أحبك(te quiero)


13 Feb 2011

أحبك pensó el bloggero con rubor al presionar la última tecla. Desde que su baba le había enseñado en la oficina del gobierno en la que trabajaba cómo podía utilizar el correo electrónico para comunicar con Fátima, sabía que ese era el modo en que le declararía su amor, pues sus mensaje sobre la corteza de un árbol, junto a la entrada de la Kabila donde vivía aquella niña que captó su corazón diez años antes, no le habían servido de mucho. Pero, él sabía que ella había estudiado en Alejandría una ingeniería informática y que se comunicaba con sus amigas por correo electrónico habitualmente. أحبك dijo en voz alta sin darse cuenta de que llamaba la atención de hombre oscuro que estaba a su lado en el cibercafé. Tampoco se dio cuenta que en una ventana del monitor tenía abierto el texto del post que pensaba enviar a su blog. Texto al que se fueron los ojos del hombre. Alarmado quiso cerrarlo pero el hombre le dió un manotazo y se cayó del taburete. Terminó de leerlo y se volvió con violencia para darle una patada en el suelo. Con un móvil llamó y poco después se presentaron dos hombres más. Iban uniformados y lo cogieron para arrastrarlo hacia la puerta. Lo hicieron con tanta violencia que se golpeó la cabeza con la jamba de la puerta. Sangrando trataba de comprender qué le estaba pasando. Los hombres gritaban para que los transeúntes supieran que estaban deteniendo a un terrorista. El trató de explicarse pero sus encías hinchadas no le permitían hablar. El miedo subía y bajaba de su garganta al estómago y lo irreal de la situación se acentuaba con el fuerte pitido que escuchaba dentro de su cabeza. Estaban metiéndolo en un portal cuando encontró el modo de emitir sonidos venciendo todo obstáculo fisiológico. Tan fuerte fue su chillido, que el hombre de paisano que había iniciado su tormento le dio una patada y el policía que estaba a su lado le golpeó de forma refleja con el radio transmisor que llevaba en la mano. El golpe seco le abrió una brecha en el cráneo. Por ella se escaparon sus jóvenes neuronas. Unas pocas iban repitiendo su último pensamiento: أحبك Allí en el cibercafé quedó la página que motivó la brutalidad policial. Un joven que presenció la escena se colocó ante el teclado y colgó el texto en Internet. Un mes después el presidente de país pidió asilo á otro sátrapa vecino abrumado por las protestas de jóvenes airados pidiendo aire en el que respirar, un mundo en el que poder decir أحبك sin que un esbirro te eche el aliento hediondo que se escapa por sus poros procedente de su alma podrida. En una de las fotos, que la prensa internacional exhibía en las primeras con la gente abrazándose feliz, aparecía el hombre que lo denunció acompañado de sus hijos haciendo la señal de la victoria encima de un tanque. Fátima repasaba un año después en su ordenador el incomprensible correo que aquel joven, que todos proclamaban mártir de la revuelta, le había mandado con una declaración de amor. Lo había guardado en una carpeta local y se fue a la manifestación para echar a los militares que habían olvidado su promesa de convocar elecciones. Por el camino susurraba sin saber porqué أحبك

 

 

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