Respuesta a Julián María


24 Ago 2011

Motivado por el artículo del señor Julián Marías, en la sección de Opinión del diario EL PAÍS, de 6 de mayo, titulado «Legitimidad y desencanto», desearía comentar algunos aspectos de su contenido.Dice el señor Marías que la prensa en general no informa sino que opina, unos más, otros menos, cosa que, sin dejar de ser cierta, es por lo menos injusta. Puesto que habrá que distinguir al menos, simplificando mucho, tres grupos: una prensa que llamaríamos de izquierdas, cuyo exceso de opinión se entendería, que no quiere decir se justificaría, por estar editada por unos partidos políticos con intereses concretos, a los que el cambio sabría a poco; otra de derechas, a la que el cambio le sabría a mucho, y, por fin, una prensa independiente (en la medida humana), entre la que cuento a EL PAIS, que pediría que el cambio formal se llene de contenido real, es decir, que en sus opiniones (que por lo demás se separan de la información en apartados claros, con títulos previos, como: editorial, opinión -su artículo-, etcétera) busca que el cambio, insisto, formal, tan magnificado por el señor Marías, no quede en una palabra vacía como esta prensa denuncia.

Nos muestra el señor Marías su sorpresa (y la de su historiador) ante la ausencia en la prensa (¡otra vez!), la ausencia, repito, de un orgullo nacional y un entusiasmo frenético (nada menos). Pero, ¿de dónde va a salir? Si la prensa de antes con su programa completo de relavado y lavado de cerebro durante, digamos, muchos años no hubiese grabado a fuego la desconfianza en los partidos políticos, no aparecería ese desen canto que tanto desencanta al señor Marías al constatar, el es pañol, los defectos reales (qué du da cabe) de estos partidos, que con todo son de lo poco que tenemos a mano para empezar a crear un país tolerante y con vocación humanística. Si se me acepta que al menos alguna prensa sí recoge el sentir de muchos, ¿cómo sorprenderse de que no haya orgullo exhultante ante unas circunstancias políticas que nos hemos hurtado durante tantos años? Esto es lo normal, y sólo como marco formal a llenar de contenido democrático que, entonces sí, nos llenará de legítimo orgullo. Hasta entonces hay que enterrar el triunfalismo, de triste recuerdo.

¿Cómo puede tan inverosímil manipulación ser aceptada por nosotros, los testigos? Eso, digo yo ante (de la prensa ya se ha hablado bastante) la más escandalosa de las manipulaciones (extrañamente olvidada en el artículo), la de TVE. ¿Cómo se extraña el señor Marías del desencanto, si precisamente los agentes directos del cacareado cambio político insultan nuestra sensibilidad y nuestros derechos, día a día, desde las pantallas de TVE? Habría que recomendarles la lectura de libros con títulos tan sugerentes como El miedo a la libertad o Aprender a ser para si después de leerlos sigue la magnífica programación de TVE caer en el más desencantado de los desencantos, con riesgo de escandalizar al señor Marías que se desencanta con nuestros desencantos. Juego de palabras tan vulgar como lo que la caja tonta nos regala cada día.

(Publicado en Cartas al País el 16/5/1979)

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