Economía en dos tardes

25 Jul 2011

Dado que nuestros políticos no saben o no quieren interpretar a favor de sus representados las cifras de las que tienen noticias antes que nadie, es necesario tomar medidas. Si en mi mano estuviera legislaría la obligatoriedad de la publicación mensual de un cuadro de cifras macroeconómicas y su histórico asociado para que los ciudadanos supiéramos a qué atenernos. No olvido que las cifras son públicas, pero lo son en un formato inarticulado que sólo los expertos pueden reunir, articular e interpretar. Lo que propongo es que los periódicos sacrifiquen algunos anuncios de la doble moral para incluir a costa del Estado una tabla normalizada con los valores de PIB, RENTA DEL TRABAJO, RENTA DEL CAPITAL, DEUDA PÚBLICA (central y autonómica), DEUDA EMPRESARIAL, RENTA DISPONIBLE… etc, y cualquier otro que se considere necesario para hacerse una idea cabal del grado de progreso o regreso del país. De este modo se haría pedagogía activa para que los políticos profesionales (políticos somos todos) no puedan ni amagar en una mentira en cuestión tan importante. Acabaríamos con las promesas optimistas mientras las curvas se desploman o nos daríamos una oportunidad de protestar por un exceso de endeudamiento propagandístico de las instituciones o tendríamos razones par sospechar de las sonrisas de meretrices de los comerciales de los bancos como ocurrió en la década dorada. Un cuadro para ayudar a los políticos profesionales a ocupar sus energías en las cuestiones y a no comprometer nuestro futuro. Si en el siglo XIX emergió la dimensión económica como un vector decisivo y condicionante de la vida social, en el siglo XXI esta realidad ha llegado hasta el punto que los profesionales de la economía nos han convertido a todos en compulsivo guardianes de nuestra escasez, vigilando intereses, primas, inflación y bolsas mundiales en vez de dedicarnos a trabajar. Porque si todos somos financieros (ociosos) quién demonios va a producir lo necesario. Aún la automatización no ha dado para tanto. Todavía hay que producir mercancías necesarias, por lo que no podemos estar pendientes de que una entidad financiera nos está vaciando el bolsillo con operaciones de micro o macro economía. Vaciamiento impune como podemos comprobar estos días en que los más torpes de los dirigentes se van a casa silbando un melodioso “¡ahí os quedáis, pringados!”

Odiar al otro y matar al propio

25 Jul 2011

Sólo unas palabras para mostrar mi perplejidad con el hecho de que estos valientes terroristas, verdaderos matarifes con las víctimas atadas en su inocencia, odian al musulmán o al cristiano y matan al cristiano o al musulmán. En un caso un norteamericano y un noruego matan a sus compatriotas porque son racistas y odian a los emigrantes y otros, los musulmanes radicales de Al-qaeda matan, mayoritariamente, a buenos musulmanes. ¿Pereza? ¿Entrenamiento en la estupidez? ¿Simples asesinos patológicos acogidos a una ideología que prestigie la acción? Todo menos locos irresponsables. Estos no son locos. ¿Qué cadena de acontecimientos psicológicos concluye en una decisión meditada como la que supone la preparación de estos atentados? Si estos crímenes parecen cometidos por marcianos, recuérdense los crímenes de los intelectualizados asesinos de las Baader Meinhof, Brigadas Rojas, ETA, etc. Crímenes cometidos por gente con la que nos tomaríamos unas cervezas si no supiéramos nada o, incluso, como se ve por el apoyo social, sabiéndolo todo. Culto a la muerte. Lunático culto a la muerte del que no sabe que ni el maestro de ceremonia de su secta, el hemi bigotudo Hitler, pudo conseguir acabar con todas sus víctimas inventariadas en los ominosos registros de la judería centroeuropea. Todo ellos cometen la falacia cognitiva del “último vagón”. En un determinado ejército se incluía en los test de promoción al empleo de cabo la siguiente cuestión: “Si las estadísticas de accidentes de trenes ponen de manifiesto que el último vagón es el que más accidentes tiene, ¿considera como una medida adecuada quitar el último vagón en cada convoy?” Un alto porcentaje de los aspirantes a cabo contestaban que sí. Terroristas despistados, aplíquense el cuento, aunque sea porque somos más

Un sólo tipo de libertad

19 Jun 2011

Nuestro miedo a la marginación nos lleva a trabajar y nuestro miedo al trabajo a enriquecernos. Una vez que uno es rico el miedo es otro: el de que tu capital pierda valor. Por eso, los ricos padecen la maldición de ponerse al servicio de su capital. Debe ser un mecanismo de supervivencia hipertrofiado hasta la locura. Cuando el trajín económico produce acumulaciones de dinero en algún rincón se está posibilitando emprender empresas que no podrían ser ni concebidas si hubiera que contar con los excedentes de cada uno de nosotros. No hay confianza en que los ciudadanos (perezosos e ignorantes) presten parte de su dinero para investigar o crear empresas nuevas que den trabajo aprovechando los resultados de nuevas ideas científicas. La existencia de los ricos también proporciona referencias que estimulan a muchos al trabajo (emprendedores se dice ahora) que tiran de los demás. Cuando los ricos han satisfecho las necesidades para tres generaciones, lo que les sobra les agobia y no encuentran mejor destino que prestarlo para que otros, al trabajar para ellos, lo hagan también para el capital mediante el sencillo mecanismo del interés. Un mecanismo denostado en la edad media por poco piadoso por la Iglesia Católica. Por eso se dio a los judíos, eternamente mancillados por la muerte de Cristo (qué líos se hacen algunos), el privilegio de acumular capital y prestarlo a interés. Pero Calvino acabó con esta ventaja y recuperó para los cristianos la posibilidad de enriquecerse como rentistas. El rentista vivía su maldición mirando todos los días los resultados de la bolsa. Hoy la maldición le persigue las veinticuatro horas a través de su iPhone. Pero el enemigo del rentista que ha prestado su dinero es la inflación que tiene que ser lo más pequeña posible para que su beneficio sea máximo. Pero en economía si se aprieta mucho en una dirección te sale la pus por la otra (siempre Berlin). El equilibrio (siempre Aristóteles) es la clave. La actual situación tiene todos los síntomas de no estar equilibrada. De una parte, la acumulación de capital gracias al progreso tecnológico es de tal calibre que es posible incitar al consumo de dinero a países enteros. De otra, la paulatina imposición de la ideología de la libertad del mercado sin regulación alguna desde el poder político ha desbocado la codicia o la búsqueda irracional de protección. Estas dos posibilidades se convierten en realidades lacerantes para los habitantes de los países víctimas. Veamos el fundamento de esta situación: 1) el capital es necesario, el trabajo también. De este principio se extrae la siguiente conclusión falsa: la renta generada en un país debe ser repartida por igual. Con este mecanismo la acumulación de capital hasta límite desequilibrantes es inevitable. 2) La única libertad es la económica y cualquier otro valor humano debe ser relegado ante ella. Aquí no hay conclusión falsa, el propio principio lo es. La hipertrofia de un único valor produce situaciones donde sufren o se expulsan los demás: justicia, dignidad per sedel ser humano o la compasión. Pero este principio de libertad tullida si está activo, como en la actualidad, lleva al disparate de una organización unidimensional de la vida por culpa de una idea hecha manía. En un documental sobre las matanzas de judíos en el Este europeo (tanta ignominia que aún queda para que pasemos vergüenza nosotros) un eslavo declaraba que una vez vencida la repugnancia de hacer estallar cráneos de jóvenes y mayores por primera vez, la tarea era «como una manía». Una manía de una naturaleza parecida nos está haciendo peores cada día. La manía de máximo beneficio. El final del paraíso fue el trabajo, pero el capital no es el final del trabajo, sólo un sirviente de las personas concretas. Se reprocha a los políticos su inacción ante el poder de los mercados y ponen cara de impotencia. No saben qué hacer. Se mantienen de pié, pero están quebrados por dentro. José Luís Rodríguez Zapatero es un buen ejemplo de muñeco roto en este período agónico que ha decidido obligarnos a sufrir. Lo que les pasa a los políticos es que han olvidado el origen de su legitimidad. En un mundo sin dioses, la legitimidad reside por puro naturalismo en la especie humana y cada uno de sus componentes. La voluntad de poder que tanto daño ha hecho no puede abdicar ahora que tanto bien puede hacer. Si la legitimidad está en la gente y si ellos son los representantes nuestros no tiene otra misión que cuidar de nosotros. Y no valen trucos acerca de misteriosos designios que explican lo inexplicable (tipo la letra con sangre entra). El poder debe limitar, regular, controlar la hipertrofia de la libertad financiera (que no de la económica). Debe aprovechar que la codicia también está sometida a las leyes de la relatividad. Un rico lo es, no por el valor absoluto de su riqueza, sino por el relativo a la riqueza de los demás. Por tanto se debe limitar (no eliminar) las tasas de interés de la renta del capital, se debe limitar la renta de las personas físicas (qué mérito puede hacer merecer millones de euros por el trabajo de una sola persona);se debe criminalizar la corrupción, especialmente en los cuidadores de los asuntos públicos (políticos y reguladores), se deben eliminar esos pozos de ignominia que son los paraísos fiscales (medida de la hipocresía política mundial), donde circulan capitales procedentes del dolor (tráfico de armas), la indignidad (tráfico de personas), la locura (tráfico de drogas) y del simple latrocinio. Hay trabajo. Comprendo que no quieran ni oír hablar de esto los políticos al servicio de todo lo que huela físicamente bien, aunque el aroma oculte la putrefacción. Pero los políticos de izquierdas nos están haciendo pensar que sólo son topos para nuestra desgracia. Con la hermosa tarea por hacer al servicio de la justicia, la salud o el conocimiento, cómo se puede decir que la izquierda está sin programa. De lo que carece es de vergüenza.

La mayor violencia es la no violencia

16 Jun 2011

A los que nos gusta que se diga que el rey está desnudo, nos preocupa el acoso de los últimos días a los parlamentarios y políticos de nuestro país. Dado que los medios no está interesados en noticias del tipo «perro muerde a hombre» y que las concentraciones estaban pareciéndose más a esto que a un noticia del tipo «hombre muerde a perro», la consecuencia es que la imagen que se da en los medios de la dinámica (no quiero llamarlo movimiento) 15-M se degrada. Donde esté una antisistema sujetada por los brazos por dos policías mientras muestras sus pelos enmarañados que se quiten listados de propuestas refrescantes o reproches implacables de las proclamas de los pacíficos. Estadísticamente todo grupo humano tiene sus nihilistas y sus intransigentes (veáse el congreso de los diputados). Si se pertenece al «folk» lo que se espera de ti es folklore y no que avergüences a los apoltronados. Por eso, el 15-M, que está despertando a los dormidos, debe añadir a sus imaginativos eslóganes y novedosas formas de presión, el descubrimiento de la forma de neutralizar a los «cojos manteca» y lectores de la revista Russkoe Slovo que se les han infiltrado para dar rienda suelta a sus pasiones destructivas y a su despiste ideológico. Es necesario que se conviertan en la conciencia pacífica de los errores y atropellos que nuestra generación de codiciosos ha perpetrado con su futuro. Pero debe hacerlo pacíficamente alternando iniciativas sin caer en la provocación para que los que les gusta contemplar el Apocalipsis por la tele, puedan decir «ya decía yo que estos melenudos…». En España puede votar 34,6 millones de personas. De ellas votan 22,9 millones. 14,7 se reparte entre los dos partidos principales (de momento), 0,9 millones de votos nulos y blancos y el resto (7,3 millones) para los demás partidos. Unos 11,7 millones se abstienen. El PP gana prácticamente todo el poder municipal y regional con 8,5 millones (que representa el 25 % de todos los electores). Si sumamos abstenciones, nulos y blancos hay casi tantos indiferentes, indignados, escépticos y perezosos como activos votantes de los dos partidos mayoritarios. Naturalmente nadie se puede apuntar esas voluntades, pero es un síntoma de malestar de desafección que no se puede ignorar. Por eso, el 15-M es una esperanza que debe encontrar el modo de no contaminarse con los violentos. Que los son porque son portadores del gusto por el desorden como deporte peligroso y estimulante, no porque persigan objetivos intelectuales o pragmáticos. Si no lo consiguen perdemos todos. La mayor violencia que se puede hacer a la esclerosis del sistema es la no violencia inteligentemente aplicada.

¿Por qué al PSOE sólo le votarán sus militantes en las próximas elecciones?

15 Jun 2011

Hoy es 15 de junio de 2011. En la tertulia de La Ventana en la SER se debate sobre las líneas rojas sobrepasadas supuestamente por los 15-M, aunque se concede que puedan ser infiltrados. Es una tertulia de políticos. Aguantan como pueden los envites de la audiencia contra la «clase política» hablando de su representatividad en las urnas (incuestionable), aunque no mencionan la alta abstención para poner en valor su importancia respecto a movimientos incontrolados (indiscutible). A partir de ahí y con la ayuda de Gemma se hace presente que, a pesar de la legitimidad democrática, no se está reaccionando a unas peticiones que van más allá de una intromisión espontánea e impertinente de estos chicos. Que no se trata tanto de cuestionar la democracia como de exigir cambios en las prioridades de los muy legítimos políticos elegidos. Uno de ellos se calienta y dice que hay afrontar de cara los problemas que agobian a los ciudadanos: hipotecas, deudas posteriores a la entrega de la casa, paro, la dación… Entonces un tal Hernando del PSOE empieza a decir que hay que legislar para que esto no ocurra más. Como percibe que esa respuesta se queda corta dice «de hecho ayer se trató en el Congreso y se rechazó». ¿Qué se rechazó? pues la cancelación de la deuda con el banco cuando se entrega la casa. ¿Por qué tal cancelación? porque la sobre tasación fue aceptada, si no impuesta por los mismos bancos para llevarse más comisión. Hernando no explica por qué se ha rechazado, pero nosotros lo sabemos. Si se legislara en este sentido, los activos de los bancos se desploman hasta el valor de mercado de la vivienda tomada. Por eso se exige al cliente (temporal) que pague la diferencia y ellos puedan hacer el apunte correspondiente en su contabilidad. Para el «socialista» Hernando es mejor que las familias queden en la miseria para siempre que los bancos sufran. Ya sabemos de parte de quien está. Como socialista coherente está de parte de las sociedades (anónimas y limitadas). Como los votantes del PSOE no se chupan el dedo aunque ellos crean que sí, pues algo así como un millón y medio han decidido quedarse en su casa o visitar la sede electoral sin bolígrafo. He aquí porque José Luis Rodríguez Zapatero tiene cada día peor cara. Por qué a Rubalcaba le debería poner una estatura a la fe en la propia habilidad y por qué al PSOE sólo le votarán sus militantes en las próximas elecciones.

Economía barata

14 Jun 2011

Paul Krugman lleva un tiempo reclamando una estrategia de salida de la crisis que ataque al paro. Opone esta estrategia a la que trata de controlar la inflación subiendo intereses. Intrigado he puesto en orden mis ideas y he llegado yo solo a las siguientes triviales conclusiones: cuando te ocupas del paro cuidas a la gente, aumentas su autoestima y, al volver al mundo de trabajo, consume y cotiza; si te ocupas de la inflación cuidas al tenedor de capital porque aumenta el diferencial entre los intereses que cobra por prestarlo y el factor de deterioro que es la inflación. De modo que tenemos claro de parte de quien está el Banco Central Europeo y los políticos. Me intriga por qué los prestamistas aumentan los intereses de los prestatarios provocando su ruina y, por tanto, compromete la devolución del principal. El caso de Grecia es palmario: se presta a unos tipos de interés que la hundirán para décadas. Se hunden países con la gente dentro. Eso sí que es un naufragio. Y en los que todavía aguantan como España, se destina a los parados a la indignidad, pues la dignidad no renta. Es como si una máquina más poderosa que el poder hubiera tomado vida propia impulsada por sus servidores los rentistas, que creen dominar al monstruo y disfrutan lamiéndola con gula, inconscientes de la olas que se levantan paulatinamente. Ellos verán, todos perderemos. Corolario: en Grecia nació lo mejor de occidente. Así se lo pagamos.

La Tabla Rasa. Steven Pinker. Reseña (4)

Una cierta confusión nos embarga a la hora de entender qué está pasando. Hay quien opina que «así son las cosas» y quien cree «que la voluntad individual y social lo puede todo». Veamos…

Este artículo se basa fundamentalmente en la lectura del libro «La Tabla Rasa» que el psicólogo y lingüista Steven Pinker editó en el año 2002, siendo investigador del Massachusset Institute of Technology.

La concepción de la naturaleza humana ha tenido fundamentalmente un origen religioso. Para determinar la conducta apropiada era necesario una teoría, que en el caso de la religión era una certeza que como no podía demostrarse empíricamente se funda en la revelación. Todas las grandes religiones comienzan con el privilegio de la epifanía de la divinidad para comunicar sus designios a los hombres. En la tradición judeocristiana la revelación informa de que el mundo fue creado, los animales no tienen relación alguna con los seres humanos y la mujer ocupa un lugar secundario respecto del varón; el conocimiento y la soberbia deben ser castigados respectivamente con la expulsión del paraíso y la confusión de las lenguas en Babel . A estas verdades indiscutibles se suma la experiencia de la presencia de un ser real (Cristo) que propugna la concordia entre los hombres, se ofrece en sacrificio por ellos y ofrece una vida tras la muerte. Todas ellas creencias en absoluto inocuas porque se constituyen en obstáculos para el progreso del conocimiento científico y social. Tanto la física, como la biología en el ámbito científico y la igualdad entre hombres y mujeres tienen en la Biblia un enfoque paralizante e injusto. Todas ellas son posturas que dieron lugar a batallas sociales casi todas ellas zanjadas a favor de las visiones no trascendentes de la realidad humana. Dicho sea sin perder de vista la beligerancia actual de posturas siempre latentes pero que ahora cobran una relevancia social por los últimos éxitos políticos de la derecha más extrema. Así vuelven el creacionismo, la misoginia y el racismo como viajeros sorprendentes en el vehículo de las nuevas tecnologías intoxicando a una mayoría a la que la complejidad de la ciencia y la incomodidad del cambio de actitudes lleva a reposar en ideas derrotadas en el campo de la racionalidad, pero vigentes en el de la irracionalidad ingenua. Y todo ello cuando las iglesias se desplazan hacia posiciones más ambiguas en el ámbito espiritual procurando no interferir con los procesos científicos y sociales. En todo caso, la persistencia de creencias tradicionales en la ciudadanía «obliga» a muchos políticos en las democracias a mantener posiciones prudentes al respecto para no mostrarse hostiles a las más profundas creencias de un número alto de personas que han de votarles.

El Renacimiento trasladó el foco de lo divino a lo humano pero sin renunciar a lo trascendente. En un primer momento el carácter literario y artístico del movimiento no mostró ninguna contradicción con las propuestas religiosas al mantener sus propuestas en un ámbito claramente estético. Pero la entrada del cálculo en las teorías físicas  con Galileo fue una primera fisura que pronto se convirtió en grieta con Newton y, definitivamente en contienda, con Darwin y la psicología y sociología de base positivista. Finalmente, ya en el siglo XIX, el feminismo mostró la voluntad de las mujeres de negar su condición de «costilla» proveniente del varón. Esta fractura entre religión y ciencia tiene su fundamento filosófico en el renacer de la disciplina a partir de René Descartes (1596-1650), quien desafiando la filosofía religiosa desarrollada durante el medievo con fuerte influencia en la filosofía griega, pone al ser humano ante las contradicciones evidentes entre la visión de mundo heredada y las novedades mencionadas en el ámbito de conocimiento del planeta y el universo. Descartes aún mantiene prudentemente los dogmas fundamentales de la existencia de Dios y el alma a pesar de que su énfasis en la conciencia como fundamento de todo conocimiento es una puerta abierta por la que entraron todas las nuevas formas de pensar. Una prudencia que exhibió alejándose físicamente de su país donde le rondaba la persecución intelectual. No dejó bien resuelta la concepción de su yo pensante por lo que dejó en herencia un problema: el de «quién» es el que piensa luego existe. A ese problema lo llamó Gilbert Ryle (1900-1976) famosamente «el Fantasma en la Máquina«. Su radical e idealista apuesta por la autonomía de la mente provocó la reacción del mundo anglosajón con el enfoque empirista que basaba opuestamente todo conocimiento en la experiencia creando una teoría de la mente asociada a una metáfora perturbadora: la de la mente como una pizarra vacía o «la Tabla rasa» en la que las experiencia habría de escribirlo todo. John Locke (1632-1704), el gran promotor de la democracia y la flexibilidad mental, tuvo como contemporáneo a Thomas Hobbes (1588-1679), el gran promotor de la dictadura y el mecanicismo mental. Para el primero el hombre es originariamente libre y pacífico, pero se genera un estado de violencia debido a la igualdad de partida que convierte en insoportable cualquier injuria mayor provocando la cadena de venganzas que lleva a un estado de guerra. Estado de guerra del que se sale mediante la ley y los derechos establecidas por contrato en el seno de la comunidad de hombres iguales. Para Hobbes, por el contrario, el hombre vive originariamente en estado de guerra, víctima y verdugo de otros hombres. Estado del que se sale acumulando en una autoridad soberana el poder necesario para mantener el orden, que es el único modo de controlar al ser humano sin cambiarlo. Rousseau (1712-1778) apuesta por el punto de vista de Locke y propone una visión benevolente del hombre que ha quedado acuñada en la expresión «el Buen salvaje» que es degradado por la sociedad. Una idea inspirada en el descubrimiento de tribus nativas en los nuevos territorios colonizados.

De modo que de este momento fundacional en los siglos XVII y XVIII con Descartes, Locke, Hobbes y Rousseau extraemos las siguientes corrientes de pensamiento contradictorias y problemática con influencia aún viva:

  1. La existencia de un yo inextricable (el fantasma en la máquina)
  2. La autonomía de la mente respecto de la biología (autonomía de la cultura)
  3. La prevalencia de la experiencia en todo conocimiento humano (la tabla rasa)
  4. La inocencia inicial del ser humano (el buen salvaje)
  5. La maldad inicial del ser humano (el mal salvaje)

El desarrollo de la actual civilización occidental se apoyó en la visión de Locke en superficie, mediante el relato de la organización política democrática, mientras la visión de Hobbes pugnaba una y otra vez contra los intentos de crear una sociedad civil, justa, compasiva, pacífica y regida por la ley, debido al imperio de los criterios económicos. Ambas corrientes se basan en una concepción de la naturaleza humana que pugna con las influencias de los desarrollos culturales que reclaman tal autonomía para sí llegando a negar tal naturaleza adoptando una postura inspirada, conscientemente o no, en la separación de las sustancias mental y corporal prescrita por Descartes y en la concepción extensa de la cultura por parte de Franz Boas (1858-1942)

Casi todo lo importante que ha sucedido a partir de la segunda mitad del siglo XIX en relación con el modo en que la sociedad se organiza tiene, de alguna forma, fundamento en las cinco ideas expuestas más arriba que resumen las filosofías subyacentes en combinación con los desarrollos científicos utilizados con más o menos fortuna para su afianzamiento. Hagamos un repaso a su influencia en positivo y negativo en los siglos XX y XXI:

  • La teoría de la evolución de Darwin es utilizada para fundar una visión hobbesiana de la sociedad y, especialmente, de las relaciones económicas. El hombre es como es y sigue sus intereses. Cada uno debe ser responsable de sus decisiones y arrostrar las consecuencias. Todo ellos aunque la desigualdad económica alcance umbrales críticos desde el punto de vista de la paz social.
  • El conocimiento de la fisiologías humana pretende fundar posturas sociopatológicas como el racismo, el antisemitismo, la homofobia, la desigualdad económica y la desigualdad entre el hombre y la mujer. La separación de mente (alma) y cuerpo todavía influye en las decisiones relacionadas con el aborto o la células madre. Todo ello a pesar de que tantos han demostrado que ni la raza, ni la condición sexual, ni la condición de género influye decisivamente en la capacidad de cada ser humano de alcanzar las mayores metas sociales. 
  • La mente es configurada por la experiencia y la conducta. La cultura es una producción de la mente humana y, por tanto, nada debe o en nada es influida por la biología o la herencia. De esta fuente bebe el conductismo de Skinner en el plano cognitivo, el feminismo de género o el optimismo antropológico. Pero también todas las dictaduras «educativas» como el comunismo oriental o los que consideran la homosexualidad una «enfermedad» curable. Todo ello sin considerar que los avances en el conocimiento del genoma humano y los estudios del comportamiento de gemelos univitelinos o hijos adoptados han probado la enorme influencia de la herencia en las diferencias observadas en el comportamiento de los individuos.  
  • La visión del Buen Salvaje confluye con la visión de la Tabla Rasa para explicar las diferencias en la conducta en base al cuidado parental o la educación colegial debido a la idea de que la mente humana no tiene ninguna estructura previa que condicione el aprendizaje. Los enormes cambios económicos y sociales ocurridos especialmente en la posguerra europea hizo crecer el optimismo respecto a las posibilidades de la educación y el medio para la optimización personal y social en el marco de la antropología de Boas que llevó a hipertrofiar la influencia cultural hasta el punto de fundir la individualidad en una corriente idealista con vida propia.  Todo ello sin considerar el rebrote continuo de la violencia en cuanto se relaja la vigilancia del Estado (el pillaje de frivolidades en los cataclismos) sobre los ciudadanos o sobre su propios cuerpos armados; los casos de tortura en un clima de guerra; la persistencia de la trata de mujeres y niños para el comercio sexual, etc. 
  • La complicada naturaleza de la mente consciente, que generó la idea del Fantasma en la Máquina, obstaculiza el desarrollo y comprensión de la neurología y las teorías computacionales de la mente. Todo ello sin contar el progreso que la medición en tiempo real de la actividad de cerebro, el conocimiento de su geografía y organización, además de la capacidad de simular la acción de la mente mediante los programas de Inteligencia Artificial. Avances que permiten comprender el funcionamiento del cerebro en base a la información, la computación y la retroalimentación. Acciones para las que el cerebro está estructurado al contar con un alfabeto lógico y emocional capaz de conformar un número ilimitado de conductas bien adaptadas al medio social. 

De modo que el siglo XX es progreso y reacción al mismo tiempo:

  • Biologista y Creacionista. Es decir, cree en la evolución hasta el momento actual como explicación de todo los seres pero, al mismo tiempo, mantiene importantes bolsas de creyentes en la lectura literal de textos revelados.
  • Genetista y Constructivista. Es decir, sabe de la influencia de los genes en las diferencias observadas en la conducta y desempeño de los individuos pero reacciona enérgicamente negando cualquier obstáculo a una absoluta capacidad de la educación y la experiencia para conformar los prejuicios que nos aquejan o para eliminarlos completamente.
  • Monista y Dualista. Es decir cree que los avances de la neurociencia acerca del conocimiento de los procesos que generan la mente consciente y al tiempo sigue creyendo en un alma indivisible e inmortal.

En esos vaivenes hoy en día tenemos un reflujo de la parte reaccionaria pues han recobrado relevancia política entre amplias capas de población las creencias que surgieron en las sociedades agrarias del siglo VIII a.C. para explicar el mundo con textos míticos fundacionales. Por otra parte, el biologismo es utilizado como explicación de una supuesta superioridad racial del hombre blanco o del hombre a secas. El genetismo y el biologismo es usado como herramienta para rechazar la igualdad social y justificar la destrucción de las instituciones públicas en base al derecho del más astuto para acumular toda la riqueza a su alcance. El dualismo religioso, a su vez, se constituye como obstáculo a la investigación de enfermedades cuya curación depende del empleo de células procedentes de seres humanos.

Parecen estar en retirada aquellas creencias basada en la autonomía de la cultura y en la capacidad de la educación para formar de modo integral al ser humano capacitándolo para una vida cívica pacífica y compasiva, justa e igualitaria. La corriente integradora de las células en tejidos, de los tejidos en órganos, de los órganos en organismos, de éstos en familias, instituciones, naciones y áreas geopolíticas parece haberse parado. Una especie de saturación psicológica de lo colectivo estalló en los años ochenta con Friedrich Hayek  (1899-1992) como impulsor intelectual y Margaret Thatcher como impulsora política. El efecto sobre la economía de estos puntos de vista han generado, paso a paso, las condiciones para que se produzca una hipertrofia del individualismo que, gracias a los avances de la tecnología, ha acumulado críticamente grandes riquezas en muy pocas manos. Una situación no sólo injusta, sino peligrosa que tratan de neutralizar en el ámbito intelectual los defensores de lo común (ver Común. Reseña (3)) y en el ámbito de la política los movimientos de jóvenes airados ecologistas, antisistema y altermundialistas.

Palabras bellas

Hace unos años mi amigo Antonio Fernández Alba, el único amigo que tengo que figura en los libros de historia de la arquitectura española y el único amigo académico de la lengua (nada menos) me pidió una colaboración relacionada con las palabras del español que tuvieran relación con la arquitectura y edificación. Me puse a ello y el resultado (imperfecto) fue muy interesante. Esto me supuso pasar la vista por todas las palabras del Diccionario de la Real Academia de la Lengua (unas 90.000 palabras  en un año). El resumen estadístico de términos figura en la imagen inferior.

palabras-construccion

En este paseo, además de las palabras buscadas, me encontré con otras bellísimas poco o nada usadas pero con una sonoridad espléndida. Fui apuntándolas y el otro día me acordé al tropezarme en la calle con otro amigo (Pacho Camino) que me había pedido antaño algunas palabras para determinados propósitos (baquía, feérico, axiomático). Pensé que estaría bien publicar la selección para general regocijo. Sólo figuran los vocablos, que son 808. Para el significado es mejor usar el DRAE, cuyo enlace electrónico es el siguiente: Diccionario de la Lengua Española

adir
añagaza
aprisco
apud
aranero
arcano
ardil
areopagita
aristarco
arreciar
arrebol
arrobo
arrogancia
arrufo
arruruz
artera
arúspice
aserto
asilado
asincrónico
asíntota
asonada
asquenazí
astracán
astracanada
astrolabio
astroso
asubiar
asunción
atacir
atalaje
ataraxia
atiplado
atisbar
atoar
atonar
atrabiliario
atrezo
atrito
atroz
atusar
augur
aúlico
aura
avatar
averso
aviar
azacán
azanca
balandro
bálano
baquía
bardaje
barragana
bauprés
bombástico
borceguí
boreal
boreas
borgorigmo
borrajo
bramido
breña
brizna
broa
bruma
brumal
busilis
busto
cábala
cabalino
cabotaje
cabronada
cachaza
cacosmia
caftán
cailinaria
caletre
caligrama
camafeo
camanance
camandulero
camandulero
candor
canon
canonjía
canope
cañícula
caos
caparra
capcioso
capelo
capnomancia
caracalla
caraíta
caramillo
carbonario
cárdeno
cárdigan
carenado
carlancón
carmañola
carminativo
caronchado
caroncharse
caroncho
caronchoso
caroncomia
carquerol
carric
cárstico
cástula
cata
catacresis
catafalco
catafora
catálisis
catalizador
catamiento
cataplexia
cátaro
catarsis
catastasis
catástrofe
categoremático
causal
causticidad
cavatina
céfiro
célico
celota
cenestesia
cenobita
cenotafio
centón
ceroferario
ceromancia
cerrazón
cerril
cerúleo
cesofaúlt
cetina
cetrino
cianosis
cibernética
cibica
cicatero
cícero
ciclán
ciclón
cierzo
cimarrón
cimbel
cíngulo
cipayo
circadiano
circunfuso
circunloquio
circunspección
cis
citerior
clac
clámide
claque
claqué
coa
coacción
coadunar
coalescente
cobijo
cognación
cogomático
cohonestar
coiné
colofón
colosal
coludir
columbrar
coluro
colusión
comblezado
comodoro
compeler
completivo
compresor
compulsivo
comto
conceptualismo
concoide
concubio
confutar
congosto
conmilitón
connivencia
connubio
consternar
consuno
contal
conteste
contrición
convergir
coprolalia
corcovo
cordobán
cordojo
corega
coriáceo
cormorán
cornamusa
cornucopia
corsa
corveta
cospel
costillar
cotín
coturno
coy
craso
crespo
cuatralbo
cueca
cuestor
cuodlibeto
curería
damasquinado
damnar
debelar
decterio
delicuescente
delitante
demiurgo
denodado
deprecar
descasque
desiderata
desideratum
desplego
destez
destín
destral
detentar
deuteragonista
diacrítico
dicasterio
dicterio
didascalia
difidente
digesto
dignación
diplopía
dispsomanía
disquisición
ditirambo
do ut des
dolmán
dómine
drapear
dríade
drogmán
drosómetro
ebúrneo
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efugio
elación
elato
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emascular
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embolado
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entreverado
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epigrama
epitafio
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escaramuza
escarceo
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escobina
escolio
escotar
escrúpulo
escrutar
escuálido
escudriñar
escuerzo
escueto
escupido
esenio
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esotórico
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especioso
esperpento
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espurio
estemar
estereotipado
estevado
estiaje
estirpe
estólido
estrafalario
estragar
estragar
estricto
eternal
exacerbar
execrar
exicial
exigüo
exonerar
exordio
exotérico
exuberancia
fabular
facistol
facundia
fajardo
falible
falsario
falúa
faralá
faraute
fasces
fascinar
fauidad
fautor
feérico
fementido
filis
frey
frugal
frustería
fucilar
fucilazo
fulgente
funesto
fúsil
fútil
gabarra
gabela
galiparla
ganapán
gañir
garzo
gaza
glasé
glauco
glíptica
gnosis
goliardo
gorjear
gregal
gruir
gualdrapas
gules
hacedor
hada
hado
hafiz
halo
harapo
harrumbroso
hartazgo
haute
hazaña
hebdómadas
hecatombe
heder
hender
heresiarca
hermeneuta
hesitación
hetera
heterónimo
heurístico
hierático
hierofante
hipérbole
hirsuto
hontanar
icono
ígnaro
ignasia
ilusivo
imbele
impávido
impertérrito
imperturbable
impetrar
imprecar
ímprobo
impudente
inane
incardinar
incasto
incauto
ínclito
inconsútil
íncubo
indolente
inedia
ineluctable
ínfula
inicuo
iniguidad
inmarcesible
inmoble
insecable
ínsula
introito
inulto
iracundo
irisar
isleo
jábega
jacarandoso
jactancia
jaez
jalea
jarcia
jazmín
jeme
jenízaro
jerigonza
jocundo
jurel
jurisprudencia
káiser
kermés
lábaro
laberinto
lábil
lacerar
lacio
laicismo
lamia
lanceolado
lánguido
lapidario
lapislázuli
lato
latría
laúdano
laude
ledo
legajo
légamo
lémur
lendel
leopoldina
leso
leteo
levógiro
lexema
libelo
libertad
libro
licnobio
lictor
liturgia
livor
llaga
llamarada
llanto
lloredo
lontananza
lúcido
lucubrar
ludibrio
macabro
macareo
macilento
maclado
maderada
mador
magro
malsín
mambla
mamotreto
marbete
margenar
matiz
mayéutica
medrar
melancolía
melifluo
melindre
ménade
mercurial
meteco
milenario
mindango
misterio
mojigato
monodia
monopolio
monopsodio
mordaz
mostrenco
muceta
múleo
muñidor
musa
nadir
naife
napea
náyade
nebulosa
nefando
nena
nereida
nerítico
niel
niste
noema
noesis
noray
numinoso
nuncio
nutricio
óbice
oblato
obstinarse
ocaso
odalisca
oíslo
ominoso
onírico
opado
opíparo
oploteca
orate
ordalía
ordalía
oréade
oropel
ortodromia
ortoepía
ostentar
pábilo
pábulo
pairar
palestra
paliar
palimpsesto
palindromo
palinodia
palio
palpitar
panegírico
panoplia
paralogismo
parangón
parasenga
parataxis
parca
parco
paroxismo
parsimonia
parusía
pasil
pavonado
pelágico
perdulario
pericia
perihelio
perplejidad
perspicuo
piélago
pignorar
píleo
pléyade
plúteo
pólder
poliandría
polisón
pragmática
preconizar
prelación
procinto
proemio
prognosis
pronación
prónuba
propedeútica
proteo
protervia
pudendo
pugnar
quebrada
quedo
querella
quevedos
quijote
quimera
quorum
rabada
rabión
rábula
raglán
ragú
raigambre
ralea
ralo
raque
rasmia
rauco
reaccionario
reato
rebufo
recabdo
recalcitrante
recalvastro
recámara
recatado
recato
recazo
recidiva
refrigerar
refrigerio
refutar
regolfo
regomeyo
reluctante
reminiscencia
renco
renitente
renuente
repeluzno
reptar
requilorio
resoluto
retozar
reverendas
rielar
rigor
risco
rompesquinas
roncero
rosicler
roznar
rubicán
rubicundo
rubro
rufían
runa
saín
salacot
samovar
sáxeo
severo
sevicia
sibila
sicalipsis
sicofante
sideral
sigilo
simún
sinapismo
sinecura
sinestesia
singladura
sirga
sobrio
socarrón
socarrón
sofisticado
solideo
solitud
solsticio
somero
sorna
sosia
stábat
sublime
sucinto
súcubo
suiza
sumidad
superno
supino
súpito
tabardo
tabernáculo
tabí
tabor
tabú
tácet
tácito
taciturno
tafilete
tahalí
taheño
taima
tajado
talasocracia
tambanillo
tangible
tangir
tañer
taque
tarambana
tarascada
tardo
tardo
tártaro
taxativo
taxonomía
teame
tedio
tejuelo
telúrico
tenaz
teogonía
teratología
terete
tergiversar
término
terno
terso
tesón
tetrarca
tétrico
tex
tildar
tintineo
titilar
titileo
tolerancia
tonante
toral
torrotito
torvo
trabucaire
trabucar
tragedia
transar
tránseat
trapa
traparza
traquido
trasunto
trémulo
treno
trocha
trol
trucionrismo
trujamán
trujimán
tundir
tupido
tupir
turbación
turbulencia
turgente
turnio
ulterior
ultranza
umbría
usucapión
vagido
vaharada
vahído
valona
varianza
vehemente
venia
venustidad
vesanía
vicisitud
vidrioso
vindicar
vislumbrar
volaverunt
voltario
vórtice
xenófobo
yerto
yesca
yustaponer
zacateca
zafra
zahón
zahorí
zaino
zalbo
zalema
zamacuco
zanquilargo
zarabanda
zarco
zascandil
zatio
zoilo
zopo
zurear

Proust y la «movilidad exterior»

La actual ministra de Trabajo, Fátima Báñez, dijo en el Parlamento Español que nuestros jóvenes practican la «Movilidad exterior» cuando se van al extranjero a buscar un modo de vida. En su ayuda acudió el actual ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, diciendo que trabajar en el extranjero «Enriquece, abre la mente y fortalece las habilidades sociales». De este modo, ambos, tratan de suavizar el desperdicio de talento que España lleva a cabo sistemáticamente al abocar a nuestros jóvenes a buscarse la vida en el extranjero, después de gastar recursos en formarlos en nuestras universidades. Esa generosidad de nuestro país es de la misma escala de sinsentido que renunciar al uso del sol como fuente de energía porque, sugiero, «a los españoles nos gustan los retos» . Pues bien, hasta ahora no había tenido ninguna experiencia con esta penosa circunstancia de la historia de nuestro país. Pero la de ayer fue definitiva. Les cuento: en mi ordenador portátil habían desaparecido todas las aplicaciones por una supuesta incompatibilidad con el sistema operativo cuya actualización acababa yo de autorizar. Llame a la tienda en la que lo había comprado y me desviaron al servicio de la marca. Tras las locuciones habituales del tipo «Si desea A pulse 1, etc.» o «Esta conversación será grabada para garantizar la calidad del servicio» y «Todos nuestros operadores están ocupado, en breves semanas le pondremos en comunicación» y tras escuchar la obertura de Nabucco 100 veces finalmente me llegó una voz amiga que decía «Me llamo Carmen, ¿en qué puedo servirle?«. Digo bien, Carmen, no Germania, Eldora o Paraninfa, sino Carmen. Pensé «El azar me ha llevado a tomar contacto con una operadora en España«. La conversación fue, más o menos, así:

  • ¿Me dice su nombre para que pueda dirigirme a Usted?
  • Antonio
  • Dígame, Antonio
  • He llevado a cabo una actualización del OS Capitán 10.11 y todas las aplicaciones han desaparecido. Tengo la barra inferior vacía excepto las aplicaciones de Windows Office para Mac.
  • ¿Puede navegar por Internet?
  • No, han desaparecido también los navegadores incluido Safari
  • Apague el ordenador
  • Enciéndalo
  • Para evitar los silencios yo iba recitando: «Sale la manzana… barra de progreso… umm… pantalla blanca… ¡ya estamos!
  • Escoja su usuario
  • ¿Está ya en el escritorio?
  • «Manzanita»
  • ?
  • Sí, el icono negro de arriba a la izquierda
  • Ah! (Desde que un partido político ha corregido a la Real Academia poniendo un sólo signo de admiración, de vez en cuando me ahorro el primero en el más puro estilo brexit)
  • Vale, ahora «preferencias de sistema»
  • ¡uhu!…
  • «Usuarios»
  • ¡pss!… (como he dicho, odio los silencios si no estoy viendo al interlocutor)
  • «Más» para crear un nuevo usuario

Un cuarto de hora después habíamos comprobado en el nuevo usuario que sí aparecían las aplicaciones. Entonces me descubrió la «biblioteca» oculta en «ir» del menú de «finder«. Allí pudimos copiar las propiedades de las aplicaciones y traspasarlas a la biblioteca de mi usuario habitual. Entonces pude comprobar con alivio que allí estaban de nuevo las aplicaciones. Entre tanto, había aprendido a quitar la electricidad estática en una postura de las manos semejante a la que le costó estropearse las suyas a Schumann para alcanzar teclas más alejadas en su piano.

Completamente satisfecho le doy las gracias a Carmen, que me interrumpe y, saltándose todos los protocolos (ahora entenderán por qué) me pregunta:

  • Perdone, Antonio ¿Desde dónde llama?
  • Desde mi casa (debió pensar que soy tonto)
  • No, de qué parte de España
  • ¡Ah!. De Murcia
  • ¡LO SABÍA! Dijo con entusiasmo Carmen.
  • ¿Qué pasa? Exclamé alarmado. Por un momento pensé que toda la red mundial incluida la NSA, CIA, SFS (antigua KGB) y, tal vez, el CNI, me tenían localizado y se lo habían comunicado a Carmen).
  • Nada. Me tranquilizó. Que yo también soy de Murcia.
  • ¡Anda! y estás en Madrid, claro
  • No, EN GRECIA
  • ¿Comorr? (Pensé)

Me explicó que había tenido la necesidad de «Enriquecerse abriendo su mente para fortalecer sus habilidades sociales» y, por eso, había decidido acogerse a la «movilidad exterior«. Pobrecita, estaba tan contenta «enriqueciéndose» que tenía sus oídos alerta para captar una vibración de la voz para encontrarse como en casa. Para que esos fonemas la trasladaran a su patria chica entre instrucción e instrucción informática. Sonaba como si cada llamada fuera una nueva oportunidad de que a un murciano se le hubiera estropeado el ordenador y así poder saborear las «sutilezas» de nuestra peculiar forma de hablar castellano. Así podría desdoblar su cerebro y dejarse llevar por uno de sus hemisferios transportada en las ondas como una figura de Chagall hacia el aroma de un huerto de limoneros o la brisa del Mediterráneo cartagenero. Qué gran papel el mío esa mañana. Me sentí magdalena empapada en té provocando en una joven española el éxtasis del recuerdo:

«… en el mismo instante en que aquel acento, con las aplicaciones del ordenador desvanecidas, tocó mi oído me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió la movilidad exterior en indiferente, sus desastres en inofensivos y su eternidad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor; llenándose de habilidades sociales; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo misma. Dejé de sentirme mediocre, contingente, mortal y en Grecia

(versión ad hoc del párrafo de En busca del Tiempo Perdido, Marcel Proust, Editorial Alianza, Vol. 1, pág. 62)

 

La última barrera

La ciencia biológica y neurológica evolutivas han entrado en convergencia hasta el punto de que ésta última avanza en la investigación en el marco de la convicción de que el cerebro produce la mente consciente como resultado de una evolución adaptativa. Esta posición ha borrado la barrera entre lo vivo y lo mental que pertenecerían a un mismo universo físico. Sin embargo, todavía están presentes la dudas sobre el salto de lo biológico a lo mental en términos de su producción cultural. Es decir, todavía se considera que tanto la conducta de los seres humanos, como la cultura como producto refinado de sus necesidades espirituales, pertenecen a un universo distinto del biológico que constituye al cerebro. Un universo constituido por las interacciones sociales en el marco de una determinada cultura. Pero, si como parece cada vez más claro, la conducta individual, la producción social en forma de instituciones o la cultura  como expresión del talento tienen una buena parte de su origen en la naturaleza humana heredada, es llegado el momento de derribar la última barrera: la que en la educación separa las humanidades de la tecnología y la ciencia. Es decir al ser del deber ser. Una división perniciosa para una sociedad verdaderamente humana.

Este planteamiento nos llevaría a que el modelo del antiguo bachiller en el que se armonizaban ciencias y letras hasta el final debe ser reconsiderado en sus virtudes y extrapolado a la universidad. Es el momento de que, como ya prescribía Ortega en 1927, se forme al universitario en unas determinadas técnicas especializadas y, al tiempo, en todos aquellos conocimiento que se han acumulado para interpretar el mundo y expandir la capacidad de verlo de forma polifacética. No más tiempo con carreras exclusivamente tecnológica e incluso científicas sin que una parte del tiempo curricular obligatorio esté destinado a formar al alumno en la flexibilidad  que le prestan disciplinas envolventes como la filosofía, la ética, el pensamiento lateral, la retórica y la lógica.  Igualmente no más carreras de humanidades sin formación tecnológica integrada.

Este enfoque devolvería a la universidad su carácter «universal» y conseguiría la integración en cada estudiante de su doble condición de ser de razón y ser pragmático. Se unirían el qué, cómo y el cuándo con el por qué de la acción en el mundo moderno. La fragmentación del estudiante lo condena a condición de pieza de «lego» en una estructura global que no comprenderá. Y cuándo su conocimiento se quede obsoleto o se presenten la oportunidades de progreso profesional no tendrá los elementos para tomar buenas decisiones.

Es necesario evitar que el talento en ambos ámbitos se desarrolle sin influencia mutua. Generando en unos casos artefactos frívolos o dañinos y en el otro teorías sobre el ser humano completamente desencarnadas por ignorancia de los avances del conocimiento científico.