Me tomo un descanso de Zizek cuando llevo un tercio de su libro de mil páginas. Voy a hacer una lectura de Hegel con un autor más sistemático y ordenado en la presentación de los contenidos. Es el caso de Herbert Marcuse, el filósofo que tanto revuelo levantó en vida con su libro Eros y Civilización. También él teorizó sobre el plus de goce que hay en la represión. Un plus necesario para que la represión básica que la civilización impone a los instintos sea eficaz.

En su libro Razón y Revolución Marcuse afronta el estudio de Hegel, como lo haría un doctorando ante una tesis. Es un estudio sistemático y clarificador desde su parcialidad obligada. Empieza estableciendo el principio de que Hegel sólo se entiende si se considera que su trabajo parte de la idea fuerza de que por primera vez, es en su época cuando la acción humana se rige por la razón. Dice Hegel:

Nunca desde que el sol ha estado en el firmamento y los planetas han dado vueltas a su alrededor, había sido percibido que la existencia del hombre se centra en su cabeza, es decir, en el pensamiento, por cuya inspiración construye el hombre el mundo de la realidad“.

Y el ejemplo máximo de esa prevalencia de la razón es la Revolución Francesa. De alguna forma se considera que, hasta ese momento, sólo había habido motines o luchas descarnadas por el poder sin soporte ideológico alguno. Una fe en la razón, que una vez probada en 1789 espoleó la teorización sobre la sociedad y el deseo de aplicar las conclusiones a la realidad como se hizo en octubre de 1917 en Rusia, cuando Lenin creyó que contando con dos puntos en el diagrama ya tendría un recta con la tendencia de la historia universal.

Pero para que la realidad pueda ser gobernada por la razón es necesario que la propia realidad se haya vuelto racional en sí misma y esto pasa por la realización del sujeto. De esta forma se puede concebir la sustancia (lo que es) como un sujeto. La realidad es concebida como un proceso dentro del cual todo ser  es la unificación de fuerzas contradictorias (Es impresionante que cien años después de la muerte de Hegel, Paul Dirac hiciera su propuesta de la existencia de materia y antimateria con el vacío como resultado de su combinación y la realidad como resultado de su separación).

La principal contradicción que advierte en la realidad es la que se da entre el derecho del hombre a disfrutar de la propiedad y desarrollar sus capacidades y la realidad cotidiana de despojo y desigualdad. La realidad no es, pues racional, y hay que cambiarla para que se adapte a su concepto racional. Pero también observa la disparidad de opiniones sobre las soluciones a adoptar. De ahí la lucha social permanente, pues la realidad no parece dejarse domar por la razón. Para Hegel es necesario que el sujeto penetre la realidad para conformarla.

El mineral no es un sujeto, el vegetal sí, pero no comprende. Es el ser humano el que se constituye en sujeto que se comprende y se autodetermina. Su vida verdadera consiste en la realización de sus potencialidades captadas por la razón. Esta capacidad le permite ser y exigir ser libre. La naturaleza es un intermediario para el ejercicio de la libertad. El espíritu es la razón en desarrollo hacia su plenitud. La historia no es una fila de acontecimientos sino un proceso de construcción del espíritu del sujeto. Mientras la realidad no esté adaptada a la razón es apariencia, pues está en proceso de real-ización. Por ejemplo, el único Estado real, será aquel que permita que todos los hombres realicen libremente sus posibilidades como miembros de la especie, como sujetos espirituales dotados de razón. En el caso de centro Europa el protestantismo aportaba con su libertad interior el freno a cualquier revolución en tiempos de Hegel. Por su parte, las clases altas vivían en la “realidad” del disfrute de las ciencias y las artes. Pero ese idealismo concluyó en su opuesto, pues acabó aspirando a reconciliar la libertad interior con las trabas que presentaba la realidad social, para que tal libertad dejara de ser, en realidad, un ejercicio de resignación. El motor de ese proceso es la contradicción, pues no hay entidad que no tenga en su estructura contradicciones que la lleva a su modificación.

El contexto filosófico de Hegel es la lucha por rescatar a la filosofía del ataque del empirismo que todo lo confiaba a la realidad externa. Descartes previamente había considerado que los cambios en la sociedad, especialmente en el campo de la ciencia y los descubrimientos tenían que basarse en verdades ciertas y universales. Unas verdades que contrastan con el acontecer humano lleno de arbitrariedad y contingencia. Por tanto, la tarea sería encontrar el modo de conciliar lo universal de la razón con lo particular del individuo, que dejado al albur de la competencia y el mercado había creado instituciones sociales injustas. ¿Era posible que la razón escondiera la solución a este problema? Los empiristas habían fallado diciendo que las esencias universales de la razón, solamente eran formulaciones a partir de la costumbre y la experiencia. Los racionalistas contraatacan diciendo que el orden necesario para la vida social no estaba en los hechos, sino que era necesario imponerlo desde la razón. Tampoco la psicología humana es garantía de universalidad y necesidad pues está sometida a demasiadas contingencias. Es la imaginación humana la que puede construir formas que imponer a la realidad y a los individuos.

Hay pues que demostrar que la procedencia de las ideas de la razón no se justifican por la experiencia ni por el pensamiento individual, sino que proceden de los conceptos de la razón. Si esto no fuera así, la libertad sería imposible. Kant empezó la reconquista concediendo a los empiristas que toda experiencia procede del exterior, pero los contradijo estableciendo que el orden de ese material lo establece la razón. De ser verdad, la propia experiencia tal y como la vivimos también sería un producto de la razón pues la experimentamos modificada por ésta. La razón sintetiza el material que recibe a través de los sentidos y la mayor síntesis es la percepción del propio yo. Una vez establecido esto se da un residuo: las cosas tal y como son a diferencia de tal y como las conocemos, lo que tiene el inconveniente de que divide al mundo de dos: los cognoscible y los incognoscible. Un viejo problema de la filosofía desde Parménides.  Se establece así una distancia entre el sujeto y el objeto que Hegel trata de eliminar. El llamó a esta separación alienación del sujeto respecto del objeto que se convertía en algo extraño para él, incluso cuando los había producido por sí mismo. La tarea es la unidad y a eso se apresta Hegel buscando el principio de razón que restablezca tal unidad.

Hegel establece que las leyes de la naturaleza surgen de la estructura racional del ser, lo que las pone al alcance de la razón. El ser humano alcanza así en la libertad el éxito que el resto de los objetos alcanza en su cumplimiento ciego de las leyes naturales. La verdad adquiere así un carácter ontológico según el cual es verdadero lo que cumple su concepto (sus potencialidades). Pero es este proceso nada es estable, al contrario que con la antigua metafísica. Los objetos tienen que cambiar para ajustarse a la razón. Esto requiere su destrucción en sucesivas desapariciones que conservan la identidad en el cambio. Por eso se califica a la filosofía de Hegel como negativa. Ya no vale una lógica estática es necesario acudir a la dialéctica que capte el movimiento de destrucción (negación) de lo estable y, en su caso, a la negación de la negación para conciliar lo antiguo y lo nuevo. Como reacción a mitad del siglo XIX surge el positivismo que quiere agarrase a los hechos para hacer ciencia. Cualquiera puede comprobar ciento setenta años después que el positivismo es una escena serena en un móvil a velocidad notable. Los cambios en los artefactos producidos por una ciencia cuyos conceptos no dejan de cambiar son la prueba de que la realidad se comporta más como la describió Hegel que como lo hizo Comte. Otra cosa es que la ciencia necesite en determinadas fases actuar “como si todo estuviera quieto y los hechos existieran de forma permanente”, pero de la reflexión consiguiente se derivan nuevos conceptos y nuevos artefactos. No menos cambios, no siempre positivos, se dan en el ámbito social, que muestra tenacidad por los intereses creados, pero que también cambia hacia la racionalización que supone la generalización de las oportunidades de realización de los individuos en la libertad. No hay progreso necesario ni futuro asegurado, como se puede comprobar hoy en día en que la progresiva desaparición de la “sinceridad de clase” que podía darse a principio del siglo XX debido a que o no todo el mundo votaba o el voto estaba controlado por el caciquismo. No era, pues necesario el discurso mendaz de los políticos. Hoy en día el aumento de la cultura de la generalidad de los ciudadanos obliga al disimulo y ha traído una nueva sofística de rasgos muy peligrosos debido a la ayuda que recibe de la tecnología. Una sofística que se da en los hegelianos porque no pueden cumplir sus promesa y en los comtianos porque no pueden declarar sus intenciones.

Hegel advirtió con la consagración de Napoleón que la pretensión de la razón de gobernar la Revolución había derivado en una nueva tiranía después de un período de terror inevitable por la rotura de los lazos institucionales. Fracaso que es consecuencia de haber sido impulsada por los individuos contra el Estado. Sólo el Estado es capaz de la transformación necesaria.

FENOMENOLOGÍA

Marcuse despacha con rapidez la parte de la fenomenología dedicada al modo en que la conciencia conoce el mundo exterior:

  1. Hay una certeza sensible que parece ser un suelo firme para el conocimiento, pero Hegel pronto argumenta que, en realidad, la conciencia funciona con un Aquí, un Ahora e, incluso, un yo universal. No conoce el objeto concreto, sino la forma que representa un lugar, un momento y un sujeto que observa.
  2. Más allá, la percepción con la que la conciencia observa los rasgos característicos del objeto, parece dividir su unidad en una multiplicidad de propiedades que también tiene el carácter universal (la blancura no es exclusiva de un determinado objeto). Pero además el color que exhibe una sustancia niega el resto de colores posibles. Lo que la conciencia capta ahora es una unidad y al tiempo una multitud, constituida por sus propiedades y sus relaciones con otras cosas. La cosa “es” en relación a su entorno y al sujeto.
  3. La unidad de la cosa se consigue por la fuerza. La fuerza es la esencia de la cosa. La fuerza, resultado de las leyes naturales constituye a la cosa. La fuerza no puede ser percibida nada más que por su efectos (ejemplo la fuerza magnética).

La fuerza constituiría lo real no percibible. Y, así, lo que se percibe sería la apariencia de un ser que todavía es diferente de su esencia. Lo que se percibe es la apariencia de la esencia. La apariencia es el mundo de la certeza sensible y de la percepción. La ciencia se ocupa de la fuerza. La conciencia tiene que penetrar en ese mundo más allá de los sensible que lo espera para que el propio sujeto alcance su esencia. Hegel nos dice que detrás de la apariencia al ser humano le espera su propia esencia. En una continua porfía entre opuestos, el sujeto busca su esencia en la ley que gobierna al mundo. Nosotros mismo estamos detrás de “la cortina” que esconde el mundo que está fuera del alcance de los sentidos. Se trata, pues de una tarea para la autoconciencia. Así se habría producido el paso de Kant a Hegel, del idealismo trascendental al idealismo absoluto. La alienación del mundo debe ser corregida con su humanización. La cosa en-sí tras los fenómenos es la propia conciencia. La verdad no es la búsqueda de la esencia de sustancias eternas e inmutables, como pretende el positivismo. No hay más verdad que la del sujeto y esté no tiene más tarea que transformar el mundo para convertirle en su hogar.

La demostración por parte de Hegel de que la experiencia sensible, la proximidad a los hechos y los particulares es una experiencia del universal refuta el positivismo y su fetichismo de hechos y cosas. El universal es más que un particular y la autoconciencia se alimenta del universal. Además, Hegel aporta la constante humana de que el sujeto está en estado de deseo y, no del tipo de deseo que acosa al animal (el alimento o la reproducción), sino el deseo de otro deseo. Es decir de otro sujeto. La autoconcienca sólo encuentra satisfacción en otra autoconciencia. La dialéctica que abre con los opuestos Amo y Siervo se explica en detalles en la reseña de Kojeve. El Yo del sujeto no es un yo abstracto, sino la esencia del mundo. Pensar consiste en saber que el mundo no es objetivo, sino subjetivo, que se presenta como la objetivación del sujeto. Dice Hegel “En el pensar soy libre, porque no estoy en otro, sino que permanezco simple y únicamente en contacto conmigo mismo“. Esta liberta interior explica que Hegel considere el estoicismo la primera manifestación de la autoconciencia. Pero Hegel es consciente de que esta libertad es útil cuando  el entorno es hostil, pero que la verdadera libertad implica la necesidad de “salir al mundo” hacia su transformación.

LA LÓGICA

Hegel exacerba la tendencia ya expresada en Aristóteles, Kant y Fichte de dinamizar la formalidad de la lógica. Pero en él se hace más explícito y, además, se proporciona un método. Esto es coherente con el propósito de Hegel de acabar con el dualismo entre pensamiento y realidad para no aceptar el mundo tal y como se presenta. Para ello hay que parar la embestida del sentido común representado en la lógica formal tradicional. Esta es la tarea que Hegel se propone en la lógica dialéctica cuyo factor fundamental es la negatividad. Es una lógica negativa. Así se niegan las categorías fijas y la falsedad del mundo del que emanan éstas. Nada de lo que existe es verdadero en la forma en que se presenta. Esto es advertido por la conciencia que se proyecta a su cambio. Por eso, la existencia de las cosas es negativa. Una negación de partida que es tanto negación como afirmación, lo que implica contradicción consigo mismo de cada ente, que no implica anulación, sino transformación, por negación de su estado actual. (NOTA.- La dialéctica de que A contiene no-A es asombrosamente parecida a la relación materia – antimateria de Dirac). Cada ente se contradice a sí mismo porque hay una diferencia entre su esencia y su existencia tal y como es. Esta contradicción proyecta al ente hacia otra cosa y hacia su entorno. El ente tiene que negar su particularidad y relacionarse con otros entes. De nuevo el universal manifiesta su prevalencia sobre lo particular.

La forma lógica del universal es el concepto (noción). Hegel, por tanto, discute que el universal sea “un pensamiento” distinto de la realidad misma que se expresa en el particular. Es decir, afirma que el universal existe y que lo hace una forma superior a los entes particulares. Cada hombre particular tiene origen en la existencia de la forma universal “hombre” (NOTA.- Algo así como que cada individuo tiene su fundamento en el ADN. De hecho, cuando se pretenden quitar enfermedades del código genético se está depurando el universal de la especie). La clase hombre genera al individuo hombre. Cada individuo debe afrontar la tarea de ser lo que puede ser su clase conceptual. La importancia de estas afirmaciones reside en desmontar la pretensión de un universal “parcial”, como la clase económica o nacionalista, de someter a los individuos. El derecho a gobernar al ser humano solamente lo posee el universal. El universal reside en el concepto, pero no como acto psicológico, sino como reflejo de la realidad posible.

La libertad consiste en el ejercicio de la tarea de buscar la esencia luchando en la existencia negando las formas históricas. El universal del ser humano es complejo e incluso contradictorio y debe incluir todos los aspectos (negativos y positivos). El aspecto positivo de la dialéctica de Hegel es la creación, formación del universal negando lo particular. Destruir el mundo del sentido común es construir el universal que se realiza y se manifiesta en lo particular (platonismo, heideggerismo avant la lettre). Por tanto, la lógica de Hegel es una ontología. El mundo es subjetivado por el sujeto que posee la noción de cada ente (NOTA.- el mundo físico se abre al sujeto por la acción del sujeto en la historia y en la ciencia, hasta el límite del propio entendimiento en acción).

Hegel encontró en la realidad sensible que el pensamiento traduce la experiencia en universales, nociones, que son su alimento. Tras superar las distintas etapas epistemológias, parte del particular y acaba buscando una ley universal (NOTA.- Como hace el científico que trata de unificar la teoría cuántica y la relativista), buscando una ley universal que determine a todos los universales y no sea determinada ella misma (NOTA.- Esto es aristotelísmo. Motor inmóvil. Si es así, el ser indeterminado es irracional, pues su existencia no tiene explicación. Es legítimo preguntar con Russell ¿Quién creo al creador?. O se acepta la irracionalidad de la existencia o es necesario buscan un universal de mayor rango: ¿la nada?). El ente es algo y el Ser simplemente es. Si el Ser por su total vaciedad incorpora a la nada, igual le ocurrirá a cada ente, pues cada cosa está siempre en camino de ser otra cosa, negándose a sí misma. Las cosas son en tanto surgen y se desvanecen. Son devenir.

Las categorías de la lógica hegeliana se transforman en otras categorías. El análisis de la cualidad muestra a las características de las cosas como una red de relaciones con el resto del mundo (color, textura, sabor…). Es su ser-para-otro, que se opone a su ser-en-sí. Su ser-para-otro determina su ser-en-sí y viceversa yendo unidos en la cosa. No hay un mundo de fenómenos y noúmenos. La cosa cambia negándose al convertirse en otra cosa y niega la negación incorporando la otredad a sí misma. Así la cosa media su propia transformación. Hay un protosujeto que sufre el cambio y mantiene un cierto control sobre el cambio, aunque sea ciego y no libre. La cosa se determina como ser-para-sí manteniendo la individualidad. La cosa no existe como es en-sí. Sus potencialidades no están incorporadas. Esta diferencia es el motor de su continuo cambio. Esto es más evidente en el ser humano, pues la razón determina sus potencialidades que contrastan con su existencia real. Su talificación (ser-para otro) contradice su potencialidad (ser-en-sí).

Toda existencia es negativa porque no ha alcanzado su noción, su concepto esencial. Esta negación implica la finitud, es decir, la muerte. Los entes del mundo son finitos en su carácter individual. El universal no está al final de una trayectoria de infinitas transformaciones del individuo, sino en un ciclo que comienza y acaba con la transformación del individuo en otra cosa que sufre el mismo ciclo de vida y muerte, ahora sí, hasta el infinito. En la muerte se alcanzan las potencialidades y se transfiere la busca del infinito. (NOTA.- Versión idealista de la muerte, pues la muerte trunca no culmina si no se ha vivido, durante el proceso, en una búsqueda cuya conclusión sea la necesidad de nutrir con la propia materialidad el nacimiento de nuevas aventuras individuales que perfeccionen el cumplimiento de las potencialidades. La vida particular puede ser perfectamente estéril para sí mismo y para los demás. Hay una cierta estaticidad en esta visión en la que cada individuo parte de cero la carrera para alcanzar su ser-en-sí. No hay justificación para la muerte del individuo si no contribuye a que la siguiente cohorte esté más cerca del universal de la especie. Si el individuo ha de morir, ha de morir la especie. Primero para que la especie mejore y segundo para que el Mundo mejore. Individuo y especie serían escalones de una progresión hacia el universal del Mundo en su conjunto como sujeto plenamente realizado. Una parusía Theilhardiana). En definitiva, Hegel pensaba que sólo se puede desarrollar las potencialidades pereciendo (NOTA.- Es decir, el despliegue de las potencialidades no puede ser desarrollado en una vida. Se impone el universal que necesita muchos individuos para su despliegue completo). Lo finito no tiene un verdadero ser, debe ser negado, porque la esencia de lo finito es ir más allá de sí mismo. Pero no a un más allá trascedente, sino a un más allá inmanente a la tarea de despliegue de las posibilidades de lo finito. Todo lo ideal (el deber ser) debe aplicarse en el mundo finito. Lo infinito de Hegel no es trascendente, sino lo otro de lo finito, lo que lo finito puede conseguir en un infinito proceso de transformación, que consiste en ser-para-sí, es decir, en apropiarse de la otredad que la aliena. La autoconciencia es la mejor aproximación al infinito, por el contrario, los entes sin conciencia son los que responden mejor al concepto de finitud.

La cantidad se relaciona con la cualidad en el famoso dicho de Hegel, según el cual la cantidad, traspasado un determinado umbral, genera un cambio cualitativo. Punto de vista de vista que anticipa la revolución digital, cuántica que contradice la expresión clásica de que natura non facit saltus. Una forma perece al mostrar lo nuevo, que es la negación de lo viejo. Las propiedades niegan lo que las cosas son para-sí (los que conocemos de las cosas no está en las cosas. Por ejemplo el color). Por eso, Hegel dice que la esencia de la cosa es su negatividad. El movimiento de la cosa para-sí es también de retorno a sí misma a pesar de los cambios. Es la unidad negativa. Para Hegel “La verdad del Ser es la esencia”. ¿Pero qué es la esencia?. Primero, lo que no es. La esencia no es un ente que habita en un reino puro de las ideas. La esencia no está en el mundo (todavía) ni más allá de él. La esencia es la negación de todo ser porque es su infinito, lo que puede ser, a lo que apuntan sus potencialidades. Un proceso en el que el sujeto pone sus propiedades (determinaciones) como momentos de su autorrealización. La esencia es el propio proceso de reflexión del sujeto. Una reflexión que no sólo es pensar, sino ser. Por tanto, el paso del ser a la esencia es un proceso pensado y vivido. Es un proceso real. Cuando un ser entra en sí mismo reflexivamente se convierte en esencia. Ser subjetivo es la sustancia del ser. Llegar a ser sujeto es la sustancia del ser.

Hegel experimenta un cierto desprecio por las matemáticas porque es la medida de la cantidad y ésta le parece de menor rango ante la dinámica de la realidad, que estaría más cerca de la cualidad. Hegel cree que las matemáticas son una ciencia de los estático y no puede describir lo dinámico. (NOTA.- Es paradójico porque, cuando él hacía estas declaraciones, se estaba gestando una verdadera revolución en las matemáticas para seguir la evolución de la física electromagnética, una realidad dinámica en extremo). Obviamente este poder de las matemáticas no quita ni un ápice de importancia a la reflexión y realidad de la libertad, la moral o la justicia en su complicado ser. Aspectos estos de la realidad que constituyen su verdad más esencial. Verdad a la que las ciencias básicas han de servir obedientes a los intereses de la autoconciencia. (NOTA.- Aquí resuena la futilidad de la pretensión de Lacan de matematizar el deseo, por otra parte de forma tan rudimentaria y estéril, aunque Hegel, quizá, no percibió hasta qué punto, aún en su esencia formal, las ciencias básica son dialécticas en su proceso de positivación y negación de los hechos).

En el proceso real, todo ser se niega en el cambio y niega la negación en su identidad. El pensamiento de que la esencia y la existencia no coinciden es el principio de la verdad. La esencia abraza las determinaciones en un proceso de negación de lo otro que fortalece su identidad (NOTA.- Es interesante asociar a la concepción dinámica del ser basada en las autodiferencias gestada en su interior y su proceso interno de negación de lo otro con la concepción de Kant de que los entes son resultados de la acción sintetizadora llevada a cabo por el sujeto. Aunque se puede pensar que así la subjetivación es doble: el sujeto crea al objeto y luego lo comprende). El ser es poseedor de la fuerza que le permite asumir la contradicción se-no-ser que lo dinamiza. (NOTA.- Desde el punto de vista de la lógica dialéctica, la lógica formal es un acto de pragmatismo que describe la realidad “lenta” que permite adoptar el principio de identidad, del mismo modo que las leyes de Newton siguen pragmáticamente siendo útiles a bajas velocidades relativa).

Aplicando a la esencia su propio concepto, ella misma, como forma, es resultado de un proceso previo. Que el desarrollo de un concepto lleve a su opuesto es también parte de la dinámica real. Situación que lleva a distorsiones de la conciencia que produce amplio malestar. Así si los mecanismos de distribución económica llevan a la acumulación o lo mecanismos formales de justicia derivan en injusticia manifiesta. Cuando la esencia alcanza a la existencia, la contradicción se resuelven. Es el llamado proceso de actualidad. Cuando se da las contradicciones no se dan entre lo que es y lo que debe ser, sino entre dos existencias: lo real no cumplido y lo posible ya maduro para ser. Para que esto ocurra una sociedad tiene que alcanzar un grado de madures que hace lo posible inmediatamente realizable (NOTA.- Un ejemplo fue cuando en 1978 la democracia en España era posible y la realidad era un estado autoritario. La sociedad española estaba lista). Dice Hegel “El hecho es antes de existir”.

(NOTA.- Los distintos tipos humanos son como los elementos químicos, constantes en sus propiedades conocidas en el marco de las leyes conocidas y estables de la realidad. Las instituciones son como las sustancias químicas, en el sentido que ofrecen distintos desempeños, tiene distintas propiedades como consecuencia de las combinaciones que llevan a cabo con los individuos “elementales”. No todos los elementos pueden participar en todas las combinaciones, pero todos tiene sitio en alguna. La diferencia en el símil estriba en que los elementos químicos y su isótopos muestran, a la distancia que son observados, alguna estabilidad mayor que los individuos humanos que, por ser observado a una “distancia” menor y por su valor como individualidades, presentan resistencias e impulsos con sus contribuciones cognitivas o emocionales para el propio desarrollo autoconsciente que aumentan las incertidumbres asociadas).

El proceso de actualización que hace lo posible real sólo lo puede realizar un sujeto que es libre y tiene el conocimiento de la verdad. Así necesidad y contingencia se unen. La necesidad por el conocimiento y la contingencia porque no hay fuerzas externas que determinen el resultado. El sujeto es una forma que no señala en exclusividad a un individuo, sino a toda estructura capaz de autoconciencia como el espíritu de una época. Si la libertad del sujeto es la comprensión, el sujeto es noción. La noción es la actividad de comprensión, que sólo un sujeto puede llevar a cabo. Para el sentido común el conocimiento que se abstrae de la realidad se vuelve irreal. Para Hegel, la verdad es lo contrario, pues la noción no es más pobre que la realidad, sino más rica, pues va de los hechos a su contenido esencial. Sólo en el concepto (noción) reside la esencia de la realidad. La abstracción conduce a la actualidad (momento de realización de lo posible). Frente a la abstracción de la ciencia positiva, la abstracción dialéctica busca la esencia del cambio, de los procesos en equilibrio con lo que permanece. El pensamiento dialéctico analiza el hecho y sus procesos sin intromisión de lo externo. En el pensamiento hegeliano el sujeto no forma las nociones, sino que éstas se dan en la realidad y son captadas por el sujeto. La dialéctica hegeliana no es epistemología, sino ontología. Los aspectos negativos de la realidad no son perturbaciones o puntos débiles en una totalidad armoniosa, sino las condiciones que descubren la estructura y tendencias de esa realidad. Así las crisis de capitalismo son reproducciones del ciclo de nacimiento y muerte de esta forma de economía. (NOTA.- Lo curioso, en el caso del capitalismo, es que se sigue llamando capitalismo a formas que nada tienen que ver con lo que era dos siglos atrás. Amazon es un ejemplo de reducción de la tasa de beneficio, que traerá un nuevo capitalismo con menos millonarios, pues sólo aquellos que dirijan grandes grupos de empresas podrán serlo cuando la tasa de beneficio esté cerca de cero. La sombra potencial es que las clases medias y los pequeños empresarios estarán arruinados”).

La dialéctica sólo puede ser eficaz en el interior del propio sujeto. De ahí la diferencia con las matemáticas que siempre observa a sus objetos desde el exterior. La idea en Hegel no es extramundana como en Platón, es real y sirve de referencia como en Kant. El verdadero ser es la idea o noción frente a la realidad. La noción y la práctica van juntas. El hombre es acción y la historia es ontología (realidad). El sujeto niega toda otredad y busca el conocimiento que le permita ser completamente libre conociendo sus límites. El mundo objetivo es el medio para su total subjetivación. El pensamiento puro se piensa a sí mismo en la medida en que se ha llenado de la totalidad.

Hegel piensa que en su tiempo se ha alcanzado la idea, pero que esta se contradice con la realidad social. Incluso la idea de absoluto contiene a su opuesto y su ser es conflictivo. El absoluto contiene todos los particulares que son comprendidos desde la idea común. Por tanto incluye a la naturaleza.

(NOTA.- A Hegel le pasa lo que a nosotros que percibe la diferencia inalcanzable entre el ideal (la esencia) y la realidad (la existencia). ¿No habrá llegado el momento de cambiar la perspectiva matando prejuicios?).

Sigue en (II)…

 

 

 

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