viene de (III)

Zizek acaba el primer capítulo con la discusión en torno a la pugna entre Platón y el sofista Gorgias. El uno defensor de la Verdad y, el otro, retador defensor del lenguaje y sus juegos en su autorreferencial naturaleza. Una discusión tan actual hoy en día como en tiempos de Gorgias, como ejemplifican Badiou y Derrida. Para ello utiliza el método de definición platónico de la diairesis. Una serie de divisiones y subdivisiones desde el género a las especias y subespecies que trata de conseguir una definición precisa de un determinado ser. Subdivisiones que generan polos opuestos que obligan o a la elección de uno de ello o a buscar en la relación de los polos una posición intermedia.

Hegel proporciona una tercera vía que no es elegir el polo subjetivamente malo o bueno, ni por una síntesis de los dos, sino por elegir el lado malo, para provocar su fracaso y estar en condiciones de elegir un tercer término que supere a ambos. Pone el ejemplo de la Revolución Francesaque elige el terror frente al orden monárquico, para, finalmente escoger el Estado Liberal Democrático. La libertad abstracta propugnada por la Revolución provoca la eliminación de toda libertad concreta, que es reivindicada en el nuevo Estado racional moderno. Esto ocurre así, porque el agente histórico no ve todo el proceso. Sólo ve la oposición entre Régimen y Revolución y escoge Revolución negando al Régimen tiránico. Las consecuencias llevan a la segunda negación, en este caso del terror, para generar el nuevo Estado, que no habría llegado, según Zizek, sin el paso por la fase revolucionaria.

¿Cómo encaja esta dialéctica con la diairesis platónica, que ya había anticipado Gorgias en estos términos?:

  1. Nada existe
  2. Si existe algo, no puede ser conocido
  3. Si algo es conocido, no puede ser comunicado

Platón aprovecha para establecer su diairesis en forma diagonal:

  1. Las cosas existen o no
  2. Si existen, pueden ser conocidas o no
  3. Si son conocidas, pueden ser comunicadas o no

A Zizek le interesan las implicaciones de las posibilidades de lo que puede ser nombrado/comunicado (recordemos su arranque con Wittgenstein y Semprún) para conocer mejor la estructura del ser y del no-ser. Sobre todo si así aparece ese detalle que, una y otra vez, se muestra como el inconsistente defecto de cualquier pretensión de perfección de cierre, aunque sea de perfección objetivante, como en el caso de los esfuerzos estalinistas para establecer una clasificación “objetiva” para darle soporte a la represión. El observa que. como propone el teorema de Gödel, nunca es posible el cierre del sistema en términos homogéneos. Como en las clasificaciones pretendidamente exhaustivas, que precisan una última clase de los que no están ya identificados. Es ese punto de irracionalidad que conecta la perfección formal con la realidad. Es lo que hace pragmáticamente la ciencia cuando completa la parte racional de las fórmulas con un coeficiente o una constante universal. Ese número es la constatación del límite de lo racional que sustituye su ignorancia por la medición no conceptual del fenómeno que se trate cuando el resto de las variables en juego tiene valor la unidad. De este modo la ciencia acaba midiendo, pero no justificando el fenómeno. ¿Qué es la constante de Planck? La energía emitida cuando la frecuencia es la unidad. Es un truco ingenioso para no pararse y seguir pudiendo ser operativo con la tecnología. El lenguaje que es el que describe lo racional, se para ante su propio límite y pasa a la ficción útil. El sol no se agota porque las ondas emitidas sólo pueden disipar una cantidad de energía dada, que equivale a la constante de Planck. Así la constante de gravitación universal “cierra” la muy racional relación entre masas intervinientes y la distancia mutua. Sin la constante tendríamos un valor de la fuerza de atracción “desconectado” de la realidad. Sin el cierre subjetivo de un sistema racional de clasificación o de relaciones, tendríamos el sistema incompleto e inservible. La subjetividad es el contacto con la realidad sobre el terreno, que es una ideología con pretensiones de hegemonía.

¿Podemos hablar de las cosas que no existen? desde luego que sí. Lo hacemos continuamente con la religión o cuando creamos conceptos en una ciencia de objetos ficticios, como es el caso de la responsabilidad en Bentham. El ser tiene un “roto” por el que se “ven” los “objetos” imaginarios que tan útiles son. No sólo para la ficción, sino, también, para el consuelo o la ciencia. Ficciones con efectos reales sobre el mundo 1 de Popper, el mundo de los cuerpos físicos. A Zizek, le gusta decir que, también, podemos hablar de que no sabemos que sabemos con la mediación del subconsciente. De este modo refuta a Platón afirmando que podemos hablar de cosas que no comprendemos (siempre que el interlocutor lo acepte) y que nos gusta hablar de ficciones. También refuta a los sofistas al afirmar que la verdad no es contradictoria con la ficción, pues, como dijo Lacan: la verdad tiene la estructura de una ficción.

Parece claro que caminamos hacía Hegel en el libro de Zizek, pues tenemos un cierre subjetivo de clasificaciones objetivas, que lo son hasta llegar al límite de lo racional intersubjetivo y una verdad con estructura de ficción. Esto último es muy interesante, pues parece relacionarse con el hecho de que la verdad es un macro relato que se construye evolutivamente. Este fracaso de la objetividad compromete la pretensión de Badiou en su lucha contra los sofistas posmodernos. Pero, Zizek lo defiende basándose en que el Acontecimiento que propugna Badiou debe ser elegido por quien lo acepta. Es decir, del mismo modo que Hegel, considera que la verificación no se realiza por referentes externos, sino dentro del sistema, de forma inmanente sin comparación con la realidad. Zizek llega al extremo de explicar que el interés de Badiou por la verdad y de su oponente, la filósofa Barbara Cassin, por el juego autorreferencial del lenguaje, se fundamentalmente por la diferencia sexual. Los sofistas rompen la unidad entre palabras y cosas, mientras que Platón, representando a la filosofía, busca un fundamento a las palabras. Zizek encuentra irónico que la larga lista de “buscadores” de la verdad acaba en Hegel que sería el sofista por antonomasia: “Para Hegel hay verdad, pero es inmanente al proceso simbólico”. La verdad aparece en contraste con la inconsistencia interna del proceso del discurso. Es decir no busquemos la verdad fuera del concepto.

RESUMEN

Zizek da vueltas en espiral acumulando razones para llevarnos hacia el que creo su tema preferido: la ontología de la nada creativa, que fundamente algún tipo de acción “revolucionaria”. Primero, recupera la verdad de la mano de Platón y Hegel en su versión estática y dinámica. Es lo que ha hecho es este capítulo. Segundo, va a por el Gran Todo histórico, Dios y su religión. Es lo que va a hacer en el siguiente.

Sigue en (V)…

 

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