Filosofía naif. (8) La belleza


Armados de ardiente impaciencia, entraremos en las espléndidas ciudades, dice eternamente Rimbaud. El siglo XX ha separado la belleza del arte. Se ha considerado arte lo que no producía emoción alguna distinta de la asociada al concepto que justificaba su presencia en un pedestal. El concepto es la coartada del arte abstracto y performativo. En el arte no bello, si reservamos la expresión arte bello para lo que despierta fruición una vez que nos perfora por la vista o el oído, es necesario un poderoso paquete de antecedentes explicativos para no considerarlo superchería. Las diferentes opiniones sobre la belleza se basan en los distintos patrones con los que abordamos el juicio estético. La seguridad asociada a dos juicios distintos de una misma obra de arte no es distinta de la que se da en otros tipos de juicio alimentando el reproche de relativismo. Relativismo que queda cuestionado por la existencia de obras de arte clásicas celebradas por todas las épocas, lo que, a su vez, queda cuestionado por el hecho de que la cultura oriental se cuestionan los clásicos occidentales y viceversa. De nuevo el relativismo. Al final de estos vaivenes, sólo hay una solución la fijación convencional de un “cero” un valor absoluto arbitrario pero conveniente. En el caso del comportamiento, el cero es la salud física y mental de las personas. Y esto, aún, queda cuestionado, en el ámbito privado, por los gustos sadomasoquistas. En el juicio estético no hay más cero que los patrones más extendidos entre la población que se reconoce como perteneciente a un mismo grupo social. ¿No existe la belleza absoluta, pues?  No, pues nuestra especie no contempla ni presta oído a una realidad bella, sino a una realidad que nosotros hacemos bella cuando nos produce placer. Toda referencia absoluta es un espejismo donde los haya. Pero eso no le quita ni un ápice de goce a la contemplación o a la audición cuando se produce el milagro de la convergencia entre un acontecimiento y un observador. Es decir cuando una determinada parte de la realidad contempla a otra. La belleza es tautológica pues es bello “lo que nos lo parece”.

La Belleza. La Arquitectura

 La arquitectura es un arte útil que busca la belleza útil y puede encontrar sólo la utilidad y también nada. La belleza en arquitectura como en el arte desinteresado es reconocida cuando produce emoción en el observador dotado espontáneamente o mediante formación de los patrones correspondientes. La belleza de la naturaleza va unida también a la novedad, al nacimiento de nuevas formas y sus relaciones en la mente de los arquitectos más dotados. La arquitectura cobija amorosamente, pero también produce placer; estimula la inteligencia a la búsqueda de soluciones para cada sociedad, para cada familia y para cada individuo; está emparentada metafóricamente con el habitar el mundo, dando sentido a nuestra pertenencia al ser; transforma el mundo todos los días de forma pacífica, aplicando todo tipo de artes, artefactos e instituciones para su realización; pone a prueba el nervio ético, moral y legal de todos los profesionales participantes a los que pone cotidianamente ante la necesidad de llevar a cabo juicios que retan su prudencia. La arquitectura busca todos los días su alma entre embates de la torpeza que quiere reducirla a la banalidad para poder reprocharles inanidad práctica y la realidad física que la desafía para conseguir armonía civilizada entre la utilidad y la emotiva experiencia de vivir bajo techo o deambulando la ciudad.

 El placer

El placer es tautológico, pues ponemos este nombre a lo que nos hace experimentar parcialmente en nuestros tejidos y totalmente en nuestro cuerpo sensaciones beatíficas que nos estimulan a su consecución e, incluso, a su repetición. Placer es lo que buscamos. Dolor lo que repudiamos. El placer es un hallazgo que en su búsqueda impulsa a perseverar en conductas que, a posterior, resultaron buenas para la supervivencia.  El placer es un estado de armonía de un organismo con sus fines no escritos. Una piedra es feliz caliente al sol o fría intercambiando energía con su entorno. El girasol es feliz si recibe savia y energía solar. El gato es feliz si duerme bien alimentado dejando que su organismo trabaje para permitirle responder con agilidad a las amenazas. El ser humano es feliz si todo su cuerpo (incluida la mente) le dicen: tienes energía almacenada para seguir vivo, ninguna incertidumbre amenaza tu vida social; ninguna amenaza psicológica está registrada en su memoria; ninguna amenaza psicológica es construida lunáticamente por tu mente. La felicidad es un todo en el que todos los sentidos mandan señales positivas o neutrales y el conjunto cuerpo -mente abraza al mundo con suavidad amorosa por el goce de la belleza, la salud, la comprensión y la ausencia de culpa.

 

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