Ladrón rico, ladrón pobre


17 Ago 2011

Mayo de 2009: escándalo en Gran Bretaña. Stop. El primer ministro Brown dice que desconocía los abusos de los legisladores. Stop. Los parlamentarios presentaban cuentas de gastos por servicios de limpieza de viviendas particulares, mantenimiento de piscinas, alimentos para perros, pagos hipotecarios. Stop. Dos ministros son cesados. Stop, Stop, Stop. Paren, paren, paren… hace dos años sin romper cristales, sin apalear a nadie, si ruido, suavemente, durante años los parlamentarios británicos practicaban el deporte más atractivo del mundo: pasar los gastos domésticos a otro.

Mayo de 2000: Jack Welch, presidente de General Electric, había fijado muy alto el listón del nuevo deporte de las élites, una vez, que el tenis se había popularizado. En efecto, además de su jubilación millonaria, la empresa le prestaba un avión privado y un apartamento en Manhattan, a lo que se sumaba gastos de asistentes, vino o periódicos. Asientos en el Open Tenis Club, en Wimblendon, para lo Yankees y el Metropolitan Opera House. No seguimos para no provocar arcadas (de envidia) en el lector.

Agosto de 2011: escándalo en Gran Bretaña. Stop. Masas de ciudadanos en el barrio londinense de Tottenham saquean grandes almacenes. Stop. Incendios. Stop. Enfrentamientos con la policía. Stop. El primer ministro promete mano dura. Stop. La mano dura se aplica. Stop. El primer ministro explica la situación por una epidemia de delincuencia. Stop. Promete más mano dura. Stop. Una semana después empiezan las condenas de cárcel. Stop. Seis meses por una caja de agua. Stop. Cinco meses por un pantalón vaquero. Stop. Cuatro años por incitar al saqueo desde Facebook. Stop. Stop. Stop. Paren, paren, paren.

Viaje a Andorra en 1985. Stop. Llevo una cámara Nikon con todos los complementos en una pesada bolsa. Stop. Estoy en un bar con mi mujer y bajo al servicio (con la cámara). Stop. Resuelvo y me salgo (sin la cámara) y cedo el paso en la misma puerta a un desconocido. Stop. En la calle la liviandad me hace recordar mi cámara. Stop. Entro en el bar, bajo corriendo las escaleras y (stop) encuentro el vacío. Stop. Subo y me lamento ante los camareros de que había perdido hasta la llaves de mi casa. Stop. Una camarera dice ¿llaves? “Un señor (atentos) ha dejado unas llaves que ha encontrado en el aseo hace un rato”. Stop. Mis llaves son la prueba de que el que me robó la cámara es un señor. Stop.

Está claro que lo que molesta es el robo con ruido, algarada, violencia y fuego. El otro el de la gente que huele bien, el de la suavidad, el de la impunidad connivente es otra cosa. La ejemplaridad para la ciudadanía pobre. Nota al margen. La violencia física debe ser reprimida, la otra también. Corolario: a Cameron (que era jefe de la oposición en tiempos del latrocinio estúpido) se le ve el plumero.

Moraleja: Casi todos llevamos un ladrón dentro si nadie mira. Propuesta: la autoridades deben trabajar dos aspectos. Por una parte la expansión de valores de honradez (a todos) y, por otra, expandir la idea de que todo descuido (todo) será castigado en proporción al daño causado.

 

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