Economía en dos tardes


25 Jul 2011

Dado que nuestros políticos no saben o no quieren interpretar a favor de sus representados las cifras de las que tienen noticias antes que nadie, es necesario tomar medidas. Si en mi mano estuviera legislaría la obligatoriedad de la publicación mensual de un cuadro de cifras macroeconómicas y su histórico asociado para que los ciudadanos supiéramos a qué atenernos. No olvido que las cifras son públicas, pero lo son en un formato inarticulado que sólo los expertos pueden reunir, articular e interpretar. Lo que propongo es que los periódicos sacrifiquen algunos anuncios de la doble moral para incluir a costa del Estado una tabla normalizada con los valores de PIB, RENTA DEL TRABAJO, RENTA DEL CAPITAL, DEUDA PÚBLICA (central y autonómica), DEUDA EMPRESARIAL, RENTA DISPONIBLE… etc, y cualquier otro que se considere necesario para hacerse una idea cabal del grado de progreso o regreso del país. De este modo se haría pedagogía activa para que los políticos profesionales (políticos somos todos) no puedan ni amagar en una mentira en cuestión tan importante. Acabaríamos con las promesas optimistas mientras las curvas se desploman o nos daríamos una oportunidad de protestar por un exceso de endeudamiento propagandístico de las instituciones o tendríamos razones par sospechar de las sonrisas de meretrices de los comerciales de los bancos como ocurrió en la década dorada. Un cuadro para ayudar a los políticos profesionales a ocupar sus energías en las cuestiones y a no comprometer nuestro futuro. Si en el siglo XIX emergió la dimensión económica como un vector decisivo y condicionante de la vida social, en el siglo XXI esta realidad ha llegado hasta el punto que los profesionales de la economía nos han convertido a todos en compulsivo guardianes de nuestra escasez, vigilando intereses, primas, inflación y bolsas mundiales en vez de dedicarnos a trabajar. Porque si todos somos financieros (ociosos) quién demonios va a producir lo necesario. Aún la automatización no ha dado para tanto. Todavía hay que producir mercancías necesarias, por lo que no podemos estar pendientes de que una entidad financiera nos está vaciando el bolsillo con operaciones de micro o macro economía. Vaciamiento impune como podemos comprobar estos días en que los más torpes de los dirigentes se van a casa silbando un melodioso “¡ahí os quedáis, pringados!”

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