Hernández redentor


08 Ene 2012

Hernández se levantó aquel día hiperactivo. Recordando sus lecturas cuando dio estadística en la universidad, le llegó a la cabeza que, en el análisis multivariante se hablaba de “comunalidades” como un indicador de la información que tienes antes y después de abordarlo. Dando un salto injustificado, pensó que el conocimiento y la experiencia de jóvenes y mayores se desperdicia con ambos segmentos de la población en el paro. Conocimiento y experiencia son las comunalidades con las que los desesperados puede retar las convenciones comerciales organizando, qué cosas, el trueque de productos básicos. Era una solución que contrastaba con la propuesta del emprendimiento que, básicamente, consiste en lo siguiente “piense el cualquier tontería que la sociedad no necesite, pero que crea que con un poquito de publicidad les podemos colocar”; “utilice Internet para su difusión y avísenos cuando alcance medio millón de accesos a su página, que le prestamos el dinero para que dé el salto de calidad”. Cualquier tontería, pensó Hernández. ¡Claro!, como los que pueden comprar con dinero no están interesados en los productos básicos, el que quiera ganar dinero necesita producir lo que no necesita el adinerado pero le resulta cool. ¿Por qué no eludir ese circuito perverso produciendo lo necesario sin dinero en comunidades mientras vuelve la cordura? En cierto modo es una vuelta a la tribu. Pero, para tribus, las que habitan a partir de la planta diez (altura a la que amanece por encima de los edificios del siglo XX) de algunos bloques de hormigón y cristal. Así pues, continuó Hernández decidido a salvar el mundo, se hace balance de los recursos con se cuenta para que se exploren nuevas formas de supervivencia cuando los dirigentes que tienen que cuidar de nosotros están ocupados en otras cosas. Lo primero que hay hacer es organizar la gestión con una mezcla de senior y junior para tomar decisiones. Después hay que tomar contacto con los agricultores que se quejan de los bajos precios y constituir con ello un grupo de supervivencia para el trueque de productos. Después acumular en un centro de producción todos los ordenadores que se pueda bajo las instrucciones de un nieto que sea ingeniero informático. Después, se estudia qué productos de primera necesidad se pueden producir sin tener que vender productos para obtener dinero. Después… Hernández se paró cuando su mujer lo llamó para que bajara la basura.

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