No tengo experiencia previa en nietas, por lo que es la mayor de ellas Olivia, que acaba de cumplir cinco años, la que va marcando el camino de mis glosas a sus vidas. Hasta ahora había seguido un criterio temporal que coincidía con el nacimiento, el cumplimiento de un año y de tres. Momento, este último, que coincide más o menos con el dominio del habla. Pero ahora el hito es que Olivia ha aprendido a leer. Es asunto tan importante que merece la pena dedicarle una reflexión. A Olivia la seguirán en su momento Claudia, que está finalizando el período de dominio de la oralidad, y Lole, que con pocos meses, bastante tiene con ir asimilando su condición de nueva habitante del planeta Tierra.

Vamos con Olivia, pues. El cambio ha sido decisivo: hasta hace poco le leíamos cuentos y ahora nos los lee ella. Va por la calle leyendo carteles y ayer leía entusiasmada la carta del restaurante. Lee mayúsculas y minúsculas, respeta la letras mudas y, por tanto, acaba de entrar sin saberlo en el reino de Homero, Píndaro y Safo. Aún le queda, pero ya conoce los cuentos morales que van desde Caperucita a Garbancito, pasando por los mitos blandos del tipo de la Bella y la Bestia.

Ya no se lleva la formación en los clásicos, pero el carácter cíclico del acontecer humano debería hacernos comprender que es prudente y gozoso leer cómo interpretaban sus vidas aquellos que nos precedieron. Los niños deberían leer fragmentos de los clásicos para que sus oídos se regalaran con palabras bien encadenadas como las que figuran en los versos de Virgilio o de Horacio, de Dante o de Cervantes. Por eso, Olivia, espero que pronto te dejes embriagar por bellos versos que provoquen en tí los fuegos coloridos de las metáforas y demás «trucos» del lenguaje para superar la limitación de nombrar lo innombrable. Verás como se nombra lo que no se toca con los que agarramos todos los días. Cómo un martillo representa a la contundencia; cómo la luz representa a la inteligencia o cómo un soplo de aire representa al espíritu. Cómo una mujer con los ojos tapados a la justicia o las palabras todas al mundo.

Leerás opiniones para todos los gustos, leerás relatos apasionantes, las palabras quedarán adheridas a tus emociones, que volverán cuando las escuches años después. Comprobarás como en tu pequeño pecho caben todos los libros y poco a poco, irás viendo por ti misma la asombrosa aventura que es la humanidad y qué extraordinarios relatos dan cuenta de ello. El mar en sus estados pacíficos o turbulentos te creará la nostalgia de la navegación; las montañas descritas por los grandes de sus escaladas te harán soñar que eres una alpinistas intrépida. Los relatos de astronautas o del cosmos te harán saber que vives en una bola pequeña en relación con las que hay en su entorno. Y, sobre todo, las grandes novelas, desde Neville a Anna Karenina, te harán saber del sufrimiento humano. Sabrás por tus lecturas de una bola pequeña y maravillosa en la que habitamos que está pasándolo mal porque nos hemos descuidado en los últimos dos siglos. Por cierto, que así sabrás qué son los siglos y cuántos han pasado desde que un mono se bajó del árbol y miró hacia el cielo. Y tomarás conciencia de ti misma y de la necesidad de no atender todo los que se te ocurra, pues limitamos con los demás, a los que tenemos que respetar.

Tienes que estar preparada para que las ideas que saques de tus lecturas no coincidan con las ideas de otros. Ese días sabrás que es necesario respetar las creencias de los otros y que hay que buscar el acuerdo, aunque no se renuncia a ellas. También leerás cosas que te sorprenderán porque parecerán mentiras. Para entonces habrás descubierto ya que tus propias creencias deben ser sometidas a contraste. Que las palabras son un arma de doble filo, pues se pueden utilizar para el bien o el mal. Para entonces deberás haber adquirido en tus lecturas y experiencias la fuerza de saber que nada debe sobreponerse a la dignidad de los seres humanos. Leerás o escucharás discursos leídos por gente que, enferma de poder, reclame tu sumisión. Para entonces deberás haber desarrollado tu plena convicción en que no hay meta que justifique la codicia o infligir (¿Te gusta esta palabra?) sufrimiento a los demás para tiranizarlos.

A mi me gustan algunas palabras más que otras. Entre mis preferidas están «arrebol», «feérico», «rielar» o «baquía». Tú elegirás las tuyas y con ellas las cadenas de palabras que te seducirán para vivir muchas vidas en la tuya, viviendo emociones desconocidas gracias al talento de escritores y dramaturgos. También verás que hay palabras en otros universos como el de la filosofía o la ciencia que provocan estremecimientos de placer. Las palabras te traerán personas y acontecimientos asombrosos. Con ellas se harán presentes espectralmente en tu entorno sin necesidad de trasladarse y así poder comunicarte con los demás. En la poesía, una forma maravillosamente extravagante de transmitir sentimientos, podrás encontrar una sorprendente versión del mundo que te habla de él de forma oblicua provocando luces y sombras que perfilan realidades nunca oídas hasta que un poeta las pone en conexión.

¡Ay, Olivia!, qué suerte la tuya de estar en esa primera hora en la que todavía no se ha cometido error alguno. Esa hora en la que puedes aprender qué lecturas te harán mejor y cuáles no debes frecuentar para que no te distraigan de la construcción de tu propia persona, pues no es lo mismo individuo que persona. La persona se crea en la experiencia (que es limitada) y las lecturas (que pueden ser ilimitadas). No te quedes solamente en la vida ordinaria. Vívela con intensidad, pero hazla crecer con tus lecturas. Serás así toda la Olivia que puedes ser. Toda la Olivia que esperamos que seas. Esa es nuestra esperanza, una palabra ésta que resume todos los afanes de los seres humanos, pues es una espera sabia de un mundo mejor gracias, entre otras cosas, a la lectura. ¡Bienvenida, Olivia, a un universo inagotable!. Tus abuelos te esperan en él con un libro en las manos.

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