Paseando temprano el miércoles 7 de diciembre entre dos fiestas clásicas (la Constitución y la Purísima) ví abrir un quiosco de periódicos a un joven. Me llamó la atención porque fuera un joven y porque fuera un quiosco. La sorpresa tiene origen en la intuición compartida con mucha gente de que la prensa escrita, las revistas y las colecciones no son ya negocio debido a que la generalización de los dispositivos electrónicos, de una parte, y la caída del interés por la lectura de textos largos, de otra. De hecho, ya conocimos el cierre de la mítica librería Yerba en Murcia y de la clásica Escarabajal de Cartagena y basta con hablar con el decano de los libreros murcianos para comprobar el desánimo que embarga a quien hoy todavía tiene ligada su vida al papel escrito. De modo que sorprendido por la iniciativa del joven por abrir un quiosco me propuse hablar con él para preguntarle sus motivos y sus esperanzas. En ese momento no podía hacer gasto, lo que me parecía una cortesía elemental, pues había salido a pasear muy temprano con lo puesto. Hoy día 9 me he acercado con la intención de comprar un periódico y hablar con él. Estaba cerrado. No había amanecido del todo y he esperado. No ha llegado, pero además habían desaparecido los ejemplares que normalmente se muestran en las puertas para llamar al cliente potencial. Cuando me ha parecido que esperaba en vano me he ido paseando a otro quiosco que rige un hombre ya mayor y que está situado en un buen sitio. Estaba abierto bajo el olivo que lo cobija. He comprado un periódico y, viendo que no venía nadie, le he preguntado directamente “¿Es todavía un negocio rentable un quiosco?”. La respuesta ha sido un NO tajante. A partir de ahí hemos mantenido esta conversación:

  • Si no es negocio, ¿por qué lo mantiene abierto?
  • Porque me faltaban unos años para completar mi pensión
  • ¿Pierde dinero?
  • No
  • ¿Gana dinero?
  • Para ir tirando
  • Vale
  • Esto no tiene ningún futuro. Yo espero poder vender el quiosco y jubilarme
  • ¿Hacer un traspaso?
  • No el quiosco
  • ¿El quiosco? ¿Se refiere al “edificio”?
  • SÍ. Me costó 25.000 euros más los intereses del préstamo
  • ¿Ha conseguido amortizarlo?
  • En todos estos años
  • ¿Por qué cree que se siguen editando tantas revistas?
  • No lo puedo entender. Será la publicidad. El margen es muy poco para el quiosquero
  • ¿Y las chuches?
  • Nada, las tengo por los nietos de los clientes mayores
  • ¿Hay clientes jóvenes?
  • Para el móvil o tabaco

Le cuento lo que he visto en el quiosco del joven y me dice:

  • El dueño anterior lo cerró para irse de portero a un edificio con gran disgusto y lo ha alquilado
  • ¿El joven tiene que pagar un alquiler?
  • Sí. Es imposible que salga adelante.
  • Parece que ha cerrado ya
  • Sólo podrán sobrevivir provisionalmente los quiosco del centro.
  • ¿Provisionalmente?
  • Sí, mientras queden clientes mayores que todavía leen prensa en papel.

Me despido con la esperanza de que pueda jubilarse sin sobresaltos. Me parece estar contemplando un árbol que se mantiene de pié pero que caerá sin remedio muy pronto. Yo me he pasado con armas y bagajes al mundo electrónico. No tengo remordimientos porque he sido un lector de papel durante cincuenta años y aún conservo dos mil libros (leídos) en mi casa, pero tengo que reconocer que parece quedarle una generación a la prensa de papel (el fundamento de los quioscos) y poco más al libro clásico (el que se sopesa en la mano con amor). Algunos dirán que se talarán menos árboles. Yo creo que, liberados de coloquio interior, nos volveremos superficiales y manejables si no hay un resistencia cultural cuyo origen se me oculta en este momento.

POSTDATA

He vuelto a las 12 a ver si había cambiado la situación de este quisco en concreto. ¡Estaba abierto!. Contra mi costumbre he comprado otro periódico y he entablado la siguiente conversación:

  • Perdona tengo curiosidad ¿Es todavía negocio tener un quiosco?. Me mira con agradecimiento por sacarlo del mortal aburrimiento y me dice:
  • Se va tirando. Pero Internet ha matado a los quioscos.
  • Pero, entonces, ¿vas tirando o arrastrándote?
  • Así, así.
  • Esta mañana no habías abierto a las 8
  • He pasado la noche fatal y llegado tarde
  • ¿Es duro?
  • Trabajo todo el año, menos dos días (Creo que ha dicho Año Nuevo y Viernes Santo)
  • Lo que quiere decir que sin periódicos no hay ventas.
  • Claro. La gente no viene.
  • ¿Y las revistas?
  • Pff! dicen todas los mismo y, encima, si me despisto el distribuidor no me las reembolsa y las pago yo. Esa semana pérdidas.
  • ¿Y las chuches? Nada de nada. Para atender cuando vienen niños. Si no me las como yo. (Creo que hablaba en broma)
  • ¿Entonces?
  • Ya veremos
  • Gracias
  • Adiós
  • Adiós

En efecto es un chico joven y, en efecto, la cosa no pinta bien. Estaré atento y compraré algo de vez en cuando. Chuches no.

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