El fin de la utopía


27 Ene 2008

Si se había pensado que el mandato constitucional de vivienda digna para todos estaba al alcance, por los años de construcción galopante, ya puede olvidarse. El fracaso norteamericano en materia de hipotecas indica claramente que no es posible financiarlo, porque en cuanto se ha puesto el dinero barato y la gente ha acudido en tropel se han vaciado los bancos de dinero, la mitad del cual ha enriquecido a unos pocos, ha puesto en peligro a unos muchos y ha comprometido a dos generaciones para el resto de su vida. En el peor de los casos se ha producido la pérdida irreparable de los ahorros de jóvenes que vuelven la vista hacia nosotros con el rostro perplejo. Necesitamos saber si la riqueza particular, por habilidad financiera u osadía empresarial con el dinero ajeno, alcanza niveles desestabilizantes. ¿Alguien tiene las cifras?

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