginó la escena con la luz cruda iluminando su cara como en un cuadro de Wright. La llamó  con el móvil y no tuvo respuesta. Pensó en entrar y se dirigió a la puerta con la esperanza de que el guardia jurado lo viese y le permitiera abrir.

No logró verlo y pensó que estaría haciendo una ronda por el edificio. Esperó un cuarto de hora y se extrañó de no verlo aparecer. Pegó la cara al cristal que estaba empañado y la impresión le hizo retirarse asustado de la puerta. Volvió a mirar y la realidad tozuda le mostró al guardia caído y perdiendo sangre por una herida profunda en su cabeza.. Ricardo era un pacífico académico y aquella escena lo sobrepasaba, pero inmediatamente pensó en Beatriz y su seguridad. Ahora, su ausencia y la falta de respuesta al teléfono le produjeron una insoportable angustia. Eran las 11:30 de la noche. Beatriz vio la hora en el gran reloj de la pared que le había regalado Ricardo. Una esfera redonda llamativa como una luna llena. Pierre se acercó con la jeringuilla creyéndola desvanecida. Por eso no vio llegar la regla de acero que Beatriz balanceó con la fuerza que sólo una mujer pacífica puede mostrar cuando es sorprendida su confianza. La regla era un transformador de unidades tradicionales de longitud. Se la había regalado el profesor Cal cuando acabó el máster de restauración que la universidad había organizado con los colegios profesionales de arquitectos e ingenieros de edificación. Pierre recibió en su sien la regla aproximadamente a la altura de la décima de vara con una energía cinética suficiente para que perdiera el conocimiento instantáneamente. Cayó hacia la derecha ruidosamente llamando la atención de Evil que estaba enfrascado en el ordenador. Al ver a Beatriz armada con la regla de acero manchada de sangre y el rostro tan resuelto pensó que era el momento de volver a su universidad de origen, lo que no le quedó más remedio que intentar por la ventana de la buhardilla. Como no conocía la geometría del tejado perdió pié en las húmedas tejas y cayó pesadamente al vacío y a la noche. Curiosamente lo hizo en silencio. Era un hombre discreto. Beatriz salió al pasillo, bajó las escaleras y se encontró en la logia del tercer piso. El patio de poniente estaba iluminado por la luna y resultaba mágico. Su parte poética le pedía quedarse contemplando la escena y su parte práctica que huyera rápidamente por si había más extraños en el edificio. Se desorientó y tropezó en la puerta del paraninfo. Se recuperó y bajó precipitadamente las escaleras centrales hacia el hall. Se sorprendió al ver los reflejos azules de los coches de la policía y se tranquilizó al ver la figura de Ricardo junto al agente que estaba golpeando el cristal de la puerta con un mazo.

Las astillas saltaron y cruzaron el umbral casi estorbándose. Cayó desmadejada en los confortables brazos de su compañero mientras la regla caía al suelo y se quedaba vibrando unos segundos como lo hace una moneda. El policía se desvió hacía el guardia jurado para atenderlo. En la calle uno de los coches de la policía estaba abollado por el cuerpo de Evil que reposaba ya relajado sobre el vehículo. Las aspas de un helicóptero sonaron rítmicamente sobre el patio. El agente más próximo a Ricardo se sorprendió porque no  tenía noticia de que se hubiera hecho una gestión de este tipo, pero el oficial de paisano no estaba sorprendido. Pierre se despidió mentalmente de Beatriz mientras el helicóptero se elevaba y él sujetaba una gasa en su herida. SHADOW había actuado con rapidez para recoger a su agente. Estaba dolido por la herida y por no haber sido capaz de descubrir el sistema de cifrado del texto de Beatriz. Aunque los servicios centrales tampoco lo habían descifrado, no estaba seguro de que pudiera ya hacer una carrera en la organización. Dos hora más tarde, en el sofá del estudio de Ricardo, Beatriz sonreía por la potencia que había mostrado su inocente sistema de cifrado. Desde pequeña se había acostumbrado a escribir en el teclado QWERTY corriendo los dedos una tecla. Así, una palabra como “ciencia” se convertía en “virnvis”.  De este modo, logró proteger su  descubrimiento para que fuera calificado como un avance esencial para la ciencia y la democracia. Su propuesta permitía asumir el reto de formar con rapidez técnicos, científicos y ciudadanos de forma significativa y no doctrinaria. Se consideró el mayor logro intelectual desde la Ilustración. Entre tanto, SHADOW se lamía las heridas y preparaba una nueva intriga para sus eternamente innobles propósitos.

La doctora Beatriz Milá recibió el premio Nobel en el año 2016. Fue la primera mujer rectora de su universidad. En Los Barreros se erigió una estatua en su honor y desde entonces el antiguo paseo Alfonso XIII pasó a llamarse Rectora Milá. De este modo, la puerta de Europa, que representaba el desembarco de la autopista en la ciudad, entroncaba con naturalidad con la avenida que la honraba. 

Diario de campaña

DIARIO DE CAMPAÑA (I)

Como vienen elecciones el próximo día 10 de noviembre conviene más que ser arrastrado por las emociones echar un vistazo a las cifras y los conceptos. También doy mi opinión particular. Esta serie se publicó en Facebook, pero aquí puede leerse de forma continua.

Hoy GASTO PÚBLICO (GP) porque es uno de los asuntos en los que más se diferencian las políticas propuestas por los dos bloques en que se agrupan los partidos en nuestros país.

DATOS
Voy a proporcionar los datos de gasto público por cabeza (pc) en España y los países de referencia. Son cifras según la fuente (Datos Macro) de 2018. También se proporciona la distribución del Gasto Público Total (499.520 millones de euros) por Administraciones. Las barras verdes son de Izquierda a derecha la Administración Central, Autonómica, Seguridad Social y Ayuntamientos. Las cifras de la tabla nos dice también qué “sueldo” complementario nos suponen los servicios públicos. En este caso 886 euros al mes.

OPINIÓN
Como se ve somos un país modesto en el gasto público por habitante a pesar o debido a nuestra baja productividad, como se comprueba con el dato de la producción anual (PIB) por cabeza. El caso es que gastamos poco por habitante y tenemos una de los mejores servicios de sanidad del mundo y un sistema de pensiones envidiable. Sin embargo hay una constante presión para rebajarlo o privatizarlo para que cambiemos colas en la SS por colas en los hospitales privados (ahora no hay porque tienen pocos socios relativamente). Sospecho que las críticas a los servidores públicos provienen de verlos alternarse en el abandono del puestos para ir al supermercado. Pero eso son malas prácticas anecdóticas que deben corregirse pero que no deben ocultar los extraordinarios cambios que el servicio público ha experimentado en los últimos años y la limpieza ejemplar que periódicamente el sistema judicial hace para que nadie confunda lo público con los suyo. Desde este punto de vista es absolutamente ejemplar el encarcelamiento de engreídos gestores del pasado. Son más escandalosos quizá los comportamientos laborales de los representantes políticos, pero habrá que tratarlo aparte. Pero, en general, el nuestro es un país moderno con sus infraestructuras nuevas y los servicios públicos aceptables. Otra cosa es el tratamiento de la deuda, lo que veremos en otros capítulo.

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DIARIO DE CAMPAÑA (II)

Hoy la DEUDA. Este dato no dice en qué grado las generaciones presentes se han gastado lo que todavía no habían producido.

DATOS
Se aporta una tabla y dos gráficos de Datos Macro y otra de elaboración propia que permiten comprobar la evolución de la deuda desde final del siglo XX y en relación a otros países. En los gráficos se puede comprobar cómo evolucionó la deuda en los períodos gobernados por los dos partidos principales. La segunda tabla permite comprobar la deuda en los países de referencia en valores absolutos y relativas al PIB (producción anual de cada país); también la deuda por habitante y el déficit (la diferencia entre ingresos y gastos públicos). Un valor que es negativo para todos los países con la excepción de Alemania que tiene déficit positivo. Adicionalmente podemos decir que la deuda de las familias es de 781.700 millones de euros y la de las empresas de 829.300 millones de euros. Es decir, entre el Estado, familias y empresas debemos 2,78 billones de euros que rebaja sustancialmente la deuda de los peores años de la burbuja que llegó a ser del entorno de cuatro billones de euros.

OPINIÓN
Tendríamos que trabajar casi tres años de trabajo “sin cobrar” para amortizar la deuda. Impresiona que cada uno de nosotros debe casi 25.000 euros además de aquellas deudas en las hayamos incurridos por nuestra cuenta. Pero lo peor es que la persistencia del déficit negativo aumenta cada año la deuda aunque se haya hecho un gran esfuerzo estos años (los de la austeridad. Actitud muy loable si su peso hubiera recaído sobre alguien más que los de siempre. Además ha coincidido la situación con un cambio tecnológico extraordinario que ha favorecido mucho empleo precario, cuyos beneficios van a compañías que ni siquiera tributan en España.

Como se puede ver en la evolución, mientras duró la burbuja, los ingresos del Estado mantuvieron a raya la deuda, pero con el colapso de la construcción y su entorno productivo, unido a la inercia de gasto, se disparó y así sigue. La noticia tranquilizadora es que las deudas relativas de los países de referencia son muy parecidas. Mientras que nuestros gobiernos no inquieten (por mucho que moleste) a los inversores internacionales nadie vendrá a pedir el dinero que debemos, pero es imprescindible aumentar el PIB, y eso supone, hoy en día, no sudar más, sino ser más inteligentes en los sectores en los que investigamos y aplicamos el conocimiento que hay, además de aportar conocimiento original a los problemas del mundo.

Los partidos clásicos (PSOE y PP) se han repartidos los aciertos y los disparates en materia macroeconómica y ambos están pagando el guateque de los primeros años del siglo. Aunque con los gobiernos del PP, por razones obvias, la deuda suele quebrar su ascenso, el método empleado desde 1996 fue venenoso para la economía nacional. Lamentablemente, el PSOE no pudo o no quiso pinchar la burbuja y lo pagó caro y nosotros con ellos. Todo ese dinero empleado en urbanizaciones disparatadas lo echamos de menos ahora. Las diferencias entre los dos partidos se notan, sobre todo, en la aplicación de recursos a políticas sociales. En un caso se piensa en la gente y en otro se dice que se piensa en la gente (recuérdese que Cospedal dijo que el PP era el partido de los trabajadores). Suponiendo que sean sinceros, desde la derecha, se confía en que la buena salud económica general se traduce en beneficios para todos, siempre que los servicios del Estado se vayan transfiriendo a empresas privadas. El PSOE no, esperan una atmósfera benéfica y aplica políticas sociales siempre que puede sin caer en movimientos financieros irresponsables. Obviamente creen más en que servicios como sanidad, educación y pensiones tengan el respaldo del Estado. Pero el detalle de las partidas presupuestarias principales lo veremos en otro capítulo de esta serie.

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DIARIO DE CAMPAÑA (III)

Hoy el GASTO PÚBLICO EN DETALLE. Estos gastos, comparados con los países de referencia nos permiten calibrar nuestro estado de bienestar.

DATOS
Los datos proceden de Datos Macro y del texto de Juan Manuel Gallo sobre la renta básica. Estos últimos permiten comprobar la importancia relativa de cada partida en el conjunto del gasto público anual. Los datos del gráfico son respecto del PIB y los de la tabla respecto del Gasto Público.

OPINIÓN
La comparación con el resto de países de referencia permite decir que nuestro estado de bienestar es modesto en relación a los países más adelantados. Sin embargo los percibimos como de calidad creciente, cuando la presión por privatizar no hace decaer los servicios públicos. Lo que puede ocurrir por necesidad, como así ha sido durante el período 2011-2015. A partir de ahí no hay más excusa que la deuda, que parece contenida para los estándares mundiales. Los datos son de 2018 y muestran el abrumador peso de las pensiones. Es sin duda el esfuerzo conjunto más relevante que realiza este país y no sorprende que haya tanta preocupación objetiva con su evolución. En este sentido es desalentador que el partido Podemos saboteara el acuerdo de este año entre todos los partidos. La amenaza mayor al sistema son las bajas cotizaciones actuales por los salarios que se pagan y la precariedad de los contratos. Pero, sin duda, este es el mayor desafío de la economía española. Es sabido que desde ideologías liberales se propugna la total privatización de las pensiones siguiendo el modelo impuestos por el dúo Pinochet-Piñera en Chile, que liberó al Estado de esta partida y a los jubilados de su dinero. Irónicamente, del mismo modo que ahora se recomienda que los jóvenes suscriban planes de pensiones privados para completar su potencialmente exigua pensión futura, en Chile se empieza a buscar complementos públicos para los pobres resultados de la privatización, obviamente para los jubilados. O sea, que ojo con el desmantelamiento de un sistema sin que la alternativa sea razonable para la nueva estructura de la “pirámide” de edad.

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DIARIO DE CAMPAÑA (IV)

Hoy los IMPUESTOS. Estos ingresos del Estado permiten establecer la presión fiscal, por eso se ofrece también un cuadro de la presión fiscal en términos de impuestos sobre el PIB, que como dice Google es el conjunto de la producción de un país durante un año, incluyendo las importaciones y las exportaciones.

DATOS
Se proporciona un cuadro de la presión fiscal (impuestos en relación con el PIB en los países de referencia procedente de los cuadros de Datos Macro. Además se proporciona la relación de los impuestos de 2018 recaudados por la Agencia Tributaria y, de esta misma fuente el detalle del impuesto más popular: el IRPF, tanto en la base imponible (los ingresos que hacienda considera para calcular el impuesto), como el resultado de la aplicación de los tipos.

OPINIÓN
Como se puede comprobar somos un país con una presión fiscal casi seis puntos por debajo de los principales países europeos, lo que deja margen de 60.000 millones de euros. El PP no creo que use ese margen. Y el PSOE lo hará parcialmente en función del socio que le toque para conseguir la investidura y el gobierno si vuelve a repetir su situación. La izquierda debe entender que ahora lo que toca no es aumentar la presión sobre el sistema económico, sino, muy al contrario, defender lo logrado. Ya llegarán tiempos mejores para una reconsideración en un sentido u otro. En mi opinión, con ligeros ajustes hemos tocado techo como país civilizado y habitable para mucho tiempo, salvo que encontremos un yacimiento de energía inagotable. Los dos grandes problemas a abordar son la Renta Básica y la Pensiones de ahora y del futuro, pero mucho cuidado con no agotar las ubres de las que se nutre el Estado Social.

En la tabla de la declaración de la renta se puede comprobar de dónde salen el 80 % de los ingresos y 80 % de estos impuestos: de la clase media, por eso es tan importantes que siga viva a pesar del proceso de deterioro que supone para ella el modo en que se están sustituyendo expertos por algoritmos. También se puede ver en esta tabla que el número de ricos es pequeño (8.400 personas) entre 20 millones. Piénsese que hay 3 millones de empresas en nuestro país, cuyos propietarios tiene que ser clase media obviamente.

Ahora lo que toca es estudiar, investigar, trabajar… y disfrutar; sacar toda la creatividad que seamos capaces para ser capaces de producir aquello que haga más atractivo nuestros productos para el resto del mundo, además del sol y las playas.

NOTA.- En el tramo de contribuyentes con ingresos mayores de 600.000 euros tengo una duda, pues no hay correspondencia entre el impuestos y la base imponible. Si alguien tiene la respuesta tenga la amabilidad de decírmelo.

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DIARIO DE CAMPAÑA (V)

Hoy el ESTADO DE BIENESTAR, que es una construcción premeditada de un periodo histórico que ha transformado la forma de vida de los países occidentales y de aquellos orientales que han seguido el modelo. Tras la Segunda Guerra Mundial con las maquinarias productivas en plenitud, las nuevas tecnologías y los nuevos materiales a lo que se añadía la necesidad de competir ideológicamente con el Estado resultante de la Revolución Comunista, se consideró que el capitalismo y la libertad política asociada debía ofrecer un modelo capaz de proporcionar a los ciudadanos una vida feliz y protegida. La solución socialdemócratas, que tenía el apoyo en la urnas, fue el aumento del gasto público llevando a la sanidad, la educación y las pensiones a niveles que nunca habían existido, desde las primeras iniciativas en la Alemania de Bismark a final del siglo XIX. Esta situación duró hasta finales de los años setenta en que, ante el descrédito de la solución soviética, se creyó que ya no hacía falta ser condescendiente y que había llegado el momento de volver al estado de cosas previo a la crisis de 1929.

Hoy en día otros problemas, como el crecimiento de la población mundial, el envejecimiento de la población occidental y la creciente influencia de las nuevas tecnologías en forma de explotación a distancia vía Internet y de las pronosticadas pérdidas de millones de puestos de trabajo por la automatización, crean un panorama complejo que hay que abordar con nuevas ideas.

Hay quien aspira a liquidar el Estado de Bienestar radicalmente. Se ofrece una tabla elaborada por el economista liberal Juan Manuel Rallo en la que se ve hasta qué punto esta posibilidad está ya tasada en algunas mentes. Esa inocente tabla supone el desmantelamiento de los servicios públicos, tal y como los conocemos hoy. Lo cierto es que ninguna de las fuerzas políticas que han gobernado hasta hoy se han atrevido a tanto, pero aquellas que gustan en ponerse el apellido “liberal” están pensando en ello y donde gobiernan ponen en marcha tímidamente experimentos de privatización. Las que llevan en su nombre el adjetivo de “social” no pueden hacer otra cosa que abordar las dificultades presupuestarias desde la posición de que “el Estado de Bienestar no se toca”. Las dos posiciones son complicadas pues son acosadas por versiones más radicales respecto de sus posiciones de equilibrio.

Los “liberales” moderados no se atreven a tan peligroso desmantelamiento y procurarán hacerlo bajando la presión fiscal. Los “sociales” no quieren tal desmantelamiento, pero no se atreven a aumentar la presión fiscal. Fuera de estas dos posiciones centradas “podemos” encontrar posiciones alocadas de servicios sin soporte económico o “voces” con dinero que no quieren servicios públicos para “gentuza”. Creo que los cambios que procedan tendrán que venir gradualmente para no desestabilizar los delicados equilibrios existentes.

El mundo privado se muestra capaz de dar servicios que antes sólo podía dar el Estado sin rasgar el velo de la seguridad subjetiva que cimenta el sentido de pertenencia a una sociedad solidaria. Pero determinados servicios, si se privatizan, crearán rápidamente segregación sin mérito, inmovilidad social, endogamia, pobreza y desamparo. Si esto ocurre, si se llega a un “sálvese quien pueda”, regresaremos a fases oscuras hoy afortunadamente superadas. El freno es el voto.

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DIARIO DE CAMPAÑA (VI)

Hoy la EXTREMA IZQUIERDA. Dijo Marx: “de cada uno según su capacidad a cada uno según sus necesidades”. Es una frase ingeniosa y redonda llena de problemas. Esta frase elude el hecho de que tenemos una subjetividad que nos permite alardear de capacidad y exagerar nuestras necesidades. La solución conductista es comprobar lo que sabes hacer y exigírtelo sin misericordia autoritariamente; añada que se decida en un bureau central cuáles son tus necesidades. El resultado es querer meter toda la complejidad humana en el estrecho espacio de la mente de un burócrata. No sé qué sucederá cuando el Big Data lo sepa todo de nosotros. Pero el Big Data es Sistema y el marxista es antisistema. La extrema izquierda adolece de impaciencia porque quiere “asaltar el cielo”. Es decir, que como todo extremista, acude a las emociones de sus oyentes con llamadas, aquí y ahora, a la solución de problemas que tienen 60.000 años de antigüedad. Dicen que son dialécticos, pero, en realidad, son “dielásticos”, pues estiran palabras como “democracia” hasta hacerla irreconocible empeñados en consultar y consultar a quien les ha cedido la responsabilidad de tomar decisiones. Viven bien en la contradicción de la “Dacha” lujosa porque han sustituido la ética por el resultado de una consulta. Es una actitud conductista. Ya saben, aquellos que delegan en la conducta los procesos mentales propios. Hubo uno que llegó al extremo de preguntar a su amante en la fase del cigarrillo postcoito: “¿me lo he pasado bien?. ¿Les recuerda la consulta sobre la eticidad de la compra de una mansión desde la que dirigir la revolución “discretamente”? (¿Hemos sido coherentes queridos inscritos e inscritas?)

La extrema izquierda lo pide todo y con toda la energía; con lo que monopoliza el espacio de la ética, no dejando sitio para nadie. Su cita no es con la realidad, sino con la parusía (el juicio final). No le interesa el gobierno pues mancha. Tiene tendencia al autoritarismo al menor descuido, dado que poseen una verdad indiscutible. Sus postulados captan a jóvenes que atraídos ingenuamente por la inmediatez, no saben aún de la tozudez de la realidad, de los espeso y pegajoso de los movimientos sociales, de que, como dijo Nietzche (más o menos), “bailamos encadenados”. Afortunadamente los jóvenes hoy en día se centran en problemas concretos como el clima, pero no pueden evitar que sus actitudes sean confundidas, interesadamente, con la extrema izquierda. Entre otras cosas porque ésta trata de rejuvenecerse con su sangre fresca y los adversarios ven una oportunidad de desacreditar el molesto reproche. También se acercan a la extrema derecha personas mayores con ideas esclerotizadas. Una pena, porque desperdician el privilegio de haber vivido mucho desaprovechando sus laboratorios mentales para el bien común.

Uno de los errores mayores de la extrema izquierda es la provocación en materia de costumbres (despelotes en recintos religiosos, insultos infames a los conservadores) desviando la atención hacia ninguna parte. Además, la extrema izquierda está asociada a la mitad de los peores acontecimientos históricos porque la rigidez de sus ideas y su miopía para el análisis social complejo garantiza su fracaso “obligándolos” a imponerlas por la fuerza hasta que surja el “hombre nuevo”. Por esa mala reputación tratan de confundirse en los resquicios de la democracia, en la que creen poco. Lamentablemente, una vez inventada la intransigencia en su formato político, nos acompañará el resto de nuestra historia como especie.

La extrema izquierda pretende monopolizar la voluntad de solución de los problemas sociales sin salir del ámbito del pensamiento. Quiere apretar fiscalmente a los ricos sin reconocer que repartida la riqueza de los ricos, es decir, la riqueza concentrada, no da ni para pipas; al tiempo que elimina las turbinas de la ambición que mueven el mundo material. Concretamente, cada habitante de la tierra tocaría a 2.200 euros de una sóla vez si se repartiera la fortuna de los billonarios del mundo, al tiempo que se sacaría del sector financiero (el que permite afrontar viejos y nuevos proyectos) el 99 % de tal fortuna. También olvida la extrema izquierda que el 80 % de la riqueza del mundo, donde verdaderamente está concentrada es en las manos de las clases medias a las que sus dirigentes pertenecen. Clase media que, que yo sepa, no están dispuestos a dar ni un paso atrás en sus logros materiales. En fin: doctrina, despiste y, en el peor de los casos, cinismo malicioso.

DIARIO DE CAMPAÑA (VII)

Hoy la SOCIAL DEMOCRACIA. Es una opción política “que trata de perseguir la igualdad y la libertad, en la convicción de que hasta que seamos verdaderamente iguales, no seremos verdaderamente libres” (Roy Hattersley). Típica frase llena de trampas de la socialdemocracia superada por las revoluciones productivas. Pero, ha sido la opción política consolidada como reacción a la rigidez marxista, con notables antecedentes en la voluntariedad de las propuestas de Fourier u Owen. Básicamente es el socialismo no revolucionario, con la pretensión de llegar en su origen a la misma meta igualitaria mediante reformas graduales. Cobran notoriedad política en la segunda mitad del siglo XIX. Es despreciada por la extrema izquierda como traidora a la esencia de los intereses de los trabajadores, pequeño burguesa y pactista con el capital, bla, bla, bla. Parece mentira que todavía tenga algún predicamento esta retórica embalsamada en el prestigio de la exigencia impaciente que no pacta ni con la realidad.

La socialdemocracia ha tenido tremendos éxitos cuando el colapso del liberalismo en 1929 mostró la necesidad de un gran pacto entre los defensores de la gran máquina productiva que es el capitalismo y la sede de la conciencia social que es el socialismo democrático. De este pacto ha salido el capital aceptando que la mitad de la producción anual de un país se emplee en compensar a la mayoría trabajadora de que en sus fauces es una mercancía. Y de este pacto salió la socialdemocracia renunciando de hecho a que su meta fuera el socialismo doctrinario, porque la meta más razonable era aceptar determinadas cotas de desigualdad para no gripar la máquina capitalista, al tiempo que se tejía una red de seguridad social fuerte que evitara el sufrimiento en la base del sistema.

Sin embargo, en este momento, la situación está virando, porque transcurridos casi un siglo de cortesía, desde hace treinta años el liberalismo económico (camuflado de liberalismo filosófico) vuelve por donde solía, pillando a la social democracia en la Luna. Este envite requiere de un reposicionamiento radical dado que, a la defensa de su éxito de antaño, ahora hay que enfrentar el agotamiento del soporte planetario ante los procesos contaminantes de transformación de energía.

Sus puntos de partida deben ser convencernos de que ha renunciado al socialismo igualitario, pero no a la energía para neutralizar intelectual y prácticamente el liberalismo desigualitario. Un espacio en el que la igualdad de oportunidades de presenta como un ejercicio de pasión, pues ningún congénere puede estar condenado a la ignorancia supina; y un ejercicio de inteligencia, pues ningún talento debe perderse por falta de formación. El progreso social es una labor coral, cuyos resultados no pueden ser taifas de ricos rodeados de multitudes depauperadas vagando alrededor de las murallas como en los tiempos de Thomas Müntzer. Riesgo que hoy se hace presente con las posibilidades de una tecnología capaz de proporcionarlo todo en circuitos económicos restringidos, al no necesitar la energía humana en las dosis históricamente aplicadas. Porque esa puede ser la pretensión suicida de parte de la población más lunáticamente y estrafalariamente rica.

En el terreno de la acción debe 1) encontrar el modo de financiar el estado social creado, sin desatornillar las turbinas económicas en pleno vuelo; 2) contener aquellas reivindicaciones sociales que no encajen en el planteamiento del punto uno, o bien, convencer a las clases medias (80 % de la renta) de que reduzcan su gasto superfluo y compartan con buen ánimo aquella financiación social que dé empleo y sume en el PIB; 3) mantener y mejorar la iniciativa, financiación y control de los proyectos sociales, mientras los agentes públicos sean venales y los privados den muestras de ser proveedores desleales, corruptores y ventajistas (desde los asilos donde maltratan a ancianos a proyectos tipo Castor o Radiales de Madrid); 4) explorar la cooperación de agentes privados allí donde pueda mantener el control de los resultados; 5) moderar el prejuicio de la izquierda de que todo puede ser cambiado de forma voluntarista, rápida y poco meditada y 6) dirigir con más convicción recursos en la investigación a la búsqueda de una ciencia y tecnologías que nos saquen del vagón de cola de la productividad, a pesar del enorme esfuerzo colectivo. Todo ello para contribuir a la búsqueda de soluciones a los problemas medioambientales, de salud y de recursos no contaminantes en una atmósfera de confianza en que la prioridad es el interés común.

La socialdemocracia debe actuar como una referencia móvil cuyo centro de gravedad ideológico se establezca en cada época próxima al centro de gravedad de la realidad interpretada por sus resultados para los seres humanos.

DIARIO DE CAMPAÑA (VIII)

Hoy el LIBERALISMO. Como en otros casos empezamos con una cita. En este caso de Townsend: “En general, únicamente el hambre puede espolear y aguijonear a los pobres para obligarlos a trabajar…”. Como se ve, frente al llamado con desprecio “buenismo”, el liberalismo del siglo XVIII entendía a la economía como un triturador de minerales y seres humanos, incluyendo niños. Piénsese que, del mismo modo que hoy en día el coltán se extrae con niños, las chimeneas de los potentados ingleses se limpiaban también con niños por el tamaño de sus cuerpos y no con uno de los risueño muchachos del Bert de Mary Poppins. Pero hay un liberalismo del siglo XX. Cito al liberal chileno Axel Kaiser: “… usted podría necesitar con urgencia una operación que cuesta, digamos, diez millones de dólares o cien millones de dólares. ¿Le da eso derecho a que otros se la paguen?”. Si quitan la exageración de los millones, queda la idea central. ¿Cuánto costó el rescate de los mineros chilenos perdidos en el fondo de una mina? En España tuvimos el caso de los medicamentos para la hepatitis que fue sonado.

En versión menos truculenta, el liberalismo moderno reclama libertad para realizar los propios proyectos, respeto por la propiedad y los contratos. ¿Quién puede estar en desacuerdo? El problema es que apoyado en esos tres pilares se proporciona una alternativa político social en la que el Estado no tiene más misión que cuidar las fronteras exteriores y evitar el molesto desorden público. No es difícil imaginar cómo acabaría un Estado así. Pero téngase en cuenta que el gran Pope del liberalismo Friedrich Hayek consideraba en una entrevista que “personalmente prefiero un dictador liberal a la falta de liberalismo en un gobierno democrático”. Esa entrevista se produce en el contexto de la dictadura de Pinochet. Hayek habla de un periodo transitorio, algo así como la “dictadura del liberaliado”, cometiendo el error de pensar que matando “un poco” (el carácter criminal del régimen era público) y no cambiando la situación estructural se acababan los problemas. Es incomprensible que a un intelectual que respeto como Hayek no le rechinara unir en una misma frase dictadura y liberalismo. Es obvio que el liberalismo en el que se piensa es estrictamente económico a pesar de las protestas sobre su fundamento filosófico. Un fundamento endeble cuando la humanidad se basa en el talento individual en un marco social, tanto diacrónico como sincrónico.

Los liberales propugnan una sociedad insolidaria basada en la caridad individual en ausencia de ayuda social Proponen un gasto público del 10 % del actual. Para ellos la máquina económica es prioritaria y consideran toda protesta social como producto de la envidia. Dicho sea todo esto conviniendo con ellos en que ha sido la maquinaria capitalista la que ha proporcionado todo el bienestar que conocemos. Pero esta prosperidad ha sido compatible con un Estado Social competente, a pesar de los fallos que como, toda obra humana tiene. El gasto público no ha estorbado el desarrollo y se ha mantenido, como dicen ellos, “el orden público”.

El liberalismo tal y como los plantean sus defensores actuales es una utopía camino de una pesadilla. Creo que la economía ha experimentado sobresaltos, no por la existencia del Estado Social, sino cuando el liberalismo, contra sus propios principios, ha creado condiciones paroxísticas como las de la última crisis, invitando a la gente a poseer bienes que no podían financiar para cobrar la comisión y huir a las Bahamas. La sociedad corre tanto riesgo con la utopía liberal como con los milenarismos igualitarios. Afortunadamente, aunque a parte de la política profesional le gusta la etiqueta de liberal, su aplicación es moderada y más bien apunta a una depuración de los abusos estatalistas que a la destrucción del Estado Social.

DIARIO DE CAMPAÑA (IX)

Hoy el CONSERVADURISMO. Uno de los filósofos más relevantes del conservadurismo fue Russell Kirk, quien dejó dicho: “El conservador trata de proteger la herencia de la civilización que ha sido legada por el abnegado trabajo de innumerables generaciones humanas y que ahora mismo está siendo amenazado por el fanatismo y por la obsesión de lo novedoso”. En nuestro país hay partidos que lucen con orgullo la etiqueta de “conservadores”. ¿Qué conserva el conservador? pues la religión, la nación, las instituciones y las costumbres heredadas. Es una posición complicada porque todos los días se cambian las costumbres y cada vez a más velocidad. El conservador ve con horror que son sus propios hijos los que socavan la pervivencia de sus convicciones. Si a eso se añade que los partidos de sus antípodas ideológicas (los llamados progresistas) usan su fuerza política para reconocer como normal lo que para ellos son auténticos tabúes, el horror se convierte en pesadilla. De ahí la repugnancia tan difícil de disimular por la exhibición de actitudes antes reprimidas como el lenguaje soez, el desprecio de la religión o las formas heterodoxas de sexualidad. Una repugnancia que por efecto metonímico se traslada de las ideas a las persona. ¿Cómo si no entender el rechazo tan visceral a Manuela Carmena de los conservadores madrileños? o ¿cómo entender el paradójico rechazo del conservadurismo a los defensores del calentamiento global del planeta, incluida la última niña involucrada en su defensa?. Prefiero entender así el rechazo al ecologismo, como cosa de progresistas, antes que interpretarlo como una defensa ante la amenaza a sus intereses económicos.

El conservadurismo tiene tendencia a unir su destino a la ideología liberal, lo que atribuyo a un instinto de proteger a la sociedad del mayor atropello a sus tradiciones: el comunismo o cualquier propuesta que se le acerque. Qué duda cabe que la economía de mercado es una tradición que cuando se ha visto amenazada ha tenido en los conservadores defensores a ultranza. Por eso se asocian a lo liberales porque ven en el Estado Social una amenaza al Estado Caciquil, donde la autoridad de la riqueza se aliaba con la autoridad propiamente dicha porra en mano. También convergen en tolerar regímenes dictatoriales si la democracia lleva a que la tesis colectivistas se impongan.

Sin embargo el liberalismo rechaza de plano al conservador aunque se resigna temporalmente. Dice Hayek: “la filosofía conservadora, por su propia condición, jamás nos ofrece alternativa ni nos brinda novedad alguna… (aunque) hoy por hoy, en efecto, los defensores de la libertad no tienen prácticamente más alternativa, en el terreno político, que apoyar a los llamados partidos conservadores”

DIARIO DE CAMPAÑA (X)

Hoy la EXTREMA DERECHA. En el polo opuesto a la extrema izquierda encontramos el otro límite del espectro ideológico de nuestro país, que es como decir de todo el planeta. La extrema derecha como ideología tiene en común con su homólogo extremo la pasión por el Estado, en un caso como provisor-opresor y en el otro como sentimental-opresor. Ninguno de los dos siente una especial atracción por la democracia, a la que dejan caer en cuanto tienen la oportunidad. Su amor por la democracia suele ser impostado. Los rasgos característicos de la extrema derecha son los símbolos: la nación (que llaman patria), la religión y la autoridad, que puede estar representada por un rey o por un “conductor”. Son recios cultivadores de la virilidad, amantes de las armas y los uniformes (aunque se suelen conformar con la caza), también de los caballos como goce y como símbolo de hazañas del pasado. Precisamente el pasado, no como tradición, sino como expresión de la gloria de la conquista por la fuerza arriesgando la vida (de otros).

Su soporte ideológico más inmediato es el falangismo español, la democracia orgánica y el sentido común (el de ellos). Recientemente se hacen llamar liberales, lo que no me extraña, dados los sueños húmedos de éstos con las dictaduras. Adoran la figura del dictador Franco por su habilidad castrense, pero también por su crueldad. En la actualidad se suman a movimientos semejantes en toda Europa en la paradoja de que se unen hoy, pero el nacionalismo patológico de todos ellos los puede enfrentar mañana. Son la Esparta nacional, pues piden disciplina y pureza. Gritan con fuerza ¡Viva España!, pero no ¡Vivan los españoles!, por si se cuela uno que no sea “de bien”. Como todas las ideologías extremas no pacta (salvo en algunos casos). Tachan de débiles a la derecha moderada y gustan del exabrupto. Se envuelven en la bandera, pero construyen sin licencia. Todo ello trufado con un freudiano amor-odio a la mujer que podría ser resuelto con un poco de diván. Por supuesto que en sus filas hay mujeres-mujeres, pero a la grupa.

DIARIO DE CAMPAÑA (XI)

Vistas una a una las etiquetas políticas habituales haremos un comentario general. No podemos evitar establecer la histórica frontera que separa a la izquierda de la derecha, visto que los propios protagonistas políticos las usan. En teoría entre el final de la izquierda y el principio de la derecha hay una tierra de nadie que ocupan uno u otros en determinados momentos, pero a costa de llevarse una bala perdida (la llaman centro). Los tópicos sociopolíticos son los siguientes:

Te sientes de izquierda si te ves compasivo con el extraño, enemigo del interés, eres amigo de la cooperación, aborreces el individualismo y a menudo andas mascullando maldiciones contra los ricos porque sospechas que su riqueza es ilegítima. También piensas que el ser humano sólo puede ser redimido en la tierra y, paradójicamente, te sientes moralmente superior a los que proclaman profesar una religión.

Te sientes de derechas si prefieres a los propios antes que al extraño, consideras los intereses de pura lógica operativa, eres amigo de la acción individual, aborreces el colectivismo y a menudo andas mascullando sobre la envidia de lo pobres con la parte más productiva de la sociedad. También crees que este mundo no tiene remedio, por lo que la redención tendrá resultados en la otra vida. Pero, paradójicamente, te sientes moralmente seguro de que la desigualdad económica no violenta el espíritu de tu religión.

Por otra parte, en nuestro país hay un asunto completamente transversal entre la gente y es el del independentismo. Lo fue en el pasado y lo es en el presente. Sin embargo, entre los políticos es teñido de color ideológico provocando mucha confusión.

Además, dado que la economía tiene un gran peso en las decisiones políticas modernas, las dos opciones pueden también caracterizarse por ella. Así el que se siente de izquierdas le gustan los impuestos, porque espera que los paguen los ricos, los subsidios como muestra de solidaridad, los derechos sociales como expresión de las libertades y los servicios públicos gratuitos. Por el contrario el que se siente de derechas odia los impuestos porque los considera un expolio, rechaza los subsidios como fuente de parasitismo y sospechan que los servicios públicos son caros e ineficaces.

Estas vaguedades son esquemáticas pero son resultado de lo que se escucha a unos y otros en el ágora. Algo hay de esto, pues los votos en España se dividen desde hace muchos años prácticamente por la mitad y solamente los ajustes de la Ley D’hondt permite que algún partido destaque para liderar el gobierno. De modo que la mitad de los españoles vota a partidos que van de la extrema izquierda (Podemos) a la izquierda moderada (Más País, PSOE) y la otra mitad votan a partidos que van desde la derecha moderada (Cs, PP) a la extrema derecha (Vox) con una simetría ejemplar.

Lo que todas las opciones comparten en este período tibio de nuestra historia es el respeto, aunque sea formal, por la democracia. Lo que es de agradecer, porque, cuando se rompen la formas democráticas, lo que llega, sea del color que sea, es sufrimiento y muerte.

Otra cosa es como se ven los propios partidos políticos. Así Podemos se ve como representante del “pueblo”, pero no de extrema izquierda; el PSOE se ve como un partido que administra para el ciudadano los beneficios del capitalismo. El PP se ve como un partido conservador, en el sentido más noble de la palabra, y liberal, queriendo decir que está por la libertad económica y el respeto a la propiedad. Ciudadanos se dice de centro derecha y liberal. En el extremo derecho, Vox rehuye, como lo hace su adversario del otro polo, la clasificación como extrema derecha y bromea denominándose de “extrema necesidad” en su lucha fantasmática con el feminismo y la emigración.

Así se ven unos y otros. ¿Cómo los vemos nosotros? Pues dependerá de nuestra propia posición en la vida. Posición poliédrica compuesta de rasgos de unos y otros de los paquetes descritos en esta serie de mini artículos. Creo que vivimos nuestras certezas y contradicciones como podemos, pero que, a la postre, elegimos un partido al que votar en un proceso en el que, primero, nos sentimos en uno u otro de los bloques izquierda-derecha y, después, precisamos nuestra posición entre aquellos partidos que mejor representen nuestras creencias de extrema izquierda, socialdemócratas, liberales, conservadoras o de extrema derecha. Finalmente, hasta es posible que leamos el programa electoral, pero, me temo, que no es determinante.

Quizá la idea más productiva es que no va a desaparecer ni un bloque ni el otro, por lo que lo mejor es el entendimiento que llamamos de Estado entre bloques y el entendimiento de Gobierno dentro de los bloques. Todos los intentos de quedarse solos son vanos. Como lo sería pretender tener luz sin sombra.

(V) La tiranía de la igualdad. Axel Kaiser. Reseña (27)

… Viene de (IV)

Axel dice que: “Ya explicamos que la sociedad no existe de manera independiente de las personas que la componen, o sea la sociedad como ente en sí no es más que una ficción. No hay una «voluntad social» como no hay una inteligencia social, ni una mente social ni nada parecido. Mal puede haber entonces un «derecho social», pues algo que no existe no puede tener derechos.”

¡Qué argumento más pobre! En efecto, no ha una “señora sociedad” titular de ningún derecho. Esta es una discusión inútil pues llamar a los derechos de los individuos que constituyen la sociedad derechos “sociales” no es más que un recurso lingüístico llamado sinécdoque. Pero, claro, no es más que un pretexto para rechazar a la máquina de inventar derechos para recibir subvenciones del Estado. En España se llama a eso “chiringuitos” y uno de los más combatidos es el que se ocupa de la atención a mujeres maltratadas (sin comentarios). Pero quién distinto del Estado puede ocuparse de algo así. ¿O la idea es abandonar a las mujeres a su suerte o mala suerte de tener un marido potencialmente asesino? En torno a 60 mujeres son asesinadas y en algunos casos se incluye en el paquete criminal a lo hijos. Pero, con la misma estructura argumental, se podría decir que, si interponer al estado es enmascarar el expolio al particular, quitar al Estado de esta función es la máscara de la elusión de impuestos. Es decir volvemos al lugar de partida: a los que tenemos mucho no nos gusta que usen nuestro dinero para atender necesidades de humanos.

Axel remata su argumentación diciendo que: “... el derecho social permite instrumentalizar a unas personas para satisfacer los fines de otras, agrediendo su libertad y dignidad.”

Y yo remato diciendo que “satisfacer fines” oculta la verdad de los problemas concretos de una sociedad. Y que no hay menos violencia en usar la fiscalidad que en disolver una manifestación reivindicativa. Es decir, el estado es, precisamente, la garantía de que esas dos violencias son gestionadas civilizadamente. Este es el gran contrato social implícito que se deriva de la Revolución Francesa (burguesía contra aristocracia) y de la revolución rusa (obreros contra burguesía). Dos formas irracionales de crimen que han tenido sus reflejos menores en amotinamientos y represiones a lo largo de los siglos, si generalizamos el eje obrero-burguesía (ya obsoleto) por el de amo-siervo de antaño, que parece volver en una pirueta histórica en nuestra sociedad tecnificada bajo la especie de empleado precarios con la competencia de millones de desesperados para ocupar su puesto y bajo la especie del empresario digital anónimo al control de la red de servicios.

Ataca Axel con razón la disfuncionalidad de la conocida frase del Manifiesto Comunista “de cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad“, pues no es posible juzgar algo así para todos. Precisamente el mercado fija bien lo que merece cada uno y lo que necesita cada uno. El problema es, Axel, cuando hay gente que por sus escasos o nulos ingresos, están fuera del mercado. En ese caso no queda más remedio que introducirlos con ayudas. Al fin y al cabo ese dinero vuelve a la corriente general y consume productos de empresas privadas. Situación que puede ser discutida porque es dinero que se emplea en producir y consumir en productos a cambio de ningún esfuerzo porque no hay trabajo formal para ellos. De algún modo eso compensa que otros tantos familiares de los 30 millones de millonarios del mundo obtengan todo un proyecto de vida muelle, igualmente sin ningún esfuerzo. Ningún Estado se atreverá a eliminar las prestaciones de salud, educación y pensiones, como no se atreverá a expoliar a los propietarios.

Axel propone privatizar los tres ejes de la política social de un estado: sanidad, educación y pensiones, que en los países avanzados supone más de la mitad del gasto público. Las razones sencillas: los mejores profesionales y los mejores recursos materiales están ahí. Tan eficaz ha resultado el sistema en España, que somos el segundo país del mundo, después de Japón, en esperanza de vida con un costo per cápita de 1500 euros que le coloca por debajo de la media europea y muy lejos de la sanidad de Estados Unidos. Le costará al liberalismo conseguirlo, porque el argumento de ineficacia no es de aplicación. En cuanto a la educación, ningún país occidental prohíbe que quién lo desee monte colegios tan extravagantes como deseen, pero ese sistema, y esto debería repugnarle al liberalismo, se deja mucho talento en el camino, mientras entra en bucle endogámico impulsando a los más mediocres de sus descendientes hacia carreras sin más brillo que la cartera de los padres. Por lo que respecta a las pensiones, la partida, con mucho, más importante del gasto público, no creo que donde haya un sistema público se sustituya por una privado sufriendo los pensionistas los avatares de las acciones inversoras de los grandes fondos, sin que se den terremotos sociales y políticos.

Otra cuestión es que los estados lleven a cabo estas misiones sin paralizar las actividad económica o endeudándose peligrosamente. Pero hay que recordad que los socialistas entregaron el gobierno el año de la crisis con una deuda del 35 % del PIB y los liberal-conservadores lo han devuelto con el 98 % además de dejar el fondo de 65.000 millones de euros del ahorro para pensiones, prácticamente en cero. Es decir, se necesitan gobiernos que haciendo una gestión económicamente eficaz, no pierdan la cara a sus responsabilidades sociales, por mucho que el mercado salive con las partidas públicas. No me canso en decir que la mayoría dinero de sanidad, educación y pensiones vuelve al mercado y que lo único que persigue el sector privado con su recepción es morder en forma de beneficios lo que ahora se gasta en servicios. Todo esto es compatible con negocios de mutuas y empresas privadas que ofrecen sobre todo rapidez (porque la gran masa está en la pública) y calidad en el servicio ambulatorio. Pero, cuando las enfermedades se complican, derivan a los servicios públicos, Del mismo modo que las operaciones sencillas (una cataratas, por ejemplo) son derivadas en el sentido contrario de la pública a la privada. En cuanto a la educación, nuestro país (España) se ha transformado radicalmente al sacar cada lustro casi un millón y medio de egresados universitarios, que ahora la crisis financiera ha dejado en el paro, favoreciendo a países que no habiendo contribuído a su formación los reciben con los brazos abiertos. Un sistema de universidades privadas dejaría en la carrera a miles de potenciales talentos o, como en Estados Unidos, los endeudaría de por vida a ellos o sus familias.

Insiste Axel en que: “La lógica de lo estatal, que es la de la imposición coercitiva, es contraria a la lógica de la voluntariedad del mercado como asignador y creador de recursos.”

Pero olvida que, entre las alternativas de la libertad, está la de escoger al Estado como prestador de servicios esenciales como crear y mantener infraestructuras comunes, sanar, educar y cuidar. Y que todo ello lo haga sin comprometer el futuro de su descendientes. Al mismo tiempo es bueno que el resto de necesidades: ciencia, tecnología, transporte, energía, alimentos, medicinas,, vestido, cobijo, confort, información y entretenimiento lo lleven a cabo empresas privadas liberando las enormes fuerzas de la ambición y la creatividad. Además de que la sanidad, educación y cuidado puedan ser ofertados por el sector privado contribuyendo a la mejora mutua entre el servicio público y el privado. De ese modo se garantiza la convivencia de las fórmulas, mientras se asegura que seguir vivo, estar educado y ser cuidado en la vejez y la enfermedad no depende de la cuenta de resultados de una empresa particular, sino del ejercicio de la libertad en el sentido más amplio de la palabra, frente al restringido de la libertad negativa que sólo contempla la acción individual y olvida la concertada. Todo ello sin olvidar que el Estado también tiene que rendir cuentas si no cuida su propio balance económico. Hay así espacio para el lucro y la aplicación de las más intensas fuerzas de la ambición, el talento y la creatividad, sin comprometer los valores “buenistas” de la compasión, acceso al conocimiento y deber de cuidado a los mayores. No se puede tener todo, Axel. Creo que es un buen compromiso entre el escila (la codicia) y el caribdis (parasitismo) de la compleja vida de una sociedad (eso que no existe). Para que esta discusión sea productiva es necesario dejar de lado los polos extremos de las dos posiciones: el comunismo al que lleva la hipertrofia del Estado y la atomización individual a la que lleva su desaparición. Ni vale llevar el Estado cerca del totalitarismo, ni reducirlo a la defensa de la propiedad. Ni la distopía igualitaria que lleva la Gulag, ni la distopía libertaria que lleva al ejercito privado y el gueto de los ricos. Con el riesgo de éste último de acabar de ser gobernado por las guardias pretorianas. La libertad sin compasión bien organizada no es humana. El totalitarismo sin libertad individual no es humano. Ambos se redimen y complementan en una democracia socio-liberal o libero-social (al gusto).

¿No hay responsabilidad en el mercado que es incapaz de general los puestos de trabajo suficientes? cuando una nación llega a este punto es porque o le sobran habitantes o no es capaz de vender suficiente a los países extranjeros. Y esto depende, fundamentalmente de la capacidad de producir mercancías o servicios atractivos para los extranjeros. España exporta el 34 % de su PIB, casi el triple que Estados Unidos y trece puntos menos que Alemania. No está mal, pero se necesita dar empleo a tres millones más de personas. Animo al mercado libre a que dé una respuesta que raramente dará el Estado. Y no vale decir que con menos impuestos todo iría mejor, porque ya estamos viendo qué tipo de empleo genera en la época digital con el recurso de low-cost. Una espiral de cobro poco porque pago menos, que veremos a ver a donde nos lleva. Ahí quiero ver a los capitanes del sector privado de mi país que se están dejando mojar la oreja por falta de inversiones en investigación porque prefieren las burbujas inmobiliarias y pagar royalties.

Axel sigue apretando: “Pero que una necesidad sea más urgente que otra no transforma a la más urgente en un derecho que el resto debe financiar. Por ejemplo, usted podría necesitar con urgencia una operación que cuesta, digamos, diez millones de dólares o cien millones de dólares. ¿Le da eso derecho a que otros se la paguen? No. Suena frío, pero no lo es.

Pues yo creo que Chile no dudó en lanzarse al rescate de los mineros… francamente, no es que suene frío, Axel, es que indica la gran falla del liberalismo: su parcialidad teórica sobre el ser que juzga, que no es unidimensional. El cerebro humano no transita por la estación intermedia del derecho cuando hay una urgencia humanitaria. Pasa directamente a la acción de rescate. Precisamente ahora en el Mediterráneo se plantea a un escala tremenda la cuestión. ¿La puesta en peligro inminente de perder la vida de los inmigrantes africanos o sirios, genera el derecho de rescate? No hay cuestión: se les rescata. Cuando los gobiernos dudan o llanamente se niegan a acoger más emigrantes no están deliberando acerca de un derecho, sino que se plantean cómo hacer frente a las oleadas de personas que pretender llegar a europa. Unos conculcando, precisamente el derecho del mar y otros negando a sus ONGs que acudan a la zona. Ante el ser humano y su sufrimiento no cabe el mero uso de la razón instrumental. Estado Unidos recibió las oleadas de emigrantes irlandeses y no se preguntó por su derecho a llegar abarrotando buques. Otra cosa es la torpeza con la que determinados problemas actuales se están enfocando en los grandes sanedrines políticos. Pero agárrate a las neuronas de la dirección del País más importante del mundo. Yo espero de los liberales más altura e ingenio en sus propuestas para mejorar la vida. El látigo romano en la minas de azufre, eso lo hace cualquiera.

Seguimos: “La libertad y la riqueza son cosas distintas. La riqueza se relaciona con los medios para perseguir un fin, en cambio la libertad es la posibilidad que existe de conseguir y crear esos medios y alcanzar el fin sin que otro se lo impida por la fuerza. No es la riqueza la que crea la libertad, sino la libertad la que crea la riqueza

Este es un bonito juego de palabras, pero en realidad entre libertad y riqueza la relación es circular pudiendo comenzar el ciclo por donde uno desee. En efecto, la libertad de un emprendedor puede crear riqueza y su riqueza darle la libertad de consumo a las que antes no llegaba y merece, pero la riqueza heredada proporciona las dos libertades al tiempo: la de emprender y la de elegir entre opciones de consumo. A lo que la riqueza no da opción automáticamente es a las libertades civiles (votar) o sociales (matrimonio homosexual) que son conquista contra la cerrazón de los conservadores.

Naturalmente lo que dice Axel es verdad, pero no toda la verdad. Es una idea cartesiana (clara y distinta) la de que la riqueza no existe sin acción humana. Pero una vez creada, es otra idea igualmente clara y distinta que no la han producido unos pocos, sino muchos concertando impulso, inteligencia y esfuerzo, por lo que no es de recibo que la retenga sólamente una de las partes actoras. Otra cosa es que utilicemos la naturaleza humana para optimizar su producción: la ambición para el impulso (el empresario), la reputación para la inteligencia (el científico) y el temor para el esfuerzo (el trabajador). De este modo en la fase de producción el trabajador puede ser tratado como un recurso en competencia, pero en la fase de distribución debe ser tratado como un ser humano.

Riqueza y libertad no pueden ser confundidas, en efecto, pero la libertad no es unidimensional. La de creación no debe ser confundida con la libertad de elección que proporcionan los logros económicos. Si el empresario no puede especular sobre las necesidades del empleado, la humanidad si puede corregir las consecuencias de tratar a un ser humano como mercancía y ofrecer soluciones eficaces a la falta de riqueza del trabajador para proporcionarse la libertad de elección acorde con el estado de la cuestión en cada época. Una forma es ahorrarle el precio de la salud y la educación, por ejemplo.

En períodos en que la fuerza esté de parte del trabajo por escasez de trabajadores, las previsiones se reducen al mínimo asistencial de los pocos excluidos y, en fases en que la fuerza esté de parte del empresario, las previsiones (sanidad, educación y pensiones) deben cubrir estas necesidades, mal que le pese al frío y distópico liberalismo, al estropearse su imagen de una sociedad-máquina. Que un padre no pueda pagarse la educación o la salud de sus hijos es una carencia de libertad, evidentemente: la de no poder elegir entre la pasividad o la solución del problema. Y la solución a esa carencia de de libertad no estará nunca en el mercado que está obligado a comportarse como si el ser humano fuera una mercancía. Sólo puede llegar de instituciones diseñadas para crear un ámbito de libertad para aquellos muchos que no pueden alcanzar la libertad por otra vía. El que la libertad que el rico posee gracias a su riqueza no puede ser cero para aquel que fingió ser mercancía para que la riqueza se creara. La libertad crea riqueza y la riqueza crea libertad. No es tan difícil de comprender. Queda para otra ocasión discutirle a Berlin su pirueta para pasar de la autonomía kantiana del individuo al totalitarismo. El paso del “por sí mismo” al “lo que el partido disponga” es más complicado de lo que Isaiah nos dice.

Dice Axel: “No podemos decir, entonces, que una persona no es libre porque le falta algún bien material que necesita.”

Claro, diremos que le falta riqueza para adquirirlo, pero no libertad para intentar adquirirla. Pero esta obviedad no puede ocultar el problema de las necesidades sociales. Es decir de muchos de los individuos que componen la sociedad.

Es cierto que en una sociedad igualitariamente pobre nadie tendría más libertad positiva (versión Berlin) que la de cambiar de posición espacial. Pero una vez descubierta la capacidad de transformar energía al servicio de la prosperidad de los seres humanos, ¿en qué se basa la idea de que la mayoría de estos deben quedar abandonados en el camino sin que puedan organizarse con instituciones públicas que los recojan y cuiden su salud, educación y ancianidad que no pueden pagarse con los salarios que el mercado precisa pagar para su funcionamiento?. El argumento de que el trabajador debe conformarse con el sueldo que el mercado le proporcione escamotea, en base a la existencia de competencia entre desesperados, la parte minúscula de ese sueldo que acumulada y mutualizada debe ir a la previsión del futuro. Por tanto nada más justo que recuperar esos recursos por otras vías civilizadas.

Axel, razona que no tener medios para que un hijo se eduque no es carecer de libertad, sino de riqueza y, eso hay que ganárselo en el mercado. Naturalmente lo hace olvidando rasgos del ser humano que de no considerarse los llevan al desastre. Uno de ellos es la imprevisión. El mercado usa esos rasgos para seducir al ciudadano para que consuma sus productos aunque sean nocivos o frívolos, pero los rechaza cuando ese ciudadano organizado en Estado reserva para lo esencial capital en forma de cuotas sociales o impuestos para que no sean absorbidos por el mercado y permitan ocuparse de aquellos a los que el mercado compensa en base exclusivamente a la competencia entre débiles.

Esto lo considera un robo, al tiempo que se invita a los ciudadanos a que rechacen estos mecanismos de prevención para poder gastar olvidando el futuro. Dicho esto precisamente por la ideología que pretende que hay que escuchar a la naturaleza humana, negándose a aceptar la necesidad de corregir la negativa capacidad de previsión. Se niega a aceptar que el ser humano acepte sus limitaciones y las trascienda creando instituciones para corregirlas. Añadamos que hay acciones del Estado imposibles para el ciudadano individual y para las empresas obligadas a buscar su beneficio: las catástrofes. Cuando ocurre una de ellas, esperar del defectuoso carácter del ser humano en general y del rico en particular una respuesta adecuada es creer en los ángeles. Lo que me recuerda que uno de los reproches a la economía planificada es que los hombres no son ángeles. Pues eso, como no somos ángeles completemos los beneficios de nuestro egoísmo con la creación de instituciones altruistas.

Naturalmente que el liberalismo ofrece una salida para este problema: privatizar la previsión. Pero oculta que si el gasto público se eliminara, ese dinero ahorrado en impuestos (en los bolsillos del ciudadano, como le gusta decir a mi compatriota Rollo) pasaría rápidamente de las manos del ciudadano a las empresas que los contratan, pues, con el mero mecanismo de competencia entre trabajadores, de nuevo los sueldos bajarían a niveles que impedirían cualquier previsión. Al contrario, se invitaría a la ciudadanía al endeudamiento para absorber los excedentes de producción anticipando gastos cuyo respaldo económico no existe aún. Lo siguiente serían galeras para los morosos. “Empeña tu anillo para pagar la boda del chiquillo” anuncia una empresa de préstamos privada estos días.

Para que las rentas individuales tuvieran la misma capacidad de afrontar el futuro que el actual Estado, sería necesario doblar los sueldos medios de cada empleado, lo que no cabe esperarlo de un mercado de trabajo basado en la competencia. El Estado previsor aplica la fórmula de Speenhamland pero reteniendo el complemento del sueldo de mercado en vez de ponerlo a disposición de la imprevisión del ciudadano y de la voracidad de las empresas. Da la impresión de que el liberalismo esconde su pesimismo sobre la naturaleza humana a la que quiere usar como instrumento de una demolición del Estado previsor para después encogerse de hombros ante la desgracia ajena, aludiendo a una responsabilidad individual que sabe que no existe, porque no en vano procedemos de una naturaleza animal retozona, que no anticipa los problemas del futuro. Así, por poner un ejemplo, donde ahora vemos a discapacitados en sillas ruedas automáticas, veríamos tullidos pidiendo como en el siglo XVI. Es muy peligroso que la mutualización del riesgo se atomice. Lo realmente escandaloso es que el mundo financiero acuda al Estado a que lo saque de los problemas en que ellos mismo se han metido, sin “pagar las primas” correspondientes para este seguro generoso. La actitud de poner al Estado ante la necesidad de acudir al rescate presentando un crisis sistémica prefabricada, es una muestra de las limitaciones del liberalismo. Por la misma razón que es posible comprender la malicia de estos financieros, es necesario comprender la incapacidad previsora de la gente. Antes lo dos problemas, sólo el Estado es capaz de ofrecer soluciones anticipatorias, siempre que no se deje manipular por los interesados de una y otra parte (patronales y sindicatos). En definitiva, Axel tiene una visión sesgada del conflicto de valores y debería hacer una relectura de Berlin para comprender que su restringida visión del valor “libertad” no puede monopolizar el espacio axiológico.

Es absurdo enredarse en una lucha de quién roba más a quién. Es más productivo un acuerdo racional entre partes en el que se reconozca que el mercado de trabajo es un eficaz sistema de fijar el precio del trabajo, pero que el Estado es un eficaz sistema de completar el sueldo con servicios que la naturaleza del mercado, que convierte al ser humano en mercancía, no puede prestar sin crear graves desigualdades en cuestiones fundamentales como la salud o la educación.

El uso que hace Axel de la libertad es parcial, pues se refiere solamente a la libertad de enriquecerse y hacer uso libre de esa libertad, pero eludiendo la libertad de moderar las reglas que lo hacen posible en grado pernicioso. Un tipo de libertad que también lleva a considerar razonable la libertad de llevar armas y la del lujo aunque haya partes de la sociedad pasando dificultades de nutrición, por ejemplo. Por eso en mi opinión la mejor solución es crear unas reglas de creación de beneficios por la acción libre que limiten el enriquecimiento irracional. En el caso de los accionistas dejando que los gestores fijen la cuota de beneficio, dejando el resto para inversiones en reposiciones, investigación o respeto medioambiental. En el caso de los gestores estableciendo que sus sueldos los fijen los accionistas. De esta forma se neutralizarían unos a otros fijando precios a su trabajo o a sus riesgos más razonables.

Dice Axel, que “Otra famosa trampa conceptual que se deduce de la reflexión anterior es la de la «segregación». No es cierto el común argumento de quienes quieren estatizar la educación, a saber: que un sistema escolar basado en la libertad de elegir de los padres segregue en el sentido propio del término; lo que hace es segmentar de acuerdo a preferencias y demanda

Axel cree que usando un eufemismo (segmentar) resuelve la cuestión de fondo. No, a pesar del cuidado que pone Axel en aclarar que defiende la igualdad jurídica, no se le debe escapar que será escasa la dignidad de una enseñanza precaria que mantenga a los pobres en trabajos mal remunerados sin permeabilidad social.

Por otra parte, nos recuerda que estos colegios se reservan el derecho de admitirte no vaya a ser que a un pobre le toque la lotería. Incluso admite que siendo la financiación del colegio privado parcial (porque el Estado les subvenciona) se mantenga el derecho a la segregación (perdón, segmentación). No tengo inconveniente en que haya colegios de la Cienciología con niños y niñas por separado o, incluso, de astrólogos, creacionistas y negacionistas de las vacunas y el calentamiento global, pero Axel ¿Vamos bien por ahí?

Axel sale pronto del bucle proponiendo el vale para pobres que les permitiría ir a colegios de ricos, si no se aplica el derecho de admisión, claro. Tanta confianza tiene en lo privado que sugiere las escuelas privadas para pobres, impulsadas por profesores en paro, supongo en naves con goteras. Para ello se va a ejemplos de la India donde dice que los profesores del Estado llegan borrachos a clase. ¡Vaya nivel!

Axel: “Además, en la práctica lo que ocurre con estos esquemas de redistribución es que unos, los que pagan, son responsables por todos los demás que no pagan, lo cual es tremendamente injusto. (He aquí la verdadera injusticia social: que el rico pague servicios al pobre porque se traspasa la responsabilidad de los pobres a los ricos)

Tantos teóricos negando la “justicia social” y ahora resulta que reaparece chapada en oro como maltrato del pobre al rico. Y eso cuando el 80 % de los impuestos los paga la clase media. Esto es muy raro.

Cita a Meltzer que dice: “Los impuestos son distorsionadores y la redistribución no es pagada en la forma más preferida por los receptores por lo que hay desincentivos y cargas excesivas —y agrega—: Las personas de más altos ingresos pagan más de lo que reciben y las personas de bajos ingresos y no trabajadores son receptores netos».

El argumento en este caso es la falta de respeto al derecho a la propiedad. Quizá, la forma de resolver esto es que no se pueda llegara a contar con esa propiedad. Es decir, en vez de que el rico considere que los impuestos son un robo porque afectan a lo que ya considera propiedad, sería mejor que no llegue a contar con ese dinero, porque se reducen las cuotas destinadas a beneficios aumentando las destinadas a inversiones y reduciendo los sueldos de los gestores. Así los impuestos irían principalmente sobre las empresas. Axel considera a los impuestos una fuente de ineficiencia, pero hace alusión al lujo como sumidero por el que se va la riqueza sin más provecho que el hedonismo. Además contraataca considerando que el Estado, intimidado por la democracia (otra fuente de desigualdad, por lo visto) genera desigualdad. La democracia sirve si no es captada por grupos de interés que disponen de los impuestos para su beneficio. Se debe referir al rescate de la banca en la crisis de 2008. Pone el ejemplo de Brasil donde el sistema judicial acoge a los que pleitean para que el Estado los provea de tratamientos caros, lo que suelen hacer lo que previamente tienen riqueza para pagarse abogados. Es una paradoja que los liberales se quejan de que los ricos usen la democracia para su beneficio. Es decir se usan los defectos del Estado para eliminarlo y desguarnecer a los que de abajo, que sin la protección del Estado sólo serían mercancía en la maquinaría productiva. Pone el ejemplo de Estados Unidos como Estado hipertrofiado al que acuden los oportunistas a beneficiarse de su enormes presupuestos. Un país donde no hay seguridad social para el pobre y donde el rico paga menos impuestos que sus empleados. Estados Unidos, considerado el epítome del liberalismo, resulta que pro domo sua es usado por Axel para criticar al Estado. Francamente, es preferible mantener a raya la corrupción con un sistema judicial efectivo que eliminar el Estado.

“Axel: “… las ideologías pueden llevar a una comprensión totalmente equivocada acerca de cómo funciona la estructura que subyace a una economía.”

Completamente de acuerdo. Incluida la ideología socialista y liberal.

Axel: “Si el socialismo fracasó es porque era una utopía que no se ajustaba a cómo funcionamos los seres humanos.”

Completamente de acuerdo.

“… una sociedad podría estar absolutamente en la miseria, tener alta mortalidad infantil, bajas expectativas de vida, carecer de agua potable, electricidad, internet, servicios sanitarios, salud, educación y alimentación básica para su población y tener un excelente índice Gini.”

Claro, y un coche encendido pero en punto muerto consume infinita gasolina por kilómetro recorrido.

Axel: “una persona que gana cien millones de dólares al año, en realidad, no vive mucho mejor, en términos absolutos, que una que gana cincuenta mil dólares al año. También el millonario sólo puede usar un automóvil al mismo tiempo, comerse un plato de comida y vivir en una casa. Claro, él tendrá un Ferrari y el otro tendrá un Mazda, uno una mansión y el otro un apartamento más modesto, y suma y sigue.”

Y me parece muy bien. No echo de menos ni el Ferrari, ni el Rolex, ni la residencia con vistas a Central Park… Pero sí echo de menos inteligencia en los líderes económicos y políticos para no desviarse de los fines.

Axel: “… el verdadero problema es la pobreza y no la desigualdad.”

Pues claro…

Axel: “… es el desarrollo lo que permite ir subiendo impuestos y no el alza de impuestos lo que permite el desarrollo.”

Pues claro…

“… los impuestos, como lo demostraba North, sacan recursos del sector productivo para transferirlos esencialmente a los no productivos, es decir, en general son destrucción de riqueza porque son consumo.”

Pues claro, consumo necesario… Necesidad que debemos discutir en democracia ¿o no? ¿Llamamos a un espadón siguiendo el consejo del, por otra parte, admirable Hayek?

“Para que haya crecimiento económico, continúa Barro, lo fundamental es que exista un sólido Estado de derecho que proteja los derechos de propiedad, un consumo del Gobierno más bajo e inflación baja.”

Pues estos días todo el mundo tiene nostalgia de la inflación.

“Estados Unidos, por ejemplo, es el quinto país que más gasta por estudiante en la OCDE y sus resultados en la prueba PISA están por debajo del promedio.”

Es que tienen a lo chicos rezando, izando banderas y estudiando el génesis contra Darwin. No me extraña.

Axel: “No existe ningún estudio serio en el mundo que sostenga que subir los impuestos conduce a una reducción de la criminalidad.”

Tampoco que se conoce estudio en el que se relacionen los impuestos con la diabetes.

Axel “… es simplemente arbitrario sostener una relación positiva entre altos impuestos y mayor paz social sin considerar los millones de factores que intervienen en la conducta criminal”

Vaya Axel, si te entiendo bien ¿la inquietud social es cosa de criminales? Te concedo la duda de que con “paz social” quires decir lo que aquí entendemos por “seguridad ciudadana”.

Axel: “Ésa es, como notó el escritor y ex-comunista francés Jean-François Revel, una diferencia esencial entre el liberalismo como filosofía y el socialismo como ideología: el primero acepta la realidad y propone soluciones a partir de lo que ella permite, mientras que el segundo desconoce la realidad en una búsqueda por resolver «todos los problemas» y crear un mundo perfecto que se ajuste a sus ideales de justicia.

Completamente de acuerdo, pero ¡ojo! que desviarse de la realidad es muy fácil. De hecho es la especialidad de este ser de ficciones que es el ser humano. El liberalismo en sus pureza mecánica puede liarse bastante. Como dice Ana Belén “lía con tus besos la parte de mis sesos que manda en mi corazón“. Axel el liberalismo debe tener cuidado con los seso, el corazón y los líos.

Axel: “La desigualdad para Erhard era irrelevante: «Cuántos millonarios haya en el país no me parece ni relevante ni una medida de la conciencia social si en el mismo país más personas consiguen mayor bienestar y seguridad social (CIERTO). Seguridad social que para el excanciller dependía de los ingresos que la persona y su familia obtenía en el mercado (FALSO)… En su visión, «no existe asistencia del Estado que no implique una privación del pueblo (MIOPÍA)… En su clásica obra Bienestar para todos, Erhard explicó que cada persona «debe tener la libertad de consumir y organizar su vida según las posibilidades financieras, los deseos e ideas que tenga (LIBERTAD CONDICIONAL)… Democracia y economía libre se corresponden lógicamente tanto como dictadura y economía estatal… «Las cualidades que la clase media debe erigir como valores son: la responsabilidad personal por el propio destino, la independencia de la propia existencia, el coraje de vivir del propio desempeño y el querer afirmarse en una sociedad y un mundo libre» (CIERTO)… «me quiero validar con mi propio esfuerzo, quiero llevar el riesgo de la vida yo mismo y ser responsable de mi propio destino» (EN UTOPÍA). Según Erhard «el llamamiento no puede ser: tú, Estado, ven en mi asistencia, cuídame y ayúdame […] el llamamiento debe ser al revés: tú Estado no te metas en mis asuntos sino que dame tanta libertad y déjame tanto del producto de mi trabajo como para que yo pueda determinar mi destino y el de mi familia» (TENDENCIOSO).

Axel: “Y es que la deuda de Alemania supera en cuatro veces su PIB igual que en Suecia e Inglaterra, mientras en Francia supera cinco veces el PIB”

¿Esos datos de dónde salen? Yo consulto las tablas que hay en Internet y las cifras en % de la deuda sobre el PIB que he encontrado son estas muy alejadas de los valores escandalosos que das, ¿incluyes la deuda privada de empresas y familias?:

PaísTrading
economics
2018
Expansión
2018
OCDE
2015
Alemania60,960,979
Suecia38,838,862
Inglaterra84,786,8109
Francia 98,498,4121
USA106,1106,2137

Axel: “Kotlikoff dice que hay una verdadera «guerra de generaciones» en que la generación actual, para recibir todo tipo de beneficios del Gobierno, está destruyendo el futuro de sus hijos y nietos que deberán pagar deudas astronómicas llevando a un deterioro considerable en su calidad de vida

Esta sí es una cuestión preocupante, pero no parece que alcance los valores dramáticos que anuncias. En todo caso, sí creo que los países no deben gastarse mucho más de lo que generan una vez que se han alcanzado cotas de bienestar razonables. Por eso me resultó tan escandaloso el modo en que el mercado, precisamente el mercado, ofreciera hipotecas a insolventes en la primera década de siglo XXI. ¿Cabe mayor irresponsabilidad? Y eso sí, El Estado mirando complaciente…

Axel: “Pues es mucho más fácil, cuando falta dinero, endeudar a los países para seguir financiando la fiesta de derechos que cortar beneficios o seguir subiendo todavía más los impuestos”

Eso ocurre porque los políticos no se atreven a decir la verdad de las posibilidades de gasto en cada generación. En mi país los liberal-conservadores prendieron la mecha de la burbuja liberando suelo y abaratando la energía y los socialistas siguieron la juerga. Tal para cual.

Axel: “los países que mantienen barreras al libre comercio debieran eliminarlas completamente.”

Esto debería leerlo Donald Trump. Es más fácil que un liberal se vuelva proteccionista que un camello pase por el ojo de una aguja. Bueno la frase era otra, pero es que Cristo no se puso de acuerdo con Calvino..

Axel: “La llamada «centroderecha» debiera decir «toda la eficiencia posible dentro de lo que permite una sociedad de personas libres y dignas».”

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“Se trata de potenciar al individuo frente al poder de la autoridad para que pueda resistirlo y no hacer del poder que tiene la autoridad lo más eficiente posible. Desde tiempos inmemoriales el programa del liberalismo clásico ha sido precisamente la limitación del poder del gobernante sobre los gobernados. Por eso combatió con tanta determinación el absolutismo y luego el socialismo en todas sus versiones.”

Y es de agradecer, pero, quizá puso menos empeño en luchar contra el fascismo trasnochado ante el caramelo de aplicar sus teorías en un país, primero maniatado y, después, martirizado.

Urge, por lo mismo, una clase política sin complejos y dispuesta a asumir el desafío de proponer un proyecto realmente distinto al de la izquierda. Para ello será necesario dar una batalla sin cuartel en el ámbito de las ideas y la cultura de manera que sean las ideas liberales las que constituyan la hegemonía. Eso requerirá, a su vez, de personas comprometidas con el valor de la libertad: empresarios, profesionales, académicos, periodistas y muchos otros.”

Pues muy bien… la cultura es muy buen campo de batalla. ¡Que gane el mejor!, pero los liberales deberían dejar de combatir contra cadáveres (ya saben, espectros que recorren el mundo). Es una pérdida de tiempo. No se preocupen, los Monederos del mundo no gobernarán… y, si lo hicieran me llamas al combate, Axel… al de las ideas.

(IV) La tiranía de la igualdad. Axel Kaiser. Reseña (27)

… Viene de (III)

Dice Axel: “Según lo que propone la izquierda si usted quiere estar del lado de la libertad debe ser socialista, pues la libertad sólo se consigue con igualdad de condiciones materiales para todos…”

Conozco a pocos socialistas que defienda esto. En mi país la gran mayoría de las personas pertenecen a la clase media, que es el peso estabilizador de la sociedad. Y están en este tramo porque sus intereses los colocan ahí. No se envidia al que tiene más, aunque sí se está atento a la corrupción política, las ganancias inmerecidas de directivos que sin aportar ni arriesgar nada se conceden sueldos disparatados en consejos de administración que dominan con información sesgada, o con los actores de tráficos ilegítimos. Otra cosa son los propietarios que tienen derecho a conservar lo que tienen y a combatir políticamente por reducir su contribución al común. Afortunadamente, los propios jueces son clase media y están alerta al respecto. Otra cosa son los restos de ideologías sin reputación sostenidas por jóvenes despistados, que deben ser objeto de información más clara y eficiente. Aunque no ayuda el que los liberales se mezclen con los conservadores, resultando muy enérgicos para defender la libertad económica y muy débiles para defender la libertad de costumbres. En ese sentido, en mi país no hay verdaderos liberales que defiendan la libertad sólidamente. Aunque sí proliferan los voceros de una peligrosa coherencia en la aplicación del método del libre mercado sin considerar otros resultados que los de los balances de los negocios contradiciendo a Thomas Sowell.

Siguiendo con el Estado, dice Axel: “.… en el mercado el coste de las malas decisiones lo asume la persona que tomó la decisión, mientras que en el Estado lo asume el contribuyente, es decir, otras personas a las cuales el burócrata o político no responde

Esta es una visión extraña de la opinión de un ciudadano estándar, que desconfía tanto de la codicia, como del funcionario o el político. No hay más que ver las encuestas de opinión en las que la la preocupación por corrupción está siempre en el podio. Además eso de que en el mercado el coste de las malas decisiones las asume la persona que las tomó es difícil de sostener salvo que se esté pensando de nuevo en el panadero. Donde una economía se juega su supervivencia las malas decisiones en el peor de los casos se resuelven con una salida suave y un retiro millonario. En las grandes corporaciones se tomas decisiones aventureras (Enron, Volkswagen, Caja Madrid, Parmalat, Standard and Poor’s…) con la misma desvergüenza que un ministro de economía como De Guindos de endeuda a un país sin mover una ceja. Los dioses nos libren de ejecutivos engominados, ministros engolados, políticos trasnochados (comunistas de chalet y monedero) y liberales fundamentalistas. Se necesita pasar a una lógica distinta.

Ya he argumentado que el poder de coacción del estado es para todos: tanto para los agentes propietarios de medios de producción, como para sus empleados. Se podría deducir de las palabras de Axel que propone eliminar el Estado, pero no creo que sea así. Pero sí reducirlo al tamaño justo para que emplee su capacidad de coacción sólo para defender a los propietarios y eso no es correcto, como no lo sería un estado hipertrofiado que expropiara los medios de producción privados y usara su poder de coacción a favor exclusivamente de los trabajadores. Ambas fórmulas ya las hemos probado y sabemos sus consecuencias: la violencia feroz. Así pasaríamos del Estado de Naturaleza de Hobbes al Estado de Civilización Parcial. Ambos letales.

Axel no ha terminado con el Estado y prosigue: “La reflexión anterior es fundamental para entender por qué el Estado, por regla general, funciona tan mal si se compara con los particulares.

No hay evidencia empírica de que el Estado funcione mal comparado con los particulares, salvo que se refiera a cómo se ve infiltrado por topos del capital para eliminar controles. En España fue ejemplar la “negligencia” del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores antes y durante la crisis, ignorando todos los indicadores de que la acumulación de deuda privada provocaría una explosiva deuda pública. Un episodio relevante, protagonizado precisamente por un gobierno socialista, fue el de tratar de mejorar los balances de los bancos transfiriendo tramposamente los depósitos de particulares a los bancos mediantes unos bonos llamados “preferentes” que se hicieron comprar a ciudadanos ignorantes de la patraña. Los jueces han medio resuelto el asunto, pero el agujero de la entidad privada más “afectada” por toda esta negligencia oficial y particular de un mercado financiero completamente demente a la caza de la comisión por hipotecas suscritas con insolventes, ha sido de 23.000 millones de euros, cubiertos por el estado finalmente. Tampoco son pocas las empresa incumplidoras en plazos y calidad. Aseguradoras más pendientes de pillar al asegurado tramposo que asistir al asegurado cumplidor con argumentos del tipo “esa enfermedad ya la tenía usted” o “la culpa de la corrosión de una lavadora es del usuario que utiliza agua“. Las bondades de las empresas privada son grandes, pero sus fallos clamoroso también. La sanidad pública española es asombrosamente buena, su sistema de transplantes de órganos ejemplar y todo ello a un costo inferior a de los experimentos privados llevados a cabo por determinadas empresas. En las clínicas privadas no hay colas, pero si el problema es grave se deriva a una entidad pública. Es decir, sin fanatismos de un lado ni de otro. El estado puede ser muy eficaz si no se ve contaminado por topos ambiciosos. Los escándalos más graves de corrupción pública han sido protagonizados por las administraciones liberales o, en todo caso, empatan con las administraciones socialistas. Es decir hay que estar alerta en “lo público” y “lo privado”, Axel. La naturaleza humana es así.

Observa Axel que: “… al igualitarista lo que le importa en primer lugar no es que todos tengan mejor salud o educación, sino que todos tengan la misma. Es por eso que deben eliminar el mercado de la educación, pues si lo toleran —aun habiendo una mejora para todos, como muestra por lo demás la evidencia— no se cumple el estándar igualitario que buscan.

Axel, los igualitaristas de ese tipo son ya marginales. El mercado de la educación está bien si genera colegios donde la enseñanza es de alta calidad, pero siempre que tengan acceso a ellos todos los pobres que demuestren su talento en niveles previos, si no, bajo la capa de la libertad lo que habría en la creación de bucles endogámicos desde los que sólo los hijos de ricos se proyectarían hacia los puestos directivos más golosos con méritos o no. Si el liberalismo es sincero debes apoyar la máxima permeabilidad social para que todos ganemos con la gestión de los mejores. No todo es una cuestión de dinero. De esta forma se combinan de forma potente el anhelo de libertad (mande usted a su hijo al colegio caro, pero admita la competencia de un nacido en un hogar pobre que pueda tener más talento que su hijo). El ejemplo de Felicity Huffman es un ejemplo de la patología paterna. Si no, es lógico que los pobres usen su armas en el “mercado político” tratando de conseguir, a través del Estado, docencia de calidad gratuita. Si quieres preserva el mercado del colegio se debe combinar la libertad negativa de crearlo con la positiva de darle oportunidad a los estudiantes más esforzados e inteligentes, provengan del estrato social que provengan. Con mayor razón las universidades no pueden quedar sólo para que los “hijos de papá” de talento medio hagan orgías en las universidades privadas más caras. En concreto, qué sentido tiene que el único talento que pueda expresarse sea el de los nacidos en un hogar acomodado. Por qué perderse un talento nacido en un hogar al que le estén vedadas las mejores universidades. Por eso se debe dar la oportunidad de progreso a los talentos atados a la pobreza. Si no lo hace el mercado, Axel, lo hará el Estado. Yo prefiero la fórmula mixta de más abajo. Lo contrario es creer, más que creer, desear el privilegio no justificado. Con esta fórmula, hay mercado y hay optimización del talento. Por cierto que, en España al menos, los colegios privados no se limitan a soportar el peso de su aventura y piden ser “concertados”, es decir, piden subvenciones. Creo que la caricatura del igualitarista se compensa con la del diferencialista, que acabo de inventarme. Estos serían aquellos que no aceptan, no ya la igualdad, sino ni siquiera las semejanzas.

Aceptado sin reservas que el sistema de libre mercado es el apropiado, nada impide verificar que si es dejado a su arbitrio produce lo que yo no llamaría desigualdades – lo que parece conducirnos a una discusión antigua – sino acumulaciones patológicas de renta y riqueza en pocas manos con resultados poco funcionales. ¿Para qué quiere el liberalismo inútiles como titulares de fortunas mareantes? Una perspectiva ésta que parece cercenar la libertad del individuo, cuando lo único que pretende es equilibrar los intereses de éste con los de las especie, lo que no parece descabellado cuando comprobamos que ninguna iniciativa particular, incluso destellos de genio o ingenio, puede llevarse a la práctica sin la contribución de todos, unos para producir y otros para consumir lo producido.

De nada le sirve al pobre el argumento de que está mejor que Luis XIV porque tiene un móvil, si se va a morir existiendo una medicina que lo impediría pero que no está a su alcance. Es una mutualización de la desgracia que no debe chocar a quien cree en los seguros. Seguros a los que la información genética va a llevar a rechazar a potenciales enfermos y obligando a que los afectados busquen soluciones por su cuenta.

La desigualdad, pues, a mi no me molesta. Pero obliga a la existencia de los impuestos para cubrir necesidades de salud, educación y asistencia en la incapacidad (que por nadie pase). Otra cosa muy diferente es el gasto público no justificado y, no digamos, la corrupción. Pero pretender reducir el gasto público actual de un 40 % del PIB a un 20 % creo que sería un desastre humanitario, pues no dejarían de hacerse infraestructuras de transporte, pongamos por caso, para que la vida comercial del país se mantuviese. Por otra parte, el gasto público no se pierde por un agujero, pues el estado no tiene ni empresas constructoras de carreteras y puertos, hospitales o universidades. La mayoría de las personas que trabajan para él no son funcionarios y cada vez habrá menos. Por otra parte, las grandes partidas del estado moderno son las que hacen salivar a los grandes grupos financieros y son las pensiones y la sanidad. Privatizar estas partidas es olvidar que el ser humano se adapta a su situación financiera y que raramente de joven se hacen previsiones para la vejez, por ejemplo. Si se hiciera no tardaríamos en tener millones de ancianos postrados por las calles. Añadamos que las generaciones actuales no podrán contar con una casa con la que ni siquiera gestionar una hipoteca inversa.

Además, incluso utilizando vales estatales para servirse de empresas asistenciales privadas, se puede evitar gravar con impuestos para financiarlos. Un sistema que veo interesante, por otra parte. Un reciente vídeo grabado en Estados Unidos mostraba en las televisiones a una anciana bajada de un taxi con la bata sanitaria en la puerta de un hospital proveniente de una clínica privada que había advertido que no tenía fondos para pagar las facturas. No me parece mal que la clínicas privadas no se hagan cargo de quien no puede pagar, pero me parece muy mal que sus gestores se opongan a un sistema sanitario público de calidad, porque eso grave sus beneficios empresariales. Aquí se pone de manifiesto la fibra de la que pueden estar hechos algunos defensores de la libertad. Este es claramente un reproche moral, pero ¿quién ha dicho que el ser humano no sea un ser moral? Lo curioso de la situación es que el mismo que defiende la aplicación salvaje (no es el caso de Axel) del sistema, cambiaría de posición en cuanto le fuera mal a él.

Es habitual decir que al pobre no hay que ayudarle con dinero, sino con oportunidades. Por la misma razón al rico no habría que premiar con dinero, sino con vida digna. Demasiada ingenuidad. Del mismo modo que es patológico querer cercenar el talento de alguien que lo posee para igualarlo con el que no lo tiene, es patológico llevar la máximo posible la ganancia por el uso de una habilidad económica sin tener en cuenta que 1) casi ninguna empresa moderna con éxito puede ser emprendida sin financiación ajena, que proviene del ahorro de otros y 2) que nada complejo (y hoy todo es complejo) puede ser emprendido sin el concurso de otros. Es decir, la discusión por la desigualdad debe ser sustituida por la discusión global, al nivel social, del uso de la riqueza generada. Cuando se habla de riqueza, parece que se hablara de joyas y yates. La razón es que la hipertrofiada acumulación de recursos en pocas manos genera una industria del lujo que confunde muchas mentes. Mi opinión no firme es que los recursos que exceden de determinado umbrales deberían ser reconducidos o las empresas para la investigación o al estado para cubrir necesidades sociales no cubiertas por el mercado, pero no como falla de éste (argumento de Krause), sino como falla de la especie, que prefiere el sufrimiento ajeno antes que violar el “proceso” de acumulación. Este argumento del proceso, utilizado para oponerlo al de los “resultados”, invita a cambiar el proceso en mi opinión. Como el experimento comunista fue un fracaso manifiesto y criminal, se pueden explorar otros. Pero a mi me parece más razonable en el ínterin simplemente aplicar una fiscalidad proporcionada.

“… el Estado no puede imponernos por la fuerza la conducta solidaria.”

Supongo que el rechazo a la conducta solidaria se refiere tanto a cuidar de los individuos, como hacerlo con las empresas. En la última crisis el estado español pidió un rescate de hasta 70.000 millones de euros para tapar agujeros de la banca. Dinero del que se proclamó que sería devuelto íntegramente y que ahora hemos sabido que sólo se recuperarán unos 3.000 millones. En Estados Unidos, patria del liberalismo económico, tras dejar caer al banco Lehman Brothers se insufló hasta 700.000 millones de dólares para que no cayera ni un banco más, recuérdese el famoso bazooka del secretario del tesoro Paulson. En España se creó un “banco malo” (público naturalmente) para que se quedara con los activos tóxicos de los bancos supuestamente buenos. En fín, que el Estado es reclamado por tirios y troyanos. Estos días todo el Levante español está inundado y es el Estado el que está resolviendo los problemas de la gente. Hay mucha ingenuidad en esa frase que recuerda la de aquella musulmana francesa llamada Kenza Drider que declaraba: “Llevar el burka es mi libertad”. Es un tipo de frase en la que el que la profiere niega en la segunda parte de la frase lo que afirma en la primera. La conducta solidaria no es nunca una imposición y el burka nunca proporciona la libertad. Pero creo que, en realidad, lo que quiere decir esta frase es que los ricos piensan que “serán solidarios si les da la real gana”. Si no, ya está thebillionaireshop.com para gastar nuestro dinero.

¿Por qué el estado nos obliga a ser solidarios con los bancos y no puede serlo con los individuos? Pues porque hay acciones cuya activación no se pregunta, sino que se actúa conforme a la responsabilidad adquirida ¿Nos libramos de las dos coacciones o modulamos las crisis con el Estado su información y sus recursos? ¿Qué es más racional? ¿Guiarnos sólo por el impulso individual o usar la potencia de la acción concertada de la que, por cierto, tan buen ejemplo es la empresa? ¿Dejamos caer a los bancos y a las personas o jugamos ese juego al que nos impele la realidad entre el universal y el particular? ¿Por qué acudimos al auxilio del suicida? ¿Por qué se le da una segunda oportunidad a un empresario fracasado borrando los antecedentes de sus deudas? Porque unidos somos más fuertes. Creo que lo racional es usar la fuerza de la iniciativa particular y la de la acción concertada sin hipertrofiar fanaticamente una de las dos. Un estado mínimo (limitado a la defensa de la propiedad) está más cerca de llevarnos al planeta de los simios que a la prosperidad general (un día te contaré cómo surgió el poder de los simios para someter a los humanos). El Estado debe proteger la propiedad y la gente, faltaría más, pero eso es compatible con determinadas acciones comúnmente aceptadas como son los impuestos sin salir del Rule of Law. Postura compatible con el rechazo a toda corrupción e ineficiencia estatal y con el rechazo a las ineficiencias de grandes empresas monopolísticas y el rechazo, este moral sí, guste o no, a la exhibición obscena del lujo que la tecnología moderna hace posible.

Lo de que no se ocurre al estado obligar a ser fiel a la novia tiene gracia. Sin embargo, prohibimos ir desnudo por la calle porque nuestra cultura lo encuentra inadecuado. También en algunos países se prohíbe ir vestido en exceso (el burka). La sociedad no existirá (como decía Margaret Thatcher), pero hay que ver lo que se nota su presencia. Es como un elefante en medio de la plaza. El liberalismo debe enfocar bien su mirada para huir de su pretensión de que funcionemos como una máquina perfecta con el sonido suave de un BMW con un tubo escape por el que se lanzan seres humanos.

Es cierto que la compasión existe, pues si no el soldado no iría, con riesgo para su vida, a recoger al compañero herido en medio del tiroteo. Es cierto, también, que ese es un hecho espontáneo, que “no está impuesto por el estado”. Pero es así por que reaccionamos al dolor en nuestras inmediaciones, pero somos más secos ante desgracias lejanas aunque sean masivas y esa es la posición “moral” del liberalismo. Siendo así, es lógico que encarguemos esa solidaridad al Estado del mismo modo que le encargamos la defensa nacional. No se nos ocurriría, en una sociedad moderna, esperar a que la gente se inmolara espontáneamente sin recursos bélicos ni adiestramiento proporcionales a los del agresor. Sería una matanza inútil. ¿Por qué ante una agresión esperamos la acción de la policía, pero ante la pobreza no esperamos la acción del Estado? ¿Para que Townsend crea que tenía razón?

Dice Axel: “…ninguna persona, precisamente por ser libre —es decir, por ser considerada igual en materia moral y tener igual derecho que los demás a desarrollar su plan de vida como le parezca—, puede ser forzada, contra su voluntad, a satisfacer intereses o necesidades de otro.

No entiendo, Axel, por qué insistes tanto en la idea de obligación y violación de la libertad de los individuos cuando el Estado socorre a alguien. Cuando el Estado interviene no está obligando a nadie a ser compasivo. Es forzar en exceso la condición de detentador del monopolio de la violencia por parte del estado. ¿No será mejor esas cuidadosas intervenciones que la grosería revolucionaria o fascista? Sería como quejarse de la intervención de los bomberos para salvar vidas en un incendio urbano o bosques en un incendio rural o, poniéndonos frívolos, para salvar un perro atrapado. ¿Por qué ser “obligado” a cuidar de otros o a cuidad bosques que no son míos?. Ya daré dinero voluntariamente para esos fines en el “cepillo” de los bomberos. Otra cosa es que moleste pagar impuestos en general, y para determinados fines en particular. Pero para fijar esos fines, está la deliberación social en la política. Creo que ese Estado en el que piensas no es viable. Me extraña esta postura, precisamente, cuando el liberalismo económico está convirtiéndose en la cultura general de las sociedades modernas. Ese socialismo contra el que combates está moribundo en el suelo, que por cierto es una buena metáfora del enrasamiento igualitario. Nadie persigue la igualdad plena, pues hasta en las capas más bajas económicamente hay estratos. Siempre habrá norte y sur en un trozo de imán. La igualdad no es un fin, sino un método para mantener la tensión entre dos polos igualmente nocivos: el egoísmo absoluto y el altruismo imposible que, de darse, generan violencia y parasitismo. La solidaridad a través del Estado no es violencia, sino la forma en que suplimos la falta de empatía para los problemas que están fuera de zona de reacción moral de cada individuo. Cuando los seres humanos están próximos la ayuda voluntaria es más probable por la empatía que emana en esa proximidad; cuando están lejos sólo la acción del Estado puede evitar la tragedia. La acción del Estado no debe ser para igualar, sino para remediar. Manténgase el disfrute de lo ganado aunque sea excesivo para preservar el espacio para el “aún más” por encima de las cabezas de esos seres tan especiales que tiran del cuerpo social y, a menudo tierna su vida por falta de límites; pero no se estorbe la acción solidaria y menos transformándola sólo con palabras en un acto de violencia sobre el propietario. Ideas que, por cierto, el mismo Axel considera bien apoyadas por la autoridad de Kant, Smith, Hayek o Friedman.

Dice, Axel: “A la izquierda, en general, la anima una idea hobbesiana de libertad, esto es, que el hombre es un lobo para el hombre y, por tanto, necesita un Leviatán, un Estado todopoderoso que lo discipline y ordene de modo que no se coma al vecino.”

Pues creo que es justamente al contrario, Según Sowell la visión de los liberales y conservadores es trágica: la naturaleza humana no se puede reformar. Así lo afirma Pinker cuando destroza, armado de la biología evolutiva, la pretensión de la izquierda de cambiar el mundo sin atender a la naturaleza humana. La izquierda que hipertrofia el Estado no es para que vigile el mal comportamiento de los individuos, sino que, por su fe en la capacidad transformadora de la educación, requiere de recursos para la formación de todos. Es la derecha, la que, por su visión trágica del ser humano, considera que basta con que los mejores, surgidos de la lucha despiadada, se ocupen de los asuntos para que todo vaya bien. ¡Menuda tergiversación de las cosas, Axel! Y no es que me fie de que, una vez con el poder, determinada izquierda no quiera un estado totalitario. Sufren del mismo mal de altura que aquellos de derechas que consideran que, puesto que el hombre no tiene remedio, lo disciplinaremos con la bota militar.

Incluso en los países liberales “de nacimiento”, los estados tienen servicios sociales “a la fuerza”, según tu tesis. La razón la sitúo en que se considera que curar a la gente enferma o asistir a los imposibilitados no es crear riqueza, sino tirar el dinero. La caridad personal no da para cubrir ese deber de humanidad. Aunque siempre se puede sustituir “curar” por “reparar” y ya habríamos escamoteado el deber de asistencia a personas para situarnos ante objetos. El orgullo de “apoyarse en sí mismo” no puede llegar al extremo de morir en una esquina despreciado como un “fracasado”. No se puede, tampoco se debe, esperar a que la copa superior rebose hasta llegar a las copas inferiores en cascada si una sociedad tiene los recursos para evitarlo y su gente está distraída en sostenerse a sí misma.

Por lo demás completamente de acuerdo en que el estado no sobrepase los límites de lo que podemos llamar su ámbito propio. Obviamente la nocividad, o no, de una actividad, debe establecerse en las leyes, pues la iniciativa privada ya se ve que puede quemar el bosque del mundo (el Amazonas) sin pestañear. Leyes que deben ser resultado de deliberación política tan dura como sea necesaria hasta llegar al consenso social. En cuanto a la organización de asociaciones privadas, tantas como surjan. Si son realmente eficaces, será fácil que el estado se desprenda del deber de financiar la caridad. Pero es más fácil que surjan asociaciones “del rifle” o de encapuchados incendiarios decepcionados con la benevolencia de los jueces, que asociaciones benefactoras. Aunque no niego que surjan, en España han sido ejemplares las que se han dedicado con voluntarios a recoger comida para paliar los efectos de la crisis de 2008. En la patria del liberalismo que aquí se propugna, lo que surgieron son clubes privados en los que no se admitían mujeres y en mi patria a sociedades gastronómicas igualmente misóginas. Sin embargo, comparto con Tocqueville la idea de que “un buen Gobierno ha consistido siempre en poner cada vez más a los ciudadanos en situación de prescindir de su ayuda…”, pero sin perderle la cara al toro de las necesidades. En fin, comparto la idea que si el progreso hubiera dependido exclusivamente de los estados, estaríamos estancados, pero que la solución está en una vía intermedia, cuyas proporciones aún no hemos ajustado.

Vuelve Axel con un ejemplo “hombre de paja” inapropiado y simple, pues nadie discute las bondades de que el pan lo elabore un comerciante privado, ni nadie quiere quitarle al panadero lo suyo, ni dejar de pagarle su pan. No digamos ya la idea de que el “pan existe” y sólo hay que repartírselo. Ni el derecho social va a caer más bajo, ni los argumentos de Axel más arriba. Hay que remontar el vuelo de la discusión.

La preocupación de Axel por el panadero pone de manifiesto que en el fondo la discusión por los derechos sociales no es por la libertad sino por la elusión de impuestos. Nada coarta la libertad el cobro de impuestos si no son expoliadores (20-30 % a las clases medias; 50 % a las clases altas). Ningún estado europeo impide la filantropía. Simplemente ésta se ocupa de aquellos problemas que sus promotores advierten y no son todos, por lo que el estado tiene que estar al quite. En Estados Unidos las grandes fortunas pagan impuestos bajos y, en este momento, su posición en el World Giving Index es el 4º y bajando, con la particularidad de que no aparecen entre los diez primeros en la donación de dinero, siendo el 10º en el indicador de ayuda a extranjeros y el 8º en materia de voluntariado. En cuanto a los países europeos, no ocupan un lugar destacado, porque en ellos el Estado resuelve con eficacia y, sobre todo, de forma generalizada lo relativo a la ayuda a extranjeros y la asistencia que puedan necesitar grupos de gente vulnerable. Depender de la voluntad individual, que generalmente no tiene toda la información y se puede dirigir de forma sesgada a los problemas, no parece la mejor solución para el estado de la conciencia humana en nuestros días. La crítica a la acción del Estado, acompañada del reproche de “buenismo”, tiene un fondo de preocupación por el nivel de impuestos que requiera una real asistencia a los que quedan detrás en el desarrollo económico de un país. Desgracia que, en estos países liberales, llega hasta a los que vuelven de los frentes de guerras incomprensibles dañados en su cuerpo y su mente. Quiero pensar que los liberales son sinceros cuando se resisten a esta solución y están pensando en que se frena el crecimiento de la nación por los recursos dedicados a quienes lo puedan necesitar, pero ninguna actividad frena el crecimiento, porque los servicios asistenciales como, pongamos el gasto en ocio es un componente del PIB de una nación. El ocio antaño era simplemente sentarse, ahora implica un equipamiento sofisticado y caro, que le pregunten a Nike o Asics. La diferencia estriba en que la asistencia no tiene “clientes” directos que puedan pagar los servicios y el ocio sí. En España se ha resuelto el asunto con una marca en la declaración de la renta que indica que destino del 0,7 % de tus impuestos a fines sociales. Es una cantidad notable que asciende a 500 millones de euros. Lo que sí parece una reacción liberal ante la expansión de los derechos sociales es la fórmula de estimular la demanda mediante cheques que se emplearían en los mismos servicios, pero prestados por la iniciativa privada.

Sigue en … (V)