¡Menos quejas!


Vivimos años turbios porque determinados oportunista aprovechan un ley psicológica ineluctable. Esto es, la de que la felicidad es relativa. Ya lo dijo Cristiano Ronaldo cuando vio que Messi le habían subido el sueldo un poco más que a él: “no soy felisssh”. La sociedades nórdicas se hicieron de derechas cuando la socialdemocracia los llevó a la prosperidad. Ahora ya van camino de la extrema derecha para, desde allí, luchar hasta la última cigala. Tampoco son felices los inversores, pues en cuanto la Bolsa oscila un poquito se van a un banco de Belice.

Todos los indicadores de verdadera prosperidad de la especie humana son positivos. En España: la mortalidad infantil pasó de 200 por cada mil en 1900 a 3 en 2017; la esperanza de vida de 40 años a 80; el 84 % de los españoles son propietarios de su vivienda y el 16 % de dos; en 2018 el 90 % de los españoles ha gozado de vacaciones fuera de su lugar habitual; el parque de vehículos es moderno y no hay un español capacitado que no tenga un medio de transporte autónomo con abundancia de marcas consideradas hace unos años de lujo; las grandes celebraciones se llevan a cabo con viandas que en Viridiana hubieran merecido la expresión de Lola Gaos de “lujo de riqueza”. Añadamos nuestra fortaleza política para haber acabado con el terrorismo de ETA y nuestra sensibilidad para establecer leyes especiales contra el asesinato inaceptable de mujeres a manos de sus ardientes asesinos. En fin… un país con salud y fuerza que está en condiciones de luchar para que sus hijos puedan tomar el relevo de sus afortunados padres sin ser presa de los buitres del fondo del averno de la codicia.

A pesar de todo esto estamos enfadados, tan enfadados que queremos incendiar nuestra propia casa dando entrada en nuestra acción política a partidos de extrema-unción para el país. A la izquierda y a la derecha se trafica con las emociones para socavar las bases de una vida civilizada y amable (la única que disfrutaremos cada uno de nosotros). Unos queriendo destruir el sistema que teje su palestina y los otros azuzando el odio a emigrante que lo hace rico bajo el plástico y el sol. Para aumentar el disparate una región de España finge estar oprimida y pone cara de duelo ante la terrible humillación que sufre teniendo que llamar “sahib” al opresor extranjero. Todavía en el siglo XX, en la puerta de los clubes británicos de la India había un cartel que decía “no se admiten ni indios ni perros”. Qué vergüenza produce que los relativamente agraviados dirigentes independentistas pretendan ser émulos de Gandhi.

Lo dicho: infelicidad relativa que impide una vuelta a una visión moderada del progreso que nos permita pagar la enorme deuda pública y privada que hemos contraído con las veleidades del principio de siglo y salir de este atasco mental tóxico. Hay que recuperar el gusto por los datos y su evolución para comprender que hay mucho de capricho indulgente con nosotros mismo en nuestro artificioso enfado y no darle el mando a aventureros que nos llevarán al desastre que ellos llaman purificador.

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